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IDEAS PARA CONSERVAR AL LINCE IBÉRICO

Los linces exploradores • Miguel Aymerich Biólogo

E

l año 2003 se encontró la solución a un largo desencuentro en torno a la puesta en marcha del programa de cría en cautividad del lince, desencuentro que había imposibilitado, hasta entonces, la necesaria captura de animales salvajes para dotar el único centro que existía por aquél entonces. Como sólo aparecían hembras imposibilitadas para su vuelta a la naturaleza, únicos ejemplares que se permitía guardar para el incipiente programa, se entenderá fácilmente que éste languidecía, abocado a su desaparición a medida que las linces cautivas fueran muriendo. El paso, aún efímero, de Elvira Rodríguez por el Ministerio de Medio Ambiente supuso, por primera vez, la firme voluntad política de solucionar el problema. Dio la orden tajante de hacerlo de inmediato. Hubo que adoptar medidas de consenso con las demás administraciones implicadas, lo que supuso a veces decisiones personales dolorosas, pero que sin duda trajeron aires nuevos y renovadores. Se consiguió que se firmaran los acuerdos necesarios, se contrató a los mejores especialistas, se invirtió mucho dinero, se empezaron a capturar algunos machos….Por fin, una situación de atasco de muchos años se remediaba en un momento sumamente apurado para la especie, en mínimos poblacionales y cuando los enormes esfuerzos para la conservación de las poblaciones silvestres aún no habían empezado a dar sus frutos, como afortunadamente ha ocurrido algunos años más tarde. A pesar del corto periodo transcurrido desde esa fecha, la situación ha evolucionado favorablemente. El lince va mucho mejor en el campo y el programa de cría ha progresado también. Cuatro centros plenamente operativos, uno de ellos en Portugal; un personal altamente cualificado y motivado; la técnica de reproducción y crianza perfectamente dominada, la preadaptación de los cachorros a punto. Buena prueba de la “calidad del producto” es que ninguno de los animales criados en cautividad liberados al medio natural ha perecido por inanición. Es cierto que unos pocos han tenido que ser reintegrados a la cautividad, al presentar algún problema inicial de comportamiento, pero la gran mayoría se han comportado de manera análoga a los ejemplares silvestres

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translocados. Saben cazar, conformar un territorio, se reproducen (algunos con camadas de cuatro ejemplares) pero, al igual de sus congéneres salvajes, también mueren en carreteras, balsas de riego, o por venenos o cepos ilegales. Después de tantos esfuerzos, parece que el programa se enfrenta a un problema que ninguno sospechó: ¡puede morir de éxito! Me explico: ahora mismo, se está en condiciones de producir un número de ejemplares que los responsables que gestionan el proyecto de campo no pueden (o no quieren) asumir para las reintroducciones. Esta situación ya se ha dado este año, sobran nada más y nada menos que 15 animales. Es cierto que preparar una zona de reintroducción cuesta mucho tiempo y dinero. Sobre todo si se aplican al pie de la letra las recomendaciones de la estrategia, que requiere la existencia de un territorio muy amplio, con elevada densidad de conejos, ausencia de factores de mortalidad y amplio consenso social. Sitios que reúnan esas condiciones, hay muy pocos, y acondicionar los que no son perfectos cuesta un dinero que las administraciones ya no tienen. Ante esta encrucijada, ¿qué opciones quedan? La más fácil, pero a mi juicio la equivocada, es reducir la producción de cachorros. Equivocada, porque los objetivos que motivaron la creación del programa de cría siguen siendo plenamente válidos: ser una garantía frente a episodios catastróficos (o es que nadie se acuerda ya de los efectos devastadores de la enfermedad hemorrágica vírica, a finales de los 80?) y producir cachorros para su liberación en el campo. Equivocada porque el gasto de los centros es casi el mismo, sea cual sea el número de ejemplares criados anualmente. Equivocada, porque no es ético, al menos para mí, haber capturado ejemplares en el campo para luego no sacarles todo el jugo posible, ni rentabilizar sólo a medias las fuertes inversiones realizadas con dinero público. Equivocada porque desanima a los responsables de los centros, que ven que el resultado de su trabajo ha de ser necesariamente menor del que podrían ofrecer. Equivocada, porque desincentiva a los responsables políticos y a los gestores, que han de decidir si destinar fondos para centros a medio gas, o a otras prioridades más acuciantes. Equivocada, porque mientras no haya linces en sus regiones, va a ser muy complicado que las administraciones destinen fondos suficientes para acondicionar el habitat a un ritmo aceptable.

Ideas para conservar al lince ibérico  

Ideas para conservar al lince ibérico. Nuevas aportaciones para la supervivencia del felino más amenazado del mundo. Javier Calzada, Juan Ma...

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