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Boletín de deBate

trata de mujeres

Movilización estudiantil contra las Redes de Trata en Once

desmantelamiento ya de las redes de trATA pcrcentrocapital.blogspot.com JUVENTUD COMUNISTA REVOLUCIONARIA

JCR

ZONA CENTRO CApITAL FEDERAL

JUVENTUD COMUNISTA REVOLUCIONARIA

JCR

ZONA CENTRO CApITAL FEDERAL


ese monstruo silencioso La trata de personas se ha extendido en forma alarmante en los últimos quince o veinte años, con millones de víctimas quienes, en su inmensa mayoría, son mujeres y niñas de los pueblos y naciones oprimidas por las potencias imperialistas. Se la considera la esclavitud del siglo XXI, un delito contra la libertad y la dignidad de las personas. La trata y el tráfico de mujeres con fines de prostitución son formas de violencia y esclavización donde se entrelazan la explotación de clase; la dominación y la violencia de género; y la opresión nacional y étnica. En la Argentina, como en otros países de América Latina, el 90% de los casos de trata involucra a mujeres y niñas para su explotación en la prostitución. Hay tráfico interno, entre las distintas zonas del país, y tráfico externo, para cubrir una demanda más amplia en el mercado internacional. Un tráfico determinado directamente por redes de los Estados Unidos, Europa y Asia, que, según la CEPAL, tienen sus puntos de

operación y reclutamiento en nuestra región. Esta actividad no podría desarrollarse sin la complicidad, por omisión o por participación, de políticos, policías y funcionarios de los distintos poderes del Estado. La Argentina es un país de origen, tránsito y destino de hombres, mujeres y niños víctimas de la trata de personas con fines de explotación sexual, comercial y trabajo forzado. Un informe del gobierno norteamericano constata: “La mayor parte de los casos de trata de personas se desarrollan dentro del país, desde las zonas rurales a las urbanas, con fines de prostitución. El turismo sexual infantil es un problema, especialmente en la zona de la triple frontera. Asimismo, las mujeres y niñas argentinas son trasladadas a países limítrofes, a México y Europa Occidental con fines de explotación sexual. (…). Argentina permanece en la Categoría 2 de la Lista de Observación por tercer año consecutivo debido a que no ha demostrado haber aumentado los esfuerzos para combatir la trata de personas.”

Sin embargo, esos informes nada dicen sobre los lazos que unen a las redes mafiosas con los monopolios de los Estados imperialistas. Como es sabido, desde los orígenes del capitalismo, con la piratería y el tráfico de esclavos, la ilegalidad de ciertas actividades nunca impidió que fueran campo de inversiones lucrativas. En Colombia denunciaron que respetables multinacionales de bebidas alcohólicas de Estados Unidos, Inglaterra y Francia dirigen un “esquema criminal” que unifica contrabando, tráfico de drogas y dólares, políticos, proxenetas, bancos, etc. Usan empresas ficticias para “lavar” ese dinero introduciéndolo en el sistema bancario (como el Korea Firstbank of NY). Un caso muy difundido fue el del Citibank (cuyo comité ejecutivo está integrado por los presidentes de los más importantes monopolios estadounidenses) que lavaba dinero del narcotráfico mexicano a través de un banco fantasma en las islas Caimán

en combinación con grupos financieros argentinos, como “Mercado Abierto” de Ducler (ex secretario del tesoro de la dictadura militar. Los principales diarios del mundo ingresan millones por la publicidad en prostitución. El turismo sexual se extiende internacionalmente como un gran negocio. Todo esto tiende a naturalizarse, al punto tal que el ministro francés Frédéric Mitterrand ha publicado un libro relatando su viaje por el sudeste asiático consumiendo prostitución infantil, ya que Tailandia, Filipinas y Camboya incluyen ese “servicio” en su oferta al turismo extranjero. En Brasil se calcula que hay medio millón de niños prostituidos.


ese monstruo silencioso La trata de personas se ha extendido en forma alarmante en los últimos quince o veinte años, con millones de víctimas quienes, en su inmensa mayoría, son mujeres y niñas de los pueblos y naciones oprimidas por las potencias imperialistas. Se la considera la esclavitud del siglo XXI, un delito contra la libertad y la dignidad de las personas. La trata y el tráfico de mujeres con fines de prostitución son formas de violencia y esclavización donde se entrelazan la explotación de clase; la dominación y la violencia de género; y la opresión nacional y étnica. En la Argentina, como en otros países de América Latina, el 90% de los casos de trata involucra a mujeres y niñas para su explotación en la prostitución. Hay tráfico interno, entre las distintas zonas del país, y tráfico externo, para cubrir una demanda más amplia en el mercado internacional. Un tráfico determinado directamente por redes de los Estados Unidos, Europa y Asia, que, según la CEPAL, tienen sus puntos de

operación y reclutamiento en nuestra región. Esta actividad no podría desarrollarse sin la complicidad, por omisión o por participación, de políticos, policías y funcionarios de los distintos poderes del Estado. La Argentina es un país de origen, tránsito y destino de hombres, mujeres y niños víctimas de la trata de personas con fines de explotación sexual, comercial y trabajo forzado. Un informe del gobierno norteamericano constata: “La mayor parte de los casos de trata de personas se desarrollan dentro del país, desde las zonas rurales a las urbanas, con fines de prostitución. El turismo sexual infantil es un problema, especialmente en la zona de la triple frontera. Asimismo, las mujeres y niñas argentinas son trasladadas a países limítrofes, a México y Europa Occidental con fines de explotación sexual. (…). Argentina permanece en la Categoría 2 de la Lista de Observación por tercer año consecutivo debido a que no ha demostrado haber aumentado los esfuerzos para combatir la trata de personas.”

Sin embargo, esos informes nada dicen sobre los lazos que unen a las redes mafiosas con los monopolios de los Estados imperialistas. Como es sabido, desde los orígenes del capitalismo, con la piratería y el tráfico de esclavos, la ilegalidad de ciertas actividades nunca impidió que fueran campo de inversiones lucrativas. En Colombia denunciaron que respetables multinacionales de bebidas alcohólicas de Estados Unidos, Inglaterra y Francia dirigen un “esquema criminal” que unifica contrabando, tráfico de drogas y dólares, políticos, proxenetas, bancos, etc. Usan empresas ficticias para “lavar” ese dinero introduciéndolo en el sistema bancario (como el Korea Firstbank of NY). Un caso muy difundido fue el del Citibank (cuyo comité ejecutivo está integrado por los presidentes de los más importantes monopolios estadounidenses) que lavaba dinero del narcotráfico mexicano a través de un banco fantasma en las islas Caimán

en combinación con grupos financieros argentinos, como “Mercado Abierto” de Ducler (ex secretario del tesoro de la dictadura militar. Los principales diarios del mundo ingresan millones por la publicidad en prostitución. El turismo sexual se extiende internacionalmente como un gran negocio. Todo esto tiende a naturalizarse, al punto tal que el ministro francés Frédéric Mitterrand ha publicado un libro relatando su viaje por el sudeste asiático consumiendo prostitución infantil, ya que Tailandia, Filipinas y Camboya incluyen ese “servicio” en su oferta al turismo extranjero. En Brasil se calcula que hay medio millón de niños prostituidos.


