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Identidad y arbitrariedad

Julio A. Company Ortega

de mil), como si dependiera cada una de ellas de una lesión u origen fisiopatológico, o la expresión de un gen determinado. Nada más lejos, el DSM se define a sí mismo como aetiológico y acausal. Entonces ¿Para qué, con qué objetivo este sinfín de clasificaciones? Posiblemente para permanecer en una posición pasiva y consumista (en este caso de fármacos), gozando ilimitadamente de un Otro que tiene la obligación de protegerme de caer en falta, para así, irresponsabilizarnos de nuestra situación, siempre con la mejor intención y amparándose en el rigor científico, para acudir al terapeuta diciendo: “¿qué tengo?” en vez de decir: “¿qué tengo que ver con lo que me pasa?”. Posiciones ambas antitéticas. Si la sociedad moderna se caracterizaba de una autoridad firme y a veces, incluso, inflexible, la postmodernidad se caracteriza por el borramiento de todo límite o impedimento al goce. Toda postura de orden, prohibición o límite es desvalorada y ridiculizada. Si la rigidez moral de la anterior sociedad corría el riesgo de convertir a sus miembros en neuróticos obsesivos o histéricos, ésta nos convierte forzosamente en perversos. Antes, todo saber debía confrontarse con la autoridad por vía de la seducción, la obediencia o la exigencia. No había alternativa. Hoy en día, sin embargo, hay un atajo autoerótico del saber, mediado por el auge tecnológico que empuja al sujeto a una demanda ilimitada de pantallas, de compra compulsiva, de exigencia de control del cuerpo, de medición y cuantificación, en definitiva, de goce sin un moderador. La tradición presentaba un elemento de regulación, pero este elemento de la tradición está siendo desmontado por el discurso de la ciencia y la emergencia de la tecnología. Al caer la autoridad del padre hallamos sujetos confrontados con el fantasma del cuerpo en fragmentación, ya no sujetos fóbicos, sino angustiados, sostenidos por ideales imaginarios cada vez más distanciados de la realidad, precipitándose así a la agresividad y al narcisismo más ontogénicos, contaminando, de este modo, todo atisbo de subjetividad. Se impone hoy día la autoridad de la ciencia, del mercado, del discurso capital, cuyo ideal es la cifra, lo cuantificable, discurso sin ética y sin punto de capitón. ¿No es ésta, quizá, una forma de radicalización?

ACPP | Associació Catalana de Psicoteràpia Psicoanalítica

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Revista digital ACPP - núm 6 - any 2018  

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