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Monterrey, N. L ., México

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Abril de 2014

Año VIII

No. 103

uy queridos , Hermanos y Hermanas : ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡El Señor Resucitó!

Es la noticia clave de la cincuentena pascual que empezamos a vivir el pasado domingo 20 de este mes de abril, “Domingo de Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo”. Después de que vivimos la Cuaresma y el Triduo Pascual, conmemorando así los misterios más grandes de nuestra fe, llegamos a la magna conmemoración, a la magna celebración de nuestra fe, que es la celebración de la Resurrección de Jesús, porque es su triunfo sobre el demonio, sobre el pecado y sobre la muerte. Por eso en la liturgia, nosotros la Iglesia, dejamos manifestar nuestro sentimiento de gratitud, de alegría, de gozo, de amor, porque precisamente el infinito amor de Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, la segunda persona de la Santísima Trinidad, el Verbo eterno de Dios encarnado, lo llevó a hacerse uno de los nuestros, a vivir entre y como nosotros, iniciar luego su ministerio público, padecer, morir en la Cruz y re-su-ci-tar para nuestra salvación, para nuestra liberación. Cristo resucitado proclama su victoria y su victoria es también nuestra victoria, pues al triunfar él que es nuestra cabeza, triunfamos nosotros, por su gracia, pues somos su cuerpo. La Resurrección de Cristo es la garantía de nuestra fe, de nuestra esperanza y de nuestro amor cristiano. El es nuestro único salvador, por él somos dignos ahora de llamar a Dios nuevamente “Padre”, como el mismo Cristo nos enseñó. Con nuestra vida hemos de proclamar nuestra fe en esa Resurrección, nuestra esperanza en la vida eterna y nuestro amor cristiano ha de ser el signo que nos caracterice como discípulos de Jesús, discípulos del Señor resucitado. ¡Aleluya! ¡Aleluya! el Señor ha resucitado y va delante de nosotros, nos espera y nos acompaña y nos llama a no tener miedo, pues,

él estará con nosotros todos los días hasta el fin del mundo, en que volverá lleno de gloria y majestad. Llevemos con nuestras palabras y con nuestros hechos a todos nuestros hermanos la buena y bella noticia de la Resurrección de Jesús. Comprometámonos con Jesús Resucitado, nuestro Dios y Señor, a transformar nuestra vida, nuestra familia, nuestra parroquia, nuestra sociedad, en un signo claro y elocuente que hable de la singular amistad nuestra con él, nuestro Redentor y Salvador. Junto con nuestra sencilla y humilde súplica a Jesús Resucitado de que bendiga nuestro hogar, nuestra familia, la familia parroquial, ofrezcámosle nuestro apoyo, nuestra ayuda, nuestras manos y labios, pies y corazón, razón y vida para colaborar con él en la maravillosa obra de la salvación, que sigue adelante por él, con él y en él. Unámonos a los que ya son obreros y obreras del Señor, pues, bien sabemos que el mundo de hoy necesita mucho de Cristo Resucitado y él ha querido llegar a la humanidad por medio de nosotros sus discípulos. ¡Felices Pascua de Resurrección! Pbro. Juan Carlos Castillo Ramírez Párroco


los Beatos Papa Juan XXIII y Papa Juan Pablo II como cada mes lo fue promoviendo el grupo juvenil Lolek. Por su reportero Capsulito 1) ¡Cordialísimamente y con mucho gusto, les deseo ¡MUY FELICES PASCUAS DE RESURRECCION!

7) Gracias a Dios muchos fieles tomaron parte en las celebraciones del Jueves y Viernes Santo y no se diga en la Vigilia Pascual de la Resurrección del Señor del Sábado Santo.

2) Abril nos regaló esos bellos momentos de la celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, nuestro Salvador. Por eso hermanitos y hermanitas, estamos muy pero muy alegres. ¿O no? Claro que sí, porque nos sabemos y nos sentimos amados por Aquel que siendo Dios se hizo hombre y se entregó por nosotros, por amoooooor!

8) Nos unimos al gozo de la Iglesia universal por la Resurrección del Señor con la eucaristía del domingo correspondiente, para iniciar así los 50 días de fiesta espiritual por la Resurrección de nuestro Salvador.