Crisis y trata Esta realidad se ve potenciada por la actual crisis del sistema capitalista imperialista. Por un lado, ésta sigue engrosando el número de desempleados, de pobres e indigentes en el mundo entero. Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) “por primera vez en la historia de la humanidad más de mil millones de personas, concretamente 1.020 millones, padecerán malnutrición en 2009 en todo el mundo… Jamás en la historia de la humanidad ha habido tantas personas que padecen hambre”. Por el otro, la explotación lucrativa de los “negocios sucios” se vuelve una necesidad imperiosa y compulsiva para el capital monopolista. En las últimas décadas, tras el derrumbe de la Unión Soviética como superpotencia y sobre todo con la “apertura” de China, convertida en potencia imperialista, se uni-

ficaron y ampliaron los mercados del capitalismo, y se incorporaron al proletariado mundial cerca de dos mil millones de personas, con salarios de hambre. Los monopolios acumularon ganancias fabulosas en un período de crecimiento económico fenomenal, con avances tecnológicos de gran importancia. Pero al restringir la capacidad de compra de los trabajadores y de los pueblos se frenan las ventas: los productos no tienen salida. Como la lógica de funcionamiento del capitalismo depende de la búsqueda de ganancias, cuando la producción de bienes no es rentable, los capitalistas invierten en otras actividades. Tratando de evitar la crisis, desde el 2001, las corporaciones abrieron sus divisiones financieras y se volcaron a la especulación –ganancias a futuro, negocios inmobiliarios, hipotecas y seguros, etc. Así, aquella enorme masa de plusvalía extraída a la clase obrera, que no encontraba colocaciones rentables en la producción, fue la base para la especulación y para inflar el crédito. Se trató de una fuga hacia delante, hasta que la crisis volvió a manifestarse, esta vez a una escala mucho mayor. En esta situación, los principales monopolios ampliaron también su asociación con las redes mafiosas, que perfeccionaron su accionar, llegando a generar las mayores ganan-

cias a nivel mundial con el tráfico de drogas, de armas y de personas, para su explotación laboral y sexual. Respecto de los factores sociales condicionantes del fenómeno, la creciente disponibilidad de mano de obra ha ido colocando a los trabajadores, sobre todo a las mujeres, en una situación de gran vulnerabilidad e indefensión. En 2008, 2.800 millones de personas en el mundo sobrevivían con menos de dos dólares diarios y el 80% de los pobres eran mujeres. En la Argentina el 60% de nuestros niños vive en la pobreza; 2,3 millones de personas no tienen garantizada su comida diaria.

En esas condiciones, los seres humanos son hoy “una mercancía cuantiosa y disponible” para ser explotada en el submundo de las mafias y la “economía canalla”. En Rusia, luego del colapso de la industria textil, grandes masas de mujeres quedaron sin trabajo y, hoy, los distritos donde se asentaba esa actividad son tristemente conocidos como ‘regiones de prostitutas’. Miles de mujeres llegan al “Primer Mundo” con la idea de conseguir los papeles y los trabajos que los embaucadores les han prometido y son esclavizadas en la prostitución. Toda Europa del Este se ha convertido en proveedora de esclavas sexuales.


Crisis y trata Esta realidad se ve potenciada por la actual crisis del sistema capitalista imperialista. Por un lado, ésta sigue engrosando el número de desempleados, de pobres e indigentes en el mundo entero. Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) “por primera vez en la historia de la humanidad más de mil millones de personas, concretamente 1.020 millones, padecerán malnutrición en 2009 en todo el mundo… Jamás en la historia de la humanidad ha habido tantas personas que padecen hambre”. Por el otro, la explotación lucrativa de los “negocios sucios” se vuelve una necesidad imperiosa y compulsiva para el capital monopolista. En las últimas décadas, tras el derrumbe de la Unión Soviética como superpotencia y sobre todo con la “apertura” de China, convertida en potencia imperialista, se uni-

ficaron y ampliaron los mercados del capitalismo, y se incorporaron al proletariado mundial cerca de dos mil millones de personas, con salarios de hambre. Los monopolios acumularon ganancias fabulosas en un período de crecimiento económico fenomenal, con avances tecnológicos de gran importancia. Pero al restringir la capacidad de compra de los trabajadores y de los pueblos se frenan las ventas: los productos no tienen salida. Como la lógica de funcionamiento del capitalismo depende de la búsqueda de ganancias, cuando la producción de bienes no es rentable, los capitalistas invierten en otras actividades. Tratando de evitar la crisis, desde el 2001, las corporaciones abrieron sus divisiones financieras y se volcaron a la especulación –ganancias a futuro, negocios inmobiliarios, hipotecas y seguros, etc. Así, aquella enorme masa de plusvalía extraída a la clase obrera, que no encontraba colocaciones rentables en la producción, fue la base para la especulación y para inflar el crédito. Se trató de una fuga hacia delante, hasta que la crisis volvió a manifestarse, esta vez a una escala mucho mayor. En esta situación, los principales monopolios ampliaron también su asociación con las redes mafiosas, que perfeccionaron su accionar, llegando a generar las mayores ganan-

cias a nivel mundial con el tráfico de drogas, de armas y de personas, para su explotación laboral y sexual. Respecto de los factores sociales condicionantes del fenómeno, la creciente disponibilidad de mano de obra ha ido colocando a los trabajadores, sobre todo a las mujeres, en una situación de gran vulnerabilidad e indefensión. En 2008, 2.800 millones de personas en el mundo sobrevivían con menos de dos dólares diarios y el 80% de los pobres eran mujeres. En la Argentina el 60% de nuestros niños vive en la pobreza; 2,3 millones de personas no tienen garantizada su comida diaria.

En esas condiciones, los seres humanos son hoy “una mercancía cuantiosa y disponible” para ser explotada en el submundo de las mafias y la “economía canalla”. En Rusia, luego del colapso de la industria textil, grandes masas de mujeres quedaron sin trabajo y, hoy, los distritos donde se asentaba esa actividad son tristemente conocidos como ‘regiones de prostitutas’. Miles de mujeres llegan al “Primer Mundo” con la idea de conseguir los papeles y los trabajos que los embaucadores les han prometido y son esclavizadas en la prostitución. Toda Europa del Este se ha convertido en proveedora de esclavas sexuales.


