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EDITORIAL Más allá de lo evidente. ¡Que refrescante es la Navidad! Claro está por los fríos tan extremosos que se viven en la ciudad pero más aún, por ver que Jesús es uno de nosotros, ver que es el primero de nosotros que somos sus hermanos. Es como un frescor cálido, ¿no? Muchas personas en nuestra ciudad y en nuestro país compraron, compran y comprarán muchos obsequios navideños, gastarán hasta lo que no tienen y le pedirán a los regalos un efecto milagroso de satisfacción y de aplacamiento de la inmensa sed de plenitud y de vida que llevamos todos dentro… Fuera de la crítica que pudiéramos hacer de por qué todo esto, ¿por qué no recibir -sobre todas las cosas- el regalo de Dios, por que no abrir las manos a Cristo para que nos dé lo que necesitamos y que no viene sino de él? Jesús es el mejor regalo porque nos regala a Dios. No regala algo, se regala él mismo, regala a su Papá, su casa, su amistad. Este número de la Revista de nuestro amado Seminario, impregnada claro con espíritu navideño, quiere motivar a abrir nuestro espíritu, alma y cuerpo, a la certeza de la solidaridad de Dios con nosotros hecha persona humana: Jesús de Nazaret. Los artículos retratan el interés por celebrar, conocer, amar, y hacer conocer su adorable persona. Una nota importante: incluimos en este número un Camino Cuaresmal, con un poco de tiempo de anticipación al miércoles de ceniza -dos meses-. El Niño que hoy nos anuncia al Padre ya nos llamará a una vida resucitada… pero vamos con calma. Por último, una oración: Jesús, Palabra eterna de Dios, Buena noticia para los humanos (y para los que nos portamos muchas veces in-humanos): ábrenos a ti. Hoy te vemos en el pesebre, minúsculo y silencioso trocito de carne, y quizá tú crees que dices sólo balbuceos… pero el Espíritu nos pide ir más allá de lo evidente e interpreta para nosotros tu presencia; sí, tu carne de humano dice con gritos divinos: “¡El Padre tiene sus nombres escritos en mi carne, el Padre los ama!”. Ven, Señor Jesús y aumenta nuestra fe.

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CONTENIDO Consejo Editorial Año 26 / No. 107 Noviembre 2011 Tiraje: 1,700 ejemplares IMPRESO EN: ICNSA, S. A. DE C. V. Escobedo #340 Nte. Tel. 01 (81) 8340-6160 Monterrey, N. L., México www.icnsa.com

Director General Pbro. Lic. Gerardo Cárdenas Rodríguez Director Editorial Elías Tadeo Ibarra Redacción y Estilo: Elías Tadeo Ibarra Eder Misael Luna Méndez

7. Celebración familiar o comunitaria ante la Rosca. Por: José Ernesto Ríos Treviño 10. Cristo, palabra del Padre Por: Jesús Salvador García Ortiz 25. ¿ Qué es inquietud? por: Darío Torres Rodríguez 27. Caminito cuaresmal Por: AG-WR-P.T-RD-TI 30. ¿Dónde está Dios? Por: Jesús Jorge Moreno Cruz

Fotografía y Noticias Web José Manuel M. Zavala Ramírez Omar Alejandro Flores Soto Distribución Juan Pablo Cruz Alvizo Diseño y Edición Reynaldo Díaz Castillo José Manuel M. Zavala Ramírez José Alexander Flores Guerrero Edwin Alberto Romo García Leonardo Martínez Treviño Seminario Arquidiocesano de Monterrey

Carretera a San Mateo Km. 3.5, Apdo. postal #34, C. P. 67250. Tel. 01 (81) 1161-5757 www.seminariodemonterrey.org 2

En portada: “La Virgen del Cerro de la Silla” Óleo sobre tela 60 x 40 cm Colección del Ing. Bernardo Elosúa “Ordóñez no busca sino que encuentra: la experiencia mística y el sentido de lo divino se concretan en escenas religiosas en las que esquematismo de las formas, la pureza y brillo del colorido, lo canónico y ritual de las actitudes de los personajes nos recuerdan el arte bizantino.” El Norte, lunes 2 de julio de 1979.


Por: Pbro. Gerardo Javier Cárdenas Rodríguez Vice-rector

EL AMOR ES LA SOLUCIÓN Inmersos en el actuar del mundo relacional en donde se descubre el otro como algo idéntico a sí mismo y diferente totalmente al yo, hemos de ubicar el mandato de amor divino, ya que el amor de Dios es el primero y mayor mandamiento, pero no puede cumplirse fuera del amor al hombre. Como seres de condición itinerante, homo viator, en el transcurso dramático de la cotidianidad que pretende alcanzar la realización armónica de la persona, me afirmo como persona en la medida en que creo realmente en la existencia del otro y en la medida en que esta creencia tiende a informar mi conducta. Sólo en un movimiento extático, que hace salir de mí al encuentro, podré alcanzar la realización. En esta época difícil sólo el verdadero gran Amor puede salvar al hombre. Nosotros hemos encontrado, más aún, hemos sido encontrados por el amor de Cristo, y cuanto más nos dejemos tocar por su amor en la vida de oración, en la vida de trabajo, en el tiempo libre, tanto más podemos comprender que, si hemos encontrado la verdadera “perla”, todo lo demás no cuenta, todo lo demás sólo es importante en la medida en que el amor del Señor redime esas cosas. Por ello, el amor es el corazón de la vida cristiana, sólo el amor, suscitado en nosotros por el Espíritu Santo, nos convierte en testigos de Cristo. El amor es la esencia del cristianismo; hace que el creyente y la comunidad cristiana sean fermento de esperanza y de paz en todas partes, prestando atención en especial a las necesidades de los pobres y los desamparados. Esta es nuestra misión común: ser fermento de esperanza y de paz porque creemos y vivimos en el amor. El amor hace vivir a la Iglesia, y puesto que es eterno, la hace vivir siempre, hasta el final de los tiempos. Este amor es el que puede solucionar los problemas sociales que vivimos, dar esperanza a los momentos de desesperanza. Sólo el Amor pude ser luz en la oscuridad. Porque amamos y somos amados, podemos ser la solución, tu amor junto al amor de Cristo es la solución. No niegues la luz a los que te rodean.

Desde Rectoría 3


UN DÍA EN TUS ATRIOS Lugares de encuentro con Dios

Nuestra incapacidad de permanecer en un lugar de residencia o incluso de seguir leyendo este artículo, se lo hemos aplicado a Dios.

Por: Martín Leonardo Martínez Treviño Primer año de Teología Este artículo trata de ampliar nuestros horizontes sobre los lugares en los cuales podemos lograr un verdaddero encuentro con lo divino, con el Trascendente y con el que me ayuda a trascenderme. Antes de expresarme creí conveniente hacer consciente la necesidad de no olvidarnos del templo como lugar privilegiado que favorece al encuentro con Dios. Con la aclaración hecha, me permito exponer algunos lugares que sirven de encuentro con Dios 4

