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Algunos elementos en la lucha contra la drogadicción y el alcoholismo. Documento de la JCR leído en la “Jornada nacional de análisis y debate sobre drogadicción y alcoholismo”. 13 y 14 de diciembre de 2003

[Respetamos al transcribir la lectura del documento, lo que está en negrita y en bastardilla]. “La droga es una de las lacras de la sociedad capitalista. Es un gran negocio, dirigido y estimulado por resortes de los Estados imperialistas, que mueve miles de millones de dólares al año (se estima en 600.000 millones de dólares la ganancia en la calle por año en todo el mundo, siendo el segundo mercado después del de las armas). Se entrelaza con el Estado nacional y con los provinciales, destacándose la policía y la gendarmería en el control del narcotráfico en diferentes niveles, desde los pibes que “tienen agarrados” con la venta de droga, los “dealers”, los “barras”, algunos “punteros” que venden, etcétera. Este es el primer entramado y la línea divisoria con el Estado que nos aparece en los barrios, ya que el control es “casi” total por parte de la policía; desde allí podemos “escalar” hasta llegar a algún político burgués”. Gustavo F: Bueno, se podría recordar algún escándalo como los que hemos visto. Se acuerdan del Operativo Langostino y todos esos escándalos de la droga, se pueden citar un montón (continúa la lectura). “Marcamos una línea divisoria entre quien vende la droga y quien la compra, ya que las razones por las que unos recurren a la venta y otros a la compra son diferentes. Los que venden son un eslabón de una gran cadena de comercio que maneja miles de millones de dólares. Y los jóvenes que recurren a las drogas lo hacen por diversas razones, como por ejemplo el escape ante una situación de desesperanza, por citar sólo una. “Es en ese gran negocio donde las clases dominantes impregnan con su ideología. Es un negocio muy rentable y cumple un rol social, comprobado, principalmente sobre los jóvenes, ya que los efectos ayudan a profundizar la política de hambre y sumisión nacional. “El alcohol y la droga hacen estragos entre los jóvenes; las clases dominantes siempre los han utilizado para desviar de la lucha a los jóvenes. ¿En qué consiste esto? En que van de la mano por un lado las políticas que dejan a miles de jóvenes en la calle, sin trabajo, y por otro se fomenta el consumo de alcohol, la vida “fácil”, el individualismo, la falta de solidaridad, el no te metás; nos meten el alcohol y la droga en la vida cotidiana, en el deporte, la cultura, el estudio, etcétera. Miles utilizan drogas para evadir la realidad “aunque más no sea por un momento”, miles acuden al alcohol ligado a la diversión; pero éstos son sólo el principio del camino, luego viene la necesidad de convivir con ellos… vienen las adicciones. “Es común ver las barritas en las esquinas de los barrios; miles se pasan gran parte del día sin hacer nada, otros salen a “cartonear” y otros luchan junto a los piqueteros. En cada uno de estos grupos están presentes la droga y el alcohol, ya que es un fenómeno que castiga a las grandes masas de jóvenes. En general estos contingentes tienen como características el descreimiento en el gobierno, en “la política”, el odio a la cana, al “gatillo fácil”, pero predomina más el escepticismo que la lucha por darle una salida a la situación en la que viven. “En general la gran mayoría de estos jóvenes ven con simpatía y respeto a los que “del mismo palo” encontraron la salida de la lucha, los miran como “uno de ellos” que pudo salir, pero no se vuelve en contra de ellos. Muchos jóvenes se suman a las iniciativas de lucha de la CCC, y respetan en la ruta los acuerdos tomados por el conjunto de que no haya drogas ni alcohol. “En muchos barrios los pibes van cambiando a medida que entran a trabajar. Junto con esto es imprescindible que la JCCC se transforme en la gran herramienta juvenil de masas en cada lugar que impulse, por ejemplo: la defensa del hospital público, donde los pibes puedan acudir a recibir ayuda, junto con la conformación de centros de salud en los barrios, trabajando en conjunto con médicos, psicólogos, abogados, estudiantes de medicina, psicología, trabajo social, derecho, etc ”. Gustavo F: Ahí se podría agregar que impulsen también, como parte de la línea el trabajo deportivo, fundamental en los jóvenes; que está desarrollado en el escrito, pero impulsarlo como parte de la línea de la lucha contra la drogadicción y el alcoholismo (continúa la lectura).

