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sobre mi


Una página es una página

La primera frase de un texto.

Debe ser, acaso, mejor que la segunda.

De no ser así, las personas como yo, no lo leerían en su totalidad.

Me arrepiento, en ocasiones, de no tener por costumbre el hábito de la lectura, pues hasta ahora, solo he leído tres libros por placer. Pero tal vez, haya un cuarto, en un cuarto como este, seguramente leería otro libro, pues las condiciones son perfectas y el clima lo favorece.

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índice Capítulo 1 Un techo y un doble click

p.4

Capítulo 2 Último adiós a las vocales

p.6

Capítulo 3 El cielo desde una caja. Y una sombrilla

p.10

Capítulo 4 Mi araña va hilando

p.14

Capítulo 5 Sombrie

p.17

Capítulo 6 Eres un ocho con la cola

p.21

Capítulo 7 Las nubes tras el cristal

p.24

Capítulo 8 Sobre (tea)

p.27


Está lleno de metáforas

Descubrí una vez una melodía que tenía una frase

mi sol la si mi sol era a su vez mis ollas y mi sol

Escribí este texto que, probablemente, es una canción.

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Capítulo 1

Un techo y un doble click En las noches, el tiempo que no he gastado leyendo, lo he dedicado a deslizar la pantalla del celular; acumulando, más de diez kilómetros recorridos con el dedo pulgar; superando así, por mucho, la distancia de las líneas extendidas de estas huellas digitales. Pero cuando por fin logro soltarlo, y me doy cuenta de que ya no hay distracción, empiezo a ser consciente del techo y me pregunto cómo es que sigue ahí, o mejor aún, en qué momento caerá, pues según una canción, todo cae tarde o temprano.

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Un techo y un doble click Una pregunta que es aún más difícil de responderme, está orientada por la orientación ¿Si me acuesto en la cama y miro hacia arriba, no estoy mirando también hacia el frente? Aún no lo sé, y aunque no tengo prisa por encontrar la respuesta, definitivamente estando en esa posición es cuando surge la magia de hacer doble click. Un doble click es una idea que ha encontrado las condiciones perfectas para surgir, una idea que está precedida de muchos clicks previos, dirigidos hacia un destino común, y que en cada caso, generan una sonrisa de satisfacción. Los dobles clicks, pueden desembocar en frases, chistes, ideas para enamorar o ideas para obras de arte, son todas estas casi lo mismo, si germinan desde la esencia de cada quien. Fuera de la cama, solo ha surgido un doble click relevante, que terminó siendo la columna vertebral de todo este juego de ser artista en el que me encuentro, y al igual que todos, fue gestado en la materia gris de este cerebro, pero esa vez, en lugar de generar una idea, se sintió como un choque eléctrico en la lengua, para hacerme entender que es la lengua el corazón de todas las ideas que me surgen. Ella es, la madre de todos los pensamientos, y es también la matriz donde se ubica la ruta de la vida mía. Antes de dormir, miro hacia el techo y me pregunto ¿Quién serás? en el cielo, o en el mar, un diamante de verdad. Las nubes se acarician entre ellas y me dan besos de buenas noches con sinceridad.

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Capítulo 2

Último adiós a las vocales Todos los sueños de vida que he tenido hasta ahora se podrían resumir en cumplir un par de metas importantes. La primera, es comprar una casa grande, para amueblarla entera con esas colchonetas de figuras que tienen los gimnasios para bebé, y en las tardes, poder acostarme a disfrutar de una canción aleatoria mientras me baño en la piscina de pelotas. La segunda, es comerme un pie de manzana, en una finca, que tenga una cabaña rodeada de paja, mientras toco el banjo y voy vistiendo una camisa roja a cuadros que combina con un jean roto. Ahí, con el cuerpo viejo y cansado, quiero morir al ritmo del atardecer.

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Último adiós a las vocales De las cosas más bellas de la vida, son los misterios que esconde. Uno particular, es soñar, y lo fascinante que resulta distanciarse de las nociones temporales y espaciales de la cotidianidad para entrar en un estado en el que cualquier cosa puede suceder. Yo, soñé que estaba en aquella finca, y que aún no me había muerto. Entonces, sin saber cómo llegué a estar sentado frente al sol y las montañas, presenciaba la visita de esas cinco amigas que me habían acompañado casi toda la vida. Ellas, sin ser conscientes, cruzaban por el campo para despedirme.

