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Fundación Krishnamurti Latinoamericana Boletín

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Primer Boletín de 2002


Este es un tesoro sagrado. Esta es una mina en la que hay cantidades inmensas de oro y es sagrada; se la dejarĂŠ a ustedes. DiĂĄlogo de J. Krishnamurti con los sĂ­ndicos de las Fundaciones Ojai, 20 de marzo de 1977

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En 1977 Krishnamurti se reunió en Ojai con los síndicos de las cuatro Fundaciones que tenían escuelas en aquella época para tratar de su futuro. Este extracto de una de las reuniones pone de manifiesto su manera de colaborar con las personas. Se publica hoy para ofrecerlo como contexto al diálogo que Mary Cadogan sostuvo con los representantes de los Comités Internacionales en Brockwood Park durante el mes de agosto del 2001, y que también se incluye en este Boletín. Lo que Krishnamurti pregunta lo pueden contestar, no sólo los Síndicos de las Fundaciones y los representantes de los Comités, sino también cualquier persona que haya sido tocada por las enseñanzas.

Este es un tesoro sagrado Krishnamurti: Cuando K muera, todas las Fundaciones serán responsables de que ustedes florezcan. ¿Se ayudarán activamente las Fundaciones, unas a otras, a florecer en las enseñanzas, y aportarán a los Centros esta percepción de “lo otro”? ¿Se comprometerán ustedes a hacer todo eso? Ayer fuimos a San Francisco a visitar a una señora que está muy enferma. La conozco desde el año 1925 y siempre hemos estado en contacto. Supongamos que yo no estuviera. ¿Qué diría de las Fundaciones, o más bien de una Fundación que tiene una Escuela, un Centro? ¿Diría: “Dios mío, esto ya no tiene sentido”? O, tal vez preguntaría: “¿Hay alguien aquí que sostenga esto, que florezca, que crezca? ¿Hay alguien que esté dispuesto a hablar conmigo de todo esto?” Cuando nos vimos la última vez, hablamos sobre la culpabilidad: un gran tema con muchas implicaciones. Cuando se plantee una cuestión de este tipo, ¿serán ustedes capaces de enfocarla como lo haría K, como lo harían las enseñanzas? ¿Cómo lo harán? ¿Serán capaces los Centros de atender a esta señora, de manera que ella 3


pueda decir: “Sí, veo que siguen yendo en la dirección correcta y que sus iniciativas siguen siendo buenas”? Este es el punto. Creo que no nos exigimos a nosotros mismos el máximo. Seguimos diciendo: “Nosotros no podemos hacerlo; eso es cosa suya. Nosotros explicaremos su enseñanza; velaremos por que no se contamine. Es suya, y como es suya, no se contaminará”. ¿Cómo podríamos abordar esto? El propósito de K es muy sencillo. Lo que él dice es: “Vengan ustedes aquí y beban tanto como puedan. Investiguen, profundicen, lo máximo que puedan; participen sin reservas”. Y lo que yo creo es que ustedes dicen: “Eso es demasiado; no sabemos cómo”. ¿Cuando ustedes están en el Centro con alguien que dice: “Me gustaría investigar esto con todo detalle”, le responderán: “Perdone...”; o bien serán capaces de atenderle, y además lo harán de una manera impersonal? Después de todo, las Fundaciones se han reunido aquí para ver lo que vamos a hacer cuando K se haya ido. Por eso les pedí que nos reuniéramos. ¿Han resuelto ustedes este problema? ¿O no tiene solución? A finales de la semana próxima tengo que iniciar un largo viaje y, por extraño que parezca, esto se ha convertido en una obligación. ¿Qué podemos hacer? Vamos a hablar un poco de este asunto. Uno puede ver que a través de la historia todo declina hasta convertirse en una pequeña y mezquina secta o templo. Se convierte en algo horrible. A través de la historia, en todos los casos, eso es lo que ha ocurrido. Y lo que decimos aquí es que eso no debe sucedernos de 4


ninguna manera, bajo ningún concepto. Puede que, mientras vivamos juntos, todo vaya bien, porque nos conocemos, pero cuando ustedes hayan muerto, ¿qué ocurrirá? ¿Van a invitar a gente más joven a que se incorpore a las Fundaciones? ¿Los meterán ustedes mismos dentro de las Fundaciones? Síndico: Krishnaji, lo que me preocupa es que yo tenía muy claro lo que teníamos que transmitir: lo que usted nos está transmitiendo. Alguien, el otro día, planteó muy bien el asunto, cuando dijo: “Siempre estamos hablando de las enseñanzas, de las enseñanzas de K. ¿Tenemos claro qué son?” ¿Qué es lo que usted nos transmite, y que nosotros hemos de transmitir a nuestra vez? ¿Qué es eso que está tan vivo? Yo no lo tengo claro. No es una cuestión de meter aquí a gente más joven, sino qué es eso en sí mismo. K: Tras todos estos años, si me permiten la pregunta –no emplearé la palabra comprender– , ¿no viven en una mina?, ¿no entran en ella, escarban y disfrutan descubriendo cada vez más oro? ¿O lo que ustedes dicen es: “Lo siento, para mí eso es muy difícil; me desborda; me es imposible”? ¿Se bloquean ustedes, adelantan un paso y se vuelven a bloquear? ¿Qué pueden hacer? La persona que ha mostrado estas enseñanzas no tiene ninguna importancia. Las enseñanzas son lo importante, y estas enseñanzas cubren la totalidad de la vida. De lo contrario no tendría sentido. En el pasado las enseñanzas se mancillaron y se destrozaron, pero ahora tenemos los libros, los originales de las cintas, etcétera. ¿Es eso todo? “Todo” en el sentido de si aquellos que han conocido al que trajo estas enseñanzas no han tenido relación con esa 5