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“Cientos de pibes saben que en los campamentos del MUS y de la CEPA no se consumen drogas y que el uso de alcohol está limitado en este último y no se consume en el del MUS, y no por esto dejan de ser masivos. Esto es importante, ya que son pasos para impulsar iniciativas colectivas en los barrios, los colegios y las facultades, que apunten a que esos jóvenes vayan recorriendo otro camino, que encuentren en la lucha por cambiar esta realidad su verdadero estimulo. “La marihuana y los efectos sobre la salud. Polémicas “Es común en el debate sobre la droga –no sucede así con el alcohol– escuchar que “la marihuana no genera adicciones”, “que hace menos daño que el cigarrillo si se la fuma de vez en cuando”, “que muchos la controlan”, etcétera. “Es una verdad que el tabaco daña seriamente el organismo; podemos afirmar que la nicotina causa cierto grado de dependencia en el organismo y que sus componentes químicos son nocivos para el mismo. “No reivindicamos –sí impulsamos una vida sana– el fumar en los jóvenes; y sabemos además las fabulosas ganancias de las empresas monopólicas tabacaleras. “Entonces, ¿cuáles son las diferencias con la marihuana? “Un fumador de tabaco lleva en su contra el daño a su organismo. Su estado físico se deteriora mucho más que en una persona no fumadora, sus arterias conducen con mayor dificultad la sangre que va y que bombea el trajinado corazón, sus pulmones se van tapando de nicotina y alquitrán dificultando la oxigenación de la sangre, entre otras cosas, estando esta persona en desventaja física con respecto a otras. “Pero ¿se lo puede igualar con el alcoholismo o la drogadicción? Creemos que no, ya que estos dos factores no sólo dañan el organismo sino que además ni un borracho ni un “fumado” tienen la misma capacidad que alguien con un 100% de su atención y reflejos. Cualquier sustancia que altera las percepciones es invalidante de la autodefensa. Tanto frente a un auto que se nos cruza, como frente a los embates de las fuerzas represivas. La capacidad lúcida de un joven sí es diferente, y esto se nota, entre uno que fuma un cigarrillo de tabaco y uno que fumó marihuana o está alcoholizado. “¿Por qué esto es así? “La función del conocimiento de cada individuo está determinada por múltiples factores. En primer lugar por la edad …” Gustavo F: Ahí se podría poner: “en primer lugar por la práctica social”. Ahí nosotros nos hemos metido en cuestiones científicas, somos unos audaces bárbaros a decir verdad. Pero necesitábamos poner, investigar algo en relación al debate que tiene mucho que ver con lo que está explicado acá (continúa la lectura). “...edad, pero también por la nutrición, el estado de salud, la educación formal recibida, y la constitución genética. Alcanza su máximo al final de la adolescencia. A partir de entonces declina con el envejecimiento.” Gustavo F: En realidad ahí es: “al final de la juventud”, no al final de la adolescencia (continúa la lectura). “Entre los efectos adversos de la marihuana se cita a menudo la afección de la función del conocimiento. Se han descrito dos tipos de efectos. En primer lugar, el agudo. En segundo lugar, se ha descrito un efecto residual (que persiste después de que el THC∗ ha abandonado el sistema nervioso central). Este efecto residual

El agente químico activo principal de la marihuana es el THC (delta-9-tetrahidrocannabinol) Los investigadores han

encontrado que el THC cambia la forma en que la información de los sentidos llega y se procesa en el hipocampo. Esto es un componente del sistema límbico del cerebro que es crucial para el aprendizaje, la memoria y la integración de las experiencias sensoriales con las emociones y las motivaciones. Las investigaciones han demostrado que el THC suprime las neuronas del sistema de procesamiento de información del hipocampo. Además, los investigadores han descubierto que los comportamientos aprendidos, que dependen del hipocampo, también se deterioran. Independientemente del contenido del THC, la cantidad de alquitrán inhalada por las personas que fuman marihuana y el nivel de monóxido de carbono que se absorbe, es de tres a cinco veces más alto que entre las personas que fuman tabaco. Esto se puede deber a que los usuarios de marihuana inhalan más profundamente y mantienen el humo en los pulmones durante más tiempo.