—¿Cuántas horas faltan para que se ponga el sol? —le pregunté a la primera, quien pasó con prisa, tal vez porque debía llevar el pan antes de que se le enfriara y perdiera ese olor encantador. —Aún hay tiempo señor —me respondió, con una sonrisa inocente que me llevó a recordar algunos momentos bellos de la infancia, como cuando en el colegio, le hacíamos regalos a las mamás para su día, con papel seda, crayones y pegamento blanco. Y yo, llevaba ese regalo en la maleta, con la misma actitud que tenía esa niña al llevar la canasta de pan para su casa.

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Último adiós a las vocales El sol sigue visible, probablemente es la hora perfecta para una reunión entrañable entre amigos o familiares, como esas que yo solía tener los martes conmigo mismo, cuando no había mucho más por hacer que sentarse en el sofá y ver cómo la difuminada luz, bañaba las cortinas azules del taller. Esas tardes, de mirar por la ventana las vidas ajenas que se dejaban ver tras los vidrios, donde usualmente no ocurría nada demasiado interesante, eran mis favoritas. El mundo a esta hora parece no estar demasiado agitado, como si las nubes, autorizaran un descanso breve para tomar algo caliente, un descanso que nunca desaprovechaba ni yo, ni la vecina del frente, quien escuchaba música de planchar y tomaba té junto a su sobrino mientras le ayudaba con sus quehaceres. Tiempos aquellos. En los que me inundaba la energía que me proporcionaban las ideas ambiciosas para hacer presuntas obras de arte, que posiblemente, no lo eran al final, pero que me llenaban de gran ilusión, y se convertían en el placer de caer en sus brazos y dejarme llevar por ellas, para encontrar, caminos fantásticos que tarde o temprano se alineaban. Caminos, que me hacían sentir enamorado del misterio de la vida, así como quien descubre la música por primera vez. Ahí, creando ideas, sentía a la vida, volverse más vida, ante mí. ¿Y quién soy yo sino mi? esa nota que se acuesta en el suelo del pentagrama musical, para observar al sol sonriendo sobre ella. Mi, es mi punto de partida. Un punto y una nota, que al existir, se convierte en la semilla de una melodía.

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Último adiós a las vocales Soy entonces un soñador soñado, sentado y preparado, contigo mi, a mi lado. Somos un par de ancianos que han huido de la vanidad y se han entregado al deleite de disfrutar, de comernos cada bocado con placer y dejarnos crecer las barrigas. Estamos mejor que la pobre viejecita, y nos hemos llenado de gustos, de toda clase de recetas sofisticadas, o sencillas, o tradicionales, como por ejemplo los tamales, que a estas alturas nos han engordado y ya no somos corcheas, somos un par de redondas, que se toman sus cuatro tiempos, antes de partir al infinito. Cae la tarde, de la misma forma que caen mis lágrimas de nostalgia, pacientes, sobrias y mudas. Otra vez una nube, otra vez se ha perdido. Mi, alma, se posa frente a, mi, cuerpo, como una cámara frente a un espejo, y sonríe. Tal vez, por tu causa. Solamente por tu causa. Tú, eres una semilla que cayó, que luchó y que germinó, y luego de eso, perdió la cabeza y se volvió artista, se mudó a una finca y se sentó en una silla para ver una puesta de sol. Tú ¿qué estás esperando? si ya ha llegado la hora de partir. Nos vamos en dos ruedas, nos vamos por el ferrocarril. Tú, un viaje al cielo, con escala en Perú.

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Capítulo 3

El cielo desde una caja. Y una sombrilla Desperté. Finalmente desperté, de ese sueño que parecía ser la visión perfecta de una vejez tranquila. Una vejez que probablemente se quede en lo onírico, ya que mi fe por llegar hasta allá, se derrite junto con los glaciares. Y entonces, antes de que sea demasiado tarde, he decidido organizar mi funeral. Pero no con los aires melancólicos que genera la pérdida de un cuerpo enterrado bajo tierra o cremado al abrazo del fuego, sino con la poesía que caracteriza los juegos de niños.