persona y con esas enseñanzas. ¿Cuál es esa relación? ¿Son meros oyentes, exploradores que van sólo un ratito a la mina? Alguien ha ido un poquito a la mina, a por oro o lo que sea, y dice: “Venid a ver qué filón tan extraordinario; es inagotable”. ¿Qué dirán ustedes, entonces? ¿“Lo siento...”, y se detendrán a la entrada de la mina?, ¿o, como miembros de la Fundación, se adentrarán hasta el mismo fondo? Ahora ya hemos resuelto, más o menos, todo lo relacionado con las publicaciones y las cuestiones administrativas. Por lo que a mí se refiere está resuelto. Si ustedes se quejan, no les haré caso. He acabado con todo eso y no entraré más en ese juego. Perdonen que lo simplifique de esta manera, pero es para que quede muy claro para todos. Aclarado este punto, al menos por lo que a mí se refiere, ahora quiero saber lo que van a hacer ustedes con esa mina que tiene tanto oro. Ese es el principal motivo de habernos reunido. Todos los motivos secundarios felizmente se han arreglado, en lo que ha mí se refiere. El punto principal sigue ahí, de una manera vaga. ¿Serán los Centros focos de luz, centros de algo inmensamente grande? Para mí lo son. No los vamos a llamar centros de adultos, eso suena muy mal. Realmente son centros de la humanidad. Me gusta la palabra Centro, podemos aceptarla. K se ha ido y él les ha dejado todo esto. ¿Qué va a ocurrir? Durante los próximos diez años todo irá bien porque K es muy probable que viva esos diez años o más. Pero, ¿y luego? En los viejos tiempos, los maestros decían, “Tú 6


eres mi discípulo y te voy a enseñar. No lo utilices mal, no lo interpretes y no lo estropees”, y el discípulo decía, “Maestro, así lo haré”. Pero tenía su propia idiosincrasia , adoración y devoción. Luego decían, “Ah, es que él hizo milagros”, y así lo distorsionaban todo. ¿Qué va a ocurrir con nosotros? Quizá no lo hayamos resuelto cuando acabe la semana, pero yo voy a seguir adelante con todo esto, junto a las Fundaciones, mientras me quede vida. No porque ustedes, o yo, seamos personas especiales, no; sino porque da la casualidad de que estamos juntos. Estamos juntos por una casualidad; no importa, pero así ha ocurrido y mi tarea está muy clara. Durante los próximos diez años, siempre que nos reunamos, voy a sacar este tema. ¿Cuál es su responsabilidad... sin sentirse culpables? Si ustedes no cumplen con esa responsabilidad, todo desaparecerá. ¿Cuál es su “dharma”? Esta es una buena palabra, pero también se ha corrompido. Su significado es preservar lo original. Lo original; no mi original o el suyo. Lo original significa algo muy diferente. Permítanme usar esta palabra con una gran vacilación, pues es muy poco entendida, incluso en la India, y, desde luego, mucho menos en Occidente. La palabra “dharma” significa mantener lo original. No la voy a usar porque nos conduciría a... Bien, ¿qué harán ustedes cuando K ya no esté? Durante los próximos diez años dedicará su vida a esto y lo discutirá con ustedes. Luego, adiós. ¿Qué va a ocurrir? Él utiliza la palabra sagrado y les dice: “Este es un tesoro sagrado. Esta es una mina en la que hay cantidades inmensas de oro que es sagrado; y yo se lo dejaré a ustedes”.

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¿Qué harán ustedes con ella? Pónganse en esa situación, desde hoy, y véanlo. La contabilidad y todas esas cosas se las pueden pasar a algún profesional y con eso se acabó. Pero, ¿qué van a hacer todos ustedes en Inglaterra, en Ojai y en la India? Yo veo mi dharma, veo lo que tengo que hacer. En esta reunión me ha quedado muy claro, a mí, a K; algo que antes no estaba tan claro. ¿Les ha quedado claro a ustedes también? Ahora la tarea de K, durante los próximos quince años, aparte de las charlas públicas, es estar con los síndicos de la Fundación en la India, aquí y en Canadá, y empujarlos, arrastrarlos, llevarlos a la mina. Eso está muy claro y es lo que haré. Estoy absolutamente convencido y les ruego que lo acepten. Estoy convencido con toda seriedad. ¿Qué pasará? ¿Qué harán ustedes de aquí a diez o quince años? Síndico: Creo que una de las dificultades aquí es que, cada vez que nos vemos los síndicos de las Fundaciones, estamos siempre ocupados con algún asunto. Da la impresión de que no tenemos tiempo para tratar temas más profundos. K: Eso ya se ha acabado. ¿Es eso lo que se ha estado haciendo en la India, en Canadá, en Brockwood y aquí? ¿Van a entrar en la mina, van a cavar, van a encontrar más lingotes, más cosas? ¿Van a ayudar a sus profesores a investigar más a K? ¿Vamos a hacer lo mismo en todas partes? J. Krishnamurti en Ojai, 20 de marzo de 1977

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Reuniones de los Comités internacionales A continuación reproducimos una conferencia de Mary Cadogan, primera secretaria de la Krishnamurti Foundation Trust, quien trabajó con Krishnamurti durante más de treinta años, y que dirigió a los Comités Internacionales reunidos en Brockwood Park en agosto del 2001.