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consiste en pérdida de la atención, de la memoria inmediata y de reflejos psicomotores, y se dice que puede ser de duración corta (unos días), o más duradero. Se ha dicho que en los fumadores crónicos de marihuana la pérdida de las capacidades cognitivas propia del envejecimiento es más rápida que en los no fumadores. “Si bien tanto el tabaco como la marihuana afectan la salud del organismo, la marihuana afecta las capacidades cognoscitivas (conocimiento), manifestándose en la pérdida de la memoria y los reflejos. Nos aparta de la realidad en la vivimos y nos deja indefensos ante nuestros enemigos. “Por otro lado es un mito más que la marihuana no es una puerta de entrada a las drogas más pesadas. Estadísticamente son más los jóvenes que llegaron a consumir otras sustancias como la cocaína luego de haber entrado por la puerta de la marihuana. Justamente este “mito” está hecho a la medida de la teoría de las “drogas blandas” y las “pesadas”, poniendo a la marihuana entre las primeras para justificar su consumo. “El debate sobre la legalización “El consumo de la marihuana es en la mayoría de las provincias de nuestro país de carácter masivo; lo vemos en los barrios, en las canchas, en los bailes, en los colegios y la universidad. No está legalizada por ley, pero es un fenómeno que nos encontramos a cada paso que damos. (gobiernos como el de Mendoza acaban de sacar una reglamentación sobre cómo consumir marihuana de mejor manera, cómo comprar de la buena, o cómo purificarla). Esto no se plantea como algo “ilegal”, todo lo contrario. “Las razones son múltiples, pero el fenómeno es principalmente la expresión de la ruina de una sociedad que está en la madurez de su putrefacción, de un país dependiente del imperialismo asolado por el hambre nunca visto, sin trabajo ni educación para los jóvenes. Esto ha avanzado a niveles jamás conocidos, y la droga y el alcohol lo han hecho al mismo ritmo. “Los que plantean la legalización de la marihuana desde una “apariencia” de izquierda, incluso “antiyanqui”, argumentan que de esa manera “no va a haber “cartels” ni bandas que la controlen”, por lo que van a perder su negocio; “los yanquis van a tener que pagar impuestos que hoy evaden ganando miles de millones de dólares….”. Desde ya estas argumentaciones parten de la base de que, “científicamente”, la marihuana “hace menos daño que el tabaco o igual”, y de que es “justo” tener la “libertad” de “fumarse un porro” cuando uno quiera. “Veamos: estas argumentaciones tan difundidas, a nuestro entender cometen varias equivocaciones. Vamos a partir de que son debates en el campo del pueblo, ya que muchas amistades nuestras utilizan la marihuana…, pero luego vamos a ver a quién se beneficia. “La primera argumentación –para tomar alguna– es en relación a que la “legalización” llevaría a la pérdida del control masivo que hacen los “cartels”, la cana, las bandas, etcétera. Desde ya coincidimos en que éste es un debate en el terreno económico, ya que se manejan miles de millones de dólares. Pero partiendo de este mismo terreno no podemos separar esta discusión del sistema imperialista mundial en que nos encontramos –capitalista en su fase monopolista– como bien lo ha caracterizado Lenin en su libro “El imperialismo, fase superior del capitalismo”, donde afirma entre otras tantas cosas, y nosotros lo vivimos claramente, que la “libre concurrencia” conduce inevitablemente al monopolio. “En nuestro país –un país oprimido por el imperialismo–, las políticas impulsadas por los países imperialistas (y por el socialimperialismo hasta su conversión en imperialismo en 1991), agudizadas con el golpe de Estado de 1976 que impuso la dictadura más sangrienta de nuestra historia, continuadas luego por el gobierno de Alfonsín y posteriormente por el de Menem, condujeron a la creciente concentración monopolista en el acero, aluminio, petróleo, bancos, etcétera; al crecimiento del latifundio, a las privatizaciones con la entrega del patrimonio nacional, para que haya un par de monopolios dueños de los teléfonos, unos pocos dueños del gas y el petróleo, unos pocos dueños de la luz; etcétera. Al crecimiento de una gigantesca deuda pública en beneficio de los poderosos. “La política de Duhalde, luego del Argentinazo, no sólo no tocó los poderosos intereses imperialistas y terratenientes, sino que directamente benefició a grandes sectores de los mismos con numerosas medidas como la devaluación, la pesificación, las “compensaciones” a bancos, y muchas otras. Y lo mismo está sucediendo con