En mis primeras misiones de verano como seminarista, en un lugar y con unas personas a las cuales recuerdo con muchísimo cariño, un día cualquiera se me acercó una persona para invitarme a cenar al día siguiente. Con gran alegría acepté la invitación y durante la conversación que manteníamos salieron a relucir algunos detalles que llamaron mucho mi atención. Ella afirmaba: “no es necesario ir a la Iglesia para encontrarse con Dios” y con frecuencia seguía argumentando que la Biblia declaraba que “Dios estaba en todas partes y que en donde se reúnen dos o más en el nombre de Cristo, ahí está El”. A lo largo de estos años de formación un número considerable de personas me han dado este argumento y en repetidas ocasiones me he cuestionado sobre cómo hacer para que nuestros hermosos templos sean un lugar ideal y fiel del encuentro con Dios. ¿Acaso Dios se siente privado de su libertad y ha decidido huir de los templos, o tal vez, salió a pasear por los antros y bares porque se sentía aburrido de estar siempre en un mismo lugar? Parece ser que nuestra incapacidad de permanecer en un lugar de residencia, de trabajo, de estar sentados escuchando a una misma persona o incluso de seguir leyendo este artículo, se lo hemos aplicado a Dios. Podemos seguir creyendo en esos argumentos, que a simple vista resultan ser verdaderos, sin embargo, es necesario no quedarnos con una parte de la sentencia: “Dios está en todas partes”, pues parece que nos venden la idea de que no es necesario ir al templo para encontrarnos con Dios, cuando sucede todo lo contrario. El ir al encuentro con Dios a un templo implica en sí mismo el salir de la comodidad de nuestras casas, oficinas y bares, de nuestro ambiente intoxicado por las estructuras de pecado, de nuestra soledad afectiva que nos atormenta en lo hondo del corazón y del egoísmo que aliena la vida social del hombre. Ir al templo, no es más que la manifestación del deseo de querer estar con Dios en un lugar santo, y no en cualquier lugar.


EN EL PRETORIO.

Tanto Pedro como Judas Iscariote fallaron gravemente a Jesús, cada uno en distinto modo, pero en semejanza de ofensa. Tal vez la negación de Pedro fue más grave que el negocio que Judas hace de Jesús, ¡probablemente! Sin embargo, la actitud de ambos apóstoles después de la ofensa es distinta. Por un lado tenemos a Judas, quien confesando su pecado no es capaz de reconocer la misericordia que Jesús le tiene a todo aquel que se siente necesitado de su piedad. En cambio, Pedro, al mirar a Cristo y al confesar su falta reconoce la necesidad que tiene de Dios, la miseria en la cual se encuentra y de la cual el único que puede sacarlo es Jesucristo. De esa experiencia evangélica podemos deducir que nuestros pecados no tienen por qué ser algo que nos alejen más de Cristo, todo lo contrario, ellos pueden convertirse en una condición de posibilidad para favorecer un encuentro con la misericordia de Dios y con El mismo. Ser conscientes del pecado no ha de crear una actitud de pasividad, inactividad y de indiferencia ante la presencia de Dios, se ha de convertir en una oportunidad para encontrarnos cara a cara con el Padre que nos espera con los brazos abiertos (Lc 15, 20). Con lo anteriormente expuesto no pretendo crear una cultura de pecado o te estoy invitado a convertirte en un pecador empedernido, sino lo inverso, querer encontrarse con Jesús lleva al hombre a una actitud de arrepentimiento (no de aislamiento como en Judas) que mueve a su encuentro en la mirada de Jesús en el Pretorio (cfr. Lc 22,61).

EN LA MESA CON LOS DISCÍPULOS.

Para ser santo: ¡amar! Por eso es necesario que todos los días busquemos un momento para ir al sagrario, platicar con Él, convivir con Él, pedirle a Él. De niños nos enseñaron que era de mala educación pedir algo si antes no se nos ofrecía. Ahora que somos adultos, dogmatizados bajo ese precepto, se nos hace muy difícil pedirle algo a Dios, encontrarnos con Él en las situaciones difíciles y ofrecerle a Él nuestro pecado. Por ello se hace necesario ir desterrando esa norma de nuestros corazones al momento de entablar una plática con Dios. Es urgente que descubramos que para encontrarnos con Cristo el mejor lugar es la Eucaristía, tal como lo afirma Ecclesia in America: “La Eucaristía es el lugar privilegiado para nuestro encuentro con Cristo vivo” (EA 35). Hemos de encontrarnos con Él para que él pida y nosotros, amablemente, exijamos.

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EN LA BARCA. Se llamaban Juan y Andrés y eran dos pescadores galileos. Físicamente no eran muy parecidos. Andrés era un tanto fornido, barbudo y con unas cuantas décadas encima. Juan en cambio, era más joven, ¡pero notablemente más joven! Entre ellos había algunas diferencias. Pero algo esencial unían a estos dos pescadores: la búsqueda de algo que llenase sus vidas. Eran pescadores, de eso vivían y en sus manos no había espacio para un callo más. Eso sí, su corazón era más grande que sus manos. Jesús llamó a estos “miserables pescadores”, personas con gustos groseros, incultas y sencillas. Jesús llamó a sus apóstoles a participar de una vocación especial, los invitó a pesar de su mala fama y malcriada forma de expresarse, a Él no le importaban esas cosas, lo único que quería era enseñarlos a tener un encuentro profundo con Aquel al que nadie podía llamar «Abba». Hermanos míos, para encontrase con Jesús no es necesario visitar las grandes basílicas o hacer largas peregrinaciones, lo único que se requiere es responder el llamado que Él nos hace (en este sentido espero todo el apoyo del P. Oscar Tamez y el equipo vocacional), puesto que el seguimiento de Cristo trae consigo la exigencia de un encuentro personal donde se deja todo, inclusive la barca…

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Para encontrarse, conocer; para conocer, amar y para amar, amar. Lugares para encontrarse, existen muchos, aquí sólo reflexionamos en unos cuantos. No era mi intención ahondar en todos, sin embrago, sí platicar de los lugares en los cuales me encuentro con Dios día a día. Ahora sólo quiero escribir “una pequeña nota” que nos puede ayudar a mejorar nuestro encuentro con Dios: en mis primeros años de filosofía un maestro me enseñó el camino que san Agustín proponía para lograr ese encuentro: «Para conocer a Dios, sólo basta que las criaturas hagan a un lado las imperfecciones de sus hermanos y exalten sus virtudes». Para encontrarse, conocer; para conocer, amar y para amar, amar.


CELEBRACIÓN FAMILIAR O COMUNITARIA ANTE LA ROSCA DE REYES. Por: José Ernesto Ríos Treviño Cuarto año de Teología La Fiesta de la Epifanía nace en la Iglesia Oriental y surgió en forma similar a la Navidad que ya se celebraba en Occidente. Los paganos celebraban en Oriente, sobre todo en Egipto, la fiesta del solsticio invernal el 25 de diciembre y el 6 de enero el aumento de la luz. En este aumento de la luz, los cristianos vieron un símbolo evangélico. Después de 13 días del 25 de diciembre, cuando el aumento de la luz era evidente, celebraban el nacimiento de Jesús, para presentarlo con mayor luz que el dios Sol. La palabra epifanía es de origen griego y quiere decir manifestación, revelación o aparición. Cuando la fiesta oriental llegó a Occidente, por celebrarse ya la fiesta de Navidad, se le dio un significado diferente del original: se solemnizó la revelación de Jesús al mundo pagano, significada en la adoración de los tres reyes “magos” de oriente que menciona el Evangelio.

algo de HISTORIA

1. Se abre la caja donde viene la Rosca de Reyes colocando una vela blanca al centro

2. Alguien de los presentes dice la siguiente monición:

La tradición mexicana nos invita a compartir la Rosca de Reyes, costumbre también llena de símbolos importantes: el pan en forma de rosca evoca a Dios Eterno, que no tiene principio ni fin; las frutas dulces con que se decora nos recuerdan la gracia que Jesús nos trae; el muñequito escondido entre la masa representa al Niño Jesús que todos debemos buscar, quien lo encuentra se llena de tanto gozo que desea compartirlo con todos, por lo que promete una fiesta el próximo día dos de Febrero, día de la "Candelaria". Los cristianos siempre tenemos el compromiso de buscar, encontrar y compartir a Jesús con los demás. Participemos con fe y devoción de esta celebración.

