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acariciaba la mano por debajo del mantel con flores bordadas. Según Ordóñez, en la época de la conquista del desierto la zona donde estaba la estancia era una especie de cementerio tehuelche, donde muchas veces los pumas hambrientos venían a disputarle la carroña a los perros cimarrones. El cacique, que se llamaba de una forma que no puedo recordar, había perdido a su mujer favorita por fiebre tifoidea, y había recorrido muchísimos kilómetros para enterrarla ahí, en ese viejo cementerio

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“El piquete”, de Hernán Vanoli  

Ilustrado por Ezequiel García.