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Menci贸n Especial

Alto Apocalipsis de Andr茅s L. Rapoport

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Andrés L. Rapoport Andrés L. Rapoport nació y vive en Capital Federal. Estudió Guión en la ENERC y trabajó como guionista de TV para la productora Eyeworks-4K, para MTV, y para el canal de la Secretaria de Cultura de la Nación, entre otros. Estudió actuación con Susana Pampín, dramaturgia con Cecilia Propato y Javier Daulte, y puesta en escena con Rubén Szuchmacher. En 2007 recibió una mención en el Noveno Concurso de Dramaturgia del INT con su obra “Desangrados por una promesa que no cumpliste”, y en 2009 ganó el premio de Dramaturgia TBK con su obra “Pavo Colonio, República Origenital del Burruguay”, que estrenó bajo su dirección a fines de ese año en Espacio TBK. Ambas están publicadas en sendos volúmenes recopilatorios. En 2011 recibió el tercer premio en el Concurso Nacional de Dramaturgia UCES con su obra “Palermo Contusión”.

E-mail: andresrapoport@hotmail.com


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Personajes

Richard

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1.

Cubículo de baño de shopping, pulcro y moderno, iluminado por un aplique en el techo. En un costado, un portarrollo de acero inoxidable de grandes dimensiones. RICHARD (35) está sentado en el inodoro, con los pantalones de vestir y los boxers bajos, hojeando un catálogo de productos tecnológicos. Usa camisa de color claro y zapatos negros brillosos. Está rodeado por bolsas de distintas marcas y rubros. En una de las paredes del baño cuelga su saco, de color oscuro, y un attaché de cuero rectangular de color negro. Suena en el cubículo una versión de música funcional de “I don’t want to miss a thing” de Aerosmith, que se repetirá una y otra vez. Richard: Ah, mirá. Un celular que da shocks eléctricos. Para los chorros. Práctico. Pasa las páginas. Tira el catálogo a un costado. Mira las bolsas. Richard: No tengo nada más para leer. Y esto viene para largo. Qué cagada. RICHARD empieza a tatarear la canción en versión funcional. Richard: Pará. Esta es… Qué casualidad. (Canta sobre la música.) Ai don buan tu tu maiais / Ai don buan to lovin plissss / ‘cos ai missssiu, beibiii, an Ai don buan tu misseriii… Deja el catálogo sobre las bolsas. Mira en el interior de varias. Mete la mano en una y saca un pack de tres películas en DVD. Lee la parte de atrás en voz alta. Richard: “Hay interrogantes que nos acompañan desde que el hombre es hombre. Dudas existenciales que nos martillan la cabeza una y otra vez, aún en nuestros momentos más anodinos y pedestres. Una de ellas tiene

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que ver, sin duda, con la forma en que acontecerá el fin del mundo. ¿Quién no se ha preguntado en algún momento cómo será el día en que todo lo que es deje de ser, para siempre? Estas tres películas, cada una a su modo, intentan dar una respuesta a semejante cuestión. ¡Y lo hacen desplegando actuaciones estremecedoras, escenas de acción atrapante, y un arsenal de efectos especiales de última generación que te van a volar la peluca! Armate de valor, y sumergite en las visiones que pone en pantalla Hollywood sobre el fin de los tiempos. Pero antes, un humilde consejo: despedite de tus seres queridos. “El verdadero apocalipsis puede encontrarte sumergido completamente en estas fantásticas superproducciones.” A la pelotita. RICHARD guarda la caja en la bolsa. Hace fuerza. Richard: Qué constipado estoy, mierda. (Pausa.)Ah, ah. Revisa las bolsas. Mete la mano en una y saca un paquete plateado, sellado al vacío. Lee la etiqueta. Richard: “California Golden Drims Primium Drai plams”. Ciruelas. Importadas. Tienen que funcionar. RICHARD abre el paquete y se mete varias en la boca. Mastica.

Apagón.

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2.

RICHARD se alza el pantalón, levanta el cierra y abrocha el cinturón. Richard: No hay caso, che. Después voy a tener que probar de vuelta. Aprieta el botón del inodoro. Se coloca frente a la puerta. Richard: Un misisipi, dos misisipi, tres misisipi, cuatro misisipi, cinco misisipi, seis misisipi, siete misisipi, ocho misisipi, nueve misisipi, diez misisipi, once misisipi, doce misisipi, trece misisipi, catorce misisipi, quince misisipi, dieciseis misisipi, diecisiete misisipi, dieciocho misisipi, diecinueve misisipi, veinte misisipi. Espera. Empuja la puerta, no abre. La empuja más fuerte. Nada. Richard: ¿Qué carajo pasa con esta puerta? La empuja durante varios segundos, nada. Cansado, baja los brazos. Toma aire. La empuja lanzando un grito. Baja los brazos. Mira su reloj. Richard: ¡Tardísimo! ¡Mierda! Toma aire. Empuja más fuerte. Richard: Daleabriteconchadetumadrepuertademierdaabriteconchudaaaaaaa… Baja los brazos. Respira muy agitado. Saca un inhalador para asmáticos, inhala. Lo guarda. Baja la tapa del inodoro y se sienta. Lee un cartelito pegado en una de las paredes.