Prostitucion dos caras de la y trata: misma violencia Es imposible comprender el problema de la trata de mujeres sin abordar el de la prostitución. Desde los comienzos de la civilización, las prácticas patriarcales encerraron a las mujeres en el hogar para el servicio de la familia y la procreación, castigando su infidelidad hasta con la muerte. Entre los romanos, famulus significaba “esclavo doméstico” y familia: “conjunto de esclavos pertenecientes a un hombre”. La prostitución -como forma extrema del adulterio del marido en la monogamia- se convierte en una institución social. Sostenida en beneficio de los varones, se la reprueba de palabra. “Pero en realidad, esta reprobación nunca va contra los hombres, sino solamente contra las mujeres; a éstas se las desprecia y se las rechaza, para proclamar con eso una vez más como ley fundamental de la sociedad, la supremacía absoluta del hombre sobre el sexo femenino.” La prostitución, como el patriarcado, ajusta su funcionamiento y es condicionada por los factores determinantes de cada formación económicosocial; pero no abandona su matriz de origen en el sistema esclavista. Es que la prostitución está siempre asociada a la pobreza y a la marginación, producto de un sistema que oprime diferenciadamente a las mujeres, les niega oportunidades, las cosi-

fica; y el patriarcado la naturaliza. Así, reducidas a la categoría de objeto, las mujeres son vendidas, compradas, traficadas y esclavizadas. Actualmente, cada año, alrededor de 4 millones de mujeres y niñas en el mundo son arrastradas a la prostitución como producto de las desigualdades de clase, de género, de etnia. En América Latina, las mujeres ganan, en promedio, un 17,2% menos que los varones. En Argentina, esa brecha del 14,2% aún teniendo la misma edad y el mismo nivel de educación. En siete países latinoamericanos, a igual edad y nivel educativo, trabajadores de grupos étnicos oprimidos ganan un 28% menos respecto de los trabajadores de la población blanca. En Argentina, veinte mujeres de la comunidad toba, muchas de ellas adolescentes, analfabetas y extremadamente humildes fueron rescatadas de una red de trata. Habían sido secuestradas en el Chaco y llevadas a distintos puntos del país donde fueron encerradas, castigadas y prostituidas. Las chicas eran rematadas entre los proxenetas por valores de entre 300 y 500 pesos.

a t a r t e d s e d Re Cientos de jóvenes y niñas secuestradas son buscadas por sus familias. Marita Verón, de Tucumán, desde 2002; Fernanda Aguirre, de Entre Ríos, 2004; Andrea López, de La Pampa, 2004; Florencia Penacchi, en Capital Federal, 2005, entre muchas otras, siguen desaparecidas. Los reclutadores recurren al secuestro, la seducción o el engaño: “marcan” a las jóvenes en determinados boliches y luego son raptadas a la salida; otras son víctimas de falsas promesas de matrimonio; o son captadas al presentarse a supuestas ofertas de empleo, o de castings, que se promocionan por internet. Las bandas operan con todo el aparato, la logística y la impunidad necesarios para “chupar” mujeres y niñas/os, modalidades de secuestro que conoció nuestro pueblo en los años de la dictadura militar. Los padres hacen las denuncias como des-

apariciones o secuestros, pero la policía registra los casos como “fuga de hogar” y no las buscan. Susana Trimarco busca a su hija María de los Ángeles (Marita) Verón, secuestrada en San Miguel de Tucumán. Recorrió bares y locales nocturnos disfrazada de prostituta, en un desesperado intento por encontrarla. Supo que la habían visto en otras provincias, pero Marita no apareció. En esa búsqueda reunió evidencias de la existencia de redes de tráfico de mujeres con fines de explotación sexual en la Argentina. Fueron rescatadas chicas de Misiones, Corrientes, Tucumán, Salta, Santa Fe, Formosa, Santiago del Estero y otras traficadas desde Paraguay, Bolivia y República Dominicana Esta cadena de delitos cuenta con el pacto de silencio entre proxenetas y clientela, en particular la clientela vip (empresarios, políticos, jueces y comisarios) que desacredita cualquier declaración de las víctimas descalificadas por los mismos que las prostituyeron- e ignoran las denuncias de los familiares.


Prostitucion dos caras de la y trata: misma violencia Es imposible comprender el problema de la trata de mujeres sin abordar el de la prostitución. Desde los comienzos de la civilización, las prácticas patriarcales encerraron a las mujeres en el hogar para el servicio de la familia y la procreación, castigando su infidelidad hasta con la muerte. Entre los romanos, famulus significaba “esclavo doméstico” y familia: “conjunto de esclavos pertenecientes a un hombre”. La prostitución -como forma extrema del adulterio del marido en la monogamia- se convierte en una institución social. Sostenida en beneficio de los varones, se la reprueba de palabra. “Pero en realidad, esta reprobación nunca va contra los hombres, sino solamente contra las mujeres; a éstas se las desprecia y se las rechaza, para proclamar con eso una vez más como ley fundamental de la sociedad, la supremacía absoluta del hombre sobre el sexo femenino.” La prostitución, como el patriarcado, ajusta su funcionamiento y es condicionada por los factores determinantes de cada formación económicosocial; pero no abandona su matriz de origen en el sistema esclavista. Es que la prostitución está siempre asociada a la pobreza y a la marginación, producto de un sistema que oprime diferenciadamente a las mujeres, les niega oportunidades, las cosi-

fica; y el patriarcado la naturaliza. Así, reducidas a la categoría de objeto, las mujeres son vendidas, compradas, traficadas y esclavizadas. Actualmente, cada año, alrededor de 4 millones de mujeres y niñas en el mundo son arrastradas a la prostitución como producto de las desigualdades de clase, de género, de etnia. En América Latina, las mujeres ganan, en promedio, un 17,2% menos que los varones. En Argentina, esa brecha del 14,2% aún teniendo la misma edad y el mismo nivel de educación. En siete países latinoamericanos, a igual edad y nivel educativo, trabajadores de grupos étnicos oprimidos ganan un 28% menos respecto de los trabajadores de la población blanca. En Argentina, veinte mujeres de la comunidad toba, muchas de ellas adolescentes, analfabetas y extremadamente humildes fueron rescatadas de una red de trata. Habían sido secuestradas en el Chaco y llevadas a distintos puntos del país donde fueron encerradas, castigadas y prostituidas. Las chicas eran rematadas entre los proxenetas por valores de entre 300 y 500 pesos.