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El cielo desde una caja. Y una sombrila Juguemos entonces, a que yo soy un cuerpo dentro de una caja que encima tiene una ventana de cristal, pero estoy vivo y respiro. Y estoy tranquilo. Y miro hacia el cielo, y mi cielo, es mi techo y mi sol. Este techo azulado, es un techo más vivo que el techo de mi habitación, es mucho más cóncavo que una sombrilla, y sus estrellas brillan, brillan y brillan. Me acuesto dentro de las cuatro paredes de madera, y habito un hogar que parece ser suficientemente cómodo para quedarme en la azotea mientras veo cómo este techo está desnudándose ante mí.

Es difícil, dentro de la cotidianidad, tener un tiempo para ver los matices del cielo, o percibir cómo la tierra gira alrededor de las nubes, pero estando dentro de un ataúd al aire libre, observarlo es un privilegio —¿Será este acaso el mejor de los techos? —me pregunta una dulce voz dentro de mi cabeza, la misma voz que teje mis ideas —sin duda alguna —le respondo. El cielo se lleva el primer puesto de todos, pues ha logrado seducirme por su misterio, deleitarme y sumergirme en una incertidumbre que pone al descubierto mis temores, mis pensamientos y mi ignorancia.

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El cielo desde una caja. Y una sombrila Tal vez, es porque el cielo es un espejo, tan mágico y tan fascinante, que intenta ser replicado por la mano del hombre, como solo su genialidad podría hacerlo. En los siglos que precedieron la división del contador del tiempo, una persona increíble, probablemente en China, buscó la manera de que la lluvia no tocara su piel al estar a la intemperie, entonces miró al cielo y se dio cuenta de que esa cúpula sobre ella tenía la forma perfecta para hacerlo. Fruto de la unión entre el cielo y la mente de aquel maravilloso ser humano, nacieron las sombrillas, también llamadas paraguas o parasoles, aunque en definitiva son paraelcuerpo, pues es el cuerpo quien más las necesita.

Una sombrilla es un refugio. Si un refugio es entendido como un techo bajo el cual uno vive y se protege, entonces un refugio es una casa. Una sombrilla es una casa, y bajo ella habita el pensamiento.

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El cielo desde una caja. Y una sombrila El cielo se colorea y tiñe mis pupilas. Estos ojos que lo ven, sólo se distancian de él por medio de la barrera de cristal que cubre la caja de mi ataúd, y estando así, mirándolo fijamente, pienso: Si yo soy mi y arriba tengo el sol, una sombrilla sobre mi es un fa. Fantástica. Se erige con firmeza, como una dama orgullosa que se sostiene de mi mano. Su elegancia y soberanía, la hacen parecer refinada, y se pasea por la calle con orgullo, disfrutando del aire que la acaricia, o incluso, de las tempestades que en ocasiones debe soportar. Si ella es una nota musical y yo soy su compositor, cuando nos encontramos, danzamos en una pista de baile sin fin, siguiendo el ritmo de la percusión que crea la lluvia al tocar el suelo. Lastimosamente, cuando llueve, rara vez tengo conmigo una sombrilla, y por eso, me veo en la obligación de bailar a solas en el escenario de una ciudad que poco a poco se va mojando. Mientras que el suelo desprende su olor agradable al encontrarse con las gotas repentinas, mi cabello, de a pocos, se va haciendo permeable, y entonces cae frente a mis ojos, convirtiéndose en unos hilos como de marioneta.

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Capítulo 4

Mi araña va hilando En mundo coqueto, que baila alrededor del sol con la intención de seducirlo, me tocó aprender que es así como se conquistan las mejores ideas: dándoles muchas vueltas. Entonces, mientras que mi cabeza pretendía crear alguna obra de arte memorable, se manifestó ante mí esa voz fina, tan fina como la madera de un violín, cuyas cuerdas vocales templadas se afinan. —Mucho gusto, soy yo, la araña —exclamó, dejándome a mí, con el suspiro de una pluma que le canta un poema al viento. Perplejo me quedé, ahí pensando en cómo era posible que aquella fuera tan perfecta. Y estando ante ella me enamoré, porque siendo mi maestra, era también mi locura, quien me desgarraba la conciencia, para luego hacer las costuras.

