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EL TERREMOTO DEL 60: RELATOS DE VIEJOS BOMBEROS

El terremoto de Valdivia de 1960, conocido también como el Gran Terremoto de Chile, ocurrió el domingo 22 de mayo de 1960 a las 15:11 hrs. Su epicentro se localizó en las cercanías de Lumaco, provincia de Malleco, Región de la Araucanía, y tuvo una magnitud de 9,5 MW, siendo así el más potente registrado en la historia de la humanidad. Junto al evento principal, se produjo una serie de movimientos telúricos de importancia entre el 22 de mayo y el 6 de junio que afectó a gran parte del sur de Chile. El sismo fue percibido en diferentes partes del planeta y produjo tanto un maremoto —que afectó a diversas localidades a lo largo del océano Pacífico, como Hawái y Japón— como la erupción del volcán Puyehue —que cubrió de cenizas el lago homónimo—. Se estima que esta catástrofe natural costó la vida de entre 1655 y 2000 personas, y dejó damnificados a más de 2 millones. La zona más afectada fue Valdivia y sus alrededores. En dicha ciudad, el terremoto alcanzó una intensidad de entre XI y XII grados en la escala de Mercalli. Gran parte de las construcciones de la ciudad se derrumbaron inmediatamente, mientras el río Calle-Calle se desbordaba e inundaba las calles del centro de la ciudad. El Tsunami generado por esa enorme ruptura fue devastador, afectando a la costa Chilena entre Concepción y Chiloé. En el puerto de Corral, cercano a Valdivia, el nivel del mar había subido cerca de 4 m antes de comenzar a retraerse rápidamente cerca de las 16:10 horas.

………No fue un domingo cualquiera. El 22 de mayo de 1960, el día estaba lindo en Valdivia, soleado al fin después de varias lluvias. Por eso Jaime Sotomayor tomó su bicicleta y se largó con unos amigos al Parque Saval. Cuando cruzaban el puente Pedro de Valdivia, rumbo a Isla Teja, comenzaron a dar saltos. Desde la costanera mira la ciudad, las embarcaciones-restorán detenidas en las aguas del río Calle-Calle y los lobos marinos flojeando sobre sus casas flotantes. Lo acompaña Carlos Vargas, voluntario de la Séptima Compañía de Bomberos de Valdivia. La Perla del Sur está en calma, como en el otoño del 60.


“Ese fue un temblor que se sintió un poquito antes. Por eso decidimos regresar a la ciudad y no ir al parque. Fue una alerta que le permitió a mucha gente salir de sus casas, de los teatros y restoranes. Salvó vidas. A las 15.11 horas llegó el terremoto”, añade Jaime Sotomayor. “Cuando veníamos de vuelta en bicicleta, vimos que se movía la torre de los bomberos como un mono porfiado. Era una chispería de cables. Nos fuimos a la casa de una tía y caían los postes. El ruido de la tierra era como un bombardeo, como piedras rodando sobre madera hueca. El pavimento hacía ondas, levantaba las veredas que luego se quebraban al caer. Eran como olas en la tierra. Corrían los caballos relinchando. Al frente de la casa de mi tía apareció, en pleno terremoto, un pastor evangélico y sacó su Biblia. Gritaba ’es el fin, Cristo viene’”, detalla Jaime Sotomayor y su colega bombero se ríe. “Me da risa, pero es cierto, todo fue así. Era como el fin del mundo. Calles abiertas con grietas de diez metros, casas en el suelo. Creo que el terremoto de Concepción del día antes alertó a mucha gente”, dice Carlos.

Imagen de Valdivia después del terremoto y maremoto


Y Jaime continúa: “si hubiese sido un lunes esto era mil veces peor. Las fábricas cayeron hacia adentro, el liceo de hombres también. La casa de mi mamá, que estaba donde hoy figura el obelisco, se partió por la mitad y el centro quedó en ruinas. Después empezaron a aparecer los muertos debajo de los escombros, los apilaban en carretillas. La CCU, que estaba cruzando el río, en Isla Teja, se hizo pedazos”.

Fotografía de Jaime Sotomayor y Carlos Vargas

Relata Alvaro Inzunza, voluntario de la 7ma Compañía de Bomberos de Valdivia, con 3 años de servicio, que el mayor episodio se vivió en el edificio Pralle de Valdivia, donde producto de los catastróficos daños que había dejado el movimiento telúrico en la ciudad, un hombre quedó atrapado en el segundo piso del edificio. La víctima estaba cubierta por murallas desde la cintura hacia abajo con sus piernas aprisionadas.