a t a r t e d s e d Re Cientos de jóvenes y niñas secuestradas son buscadas por sus familias. Marita Verón, de Tucumán, desde 2002; Fernanda Aguirre, de Entre Ríos, 2004; Andrea López, de La Pampa, 2004; Florencia Penacchi, en Capital Federal, 2005, entre muchas otras, siguen desaparecidas. Los reclutadores recurren al secuestro, la seducción o el engaño: “marcan” a las jóvenes en determinados boliches y luego son raptadas a la salida; otras son víctimas de falsas promesas de matrimonio; o son captadas al presentarse a supuestas ofertas de empleo, o de castings, que se promocionan por internet. Las bandas operan con todo el aparato, la logística y la impunidad necesarios para “chupar” mujeres y niñas/os, modalidades de secuestro que conoció nuestro pueblo en los años de la dictadura militar. Los padres hacen las denuncias como des-

apariciones o secuestros, pero la policía registra los casos como “fuga de hogar” y no las buscan. Susana Trimarco busca a su hija María de los Ángeles (Marita) Verón, secuestrada en San Miguel de Tucumán. Recorrió bares y locales nocturnos disfrazada de prostituta, en un desesperado intento por encontrarla. Supo que la habían visto en otras provincias, pero Marita no apareció. En esa búsqueda reunió evidencias de la existencia de redes de tráfico de mujeres con fines de explotación sexual en la Argentina. Fueron rescatadas chicas de Misiones, Corrientes, Tucumán, Salta, Santa Fe, Formosa, Santiago del Estero y otras traficadas desde Paraguay, Bolivia y República Dominicana Esta cadena de delitos cuenta con el pacto de silencio entre proxenetas y clientela, en particular la clientela vip (empresarios, políticos, jueces y comisarios) que desacredita cualquier declaración de las víctimas descalificadas por los mismos que las prostituyeron- e ignoran las denuncias de los familiares.


un GRAN NEGOCIO La trata de personas es un negocio que genera 32 mil millones de dólares anuales (cerca del 10% del PBI de la Argentina) en la explotación sexual y laboral de personas, en su mayoría mujeres y menores. Es el tercer negocio mas grande del mundo, despues del trafico de drogas y de armas. Se estima que desaparecen en la Argentina alrededor de 600 chicas al año a manos de este negocio. Cada chica significa $12.000 mensuales para su explotador, sometidas a un ritmo abrumador de clientes por jornada, consumo de droga y la amenaza de muerte para quien pretenda salirse. Existen aldededor de 1000 prostíbulos funcionando en la Capital Federal. Alrededor de 8000 mujeres secuestradas habitan los prostíbulos de la Capital. Cada prostíbulo le deja a la policía $16.000 por mes, la gran caja negra de la política.

“Emprendemos esta campaña sabiendo que no estamos solas y que no somos las primeras ni las únicas. Hay muchísimas mujeres en el mundo que se unen para romper el silencio y la normalidad de la violencia contra las mujeres y, haciéndolo, cambian sus vidas, demuestran que las mujeres no somos simples víctimas de opresión: podemos iniciar juntas un camino de liberación y transformación, de nuestras vidas y de todo lo existente. Por ello nos sentimos unidas y cercanas a todas las madres, familiares y amigos de las mujeres secuestradas, desaparecidas y asesinadas… ¡Basta de violencia! ¡Basta de asesinatos y desapariciones de mujeres y niñas/os! ¡Las estamos buscando, las queremos con vida!” (2007 RED NO A LA TRATA. Declaración de la Campaña “Ni una mujer más victima de las redes de prostitución”)


un GRAN NEGOCIO La trata de personas es un negocio que genera 32 mil millones de dólares anuales (cerca del 10% del PBI de la Argentina) en la explotación sexual y laboral de personas, en su mayoría mujeres y menores. Es el tercer negocio mas grande del mundo, despues del trafico de drogas y de armas. Se estima que desaparecen en la Argentina alrededor de 600 chicas al año a manos de este negocio. Cada chica significa $12.000 mensuales para su explotador, sometidas a un ritmo abrumador de clientes por jornada, consumo de droga y la amenaza de muerte para quien pretenda salirse. Existen aldededor de 1000 prostíbulos funcionando en la Capital Federal. Alrededor de 8000 mujeres secuestradas habitan los prostíbulos de la Capital. Cada prostíbulo le deja a la policía $16.000 por mes, la gran caja negra de la política.

“Emprendemos esta campaña sabiendo que no estamos solas y que no somos las primeras ni las únicas. Hay muchísimas mujeres en el mundo que se unen para romper el silencio y la normalidad de la violencia contra las mujeres y, haciéndolo, cambian sus vidas, demuestran que las mujeres no somos simples víctimas de opresión: podemos iniciar juntas un camino de liberación y transformación, de nuestras vidas y de todo lo existente. Por ello nos sentimos unidas y cercanas a todas las madres, familiares y amigos de las mujeres secuestradas, desaparecidas y asesinadas… ¡Basta de violencia! ¡Basta de asesinatos y desapariciones de mujeres y niñas/os! ¡Las estamos buscando, las queremos con vida!” (2007 RED NO A LA TRATA. Declaración de la Campaña “Ni una mujer más victima de las redes de prostitución”)


ncas a l b e d a t a Tr su historia en la Argentina A fines del siglo XIX, aprovechando las grandes corrientes inmigratorias, hizo eclosión la llamada “trata de blancas”. Esta denominación vinculaba la nueva forma de trata de personas – mujeres blancas, europeas, esclavizadas en la prostitución- con el anterior comercio de esclavos “negros” traídos por la fuerza desde África. La esclavitud estaba prohibida expresamente por el artículo 15 de la Constitución Nacional sancionada en 1853. Sin embargo, al amparo de los distintos poderes del Estado, la realidad fue, y sigue siendo, otra. En 1875 se reglamentó la prostitución en Buenos Aires, considerada un “mal necesario”, un “servicio público”. La actividad se ejercía bajo control municipal y fichas policiales. La mujer que admitía su “oficio” debía ser mayor de 18 años pero, al mismo tiempo, la ley local autorizaba el ejercicio de la prostitución a niñas menores de edad si habían sido “iniciadas” tempranamente. En los años de la Argentina oligárquica, el proxenetismo fue aceptado y legalizado. La reglamentación estatal, favorecía la “trata de blancas”. Junto al aluvión de inversiones extranjeras que convirtieron a la Argentina en un país dependiente, se expandió el tráfico internacional de mujeres. En la Argentina de principios del siglo XX, con sus contrastes de miseria y explotación y de opulencia oligárquica, la prostitución crecía con el intenso tráfico de mujeres traídas desde Europa. Buenos Aires pasó a ser uno de los centros mundiales de ese “comercio”. Existían los “cabarets”, frecuentados por “la gente bien” y los