Trabajar con Krishnamurti: un reto entonces y ahora Otro título para esta charla podía muy bien ser “Trabajar en una organización de Krishnamurti es como andar por la cuerda floja”. No cabe duda alguna de que el mayor reto es el mismo Krishnamurti. Así fue cuando él vivía y constantemente nos recordaba que la transformadora, exigente y absolutamente directa, y sin embargo extrañamente misteriosa, percepción que él sentía, era posible en todos nuestros trabajos y relaciones. Así es ahora, cuando ya ha muerto, y, aunque sentimos lo valiosísimas que son las enseñanzas que él nos dejó, ya no podemos buscar su consejo, aspirar su energía o cargarnos directamente con su pasión. A pesar de todo queremos proseguir con esta labor. Y, desde luego, quince años después de su muerte, el impacto de las enseñanzas en el mundo, ahora y en el futuro, hay que observarlo con toda seriedad. Tenemos 9


que cuestionarnos si, como Fundaciones, Escuelas, Centros y Comités, estamos cumpliendo con el encargo que él nos encomendó: facilitar el acceso a las enseñanzas en toda su pureza, o si, a pesar de todos nuestros esfuerzos, tal como él mismo insinuaba en la cinta que oyeron ustedes ayer, se permitía que las enseñanzas “se marchiten acabando en los libros, en la adoración y en esas viejas historias de gurús”. ¿Qué ha ocurrido realmente en estos quince años desde la muerte de Krishnamurti? ¿Podemos hacer ahora una evaluación de manera sincera y sin sentimentalismos de lo que se ha conseguido? Yo creo que sí y que además debemos hacerlo. Pero antes de hacerlo, permítanme que, juntos, dediquemos unos minutos a lo que Krishnamurti decía al hablar de preservar el perfume y la pureza de las enseñanzas, así como también alguna de las cosas que puso en marcha y que podría ayudarnos a convertir todo esto en una realidad tras su muerte. Espero que se muestren pacientes si hago un poco de historia aquí, todo lo cual es muy apropiado para nosotros que formamos parte de las organizaciones de Krishnamurti y hemos tenido que movernos siempre por la cuerda floja entre lo correcto y lo poco inteligente, en esta tarea de formación de grupos y mantener la organización. A partir de 1929, cuando Krishnaji disolvió, de manera harto famosa, la Orden de la Estrella, sus opiniones sobre las organizaciones que asumían cualquier autoridad espiritual quedaron expresadas con una maravillosa y convincente claridad. 10


Casi al principio de su solemne y, en algunos momentos, sublime discurso de la disolución, pulsó una nota de la vida corriente al decir: Quizá recuerden aquella historia del diablo que iba paseando con uno de sus amigos por la calle, cuando vieron que un hombre que iba delante de ellos se agachaba a por algo que había en el suelo, lo miraba y se lo guardaba en el bolsillo. Entonces el amigo le dice al diablo: “¿Qué ha recogido ese hombre?” “Una Verdad”, contestó el diablo. “Mal negocio para ti, pues”, le dijo el amigo. “Qué va, en absoluto”, replicó el diablo, “le voy a dejar que la organice”.

Inmediatamente siguió diciendo: Yo sostengo que la Verdad es una tierra sin caminos, y no es posible acercarse a ella por ningún sendero, por ninguna religión, por ninguna secta... La Verdad, al ser ilimitada, incondicionada, inabordable por ningún camino, no puede ser organizada; ni puede formarse organización alguna para conducir o forzar a la gente por algún sendero particular.

De la misma forma reveladora dijo: ... ninguna organización puede guiar al hombre a la espiritualidad. Si se crea una organización para este propósito, ella se convierte en una muleta, en una debilidad, en una servidumbre que por fuerza mutila al individuo y le impide crecer, establecer su unicidad, que descansa en el descubrimiento que haga por sí mismo de esta Verdad absoluta e incondicionada.

Y, desde luego, hay mucho más sobre los peligros de una organización en su discurso del Campamento de la Estrella, que terminó diciendo de forma inflexible: Pueden formar otras organizaciones... Esto no me concierne, como tampoco me concierne crear nuevas jaulas y nuevas decoraciones para esas jaulas. Mi único interés es hacer que los hombres sean absoluta, incondicionalmente libres.