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Richard: “Veinte segundos después de haber accionado el sistema de descarga del inodoro, se producirá la apertura automática de la puerta. Por favor, espere y no intente abrirla por la fuerza. Gracias.” ¿Y qué mierda pasa entonces? Se para y aprieta el botón. Richard: Un misisipi, dos misisipi, tres misisipi, cuatro misisipi, cinco misisipi, seis misisipi, siete misisipi, ocho misisipi, nueve misisipi, diez misisipi, once misisipi, doce misisipi, trece misisipi, catorce misisipi, quince misisipi, dieciseis misisipi, diecisiete misisipi, dieciocho misisipi, diecinueve misisipi, veinte misisipi. Empuja la puerta. No se mueve. Aprieta el botón de descarga varias veces, frenéticamente. Richard: (Grita) ¡Hola! ¡Hola! ¿Hay alguien? ¡Me quedé encerrado! ¡Hola! ¡Holaaaaaaaaaaaa! ¿Me abre alguien la puerta por favor? RICHARD se pone en cuclillas y con esfuerzo intenta mirar a través del espacio de no más de veinte centímetros que queda entre la puerta del cubículo y el suelo. Pasa la mano por el hueco, la desliza de un lado a otro. Se levanta abruptamente y se mira la mano, asqueado. Richard: ¿Para qué hice eso? Qué asco. Lanza un grito, golpea la puerta con los puños, la patea, la golpea con el hombro. Se detiene, agitado. Richard: A ver, Richard, calmémonos un poco. Tomamos aire, lo sacamos, nos relajamos. Contamos del uno al diez pausadamente. Uno, dos, tres, cuatr… La desesperación no nos va a llevar a nada. A nada. ¡A nada! Pensemos. Pensemos. (Piensa.) Mmmm. Mmmm. Ahí está. Yo vi en varias películas que se puede abrir una puerta con una tarjeta de crédito.

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Saca la billetera del saco, saca una tarjeta de la billetera, la mete entre la puerta y el marco, a la altura de donde estaría el picaporte. Richard: Pero pará. Si se me rompe no voy a poder seguir comprando. ¿Qué hago? A ver, pruebo un poco… Mueve la tarjeta de arriba para bajo varias veces. Richard: Puta madre. Nada. Prueba más enérgicamente. La tarjeta se parte. Richard: ¡La concha de la lora! ¿Por qué carajo no use la de la prepaga? ¿Por qué? Se detiene la música funcional. Se escucha una suerte de chisporroteo eléctrico que brota de un parlante ubicado afuera del cubículo, en el baño. Voz de Shopping (Off): Les comunicamos a todos nuestros estimados clientes que el shopping cerrará sus puertas en veinte minutos. Les solicitamos acercarse a la puerta de salida más próxima. Muchas gracias. Vuelve a arrancar la canción de Aerosmith. Se pone de pie. Richard: (Grita) ¡No, pará! ¡Necesito comprar un par de cosas más todavía, y tengo que cambiar un pantalón! ¡Pará! ¡No es justo! ¡Yo estoy encerrado en el baño! ¡Sáquenme y denme diez minutos más a mí para comprar! ¡Pará, loco! ¡Es mi derecho como consumidor! ¡O le meto una demanda enorme a este shopping del orto y algún culo va a sangrar! Suena su celular. Atiende. Richard: (Grita) ¿Hola? (…) Lean. Te grité. Perdón. Qué hacés, boludo. No

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vas a poder creer lo que me pasa. Me quedé encerrado en el baño de un shopping. (…) ¡Te lo juro, boludo, no es un chiste! (…) No me estoy haciendo la paja, boludo, te digo que me quedé encerrado. (…) No sé, boludo, acá dice que es un baño “inteligente”, pero de “inteligente” nada. ¡Es un baño bien pelotudo! (…) Y obvio que probé, boludo. Varias veces. Esperá. RICHARD se levanta, empuja la puerta, no se abre. Se sienta. Richard: No abre. (…) ¡Picaporte se dice! ¡Y no tiene! (…) ¡Porque es inteligente, boludo, qué se yo! ¡Pero no se abre! (…) No, acá hay como un instructivo del sistema. Dice que se abre automáticamente veinte segundos después de apretar el botón. (…) ¡Y sí que esperé veinte segundos! ¡Hace como quince minutos que estoy acá adentro! (…) No son veinte segundos para limpiarte, boludo, no estás escuchando un carajo. Te digo que son veinte segundos después de apretar el botón, o sea después de limpiarte. (…) Bueno, no, si sos de hacer el proceso por partes y apretás varias veces el botón vas frito, porque se te abre la puerta y te ven en culo. Bah, en realidad no se abre una mierda. (Le pega una patada a la puerta.) Qué se yo, considerarán que hay mucha demanda de cubículos, y entonces este límite de tiempo, consideración pelotudísima porque por ejemplo ahora no hay nadie en el baño, estuve gritando y no respondió nadie. (…) También puede ser que haya alguien y no responda, yo si estoy lavándome las manos y escucho a alguien sentado en un inodoro gritar como un loco me voy a la mierda. (…) ¿Hijo de puta por qué? ¡Hijo de puta vos! (…) No entiendo, ¿por qué por ecología? ¿Qué mierda tiene que ver? (…) Ah, vos decís que es para que la gente no descargue el inodoro más de una vez, para no desperdiciar agua. ¿Sabés qué? Me chupa un huevo el agua. Me chupa un huevo. (…) Bueno, ahora veo qué carajo hago. ¿Hoy venís a cenar a casa, no? Mirá que Vero está cocinando desde la mañana, tiene ganas de verte. No nos falles. (…) Y un vino y un kilo de helado. Qué se yo. (…) ¡Sí, las dos cosas! ¡No seas rata! Si ahora que te salió lo de Gambini estás juntándola en pala! (…) Ah, ¿”con” pala se dice? Y “en” carretilla. Como sea, trolín. La estás juntando. (…) Dulce de leche, mucho dulce de leche. Medio kilo por lo menos. El resto elegí vos. (…) Te pierdo. ¿Estás en