3. Quién dirige dice: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo Todos: Amén

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4. Quién dirige dice:

Al comenzar esta celebración, pidamos a Dios que nos conceda la conversión de nuestros pecados, para que a imitación de los magos de Oriente lo busquemos, nos enamoremos más de Él y lo podamos compartir con alegría a los que nos rodean. Quien dirige dice: Tú que eres el Rey de la paz y eres glorificado por encima de todos los reyes y gobernantes de la tierra: Señor, ten piedad. Todos: Señor, ten piedad. Quien dirige dice: Tú que anunciaste la Buena Nueva de la paz a los que estaban lejos y a los que estaban cerca: Cristo, ten piedad. Todos: Cristo, ten piedad. Quien dirige dice: Tú que eres justo, clemente, compasivo y brillas como luz en las tinieblas para todos los hombres: Señor, ten piedad. Todos: Señor, ten piedad. Quien dirige dice: Nuestro Dios, que se nos manifiesta amoroso y cercano sobre todo en estos momentos difíciles de nuestra ciudad, tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y un día nos lleve a disfrutar a su lado de la vida eterna. Todos: Amén.

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San Mateo 2,1-12 Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle. Oyéndolo, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén. Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel. Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. Después, enviándolos a Belén, les dijo: Vayan e indaguen cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encuentren, comuníquenmelo, para ir también yo a adorarle. Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino. Palabra del Señor. Todos aclaman: Gloria a ti, Señor Jesús.


Reflexionemos 6.Los Reyes Magos representan a todos los que buscamos la luz de Dios, siguiendo sus señales y cuando lo encontramos, le ofrecemos con alegría todo lo que tenemos. Los Reyes Magos tuvieron fe en Dios. Creyeron aunque no veían, aunque no entendían. Quizá ellos pensaban encontrar a Dios en un palacio, lleno de riquezas y no fue así, sino que lo encontraron en un pesebre y así lo adoraron y le entregaron sus regalos. Esto nos enseña la importancia de estar siempre pendientes de los signos de Dios para reconocerlos. Además nos enseñan a ser generosos cuando vayamos a ver a Jesús que está en el prójimo necesitado: que nunca llegar con las manos vacías. Abramos, a todos los que nos rodean, nuestros cofres que contienen la triple “H”.

Primera “H”: Nuestro Oro es ser Hijos de Dios. Ser conscientes que somos hijos que somos de Dios Padre. Segunda “H”: Nuestro Incienso es tratarnos como Hermanos. Tratándonos en todo lo que hacemos como hermanos que somos de Dios Hijo. Tercera “H”: Nuestra Mirra ser Herederos. Comportándonos de palabra y de obra como herederos del Reino por Dios Espíritu Santo.

7. Oremos juntos Otra persona dice: Veneremos a nuestro Dios y Salvador, adorado hoy por los magos y aclamémoslo con alegría, diciendo: Todos: Luz de luz, ilumina nuestro día. o Por la santa Iglesia de Dios, extendida por todo el mundo, para que llenos de gozo, celebremos la presencia de Dios entre todos los hombres. R. o Por los que causan miedo y muerte en nuestra ciudad, para que en este tiempo de gracia de Tu nacimiento y manifestación se conviertan a Ti. R. o Rey de los pueblos, que llamaste de tierras lejanas a los Magos para que fueran los primeros que te adoraran, concédenos también a nosotros el espíritu de adoración. R. o Rey de la gloria, que riges a tu pueblo con justicia, danos a todos los hombres paz abundante en nuestra ciudad y nuestras familias. Quien dirige dice: Alegres, porque Jesucristo nos ha hecho hijos de Dios, digamos con mucha confianza la oración que nos enseñó. Padre nuestro…

Oremos juntos 8. Señor Jesús, tú que dijiste a tus discípulos: “ustedes son la luz del mundo”, haz que nuestro testimonio evangélico, discípulos y misioneros tuyos, resplandezca ante los hombres de nuestro tiempo. Haz eficaz nuestra misión, para que cuantos vean tu luz en nuestra persona glorifiquen siempre al Padre que está en los cielos. Todos. Amén. Todos: El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén.

ahora si a disfrutar la rosca...

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Cristo, Palabra del Padre

Por: Jesús Salvador García Ortiz Cuarto año de Teología

Al hablar de Cristo como Palabra del Padre, es necesario considerar brevemente dos estados de su existencia (si se podría decir así): el protológico y el histórico. El primero es el punto de partida del segundo, el segundo es el camino para conocer el primero. En cuanto al primer estado, éste se refiere a la preexistencia del Hijo que no es intencional, sino real; es decir, que su preexistencia es ontológica, a nivel de realidad. Se funda en la generación eterna del Padre y en el papel que ha tenido en la creación del mundo. El himno de la encarnación, del prólogo de san Juan, es también himno de la preexistencia del Verbo junto al Padre: Al principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en 10

el principio junto a Dios: todo ha sido hecho por medio de Él (…). Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. La existencia protológica y trinitaria de Cristo, es en sí misma una realidad salvífica y no sólo como punto de partida de su encarnación salvífica. La eternidad del Hijo no es un horizonte cerrado y estéril, carente de influencia en la vida del hombre, sino todo lo contrario. Esta realidad representa un horizonte sumamente abierto y pneumático porque

está inmerso en la caridad divina. De hecho, en esta vida eterna del Logos preexistente junto al Padre está la razón de posibilidad de la autocomunicación de Dios en la historia que se hace salvación. Aún más, en el Hijo preexistente está la raíz de su papel salvífico en la creación y en la redención. No sólo todo ha sido creado en Él (Jn 1, 3-4), sino que todo ha sido creado en el Verbo eterno en función de la nueva creación que se cumplirá con su encarnación redentora.


Definitivamente, en esta Palabra de amor eterna y personal del Padre se funda el origen del hombre, su redención y su plenitud. Cristo es la Palabra definitiva del Padre. Esta consideración de la preexistencia del Verbo no es en modo alguno una evasión de la historia del hombre, porque el concepto de la preexistencia del Hijo engloba tanto su inmanencia junto al Padre como su estar en el centro de la economía de la salvación, su encarnación. Su generación, su nacimiento eterno, es el fundamento de su nacimiento histórico y la raíz de la primera y nueva creación, por eso el hombre se puede decir que es creatura verbificada (Angelo Amato), en el sentido de que lleva en sí la imagen del Verbo, pues fue hecho por Él y para Él. Al considerar el segundo estado de su existencia la cuestión se problematiza, porque entran en juego no sólo el asunto de su preexistencia, sino también de su eternidad e inmutabilidad. Entra el problema del devenir. Efectivamente, Dios no se mide por el tiempo de las creaturas ni está implicado en el devenir histórico. Pero esto último no significa lejanía o relación inconciliable entre el hombre y Dios, pues, manteniendo su trascendencia, Dios interviene en la historia con acciones salvíficas haciendo de aquélla historia de la salvación. Permaneciendo inmutable, las Sagradas Escrituras presentan un Dios que se conmueve, se alegra, se entristece, que no tiene rencor eterno… Dios no es ajeno a la realidad del hombre, de modo que la inmutabilidad divina alcanza su culmen paradójico en la Palabra hecha carne. El Verbo eterno y preexistente (Jn 1, 1-3), haciéndose carne, se sometió al tiempo y espacio del hombre, se hizo una realidad pasible. Dios sale de sí mismo, como plenitud que se entrega. Dios puede hacerlo y si lo hace no lo hace como un tener que, sino porque es su libre posibilidad de poder devenir en la historia. Su devenir no se opone a su inmutabilidad,

Al principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio junto a Dios: todo ha sido hecho por medio de Él (…). Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros.

pues ésta no significa estatismo ni inmovilidad, sino permanencia en su perfección; de modo que, en su infinita prodigalidad, puede irrumpir libremente en el devenir histórico (esto no le es intrínseco a su ser como las creaturas). El devenir en Dios es libertad y gratuidad absolutas, proviene de su amor y de la sobreabundancia de vida. Con la creación del hombre, Dios había diseñado un proyecto en el que cabía la posibilidad de una historia de Dios, de una auto-declaración en la historia, por eso la encarnación del Verbo ha sido llamado también el Verbo abreviado de Dios (Karl Rahner), es decir, el Verbo eterno hecho carne, concretizado en la persona histórica de Jesús. La encarnación del Hijo de Dios significa que Jesús es hombre de la manera más radical y plena posibles; su humanidad encarnada es la automanifestación de Dios, es su Palabra dirigida a nosotros los hombres.