burdeles que funcionaban sin descanso en cada pueblo, sobre todo cuando se concentraban los cosecheros. El Estado controlaba esta “actividad” y percibía un tributo de las organizaciones de proxenetas, convirtiéndose en socio, beneficiario y cómplice. Denunciando esta realidad, el Primer Congreso Femenino Internacional de 1910, convocado en Buenos Aires, aprobó el “voto de protesta” formulado por la Dra. Julieta Lanteri en estos términos: “La prostitución debe desaparecer (…) Si este mal existe es porque los gobiernos no se preocupan por extirparlo y puede decirse que lo explotan, desde que lo reglamentan y sacan impuestos de él. Hago pues una moción para que el Congreso formule un voto de protesta contra la tolerancia de los gobiernos al sostener y explotar la prostitución femenina, que es para la mujer moderna su mayor dolor y su mayor vergüenza.”(…) “No las considero responsables sino las víctimas de la falta de previsión y de amor que muestran las leyes y las costumbres, creadas por la preponderancia del pensamiento masculino en la orientación de los destinos del pueblo.” En 1930, a raíz de la valiente denuncia de Raquel Liberman, se dictó prisión preventiva contra 108 dueños de prostíbulos. Pero en enero de 1931 quedaron en libertad: la Cámara de Apelaciones concluyó que “de las pruebas examinadas no surge que a las mujeres se les obligue a ejercer la prostitución”. El escándalo y el impacto en la opinión pública llevó a derogar la prostitución legal en Buenos Aires.

En nuestros dias

Hasta el día de hoy, el desarrollo de estas redes mafiosas y su enquistamiento en distintos sectores de las clases dominantes y del Estado, hace muy difícil la lucha contra la trata y la explotación de las personas en la prostitución. Pese a que los prostíbulos están prohibidos por la Ley 12.331, la prostitución es actualmente un gran negocio. Los avisos publicitando la actividad se difunden con total impunidad, en todos los medios televisivos y periodísticos: rubros 59-60-61 de Clarín, los de Ámbito Financiero, El Argentino, etc. Se ha montado una “industria del sexo” con “empresarios de la noche” que anuncian en los clasificados y muestran su mercadería. Los cuerpos de mujeres y niñas, son reducidos a objetos que se compran y se venden en el mercado. El capitalismo ha alimentado una cultura del consumo sexual, con la publicidad como soporte. Una publicidad donde, junto a los papeles de consumidora doméstica y de madre, se muestra a la mujer como objeto sexual. En los

medios de comunicación, que ahora incluyen Internet y teléfonos celulares, se utilizan los cuerpos de las mujeres para vender todo tipo de producto. Y junto a la promoción de esos mismos cuerpos como mercancías, presentan a la prostitución como algo deseable, placentero y económicamente conveniente para quienes la ejercen. Así, las leyes son burladas con la anuencia y protección de jueces, policías y funcionarios de diversos organismos y niveles del Estado. En la Argentina del siglo XXI, convertida en destino turístico muy promocionado, crece el “turismo sexual” y los burdeles se enmascaran como “eros center”, saunas, casas de masajes, bares, pubs, etc.- para ser “habilitados” en cada municipio con abierta complicidad de funcionarios, policías y jueces. En San Miguel de Tucumán hay 32 prostíbulos habilitados por la Municipalidad y el Instituto Provincial de Lucha contra el Alcoholismo (IPLA) bajo la fachada de bares. La mayoría de los dueños son policías. Carlos Garmendia, abogado de la Fundación María de los Ángeles, afirma que “la prostitución es una fuente de ingreso de la ‘caja negra’ de la policía, a través de coimas o favores”. Agrupaciones feministas denuncian que los funcionarios políticos, los jueces y las fuerzas de se-


ncas a l b e d a t a Tr su historia en la Argentina A fines del siglo XIX, aprovechando las grandes corrientes inmigratorias, hizo eclosión la llamada “trata de blancas”. Esta denominación vinculaba la nueva forma de trata de personas – mujeres blancas, europeas, esclavizadas en la prostitución- con el anterior comercio de esclavos “negros” traídos por la fuerza desde África. La esclavitud estaba prohibida expresamente por el artículo 15 de la Constitución Nacional sancionada en 1853. Sin embargo, al amparo de los distintos poderes del Estado, la realidad fue, y sigue siendo, otra. En 1875 se reglamentó la prostitución en Buenos Aires, considerada un “mal necesario”, un “servicio público”. La actividad se ejercía bajo control municipal y fichas policiales. La mujer que admitía su “oficio” debía ser mayor de 18 años pero, al mismo tiempo, la ley local autorizaba el ejercicio de la prostitución a niñas menores de edad si habían sido “iniciadas” tempranamente. En los años de la Argentina oligárquica, el proxenetismo fue aceptado y legalizado. La reglamentación estatal, favorecía la “trata de blancas”. Junto al aluvión de inversiones extranjeras que convirtieron a la Argentina en un país dependiente, se expandió el tráfico internacional de mujeres. En la Argentina de principios del siglo XX, con sus contrastes de miseria y explotación y de opulencia oligárquica, la prostitución crecía con el intenso tráfico de mujeres traídas desde Europa. Buenos Aires pasó a ser uno de los centros mundiales de ese “comercio”. Existían los “cabarets”, frecuentados por “la gente bien” y los

burdeles que funcionaban sin descanso en cada pueblo, sobre todo cuando se concentraban los cosecheros. El Estado controlaba esta “actividad” y percibía un tributo de las organizaciones de proxenetas, convirtiéndose en socio, beneficiario y cómplice. Denunciando esta realidad, el Primer Congreso Femenino Internacional de 1910, convocado en Buenos Aires, aprobó el “voto de protesta” formulado por la Dra. Julieta Lanteri en estos términos: “La prostitución debe desaparecer (…) Si este mal existe es porque los gobiernos no se preocupan por extirparlo y puede decirse que lo explotan, desde que lo reglamentan y sacan impuestos de él. Hago pues una moción para que el Congreso formule un voto de protesta contra la tolerancia de los gobiernos al sostener y explotar la prostitución femenina, que es para la mujer moderna su mayor dolor y su mayor vergüenza.”(…) “No las considero responsables sino las víctimas de la falta de previsión y de amor que muestran las leyes y las costumbres, creadas por la preponderancia del pensamiento masculino en la orientación de los destinos del pueblo.” En 1930, a raíz de la valiente denuncia de Raquel Liberman, se dictó prisión preventiva contra 108 dueños de prostíbulos. Pero en enero de 1931 quedaron en libertad: la Cámara de Apelaciones concluyó que “de las pruebas examinadas no surge que a las mujeres se les obligue a ejercer la prostitución”. El escándalo y el impacto en la opinión pública llevó a derogar la prostitución legal en Buenos Aires.