3) Entrando en otras noticias porque la anterior es la número uno de nuestra fe, he de decirles que empezamos el mes con el Rosario y la Misa del Santo Padre Pío el primero de este mes, y después el Retiro de Cuaresma para los grupos de apostolado laical de nuestra Parroquia, con muy buena asistencia el día cinco. 4) Luego tuvimos, el seis, la Misa de la Asociación del Santísimo Sacramento, que en nombre la Parroquia están siempre cuidando la oración ante Jesús Sacramentado. 5) El último ciclo de Ejercicios Espirituales, para jóvenes y adultos, de llevó a cabo del siete al 11 de abril y el 12 se fueron a Misiones en Cadereyta Jiménez, N. L. en la Parroquia de San Juan Bautista, los jóvenes del grupo Impulso, en nombre de toda nuestra Parroquia, bajo la coordinación del Padre Marcos Alanís, Vicario Parroquial. 6) Celebramos luego la Semana Santa con la asistencia la Misa del Santo Crisma, en la Basílica del Roble, en la que los sacerdotes de la Arquidiócesis renovaron sus promesas sacerdotales y por la tarde de dicho día recibimos en la Misa de 7:30 p.m. los Santos Oleos y el Crisma que al mediodía consagró nuestro Arzobispo para la administración de los sacramentos. Esta Eucaristía se ofreció también en conmemoración de la canonización de

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9) La Unión de Enfermos Misioneros tuvo la Misa mensual por los enfermos con la administración del sacramento de la Unión y después su convivencia pascual. 10) El domingo 27 fuimos partícipes de la alegría de la Canonización del Papa Juan XXIII y del Papa Juan Pablo II, que el Papa Francisco presidió en la Plaza de San pedro, en el Vaticano. 11) También un grupo numeroso de fieles participó en la Misa que ese día presidió nuestro Arzobispo, D. Rogelio Cabrera López, en el Río Santa Catarina, cerca del Puente del Papa para agradecer a Dios estos dos nuevos Santos. Con mucho sol y calor regios la celebración congregó más de 25 mil personas. 12) En nuestro templo parroquial, ya están las imágenes de estos nuevos santos, modelo de nuestra acción cristiana para vivir heroicamente la fe, la esperanza y la caridad cristiana.

Nos leeremos, amigos y amigas, en el próximo número, si Dios quiere. Su amigo: “Capsulito”.


SAN JUAN XXIII Y SAN JUAN PABLO II

En 1921 es llamado a Roma para ser Presidente del Consejo central para Italia de las Obras Pontificio Misioneras. El tres de marzo de 1925 es nombrado Visitador Apostólico en Bulgaria y elevado al Obispado con el título de Arzobispo de Aureliópolis. La ordenación episcopal la recibió el 19 de marzo de ese año. Fue trasladado a la delegación Apostólica de Turquía y nombrado Administrador Apostólico de los Latinos, el 20 de noviembre de 1934. Monseñor Roncalli fue nombrado por el Papa Pío XII Nuncio Apostólico en París, en diciembre de 1944. El mismo Papa Pío XII lo crea Cardenal y Patriarca de Venecia el 12 de enero de 1953.

El 27 de abril el Papa Francisco canonizó al Papa Juan XXIII y al Papa Juan Pablo II. Los declaró Santos. En esta edición les presentamos los datos biográficos de San Juan XXIII. En el próximo número les ofreceremos los de San Juan Pablo II. Angel José Roncalli Mazzola, que sería el Papa Juan XXIII, nació el 21 de noviembre de 1881, en Soto il Monte, en Bérgamo, Italia. Sus padres fueron Don Bautista Roncalli y Doña Marina Mazzola. El mismo día de su nacimiento recibió el sacramento del Bautismo, en la parroquia de Santa María, siendo el ministro del sacramento D. Francisco Rebuzzini. De 1892 a 1895 fue seminarista en el Seminario Menor de Bérgamo; y de 1895 a 1900 fue seminarista en el Seminario Mayor de Bérgamo. En el año de 1901, el cuatro de enero, inició sus estudios en Roma, como alumno del Seminario Romano del Apolinar. El 31 de enero de ese mismo año es alistado en el éjercito como soldado. Fue ordenado Diácono el 18 de diciembre de 1931en San Juan de Letrán y fue ordenado Sacerdote el 10 de agosto de 1904, en Santa María del Monte Santo, en Roma. Después, en 1905 es nombrado Secretario del Obispo de Bérgamo, Mons. Santiago M. Radini Tedeschi; y al año siguiente es nombrado profesor de Historia Eclesiástica, de Apologética y de Patrología en el Seminario de Bérgamo.