“El rescate comenzó cerca de las 5 de la tarde, ahí partió una odisea en donde no pensé en mi vida sino en la del prójimo. Me encontraba con un gran amigo bombero, Efraín Gómez, con quien trabajamos juntos desde el principio, después llegó un conscripto para ayudarnos. Primero ubicamos a la persona por sus gritos, después comenzamos a sacar escombros, sin ninguna herramienta, ni siquiera guantes y después de 5 horas aproximadamente logramos llegar donde el hombre atrapado. Cuando él me vio, se puso a llorar por la desesperación y tranquilidad que la ayudaba había llegado. Pedí luz porque ya era de noche y no veíamos nada, me trajeron tres velas y una caja de fósforos, solo tres velas, además de un serrucho y dos gatas de vehículo. Todo eso duro 8 extensas horas en las cuales solo pensamos en sacar a ese pobre hombre”. Si bien, él comenta que fue un rescate como muchos otros que le tocó asistir, ese episodio lo marcó por la forma en que estaba atrapado el hombre, quien le pedía que si fuese necesario le cortara la pierna con un serrucho para poder sobrevivir.

Carlos Inzunza recibiendo la medalla de reconocimiento por las labores realizadas junto a sus cofrades de la 7ma de Valdivia.


Por su parte, Don Antonio Diaz Salvo, Voluntario honorario de la Sexta Compañía de Valdivia, así como Director Honorario de dicha institución, se encontraba, a sus cortos 20 años y con apenas 2 años de servicio en su querida Sexta, almorzando en casa con su madre, cuando el primer movimiento telúrico se suscita y los alerta, ya que fue de gran magnitud. Recalca que este movimiento fue alrededor de las 15:00 horas. Posteriormente vino el gran cataclismo, a las 15:11 horas. Él se encontraba sentado junto a su madre en el comedor, el cual, a la vieja usanza, contaba con una cocina a leña. Comenzó a moverse todo sin piedad alguna, pero su casa, de dos pisos y muy construida en madera, soporto de muy buena forma el terremoto, aunque de igual manera, cuando comenzaron a caer las cosas en su interior, tomo una olla de agua hirviendo que estaba sobre la cocina y con el agua la apago. Tomó a su madre de un brazo y salieron al patio trasero. Cuando ya no podían sostenerse en pie se sujetaron de un ciruelo que había en la huerta del patio, donde el movimiento de la tierra era como “sacudir una alfombra”, explica Don Antonio. Junto con ellos, se oían muchos gritos y el ruido era enorme, que brotaba de la tierra misma y se reforzaba con los derrumbes. Mucha gente gritaba que era el fin del mundo y pedían misericordia, ya que se dio el extraño efecto climático que Valdivia se nubló por completo, siendo que habían tenido una mañana de sol radiante. Don Antonio recuerda que le tocó presenciar muchos juegos de carta de sus padres, donde comentaban sobre el terremoto de Chillan de 1939, y el, inevitablemente, se preguntaba cuando le iba a tocar un terremoto grande a él………bueno, este relato es la respuesta a todos los lectores. Al salir a la calle, Don Antonio se percata que tanto su casa como la de sus vecinos no habían sufrido grandes daños, solo algunos muros de cemento o chimeneas en el piso. Ya en la calle se dirige a casa de su hermano Juan, quien también era voluntarios de la Sexta de Valdivia, y vivía a pocas cuadras. Al llegar a calle Bueras mira hacia el Hospital Regional, donde le impactó mucho ver una columna de gente vestida de blanco que evacuaba el edificio de 7 pisos y deambulaba por el sector. Esa gente de blanco eran los hospitalizados que evacuaban por sus propios medios. Posteriormente siguió corriendo a su cuartel, el cual se encontraba a unas 3 o 4 cuadras. En su carrera pudo percatarse de la devastación del terremoto. El Cuartel se encontraba frente a la estación de ferrocarriles, donde Don Antonio, al


llegar al lugar, se percata que su Cuartel se encontraba sin fachada, ya que era de cemento y se encontraba en el piso, el resto del Cuartel estaba a mal traer, ya que era de madera. Pero algo le llamaba la atención en el escenario, le faltaba algo………la estación de ferrocarriles estaba completamente en el suelo. Las dos piezas de material mayor con los que contaba la Compañía en aquel entonces corrían peligro en su sala de máquinas, por lo que corre raudamente a casa de su hermano para comentarle del tema y fueran los dos a sacarlas. Su hermano Juan era conductor autorizado, pero la sabia manejarlas, pero aun no tenía la autorización para hacerlo, pero dada la necesidad y lo apremiante de la situación, la sacó igual. Además, fueron los primeros sextinos en llegar al cuartel.