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Mi araña va hilando Una araña silenciosa, se había encargado de hilar todos los clicks de mi mente, haciendo que cualquier idea que de su red saliera, me sedujera. Por eso decidí acariciar cada uno de sus hilos, con el mismo cariño con el que acaricio cada cabello mío, pues con ambos tengo la certeza, de que están conectados a mi cabeza. Seguir su red, es agarrar una cuerda en la oscuridad, aferrándose a ella sin conocer su destino, pero con la confianza de saber que es ese, el único camino. Con mis ojos vendados por voluntad, y una sonrisa en mi cara, dejé que su hilo me envolviera las manos, y luego me enredara cuello, la espalda, las piernas, los pies, hasta darme cuenta que ya no era yo, era su abrazo en mí. Abrazados, enamorados y esperanzados, juntos tejimos una red sobre el pasto. Mientras la ciudad se ahogaba en su propio aliento, nosotros estábamos ahí, sintiendo el frío de la tarde, comenzando con ingenuidad lo que sería nuestra relación. Como lo dije, ella siempre estuvo ahí, pero ahora se ha dejado ver claramente, justo como sucede con su hogar: una telaraña invisible que solo muestra su brillo cuando la luz le pone atención. Por fortuna, lúcido soy cuando la amo. Luego nos acompañó la luna. Caímos rendidos ante su encanto. Es la luna una fantasía que se desvanece, y por lo general, es tan egoísta como orgullosa, pero aquella noche decidió sonreírnos. Querida luna; querida araña; queridos hilos; querido mi: Sean conmigo una metáfora de la traslación de la tierra, y giren alrededor de este cuerpo, refúgiense en esta mente, que al igual que el sol, solo quiere brindarles calor y energía.

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Mi araña va hilando —Si ya estás cansada de tejer tu telaraña para que se la lleve la lluvia, no te preocupes —le dije, mientras alistaba una sombrilla, que una vez abierta, reveló un secreto que pude conocer gracias a esa oportuna voz arácnida que me dijo: —Una sombrilla es una casa. Si una casa es entendida como un refugio, entonces una telaraña es una casa. Una sombrilla es una telaraña, y las dos son alegorías al pensamiento—.

Luego de un largo de rato de cruzar miradas, nos dimos cuenta de que habíamos alcanzado juntos un rayo de luz que contenía en su interior las respuestas que estábamos buscando, y en ese momento sublime y terrenal, hicimos otro doble click, que esta vez, germinó como la forma de una idea para hacer una obra de arte, una que, sin lugar a dudas, contenía los mejores ingredientes del huerto de nuestras almas. Entonces, aquella araña y yo, estando dichosos de nuestra receta, le pusimos ritmo a todo pensamiento que sazonara nuestra idea, para que danzando diera vueltas. Y mientras mi cuerpo, se dejababa persuadir por el encanto que existe en la musicalidad del arte, bailando mi araña, aún, va hilando.

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Capítulo 5

Sombrie A las tres y treinta y tres de la tarde, tres tristes tigres tragaban trigo en un trigal. A las tres y treinta y cuatro, muy lejos de aquellos tigres, yo estando triste me preguntaba por qué elegí el camino del arte, y mientras pensaba en los trigales, sonreí, al descubrir que entre el arte y el trigo, hay un hilo del que tirar. En un campo llamado arte, cada artista tiene una espiga que dentro guarda sus semillas, a veces se las traga y a veces las cultiva, quienes lo hacen para sí mismos o lo hacen para los demás, cosechan placer y satisfacción, no sin antes, enfrentarse a la crudeza de los tristes y vacíos platos.

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Sombríe Un plato vacío es un lienzo en blanco, que solo cobra vida al agregar algo sobre él. Y, sobre, es un término que le va muy bien del arte. Existe el óleo sobre el lienzo, el grafito sobre el papel, el acrílico sobre la tela, y en cada obra, un artista deja sobre ella la esencia que emana. Es por eso que es imposible separar la práctica artística de la vida personal, y así haya quienes lo pretendan, todo el arte es, y se trata, sobre la vida y los intereses de cada quien.

