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Patricia del Castillo Gallego María del Carmen de Luís Vicente

LA CONFIRMACIÓN INTRODUCCIÓN Dos interrogantes

 Institución por Jesucristo No hay textos en los evangelios donde conste que Jesucristo haya instituido este sacramento. Durante los primeros siglos la confirmación no aparece como sacramento distinto del bautismo. Algunos niegan que sea un sacramento, pero ya en el siglo XIII Tomás de Aquino decía que este sacramento fue instituido por el Señor, prometiendo el Espíritu Santo. Los apóstoles imponían las manos a los bautizados y recibían el Espíritu. La Iglesia declaró que la confirmación es un sacramento propiamente dicho.  Sacramento del Espíritu Así es llamado el sacramento de la confirmación. Los sacramentos son acciones de Cristo resucitado en su Iglesia, y esa acción es posible gracias al Espíritu. El único Espíritu que nos da la vida nueva en el bautismo, se manifiesta también en la confirmación.

Puntos básicos del Vaticano II

En 1439 en el concilio de Florencia enumera la confirmación entre los siete sacramentos. En el concilio de Trento el ministro añadió que el ministro ordinario de este sacramento es el obispo. Pero el Concilio Vaticano II señala unos marcos:  Un sacramento de la iniciación cristiana La confirmación pertenece al único proceso de la iniciación cristiana, e inseparable del bautismo y de la eucaristía. Los tres sacramentos realizan la incorporación a Cristo e insertan de forma plena en la comunidad creyente.  Fuerza especial del Espíritu. El Vaticano segundo declara: “por el sacramento de la confirmación los fieles se vinculan más estrechamente a la Iglesia, se enriquecen con una fuerza especial del Espíritu Santo, con ello quedan obligados más estrictamente a difundir y defender la fe como verdaderos testigos de Cristo por la palabra juntamente con las obras”.


Patricia del Castillo Gallego María del Carmen de Luís Vicente

LA FE O VIDA QUE LA IGLESIA ENTREGA El sacramento de la confirmación incluye tres convicciones: que la Iglesia es comunidad toda ella animada por el Espíritu para ser testigo de Jesucristo, que esa vocación de todos los cristianos, y que cada uno debe asumir y ejercer esa vocación responsablemente.

Pueblo enviado como signo ante todos los pueblos La vocación del pueblo donde se escribió la Biblia era vivir con los sentimientos de Dios y proclamar su proyecto de vida para todos los pueblos. Es la tarea que ahora debe realizar la Iglesia. Como pueblo, la Iglesia es parte de la sociedad secular organizada. Y como nuevo pueblo de Dios la Iglesia es germen y signo de solidaridad para todos los hombres.

Para ser profetas La confirmación destaca y fortalece la dimensión profética o testimonial. Un profeta es el portavoz de Dios. Jesús de Nazaret es “el Profeta”: habla y es testigo no solo para un pueblo sino para la humanidad entera; no huye del pueblo sino que permanece dentro e incluso muere por mantenerse fiel a lo que Dios quiere para la comunidad. En la confirmación se celebra y se promueve la vocación testimonial de todos los bautizados confesada en el Vaticano II.

Responsabilidad de todos los bautizados Todos tenemos como un doble nacimiento. Cuando abrimos los ojos por primera vez y cuando las personas pasan por la adolescencia, deben ser ellos mismos y tomar decisiones en una sociedad cuajada de distintas ideologías. En la existencia del hombre hay un momento en el que alcanza su mayoría de edad y puede actuar por sí mismo; a este momento corresponde la confirmación.


Patricia del Castillo Gallego María del Carmen de Luís Vicente

SIMBOLISMO Y ESPIRITUALIDAD  El pluralismo en el rito En los primeros siglos la iniciación cristiana procede como una sola celebración con tres momentos: bautismo con agua, don del Espíritu y participación en la eucaristía. Para el don del Espíritu el signo más original era la imposición de manos, a principios de siglo tercero ya se practicaba este rito. La iglesia latina se mantuvo fiel a esta tradición, pero en oriente se practica la unción con aceite perfumado. La unción con crisma, óleo perfumado, sugiere que el confirmado debe ir por el mundo dejando el buen olor de Cristo, la imposición de manos evoca el envío, el don del Espíritu para dar testimonio. La unción pasó de oriente a occidente y desde el siglo quinto vino siendo rito esencial del sacramento. La iglesia latina hoy une crismación e imposición de manos en el único simbolismo. Los dos símbolos se complementan: la confirmación es el “don del Espíritu” y la fortaleza para ser testigos según expresa la unción para llevar a los demás el buen perfume de Cristo.

 Perfección del Bautismo.

