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Identidad y arbitrariedad

Julio A. Company Ortega

relación con la madre, ya no tiene que SER el falo de la madre, sino que puede buscar otros muchos sentidos en su vida. Ahora el falo no es el ser la completitud, sino que el falo es un significante del deseo, cualquier cosa que le dé sentido a mi vida. Ya no es un todo goce, sino un sujeto en falta. La función paterna ofrece un camino, pero quien lo tiene que recorrer es el hijo. El padre, o el sustituto de la función paterna, es el representante de la ley, y, en definitiva, el que introduce al sujeto en la cultura. ¿Y qué podríamos decir sobre “la ley”, en la cultura y sociedad actuales? No nos equivocaríamos al decir que la autoridad tradicional está en declive. Se podría decir que el Padre (representado por ideales inamovibles, tradiciones y familia), aquel centinela que custodiaba el goce, aquél cuya irrupción nos hacía entrar en falta y así en la senda del deseo, está cayendo en el descrédito. Hoy día, camuflado en “buenrollismo”, positivismo científico y un liberalismo sin límites, emerge un significante que se inscribe en el ente social y le ordena: “desea libremente lo que quieras, pero no dejes de desear” (Colina, “deseo sobre deseo”). Bajo este axioma, esta matriz, todo se convierte en producto de consumo: - Los lazos sociales: antes pocos, pero fuertes; hoy en día no tienes amigos, tienes una red de contactos, lo cual genera vínculos lábiles, superficiales, y, sobre todo, fáciles de remplazar: así, si discutías con un amigo, te las tenías que apañar para recuperar el vínculo: quizá una llamada de teléfono, un café, una carta de perdón, debías enfrentarte al padre; hoy en día lo bloqueas o lo eliminas de tu red de contactos, da igual, total tienes a otros mil esperando. - El consumo de objetos, estaba antes regido por el significante “necesidad”: consumo algo por el uso que le doy, por su funcionalidad; con lo cual, un objeto podía durarte toda la vida; hoy en día consumimos no por uso o funcionalidad, sino por “vivir una experiencia nueva”; eso hace que desechemos cosas que todavía funcionan y las remplacemos por otros objetos, que sencillamente, son más nuevos, que prometen “una experiencia diferente a la anterior”. Lo curioso es que eso no es privativo de los que más tienen, sino que todos estamos bajo el manto de dicho significante, produciéndose la paradoja, por ejemplo, de personas que no tienen ni para comer, sí disponen, sin embargo, del último modelo de smartphone. - También el trabajo: antes era uno para toda la vida, que asegurara una casa, también para toda la vida y si pudiera ser, de la que pudieran disponer los hijos, los nietos, etc.; hoy uno es cocinero, mañana quiere ser fotógrafo, y pasado maestro; tienes que poder ser independiente y con buena disposición, autónomo, freelance; antes empezabas a los 16 en una fábrica y te jubilabas en la misma; hoy empiezas a trabajar a los 30 y no sabes qué será de ti a los 40, ni a los 50 ni a los 60. - La educación, también esta mediada por este discurso imperante: antes los sujetos estaban educados para producir algo, convirtiéndose en cuerpos productivos (imagen de Chaplin en Tiempos modernos); hoy en día es lo contrario, todo va encarado a convertirnos en accionistas del consumo: como dice Colina: “ya nada es pecado salvo frenarse, nada te está prohibido en la medida en que no pares, ni siquiera a saborearlo; si te cansas y no te atrae la incitación de lo nuevo, quedas inmediatamente excluido de los lances de la vida[…] hasta ahora, lo prohibido nos ocultaba el deseo; Disueltos estos límites, levantada toda barrera moral y social, estamos destinados a la repetición, el aburrimiento” o la depresión. Depresión, “enfermedad” paradigmática de nuestra sociedad actual. Depresión que nada tiene que ver con la melancolía clásica, propia del psicótico o del humano desalmado, sino que se produce en muchos casos por la misma congestión del deseo. Orquestado, seguramente por grandes corporaciones, no se ha tardado en incluir innumerables categorías diagnósticas en los manuales vigentes, como si fueran enfermedades de la naturaleza (el primer DSM tenía 100 páginas, el V más

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Revista Digital de Psicoteràpia Psicoanalítica de l'ACPP | Núm 6 2018

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