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movimiento? (…) ¿Pero sos pelotudo? ¡Yo estoy en un baño! ¿No escuchaste nada? (…) ¿Y vos? (…) ¿Estás corriendo? Puto, saliste a correr sin mí. (…) ¿Y qué me importa que te quedés sin aire? ¡Yo estoy encerrado en un baño! ¡No me cortes! (…) ¿Hola? (…) Puto. RICHARD corta. Marca el celular. Espera. Richard: Hola, amor. (…) Sí, ya sé que tendría que estar ahí. No vas a poder creer lo que me pasa. (…) No te voy a inventar nada. Escuchame. Estoy encerrado en el baño del shopping. (…) No importa de qué shopping. Alto algo. Escuchame. (…) Ya sé que hay mil “Altos”. (…) ¡Alto mierda! ¡No sé! ¿Me podés escuchar un segundo? (…) Perdón, ya sé que no te gusta que diga malas palabras. Ultimamente estoy puteando menos, ¿o no? (…) ¡Que sí, boluda! Perdón. (…) Porque pusieron un sistema nuevo de apertura automática de los cubículos, pero funciona para el re-contra orto. ¡Perdón! (…) Y no sé, ¿qué se te ocurre? ¿Por qué no averiguás el número del shopping y llamás y decís que estoy acá encerrado? Te espero. (…) No, no busques “Alto Mierda” que no va a aparecer. (…) No, amor, no vine a cambiar el pantalón que me regalaste. ¡Si me encanta! (…) ¡Me encanta, te digo! (…) ¿Podés llamar por favor para que me saquen de acá? (…) Ok. Chau. Corta. Mira las bolsas. Mete la mano en una y saca un pantalón de corderoy marrón. Se saca el que tiene puesto con dificultad. Se pone el de corderoy. Se lo abrocha. Da unos saltitos. Se lo mira. Richard: Y lo tengo que cambiar. ¡Si me queda para el orto! ¡Parece que la tengo siempre parada! Suena el celular. Atiende. Richard: Hola, hola. (…) ¿Todo el tiempo ocupado? ¿Pero no son líneas rotativas? ¡No puede ser! (…) ¿Y vos no podés venir para acá ahora? (…) Apagá el horno, qué va a pasar. (…) ¡No se va a arruinar nada! ¿Entendés

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que estoy encerrado en un baño? (…) Bue, bue, está bien. ¿Sabés que compré? (…) Digamos que es algo para los dos. Un pack de tres películas sobre el fin del mundo. (…) “Armageddon”, “2012” y “El Fin de los Tiempos”. (…) “Armageddon” es la de Bruce Willis, que sacrifica su vida para salvar a la humanidad, re-grosso. La viste. (…) La de la canción de Aerosmith. La viste. (…) ¡La de Aerosmith! ¿No te acordás? (Canta) “Ai don buan tu clos maiais / Ai don buan to lovin plissss / ‘cos ai missssiu, beibiii, an Ai don buan tu misseriii…” ¡La viste! (…) ¿No la viste? Entonces te cagué el final. Qué pelotudo. Perdón. (…) Vino una vez Aerosmith, tocó en Vélez, creo que hubo uno o dos muertos, no estoy seguro, amor, por favor, ¿entendés dónde estoy? (…) Y sí, mucha falopa. Bueno, amor. ¿Qué hacemos? (…) Seguí llamando, seguí llamando, dale, seguí llamando, por favor. Yo espero. Chau. Corta. Agarra el pack de películas. Le rompe el celofán. Saca la cajita de “Armageddon” y la abre. Está vacía. Mira adentro del pack. Richard: ¿Y la película? ¡No está la película! ¡La puta madre! Voy a tener que ir a cambiarlo… No lo puedo creer. Se para y golpea la puerta. Richard: (Grita) ¡Tengo dos cambios para hacer! ¡No me cierren ni el negocio del pantalón ni el de las películas porque se pudre, eh! ¡Se pudre! Apagón.

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3.

RICHARD está sentado en el inodoro. En la puerta están pegados con saliva cuatro o cinco trozos de papel higiénico, todos de diferente extensión, uno al lado del otro. RICHARD tira lentamente y con cuidado del rollo papel higiénico. Se rompe. Richard: Puta. Mira el trozo de papel que tiene en la mano. Lo compara con los que cuelgan en la puerta. Lo hace bollito y lo tira al inodoro. Richard: A ver, Richard. Concentrate. Respira. Se arremanga la camisa. Cruje los nudillos. Toma la punta del papel higiénico y tira de ella con máxima concentración y exasperante lentitud, y con la lengua asomando por afuera de la boca. Extrae un trozo bastante largo de papel higiénico, que finalmente se corta. Lo toma por las puntas, lo compara con los que están pegados en la puerta. Es claramente el más largo de todos. Richard: ¡Eeeesa! ¡Batí mi record! Pero vamos por más. Lame una punta del trozo de papel higiénico y lo pega al lado de los otros. Se sienta. Respira profundo. Toma la punta del rollo y tira de ella. Suena el celular. RICHARD atiende. Richard: (Alterado) ¿Hola? (…) Ah, Hola, ma. No puedo hablar ahora. Estoy ocupado. (…) ¿Qué te contó Vero? (…) Sí, mamá, estoy encerrado en un baño. (…) ¡No estoy deprimido! ¿Qué tiene que ver? Se trabó la puerta y no se puede abrir. (…) No, mamá, no quiero que vengas. (…) Porque no, mamá, vos no te podés ni mover. (…) No, mamá. (…) No, mamá. (…) No, mamá. (…) ¡Bueno, dale, venite corriendo, larga el andador y venite

