Page 1

40 vida & artes

EL PAÍS, martes 7 de febrer del 2012

cultura

Adiós a Tapies, el poeta de lo orgánico

El secreto

Adiós a Tapies, el poeta de lo orgánico

cultura

“Voy a la caza de almas, no de masas; convencer a las masas no es posible” SOL ALAMEDA Barcelona

Maqueta de Mitjó (El calcetín), de Antoni Tàpies. / FUNDACIÓN ANTONI TÀPIES

Recuerdo muchas de sus obras colgadas del despacho de mi padre Vanguardia, fechado el 13 de enero de 1973 — es decir, unos tres meses antes de su muerte—, titulado El Tàpies último, en el que volvía a convertirse en su acérrimo y apasionado defensor: “Me parece fuera de duda que, en el ámbito artístico, Tàpies es el único genio que ha producido España si dejamos al margen a Picasso y Miró, que, pese a conservar toda su actualidad, pertenecen a otra generación. ¿Se reconoce esto así? No del todo, y es porque la obra de Tàpies, que carece de la cerrada uni-

dad de la de Miró y tampoco tiene la sintética variedad de la de Picasso, es menos accesible incluso para los doctos y para los que la glosan o alaban”. La incomprensión que había rodeado desde los inicios la obra de Tàpies constituía sin duda el acicate mayor para su defensa y, me atrevería a decir, la causa principal de su amor. Porque aunque Tàpies haya sido integrado en espacios públicos, en lugares políticamente señalados de esta ciudad o incluso utilizado para objetos banales no creo que se haya disuelto su absoluta extrañeza, ni su profunda alteridad con el entorno, a veces incluso violenta, resistente siempre a la “normalidad” y a la apacible aceptación del mundo y de la vida. Universos insólitos afloran en la pintura de Tàpies que Cirlot reconocía como

La verdad sin coloretes

propios; signos que eran descifrados como si de un jeroglífico se tratara. Y es que la obra de Tàpies encierra un secreto. Por ello sé que una profunda tristeza por su muerte habrían arrancado en el poeta versos que podrían haber sonado como estos, procedentes de Donde nada lo nunca ni: Morado mar de pronto / sus perdida belleza / tantas blancas y nubes tanto / que no / de nada se anudando.

La fallecida periodista Sol Alameda, una de las grandes entrevistadoras de la historia de este diario, mantuvo hace siete años una vibrante conversación con Antoni Tàpies en las páginas de El País Semanal. Aquel día, en Barcelona, el artista se desnudó con una clase magistral sobre el ser humano y la pintura, de la que se ofrece el siguiente extracto. Pregunta. ¿Para pintar, cómo influye el problema de los ojos? Respuesta. Si te das cuenta, cuando miras un cuadro no te quedas en un punto, sino que enseguida vas recorriendo el cuadro con la vista, y, al hacerlo, estos agujeros se compensan unos con otros y puedes ver lo que estás haciendo. Afortunadamente, el cuerpo humano se adapta a todo (...). Dicen que los viejos nos volvemos más sabios. Y lo hacemos en el sentido real del término, que es aprender a vivir. Porque la sabiduría no es un puñado de frases o recetas bonitas para ponerlas en un museo, sino que se saca de practicarla en la vida de cada día, en el hecho de usarla para llevar la vida adelante. Y en esto me encuentro un poco más libre que cuando era joven. Pero sigo pensando que la pintura que hacemos tiene que ser útil a la sociedad en la que vivimos porque, si no, no valdría la pena hacerla. Y para ser útil te has de

preocupar un poco y escuchar si la gente lo recibe bien o no. P. Pero ya no le importará tanto lo que la gente opine de su obra… R. A eso, con los años te acostumbras; pero a mí, de joven, me han dado bastantes palos. Claro que ahora me respetan. No es que se pueda generalizar. Hay críticos a los que tengo cariño y los hay tontitos… Y mira, los críticos que más me gustan son los que hablan bien de mí. P. Ese reconocimiento que hoy es unánime hacia usted ocurrió hace ya muchos años. Casi nunca le pasa a nadie. Yo pensaba que podía transformarle a uno… R. Sí. Está bien, es muy halagador saber que tengo gente que me quiere, e incluso artistas que me siguen. Y en todo el mundo. Porque han venido a visitarme y casi a reverenciarme. Hace poco me visitó un artista de la India y me dijo que me adoraba, que yo era su gurú, y perdóneme, añadió, a los gurús lo primero que hay que hacer es tocarles los pies. Y se encogió y me los tocó. Esto es muy halagador. Otra vez vino una chica de Bali. Y no le digo de Japón, y de Alemania, y de Estados Unidos. P. Así que es como si viviera su propia posteridad. R. De eso no me he dado cuenta. ¿Quiere decir que me esfuerzo para conservar mi legado? P. No. Me refería a otra cosa. A si usted piensa que dentro de 100 años se le seguirá considerando un

artista imprescindible y que estará en todos los museos como ahora, y que los indios vendrán a ver su obra desde su país. R. Oh, eso no se sabe. Hay artistas que han pasado por diferentes momentos. No sé. P. ¿Entonces, le da vueltas a esa idea…? R. Como pienso en ser útil, pues me preocupo de que mis cosas se conserven y mis escritos se publiquen. Por eso hicimos una fundación, para conservar todo esto.