Cuartel Sexta Compañía de Valdivia post terremoto Tomaron las maquinas, una cada hermano, y salieron en rumbo al Cuartel General. El viaje fue un caos, ya que todo estaba en el piso y las calles intransitables. Fue así como llegaron a calle Picarte y no pudieron seguir avanzando, por las grietas y escombros, por lo que tuvieron que subir por la calle Adwanter. Era tal el caos que colisionaron el Land Rover con un vehículo particular en el trayecto al Cuartel General, donde el Land Rover vio dañado su tapabarro derecho. Ya en el Cuartel General se percatan que el resto de las Compañías de la Institución habían hecho lo mismo. La torre del Cuartel General estaba en el piso, cayendo hacia la calle. Los


incendios aparecieron de inmediato, donde civiles iban por sus propios medios a avisar al Cuartel General, donde el Comandante disponía las compañías que asistían. Como anécdota, cuenta Don Antonio que se puso su uniforme el 22 de mayo y se lo sacó 3 meses después. Las labores principales consistían en un principio, después de organizarse como institución en terreno, atender heridos, apagar incendios. Destaca que donde le tocó ver mayor cantidad de muertos fue en una iglesia evangélica, donde con el primer movimiento telúrico, el de las 15:00 horas, el pastor les manifestó a sus feligreses que no arrancaran, sino que debían rezar, pero con el segundo mega terremoto, quedaron sepultados ya que la iglesia cayó prácticamente en su totalidad.

El gran Land Rover de la Sexta Compañía de Valdivia recorriendo las calles inundadas de la Perla del Sur

A las 17:00 horas aproximadamente, se enteran por embarcaciones que llegaron al lugar que había habido un maremoto devastador en el sector de Corral. En Valdivia, se inundaron sectores donde este efecto no había


pasado nunca, y lugares que normalmente se inundaban, no había pasado nada. Nuevamente el Cuerpo de bomberos de Valdivia amplía su espectro de acción y comienza a evacuar civiles en botes. Ya llegando la noche del 22 de mayo, los voluntarios comenzaron a recolectar agua, y al día siguiente comentaron a repartirla por las diferentes calles de la ciudad, donde se paraban en las esquinas y tocaban las sirenas de sus máquinas para que la gente se acercara, todo esto bajo réplicas de gran magnitud, pero sin dar un solo paso atrás. A Valdivia, en esos años, le habían llegado sus primeros radio patrullas modernos a Carabinero, pero desafortunadamente el garaje donde estaban guardados en la Primera Comisaría, se vino abajo, donde solo pudieron salvarse no más de un par de vehículos, por el que el valdiviano Cuerpo de Bomberos tuvo que hacerse cargo de la vigilancia de la ciudad, haciendo rondas en sus máquinas y transportando Carabineros y personal del Ejército, ya que ellos no iban armados. Esto tiene su génesis en que comenzaron los robos de la casa que quedaron abandonadas, cosa que en un principio no había sucedido, incluso en almacenes que por el terremoto quedaron con su mercadería a la vista. El suministro de agua se obtenía de una laguna de aguas limpias en el fundo de los Kunstmann, donde las máquinas y los cisternas se abastecían y comenzaban a repartir el vital elemento por la ciudad. Cuenta Don Antonio como anécdota que se acerca una persona con una tina de baño en la mano para ponerse a la fila de entrega de agua, lo que claramente no le causo mucha gracias al resto de las personas que se encontraban en lo mismo, por lo que se generó una gresca que no paso a mayores. Desafortunadamente esta labor se vio interrumpida por fuertes lluvias que enlodaron el lago de los Kunstmann. Pero para suerte de todos, llegó el primer avión con ayuda, un hércules del Ejercito de Chile, el cual después de varias maniobras logra aterrizar en el aeródromo, no sin mojar a todos los que los estaban esperando para descargarlo, cuenta con gran gracia Don Antonio. El hércules traía más camiones cisternas, víveres, y un equipo de purificación de agua. Aprovechando el avión, a los bomberos les toco transportar los heridos en sus carros hacia el aeropuerto, para que fueran destinados a Santiago. Junto con los insumos ya mencionados, venía un hospital de campaña.