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corriendo! ¡Que te estallen las várices, qué carajo me importa! (…) Y bueno, mamá, pero qué querés, las cosas que planteás, realmente. (…) ¿Qué? No sé. Unas ciruelas, no mucho más. (RICHARD mira las bolsas.) Ah, pará, tengo un alfajor Light. (…) ¿Y qué me importa que lo light es laxante? ¡Ojalá sea laxante! ¡Ojalá! (…) También tengo unos bastoncitos de queso, de ese lugar de alimentos orgánicos. (…) Sí, el que tiene nombre alemán. (…) Mamá, por favor, no todos los alemanes son nazis, no voy a dejar de comprar las barritas estas que me encantan sólo porque tengan origen alemán. (…) Cualquier cosa, mamá. Cómo le voy a estar faltando el respeto a la memoria del abuelo por comer un bastoncitos de queso. (…) Bueno, no me importa, la como igual. (…) ¡La como igual! ¡La como igual! ¡La como igual! (Saca una barrita de una bolsa de papel madera, se la mete en la boca y mastica ruidosamente.) ¿Escuchás? ¡Me lo estoy comiendo ahora mismo el bastoncito! ¡Mmmmm! ¡Está riquísimo! ¡Me encantan los bastoncitos alemanes! ¡Me encanta Alemania! ¡Heil bastoncito! (…) Mamá, perdón, no quise gritarte así, es que estoy nervioso, no me gustan los lugares cerrados. Mamá, ¿me escuchás? ¿Qué pasa? ¿Qué es ese ruido? ¿La tele? ¡No la subas más la tele! ¡Mamá! (…) ¿Qué? No te escucho nada, mamá. Bajá la tele. Bajá la tele. ¡Bajá la tele! (…) ¿Por qué llorás? ¿Por qué te pedí que bajes la tele? Estaba muy alta, mamá. ¿Le cambiaste la pila al audífono? No, ¿no? Te mostré quince veces cómo se cambia. Después voy y te la cambio. (…) Bueno, a ver, qué dicen en la tele. (…) ¿Un torito? ¿Qué torito? No te entiendo nada, mamá. Estás nerviosa. Tranquilizate. ¿Qué pasa? (…) ¿El final de qué? ¿Estás viendo una película? (…) Mirá que casualidad. Yo compré un pack de tres películas sobre el fin del mundo. (…) Es una película, mamá, ficción, de mentira, no es la realidad, te pido que no empieces ahora a confundir ficción con realidad, es lo único que te falta. Ya escuchás como el orto y casi no podés caminar. (…) Mamá, mamá, no te entiendo qué me decís, después te llamo. Beso, beso. Corta. Suena el celular. Richard: ¿Hola? (…) Lean. Qué hacés, boludo. No sabés qué garrón, sigo acá adentro. Igual descubrí un juego muy bueno con el papel higiénico,

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pero es para este tipo de portarrollos de rollo grande, nada más. No se puede hacer con uno común me parece. (…) Callate un segundo. Dejame que te explique. El desafío es con vos mismo, tenés que ir sacando trozos de papel higiénico cada vez más largos sin que se rompan. ¿Entendés? Decime si no es genial, boludo. (…) ¿Qué? (…) ¿El fin de qué? ¡Dejate de joder, boludo! ¿Qué estás diciendo? (…) Callate, pelotudo, a vos no te creo una mierda. (…) Callate. (…) Callate. (…) ¡Callate, mentiroso! A ver, ¿y cómo sabés que es el fin del mundo? (…) ¿Meteorito de qué? (…) Dale, dejate de boludeces. Si toda esta historia es para no comprar un vino y el helado, sos cualquiera. Escuchame. Te voy a pedir que te vengas para acá y me saques. (…) Dejate de joder con eso, dale, venite. Te espero. Si llegás y está cerrado explicale a un seguridad la situación. Apurate. Beso. Corta. Se detiene la música funcional. Richard: ¡Por fin! Me está volviendo loco. Se escucha el chisporroteo eléctrico a través de los parlantes. Voz de Shopping (Off): Señoras y señores. Nos ha sido notificado que un meteorito de grandes dimensiones está en trayecto de colisión con la Tierra, y que hay una altísima probabilidad de que el impacto de la roca produzca la muerte de la inmensa mayoría de los seres vivos que habitan este planeta. La gerencia del shopping desea comunicarles que ha sido un grandísimo placer tenerlos a todos ustedes como clientes, y sin más los despide hasta siempre. Vuelve a sonar la canción de Aerosmith en versión funcional. RICHARD contiene la respiración. Larga el aire y se ríe. Richard: Ah, ¡ya entiendo! Esto es una joda. ¡Una cámara oculta! Son todos cómplices. ¿Dónde está la cámara? ¿Dónde mierda está la cámara? (Mira el aplique en el techo) ¡En el aplique! ¡Los cagué! ¡Ahí está!

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Se sube al inodoro. Pasa la mano por el aplique. Lanza un grito y la saca rápido. Richard: Ay, una patada, ¡la concha de su madre! Apagón.

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4.

RICHARD sentado en el inodoro. Mastica el alfajor Light. Tiene una computadora portátil en su regazo. La enciende. Richard: Tiene que llegar el wi-fi al baño. Por favor. Por favor. Espera. Richard: Dale, dale, ¡apurate! La golpea en el costado. La computadora emite la musiquita de encendido. Richard: Ahí va, ahí va… Teclea velozmente. Espera. Lee la pantalla. Niega con la cabeza. Teclea. Lee la pantalla. Niega. Teclea. Lee. Baja la cabeza. Richard: Está en Internet. Así que es… Es verdad. El fin del mundo. RICHARD se levanta abruptamente y la computadora cae al suelo. Golpea la puerta, la patea, grita. Richard: ¡Ábranme! ¡Por favor ábranme! ¡Alguien! ¡Por favor! Se apoya contra la puerta, exhausto. Lloriquea. Se recompone. Richard: Calmate, Richard. No te desesperes. Pensá. A ver… La policía. Los bomberos. Marca un teléfono. Escucha.