“Me dolía cuando decían que mi pintura podía hacerla un niño” “En el fondo estamos hechos de tierra... y volvemos a ella”

Mis hijos siempre me lo dicen: no te preocupes de tu legado porque ya lo defenderemos nosotros. Y mi mujer, no digamos. Creo que, por primera vez, ahora tengo un recuerdo bastante panorámico de toda mi vida, porque me publican el catálogo razonado de toda mi obra. O sea, que veo todo lo que he hecho y lo que he dicho, y comprendo que a veces hay que hacer un cierto esfuerzo para conservarlo. No me gustaría que no se le die-

se importancia, sino que la gente entienda intelectualmente lo que he querido hacer. Y que, si puede serles útil, lo apliquen a su propia vida. P. ¿Y qué quiere decir serles útil? R. Lo que quiero decir es que yo hago un trabajo muy individualizado. Yo voy a la caza de almas, no de masas. Convencer a las masas no creo que sea posible. Han de convencerse las personas por sí mismas. Cuando trabajo, lo que hago es poner una especie de mecanismos, para que la gente produzca un cambio en su manera de pensar y se ponga en el buen camino. Pero yo sólo le apunto un camino. Nada más. En realidad, es un trabajo muy modesto, ¿eh? P. Yo no diría que es una pretensión modesta querer incidir en los demás. ¿A eso se ha referido al decir que con su pintura buscaba la espiritualidad? R. Espiritualidad en el sentido de abrir las conciencias. Cuando vienen a verte desde la India es quizá uno de esos momentos en que parece que lo has logrado. Sentirse comprendido, de eso se trata. Y cada vez pienso que se ha ido entendiendo mejor. Porque al principio incluso me han hecho sufrir. Tergiversaban lo que yo intentaba. P. ¿Cómo le tergiversaban y qué era lo que más le dolía? R. Pues eso, que un niño podía hacerlo… Esto se dice mucho. En nuestro país hemos padecido un

Victoria Cirlot es profesora de Literatura Medieval en la Universidad Pompeu Fabra y autora de ensayos como Figuras del destino. Mitos y símbolos de la Europa medieval.

durante muchos años, el resultado del secreto saber de la mano. ¿Una mano inteligente? ¿Una mente maravillosa? Nada de eso. Lo acertado sería atribuir su creatividad excepcional a la capacidad de haber transmitido a su mano de pintor la categoría de una verdad maciza. No se equivocaba, de este modo, prácticamente nunca. Un garabato, una mancha, una composición de trazos y colores, casi siempre escuetos pronunciaban oraciones, pequeños versos o párrafos solemnes de formidable verdad. Nin-

VICENTE VERDÚ Para cualquier pintor de verdad, la muerte de Tàpies es equivalente a la muerte de la verdad. No de cualquier verdad que en ese caso sería igual a cualquier mentira, sino de una certeza natural y tan directa que su fuerza interior y su peso, su energía y su gravedad traspasaban toda mediación entre el pensamiento de pintar y la pintura pintada. Diría más: si Tàpies fue dueño de una potente ideología política, cultural o religiosa, poseía el pensamiento mínimo para realizar un cuadro. No es fácil ser así, pero Tàpies no era como ningún otro. Estaba dotado de la mismafacultad como pintor que posee el material de la pintura o el lienzo y la tabla en blanco. Ninguna intención fue interponiéndose, según avanzaba su carrera, entre el deseo de ponerse a pintar y el deseo que despertaba la convicción de su pintura. Como los procesos de la ceguera progresiva que empujan a acercar los ojos hasta rozar el plano de la página, la facultad de este genio fue

vida & artes 41

ENTREVISTA A ANTONI TÀPIES (octubre de 2004)