Precisamente porque viene de Dios, el Verbo encarnado, Jesucristo, es el único revelador del misterio de Dios (Jn 1, 18). De este modo, si queremos conocernos a nosotros mismos, conocer el misterio del hombre, es necesario fijarse en Jesús que nos muestra cómo ser plenamente hombres. Ahora bien, en este respecto hay que considerar brevemente el prólogo del evangelio de san Juan (1, 1-18). A primera vista, podría parecer un pasaje lejano y frío. Pero a través de esas palabras misteriosamente magnas que parecen arrebatar al lector atento a la magnitud del misterio de Dios, se hace visible de pronto el Misterio de Cristo como Palabra Encarnada del Padre. Este mismo misterio, en los evangelios de Mateo y Lucas, es presentado de manera familiar y amable, hablando del Niño y de su madre, de pastores y de sus ovejas y de ángeles que

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anuncian a los hombres la paz que procede de la gloria de Dios. Este pasaje joáneo es un texto de una ilimitada profundidad teológica, de hecho su reflexión representa el culmen (en el sentido de que se ha llegado a un punto alto, supremo y pleno, pero a la vez como el comienzo de algo nuevo) de la inteligencia de Cristo del Nuevo Testamento, porque une de manera armónica la cristología y soteriología, eternidad e historia, Jesús histórico y Jesús pascual. En el prólogo de san Juan, aunque las palabras que utiliza este evangelista son simples, en el sentido de que son palabras usadas en el ámbito diario, no obstante, contrastan con la altura de su contenido; a tal grado que, sin prefacio o sin alguna otra introducción, el lector es introducido a la intimidad de la vida divina. Pero si se hace una escucha más atenta y profunda del prólogo del evangelio de

san Juan se podrá percibir un sentido muy cálido ajeno a la aparente frialdad del misterio. Como se vio brevemente en la reflexión sobre el estado protológico de la Palabra, su preexistencia junto al Padre es la razón de posibilidad de la comunicación de Dios con el hombre. Efectivamente, el eterno Sentido del mundo ha llegado a nosotros de forma tan real que hasta se puede tocar y mirar. Así es, el término griego que usa san Juan para designar La Palabra, ø ªø≥øs, significa también sentido (buen sentido, razón de las cosas, expresión, motivo, causa). Por este motivo se podría traducir con toda justicia El Sentido (de las cosas) se ha hecho carne. Este Sentido no es simplemente una idea o una razón escondida que es causa de las cosas, del mundo; sino que el sentido se dirige hacia nosotros, pues es palabra, expresión, interpelación que se vuelve hacia nosotros. El Sentido tampoco es un

simple dicho que se propaga por el viento y luego se va, sino que está pensado, desde la eternidad, de manera tan personal para cada uno de nosotros. Esto podría parecer demasiado bello para ser verdad. Comúnmente se dice que hay que encontrarle sentido a las cosas, hallar el sentido a las situaciones que nos acontecen. Ese sentido se trata precisamente de Dios. El Sentido es Dios, es Persona: el Hijo de Dios. Dios está detrás de todo. Jesús es el Sentido que da Dios Padre al hombre. Como en los dos primeros versículos del prólogo de san Juan se dice: En el principio existía el Verbo (el Sentido), y el Sentido estaba junto a Dios y el Sentido era Dios. Ésa es la maravillosa verdad que Dios Padre anuncia al hombre por medio de su Palabra:

La encarnación del Hijo de Dios significa que Jesús es hombre de la manera más radical y plena posibles; su humanidad encarnada es la automanifestación de Dios, es su palabra dirigida a nosotros los hombres.

el Sentido del Padre, que está junto a Él desde la eternidad, se ha hecho carne, de esta manera Dios está más cerca de nosotros que nosotros mismos, está a nuestro alcance, es siempre accesible. De tal modo, que podemos hablarle, exponerle nuestras quejas, nuestros dolores y penas, podemos compartirle nuestras alegrías y expresarle nuestras inquietudes y dudas, teniendo la certeza de que su escucha estará ahí siempre presente.

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NAVIDAD:

“Dios está con nosotros” y estamos alegres.

Después de habernos preparado “para la venida” de Jesús (Adviento), recibimos con gozo la Navidad, Su nacimiento, la presencia de Dios entre nosotros, la nueva vida del Emmanuel, que se traduce literalmente como: “Dios con nosotros”. Este nombre es utilizado por Isaías en algunas profecías de signo mesiánico contenidas en su libro: “Pues bien, el Señor mismo va a daros una señal: Mirad, una doncella está en cinta y va a dar a luz un hijo, al que pondrá por nombre Emmanuel” (Is 7, 14). “Anegará Judá a su paso, hasta llegar al cuello. Sus límites se extenderán y abarcarán la anchura de tu tierra, ¡oh, Emmanuel!” (Is 8, 8). Y en Mt 1, 23, el título es aplicado a Jesús en el que se cumple no solo la expectativa del mesías, sino también su concepción virginal y la condición de divinidad: “La virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que

traducido significa: Dios con nosotros”. “Dios está con nosotros”. Este es el mensaje del ángel a los pastores al anunciarles la gran alegría de la Navidad: “Os ha nacido hoy en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo Señor”. Esta noticia sorprende y despierta a los pastores que estaban medio adormilados y los envuelve en la gloria del Señor y su luz, que los lleva inmediatamente a exclamar: “Vamos a Belén a ver lo que ha sucedido, eso que el Señor nos ha manifestado” (Lc 2, 1-15). “Vamos”, es decir que no corrió cada quien por su lado a encontrarse con el Mesías, sino que juntos fueron a admirar el misterio que se les había manifestado, a compartir la alegría de la presencia de Dios. Dios viene a morar entre nosotros, a unirnos, y nosotros unidos en su esperanza, la esperanza del Mesías,

hemos de recibirlo y descubrirlo tan cercano en el otro, puesto que trae una esperanza liberadora para todos los hombres y mujeres que pedimos a gritos la paz en nuestra vida y que es necesario que la irradiemos en la sociedad. Por lo tanto, como somos instrumentos de Dios, hemos de ser conductos de la paz verdadera de Dios que ha de proyectarse en la sociedad, por medio de nuestra justicia, palabras y obras, sabiendo que la realización de la paz no es magia, sino participación en esta acción de Dios. “No teman pues les anuncio una gran alegría, que será para todo el pueblo” Es importante que descubramos la necesidad de unidad que exige la llegada de Jesús, el Emmanuel, a nuestras vidas. Es un gozo y una alegría que no puede permanecer encerrada en cada uno de nosotros, sino que su fuerza irradia y arde 13


“Fueron a toda prisa y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre”.

Fueron a toda prisa y encontraron a María y a José y al niño acostado en el pesebre. dentro de nosotros y nos obliga a compartirla con los demás, con todos. Es más la alegría y el amor que inunda en nosotros la llegada de Dios a nuestras vidas, que la oscuridad y los miedos que nos acosan en el diario caminar y nos impiden confiar, esperar y amar a los demás hermanos, a ellos que necesitan un destello de esperanza, en el ocaso de sus vidas.

sentirnos amados, e incorporados a una nueva familia, en donde los lazos no los podrá romper ni la muerte. Hemos sido invitados a una vida plena, esa es la noticia, por eso estén alegres.

