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IDEAS PARA CONSERVAR AL LINCE IBÉRICO

Clamor popular • Miguel Delibes Castro Presidente de la SECEM Profesor de Investigación de la Estación Biológica de Doñana (CSIC)

T

ras más de media vida sugiriendo medidas para conservar al lince ibérico no me resulta sencillo añadir algo original. Desde hace 30 años, cuando comenzamos a investigar sobre la especie, a medida que íbamos conociendo su penosa situación, por un lado, y sus requerimientos y condiciones de vida, por otro, hemos lanzado al aire todo tipo de propuestas, de las más previsibles a las más extravagantes. Con éxito dispar, cabe añadir. Propusimos conservar y potenciar los conejos, parar algunas carreteras y construir pasos aéreos y subterráneos en otras, prohibir los cepos, incrementar las sanciones a los furtivos, invertir seriamente en la cría en cautividad, etc. Pero también, en otra línea, crear asociaciones de cazadores y propietarios respetados, involucrar a personajes conocidos, facilitar la divulgación a través de películas, cuentos y cómics, condicionar las ayudas europeas e, incluso, potenciar un pacto de Estado entre España y Portugal, escenificado al más alto nivel, que comprometiera a ambos Estados a tomar las medidas necesarias para asegurar el futuro del lince ibérico. Y muchas otras cosas, créanme. Hace tiempo escribí que la conservación del lince era como un taburete con tres patas (el conocimiento científico, la conservación activa y la sensibilización), todas imprescindibles, y lo sigo pensando; aquello que las refuerce, será positivo para la especie.

la especie, pero no nos gusta. Tampoco la clonación, tantas veces mencionada. Y es que queremos linces ibéricos en el monte mediterráneo, en el solar donde han evolucionado; linces genéticamente variables, huidizos, funcionales, que cazan conejos y mantienen a raya a zorros y meloncillos. Y que seguramente nunca serán muy abundantes. ¿Y la idea? Más que una idea se trata de un sueño. Confieso que me vino a la mente en Yecla, donde la plataforma “Yecla, tierra de linces” me había invitado a dar una charla. Aquel día televisaban al Real Madrid en una eliminatoria de Champions League y predije que asistiría a la conferencia muy poco público. “Tú no sabes lo que es esta comarca con el lince”, me dijeron. Efectivamente, no lo sabía. Autoridades locales, comercios, pequeñas empresas, asociaciones de padres, escuelas, todos los actores que uno pueda imaginar, sueñan con los linces. ¡Y eso que aún no los tienen! Pese al fútbol, la sala de mi charla estaba abarrotada. Y entonces imaginé que un movimiento así, popular, de abajo a arriba, multitudinario, pudiera generarse en toda España y Portugal. Que a la sociedad le llenara de orgullo presumir de Iberia como tierra de linces, y que lo dijeran nuestros embajadores cuando tomaran posesión de su cargo, que nunca faltara en una esquinita de los programas electorales, que lo recordaran los futbolistas celebrando las copas del Mundo, que cada año lo mencionaran los altos responsables en sus mensajes de Navidad, que las muchedumbres lo gritaran festivas en todos los rincones a poco de comer las uvas con las doce campanadas... Que cuando habláramos de Picasso o de Velázquez, de Altamira o del pre-románico, de Rafael Nadal o de José Saramago, siempre añadiéramos: “Y además, somos la tierra del lince ibérico”. Que el lince formara parte integral e imprescindible, en suma, de esa traída y llevada “marca España” (y Portugal), porque no sabíamos vivir sin él.

Pero hay una segunda dificultad, que nace de más adentro. Queremos conservar al lince ibérico, es cierto, pero no al precio de convertirlo en una especie banal. Comprendo que hay en ello una cierta contradicción. Un amigo ajeno a estas preocupaciones, hablando un día del tema, me espetó: “¿De veras queréis conservar al lince? Entonces trabajad unos años para domesticarlo; es muy bonito y seguramente millares o millones de personas en el mundo querrían tener un lince como mascota”. Al tiempo que me escandalizaba, pensaba que tal propuesta no era descabellada… si no aclarábamos Y entonces imaginé mejor lo que pretendemos. Es como la idea de criar linces ibéricos en los zoos que un movimiento de medio mundo. Hoy sabemos que así, popular, de podría hacerse y que probablemente abajo a arriba, ello garantizaría la supervivencia de multitudinario, 52

pudiera generarse en toda España y Portugal.

Luego recordé a Machado (“Anoche, cuando dormía, soñé ¡bendita ilusión!...”) y me vine un poco abajo, pero enseguida pensé en los estudiantes franceses de mayo del 68 (“Seamos realistas, pidamos lo imposible”) y me di cuenta de que tenemos por delante mucho que hacer. •

Ideas para conservar al lince ibérico  

Ideas para conservar al lince ibérico. Nuevas aportaciones para la supervivencia del felino más amenazado del mundo. Javier Calzada, Juan Ma...

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