El 12 de octubre de 1958 viajó al Vaticano para participar en el Cónclave a celebrarse por la muerte de Pío XII; y el 28 de octubre de ese 1958 es elegido Papa y toma el nombre de Juan XXIII. El 15 de diciembre de 1958 nombró 20 nuevos Cardenales. El 29 de diciembre siguiente visitó a los presos de la cárcel romana de Regina Coeli. El 25 de enero de 1959 anunció que se llevaría a cabo el I Sínodo Romano, el Concilio Ecuménico Vaticano II y la revisión del Código de Derecho Canónico. El 11 de Octubre de 1962 realiza la apertura del Concilio Vaticano II cuya primera sesión terminaría el ocho de diciembre del mismo 1962. En 1963, el siete de febrero anuncia la continuación del Concilio. El 23 de mayo se da a conocer está gravemente enfermo. El 3 de junio de 1963 muere santamente a las 7:45 p.m. y sus restos mortales son colocados el seis de junio en las Grutas Vaticanas. El 3 de septiembre del 2000 es declarado Beato por el Papa Paulo VI. El 27 de abril de 2014 es declarado Santo por el Papa Francisco.

¡San Juan XXIII: Ruega por nosotros!

El 24 de mayo de 1915 es nombrado Capellán del Ejército en el Hospital de reserva de Bérgamo. En 1918 principia en Bérgamo la “Casa del Estudiante”.

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LA MISION DE LA IGLESIA: MODELO Y PROGRAMA. Carta Pastoral del señor Arzobispo de Monterrey, Rogelio Cabrera López. En la tercera y última parte de su Carta Pastoral nuestro Pastor nos dice sobre la Liturgia que la vida de discípulos fieles a Cristo que buscan formas de convivencia más plenas en la caridad a Dios y a los hombres, nos conduce a una celebración de fe cada vez más viva y llena de sentido. “Especialmente la Eucaristía dominical puede ser vivida como la expresión de la fe en el verdadero Dios, en la que todo hombre es llamado y cautivado por el encuentro con Cristo. Necesitamos caminar a esta renovación litúrgica, por el camino de la fe y la devoción, podemos dar pasos hacia una celebración capaz de atraer al ser humano de hoy por su autenticidad y novedad, ayudando a que la gracia de Cristo sea eficaz en los corazones de todos”, agrega. Es necesario que, puntualiza, renovemos las celebraciones litúrgicas de manera que quienes participen en ellas puedan encontrarse con el rostro del Dios verdadero y con la verdadera Iglesia fundada por Cristo, con verdaderos discípulos fieles reunidos en asamblea viva convocada y reunida por el Espíritu Santo, con un pueblo que piensa, habla y vive de una manera que atrae y entusiasma a quienes están buscando cómo salir de la confusión y de la apatía en la que la ignorancia y la injusticia sumergen. “Esta celebración litúrgica nos pide que cada parroquia y capilla de nuestra 4 Arquidiócesis forme los equipos de

liturgia necesarios para ser servidores de la celebración con su sello festivo”, dice. Anota que es necesario que cada agente litúrgico deje los protagonismos y se disponga con humildad a ser servidor, en comunión y armonía con todos, en cada detalle de nuestras celebraciones. Que haya personas que organicen el tráfico, indica, y organicen el estacionamiento, otras recibiendo a los fieles y den la bienvenida, que los dirijan a los lugares, que ofrezcan información y orientación sobre los servicios parroquiales a quienes lo necesiten y sólo asisten en esa ocasión, que dispongan las áreas para enfermos y sillas de ruedas. Pide que los cantos sean apropiados y cantados por toda la asamblea, que los lectores estén dispuestos y preparados en toda eucaristía y bautismo, que el sacerdote domine el “arte de la celebración litúrgica”, que la disposición física, mental y espiritual de todos y la eficacia de los recursos litúrgicos manifiesten el carácter festivo y sean el toque de belleza humana del pueblo que se dispone a celebrar el amor de Dios.