A muchos de nosotros nos hace falta que “nos caiga el veinte” y nos demos cuenta de la realidad en la que nos ha injertado el mismo Dios por su amor, as�� nomás, por que sí. Dándonos cuenta de la realidad Es decir, si nosotros vamos a recibir a en la que vivimos -la gracia de Dios-, y “Dios con nosotros”, tenemos que haber que somos hermanos en Cristo, cambia dispuesto ya nuestro corazón, nuestra todo nuestro ser y obrar al ver en el otro vida y todo lo que somos para recibirlo. a mi hermano, alguien cercano a mí, de Esto se hace en el Adviento, que no es mi familia, de mi espíritu, el Espíritu de sino, la preparación “para la venida” de Dios. Cambiaría mucho, sin duda, el el mismo Dios, del que nadie nos apartará. ambiente en nuestras relaciones, en la familia, las parroquias, los barrios, al La venida de Jesús a nuestra vida, es el saber que estamos en familia y unidos por mensaje del amor de Dios, de su cercanía Aquel que nos hace hijos de un mismo entre nosotros, que nos trae la alegría de Padre.

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Es muy común ver en muchas de nuestras casas el pesebre, portal o nacimiento, nos revela el misterio de la encarnación de Dios, pero no su presencia entre nosotros. Por ejemplo, ya se ha perdido la costumbre de poner en familia el nacimiento (que si no lo pone la abuela, no se pone hasta el mero día y de poco sirve porque ni nos ayudó a vivir la espera y el mero día ni en cuenta se toma, por andar en tantas cosas accesorias, que nos siguen dejando, aunque ornamentados, vacíos). Contemplar a María y a José, en esas pequeñas imágenes del nacimiento nos debe de llevar a imitar los mismos pensamientos y sentimientos de María y José ante la manifestación del misterio del Hijo de Dios. Los pastores de barro a adquirir esa prontitud y humildad de aquellos pastores al escuchar el mensaje de Dios. Los tres reyes magos nos han de hablar de esos magos de oriente, sensibles a detectar los signos que nos hablan de la acción de Dios en nuestra vida. La Navidad es un momento que se comparte, que se vive en comunidad, en donde se comparte la esperanza, la alegría, la paz del momento en el que el mismo Dios nos hace partícipes de su misterio Trinitario, la Comunión Santa, y que al contemplarla nos invita a imitarla.


Hoy Dios nos llama a verlo presente en nuestra familia, vecinos, amigos: ellos son nuestros regalos y sobretodo, las personas solas que exigen ver en nosotros la luz y la paz de Dios, pero que si no la hemos contemplado (sino sólo visto) no podremos compartir su brillantez. “Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios, por todo lo que habían oído y visto.” El habernos encontrado con Cristo en esta experiencia de su presencia entre nosotros, cambia nuestra vida, cambia nuestra forma de pensar, cambia todo nuestro ser. El descubrir el misterio de Dios que se encarna para estar con nosotros es comprender el gran amor que Dios tiene hacia los hombres y mujeres, que quiere estar cerca de ellos y que lo podemos encontrar presente en la familia, y demás detalles, que estoy seguro, Dios ha manifestado a lo largo de nuestra vida y que nos hacen palpar su cercanía.

Hoy Dios nos llama a verlo presente en nuestra familia, vecinos, amigos: ellos son nuestros regalos y sobretodo, las personas solas que exigen ver en nosotros la luz y la paz de Dios, pero que si no la hemos contemplado (sino sólo visto) no podemos compartir su brillantez.

Hoy es tiempo de ser agradecidos, de compartir como familia, como parroquia, como congregación, como comunidad, donde quiera que te encuentres la alegría de ser parte de la gran familia de Dios, de compartir con alguien más esta vida tan maravillosa a la que Dios nos ha llamado. Admira el misterio, proponerse metas como familia, platicar, compartir juegos y dones. Los invito, a que en esta Navidad podamos compartir con todos esta alegría y gozo, para participarlo todos en Cristo, el Dios con nosotros. Preparémonos con un momento de reflexión que sea el centro de la noche. Pidamos al Espíritu Santo, que así como preparó el seno de la Virgen María, prepare nuestros corazones para recibir la luz y la paz del Dios con nosotros. ¡Feliz Navidad!

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Por: Reyes Arturo Aguilar López Cuarto año de Teología ¡Salve, salve, san Teófimo mártir¡ Así inicio nuestra fiesta. Ya en los pasillos, en las capillas, en el aula de clase, incluso en las redes sociales sonaba así nuestro canto, sin olvidar el tradicional grito pronunciado por nuestro querido padre Beto Cavazos de “¡Viva san Teófimo mártir¡”, nos recordaba, que había llegado, el día de celebrar a este joven valiente que entregó su vida por Dios.

Teniendo como lema de nuestra celebración: “Por el Pueblo de Dios, corresponsables en Cristo”, el pasado 27 de octubre iniciamos el novenario a nuestro santo patrono, donde alumnos y sacerdotes formadores del Seminario, disfrutamos juntos de la convivencia, la fraternidad, la alegría, la oración, el deporte, pero más aún el gozo de ser llamados por Cristo para configurarnos cada vez más a él, en el sacerdocio.

“POR EL PUEBLO DE DIOS, CORRESPONSABLES EN CRISTO” “La catolicidad de la Iglesia se manifiesta también en la corresponsabilidad activa y en ña colaboración generosa de todos en favor delbien común.” 16


Poco después de las tres de la tarde, con la alegría reflejada en sus rostros, nuestros hermanos del Seminario Menor y del Curso Introductorio se hicieron presentes para celebrar con júbilo este gran acontecimiento, que desde 1930 realizamos. Así una vez todos reunidos arrancamos con el encendido del pebetero, seguido de las palabras del P. Gerardo Cárdenas y el lanzamiento de la primera bola en el partido de Softbol. Mientras tanto, ya en las canchas de basquetbol del Teologado, degustábamos unos ricos snacks: palomitas de maíz, algodones de azúcar, espiropapas, sin olvidar la gran variedad de productos que la pituka móvil nos ofrece, la cual, tuvo gran éxito entre nuestros hermanos seminaristas.

sus cimientos con la fuerza que brota del Evangelio, se requiere la creativa y activa participación de todos. Nadie, por tanto, debe sentirse excluido de colaborar en esta misión, al máximo de sus propias posibilidades y capacidades.

Ya entrada la noche, en espíritu de oración y reflexión, rendimos veneración a Quien nos había reunido, a san Teófimo, celebrando la oración de la tarde en la que entregamos a Dios todo lo realizado en el día.

Es por eso, que para vivir este valor y no dejarlo sólo en el pensamiento y la voluntad, se llevaron a cabo diversas actividades organizadas por el área cultural, tales como: la Conferencia: “La corresponsabilidad del periodismo en la construcción de la paz” y el panel: “La reconstrucción de nuestra ciudad una tarea de todos”, en el que participaron diversos representantes de la sociedad, siguiendo el espíritu del documento emitido por el Señor Cardenal Don Francisco Robles Ortega. En este ambiente de responsabilidad mutua, inició la gran celebración del triduo festivo.

