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CĂ­rculo de la Amistad Febrero 2019


Estimadas amigas, ¿Cómo están disfrutando los días de calor? Yo, en verdad, nunca he disfrutado mucho del calor y en estos días ciertamente extraño el otoño y sus días no tan calurosos. Ojala, mucha de ustedes estén haciendo uso de unos merecidos días de descanso, renovando las fuerzas físicas y emocionales. Como quien dice recabando energías y buenas vibras para enfrentar el resto del año. ¡Vacaciones! Creo que para la mayoría de las personas en el mundo es una palabra ansiada y anhelada. Si hay recursos, tal vez hacer un viaje, visitar familia, o algún lugar donde la naturaleza nos ayude a volver a nuestro centro y a lo realmente importante. O permanecer en la tranquilidad de la casa y realizar alguna tarea que hemos ido postergando, por falta de tiempo o ánimo. Por unos días, dejamos el ajetreo de la ciudad, del trabajo, de la oficina, del colegio, y nos concentramos en nosotros, quizás leer ese libro tan postergado y que hemos iniciado vez tras vez sin terminarlo, apreciar lo que nos rodea, y disfrutar de todo lo que Dios pone a nuestro alcance. Es la temporada de la fruta más dulce y variada, de los días soleados y cálidos. ¡Agradezcamos a Dios por todas sus bendiciones!


Ciudadanos del cielo Como creyentes en el Señor Jesús, somos ciudadanos del cielo. (Filipenses 3: 20) Aquí en la tierra sólo somos peregrinos en rumbo a nuestro hogar eterno. Pero muchas veces actuamos como si este mundo fuera nuestro hogar permanente. Se cuenta que hace muchos años, hubo un oficial británico en un puesto en la selva africana que recibió la visita de un amigo. Un día cuando el amigo ingresó a la tienda del oficial, se quedó sorprendido al verlo elegantemente vestido con su mejor uniforme formal y sentado ante una mesa hermosamente presentada con su mejor loza y servicio. El visitante, pensando que su amigo no estaba muy en sus cabales, le preguntó el porqué de tan suntuoso arreglo, cuando estaba en medio de la nada. Pero el oficial le explicó: ‘Una vez a la semana, sigo esta rutina, simplemente para recordar quien soy – un ciudadano británico. Deseo mantener las costumbres de mi verdadero hogar y vivir de acuerdo a los códigos de conducta que me son propios por ser británico, sin importar como viven los que me rodean. Deseo evitar sustituir la cultura de mi hogar por una cultura extranjera’. Los cristianos deben tener una preocupación similar. Debido a que nuestra ciudadanía está en el cielo, es de vital importancia que evitemos reemplazar con la cultura foránea del mundo, la cultura de nuestro hogar real. La Biblia nos dice que no nos amoldemos a este mundo (Romanos 12: 2) No debemos acoger sus formas pecaminosas o adoptar sus valores. Debemos vivir de tal modo que los demás puedan ver que somos diferentes. ¡No olvidemos que somos extranjeros en este mundo y que nuestra ciudadanía está en el cielo!


Recordemos orar por nuestros hermanos en Venezuela, que Dios les fortalezca y proteja en estos días de angustia, supliendo sus necesidades tanto materiales como espirituales. ‘Nuestras oraciones pueden ser raras, nuestros intentos débiles, pero dado que el poder de la oración radica en el que las oye y no en quien las dice, nuestra oración si puede hacer una diferencia’ (Max Lucado)

Sonría El otro día unas chicas llamaron a mi puerta. Y pidieron una ‘pequeña colaboración’ para la piscina local de la comunidad. Así que yo les entregue mi contribución más valiosa: ¡Un bidón de agua!

Rincón casero Papas Rellenas con huevos, jamón y queso Hornee 6 papas grandes con piel. Una vez listas, corte una rebanada como tapa, y con ayuda de una cuchara ahuéquelas dejando un borde más o menos delgado. En un bol mezcle lo extraído de las


papas con 4 huevos enteros batidos, una cebolla morada mediana picada en cubitos pequeños, y una o dos rebanadas de jamón también picado en cubitos; añada perejil picado fino y aliñe con sal y pimienta al gusto. Acomode las papas ahuecadas en una fuente para horno y rellene con la mezcla preparada. Cubra con queso mozzarella o mantecoso granulado. Lleve a horno moderado hasta su cocción y que el queso se derrita. Sirva caliente acompañado con ensaladas de su preferencia.

El amor escucha En Febrero además de hablar de vacaciones, siempre hablamos del mes del amor. Y cada uno de nosotros, en lo más profundo de nuestro ser, anhelamos encontrar la persona ‘ideal’, aquella que nos complementa, la que nos hace mejor persona. Es cierto que habitualmente pensamos en el amor romántico, el que llega con flores o chocolates, el de los detalles que nos dicen que ese otro te piensa, te sueña y sólo desea tu felicidad. El amor, en general, es poner al otro como lo más importante, sacrificando todo lo que somos y tenemos para que el dueño de ese afecto sea feliz. Cuando amamos a alguien, lo escuchamos. Por supuesto que se necesita tiempo y esfuerzo para centrar la atención en esa otra persona y


para oír lo que están diciendo. Se cuenta la historia de un joven pastor que pasaba mucho tiempo escuchando lo problemas de los miembros de su iglesia, y al llegar a su casa le preguntó a su esposa ‘¿Cómo te fue hoy?’. Por casi media hora, la esposa le hablo de las dificultades que había enfrentado a lo largo del día y cuán difícil era resolverlo todo. El pastor comenzó a darle todo tipo de recomendaciones para solucionar los problemas; a lo que ella le respondió: ‘Ya hice todo eso, no necesito que me des respuestas, sino que me escuches y te intereses en lo que me ha pasado’. Escuchar a nuestro esposo, a un amigo, o a un compañero de trabajo puede ser justo lo que esa persona necesita para cobrar ánimo. Cuando David suplico ‘Oye mi voz’, estaba expresando que el Dios que nos ama también nos escucha. Escuchar forma parte de amar. Escuchemos, porque Dios mismo demuestra que el amor escucha. Y es que el amor no necesita ser entendido, simplemente necesita ser demostrado

Cordiales y afectuosos saludos, M. Angélica Salvany Secretaria Corresponsal

(Pablo Coelho)

Circulo de la Amistad - febrero 2019  

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