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Richard: Ocupado. Y claro. Fin del mundo. Les mando un mail. Se sienta y agarra la computadora. Teclea. Se detiene. Richard: No, es al pedo. Nunca lo van a leer. Mierda. ¡Mierda! Suena el celular. Atiende. Richard: ¿Hola? (…) Hola, mamá. (…) Sigo en el baño. (…) Sí, me enteré, mamá. (…) Ya sé que me lo quisiste decir. Yo no te entendí. Perdoname. (…) ¡Pero te escucho, te escucho, no es que nunca te escucho, ahora te estoy escuchando! (…) Y no sé, mamá, no sé si te llego a ver. (…) Qué me querés contar tan importante. (RICHARD escucha, se transfigura.) ¿Cómo? ¿Y de quién soy hijo entonces? (…) ¿El tío Beto? (…) Pero… Toda la vida pensando que mi papá es mi papá, y ahora… ¿Cómo me hiciste esto? (…) No quiero escuchar explicaciones, mamá. No quiero. (…) ¡Porque no quiero! ¡No quiero! (…) Ah, ay más. Qué lindo. (…) ¿Mientras estabas embarazada de mí? ¿Diez cigarrillos por día? No. No puede ser. Y chupabas también, seguro. (…) ¡Y chupabas! ¡Chupabas! Con razón mi asma, mis alergias, con razón mi sistema inmunológico de mierda, ¡con razón! ¿Estás tranquila con tu conciencia, ahora que me vomitaste todo esto? (…) ¡Hay más! ¡Hay más! Pero yo no quiero escuchar más. ¿Sabés qué? Yo no quiero escuchar más. Dejá. Chau mamá. ¡Chau! Corta. Piensa. Sacude la cabeza, se revuelve el pelo. Mira el celular. Toma aire y exhala. Marca un teléfono. Espera. Richard: Contestador. Corta. Marca. Espera. Richard: ¡Contestador! ¡Puta madre!

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Corta. Marca. Espera. Richard: Contestador, contestador, ¡contestador! ¿Con quién mierda hablás en este momento? Bue, no importa… No sé si vas a llegar a escuchar este mensaje antes del fin… No puedo creer que sea el fin del mundo, te juro que no lo puedo creer. Nunca pensé que nosotros lo íbamos a vivir… Por ahí sí nuestros hijos. Por eso no quería tener hijos, para que no lo vivieran ellos, y mirá, ahora lo vivimos nosotros. Qué locura, ¿no? Y encima un meteorito. ¿Pero cómo no lo vieron venir? Con la tecnología que hay. No entiendo. ¿Y por qué no lo hacen mierda antes de que choque? Nosotros obvio que no podemos, pero Estados Unidos, China, no sé… Puta, se cortó el mensaje. Marca. Espera. Richard: Yo quería decirte que, nada, que te… Eso lo sabés, y… Bueno, también quiero pedirte perdón por algunas cosas que hice y que no estuvieron bien… Algunas las conocés y otras no… Yo te pido perdón por todas juntas, un perdón completito te pido, je… Qué se yo, sé que soy bastante egocéntrico y a muchas veces no me daba cuenta de que te pasaban cosas y querías hablarlas… O no me doy cuenta de que te pasan cosas… Puta, no sé si hablar en presente o en pasado… Perdón que diga tanto “puta”, sé que no te gustan las malas palabras, pero estoy nervioso… ¡Otra vez se cortó el mensaje, la reconcha de su madre! Marca. Espera. Richard: Encerrado en un baño, ¿podés creer? Yo que siempre te criticaba cuando te encerrabas en el baño, mirá ahora… Encima sí te había comprado algo para vos, un regalo, una boludez, pero seguro te iba a encantar… Y si no lo podías cambiar, no tiene nada de malo si no te gusta, no me ofendo, de lunes a viernes porque los finde no aceptan cambios… Pero bueno, eso ya no importa más. Yo quiero decirte que, que de saber que iba a pasar esto me hubiera tomado más feriados para hacernos escapadas,

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como vos querías… Y ahora no me puedo ni escapar de acá. ¿Pero quién podía adivinar esto? ¿Un meteorito? ¿Cómo no tienen la tecnología? ¿Cómo, me querés decir? Marca. Espera. Richard: ¿Son todos pelotudos los científicos? ¿Los becan para hacerse la paja todo el día? Inventan cada pelotudez, ¡un celular que da electroshocks inventan! Y no pueden detectar que va a caer un meteorito y nos va a hacer mierda a todos. Por favor. (Pausa.) ¿Sabés una cosa? Así se extinguieron los dinosaurios. Lo vi la otra noche en un documental en cable. Vos te habías quedado dormida. Yo te quise despertar para que lo veas porque estaba buenísimo. Pero cuando te dormís profundo no te despierta ni un meteorito, guacha. Perdón. (…) ¡Se cortó de vuelta! ¡Andáááá a cagaaaaaaaaaaaaaaaaaarrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr! Guarda el celular. Se levanta. Lanza un grito. Vacía todas las bolsas, enloquecido. Richard: ¡Richard! ¡Calma! ¡Calma! Ya mismo te vas a tomar un… Agarra un blister de pastillas de un bolsillo interno de su saco. Saca dos pastillas del blister y se las mete en la boca. Mira para todos lados. Mira el inodoro. Pone cara de asco. Levanta la tapa del inodoro, se arrodilla, mete la mano y saca un poco de agua. La traga con las pastillas. Baja la tapa. Mira alrededor. Levanta una caja cerrada que contiene un destornillador eléctrico inalámbrico. Richard: ¡El destornillador! Me había olvidado. La abre entusiasmado. Lo arma. Richard: ¿Tendrá algo de carga?