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Basta ya, pues, de las organizaciones de Krishnamurti. Por su misma naturaleza pueden ser anomalías y contradicciones. Pero... ¿qué más dijo Krishnaji en ese mismo discurso, tan sublime, y que es tan sumamente válido para nuestra labor? Sí, dijo: “Con sólo que haya cinco personas que quieran escuchar, que quieran vivir, que tengan puesta la mirada en la eternidad, será suficiente”. Creo que desde 1929 cuando disolvió la Orden de la Estrella, Krishnamurti pensó que las nuevas y no autoritarias organizaciones con las que pudiera asociarse en el futuro, deberían contener en su núcleo a esas cinco personas (quizás más, o tal vez menos), cinco personas que estuvieran dispuestas a escuchar, a mantener sus rostros vueltos hacia la eternidad... y que, también, estuvieran dispuestos a realizar todos los esfuerzos necesarios en su trabajo y a ser responsables de las enseñanzas. Saltamos ahora desde 1929 a 1973, cuando Krishnamurti se reunió en Brockwood Park con todas las Fundaciones y discutió de forma seria y perseverante lo que pudiera ocurrir después de su muerte: si podríamos (y cómo) trabajar todos juntos sin autoridad, sin líderes ni gurús y sin conflictos. Reiteró que las Fundaciones “existen sólo por razones simples y obvias. Durante mi vida organizan las charlas, las discusiones de grupos, seminarios y encuentros. Son las responsables de revisar, traducir y publicar los libros. Son las responsables de cuidar los archivos. Producen películas, cintas de audio y vídeo, se ocupan de su distribución, etcétera”. También destacó que era responsabilidad de las Fundaciones ocuparse de que las escuelas Krishnamurti 12


continuaran después de su muerte: “Las escuelas tienen su importancia, pues pueden desarrollar una mente humana totalmente diferente”. Recalcó la necesidad de que las Fundaciones mantuviesen las enseñanzas íntegras, sin distorsionar, sin corromper, y no las interpretaran o hicieran propaganda de ellas. Por un lado, pues, parecía decir que las Fundaciones son meros canales para publicar, traducir, cuidar los archivos, etc., pero al final de esta rotunda afirmación decía: “En este caótico mundo, que se está desintegrando, lo que más importa es cómo vive cada uno las enseñanzas en su vida diaria. Cada ser humano tiene la responsabilidad de realizar su propia transformación, la cual no depende ni del conocimiento ni del tiempo”. Como ya sabemos, cuatro años después Krishnamurti volvió a convocar a los síndicos de todas las Fundaciones a una reunión con él en Ojai. En ella se volvió a tratar el asunto del papel de los síndicos, entonces y después de la muerte de Krishnaji. En esta ocasión, una y otra vez volvíamos a la necesidad de que las Fundaciones fueran “algo más” que organizaciones, y decía desdeñosamente, “¡sólo para publicar y vender muchos libros!” Desde aquella ocasión, y hasta su muerte, nueve años después, trabajaba con las Fundaciones, los Comités, las Escuelas –y los entonces incipientes Centros– para enardecernos con esta responsabilidad, con esta pasión para vivir las enseñanzas (sin lo cual, con toda seguridad, no podríamos llevar a cabo la tarea con vitalidad y entereza).

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¿Qué hacía Krishnamurti, a efectos prácticos, para ayudarnos a afrontar el futuro cuando él se hubiera ido? En diálogo tras diálogo, con los síndicos, unió a las Fundaciones, alejándonos de la mentalidad provinciana y llevándonos verdaderamente a pensar con una sola mente, con un sentido real de responsabilidad por nuestras acciones individuales y también por los problemas de las Fundaciones, Escuelas y Centros de todo el mundo. También, como muchos de ustedes saben, todos los años en Saanen mantenía discusiones parecidas con los representantes de los Comités internacionales. Salieron a la luz las dificultades de tipo práctico y, afortunadamente, quedaron resueltas, pero lo que siempre le preocupaba era vivir las enseñanzas. En Brockwood estableció algo muy interesante. Creó un grupo de catorce personas de la administración con quienes discutía regularmente –casi sin parar– sus responsabilidades para con las Escuelas, los estudiantes, ellos mismos y las tareas en general. Parece que no hay duda de que él esperaba que este grupo le sobreviviría hasta mucho después de su muerte y sacaría adelante a Brockwood. ¿Qué ha sido de aquel grupo? Más adelante volveremos a este tema. Se ha empleado una gran cantidad de energía durante años para considerar lo que Krishnaji querría decir con “proteger la pureza de las enseñanzas”. Naturalmente, él estaba convencido de que nosotros teníamos la responsabilidad de que éstas estuvieran al alcance de todo el mundo de una manera íntegra y sin distorsiones. Pero en su mente había mucho más que eso. 14


En una ocasión encargó a dos del grupo la responsabilidad especial de “proteger las enseñanzas”. Este papel de salvaguarda de la pureza de las enseñanzas se discutió a menudo entre los Síndicos. De vez en cuando, desde 1973 hasta justo antes de la muerte de Krishnaji en 1986, se le hacían sugerencias para que formase un grupo especial con esa finalidad. Sin embargo, a varios de nosotros nos parecía –y así se lo dijimos– que si se confiaba esta tarea de manera especial a sólo tres o cuatro Síndicos, inmediatamente negaba las responsabilidades de todos los demás y, por supuesto, a los pertenecientes a los Comités, Escuelas o Centros. Todos nosotros, sin duda alguna, estábamos interesadísimos por esta cuestión tan vital, y yo creo que Krishnaji también, porque aunque en varias ocasiones propuso la idea, cuando otros la mencionaban, nunca insistió en que se pusiera en práctica (incluso cuando, durante la enfermedad que precedió a su muerte, se produjeron presiones en este sentido tanto a él como a los Síndicos internacionales). Básicamente, pues, él siempre insistía en que el papel de los Síndicos (así como Comités, etc.) era: Mantener la pureza de las enseñanzas Mantener realmente asequibles las enseñanzas para todo el mundo Transmitir el perfume de las enseñanzas y su difusión sin adoración ni autoridad Ayudar a mantener las Escuelas y los Centros ¿Nos falta mucho para lograr todo eso?