A las tres y treinta y cinco de otro día, me encontraba visitando una galería de arte que presentaba una exposición, y escuché varias voces mencionar la palabra sobre con la intención de señalar algún aspecto que hacía referencia a algo, mientras que otra palabra recurrente que salía, mayormente, de los labios de los artistas cuyas obras se exhibían en el lugar, era la palabra mí, usada básicamente para hablar acerca de ellos mismos.

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Sombríe Un minuto después, a las tres y treinta y seis, miré sobre mí, y el techo era un plato vacío. Por lo que me puse a hablar con la araña y le preguntaba —¿si dibujo algo en el techo estará sobre él o debajo de él?— y ella, con sus ocho ojos que tenían una mirada confundida, pareció no entender, pues para alguien que camina sin dificultad por las paredes y los techos a su antojo, los problemas de la orientación son distintos a los nuestros, sin embargo respondió— Deberías intentarlo primero—.

La semana siguiente, a las tres y treinta y siete, la cuarta parte del techo de mi cuarto tenía frases que dibujé con la mano, que me ayudaron a darme cuenta de dos cosas. La primera, que en realidad no importaba si un dibujo en el techo estaba sobre él o debajo de él, lo que importaba era que generara esa pregunta, para que alguna persona también se la hiciera, y de repente, comenzara a cuestionar al lenguaje y a la gravedad. La segunda, que escribir con la mano es el acto de hilar de una muñeca que danza.

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Sombríe Todos tenemos diferentes puntos de vista, tan particulares, como lo es una pared pintada de blanco cuyo color se vulnera con el mínimo cambio de luz. De repente, esa pared, se puede ver gris, amarilla, naranja, azul o negra, según la hora del día y el lugar en donde uno se encuentre. A las tres y treinta y ocho de la tarde, la pared pintada de blanco en mi habitación es de color gris claro amarillento, mientras que en el mismo momento, en un lugar llamado Isla de Navidad situado a más de diecinueve mil kilómetros de aquí, a las tres y treinta y ocho de la mañana, una pared blanca es, seguramente azul oscura.

Entonces todo depende del punto de vista, todo, menos los palíndromos, esas espectaculares creaciones lingüísticas que se deben reconocer. Anita lava la tina, y lo hace sin importar si está al derecho o al revés. Además de los palíndromos, los juegos de palabras, son para mí, un deleite que me persigue. Yo sin quererlo, nombré a este texto sobre mi, y sus siete letras pueden ser también sombrie (que significa: sonríe tu sombra sombrilla) o también puede ser imberso (un verso y un beso a la inversa).

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Capítulo 6

Eres un ocho con la cola

—¿Dónde estamos? —me preguntó mi araña, —Estamos en la playa —le respondí. Y no es que ella no sintiera la brisa repentina, es que todo estaba muy oscuro y podíamos estar en cualquier parte del globo terráqueo. Pero ahí decidimos aparecer, en un muelle, a punto de saltar. Mientras la luna sonreía y las estrellas nos prestaban atención, yo acariciaba a mi araña y le tarareaba una canción. Ella, nunca había entrado al mar, pero yo sabía que estaba preparada para hacerlo. Y le dije —Saltaremos con confianza y dejaremos que el agua sea nuestro nuevo aire. Tú y yo somos agua de mar, más que de lluvia—.