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Lo prende. El destornillador hace un ruidito. Gira. Richard: ¡Tiene! A ver dónde hay un tornillo acá. Revisa el borde de la puerta pasando la mano, buscando las bisagras. Suena el celular. Atiende. Richard: ¿Hola? (…) Hola, amor. Por fin. Esperá que te pongo en speaker. Creo que encontré una manera de abrir esta puerta. Aprieta un botón del celular y lo apoya en el inodoro. Sigue buscando las bisagras. Vero (Off): Ricardo… Richard: Richard. Vero (Off): ¡Ricardo! ¡Ricardo! Me rompe la pelotas decirte Richard! Richard: Bueno, bueno, calmate. Es el fin del mundo, todos estamos nerviosos… Vero (Off): Sí, sí, puede ser… A vos se te escucha bastante tranquilo. Richard: Me clavé un alplax. No, mentira. (Pausa.) Me clavé dos. Vero (Off): Te parece, en este momento. Richard: Y qué querés que haga. Estoy acá, encerrado en un baño. Mis últimas imágenes van a ser las de un inodoro y una puerta cerrada. Salvo que encuentre unos tornillos acá para sacar. ¿Escuchaste mis mensajes? Vero (Off): No. Richard: No importa. Ahora estamos hablando. Yo te decía que… Vero (Off): Ricardo, pará. Richard: ¿Por qué me decís tanto “Ricardo”? Vero (Off): Ahora que va a pasar lo que va a pasar, te tengo que confesar algo, total ya está: estoy enamorada de otro hombre. (Pausa.) De Leandro. RICHARD deja caer el destornillador. Vero (Off): Desde hace bastante. No sé cómo pasó. Fue de a poco. Primero,

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cuando lo conocí, me cayó medio mal. Después que lo seguí viendo me empezó a caer simpático. Después cada vez mejor. Siempre viéndolo como tu mejor amigo, claro. Pero un día soñé que hacíamos el amor en el acuario del zoológico, no me preguntes por qué en el acuario del zoológico, pero la cuestión es que teníamos un sexo increíble. Y de ahí en más me obsesioné. No sé cómo no te diste cuenta. Empezó a venir a cenar cuatro veces por semana. Y casi siempre invitado por mí. Le lavo ropa que me trae cuando viene. Le pido turnos para los médicos. Le coso los dobladillos de los pantalones. ¿Nunca te pareció raro todo eso? Pausa. RICHARD se agarra la cabeza. Richard: Me cagás con mi mejor amigo. No lo puedo creer. No sueno más indignado porque me tomé esas pastillitas, pero por dentro exploto. Vero (Off): En realidad, concretamente, físicamente, cagarte no te cagué nunca. No me parecía correcto hacerlo. No me animaba. Richard: Menos mal. Menos mal. Eso es lo que importa. En la cabeza uno siempre tiene ideas raras. Vero (Off): Hasta ahora no me parecía correcto. Saludá, Leandro. RICHARD abre los ojos desmesuradamente. Leandro (Off): Hola, Richard. Perdoná. Yo también estoy enamorado de Vero. Y si todo siguiera su curso normal, si no estuviera este asunto del fin del mundo, te juro que no haría nada, porque sos mi amigo y tengo códigos. Pero dadas las circunstancias, considerando el poco tiempo que nos queda de vida, lo charlamos y resolvimos que los códigos no corren más. No queremos dejar pasar la única oportunidad que vamos a tener de estar juntos. Espero seas generoso y lo entiendas. Richard: Generoso. Sí. Seguro. (Pausa.) Ustedes dos pidan al cielo que caiga este meteorito y nos haga mierda a todos. Porque sino cae los voy a matar a ambos. (Se agacha y levanta el destornillador.) con este destornillador eléctrico. (Lo activa y lo acerca al celular.) ¿Lo escuchan? Es inalámbrico. No se enchufa. Lo tengo que cargar y listo. No se van a poder escapar.

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Doscientos agujeros les voy a hacer a cada uno. ¡Hijos de puta! ¡¡¡HIJOSSS DE PUUUTAAAA!!! A través del celular se escuchan ruidos de besos, succiones, jadeos. Richard: ¡Soretes! ¡Por lo menos corten antes! ¡Corten! RICHARD agarra el celular y lo tira contra el suelo.

Apagón.

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5.

RICHARD está sentado en el inodoro con la notebook en el regazo. Richard: ¿Está grabando? Pará. Toca unas teclas. Espera. Richard: No grabó una mierda. ¿Cómo mierda es esto? A ver en la “ayuda on line”. Toca algunas teclas. Lee. Richard: Qué letra chiquita. Para agrandarla… Toca una combinación de teclas. Richard: Ahí va. Lee. Toca unas teclas. Richard: Uno, dos, tres, grabando. Uno, dos. Hola, hola. Hooola. Toca unas teclas. Se escucha la voz de Richard que sale de la notebook: “Uno, dos, tres, grabando. Uno, dos. Hola, hola. Hooola.” Richard: Joya. Toca unas teclas. Richard: Hola. Mi nombre es Ricardo Gruskoin, pero todo el mundo me dice “Richard”. No sé para qué grabo esto. No creo que esta computado-

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ra aguante el fin del mundo. En el negocio me dijeron que era la notebook más resistente del mercado, pero con el fin del mundo me parece difícil que aguante. Igual, qué se yo, voy a dejar un mensaje grabado porque nunca se sabe. Pausa. Richard: La verdad, preferiría que fuera sólo un mensaje de voz. Pero esto graba voz e imagen. No sé cómo ponerlo para que grabe voz sólo. El tema es que no me gusta mucho dónde estoy grabando esto. Es un baño. Agarra la notebook y la pasea por el aire con la pantalla hacia afuera de modo que la camarita registre el habitáculo. Se sienta y la coloca en su regazo. Richard: Ya lo ven. Estoy encerrado acá y no puedo salir. Y para un mensaje que puede llegar a sobrevivir al fin de la humanidad, y que después por ahí le llega a otra civilización más avanzada que la nuestra, no me copa mucho lo del baño. Encima con esta banda de sonido de fondo. Horrible. Qué van a pensar de nosotros si lo único que sobrevive de miles de años de música es una versión de “I Don’t Want To Miss A Thing” hecha con un pianito choto. Qué vergüenza. Pero bueno. Es lo que hay. Pausa. Respira. Richard: ¿Qué puedo decir? El fin del mundo. Mierda. Suena heavy metal. El fin del mundo. Faaaa. Está un poco bueno también. Qué se yo. Tiene algo cool. Sobre todo si sobrevivís. Y te podés poner una remera que diga “Yo estuve en el fin del mundo y sobreviví”. (Piensa.) Esa es buena. Habría que ir haciéndolas. Le tengo que pasar la idea a alguien y asociarme. Pero el tema es que seguro me la cagan. Seguro. Y obvio, si yo estoy encerrado en un baño. Si yo estuviera afuera, y me llama un chabón con una idea como esta y sé que está encerrado en un baño, se la cago. Le digo que sí, que obvio que compartimos ganancias, pero después se la cago. Y que venga a buscarme. Pero bueno. No creo que se puedan hacer remeras ni