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el gobierno de Kirchner, que firmó un acuerdo entreguista con el FMI y no toca sino que continúa beneficiando esos intereses. “Esa tan mentada “libertad de mercado” es en realidad la creciente concentración y dominio monopólico, el control de la economía por unos pocos poderosos monopolios imperialistas y grandes terratenientes. ¿Por qué va a ser diferente en el terreno de la droga? Así es hoy en día con los medicamentos ¿Cuántos laboratorios imperialistas controlan los psicofármacos? ¿Cuántos controlan el tabaco de uso libre? “Este debate, como vemos, no es un debate sólo en el terreno económico; debe serlo también en el terreno político y social, ya que en todas estas “transacciones” el Estado aparece como el “regulador”, el dueño del circo. Sería erróneo separar la droga del papel del Estado oligárquico-imperialista, un Estado que surge por el carácter irreconciliable de las clases sociales, el Estado de unas clases para oprimir a otras. Que controla, como argumentamos en la introducción, los resortes claves de la distribución y el manejo de las drogas a través de diferentes departamentos, desde el más grande al más chico; desde las aduanas y las fuerzas de seguridad como la policía y la gendarmería en la frontera, hasta las leyes vigentes que sólo castigan al pibe que consume. “En los diez años de la ley que está vigente en nuestro país, se sacó la estadística de que el 90% de las causas se iniciaron por dosis mínimas y en operativos callejeros. O sea que de los grandes peces, los narcotraficantes, o de algunos políticos, jueces de la burguesía o monopolios que lucran con la droga, poco y nada. Por lo tanto reclamar la “legalización” a este Estado, en este sistema, es otorgarle “más responsabilidad al lobo para que cuide las ovejas”. Ya que la droga y el alcohol se desarrollan entre las masas populares como uno de los instrumentos eficaces para su división, que facilite la profundización de la opresión de las clases dominantes. “Por otro lado se argumenta que si se “blanquean” o legalizan las drogas, los que “lucran” con este negocio perderían miles de millones porque deberían pagar impuestos. Lo único que podemos afirmar es que los miles de millones de dólares que hacen con la droga no los logran por “evadir” impuestos, sino por la venta y la masividad de su consumo. “Por último se nos habla de la “libertad”. Sin lugar a dudas son argumentos enraizados en las “libertades individuales” burguesas, que impregnan ideológicamente esta sociedad, y que en la época del imperialismo, reaccionaria en toda la línea −y más aún en un país oprimido como es el nuestro−, benefician a una ínfima minoría. Argumentos que niegan o reniegan de una sociedad dividida en clases sociales, donde vale preguntarse: ¿cuál es “la libertad” del joven proletario?, ¿cuál la del desocupado?, ¿cuál la del joven campesino?, ¿cuál la de la mayor parte de los estudiantes?, ¿cuál la de la inmensa mayoría de las masas oprimidas de nuestro país? ¿La de poder emborracharse o drogarse cuando se quiera? ¿La libertad para no rebelarnos reforzando la dependencia y la opresión? No, no podemos hablar de verdadera libertad para los oprimidos en esta sociedad, con este sistema. “El debate sobre la despenalización: Estamos en contra de la Ley 23.737 de tenencia, suministro y tráfico de estupefacientes, que rige desde el año 1989 en nuestro país; ya que en lo fundamental toma por igual a un narcotraficante que a un pibe que consume un porro de marihuana, pero los únicos que “pagan” son los