VICTORIA CIRLOT Si mi padre, Juan Eduardo Cirlot, hubiera vivido para ver la muerte de Tàpies habría escrito un poema que habría sido un llanto, un lamento lacerante, un planctus, comolo llamaban los poetas que escribían en latín, un planh, como lo denominaban los trovadores. En una reciente exposición sobre la habitación imaginaria de Cirlot se exponían pinturas de Tàpies, un gouache de 1950 que convivió realmente con sus espadas durante un tiempo, tal y como captó una de las fotos de Catalá Roca, o dibujos de la época Dau al Set con frases de Sueños, como “Mato frecuentemente con espadas” y el Grabado de Lilith de 1949. Recuerdo otras muchas de sus obras colgadas de las paredes del despacho, en especial, el extraordinario Zoom con sus amarillos y azules arañados, o uno blanco con grietas a modo de cicatrices. En aquella época, me refiero a finales de los 50 y principios de los 60, entraba y salía de mi casa mucha pintura, en especial informal, y una de las pruebas a las que a mi padre le gustaba someterme era la de descifrar si lo que me enseñaba era realmente un Tàpies o no. Mi infancia estuvo dominada por la presencia de Tàpies y supongo que mi padre debió de transmitirme la extrema emoción que sentía ante su pintura a la que dedicó dos libros (Tàpies, 1960, Significación de la pintura de Tàpies, 1962), y muchos artículos, para que yo, siendo sólo una niña, experimentara absoluta fascinación por aquellas materias grises, por aquellas texturas, por aquellos vacíos, hasta tal punto que, desaparecidos ya los tàpies de mi casa y muchos años después, sintiera una particular sensación de intimidad, una auténtica nostalgia de los orígenes, cada vez que por azar encontraba un Tàpies en una galería de arte o en un museo. Pasaron los años, en efecto, en los que mi padre abandonó prácticamente la crítica de arte para sumergirse en una actividad poética febril, hasta que su grave enfermedad permitió un nuevo encuentro entre el pintor y el crítico. Recuerdo que la visita de Tàpies con el catálogo de su última exposición en la Galería Maeght le proporcionó una extrema felicidad. Cuelga ahora en mi casa el último dibujo que le hizo Tàpies en una página de dicho catálogo, fechado en diciembre del año 1972, a lo que mi padre, aún enfermo, respondió con un artículo en La

EL PAÍS, martes 7 de febrer del 2012

Ningún pintor actual recuerdo tan capaz de hablar pintando

Antoni Tàpies y Pablo Picasso, en 1967 tanto más grande cuando menos mediación lograba entre su cerebro y su trazo. O, mejor, su cerebro —si puede llamarse todavía de este modo— había ido trasladando toda su sede de

la cabeza a la mano de forma que ya no existía necesidad de pensar. Más bien pensar y la forma en que se plasmaba “aquello” formaban una misma unidad estética y su estética al cabo fue,

gún pintor contemporáneo recuerdo tan capaz de hablar pintando, pintar hablando y no decir jamás una mentira. Ni las necesitaba para impresionar, ni le caían bien a su organismo. Como los vegetarianos son longevos sin carne, Tàpies será inmortal no habiendo probado durante décadas un sorbo de mendacidad y habiendo ganado audiencia sin la menor retórica, sin poses, coloretes o banda de música alguna.

El artista, delante de su obra Al teu peu, en la Fundación Tàpies en 1995. Se trata del pie de Teresa, esposa del pintor. / CHEMA CONESA

poco de falta de educación de la sensibilidad. Para que la gente perciba bien una obra de arte ha de tener una cierta preparación. Esto es indiscutible. Si no, puede decir eso, que lo hace cualquiera. P. Hay pinturas suyas que son un pegote de polvo de mármol y una pata de silla rota. Durante años, su pintura resultaba difícil, y sí se necesitaba sensibilidad, o preparación para verla. Hoy, si alguien dice que su obra no le gusta se arriesga a que le consideren un paleto. R. ¡Ja, ja, ja! P. Antes hablaba de encontrar el propio lenguaje. Luego está la necesidad de tener una ocurrencia, una idea nueva, personal, que llame la atención. Algo que no se ha hecho antes, o que no lo parezca… Y eso, que parece imprescindible para ser un creador, ¿se busca denodadamente o sucede de pronto, como por encanto? R. Es algo que va viniendo paulatinamente. Este trabajo está hecho de cosas positivas y cosas negativas. Muchas veces dices: no quiero ser como ese que me ha precedido, porque los que te precedieron están muy vistos, y a la sociedad ya no le sorprende. Por ejemplo, el colorido. Hay muchos grandes artistas que han usado mucho los colores primitivos. En el siglo XX, las vanguardias lo hicieron mucho. Colores simples. Rojo, amarillo, azul. De esto han abusado los pintores y la publicidad. Y ahora, la tele en color. Por eso yo decidí pintar con otros colores. Y tal vez también por la necesidad de buscar colores más profundos, más serios. En estas cosas hay una mezcla de todo. Como el sentirme cerca de la tierra. Siempre he querido acercarme a las formaciones del cosmos. En el fondo estamos hechos de tierra... y volvemos a ella.

Maquetació d'una pàgina del diari EL PAIS  

Maquetació de les pàgines 40 i 41 de el diari EL PAIS de l'edició del dimarts 7 de febrer del 2012, realitzada amb INDESIGN CS5 i CS6

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you