En nuestros dias

Hasta el día de hoy, el desarrollo de estas redes mafiosas y su enquistamiento en distintos sectores de las clases dominantes y del Estado, hace muy difícil la lucha contra la trata y la explotación de las personas en la prostitución. Pese a que los prostíbulos están prohibidos por la Ley 12.331, la prostitución es actualmente un gran negocio. Los avisos publicitando la actividad se difunden con total impunidad, en todos los medios televisivos y periodísticos: rubros 59-60-61 de Clarín, los de Ámbito Financiero, El Argentino, etc. Se ha montado una “industria del sexo” con “empresarios de la noche” que anuncian en los clasificados y muestran su mercadería. Los cuerpos de mujeres y niñas, son reducidos a objetos que se compran y se venden en el mercado. El capitalismo ha alimentado una cultura del consumo sexual, con la publicidad como soporte. Una publicidad donde, junto a los papeles de consumidora doméstica y de madre, se muestra a la mujer como objeto sexual. En los

medios de comunicación, que ahora incluyen Internet y teléfonos celulares, se utilizan los cuerpos de las mujeres para vender todo tipo de producto. Y junto a la promoción de esos mismos cuerpos como mercancías, presentan a la prostitución como algo deseable, placentero y económicamente conveniente para quienes la ejercen. Así, las leyes son burladas con la anuencia y protección de jueces, policías y funcionarios de diversos organismos y niveles del Estado. En la Argentina del siglo XXI, convertida en destino turístico muy promocionado, crece el “turismo sexual” y los burdeles se enmascaran como “eros center”, saunas, casas de masajes, bares, pubs, etc.- para ser “habilitados” en cada municipio con abierta complicidad de funcionarios, policías y jueces. En San Miguel de Tucumán hay 32 prostíbulos habilitados por la Municipalidad y el Instituto Provincial de Lucha contra el Alcoholismo (IPLA) bajo la fachada de bares. La mayoría de los dueños son policías. Carlos Garmendia, abogado de la Fundación María de los Ángeles, afirma que “la prostitución es una fuente de ingreso de la ‘caja negra’ de la policía, a través de coimas o favores”. Agrupaciones feministas denuncian que los funcionarios políticos, los jueces y las fuerzas de se-


guridad son parte del negocio, que aportan la documentación falsa a las mujeres y avisan antes de las inspecciones o allanamientos. Aprovechándose de una situación de vulnerabilidad, producto de la pobreza y la falta de perspectivas, las mujeres son reclutadas mediante engaños y violencia y forzadas a ejercer la prostitución. En 2009, la fundación La Alameda denunció la existencia de trata de personas y reducción a servidumbre para ejercer la prostitución en Río Gallegos, provincia de Santa Cruz. En dos manzanas del barrio “la Terminal”, en 35 locales que figuraban como domicilios particulares conocidos como Las Casitas, “trabajaban” alrededor de 200 chicas, entre ellas muchas menores; algunas traídas

desde provincia del norte y otras, desde países limítrofes o centroamericanos. La policía “cerraba” cada día los locales a las 8 de la mañana. Chicas y “clientes” consumían alcohol y cocaína. La lata de cerveza se vendía a 50 pesos y por 20 0 30 pesos más el cliente podía invitar a una chica y “manosearla”. En adelante las tarifas llegaban a los 600 pesos la hora. Las mujeres no recibían nada de este dinero; tampoco podían salir, sometidas a una eterna esclavitud “por deudas”. En un video difundido por los investigadores aparece el jefe de la Policía hablando con la madama en una de esas casas. Un día después de la denuncia sobre explotación sexual en “Las Casitas”, el gobernador Peralta declaró que esa zona de prostíbulos “son parte de la cultura local”.

La naturalización:

¿

?

la prostitucion es trabajo

Quienes presentan a la prostitución como un posible ejercicio de la libertad individual, como una expresión de la “libertad sexual”, aceptan una sexualidad basada en el dominio masculino y naturalizan la cosificación del cuerpo de una persona. Enviando mensajes de resignación ante las lacras que presenta el mundo “globalizado”, se nos dice que nos toca vivir en una época donde el mercado domina todo y puede, por eso, convertir en mercancía también a los seres humanos, dado que existe oferta y demanda de todo tipo de “trabajo”.

Las mujeres no “se prostituyen”, son prostituidas: en forma inmediata, por clientes y proxenetas protegidos por el Estado pero, a la vez, son compelidas por necesidades económicas, por presiones y violencias de todo tipo y por los mensajes culturales sobre las “necesidades” de los varones y por las ideas de que “una mujer siempre tiene algo para vender”. Compelidas, en suma, por un sistema social, económico, político e ideológico -sostenido por las clases dominantes- que es el que genera tanto la “oferta” como la “demanda” de prostitución y lucra con ella.

Sin embargo, la prostitución no es un trabajo. No es lo mismo vender la fuerza de trabajo que mercantilizar el propio cuerpo y la propia sexualidad. La intimidad, la identidad y el ejercicio voluntario de la sexualidad –que atañe a los aspectos más profundos de las personas- son necesidades básicas del ser humano.

Es cada vez más visible que desde los poderes del Estado y sus instituciones se ejerce una coerción física e ideológica muy fuerte dirigida a naturalizar todas las violencias contras las mujeres, a mantener el supuesto derecho masculino a la compra y explotación sexual de mujeres y menores, y a “dejar hacer” a proxenetas, clientes, violadores, tratantes, etc.

La complicidad policial

En el 2007 Anibal Fernandez, Ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, crea la División de Trata de Personas de la Policía Federal, a cargo de Jorge Omar Fernández. Nancy Miño, una mujer policía, lo denuncia por permitir prostíbulos y falsear pruebas a cambio de coimas en la Provincia de Buenos Aires y Capital Federal. La actual ministra de Seguridad Nilda Garré no sólo mantiene a Omar Fernandez en su puesto sino que lo pone a cargo de una capacitación de la Policía Federal sobre “El delito de Trata de Personas y la asistencia a las víctimas”.


guridad son parte del negocio, que aportan la documentación falsa a las mujeres y avisan antes de las inspecciones o allanamientos. Aprovechándose de una situación de vulnerabilidad, producto de la pobreza y la falta de perspectivas, las mujeres son reclutadas mediante engaños y violencia y forzadas a ejercer la prostitución. En 2009, la fundación La Alameda denunció la existencia de trata de personas y reducción a servidumbre para ejercer la prostitución en Río Gallegos, provincia de Santa Cruz. En dos manzanas del barrio “la Terminal”, en 35 locales que figuraban como domicilios particulares conocidos como Las Casitas, “trabajaban” alrededor de 200 chicas, entre ellas muchas menores; algunas traídas

desde provincia del norte y otras, desde países limítrofes o centroamericanos. La policía “cerraba” cada día los locales a las 8 de la mañana. Chicas y “clientes” consumían alcohol y cocaína. La lata de cerveza se vendía a 50 pesos y por 20 0 30 pesos más el cliente podía invitar a una chica y “manosearla”. En adelante las tarifas llegaban a los 600 pesos la hora. Las mujeres no recibían nada de este dinero; tampoco podían salir, sometidas a una eterna esclavitud “por deudas”. En un video difundido por los investigadores aparece el jefe de la Policía hablando con la madama en una de esas casas. Un día después de la denuncia sobre explotación sexual en “Las Casitas”, el gobernador Peralta declaró que esa zona de prostíbulos “son parte de la cultura local”.