pibes que consumen.” Gustavo F: Ahí no está puesto pero nosotros habíamos visto como aproximación, porque éste es un tema delicado. Tampoco es que tenemos un conocimiento profundo de la ley ésta. Que partiendo de la base de que estamos en contra de esta ley y que estamos en contra de la penalización al pibe que consume, a la vez estamos en contra de la legalización de la droga; porque eso muchas veces se plantea y viene de contrabando, por decirlo de alguna manera. Cuando argumentan, por ejemplo, que se está en contra de la penalización al pibe que consume, se aprovechan para argumentar la legalización de la droga. Y nosotros ahí lo que aproximamos en relación a la discusión, en la dirección nacional de la Juventud, es que estamos en contra de esa ley, estamos en contra de la penalización al pibe que consume, pero a la vez estamos en contra de la legalización de la droga (continúa la lectura). “Y esto es así por lo mencionado más arriba: porque la droga es un instrumento de las clases dominantes que controlan el Estado y un negocio multimillonario que maneja el narcotráfico. Por esta misma razón no

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compartimos posturas como la de la FJC o López Murphy, que sostienen que despenalizando el consumo y “dejando el Estado de estar ausente”, se irá solucionando el problema. El tema es delicado y no creemos que sea la falacia de la eliminación de la “falta de voluntad del Estado”, ¡de este Estado!, la solución para este drama que golpea a la juventud. “En la lucha por terminar con este Estado preñado de corrupción, que protege a los “narcos”, el lavado de dinero, etcétera, debemos exigir la atención gratuita por parte del gobierno para los jóvenes que se quieran recuperar en los hospitales y centros de salud, controlados por las organizaciones barriales, de desocupados, de trabajadores y profesionales de la salud, etcétera. En esto tenemos en cuenta que es el mismo Estado que dicta leyes como la 23.737, y a su vez tiene organizados los mecanismos de recuperación poniendo como centro del problema a la familia. “Tenemos que avanzar en la autodefensa de masas en los barrios para escrachar a los que venden drogas a los pibes en los barrios, independiente de la cana y las fuerzas de seguridad. En esto es muy importante hacerlo de masas y no “descolgarse”, ya que en la mayoría de los casos tratamos con mafias entrelazadas con la policía. Los movimientos y puebladas que se van desarrollando contra la inseguridad son aptos para trabajar en este terreno. Todo esto en el camino de abonar la lucha por la revolución para terminar con esta lacra de la droga.

“El alcoholismo “La lucha contra el alcoholismo ha tomado trascendental importancia para la juventud. Es una de las adicciones más grandes que golpea a los jóvenes. “Se estima que el número de enfermos alcohólicos en el país es de alrededor del 15 % de la población total; es decir, alrededor de 4.000.000 de habitantes. El 30 % de las internaciones en las salas de hombres de los hospitales psiquiátricos corresponde a los enfermos alcohólicos. “La Argentina tiene un consumo de vino aproximadamente de 80 l/hab./año, por lo que ocupa el primer lugar en América y el cuarto en el resto del mundo (detrás de Francia, Italia y España). “La ingestión habitual de pequeñas cantidades de alcohol en nuestro medio es frecuente sobre todo en familias de zonas rurales y entre los habitantes de viviendas y barrios más pobres, en los cuales el 50 % de los menores de 12 años. “En la adolescencia las mujeres igualaron a los hombres en el consumo. “Estadísticamente está comprobado que el alcohol es una de las puertas de entrada más importante a las drogas. “Sin duda estos datos nos muestran de qué manera el alcohol golpea sobre nuestro pueblo. Es el “alimento” barato que se encuentra en cualquier parte de nuestro país. Podrán aplicar la ley seca como en la Capital Federal pero no atenuarán la ingesta de alcohol entre los más jóvenes. Las causas son de carácter social y son instrumentadas por las grandes bodegueras como un