Así, a lo largo de los nueve días subsiguientes, tuvimos la dicha de celebrar a Cristo en san Teófimo de una manera intensa, compartiendo la mesa de la Palabra y de la Eucaristía, misma que fue presidida cada día por padres invitados, los cuales, nos motivaron con la frescura de su ministerio, recordándonos, también, lo que dijo el Beato Juan Pablo II sobre la corresponsabilidad, que: “La catolicidad de la Iglesia se manifiesta también en la corresponsabilidad activa y en la colaboración generosa de todos en favor del bien común”. Por ello, teniendo presente el tema central de la celebración, se llevaron a cabo diferentes actividades que nos ayudaron a reflexionar sobre nuestra participación en la tarea y misión común, encomendada por el Señor Jesús a todos los hijos de la Iglesia: “remen mar adentro”. En este esfuerzo apostólico, en esta empresa de colaborar en la transformación del mundo entero desde

Nadie, debe sentirse excluido.

Hacia las 15:30 horas, del pasado 3 de noviembre, arrancó la fiesta. Todos nos dimos cita en el estacionamiento de Filosofía donde ya nos esperaba una batucada la que, encendió el deseo de vivir este momento. Por un instante, olvidamos las tareas, los exámenes, el cansancio, y las preocupaciones propias de cada etapa de formación, para adentrarnos de lleno en nuestra fiesta. Trasladando las reliquias de la capilla del Teologado a la del Instituto de Filosofía, iniciamos nuestra oración vespertina.

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El día 4 de noviembre, el ambiente de fiesta estaba en todo su esplendor. Iniciamos el día en la presencia de Dios con el rezo de laudes y la santa Misa, seguido del desayuno. Y hacia las nueve de la mañana arrancó el torneo deportivo esperado por muchos de nuestros hermanos, para el cual se habían preparado arduamente con días o incluso meses de anticipación. Después de la jornada deportiva, en el auditorio escolar, el cuarteto: “Jazz para todos”, nos adentro en el mundo de la música, compartiéndonos diez piezas musicales, de entre la que destacó el canto: “entre tus manos”, mismo que nos fue dedicado por uno de los miembros del cuarteto. Para cerrar el día, como debe ser, nos dirigimos a la capilla del Filosofado para dar gracias a Dios por todas estas experiencias vividas a lo largo del día celebrando las I Vísperas Solemnes en honor a san Teófimo, las cuales, fueron presididas por nuestro querido Padre Vicerrector. Finalmente, el sábado por la mañana, el compromiso entre los equipos finalistas era un hecho, y en punto de las 9:30 de la mañana tenían que pelar el campeonato, donde una vez más nuestros hermanos filósofos, nos dieron muestra de su actitud y gran esfuerzo deportivo

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“...celebramos una vez más a este hombre, quien es ejemplo de amor, de entrega y de corresponsabilidad...” arrasando si no es con todos, si con la mayoría de los premios y reconocimientos.

pronunciaba poco antes de iniciar el banquete festivo, lo que despertó la alegría entre todos nosotros.

Y como todo lo que inicia debe terminar, nuestra fiesta estaba ya en este culmen y por ello, lo hicimos como acostumbramos, con la santa Misa presidida por nuestro Emmo. Sr. Cardenal, quien nos recordó el valor auténtico de ser testigos de Cristo en el mundo, exhortándonos a ser signos vivos del Resucitado. Y este año sin gritar: “dos, dos, dos…” gozamos de un día de asueto, gracias a nuestro Cardenal, cuando lo

Es así, como este año celebramos una vez más a este hombre, quien es ejemplo de amor, de entrega y de corresponsabilidad en la misión de Cristo.

Que ¡Viva san Teófimo mártir!


La mujer en el papel de la misión de la Iglesia hoy Hacia un Adviento. Algunos estereotipos

En un mundo en el que se tiende cada vez más a la despersonalización del hombre es fácil observar cómo se aplican ciertos estereotipos a las personas y con ello, no sólo se confirma la pérdida de la identidad en ser humano, sino también como a éste se le va empleando cada vez más como una herramienta de trabajo que puede ser remplazada o simplemente, se puede prescindir de ella. En esta dinámica nos vamos dando cuenta de cómo en la medida en la que se van aplicando estos estereotipos a las personas o mejor dicho, en la medida en la que las personas van adoptando actitudes y realizando acciones que se acoplan a la moda en turno, van perdiendo su identidad, y en el actuar y forma de relacionarse con el medio ambiente que le rodea se tiende a que, en la mayoría de los casos se actúe de manera más impersonal e irresponsable. Bajo esta perspectiva, la “responsabilidad” en algunos casos lleva a comprometer la

dinámica del crecimiento, desarrollo y madurez de la persona. Ubicándonos en este contexto, me gustaría tratar el papel de la mujer en la Iglesia actual. Presenté lo anterior a modo de introducción para que se pueda entender y valorar por igual el trabajo de todos los laicos en las comunidades parroquiales, ya que es por medio de ellos que se permea el mensaje del Evangelio en las estructuras más íntimas de la sociedad, sin embargo, en el caso concreto de la mujer, me gustaría destacar también cómo en estas mismas estructuras sociales se va haciendo cada vez más amplia su participación, siendo así que el papel que llegan a desempeñar se vuelve trascendente, verbigracia, presidencias municipales, direcciones de corporativos, consultorías, entre otras. Con ello, creo que podemos reconocer que en su actuar, en algunas ocasiones, se hacen patentes actitudes y estereotipos que no corresponden a las imágenes y actitudes que se tenían de la mujer en épocas no tan pasadas.

“hágase en mí, según tu palabra”

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Su importancia en la sociedad Desde luego que esto no es ninguna novedad: el papel de la mujer en el medio ambiente en el que se desenvuelve trae grandes beneficios al mismo, sin embargo, tristemente en la actualidad, también vemos cómo esta importante participación se ve opacada en la medida en que ellas van tomando “actitudes varoniles” es decir, actitudes que reflejan vicios que no corresponden a su imagen, como puede ser el que participan más activamente en el consumo de bebidas embriagantes, tabaquismo, etc., pero lo más preocupante, es cuando su dignidad o trascendencia en el actuar, es puesta o quiere ser puesta en función del actuar de los hombres, por ejemplo cuando se busca que al dirigir algo, o guiar algo, la mujer lo haga en función de cómo lo haría algún hombre.

Afortunadamente en la Iglesia, aun cuando se ha incrementado la participación de la mujer, en la mayoría de los casos se ha procurado cuidar la dignidad de ellas así como su lugar. Con esto, no quiero decir que se le impida o se le deba negar la práctica de alguna actividad, sino que nos ayuda a descubrir y a entender el lugar que cada miembro ocupa en la Iglesia así como la manera de poner en práctica el don que Dios le da a cada uno, siendo así el lugar en que debe ser puesto en la práctica el talento recibido en la Iglesia, según sea el caso. Y es que el poder ver a mujeres 20

ministros de la comunión, como coordinadoras del equipo de Liturgia o bien ministras de la Palabra, además de hacer patente la importancia que tiene su labor en la Iglesia, hace reconocer cómo la mujer va desempeñando papeles de importancia vital en el desarrollo y sustento de la comunidad. Esto desde luego, no nos debe hacer “quitar el dedo del renglón” con respecto al cuidado y formación que se les debe de dar a cada una de ellas, sino todo lo contrario, nos debe llevar a esforzarnos en profundizar en el misterio de la identidad de la mujer en cuanto mujer, como también “hija amada” o “flor deseada” de Dios Padre,

“... desde un principio le creó con una misión.” que desde un principio le creó con una misión. Siendo así, considero que al profundizar en el misterio de la persona femenina, se ha de descubrir su identidad muy distinta a la del hombre. Claro, no por ello quiero decir que sea menos importante, para nada, pero sí que es diferente y con ello, se les pueda dar a ellas una formación adecuada y una dirección más personalizada, de modo que su actuar no refleje “actitudes varoniles” o se ponga la trascendencia de su obrar en función de la dignidad del hombre.