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Observemos donde nos encontramos quince años después de la muerte de Krishnamurti. Estuvimos trabajando con un hombre que aportó un lenguaje religioso adecuado para los siglos veinte y veintiuno. Este lenguaje va desde lo poético a lo meticulosamente preciso, y aporta matices e ideas para las que resultaban inadecuados los términos “místicos” anteriormente aceptados. Lo que él llamaba “las enseñanzas” nunca fueron un dogma o transmisiones de segunda mano: su interés se dirigía verdaderamente a hacer libres a hombres y mujeres. Pero, seamos sinceros, todavía no es muy conocido en ámbitos populares o universitarios. Después de su muerte no ha habido ninguna explosión de interés por las enseñanzas: a veces incluso me parece que existe el peligro de que se vayan desvaneciendo poco a poco. Creo que la imagen no es muy brillante. Pero, ¿soy, quizá, demasiado negativa? Desde la perspectiva de los que trabajamos en todo esto, y sin dormirnos en los laureles, consideremos primero algunos logros, que han resultado positivos. Se los presentaré sin ningún orden concreto de prioridad o mérito, e incluso se me puede olvidar alguno. Las Fundaciones, con la gran ayuda de los Comités en la tarea de las traducciones, han llevado a cabo un cuidadoso programa de ediciones, tratando de ofrecer libros que reflejen la profundidad y amplitud de las enseñanzas, teniendo siempre en cuenta que estén al alcance de todos. Ejemplo de todo ello son los libros temáticos, las compilaciones especiales. etc. También libros que de una manera inteligente y con sensibilidad cuestionan el papel de Krishnamurti en el mundo moderno. 16


Todo esto ha sucedido en un ambiente más bien pesimista. Incluso antes de que Krishnamurti muriese, nuestros dos más prominentes y significativos editores en lengua inglesa en Estados Unidos e Inglaterra (Gollancz y Harper), ya habían empezado a dejar de publicar ciertos títulos de Krishnamurti. Después de la muerte de Krishnamurti este proceso se aceleró y los editores lo consideraban pasado de moda. ¡De verdad! Los editores querían seguir produciendo sólo unos pocos libros (los que ellos veían que tenían más demanda comercial), pero no querían mantener un programa regular de publicaciones de Krishnamurti, así como tampoco la mayoría de los otros editores más importantes con los que hablamos. Decían que podrían publicar sólo un libro, pero parecía probable que, a menos que colocáramos categóricamente a Krishnaji en las secciones sensacionalistas, de ocultismo, nueva era, o incluso “étnicas”, no le veían mucho futuro a las enseñanzas en cuanto a publicación y distribución de libros se refería. Entonces vimos las Fundaciones que no nos quedaba más remedio que embarcarnos en serio en un programa para publicar los libros nosotros mismos. Pero me temo que apenas nos hemos despegado de los preparativos, a pesar de las interminables conversaciones y resoluciones que hemos tenido durante varios años en las reuniones internacionales de las Fundaciones. Por suerte, ya hemos visto la luz al final del túnel de las publicaciones, y un gran editor, Shambhala, se ha interesado recientemente de forma muy seria en la publicación de los libros de Krishnamurti. Pero aún queda 17


mucho por hacer en este terreno si queremos afrontar el reto de Krishnaji de hacer que las enseñanzas no sólo estén disponibles, sino que también sean accesibles para todo el mundo. Desde luego, alguien podría argumentar que el proceso de difusión resultaría ser más eficaz si se emplearan las nuevas tecnologías en lugar de distribuir libros. Por eso realizamos en Brockwood el enorme esfuerzo de crear una base de datos y ofrecerla en CD-ROM. Sin duda alguna, esta base de datos ha sido, y es, un gran paso adelante para poder ofrecer las enseñanzas, no sólo a personas particulares, sino también a profesores y estudiantes de universidad, a nuestros propios editores y a los medios de comunicación. También hemos hecho un detallado y útil catálogo de cintas, y proseguimos con vigor y entusiasmo poniendo a disposición del público cada vez más charlas y diálogos de Krishnamurti en vídeos, cassettes y, desde hace poco, también en CD. Una de las responsabilidades más importantes de las Fundaciones es el mantenimiento de los Archivos, este valor tan precioso de la voz de Krishnaji en cinta y la imagen en vídeo de cuando daba sus charlas y diálogos. Los Archivos también incluyen manuscritos, cartas y fotografías, y para mantener todo este archivo se requiere un incesante trabajo. Desde hace años las Fundaciones han dedicado mucha energía al Programa de Intercambio de Archivos con la finalidad de que cada Fundación tenga originales o copias completas de todo el Archivo internacional. 18