La naturalización:

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la prostitucion es trabajo

Quienes presentan a la prostitución como un posible ejercicio de la libertad individual, como una expresión de la “libertad sexual”, aceptan una sexualidad basada en el dominio masculino y naturalizan la cosificación del cuerpo de una persona. Enviando mensajes de resignación ante las lacras que presenta el mundo “globalizado”, se nos dice que nos toca vivir en una época donde el mercado domina todo y puede, por eso, convertir en mercancía también a los seres humanos, dado que existe oferta y demanda de todo tipo de “trabajo”.

Las mujeres no “se prostituyen”, son prostituidas: en forma inmediata, por clientes y proxenetas protegidos por el Estado pero, a la vez, son compelidas por necesidades económicas, por presiones y violencias de todo tipo y por los mensajes culturales sobre las “necesidades” de los varones y por las ideas de que “una mujer siempre tiene algo para vender”. Compelidas, en suma, por un sistema social, económico, político e ideológico -sostenido por las clases dominantes- que es el que genera tanto la “oferta” como la “demanda” de prostitución y lucra con ella.

Sin embargo, la prostitución no es un trabajo. No es lo mismo vender la fuerza de trabajo que mercantilizar el propio cuerpo y la propia sexualidad. La intimidad, la identidad y el ejercicio voluntario de la sexualidad –que atañe a los aspectos más profundos de las personas- son necesidades básicas del ser humano.

Es cada vez más visible que desde los poderes del Estado y sus instituciones se ejerce una coerción física e ideológica muy fuerte dirigida a naturalizar todas las violencias contras las mujeres, a mantener el supuesto derecho masculino a la compra y explotación sexual de mujeres y menores, y a “dejar hacer” a proxenetas, clientes, violadores, tratantes, etc.

La complicidad policial

En el 2007 Anibal Fernandez, Ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, crea la División de Trata de Personas de la Policía Federal, a cargo de Jorge Omar Fernández. Nancy Miño, una mujer policía, lo denuncia por permitir prostíbulos y falsear pruebas a cambio de coimas en la Provincia de Buenos Aires y Capital Federal. La actual ministra de Seguridad Nilda Garré no sólo mantiene a Omar Fernandez en su puesto sino que lo pone a cargo de una capacitación de la Policía Federal sobre “El delito de Trata de Personas y la asistencia a las víctimas”.


a h c u l La

contra la trata

La Red No a la Trata comenzó a funcionar en 2004 y realizó distintas actividades denunciando la desaparición de mujeres y niñas por las redes de prostitución; en el 2006 se opuso al proyecto de ley que pretendía reglamentar la prostitución en la Ciudad de Buenos Aires y se opuso a la ley de trata sancionada en el 2008. En junio de 2007, en la ciudad de Buenos Aires se lanzó la campaña en curso, cuyo lema es Ni una mujer más víctima de las redes de prostitución. La Campaña ha contribuido a instalar el debate sobre la trata y la prostitución. Se ha roto el silencio y se aúnan esfuerzos que favorecen la lucha de las mujeres y fortalecen el camino de las luchas populares, trabajando en todos los terrenos para terminar con las condiciones económicas, sociales, jurídicas, políticas, institucionales y culturales que sostienen la opresión y la violencia contra mujeres y niñas/os. La actual ley de Trata (n° 26364) impulsada por el kirchnerismo y sancionada en 2008 que condena la trata de personas en la Argentina, es una ley tramposa. Sólo considera delito la explotación de la prostitución de menores de 18 años, casos en los que fija penas de hasta 15 años. Para las mayores de 18 años, se distingue entre prostitución “forzada” o “consentida”. La víctima está obligada a demostrar que

existió coerción, que no consintió con su propia esclavitud y las penas fijadas en estos casos son de 3 a 6 años, siendo penas excarcelables. No apunta al desmantelamiento de las redes, porque no le incauta los bienes a los proxenetas (por lo que la base económica de estas redes sigue intacta) ni condena a los diarios, sitios web e imprentas que reciben fortunas por la publicidad de un negocio ilegal. Al distinguir entre prostitución “voluntaria” o forzada, entre niñas o adultas, pobres o en circuitos de lujo, la propia ley introduce la idea de que la prostitución es un trabajo, una profesión que puede elegirse libremente y que hay una trata legítima, dando una vía de impunidad a los tratantes, gerentes de prostíbulos y sus cómplices en el poder. La legislación sobre la trata debe considerar que todas las víctimas son inocentes; que ninguna persona puede consentir su propia explotación; que la minoridad o el uso de medios de coerción son agravantes del delito. La definición de trata debe decir claramente que el delito se configura aunque la víctima haya prestado su consentimiento, cualquiera sea su edad. Proxenetas y explotadores son delincuentes por sus acciones y no por hechos o condiciones de la víctima.