Tomás de Aquino dice que la confirmación respecto al bautismo es consumación del sacramento del bautismo. Confirma lo que ya encuentra. Según el Nuevo Ritual, la confirmación lleva a la plenitud la consagración bautismal. Ese perfeccionamiento del bautismo se plasma en tres aspectos: Nuevo impulso del Espíritu Es el símbolo tradicional de la imposición de manos. Jesús envía a sus discipulos: “seréis mis testigos” y les promete: “cuando venga el Espíritu de verdad os guiará hasta la verdad completa”. Pedro y Juan imponen las manos a los recién bautizados y el Espíritu desciende sobre ellos. En el 314 el concilio de Arlés refleja esa tradición: “al bautizado se le impongan las manos para que reciba el Espíritu Santo”. Y esto ratifica el símbolo de la unción con aceite, signo de la prosperidad y garantía de bendición en la cultura mediterránea, fortalece los miembros del cuerpo humano, suaviza las llagas y mantiene la luz que los humanos necesitamos para caminar en la vida. En 1971 pablo VI asume la expresión “don del Espíritu” como la más adecuada para definir la confirmación. Enraíza más en la Iglesia Esta Iglesia existía ya en la pequeña comunidad que formó Jesús mientras recorrió los campos de Palestina. Pero solo en Pentecostés, cuando aquellos hombres fueron alcanzados y transformados por nueva fuerza de lo alto, se desarrolló la “ek-klesia” o convocación del Espíritu. Es el perfeccionamiento que se hace verdad para cada bautizado en la confirmación. Por eso la liturgia de este sacramento pide: “que contribuyamos a que la Iglesia, cuerpo de Cristo, alcance su plenitud”.


Patricia del Castillo Gallego María del Carmen de Luís Vicente

Para ser testigos de Jesucristo La utilización de los perfumes, sobre todo en oriente, es signo de acogida y hospitalidad amistosa. Según la revelación bíblica, “el aceite perfumado alegra el corazón, como la dulzura del amigo consuela el alma”. Jesús mismo en el evangelio reconoce que el perfume es un medio adecuado para relacionarnos con los demás y manifestar nuestra cercanía benevolente. Estas referencias evocan el efecto de la confirmación como fuerza del Espíritu para ser testigos de Jesucristo. La liturgia destaca bien esta idea cuando pide para los confirmados: “que nos haga ante el mundo testigos valientes del evangelio de Jesucristo. Y termina con un deseo: “que quienes han participado en sus sacramentos, sean en el mundo buen olor de Cristo”. Con palabras: Dios infundió su Espíritu en el barro amorfo y surgió el hombre que tomó la palabra y dio nombre a los demás animales como lugarteniente del Creador. Todos los seres humanos somos invitados a tomar la palabra; y Jesús inundado por el Espíritu es palabra definitiva de Dios y hombre. La Iglesia naciente, alcanzada por ese mismo Espíritu, dejando sus miedos y rompiendo su silencio, en Pentecostés tomó la palabra y se lanzó a la evangelización del mundo. Los confirmados, transformados por ese mismo Espíritu, toman la palabra que anuncia públicamente la buena noticia de Jesús. Y con obras: la vida cristiana es traducción existencial de una experiencia viva en una conducta práctica, Jesús de Nazaret no hizo largos y elevados discursos sobre Dios. Sino que Realizó “las obras buenas del Padre”: curar enfermos, rehabilitar a los pobres, etc. Jesús es testigo fiel y ejemplo vivo para los confirmados que, según el concilio, deben ser testigos de la fe “con sus obras”.

SUGERENCIAS PARA LA RENOVACIÓN En el dinamismo de la confirmación No solo hay que renovar las promesas bautismales; habrá que renovar también otros gestos evocadores de la profesión pública de la fe que tuvieron lugar en el bautismo. Testigos en el interior de la comunidad eclesial El sacramento de la confirmación da capacidad no sólo para ser testigo de Jesucristo fuera de la Iglesia sino también dentro de la comunidad cristiana. Si confesamos que la confirmación es “don del Espíritu”, seamos consecuentes: la comunidad cristiana debe tomar en serio, escuchar y dejarse interpelar por la novedad que aportan los nuevos confirmados. Si creemos que la confirmación es el sacramento de la mayoría de edad, momento para tomar la palabra en el tejido social, ¿por qué no admitimos esa tarea del confirmado dentro de la comunidad cristiana?


Patricia del Castillo Gallego María del Carmen de Luís Vicente

Dentro de una sociedad El catecumenado para la confirmación debe incluir en sus contenidos un cierto análisis de la realidad, y la toma personal de posición entre tantas ideologías y corrientes que la vertebran. No sin razón, se ha visto en la confirmación la base para fundamentar el apostolado de los laicos con el mundo. Aunque se ha fijado edad distinta según los distintos tiempos y religiones, parece que la espiritualidad de este sacramento supone ya el uso de la razón. Como norma indicativa, la Iglesia latina establece: “por lo que se refiere a los niños, en la Iglesia latina la confirmación suele diferirse hasta alrededor de los siete años”.


La confirmación