El General cañas, determina que todos los apoyos que llegaran a Valdivia, debían pasar primero por el Regimiento Caupolicán, donde de ahí iba a ser distribuido según la necesidad de los distintos sectores. A los 5 o 6 días llegaron los primeros buques de la armada, donde traían personal y víveres, donde, además, se trasladaron a los heridos más graves. Dentro de la cadena logística de apoyo, llegó un pequeño bimotor con insumos médicos, donde se destacaba leche para los niños. Al aterrizar la avioneta, se genera una pequeña bataola entre el oficial a cargo de la Sexta y la patrulla del Ejército, que el oficial bomberil, Sr. Juan Díaz Salvo, da la instrucción de llevarse de inmediato esos víveres al hospital y que no pasaran por el “Caupolicán”. Cosa que la máquina de la sexta obedeció y

los

víveres fueron

entregados

con

suma

premura

al

hospital,

puntualmente a su Director, quien le entrega leche a los dos sextinos que tenían hijos en periodo de lactancia. Volviendo al tema del suministro de agua, los camiones que tenían equipamiento para purificar agua se posicionaron a las afueras de la ciudad y comenzaron a bombear agua sucia y depositarla en piscina donde salía totalmente potable. Desde ahí se cargaban los carros bomba y los cisternas para seguir con la repartija. A la semana de haberse producido el terremoto, don Antonio ayudó a sacar a la familia de uno de sus hermanos, el cual tenía hijos pequeños. Los llevaron a Osorno en bus, los cuales salían desde el Regimiento Caupolicán. Cuenta que salieron de dicho Regimiento a las 17:00 horas y llegaron a Osorno a las 06:00 horas. Travesía que se vio muy dificultada por el estado de los caminos, así como la fuerte lluvia que reinaba, lo que hacía que las cuestas se llenaran de barro y la tracción de los buses fuese insuficiente, por lo que varias veces en la noche tuvieron que bajarse para comenzar a empujar la máquina. Para regresar a Valdivia, cuenta que se consiguió unos pasajes en Lan, por lo que, ya llegando a su ciudad, pudo ver en gloria y majestad la fuerza del terremoto, el más fuerte de la historia. Valdivia en el piso y sus alrededores inundados. Señala que era como una película de la segunda guerra mundial, donde muestran a las ciudades después de los bombardeos. Una imagen que aún tiene en su memoria y no borrará jamás.


Dado que los cauces normales del lago Riñihue habían sido tapados por efecto

del

movimiento

de

la

tierra,

el

nivel

de

agua

subía

aproximadamente a 1 m por día, alcanzando aproximadamente los 30 m. Se organizaron cuadrillas para trabajar en la liberación de esa cantidad enorme de agua, trabajo que tuvo que hacerse a pala, ya que las “orugas” se empantanaban por la gran cantidad de barro.

Imagen de los trabajos en el Lago Riñihue

El bajo salió con mucha fuerza del lago Riñihue, arrasando con todos los pueblos que estaban al costado de la línea férrea: San Pedro, Antilhue, Los Lagos, etc. Al llegar a Valdivia se da aviso que las aguas del Riñihue venían por los causes de los ríos, a lo que la población se para sobre los puentes a ver el dantesco espectáculo. A bomberos le toco la misión de sacar a los civiles que se exponían gratuitamente al ver la bajada del río, que traía casa, animales muertos, árboles y escombros. Para optimizar los recursos, el Cuerpo de Bomberos de Valdivia, se dividió en sectores, donde a la Sexta le toco junto a la Segunda Compañía el sector pasado el puente de Las Animas. El Ejercito les entregó una carpa de campaña y estuvieron en el lugar aproximadamente entre 25 y 30 días, donde realizaban todo tipo de labor: retirar escombros, trasladar heridos,