La liturgia nos conduce a la gloria de Dios y la santificación nuestra. “Busquemos la manera en que nuestras celebraciones litúrgicas tengan el claro objetivo de celebrar el encuentro con Dios y la santificación que Él obra en su pueblo. No necesitamos cambiar los Ritos litúrgicos, sino capacitar los corazones para que puedan captar el contenido de los signos y de las palabras realmente llenas de amor de Cristo, en un testimonio alegre y una solidaridad sincera, donde la liturgia, más que ofrecer una doctrina ya recibida anteriormente, muestre el camino que lleva al encuentro misterioso que ilumina y que salva, que sana y fortalece, que llena de esperanza y nos abraza con la plenitud del amor divino: Jesucristo, nuestro Señor”, precisa. La belleza a la liturgia revela al Creador. Nos dice el señor Arzobispo que la gloria del Señor, que en sí es algo bello, se manifiesta también en el culto exterior y por ello es necesario que todo, incluso lo material, esté al servicio y alabanza de Dios. “En ocasiones participamos en celebraciones litúrgicas débiles que parecen más una reunión social sin gozo, sin el encuentro con lo trascendente, muchos menos con lo divino, preparadas sin entusiasmo ni el orden conveniente. La liturgia debe expresar la belleza divina y debe hacerlo con la mayor belleza humana posible. No se trata de buscar “lo bello de la

moda” ni el gusto del entretenimiento, sino de un esfuerzo de fe consciente por una celebración litúrgica dotada de sentido, por medio de signos profundamente cristianos, que orienten religiosamente las almas a Dios”, añade. Hace hincapié la belleza interior es tremendamente sencilla y poderosamente profunda porque toca toda la persona: sensibilidad, mente y espíritu, sorprende y atrae. La belleza interior origina en la persona la alegría en el conocimiento del bien, pues une conocimiento y gozo, verdad y orden. Además, continúa, lo verdadero, lo bueno y lo bello “se identifican en el sujeto, porque se basan en la misma realidad, es decir en la forma, y por esto lo que es bueno es alabado como bello”. La música y el arte sacro pueden favorecer que los fieles entren en el Misterio celebrado. La Liturgia celebra el Misterio con un culto interior y exterior. Podemos afirmar, indica, que la liturgia se vuelve Kerigma cuando el que preside y la asamblea han dejado de ser protagonistas y se mantienen con humildad como servidores del Misterio Pascual de Cristo. “Cuando lo importante es hablar, cantar o montar un espectáculo sin fecundar la existencia, sin invitar a mejorar la realidad ni tocar el corazón de la asamblea estamos en una actitud llamada 5


protagonismo pastoral, sin tiempo para la interioridad, todo es exterioridad. Es necesario superar este pragmatismo que mira sólo la apariencia y la emoción de las personas, sin llegar al corazón. El canto, la oración y nuestros gestos, deben expresar los sentimientos de nuestro corazón, el ardor y el estupor que produce el Espíritu cuando estamos metidos de lleno en la celebración, presentándonos como discípulos que han vivido en la caridad de Cristo y lo celebran desde lo más profundo e íntimo de su ser”, agrega. La liturgia busca que la participación sea consciente, activa y fructuosa. Recuerda que la Eucaristía es el centro, fuente y culmen de la vida cristiana, hemos de vivirla como discípulos fieles en una participación *consciente, activa y fructuosa*. “La superficialidad empieza a ser superada cuando tomamos conciencia de nuestra persona entera y nos disponemos externa e interiormente, recogiendo nuestros sentidos por el camino del silencio dirigiéndonos hacia la serenidad, determinando conscientemente un tiempo de nuestro día para celebrar la Eucaristía y/o para buscar el sacramento de la reconciliación, y en general para todo encuentro con Cristo en la vida sacramental y en la oración personal. Tomemos la responsabilidad discipular de preparar nuestro corazón reconciliado para lograr una verdadera participación con mayores frutos para nosotros y para nuestra comunidad eclesial”, apunta. Nos señala que participa en plenitud quien llega a la celebración litúrgica habiendo socorrido a los necesitados, alentado a los enfermos, abrazado al triste, perdo6 nando a quien lo ofendió, entregado