negocio fabuloso con carácter de clase, ya que hay vinos para diferentes clases sociales. Los masivos son los de 1$ el litro, y son los que las clases dominantes utilizan para inundarlo entre las masas más explotadas. “Una cerveza o vino del barato está más barato que un litro de leche o un kilo de carne. Esto conlleva dos características: por un lado el negocio para los monopolios del vino, ya que su manufactura es por demás económica, súper fraccionada y de baja calidad; y por otro la característica de inundar, entrelazándose con la acción del Estado, que fomenta su masificación entre los jóvenes con todos los mecanismos que controla, como la TV, la radio y los diarios, como forma de contrarrestar la rebeldía por el hambre, la falta de trabajo, de

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estudio, etcétera. El bajo costo de los mismos facilita el alto grado de consumo y, junto con esto, una masiva campaña en los medios y en la calle lleva a que miles de jóvenes accedan de manera temprana a las bebidas alcohólicas. “Vivimos en una sociedad que da facilidad para el consumo de alcohol; la aceptación social de su consumo es notable con respecto a las drogas, por ejemplo. Y es más abiertamente instrumentado por las clases dominantes. Es natural ver a equipos de fútbol con sus camisetas estampadas con propagandas de cervezas o vinos. El uso de los medios masivos de comunicación social es determinante para la adquisición de diferentes productos nocivos para la salud, relacionando los productos con personajes televisivos que reflejan una realidad imaginaria al televidente, o con el deporte, a través de propagandas subliminales. “En muchas provincias el alcoholismo se transformó en el principal problema de salud existente. “En muchos lugares de trabajo como la construcción o el trabajo rural, el alcohol “corre” casi abiertamente, permitido por los patrones y el sindicato. En los barrios los pibes se reagrupan en barritas para consumir cerveza o vino, ya que: "Existe una relación entre la ingesta de alcohol y la conducta de grupos de pibes, al tiempo que éstos seleccionan su grupo de iguales en función de la similitud con el mismo, lo que refuerza sus propias normas de conducta"; y nos da la pauta para un tratamiento colectivo hacia ellos, rompiendo “el camino individual” para salir, planteando el problema social en primera instancia, y la lucha por estar lúcido para luchar por el trabajo y la educación, estableciendo de esta manera la batalla ideológica para ganar a los pibes. “La diversión está vinculada directamente a la consumición de alcohol o a “ponerse en pedo”; en muchos lugares se mezcla el alcohol con “pastas” (pastillas) como el Reinol causando graves efectos en los pibes. Esto tiene que ver también con el mensaje elaborado que liga la diversión con el alcohol y la droga. Gran cantidad de delitos están vinculados al consumo de drogas o alcohol, muchos jóvenes salen a delinquir luego de haber consumido drogas o estando alcoholizados. “Tendríamos que preguntarnos por qué los jóvenes acuden a la marihuana o al alcohol para pasarla bien y divertirse”. O por qué para algunos es una “fuente de inspiración” para “ser creativos en el desarrollo del arte”, por ejemplo. La cuestión muchas veces pasa porque la realidad en que vivimos no nos incentiva hacia la diversión o la alegría. Esto tiene algo de verdad, ya que la realidad es muy dura y dramática la mayoría de las veces, pero lo verdaderamente interesante y optimista es plantearse luchar para cambiar esa realidad. No podemos tomar como algo natural abstraerse para “pasarla bien”, no podemos tomar como algo natural “recurrir a fuentes de inspiración desde las fantasías de nuestras cabezas” producidas por las drogas o el alcohol. “En lo cultural, no acordamos con muchas letras de grupos de rock o cumbia que elaboran mensajes sólo relacionados con estos temas, en que siempre encuentran el alcohol y la droga como única manera de divertirse y pasarla bien. “El fenómeno de la “cumbia villera” es particular, ya que miles de pibes la toman como