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Eres un ocho con la cola En un breve instante le recordé que yo era una araña también, al igual que ella, solo que estaba un poco más limitado. Al escucharme, ella sonrió porque pensaba que era una de esas cosas sin sentido que dicen los enamorados, entonces, para demostrarlo tuve que recurrir a la ciencia y a la anatomía, haciendo uso de una de las figuras que lo podían representar mejor. Le pedí a ella, quien conocía muy bien la historia del arte, que recordara a el Hombre de Vitruvio de Leonardo Da Vinci, que fue hecho para exaltar las perfectas proporciones humanas, y para demostrar cómo un cuerpo encaja en la cuadratura de un círculo. Luego le dije que imaginara que aquel, en vez de tener cuatro extremidades que varían de posición, tenía las ocho que fueron dibujadas, y con esas ocho, se desplazaba boca arriba por el espacio, lo cual, lo obligaba a prescindir del sentido de la vista en gran manera, y hacer que su tacto y sus sensaciones espaciales lo guiaran al desplazarse, justo como lo hacen las arañas, quienes generalmente, al tener una vista limitada, recurren a la experiencia de sentir el viento, y a la primitiva sensación de percibir, solamente, la variación de las luces y las sombras. Le conté también que una vez experimenté esa sensación. Fue cuando decidí darle un cuerpo físico a mi sombra, y para hacerlo, utilicé tableros de madera aglomerada que fueron cortados con mis proporciones, luego les puse ruedas y me entregué a ellos y a esa sensación placentera que me producía estar ahí, rodando al ritmo del viento, justo como lo hacen las nubes que se pasean sobre las sombrillas.

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Eres un ocho con la cola

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—Saltamos al agua a la cuenta de ocho —le susurré, pues en este caso el ocho nos viene mejor que el tres. Tú, hermosa araña, eres hermosa por la geometría y la matemática, pues tienes un número que te define el cuerpo (8) y seguramente, también los pensamientos (∞). Eres un ocho perfecto, en tu cuerpo, cuya forma es evidente, y en la simetría de tus cuatro pares de patas que también lo son, así como el número de ojos que tienes, y hasta podría asegurar que a diferencia de mí, tus minutos no tienen segundos, tienen octavos, y por cada uno de ellos, a ti, te surgen ocho ideas diferentes. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete y ocho. Al sumergirnos me di cuenta que tuve razón, mi araña al ser el número ocho, estando en el agua, ya no tenía patas sino tentáculos, y dejaba de tejer ideas, para escribirlas en el mar, pues en lugar de expulsar seda, regaba tinta. Recordé que fue justo así como la conocí. En esta vida que es un rollo, me gustaba escribir en rollos de papel, y al hacerlo descubría que todo lo que yo escribía, salía de una red en mi cabeza que aún no conocía, pero que fluía, sin esfuerzo, como si la tinta que dibujaba las letras, de algún modo, se conectara directamente con la red neuronal que las producía.

—Qué extraordinario querida, junto a ti, bajo el agua puedo entender el significado de la palabra claridad —le dije, pues nuestro entorno cristalino decidió darle un respiro a mi agitada conciencia, y el agua, al reducir la gravedad, se convertía en un viaje espacial a una galaxia lejana del universo.

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Capítulo 7

Las nubes tras el cristal Bajo tu sombrilla, intenté una vez ser araña. Inmóvil, como quien se queda en el borde de la cama mirando al vacío antes de irse a bañar, me encontraba yo en la cima de un edificio. Mientras miraba a la ventana reflejarse en mis ventanas, pensaba en la ciudad, que a las seis de la tarde está cansada, pero aún tiene paciencia para esperar el dulce respiro que trae la noche. A las seis de la tarde, una ventana y el silencio, parecen ser un veneno que ha caducado, uno que se bebe con el sinsabor de haber tomado el último recurso, pero al final, deja la enseñanza de apreciar una segunda oportunidad. Y en las segundas oportunidades, una ventana y la luz, permite que se pueda reflexionar.

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Las nubes tras el cristal Intenté una vez ser araña, decía. De hecho, no fue solo una vez, fueron varias. Envidiaba, de muy buena manera, el hilo que ellas son capaces de producir, ese hilo que solo es hilo, cuando es expulsado fuera de su cuerpo y las proteínas que lo conforman tocan el viento para que la naturaleza demuestre, una vez más, sus cualidades mágicas, esas que el humano acostumbra a ver, pero rara vez descubre genuinamente. Entonces, como quien se obsesiona con la alquimia, me encontré jugando a ser rumpelstiltskin con mi cuerpo, y fracasando en el intento de producir hilo como ellas, más allá del cabello, mirando a la ventana masticaba un chicle. Masticar chicle es tener una idea en la boca, que con el pasar del tiempo se vuelve más elástica, masticar un chicle también es, mirar por la ventana hacia el vacío para reflexionar. Mirando la ventana, me frustraba por no tener un hilo propio, mientras veía cómo colgaban de uno, los hombres que las limpiaban en las alturas. Si ellos pueden aprovechar los beneficios de las arañas, con un hilo que no producen, entonces también lo puedo hacer yo ¿pero qué clase de hilo es tan fiel como el de ellas? Lo intenté con varios materiales, el primero fue un hilo de costura que demostró no ser tan resistente o tan elástico como el de las arañas. Luego, probé con seda dental, porque me atraía la idea que de fuera mojada con saliva, además, era resistente, elástica, y tenía un nombre atractivo, porque atractivo es, todo lo que tenga seda, sin embargo, resultó no ser tan pegajosa, pese a las babitas que le escurrían.