con justicia en nombre de Cristo, de esta manera puede celebrarse en toda su profundidad y todo su sentido el sacramento de la Comunión. Sólo siendo dóciles a la inspiración del Espíritu Santo podremos participar en nuestra Liturgia como encuentro vivo y festivo de los hijos con el Padre. “La memoria del pueblo se celebra en la liturgia y en la piedad popular. La piedad popular es un hecho vital con una fuerza tremenda, que fortalece la liturgia enriqueciéndola con la historia de cada persona, con sus tristezas y alegría; anima a la liturgia, la hace respuesta concreta y encarnada y suscita las disposiciones para el encuentro con Cristo, de hecho muchos bautizados no tienen otro momento de acercamiento al Señor” marca. Por ello, sigue diciendo, que la piedad popular y la liturgia constituyen un tesoro que debemos custodiar con responsabilidad. El sentido misionero de la tarea eclesial nos pide una liturgia que evangelice, que llegue al corazón, que invite a la fe y exhorte a la caridad. “Debemos aprovechar y promover la riqueza evangelizadora y consoladora de nuestras peregrinaciones, del rezo del Santo Rosario, las novenas, la veneración y la admiración a los santos, especialmente en los novenarios y fiestas patronales. Tratemos que todas nuestras acciones de piedad sean evangelizadoras, celebrativas y alentadoras de la caridad” termina diciendo el señor Arzobispo.

Luego nos pregunta: ¿Cómo podemos hacer más festivas nuestras celebraciones litúrgicas? ¿Qué tradiciones litúrgicas debemos recuperar o favorecer?


El camino de la Octava de Pascua El día de la gloriosa Resurrección de Cristo es tan grande y maravilloso que no se puede abarcar su contenido y valor con sólo 24 horas, por ello la Iglesia, por medio de estos ocho días intenta llevarnos por el camino de la manifestación de Jesús a sus discípulos y el recorrido en la fe de estos hombres y mujeres, para animarnos a nosotros y recordarnos que Cristo Vive y renueva nuestra vida. Como dice san Pablo: si Cristo no hubiera resucitado vana sería nuestra fe. Por ello haremos un breve recorrido por las lecturas de entre semana y tener así un panorama de estos días.

Lunes de la Octava de Pascua. Mt. 28,8-15 Es maravilloso ver que el amor lleva al encuentro con el amado, las mujeres fueron al sepulcro muy de mañana para despedirse de su Señor, entre esas mujeres iba María Magdalena quien estuvo con Cristo al pie de la cruz. Apenas podemos imaginar la alegría de María Magdalena, después de su profunda tristeza al perder al amado en la cruz, este día le anuncia el ángel que Jesús está vivo y mejor aún, Cristo les sale al encentro y las fortalece “no tengan miedo”.. además las envía a dar la noticia a sus hermanos. Aunque el mundo niegue la resurrección de Cristo, pongámonos nosotros también en camino para dar la noticia de la resurrección a los que están tristes y abatidos por los problemas, ya que contamos con su presencia.

Martes de la Octava de Pascua. Jn. 20,11-18 En esta versión de Juan hay un momento del pasaje que llama mi atención, menciona el texto que María lo vio y creyó que era el jardinero, en seguida Jesús le dijo: ¡María! Y fue cuando lo reconoció, esta sencillez tiene una profundidad magnífica porque el corazón de la santa mujer se enciende al escuchar su nombre de los labios de su amado, en palabras de san Gregorio Magno: lo que hay que considerar en estos hechos es la intensidad del amor