una cuestión de clase y se mofan de la repugnancia que puede causar su contenido a algunos “cogotudos burgueses”. Se sienten identificados por lo “anti-cana” y reivindican la villa. “Son millones de jóvenes que no tienen nada, y la mayoría de sus padres son desocupados. Compartimos el sentimiento “anti-cana” y cuando cuestionan la falta de laburo, o cuando denuncian las condiciones en las que viven. Por lo general reivindican el “origen villero” pero no se plantean cambiar esa realidad en la que viven. No compartimos que muchas veces la línea divisoria de “ese sentimiento de clase” mal entendido, pase por enfrentar a sectores de capas medias como un pequeño comerciante, o a un proletario que gana un poco más y vive en un barrio obrero y no en una villa. Justamente la mayoría de las letras de canciones fomentan el resentimiento y no una verdadera postura de clase. Más bien fomentan el enfrentamiento de pobres contra pobres y no contra los verdaderos enemigos. Con esta orientación para muchos es natural “salir de caño” y afanar a un obrero que va a trabajar o a un almacenero. No compartimos la reivindicación de la droga y el alcohol, o el triste papel de las pibas expresadas en sus letras donde se las describe casi como “putas”.

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“Debemos trabajar con los pibes y entablar desde los acuerdos una lucha para que la diversión no pase por ponerse en pedo. Que sólo llevan a la denigración del ser humano, a no recordar absolutamente nada de lo que pasó la noche anterior. “Muchas veces “por no dividir” no abordamos con ellos estos temas, pero es una gran necesidad ganar a la gran mayoría de estos pibes para la lucha por trabajo, educación y deporte en los barrios. Debemos mostrarnos como lo que somos: jóvenes comunistas que trabajamos para hacer la revolución, que es algo grande…, tan grande como la Revolución China dirigida por el Partido Comunista y Mao Tsetung, que barrió con estas lacras de una sociedad en descomposición. Porque partimos de atacar las causas sociales que llevan al consumo de drogas y alcohol. Aquí no valen reformas ni esperanzas en gobiernos hambreadores. Aquí sólo vale la lucha contra toda forma de opresión, explotación y degradación hacia los jóvenes. No luchamos por la revolución para imponer una forma de explotación por otra, luchamos por el socialismo y el comunismo. Para terminar de raíz con tanto sufrimiento para los jóvenes. “La inmensa mayoría son jóvenes con todo el potencial y que están asqueados de lo que viven, que no vacilan ante la cana o las fuerzas represivas; pero hay que ayudarlos a que transiten por el camino de la lucha revolucionaria. “Conclusiones “El fenómeno de la droga y el alcohol en la gran masa de jóvenes es de gran preocupación para una Juventud como la nuestra, que lucha por ser la vanguardia entre los jóvenes de la revolución en nuestro país. Los ritmos en que han crecido estas lacras son comparables al crecimiento de la desocupación, el hambre, el analfabetismo, la falta de educación entre millones de jóvenes argentinos. Es particularmente notable en las barriadas más pobres ver a los pibes en las esquinas “fumando”, tomando cerveza o vino; es común ver en las plazas de las grandes ciudades a los pibes aspirando la bolsita de “Poxi-ran” para “calmar” su hambre o frío, luego de todo un día de mendigar y comer de la basura. “La lucha por un gobierno de unidad popular y la revolución debe encontrarnos a la cabeza de la lucha contra la droga y el alcohol. “La Juventud ha crecido, y ese crecimiento como las correntadas en los ríos trae de todo: palos, ramas, piedras… Y así la tomamos, no podemos discriminar a los pibes en estas condiciones, ya que siempre dijimos que la línea divisoria para nosotros no pasa por los que se drogan o no, o los que toman o no lo hacen. Los tomamos como vienen, siendo tarea de la JCR ganarlos para que se transformen en verdaderos comunistas. “En esta gran lucha contra las concepciones socialdemócratas de tipo liberal que predominan en la sociedad y que llevan a minar cualquier