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Las nubes tras el cristal En la esquina de la pared en donde estaba la ventana, me encontré una telaraña maltrecha a causa del viento y de la polución, y como ella ya era un hogar abandonado, decidí pasarle el dedo como quien se unta de arequipe. El azúcar es un mal necesario, que a cualquiera le alegra el corazón, así sea una en una pequeña porción, frecuentemente, se mezcla con la diversión, se asocia con la tentación y se puede convertir en una camuflada adicción. Pero es indiscutiblemente delicioso. Azúcar y leche centrifugados. Azúcar, leche y cacao. Azúcar, leche y calor. Azúcar y calor. Azúcar centrifugada. Leche condensada, chocolate, arequipe, caramelo, ¡algodón de azúcar!, de los cuales, este último, logra con honores mimetizar una telaraña abandonada en la esquina de una pared con una ventana. Los hilos finos de caramelo se esponjan como nubes en el cielo. Hilos de caramelo pegajosos como chicles. Chicles que se convirtieron en el material, resistente, elástico, viscoso y corporal que evoca las fibras que yo buscaba. Mis babas en un chicle no se cristalizan en el viento como lo hacen sus arácnidas proteínas, pero a cambio tengo enzimas. En la cima de un edificio mis enzimas juegan con un chicle, y encima mío, las nubes juegan con el viento. La ventana frente a mí se ha fracturado sin quebrarse, y aparece en ella la estructura de una telaraña, o las líneas de las alas de una inmóvil mariposa. Un cristal tiene mis ojos y una nube, y las nubes tras el cristal, abrigan un universo cristalino sobre mí. Mis ojos tocan el cielo y las palabras del cielo sobre mí descienden.

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Capítulo 8

Sobre (tea)

Escribí este texto en una nube, y en una nube que atravesó el cielo mis palabras llegaron hasta ti, si esa nube aún no ha llovido, en esa nube este texto leerás. Si la nube se posa sobre ti y se precipita, mis letras te mojarán. Luego de recorrerte el cuerpo, tocaran el suelo y harán un charco, que al escuchar el sonido del sol, se evaporará.

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Sobre (tea) Una vez, una nube me contó que llovería sobre mí, me lo dijo para que me vistiera adecuadamente para la ocasión, pues aquella vez, ella me daría las letras para que escribiera estas palabras que he puesto aquí. Entonces junto con mi abuela, cuyas manos tienen tatuadas las líneas que conforman la palabra sabiduría, diseñamos un traje ideal que absorbiera cada gota que el cielo me susurrara. Cuando de llover el momento llegó, esa nube siendo capaz de escupirme, besarme eligió. Mientras mi cuerpo, colgaba como toalla, mis brazos extendidos, de un hilo se agarraron, y mi cuerpo se hizo cruz, y esa cruz era la letra t. Con la letra t escribí tú allá, pero una toalla al ser permeable, en realidad te invitaba a que vinieras más acá.