que había en el corazón de aquella mujer, que no se apartara del sepulcro aunque los discípulos se habían ido de allí. María, al sentirse llamada por su nombre, reconoce al que lo ha pronunciado y al momento lo llama maestro, ya que el mismo a quien ella buscaba exteriormente era el que interiormente la instruía para que lo buscase. Miércoles de la Octava de Pascua. Hch. 3,1-10; Lc. 24,13-35 En los Hechos de los Apóstoles se nos describe el impulso de los discípulos de Cristo desde Pentecostés, la valentía con que anuncian a Jesús resucitado, en este pasaje Pedro y Juan suben al templo para hacer oración hacia las tres de la tarde, se encontraron con un lisiado que ponían ente una puerta para que pidiera limosna, al verlos les pidió y Pedro le contestó: “no tengo oro ni plata pero lo que tengo te lo doy, en nombre de Jesús levántate y camina”. Este pasaje debe ayudarnos a reflexionar ¿qué es lo más valioso que tengo? Cuando interactúo con los demás ¿qué les doy? Para nosotros los cristianos lo más valioso es Jesús, y a él debemos trasmitirlo para que todos se alegren con nosotros por la vida que nos concede. Es el único que nos hace levantarnos de nuestras verdaderas miserias, como al lisiado, que no sólo quedó sano del cuerpo, sino que por fin entró a adorar a Dios en el templo que sólo le servir para pedir limosna.

En el evangelio de Lucas, tenemos el famoso pasaje de los discípulos de Emaús, estos dos iban caminando y hablando de lo sucedido con mucha tristeza y Jesús se les acercó y empezó a explicarles los pasajes de la Escritura que hablaban de él y al llegar al lugar lo invitaron diciendo: “quédate con nosotros, porque ya es tarde y pronto va a oscurecer”. Es extraordinario cómo estos dos discípulos le hacen una petición tan llena de significado, en medio de la aflicción, aún sin saber quién era. Podemos también nosotros decirle a Jesús “quédate con nosotros Señor porque nuestra vida es triste sin ti, quédate con nosotros Señor porque el panorama es oscuro y tu eres la luz del mundo”.

Jueves de la Octava de Pascua. Lc. 24,25-48 Este pasaje de san Lucas es la continuación del texto del miércoles, Jesús en el texto anterior se manifestó a los discípulos en la fracción del pan, nuevamente Jesús se deja ver en los actos sencillos que compartía con sus discípulos y estos no se quedaron indiferentes o maravillados contemplando lo que Cristo hizo por ellos, sacarlos de la tristeza y desesperanza, sino que, siendo ya de noche, se lanzan a Jerusalén para encontrarse con sus compañeros y compartir esta experiencia de fe. Y tenemos que decir que la fe crece y se fortalece cuando la compartimos y Cristo mismo se hace presente como sucede en este pasaje donde al hablar de él Jesús les da el regalo de su presencia y les abrió el entendimiento para que entendieran las Escrituras.

Viernes de la Octava de Pascua. Hch. 4,1-12; Jn. 21,1-14 Podemos observar en la primera lectura que la fuerza concedida por Cristo a sus discípulos les ayuda a dar testimonio de la experiencia de la resurrección y les permite padecer valientemente por el Señor. En el evangelio de san Juan tenemos una serie de significados profundos, por ejemplo Pedro les dice a sus compañeros “voy a pescar” y sus compañeros deciden acompañarlo. Al verse desamparados sin Cristo que le daba sentido a sus vidas regresan a hacer lo que sabían hacer “pescar”. En los momentos difíciles de nuestra vida, al sentirnos decepcionados por Dios o la vida, regresamos a nuestra antigua condición, a lo que sabíamos hacer, para tratar de tener un sentido en la vida, así les sucedió a los apóstoles. Además el significado de los ciento cincuenta y tres pescados, de la totalidad de los pueblos llamados al Reino de Dios, y esa red que no se rompe, representa la unida de la Iglesia. Que Jesús en la eucaristía nos ayude a experimentar su amor que nos salva de nuestra soledad.