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nada después del fin del mundo. Y además quién te las va a comprar. Pero me fui a la mierda. Pausa. Richard: ¿Qué quiero decir? No sé, no sé. Por ahí tendría que hablar de mi vida, de lo que fue mi vida. Así queda testimonio. Y qué se yo, no me puedo quejar. Crecí en un barrio barrio, Colegiales. En la calle todo el día, jugando con los amigos al fútbol, tirándole piedras a los trenes, haciendo ring-rajen, trepando árboles, agarrándome a trompadas con los de la otra cuadra, siempre lleno de frutillas, todo lastimado. Mi primera vez fue en un pasillito con la hija del quiosquero de mi cuadra, y cuando el tipo se enteró me entró a perseguir con una ristra de caramelos Fizz, que si te pegaba un chijetazo con eso dolía como la puta madre… (Pausa.) No, no, perdón, cualquiera, mi infancia no fue ni en pedo así. Perdón. La verdad es que crecí en un dos ambientes en el piso catorce mirando la tele todo el día. (Pausa.) La verdad es que no me acuerdo una mierda de mi infancia. Qué se yo, creo que estuvo bien. Bien. ¿Feliz? No sé. Bien. Aún sabiendo ahora que mi padre no es mi padre. Qué bárbaro. Qué puta mi vieja. (Pausa.) Perdón. Después fui al secundario, eso me acuerdo un poco más. Me iba bien, qué se yo, me llevé un par de materias un año, otra vez me amonestaron por ratearme para ver un partido del mundial… Qué boludo, encima era Méjico-Camerún, algo así, ni siquiera jugaba Argentina. Pero era la inauguración, había que ver la ceremonia. Que era un embole al final. (Piensa.) Uau. Ahora que lo pienso, ya no va a haber más mundiales. O sea que nos quedamos con dos copas del mundo, nada más. Los brasileros con cinco. Hijos de puta. Era jodido alcanzarlos, pero de a poquito, de a poquito… Ahora va a ser imposible. Si alguien llega a hacer la historia de este mundo que se termina, va a decir que Brasil fue el máximo campeón del fútbol de la historia, para siempre y definitivamente. ¡Qué hijos de puta! Los odio. Y con esas minas que zarandean el culo todo el tiempo, bien redonditos o llenos de celulitis, da lo mismo, no tienen ninguna historia para zarandearlo. Los odio.

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Pausa. Richard: Me voy a la mierda. Disculpen. ¿En qué estaba? Después fui a la facultad, estudié administración de empresas. No a la pública, a una privada. Empecé en la pública y me pasé a una privada. Empecé en la pública, me bocharon en una materia y me pasé a la privada. ¿Está mal? En la pública siempre entraba a cortar la clase algún jipi para reivindicar la lucha de no se qué garcha, y yo perdía el hilo, me desconcentraba. Por eso me bocharon. Pero no soy un nene bien, eh, ojito, laburé yo para pagármela la facultad. Todas las mañanas, en una mensajería. Atendía los llamados y les pasaba los viajes a los motoqueros. Y era bueno en eso. Una vez logré pasarle cuatro viajes seguidos al mismo motoquero en un radio de 20 cuadras. Es que la tenía muy clara con las calles. Del río para acá: Huergo, Azopardo, Paseo Colón, 25 de mayo, Balcarce, Defensa, Bolivar, Perú, Chacabuco, Piedras, Tacuarí, Bernardo de Irigoyen, 9 de Julio, Lima, Salta, su ruta… Los taxistas me odian por eso, porque les dicto la ruta siempre. Agarrá por acá, metete en esta cortada, dobla en la segunda a la derecha, salí de esta que dentro de tres cuadras está cortada por barbudos de izquierda. Me odian. Pero me chupa un huevo que me odien. Sino les decís te cagan con las vueltas que dan. Pero me fui por las ramas. Perdón. (Pausa.) Aunque no me fui tanto. Porque lo que yo quiero dejar como mensaje para la posteridad, para la civilización extraterrestre que encuentre esto, básicamente, es que te cagan. La gente, si puede, te caga. Miren mi novia. Ahora está cogiendo con mi mejor amigo. Y mi mamá. Me vengo a enterar que me mintió toda la vida. Y me cagó el que me vendió el pack de películas. Falta una. O por ahí faltan las tres, las otras dos ni me fijé. Y no sólo la gente: la tecnología también te caga. A mí me encerró acá adentro. “Veinte segundos después de haber accionado el sistema de descarga del inodoro, se producirá la apertura automática de la puerta”. Una mierda se abre la puerta. Y la industria farmacéutica te caga. Me clavé dos ansiolíticos y estoy sintiendo exclusivamente los efectos colaterales. Y la de alimentos importados te caga: ¿dónde se vio unas ciruelas pasas californianas que no te hagan ir de cuerpo? ¿Dónde? ¡Te cagan! ¡Te cagan! ¡Te cagan!