Hacia un nuevo adviento En esta dinámica, considero que se hace muy importante el reconocer el papel que “ellas” desempeñan en la Iglesia, pero insisto, se hace vital para un correcto desarrollo de la identidad así como de su madurez, una formación personalizada, de modo que el encuentro personal con Cristo que hayan tenido y que las llevó a un compromiso personal, pueda hacerlas también llegar al ser discípulas al modo de la Virgen María, de modo que, a través de su función en la sociedad, pueda irse permeando la identidad cristiana a cada uno de los miembros que forman la sociedad para que así se vaya “cristianizando a través de María” la sociedad.

Al reconocer el compromiso de ellas, al prestarles la atención y la formación debida, no se hace más que darles el lugar que les toca y que les corresponde, de modo que poco a poco se vaya reconociendo más y más, no solo lo equivocado que son los estereotipos, sino que se vaya descubriendo la verdadera identidad cristiana del hombre y de la mujer en la sociedad, de modo que el Rostro de Cristo se vaya haciendo poco a poco más patente en esta sociedad, tan necesitada de una mirada de amor, mirada que en algunas ocasiones queda oculta por un mal entendimiento del dinamismo de la identidad del hombre y de la mujer.

Mucho más podemos aprender y seguir diciendo de esos maravillosos seres que Dios nos dio como compañeras para que no nos sintamos solos, y mucho más nos podríamos extender respecto al misterio de la vida que se encuentra oculto a la vista en su ser, sin embargo, dejemos que sea el Evangelio quien nos vaya iluminando poco a poco estos maravillosos y suaves misterios, y sea la guía de Espíritu Santo quien vaya encaminando la participación de la mujer en la Iglesia de modo que todos y todas podamos algún día decir: “hágase en mí, según tu palabra”. 21


La nueva evangelización Por: Pbro. Juan Armando Pérez Talamantes Parroquia Sagrada Familia del Evangelio; en un sentido más concreto se refiere al anuncio de la persona de Jesucristo, por medio de palabras y acciones, como “fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree” (Rm 1,16); esta misión evangelizadora está necesariamente ligada al servicio que la comunidad eclesial debe realizar para ayudarnos unos a otros a encontrarnos con Cristo, un encuentro que supere la sola transmisión de conocimientos, habilidades, capacidades técnicas e instrumentos. La Evangelización ad gentes y la Nueva Evangelización tienen sentido si comprendemos desde la fe que somos parte de la comunidad eclesial y que participamos de su misión evangelizadora. El Señor nos ilumina: “Y les habló muchas cosas en parábolas. Decía: «Una vez salió un sembrador a sembrar. Y al sembrar, unas semillas cayeron a lo largo del camino; vinieron las aves y se las comieron. Otras cayeron en pedregal, donde no tenían mucha tierra, y brotaron enseguida por no tener hondura de tierra; pero en cuanto salió el sol se agostaron y, por no tener raíz, se secaron. Otras cayeron entre abrojos; crecieron los abrojos y las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta.” (Mt 13,3-8). La evangelización es una En el mundo de hoy encontramos algunos dimensión esencial de la acción eclesial sectores entre los destinatarios de esta que tiene dos sentidos: en un sentido misión: quienes formamos parte activa amplio se refiere al anuncio transmisión de la acción evangelizadora (entre ellos 22 La comunidad eclesial, alentada por el Espíritu Santo, se propone renovar su acción evangelizadora. Para ello, el Papa Benedicto XVI ha convocado a la XIII Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos para reflexionar sobre “La Nueva Evangelización para la transmisión de la fe cristiana”. Se trata de una reflexión que parte del sujeto agente de la evangelización considerando la circunstancia actual, valorando los diversos matices de la realidad con el mismo impulso espiritual del Concilio Vaticano II y los subsiguientes momentos de reflexión sobre la evangelización realizados por el mismo Sínodo de los Obispos y por las Conferencias Episcopales en todo el mundo. Los Lineamenta propuestos por la secretaría de esta XIII Asamblea Ordinaria, piden encuadrar la reflexión distinguiendo tres dimensiones de la actividad pastoral de la Iglesia: “la evangelización como actividad regular de la Iglesia, el primer anuncio ad gentes, a quienes aún no conocen a Jesucristo, y la nueva evangelización, que se dirige principalmente a quienes se han alejado de la Iglesia, a las personas bautizadas pero no suficientemente evangelizadas. ”

los sacerdotes y seminaristas, con entrega de vida, pero muchas veces afectados por la superficialidad en la fe, en la identidad, en el proyecto de vida); quienes no han recibido la Buena Nueva; quienes la han recibido y necesitan impulso para madurar; quienes la han recibido, pero se han alejado; quienes la han recibido, pero están en crisis de fe. La reflexión sobre la Nueva evangelización ha de considerar cada uno de estos sectores.

La nueva evangelización, se dirige principalmente a quienes se han alejado de la Iglesia, a las personas bautizadas pero no suficientemente evangelizadas.


Los Lineamenta nos piden considerarnos a nosotros mismos en reflexión: somos personas que necesitamos comprender nuestra identidad de hijos de Dios, para poder comprender nuestra vocación evangelizadora, donde encontraremos los rasgos de santidad que estamos llamados a madurar, florecer, dar fruto y compartir. Se trata de una renovación de la vida espiritual, se nos invita a un discernimiento de espíritu que purifique nuestros corazones y nos disponga a una vida de amistad con Dios nacida de la Nueva Alianza sellada por el sacrificio de Cristo en la cruz y actualizada en el sacramento del sacerdocio real y ministerial, que nos impulse realizar el servicio humilde de provocar encuentros

de nuestros hermanos con Cristo, por medio del testimonio de nuestro propio encuentro, no como maestros, sino como discípulos. La piedra angular de este impulso renovador del Espíritu Santo es el encuentro con Cristo en su Palabra: momentos de escucha, comprensión en interpretación que lleven al compartir y confrontación recíproca entre Cristo y la comunidad eclesial, entre Cristo y cada uno de nosotros, entre Cristo y cada uno de los destinatarios de la acción evangelizadora. Con la preocupación de una madre y un padre que engendran y educan a sus hijos, la comunidad eclesial discierne sobre la educación integral de todos los seres humanos partiendo del encuentro personal en tensión por la comunión.

“somos personas que necesitamos comprender nuestra identidad de hijos de Dios”

Nuestra acción eclesial debe estar claramente marcada por la comunión, la cual constituye por sí misma un desafío para nuestra sociedad. El discernimiento de espíritu de la comunidad eclesial incluye el conocimiento de la comunidad eclesial local para comprender, partiendo de un conocimiento cierto acerca de ella, con criterios de fe, la vocación de servicio que realizaremos en esta primera mitad del siglo XXI. Quiero detenerme en un rasgo del presente: nuestra querida sociedad se emociona con los medios de los cuales dispone, aunque haya grandes sectores que aún no tengan fácil acceso a los medios básicos y a medios de tecnología avanzada, pero anhelan tenerlos, a veces aunque no sean necesarios; los medios motivan nuestros sentidos y deseos, al no tener acceso a ellos, muchos reaccionamos con resentimiento ¿acaso los medios son símbolos para nuestra sociedad? Símbolos que nos reenvían a realidades más profundas, tal vez en lo profundo del corazón de cada miembro 23