organización revolucionaria, no podemos darles batalla desde concepciones sectarias, ya que de esa manera no cumpliremos con nuestro rol de vanguardia entre las grandes masas juveniles. “Sabemos que la cana está atrás de los hilos que manejan la droga, pero la Juventud debe saber cobijar a los jóvenes que quieren luchar por cambiar esta sociedad podrida y debatir con ellos mismos sobre esta realidad y quiénes manejan los hilos, dónde están los enemigos y dónde los amigos. Tenemos que sentir como pequeñas batallas ganadas cuando los jóvenes se rebelen y dejen la droga y el alcohol como un primer gran paso en la gran lucha por barrer con este Estado y esta sociedad. “Es inconcebible en este terreno tomar medidas “administrativas” cuando la cuestión es de orden políticoideológico. Caeríamos en una política discriminatoria al “apartar” al/los pibes que “fuman” o son alcohólicos sin tener una política de ayuda hacia él. Desde ya que la ayuda debe partir de los jóvenes que no se drogan. Y que son la mayoría. Pero debemos saber aplicar la línea de masas también en la construcción de la JCR. Línea de masas que nos permita ayudar a los camaradas con problemas, sin descuidar la construcción leninista y la vigilancia revolucionaria en nuestra Juventud. “Es urgente que pasemos a elaborar los proyectos desde la JCCC que tomen el tema de la droga y el alcohol, partiendo desde ya de la lucha por cambiar la “rutina” de los pibes. Esto quiere decir seguir la lucha por el trabajo para los jóvenes, y juntos con los que ya están trabajando profundizar la vida colectiva plagada de iniciativas

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que les permitan a los pibes recorrer otro camino, ya que no resolveremos todo sólo con trabajar, si bien es el paso fundamental. En esto la gran mayoría de las zonas tienen la experiencia de los mayores en la CCC, que demuestra en la inmensa mayoría de los casos que la práctica cotidiana en la lucha de clases es lo que va determinando la conciencia. “En muchos lugares prefieren no hacer bailes o fiestas para no tener que enfrentar las peleas por el alcohol o la droga. En otros lugares, a la hora de la diversión son a veces permisivos para no “dividir”. Esto es preocupante y hay que buscar cómo revertirlo. Tenemos que estimular la vida sana entre los jóvenes, las fiestas y las peñas para pasarla bien y divertirnos, como una necesidad muy importante en la vida de los jóvenes. “Debemos tomar con todo el deporte. Masificar las escuelitas y los torneos de fútbol que den paso a la conformación de ligas deportivas amateur mixtas para darle continuidad al trabajo deportivo y no hacerlo de vez en cuando. Y cuando hablamos de ligas deportivas estamos hablando del armado del movimiento de masas en este terreno, donde participen los jóvenes obreros, desocupados, campesinos, rurales, estudiantes, soldados, de la Iglesia, etcétera. Donde confluyan los médicos y estudiantes de medicina para hacerles a los pibes el control médico. “No podemos plantearnos la lucha contra la droga o el alcohol sólo desde el terreno teórico. Fundar una escuela de fútbol, voley, básquet o el armado de polideportivos, debe llevar impreso la lucha por reivindicar el deporte para los jóvenes, la vida sana, en franca lucha contra la droga y el alcohol. Para que miles de jóvenes se ganen en esta práctica y la defiendan, donde vayamos practicando la democracia directa, la solidaridad y la amistad como forma embrionaria de otra sociedad. Debemos superar nuestro retraso en el terreno de la lucha política-ideológica contra la droga y el alcohol en los jóvenes. Siendo ésta una de las tareas a la orden del día y de todos los días de la Juventud Comunista Revolucionaria.” Fuente:

“Jornada nacional de análisis y debate sobre drogadicción y alcoholismo”. 13 y 14 de diciembre de 2003 > http://www.pcr.org.ar/nota/partido/jornada-nacional-de-an%C3%A1lisis-y-debate-sobre-drogadicci%C3%B3n-y-alcoholismo

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Algunos elementos en la lucha contra la drogadicción y el alcoholismo