Las cintas y los vídeos se han mejorado muchísimo por medios digitales y otros sistemas, pero este es un proyecto caro para el que normalmente tampoco tenemos suficiente personal con la formación necesaria. Las Fundaciones todavía no utilizamos todo el potencial de los recursos de Internet. Y esto, sin duda alguna, debemos considerarlo de una prioridad absoluta. Es emocionante que las Fundaciones, de manera conjunta, estamos en proceso de crear una página web exclusivamente para las enseñanzas. Si lo conseguimos y la mantenemos viva y dinámica, quizá haya una explosión de interés por las enseñanzas. (Desde luego, las Fundaciones también tienen sus propias páginas web pero creo que en esto hemos sido algo lentos). Uno de los logros más extraordinarios ha sido la creación del Centro de Brockwood, el cual, aunque planeado por Krishnaji, se construyó y se inauguró después de su muerte. Es único en cuanto a posibilidades y situación. Sin embargo es más bien triste ver que, hoy por hoy, no se utilizan ni mucho menos al completo sus instalaciones. En el conjunto de nuestra obra lo que más nos falta es el más valioso de todos los recursos: el humano. Muy pocos quieren trabajar mucho tiempo en el Centro, la Escuela o la Fundación. A menudo nos encontramos con un nuevo grupo de personal joven que (es muy comprensible) experimentan con lo que quieren hacer y donde quieren residir, pero no se quedan mucho tiempo en nuestras organizaciones. La renovación del personal es alta. ¿Por qué? Vamos a verlo. 19


De los más antiguos, y que se dediquen por completo a este trabajo, quedan realmente muy pocos. Algunos de los que están en las Fundaciones, Escuelas y Centros, ya sean Síndicos o personal, están haciéndose viejos a ojos vistas, y –para vergüenza nuestra– no hemos encontrado sucesores para los puestos clave. Hace ya veinte años que Krishnamurti subrayó la necesidad de ocuparnos de este asunto, y habló de ello con todos los que se interesaban por este trabajo; pero, aquí estamos, todavía sin saber qué ocurrirá cuando tal o cual muera o se sienta incapaz de seguir con su tarea. Tenemos que descubrir por qué no hay más gente que desee trabajar en Brockwood. Por un lado está, desde luego, la escasez del sueldo y la falta de seguridad económica en el futuro, algo que ya se daba en los días de Krishnamurti, pero no impedía que la gente quisiera trabajar aquí. (Su presencia, lo sabemos bien, era una enorme ventaja; por esa misma razón, el personal de entonces tenía un interés que, aparentemente, no sienten ahora). Y, volviendo a lo que mencionaba antes, ¿qué ha ocurrido con el grupo de los catorce? Es muy triste decir que de estos catorce del principio sólo unos pocos siguen en Brockwood. Algunos de ellos tuvieron sus buenas razones para marcharse; pero todos dicen que siguen dedicados a las enseñanzas. Algunos realizan su tarea lejos de Brockwood y creen que esto es importante para la difusión de las enseñanzas... pero no se sienten capaces de regresar para trabajar aquí de forma regular. Eso mismo sucede también con muchos otros. Incluso nuestros antiguos 20


alumnos, a pesar de sus frecuentes y elogiosas alabanzas de la Escuela, pocas veces ayudan económicamente a Brockwood, aun cuando tengan buenos ingresos, y realmente poquísimos vuelven para trabajar aquí. A veces me pregunto si nosotros, las Fundaciones, no estaremos dándole demasiada importancia a lo que pase en Brockwood, excluyendo otras labores que hay que atender también. Brockwood Park, como Krishnaji tan a menudo repetía, es un lugar de una gran belleza física y espiritual. En él hemos derramado nuestro amor, nuestra energía y nuestros recursos durante más de treinta años, y, qué duda cabe, así seguiremos haciéndolo. Sin embargo, muchísimo antes de que tuviésemos una escuela o centro en Europa (y cuando las tareas administrativas del trabajo de Krishnamurti se desarrollaban en una de las habitaciones desocupadas de la casa donde vivía con mi marido en Londres) ya existía en aquel entonces un verdadero florecimiento de esta labor. Me refiero a principios y mediados de los años sesenta; Krishnaji hablaba todos los años, en Saanen, a muchedumbres de entusiastas de todas las edades y condiciones sociales. No teníamos edificios en ningún sitio: ninguna estructura, aparte de la carpa que, una vez usada para las charlas, se desmontaba y se retiraba, dejando nuevamente el prado vacío y las montañas. Pero, ¡qué vitalidad había allí! En aquella época, Krishnaji daba charlas regularmente a un numeroso y variado público en muchas capitales de Europa: Londres, Paris, Roma, Amsterdam. Incluso justo cuatro años antes de morir habló al público en el recién inaugurado Centro Barbican de Londres, en el mes de junio de 1982. A pesar de que 21