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Sobre (tea) Más acá, te has acercado sin cercas. Sin barreras. Para encontrarnos en este juego llamado sobre mi, que su vez es sobre ti. Y si bien, mi, es una nota que se acostó en el suelo del pentagrama musical para ver al sol, ti, es un árbol que con ese sol ha hecho fotosíntesis, y sus hojas, se han mezclado con el agua de una lluvia de palabras. Esas palabras, han decidido traspasar las fronteras del idioma, para que en una taza con agua caliente, ti, sea el té (tea) que te bebes conmigo. Mientras lees esto, té (tea) te recorre el cuerpo, te toca las entrañas y al salir, probablemente, haga un charco, que al escuchar el sonido del sol se evaporará junto con estas letras, y se irá a llover en el futuro. Al final casi todo se ha tratado de ti. ¡Ti!, un sonido y una letra del abecedario en inglés (t), que suena igual que tea, y siendo tea, es un árbol líquido que crece bajo la lluvia. Tea, traducido al español ya no produce el sonido ti, es té, té que a su vez es la letra que una vez yo fui, y que da comienzo a las palabras que te he mencionado varias veces. Con la t, de tesis, te escribí este texto, puse una tela en el techo, y mientras una araña tendía una telaraña, yo te tejía estas palabras para que las leyeras mientras que el té te tomas.

Viniste hacia mí como esa nube, y al igual que ella te has posado sobre mí. Y así como me vestí para ella, me he vestido para ti. Las manos de mi abuela, me han ayudado a tejer este traje, que siendo traje, trajo a tu mirada atrapada en una red y ha decidido guardarla en una nube.

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Sobre (tea) Si me ves, usando un traje tejido, quiero que sepas que lo hemos hecho con las manos. Pues son las manos tejedoras, y si las juntas, con tus pulgares entrelazados y las haces caminar, entenderás por qué lo son.

Con mis manos tejí, porque en mis palmas llevo tatuadas un par de sombrillas naturales, que siendo palmas, son también la metáfora de una planta hecha araña. Con mis manos me he tejido una casa, enredando lana en mi pulgar y luego pasándola por entre los otros dedos. A veces tejo con el índice, y a veces tejo con el corazón. Parece que eso es todo por ahora, y los instrumentos de cuerda y de viento nos han dedicado esta canción. Sus letras adornan el final: Si salgo vivo de este mundo agradeceré por todas las cosas que hiciste en mi vida, si salgo vivo de ese mundo regresaré y me sentaré tras tus pies esta noche, y donde quiera que esté, tú estarás más que solo un recuerdo. Ahora solo me pregunto si recuerdas cuál es la primera frase de este texto, y si en realidad fue mejor que la segunda, o la tercera. O tal vez la mejor estuvo en otra parte. Por ahora me despido con esta última —palabra—.

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Santago Rincรณn Sobre Mi Proyecto de grado Artes Plรกsticas Julio 2020


Agradezco A Él, por todo, en especial por las ideas. A Ella por dejarme el tiempo y el espacio. Al lenguaje, siempre, al lenguaje, que posibilita cada juego de palabras. Al té. Al río de nubes que no ha parado de fluir. A la música. A mi madre, por su apoyo, su paciencia y su respaldo ante la repentina idea de tener un hijo artista que luego de esto no sabrá que hacer con su vida. A mi madre, a mi hermana y a bekim, mi mascota, con quienes comparto techo y han escuchado este texto por primera vez. A mi abuela que con sus manos ha hecho posible lo que a mi se me dificultaba, y a mi abuelo también, que junto conmigo aprendió a tejer. A Sylvia Suárez, por su mirada de confianza, sus aportes precisos, y su exquisita manera de entenderme. A Óscar Moreno por escucharme, leerme y aconsejarme respirar. A Pacha y a cada uno de mis futuros colegas, que siempre estaban ahí, y la mayoría de veces se quedaban un rato en silencio luego de ver las cosas que yo presentaba, de los cuales aprendí un montón, y son, unos interlocutores maravillosos. A ti, que me has leído, y tal vez, te he quedado debiendo algunas aclaraciones sobre algunos temas concretos, a ti, espero encontrarte algún día para usar una obra de arte como el pretexto para hablar de nuestras vidas, mientras tomamos el té y, ocasionalmente, miramos por la ventana. Ah, y obviamente a las arañas, las sombrillas y las nubes.

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Profile for Santiago Rincon

sobre mi, un texto en una nube  

En un mundo entre arañas, letras, sombrillas y nubes, habité algunas experiencias que me llevaron a escribir este texto. Cada palabra es un...

sobre mi, un texto en una nube  

En un mundo entre arañas, letras, sombrillas y nubes, habité algunas experiencias que me llevaron a escribir este texto. Cada palabra es un...

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