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donde la muerte se reconciliaba con la vida. Al llegar al terruño, lo encontró saqueado por los pumas que abundaban por la zona. Ordenó a su comitiva de nueve hombres esperar a la noche a que vinieran los pumas a profanar el cuerpo de su mujer, y entonces matarlos y llevarse sus pieles. El problema fue que esos pumas estaban demasiado acostumbrados a comer carne humana, como le pasa al hombre cuando toma buen vino, comparó Ordóñez. La historia terminaba con un ataque feroz

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“El piquete”, de Hernán Vanoli  

Ilustrado por Ezequiel García.

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