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Especial colectivos

ARTE Y DISEテ前 SOCIAL


Su proyecto por el mundo Por Sara Garvía Fotografías de BOAMISTURA

Colectivo

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Es un colectivo multidisciplinar con raíces en el graffiti nacido a finales de 2001 en Madrid, España. Su obra se desarrolla principalmente en el espacio público, con proyectos en Ciudad del Cabo y Sao Paulo.

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isiones distintas que se influencian y se mezclan en favor de un resultado único. Formado por el Arquitecto Javier Serrano “Pahg”, el Ingeniero de Caminos Rubén Martín “rDick”, el Publicista Pablo Purón “Purone” y los Licenciados en Bellas Artes Pablo Ferreiro “Arkoh” y Juan Jaume “Derko”. Su obra se desarrolla principalmente en el espacio público, habiendo llevado a cabo proyectos en Sudáfrica, Noruega, Berlín o Sao Paulo. Boa Mistura ha participado en exposiciones en centros de arte como el Museo Reina Sofía, Casa Encendida o Museo DA2. Colaborado en proyectos sociales junto a fundación ONCE, Intermon Oxfam, Cruz Roja o Antonio Gala e impartido conferencias en Universidades como las de Madrid, Sevilla,

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Luz

nas Vielas. documental. São

El cortometraje nen que realizarse con un fin”. Esa forma de arte “a veces es tan sencillo Paulo.

Es cuando la calle duerme cuando ellos, a menudo, despiertan. La oscuridad y el silencio avisan de que llegó el momento. Meten la pintura en la bolsa y salen por la ciudad. Y Rubén Martín se pregunta… “¿Qué te lleva a salir a las 3 de la mañana de tu casa para pintar en la calle?”. Martín es uno de los cinco miembros del colectivo de artistas urbanos Boa Mistura. El pasado fin de semana pasó por TEDxMadrid y allí fue donde lanzó la pregunta y donde él mismo se dio respuesta. “Los médicos curan a personas, los mecánicos arreglan coches y los artistas te tocan el corazón”.

como utilizar solo el blanco”, especificó. “A veces lo que hacemos es limpiar paredes”. El artista plástico habló de esa nube mental y emocional que lo intenta empañar todo. “Hoy se habla de la crisis constantemente. Nosotros, entonces, pintamos en las calles palabras como ‘innovación’, ‘alegría’…”. Dice Rubén Martín que en Madrid salir a pintar no es fácil. “El récord de permanencia de las pintadas que hemos hecho es de una semana” y, además, “el Ayuntamiento nos reclama 6.000€, en forma de multa, por escribir en una pared ‘Azul cielo”.

Este ingeniero de caminos dijo que él, al igual que sus cuatro compañeros, habían “renunciado” a la profesión para la que habían estudiado para dedicarse al arte. Pero no al arte de los canales oficiales. No es eso lo que les interesa.

El arte urbano de este colectivo está agarrado al lugar que habita. No atan un mensaje a un lugar por motivos arbitrarios. “Nuestras piezas están vinculadas a un sitio. En cada cosa que hacemos intentamos mejorar los vínculos de la gente con la ciudad donde vive”.

Lo suyo es el arte urbano porque “no hay galerías, no hay críticos, no hay intermediarios”. Todas las obras “tie-

Boa Mistura piensa que el arte es una “herramienta de cambio e inspiración”. Desde esa base ideó la


serie Crossroads (proyectos de arte urbano participativo en los que el colectivo trabaja con una comunidad para alcanzar objetivos).

El pasado enero fueron a Vila Brasilândia, en Sao Paulo. Allí los acogió una familia. Miraron a su alrededor y pensaron qué podían hacer. Descubrieron que las callejuelas sirven de “elementos conectores en el tejido urbano” y las utilizaron para dar presencia a cinco conceptos: Amor, Firmeza, Doçura, Orgulho y Beleza.

Nuestra filosofía es hacer siempre algo especial para cada lugar, de manera que cada obra sólo tenga sentido en ese lugar específico

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Cortometraje realizado por Boa Mistura sobre su experiencia en la favela Vila Brasilândia, São Paulo, durante el mes de Enero de 2012.

El término “Boa Mistura”, del portugués “buena mezcla”, hace referencia a la diversidad de estilos y puntos de vista de cada uno.

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Estuvieron también en Ciudad del Cabo (Sudáfrica). Allí pasaron un mes haciendo intervenciones murales, con la población, en el centro de la ciudad. El proyecto (Diamond Inside) fue recogido por el cineasta Luis Sánchez Alba, dentro del programa de residencia de la Galería A Word of Art.