resultaba, en aquel momento, bastante complicado localizar el Barbican, la gran sala estaba a rebosar y hubo que improvisar otras salas y vestíbulos contiguos para dar cabida al excedente de asistentes. Sin lugar a dudas, sus charlas parecían ser recibidas con gran reconocimiento y seriedad, y eran muchos los que estaban convencidos del profundo impacto que tendrían en la vida del siglo que estaba finalizando. ¿Qué les habrá ocurrido a todas aquellas personas que le escuchaban con regularidad, y por qué tan pocos, comparativamente, desde su muerte han seguido en contacto permanente y vital con Brockwood? Quizá los Síndicos tengamos que dedicar mucha más energía de la que hemos dedicado a los nueve o diez millones de personas que viven en Londres, por ejemplo. Así como también, desde luego, a todos los que viven en París, Amsterdam, Roma, Atenas, Madrid... a todo el mundo. En esta sala hay personas que están trabajando de firme para constituir grupos en Londres. Nosotros, las Fundaciones, Escuelas, Centros y Comités, ¿les ofrecemos la suficiente ayuda? ¿Si las personas no quieren venir a Brockwood, quizás –perdonen la metáfora– debería la Montaña ir a Mahoma? ¿Estamos muy encerrados en nosotros mismos? A pesar de todo nuestro aparente progresismo, ¿estamos realmente infectados por una pulsión de muerte? Esta pregunta la hago muy en serio. ¿ Somos capaces solamente de considerar la obra de Krishnamurti en las formas que 22


siempre hemos conocido? ¿Nos aferramos a ellas y rechazamos abrirnos a otras nuevas? Ese, desde luego, es el camino de la muerte. En este trabajo que estamos realizando, ¿corremos el peligro de convertirnos en dinosaurios en vías de extinción? Si Krishnamurti viviese hoy en día, una cosa sería cierta: independientemente de lo que hubiera dicho acerca de la importancia de las Fundaciones, Escuelas y Centros, seguiría cuestionando, una y otra vez, lo que entre todos estamos haciendo ahora. Había dicho que Brockwood duraría mil a��os, pero todos sabemos que para él nada quedaba fijado para siempre. Si él volviese hoy, me pregunto cómo vería lo que estamos haciendo, y, lo que es más importante, lo que no estamos haciendo. Creo que encontraría algunas cosas que aportan ánimos a todo este trabajo, pero me pregunto si sentiría que realmente estamos todos trabajando juntos, con una sola mente, en todo esto. O, por el contrario, ¿encontraría temor, lucha, fragmentación, burocracia mezquina, y apego al pasado con todo el anquilosamiento y la inutilidad que eso conlleva? Cada uno de nosotros debe buscar en su corazón y preguntarse qué está aportando realmente para esta tarea, tanto individual como colectivamente. Admitamos nuestras deficiencias. ¿Podemos, todos juntos, dirigirnos hacia algo verdaderamente nuevo, vital y que refleje la cualidad de las enseñanzas? 23


Krishnaji dijo una vez: “La lealtad a algo es el principio de la corrupción”. Lo he sacado esto fuera de su contexto sabiendo que puede tener poco significado y ser negativo. De manera que para compensarlo, compartiré con ustedes algo de Krishnaji que, en esencia, es positivo e incluso revelador. Algunos de ustedes ya lo habrán oído antes, pero no voy a disculparme por repetirlo. Es peligroso citar cualquiera de los comentarios de Krishnamurti sin haber escuchado antes lo que pudiera haber dicho sobre el mismo tema en alguna otra ocasión. Yo le hice una pregunta durante su última enfermedad, la cual propició, a su vez, una contestación (publicada en La Puerta Abierta de Mary Lutyens) que se ha considerado negativa por algunos que la han leído. Pero hacia finales de 1970 le hice otra pregunta similar y entonces su respuesta fue diferente, por eso creo que se deberían conocer y considerar sus dos contestaciones. En aquella época Krishnaji estaba en Ojai y mantuvo una serie de discusiones con los Síndicos internacionales. Además de explorar con nosotros aspectos de las enseñanzas, habló sobre cómo atenderíamos esta tarea después de su muerte. Me encontraba junto a él después de una de esas discusiones cuando, de repente, sin darme cuenta, me vi preguntándole: “Cuando Krishnamurti muera, ¿qué ocurrirá con toda la energía y comprensión que es K? ¿Continuará de alguna manera... continuará a través de todos nosotros?” (refiriéndome a todos los interesados en las enseñanzas). Su respuesta fue clara y contundente. Me agarró la mano y me dijo con aquella

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intensidad que caracterizaba sus momentos más serios. “Sí, por supuesto; siempre que tengáis la base adecuada”. De manera que él habló de tener la base adecuada... de vivir las enseñanzas. Y a esto volvemos una y otra vez. Es fácil decirlo, pero no hacerlo. Durante la celebración del centenario de Krishnaji, Pupul Jayakar dijo en una charla: “La comprensión de las enseñanzas exige energía y vigor, y la ampliación de los horizontes de la mente. Es una búsqueda ardua, sin tregua...” Sin lugar a dudas, éste es el constante y auténtico reto para todos nosotros. ¿Podemos aceptarlo? Mary Cadogan, Brockwood Park, agosto 2001

Todos los derechos reservados para la Fundación Krishnamurti Latinoamericana. Ninguna parte del presente Boletín puede ser reproducida por ningún sistema o medio sin previo permiso escrito.