sacar muertos, hacer patrullaje, y su trabajo propio, apagar incendios. Fue en este instante cuando vuelve el servicio telefónico, y comienza la modernización de este Cuerpo de bomberos, ya que dotaron a todas las compañías de equipos de radios portátiles, los cuales habían sido donados por Estados Unidos. La logística bomberil fue organizada por un voluntario de la Séptima compañía, el cual habilito en su hogar un “casino” para que los bomberos que estaban trabajando en terreno, ya que la casa de este gran voluntario estaba al lado del Cuartel General. Los víveres eran entregados por el ejército, después de algunas gestiones del alto mando de la Institución. El éxito llegó a tal punto que luego se amplió el servicio a todos los voluntarios. Una máquina de bomberos iba tres veces por semana a abastecerse de víveres para el “casino”. Posteriormente, el Cuerpo de bomberos de Valdivia se organizó y comenzó a entregar víveres a sus propios voluntarios, los cuales debían ir a retirarlos al cuartel General. Los días y las semanas comenzaron a pasar, y la Perla del Sur se volvió a levantar hasta volver a ser la gran ciudad que es hoy, pero siempre recordando su pasado, el cual, en ciertos sectores de la ciudad, está a simple vista. Actualmente, me cuenta don Antonio, no quedan más de 10 voluntarios que hayan vivido esta dura experiencia.

Land Rover con el tapabarros derecho abollado producto de la colisión anteriormente mencionada


El Desastre en Concepción

Imagen del puente Bío Bío, en Concepción, colapsado, dejando a San Pedro y Coronel asilados.

Cuenta Juan Belmar Rivas, mi abuelo, Voluntario con más de 60 años de servicio en la Cuarta Compañía de Bomberos de Concepción, miembro honorario de Directorio General y Bombero Insigne, que él, con 3 años de servicio, se encontraba en su casa al momento del terremoto, junto a su familia, pero con un agravante, su hija menor, Ximena, estaba por nacer. Después del movimiento telúrico se dirigieron al hospital, ya que mi abuela estaba con trabajo de parto. Los llevó un vecino que era taxista. Pudieron ver en el viaje la devastación que había dejado este mega terremoto, la cual cuanta mi abuelo que era impactante. Al llegar al hospital, la matrona, que además era otra vecina, le indica a mi abuelo que no hay personal, por lo que mi “tata” se ofrece como enfermero, tocándole la importante labor de recibir a su hija directamente. Además, cuenta que estaba en pleno parto cuando vino una fuerte replica, y los equipos se movían para todos lados, así como lo postigos se azotaban contra las ventanas. El nivel de estrés debió haber sido a otro nivel. Una


vez terminado el parto, y dado lo antes mencionado respecto al personal, se tuvieron que devolver a la casa. Ya era 23 de mayo, cuando el Capitán de la 4ta Compañía, Sr. Luis Voglio, lo va a ver a su casa, para ratificar que todo estuviese bien con el nacimiento de su hija menor. Pero parece que esa no era su idea basal, ya que el Capitán Voglio le manifiesta a mi abuela que, además, venía a llevarse a su marido, ya que había mucho trabajo por hacer, a lo cual mi abuela accede. ¿Cómo se organizó Concepción? Cuenta la historia que el Intendente de la provincia se reunió con las autoridades: Ejército, Armada, Carabineros, Bomberos, defensa civil, etc. Para ver como sorteaban en conjunto esta gran emergencia……..Concepción en el suelo, sin agua, luz ni gas. El Intendente le pregunta al oficial encargado del Ejército, cuánto tiempo se podrían demorar en abastecer de agua la ciudad, a lo que el oficial responde que aproximadamente 1 mes. Posteriormente le pregunta al oficial a cargo de la armada, el cual responde que en aproximadamente 20 días. El Comandante de Bomberos, Sr. Guillermo Barberis, mira atentamente esta conversación y pide la palabra……..”Solicito su autorización Sr. Intendente para que bomberos intervenga, en 10 minutos tendremos agua en el centro de la ciudad”. A lo cual, y con gran impresión de todos los asistentes, el Sr. Intendente autoriza. El comandante Barbieri le pide a su ayudante, el Voluntario Osvaldo Lira de la 4ta Compañía, que se comunique de inmediato con el cuartel de la 7ma Compañía para que se encargue de bajar el agua de la campana que se encontraba en el cerro. Lo que no sabía el Sr. Intendente era que la 7ma Compañía ya había hecho las pruebas con su bomba y tendidos de mangueras la noche anterior, obteniendo un muy buen resultado. La 7ma compañía, al recibir la orden, partió raudamente a ejecutar el plan ensayado…………..en menos de 10 minutos había agua en la plaza de armas. El “conejo” de la 7ma estuvo los 10 días trabajando en el cerro.


