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vir el resto de año en un cómodo departamento en Mar del Plata. Sin hijos, lo que relataban de sus vidas sonaba bien: el hace surf casi profesionalmente, ella diseña interiores cuando tiene ganas. De a poco, en el primer desayuno, fui conociendo detalles sobre los turistas. Nos los contó Trini, mientras comíamos dulce de higos y un pan casero exquisito que había horneado Alelí, la mucama, una chica de unos dieciocho años que venía de Bahía Blanca y me había gustado desde el primer momen-

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“El piquete”, de Hernán Vanoli  

Ilustrado por Ezequiel García.