Sábado de la Octava de Pascua. Mc. 16,9-15 Podemos advertir que este día es como una síntesis de toda la semana que hemos vivido pues en un texto tan breve se narra la aparición de Jesús a Magdalena, y cómo esta va a avisar a sus compañero que no le creen, y la manera en que Cristo se les aparece a los once estando ellos a la mesa y el envío por parte del Señor a predicar a todos la Buena Noticia. Alegrémonos hermanos porque Jesús se ha fijado en nosotros, y vayamos al encuentro de los demás para que tengamos vida y la tengamos en abundancia. ¡¡¡Alabemos al Señor por su Victoria!!!

Pbro. Marcos Eugenio Alanís Salinas.

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MENSAJE DEL PADRE VICARIO Pbro. Marcos Eugenio Alanís Salinas.

Compartir la fe y esperanza ¡Dios Padre que resucitó a su hijo Jesucristo para darnos vida eterna, llene su corazón y sus hogares de paz y amor! Como muchos saben, algunos jóvenes de nuestra parroquia de santa Beatriz de Silva salieron de misiones de Semana Santa, fuimos a dos comunidades en Cadereyta pertenecientes a la parroquia san Juan Bautista que se llaman Palmitos y Alamito, comunidades sencillas pero con hambre de Dios, de su palabra y sus sacramentos. Llegamos el sábado 12 de abril al medio día e inmediatamente comenzó la preparación para invitar al Domingo de Ramos, los muchachos acomodaron el lugar y por la tarde se fueron a visitar las casas. Puedo decir que aquí comenzamos una semana llena sorpresas y de bendiciones de parte de Dios, en lo personal no había vivido una misión en estos tres años y medio de ordenado y fue una grata sorpresa el constatar el compromiso de los jóvenes que se ponen al servicio de Dios y de la gente. Fueron días de intenso trabajo apostólico pero también de convivencia entre ellos y con las personas que nos recibieron en los ejidos. Por las mañanas de lunes a miércoles se dedicaron a visitar las casas y por las tardes a preparar y dar una serie de temas a niños, jóvenes y adultos, para terminar teníamos misa o rosario, dependiendo el día y al anochecer se compartían las experiencias vividas que robustecían la fe en todos y se tenía un momento de espiritualidad para seguir en comendando el descanso a Dios, aunque sé, de buena fuente, que algunos extendían su oración personal con mucho amor y devoción. Esto ayudó a que se mantuviera ese ambiente impregnado de Dios que les permitía darse por completo a los demás, con un auténtico espíritu misionero. Debo confesar que hubo días en que la gente fue en poca cantidad, como el domingo de ramos y esto

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me desanimaba un poco, pero los muchachos con una sonrisa me decían “ánimo pater” va a ver que vendrán más para las pláticas y las demás celebraciones y sabía que así iba a suceder. Llegado el Triduo Pascual la preparación se intensificaba y con ello el ánimo de los chavos también crecía, pude ser testigo de la acción de Dios en ellos y en la gente que vivían con amor y devoción cada uno de los días. Solo me resta decir que a los jóvenes que sigan amando a Dios con todo su ser, que se detengan cada día para escucharlo y poder así hacer su voluntad en sus vidas y que recuerden que nada es más importante en el camino de nuestra existencia que el saber el rumbo que tomamos y la única manera de saberlo es tomarnos de su mano y dejarnos vivificar por Dios. La misión nunca termina, como menciona San José Freinademetz "El mejor lugar en el mundo será siempre aquél en donde Dios me quiera", al llegar a casa con los seres queridos, la misión en realidad ahí es cuando comienza, porque es el lugar donde Dios quiere que mostremos con alegría lo que Cristo ha hecho en nuestra vida.

Y como mencionó el Papa Juan Pablo II a los misioneros: “Hermanos y Hermanas queridísimos! Encomendemos este empeño nuestro por el anuncio del Evangelio, así como también la entera actividad evangelizadora de la Iglesia, a María Santísima, Reina de las Misiones. Sea Ella quien nos acompañe en nuestro camino de descubrimiento, de anuncio y de testimonio del Amor de Dios, que perdona y dona la paz al hombre.”

Periódico Parroquial COMUNIDAD no. 103  

Periódico Parroquial de la Parroquia Santa Beatriz de Silva de la Arquidiócesis de Monterrey, México.

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