Imagen actual de la Bomba Mercedes Benz de la 7ma Compañía de Bomberos de Concepción denominada “el Conejo”

Esta historia era contada vivamente por el Osvaldo “pollo” Lira (QEPD) en las reuniones de camaradería. Las Compañías se organizaron y comenzaron a repartir agua por las calles, dando prioridad a hospitales y panaderías. A mi abuelo le toco dar agua junto a su vieja Mack, donde aprovecho unos días que tenía libre en su trabajo para realizar esta labor desde las 8 am hasta las 22:00 horas. Cuando se le acabó este permiso (post natal), me cuenta que asistía a su trabajo de uniforme, por lo que los gerentes de la empresa tomaron la decisión de liberar de sus funciones a todos los bomberos con los que contaba esa firma, por lo que mi abuelo volvió a sus labores de entregar agua durante 10 días, donde solo comían pan y tomaban café. Los voluntarios que iban a dar agua a las panaderías volvían con pan para compartirlo con la tripulación de la bomba. También recuerda haber trabajado con los camiones cisternas de la Municipalidad de Concepción, así como haber visto un par de aljibes de la Municipalidad de Valparaíso a los días después del terremoto.


Imagen de calle Lincollan


A otras Compañías les tocó trabajar en sacar a heridos y muertos, retirar escombros y apagar fumarolas. Todo esto hasta que se desató el incendio del liceo de niñas el día 23 en la tarde, el cual por la escases absoluta del vital elemento, duro hasta el día siguiente, ya que las máquinas tenían que ir a abastecerse de agua a la plaza de armas, y además consideremos que la capacidad de los estaques de las bombas de la época era radicalmente inferior a las máquinas actuales.

Bomba Mack de la 4ta Compañía de Concepción


Fotos Misceláneas

“No quisiera dejar fuera a ningún bombero ni compañía que trabajó incansablemente en esta inmensurable catástrofe, sino solo magnificar con el ejemplo de unos pocos lo vivido por muchos.”

Voluntarios de la 3° Compañía de Castro luego del terremoto. Esta foto fue portada de la Revista LIFE


Bomba de la 2° Compañía “Germania” de Puerto Montt entregando agua a los vecinos en la calle Huasco


Imagen actual de la bomba Mack de la 2da “Germania� de Puerto Montt, la que es guardada como reliquia


El Sacerdote y voluntario Ă ngel Perez repartiendo comida a los damnificados del terremoto de 1960, en la ciudad de Castro. Portada de la Revista Life en 1960.

Voluntarios de la 8va Compaùía de Bomberos de Lota en labores de rescate.


Voluntarios en labores de rescate posterior a la salida del agua del Lago Riñihue

Juan Belmar Rivas en la actualidad, junto a su querida Mack, la cual se mantiene como reliquia en su Compañía


Medalla otorgada por la Ilustre Municipalidad de Concepción a sus Bomberos. Propiedad del Vol. Honorario Sr. Juan Belmar R.

Autogallo Ford de la Séptima Compañía de Bomberos de Valdivia recorriendo las calles en 1960


Cuartel General de Valdivia

Imagen de un diario de la ĂŠpoca con el Land Rover recorriendo las calles inundadas y transformadas en barriales


Imagen del cuartel de la Sexta Compañía “Arturo Prat” de Valdivia, correspondiente al 22 de mayo de 1960

Elaborado por Rodrigo Lira B. Voluntario Honorario de la Segunda Compañía “Esmeralda” de Bomberos de Santiago.

Fuente: 

Entrevista a sobrevivientes del terremoto realizadas por el diario La Hora en mayo de 2017.

Entrevista a Juan Belmar Rivas, Voluntario con más de 60 años de servicio, Miembro Honorario del Honorable Directorio General del Cuerpo de Bomberos de Concepción y Bombero Insigne.

Archivo web de la Séptima Compañía de Bomberos de Valdivia.

Entrevista a don Antonio Díaz, Voluntario Honorario de la Sexta Compañía de bomberos de Valdivia, Compañía de Canje de la Segunda “Esmeralda” de Santiago, así como Director Honorario de la valdiviana institución.


El terremoto del 60: relatos de viejos bomberos  
El terremoto del 60: relatos de viejos bomberos  
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