Varones y mujeres somos social, política y económicamente desiguales en una sociedad que se basa en la explotación de clases, consolida las desigualdades de género y promueve los pactos patriarcales entre varones que consagran su “derecho” a disponer de los cuerpos de las mujeres. La posición social, el lugar dentro de la familia, los mensajes culturales, los mandatos impuestos, limitan o impiden las posibilidades de un “consentimiento prestado en libertad”. En abril de este año, el kirchnerismo dejó sin quórum la sesión de la cámara de diputados que iba a tratar la modificación de la ley actual. El Estado no persigue a los explotadores ni respeta los derechos humanos de las víctimas. Por el contrario, ampara el funcionamiento de este millonario sistema de explotación; crea y sostiene todos los mecanismos de control sobre las personas y mantiene todas las condiciones que llevan a miles de mujeres a encontrarse en prostitución. La Trata es un producto específico de las desigualdades de clase y de género, en las que descansa este sistema económico. La complicidad y/o participación manifiesta de funcionarios de todos los poderes del Estado asegura impunidad a estas redes. La trata es un negocio millonario, uno de los más crueles, pero uno de los tantos negocios que sostienen al sistema capitalista imperialista. En la división del mundo entre países opresores y oprimidos, a los países dependientes como la Argentina les toca la peor parte de esta cadena, así como nos toca la peor parte de la explotación, la tercerización y la flexibilización laboral. Para terminar con la trata tenemos

que luchar por cambiar de fondo este sistema económico que es el que la impulsa, la sostiene y la reproduce. No vamos a destruir esa cadena de policías, funcionarios y explotadores sexuales si no destruimos este Estado que funciona de gerente de los monopolios imperialistas, que profundiza la dependencia de nuestro país y cuyas fuerzas represivas corruptas están al servicio de sostener esa dominación. Recién con un Estado de nuevo tipo, con el pueblo en el poder gobernando en función de sus necesidades, podremos romper las cadenas que atan a las mujeres a este tipo de esclavitud y al conjunto del pueblo a las miserias de la dependencia y la explotación. Por eso, la lucha contra los responsables de la prostitución y la trata de mujeres y sus cómplices, es parte inseparable de las luchas populares por terminar con las condiciones económicas, sociales, jurídicas, políticas, institucionales y culturales que propician la opresión de mujeres y niños, su esclavización y explotación sexual en todo el mundo.


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contra la trata

La Red No a la Trata comenzó a funcionar en 2004 y realizó distintas actividades denunciando la desaparición de mujeres y niñas por las redes de prostitución; en el 2006 se opuso al proyecto de ley que pretendía reglamentar la prostitución en la Ciudad de Buenos Aires y se opuso a la ley de trata sancionada en el 2008. En junio de 2007, en la ciudad de Buenos Aires se lanzó la campaña en curso, cuyo lema es Ni una mujer más víctima de las redes de prostitución. La Campaña ha contribuido a instalar el debate sobre la trata y la prostitución. Se ha roto el silencio y se aúnan esfuerzos que favorecen la lucha de las mujeres y fortalecen el camino de las luchas populares, trabajando en todos los terrenos para terminar con las condiciones económicas, sociales, jurídicas, políticas, institucionales y culturales que sostienen la opresión y la violencia contra mujeres y niñas/os. La actual ley de Trata (n° 26364) impulsada por el kirchnerismo y sancionada en 2008 que condena la trata de personas en la Argentina, es una ley tramposa. Sólo considera delito la explotación de la prostitución de menores de 18 años, casos en los que fija penas de hasta 15 años. Para las mayores de 18 años, se distingue entre prostitución “forzada” o “consentida”. La víctima está obligada a demostrar que

existió coerción, que no consintió con su propia esclavitud y las penas fijadas en estos casos son de 3 a 6 años, siendo penas excarcelables. No apunta al desmantelamiento de las redes, porque no le incauta los bienes a los proxenetas (por lo que la base económica de estas redes sigue intacta) ni condena a los diarios, sitios web e imprentas que reciben fortunas por la publicidad de un negocio ilegal. Al distinguir entre prostitución “voluntaria” o forzada, entre niñas o adultas, pobres o en circuitos de lujo, la propia ley introduce la idea de que la prostitución es un trabajo, una profesión que puede elegirse libremente y que hay una trata legítima, dando una vía de impunidad a los tratantes, gerentes de prostíbulos y sus cómplices en el poder. La legislación sobre la trata debe considerar que todas las víctimas son inocentes; que ninguna persona puede consentir su propia explotación; que la minoridad o el uso de medios de coerción son agravantes del delito. La definición de trata debe decir claramente que el delito se configura aunque la víctima haya prestado su consentimiento, cualquiera sea su edad. Proxenetas y explotadores son delincuentes por sus acciones y no por hechos o condiciones de la víctima.

Varones y mujeres somos social, política y económicamente desiguales en una sociedad que se basa en la explotación de clases, consolida las desigualdades de género y promueve los pactos patriarcales entre varones que consagran su “derecho” a disponer de los cuerpos de las mujeres. La posición social, el lugar dentro de la familia, los mensajes culturales, los mandatos impuestos, limitan o impiden las posibilidades de un “consentimiento prestado en libertad”. En abril de este año, el kirchnerismo dejó sin quórum la sesión de la cámara de diputados que iba a tratar la modificación de la ley actual. El Estado no persigue a los explotadores ni respeta los derechos humanos de las víctimas. Por el contrario, ampara el funcionamiento de este millonario sistema de explotación; crea y sostiene todos los mecanismos de control sobre las personas y mantiene todas las condiciones que llevan a miles de mujeres a encontrarse en prostitución. La Trata es un producto específico de las desigualdades de clase y de género, en las que descansa este sistema económico. La complicidad y/o participación manifiesta de funcionarios de todos los poderes del Estado asegura impunidad a estas redes. La trata es un negocio millonario, uno de los más crueles, pero uno de los tantos negocios que sostienen al sistema capitalista imperialista. En la división del mundo entre países opresores y oprimidos, a los países dependientes como la Argentina les toca la peor parte de esta cadena, así como nos toca la peor parte de la explotación, la tercerización y la flexibilización laboral. Para terminar con la trata tenemos

que luchar por cambiar de fondo este sistema económico que es el que la impulsa, la sostiene y la reproduce. No vamos a destruir esa cadena de policías, funcionarios y explotadores sexuales si no destruimos este Estado que funciona de gerente de los monopolios imperialistas, que profundiza la dependencia de nuestro país y cuyas fuerzas represivas corruptas están al servicio de sostener esa dominación. Recién con un Estado de nuevo tipo, con el pueblo en el poder gobernando en función de sus necesidades, podremos romper las cadenas que atan a las mujeres a este tipo de esclavitud y al conjunto del pueblo a las miserias de la dependencia y la explotación. Por eso, la lucha contra los responsables de la prostitución y la trata de mujeres y sus cómplices, es parte inseparable de las luchas populares por terminar con las condiciones económicas, sociales, jurídicas, políticas, institucionales y culturales que propician la opresión de mujeres y niños, su esclavización y explotación sexual en todo el mundo.


Boletín de deBate

trata de mujeres

Movilización estudiantil contra las Redes de Trata en Once

desmantelamiento ya de las redes de trATA pcrcentrocapital.blogspot.com JUVENTUD COMUNISTA REVOLUCIONARIA

JCR

ZONA CENTRO CApITAL FEDERAL

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Boletín sobre la Trata - JCR Zona Centro Capital - 2011  

Boletín sobre la Trata - JCR Zona Centro Capital - 2011. La trata de personas se ha extendido en forma alarmante en los últimos quince o v...

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