¿Cuál fue vuestra primera vez? Nosotros tenemos dos primeras veces. Una es la primera vez que coincidimos los cinco en una misma pared juntos y solos. Eso fue en diciembre de 2001. Era un mural de graffiti convencional, los cinco pedrolos de cada uno con un fondo común, una cosa totalmente inmadura y sin una búsqueda. Teníamos 18 o 20 años, éramos 5 grafiteros de un mismo barrio, la Alameda de Osuna, cuatro ya nos conocíamos de un poco antes y Rubén, que es de una generación anterior, se incorporó en ese momento. Esa fue la primera vez que los cinco

pintamos juntos, sin ningún tipo de voluntad ni concepto. Lo que tiene de especial es que ahí surgió todo. La que podemos sentir como primera vez es Área, en 2003, la primera vez que los cinco nos fundimos. En el graffiti, que es de donde nosotros venimos a pesar que luego cada uno haya estudiado una cosa, cada uno hace sus letras y sus dibujos y si han pintado 10 se ven 10 cosas y es muy fácil saber que es de cada uno. Lo que nos ha ido distinguiendo en nuestra evolución, algo que no hemos buscado pero que ha surgido así, ha sido que hemos ido abandonando el ego individual de cada uno, porque al final el graffiti es ego, en pos de un ego común y de un objetivo único: BOA MISTURA. En la evolución de nuestro murales desde el 2001, esa primera vez, hasta el 2003 se ve como esas 5 cosas van pasando a 3, luego a 2 y al final es solo una pero la hemos hecho todos. Es el día que llegas

Estábamos pintando en la calle Fuencarral, un cierre, el de Fun & Basic. Fue de las primeras cosas que se hizo en la calle Fuencarral. La persona que nos dio permiso nos dijo que quería hacer de la calle Fuencarral un museo del graffiti al aire libre. Con los años efectivamente todos los cierres se decoraron pero la facción más radical de grafiteros de Madrid condenó ese tipo de manifestaciones porque había un intercambio económico y no lo consideraban una cosa real, auténtica, lo consideraban de vendidos. El trabajo en la calle lo que tiene es que mucha gente lo ve, a unos les gusta y a otros no, y dentro de la gente a la que le gusta siempre te suele salir alguien que le gustaría contratarte para que le pintes algo. En este caso el dueño de la empresa caminaba por allí y nos pidió el contacto. Nos llamó y fuimos a visitar el sitio. La geometría de la fachada, como ha-

hemos ido abandonando el ego individual de cada uno, porque al final el graffiti es ego, en pos de un ego común y de un objetivo único.

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bían jugado con los huecos, era muy particular. Teníamos que hacer una intervención que se adecuara a eso. Es un edificio privado de una agencia de comunicación, muy estrecho, con un patio interior muy angosto y largo. Las dos plantas de arriba son showrooms que alquilan a empresas. El dueño quería “camuflaje urbano” y esto es lo que nosotros entendimos por camuflaje urbano. Fueron nuestras primeras reuniones, elaborar una propuesta para que te la acepten, un presupuesto, entrar en otro juego distinto del que no hemos salido. Existen otros proyectos que salen de nosotros y que no tienen a nadie que nos los encargue más que tú mismo y salen porque sientes que los tienes que hacer, que es todo nuestro trabajo en la calle. Fue una Experiencia profesional a tope. Despues de 10 años sin saber nada de ellos nos acaban de pedir el boceto porque quieren renovar la web y lo quieren poner. La fachada, de orientación norte, se conserva intacta.

¿Cúal fue el proceso? Estábamos en la época de las cosas tridimensionales. Hay un lenguaje mucho más plano y otro lenguaje de tridimensionalidad que era el .

que los cinco pintamos juntos, sin ningún tipo de voluntad ni concepto. Lo que tiene de especial es que ahí surgió todo. La que podemos sentir como primera vez es Área, en 2003, la primera vez que los cinco nos fundimos. En el graffiti, que es de donde nosotros venimos a pesar que luego cada uno haya estudiado una cosa, cada uno hace sus letras y sus dibujos y si han pintado 10 se ven 10 cosas y es muy fácil saber que es de cada uno. Lo que nos ha ido distinguiendo en nuestra evolución, algo que no hemos buscado pero que ha surgido así, ha sido que hemos ido abandonando el ego individual de cada uno, porque al final el graffiti es ego, en pos de un ego común y de un objetivo único: BOA MISTURA.

lo enseñas a tu madre y te dice ¿pero hijo, tú que has hecho aquí? Pues todo y nada, estuve un ratito aquí, otro rato allí… De repente las manos de los cinco se habían difuminado, fundido en pos de un único resultado estético. Quizá esa fachada, que es la única gran fachada que tenemos en Madrid, podríamos decir que es la primera vez. Además está sobre una fachada de un edificio poco conocido de Ábalos y Herreros, eso lo hizo todavía más especial.

¿Cómo os llegó el encargo? Fue el primer encargo que tuvimos. Unos 1500 euros y parecía que se te salían los ojos de las cuencas y que ibas a ir enfilao. Teníamos 19 años, y era a dividir entre 5, pero con esos 300 eras el rey del mambo.

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