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RICHARD cierra de un golpe la computadora y se pone una mano en la frente. Se corta la música funcional. La luz del aplique baja y sube. RICHARD levanta la cabeza, extrañado. Surge de los parlantes un carraspeo, una tos. Voz de Shopping (Off): Hola, Ricardo. RICHARD mira para todos lados, incrédulo. Se para. Richard: Quién… ¿Quién habla? ¿Un seguridad? Sacame ya o te meto una demanda que te hago concha. Voz de Shopping (Off): No soy un seguridad. En realidad tomé la voz del Shopping para… A ver, es complicado, cómo te lo explico… Richard: Pero ¿quién habla? (Pausa.) ¿Dios? Voz de Shopping (Off): Okey, sí, Dios, es más fácil, ponele que sí. Richard: Si sos Dios sacame ya o te meto una demanda que te hago concha. Voz de Shopping (Off): ¡Pero pará con las demandas, Ricardo! Richard: ¡Richard! Voz de Shopping (Off): Disculpame, pero me parece horrible decirte “Richard”. Esto no es Puerto Rico. Esto es Buenos Aires. Richard: ¿Por qué Puerto Rico? Voz de Shopping (Off): No sé. Me suena que en Puerto Rico hay muchos Ricardos a los que les dicen “Richard”, y entonces ya está naturalizado. Pero acá no. Richard: ¿Sos Dios Dios? ¿El de posta? Voz de Shopping (Off): A ver… Esperá un segundo. Pausa. Richard: ¡Hola! Voz de Shopping (Off): ¡Te dije que esperes un segundo! Richard: Ah. Perdón. Voz de Shopping (Off): Sí, soy Dios Dios. El de posta. El tema es que te anduve buscando por todos lados. Hace horas. Y como para encontrarte.

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Encerrado en el baño del shopping. Ja. Cualquiera. ¿Estás deprimido? No importa. No me contestes. El tema es que el fin del mundo va a sobrevenir en cualquier momento. ¿Y sabés a dónde apunta el meteorito que va a acabar con la vida en la Tierra? Cagate de risa. Apunta exactamente a este cubículo. En serio. Te lo juro por mí. (Pausa.) RICHARD se sienta en el inodoro, sacude la cabeza. Voz de Shopping (Off): Como Dios que soy, tengo el poder para ofrecerte a vos, Ricardo, dos alternativas. La primera: en un acto de valentía espectacular te quedás sentado en el inodoro, absorbés el impacto de la piedra y sacrificás tu vida pero salvás a la humanidad toda, evitando el apocalipsis. La segunda: te abro la puerta y escapás, pero el fin del mundo se produce igual y la raza humana desaparece en un 99%, incluyendo a toda tu familia, amigos, tu mujer. Vos quedarías en el grupo de los sobrevivientes, condenados a luchar por su vida en un mundo devastado, hostil, básicamente feo. Esas son las dos opciones, y tenés que elegir. Te doy treinta segundos para hacerlo. RICHARD piensa. Richard: Lo primero. Obviamente. Voz de Shopping (Off): ¿Te sacrificás para salvar al planeta? Muy bien. Richard: Ah, no, no. Me confundí. Lo segundo. Voz de Shopping (Off): ¿Dejás que sobrevenga el fin de los tiempos con tal de seguir vivo unos años más en un contexto de mierda? Richard: Totalmente. Voz de Shopping (Off): ¿Estás seguro? Mirá que no hay vuelta atrás con la decisión. Richard: Escuchame. Mi mujer me está cagando con mi mejor amigo. Mi vieja fumó y chupó sin control cuando estaba embarazada de mí. Y encima le debo bastante plata a varias personas. Que se caguen todos. Estoy segurísimo. Además, ¿qué puedo hacer yo, encima con el asma que tengo, contra un meteorito?

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Voz de Shopping (Off): Mucho. Sobre todo si le ponés voluntad. ¿O por qué te pensás que te falta el DVD de “Armageddon”? Porque Bruce Willis te dejó el lugar de héroe a vos. Sólo tenés que agarrarlo. Richard: No quiero. Voz de Shopping (Off): Perfecto. Hiciste tu elección, Ricardo. Tu vida a cambio de la de miles de millones de seres humanos, animales, plantitas, bichos. Ahora vas a tener que vivir con las consecuencias. Richard: Me la banco. Se escucha un chasquido y la puerta se abre. RICHARD, con una sonrisa de alivio, da un paso para salir del cubículo. En el instante en que cruza la puerta le agarra un doloroso retortijón. Se toma la panza. Richard: Ay, la puta madre, ¿ahora? Y sí. Las ciruelas, los bastoncitos, el alfajor… Entra corriendo al cubículo, se baja los pantalones y se sienta en el inodoro. Suspira aliviado. Voz de Shopping (Off): Te conozco, Ricardo. En el fondo, te conozco. Sabía que ibas a terminar haciendo lo correcto. Richard: ¿Qué? ¿De qué carajo estás hablando? (RICHARD entiende, se desespera) ¡Nooooooooooooooo! Se escucha un silbido lejano que va creciendo en intensidad y volumen hasta devenir insoportable. De pronto un ruido ensordecedor, un estallido proveniente de un impacto de dimensiones colosales. Se apagan las luces, tiembla el cubículo. Se encienden unas luces de emergencia. De RICHARD sólo quedan los zapatos. Unas volutas de humo flotan en el aire. Voz de Shopping (Off): Y así, Ricardo… O “Richard”, como le gustaba que le dijeran, finalmente escuchó a su corazón, y salvó a la raza humana de la extinción casi total. Yo les pido que lo recuerden con todo el afecto y el agradecimiento. Y hay algo que no deben olvidar nunca, pero nunca: los

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cambios se realizan solamente de lunes a viernes y con la factura de compra. Muchas gracias. Tel贸n.

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