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NOTICIAS Y NOVEDADES

Nueva publicación Se ha publicado recientemente, por la Editorial Kairós, Amor, sexo y castidad. Se puede leer en la contraportada: No podemos escapar de las relaciones con los demás. En ellas descubrimos quiénes somos, nuestros prejuicios, miedos, depresiones, ansiedades, soledad, dolor. En las relaciones calibramos si existe o no eso que llamamos amor. De la calidad de las relaciones depende la calidad de la propia vida. En esta nueva publicación se reúnen una serie de diálogos en los que se abordan éstos y otros temas con la habitual y fascinante lucidez de Krishnamurti. He aquí un libro que invita a que el lector se cuestione su propia vida y se adentre hacia una mayor libertad.

Colección de quiosco RBA La Editorial RBA, filial de Planeta España, recientemente ha sacado al mercado de venta en quioscos la Colección Biblioteca de la Sabiduría Oriental, con una presentación en sus libros de excelente calidad y a un precio muy económico. Entre los títulos de esta Colección han seleccionado dos de Krishnamurti, La Libertad Primera y Última y El Arte de Vivir. El primero ya se distribuyó en todos los quioscos de España, y el segundo en breve estará disponible también en éstos. Por el precio y el contenido de estos dos libros recomendamos su compra y su lectura.

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Forum de Educación de Barcelona, España En los días 18,19,21,y 21 de abril se celebraron en la ciudad de Barcelona, España, unas jornadas sobre educación, promovidas por el Gobierno, con el fin de que los padres, profesores y estudiantes pudieran conocer directamente las especialidades de cada escuela y universidad participante. Entre las cuales la escuela de Krishnamurti de Brockwood Park de Inglaterra estuvo presente con un Stand en dicha Feria en los recintos de Montjuic. El sábado día 20 la Escuela de Brockwood Park hizo una presentación pública en la sala de conferencias con una amplia exposición realizada por profesores de Brockwood Park y acompañada con diapositivas, para que los interesados tuvieran una mejor idea de la escuela en sí misma y de sus principios educacionales. El interés de los visitantes por la escuela de Brockwood Park se manifestó sobradamente en las numerosas visitas que dedicaron al stand y en la masiva participación en la conferencia.

X Encuentro de Amigos de Krishnamurti en España El Centro de Información Krishnamurti de Madrid desarrolló durante los días 26, 27 y 28 de abril su X Encuentro de Amigos de Krishnamurti en la ciudad de Segovia. Asistieron sesenta personas procedentes de diversos puntos de España: Barcelona, Ibiza, Málaga, Valencia, Madrid, Tarragona, Zaragoza. El encuentro se centró alrededor del tema La cooperación que surge al ver la verdad. Y aquí cabe recordar que Krishnamurti decía: 27


Tenemos que aprender el arte de trabajar juntos, y eso es posible solamente cuando cada uno de nosotros percibe lo que es verdadero. Esta percepción de la verdad es la que nos une, no así la opinión, la creencia o la teoría. [...] Si cada uno de nosotros ve la verdad, podrá haber discrepancia en los detalles, pero no existirá el impulso de separarse. [...] Cuando todos ven la verdad, el detalle jamás puede convertirse en materia de disensión.

En grupos de diálogos, de meditación, de lecturas, de vídeos o de paseos, las personas investigaron qué es esa posibilidad de trabajar juntos si se ha llegado a vislumbrar la verdad.

Encuentros en Saanen, Suiza Este año se celebrarán los encuentros anuales de Saanen desde el 20 de julio al 3 de agosto, con una semana para padres e hijos del 13 al 20 de julio, y otra semana para los jóvenes del 4 al 11 de agosto en las montañas. Informa: Gisele Balleys, 7ª chemin Floraire, CH1225 Chêne-Bourg, Suiza; e-mail: giseleballeys@hotmail.com

Videos en español Hay ocho series de charlas de Krishnamurti dobladas en español que están disponibles para su adquisición a través de la Krishnamurti Foundation Trust Ltd. de Inglaterra. Las personas interesadas en adquirir algún título puede dirigirse a la dirección de esta Fundación que indicamos más adelante. Los videos corresponden a las siguientes series:

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San Diego 1970 (cuatro cintas), Ojai 1983 (seis cintas), Ojai 1984 (seis cintas), Saanen 1983 (6 cintas), Saanen 1984 (9 cintas), Saanen 1985 (5 cintas), Borckwood Park 1984 (seis cintas) y Brockwood Park 1985 (cuatro cintas). Por otra parte están disponibles las cuatro cintas (subtituladas en español) que integran La Naturaleza de la Mente, las cuales se pueden adquirir dirigiéndose al distribuidor: Librería Argentina, Andrés Mellado, 46, Madrid 28015, España, www.libreria-argentina.es.org Las personas residentes en España pueden adquirir, además de La Naturaleza de la Mente, otras dos series de vídeos, subtitulados en español, dirigiéndose al Centro de Información Krishnamurti de Barcelona, en la dirección que aparece más adelante. Estas dos series son: El Futuro de la Humanidad (dos cintas), y las cuatro charlas de Krishnamurti pronunciadas en Brockwood Park en 1983.

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FUNDACIONES

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Boletin Fundacion K