de esta sociedad ¿cuáles serán estas profundas realidades que hacen mover los interiores de cada persona de esta Arquidiócesis de Monterrey y de esta Provincia Eclesiástica? Preocupa el reclamo de quienes se acercan a la comunidad eclesial y no reciben una respuesta adecuada a su corazón, debida a la humana limitación y a la falta de una relación humana maduramente impulsada por la fe; ante ello, conociendo nuestra fascinación por la motivación de la sensibilidad, es fuerte la tentación de crear redes de sentimientos y gestos sensibles compartidos y así convocar multitudes que nos simbolicen, aún con el riesgo de confundir el símbolo con la realidad, el medio con el fin y la congregación con la comunión, a lo cual sucumbimos con cierta facilidad. Es una de las posibilidades, sobre todo al considerar la iniciación cristiana. El servicio de la comunidad eclesial en el discernimiento acerca de la Nueva Evangelización ha de considerar el pensamiento y organización en red que entusiasma, de manera especial, a la generación nacida en la segunda mitad del siglo XX, y discernir en su interior cómo conjugarlo con el don de caridad de la cruz de Cristo: la perla preciosa del acceso a lo más profundo del corazón de los seres humanos, para acoger, comprender, sanar y fortalecer, una auténtica acción de amor que sólo Cristo puede realizar; los medios pueden favorecer, pero nunca sustituir el amor de Cristo ni el amor auténtico de las personas entre sí. La comunión de amor entre Dios y los seres humanos sigue siendo el mayor anhelo de Dios, el anhelo de toda evangelización y creo que es el anhelo de toda persona que vive y trabaja en esta sociedad que queremos y hemos de aprender a amar. Que la reflexión de comunidad eclesial por la Nueva Evangelización inquiete nuestros 24 corazones.

”La cruz de Cristo: la perla preciosa del acceso a lo más profundo del corazón de los seres humanos, para acoger, comprender. sanar y fortalecer, una auténtica acción de amor.”

ETEROVIC Nicola, Relación para la Conferencia de Prensa con motivo de la presentación de los “Lineamenta” de la XIII Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre “La Nueva Evangelización para la transmisión de la fe”, 2011, No, 3. CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Nota doctrinal acerca de algunos aspectos de la evangelización, 2007, No.2. SÍNODO DE LOS OBISPOS, Lineamenta para la XIII Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre “La Nueva Evangelización para la transmisión de la fe”, 2011, No. 3, 5, 15, 17, 18, 20


¿Qué es inquietud? ¡Yo sólo siento que Dios me llama a ser sacerdote!

Por: Dario Torres Rodríguez Experiencia Eclesial 25


Dentro de este año de experiencia eclesial, uno de los momentos que más he disfrutado, es la posibilidad de acompañar de manera más cercana la experiencia vocacional de aquellos que llamamos “inquietos” por alguna vocación específica. Una vez, cuando le pregunté a uno de los muchachos que cuál era su inquietud, me respondió con sencillez: “¿Qué es inquietud?... ¡yo sólo siento que Dios me llama a ser sacerdote!” Esto me hizo caer en la cuenta que muchas veces, revestimos el llamado de Dios en un lenguaje sumamente complicado y algunas veces inaudible para los interlocutores. Entre los jóvenes, el lenguaje vocacional muchas veces no es un tanto claro a la hora de hablar sobre “inquietud”, sobre “procesos”, o “discernimientos” (Emilio Lavaniegos). Estas palabras son muchas veces, palabras ambiguas que no definen lo que sus corazones y sus vidas experimentan sobre Dios. “Toda vocación es un gran misterio, es un don que supera infinitamente al hombre” (Juan Pablo II, vocación don y misterio). ¿Cómo es que entonces se puede materializar esta realidad de fe que supera toda razón humana? Siempre es necesario partir de que la irrupción de Dios en la historia pasa por la diversidad de nuestros lenguajes. Según esto, la pastoral vocacional deberá preguntarse cómo expresa a Dios con su lenguaje total, con su gesto lingüístico, porque Dios pasa a su través. (cfr. MALTOS, Juan Carlos, Abrir el corazón, animación vocacional en tiempos difíciles y formidables p. 51). Cuando me encuentro con jóvenes con inquietud por saber el llamado de Dios en sus vidas, me topo con que esta realidad es latente: arde en el corazón pero no se puede materializar concretamente en palabras humanas. Reflexiono sobre ello y me pregunto: ¿cómo expresar a los hombres la elección de Dios en nuestras vidas? ¿Cómo entender que alguien puede ser capaz de dejar todo para seguir un llamado que sólo se escucha en el interior? Esta experiencia sólo se entiende desde la fe, ya que dicha virtud teologal habilita al joven para captar la voz de Dios en su historia personal que ordinariamente no se trata de un acto de fe explícito, más bien es una actitud de la persona que le hace percibir la presencia del Señor en los acontecimientos de su vida (cfr. MALTOS, p. 193). Recordemos que la llamada es de Dios, que las mediaciones faliblemente humanas sólo se limitan a remover la semilla, a conducir y guiar de manera palpable la posible comprobación de una realidad que rebasa toda certidumbre humana. Signo sensible de ello es la posibilidad de encuentro con la misma Palabra de Dios, ya que sólo ante ella, puede originarse la llamada del Creador. Así, la referencia a la Palabra de Dios es uno de los “termómetros” más certeros que mide la calidad de la experiencia vocacional, puesto que expresa en su multiforme lenguaje el llamado de Dios así como de la mediación del acompañante vocacional, cuyo papel no es el protagonista de la vocación del acompañado, sino más bien, ser parte de la atmósfera que favorezca un discernimiento que produzca en este paz, gozo y serenidad 26 a la hora de optar.

En el acompañamiento vocacional, esto es uno de los retos que el animador experimenta día con día, la limitación humana de hacer que las palabras evoquen realidades de fe. En otras palabras, cómo hacer escuchar el diálogo amoroso de Dios que llama al joven inquieto que busca y no encuentra respuestas concretas, sólo susurros de una voz que lo hace decir: ¡te seguiré! Sin duda sólo puede comunicarse el mensaje de la llamada de Dios a otros, aquel que ha podido experimentar esta inquietud. Ya hemos de partir de que Dios se encarna y que el lenguaje de Dios parte de los hechos concretos, parte de las realidades de la historia que figura el llamado de Dios a los hombres actuales: “La vocación sólo se transmite por mediación personal, de tú a tú. Para que pueda darse, debe haber previamente un creyente que haya respondido a la llamada y sea signo”. (MALTOS, p. 52). Así, una vocación con lenguaje, ha de partir de la experiencia personal, ya que cada uno responde a Dios desde su peculiar y singular historia, de la capacidad de ser “diáfanos” del amor de Dios, y del llamado que nos hace de manera personal. Una vocación con lenguaje, implica una vocación que ha hecho en su vida un discernimiento personal y que su mismo testimonio de vida propicia la convicción de que Dios está vivo y que sigue llamando. Así, cuando oyes a un joven que dice, “me quiero entregar totalmente a Dios” exige de nosotros voltear a mirar a Jesús y decir a su vez: “heme aquí, envíame” (Is 6, 8).

El acompañamiento vocacional De un lenguaje vocacional a una vocación con lenguaje


caminito de “La Cuaresma, que nos lleva a la celebración de la Santa Pascua, es para la Iglesia un tiempo litúrgico muy valioso e importante…Para emprender seriamente el camino hacia la Pascua y prepararnos a celebrar la Resurrección del Señor -la fiesta más gozosa y solemne de todo el Año litúrgico-, ¿qué puede haber de más adecuado que dejarnos guiar por la Palabra de Dios? Por esto la Iglesia, en los textos evangélicos de los domingos de Cuaresma, nos guía a un encuentro especialmente intenso con el Señor…

CUARESMA

En síntesis, el itinerario cuaresmal, en el cual se nos invita a contemplar el Misterio de la cruz, es «hacerme semejante a él en su muerte» (Flp 3, 10), para llevar a cabo una conversión profunda de nuestra vida: dejarnos transformar por la acción del Espíritu Santo. El período cuaresmal es el momento favorable para reconocer nuestra debilidad, acoger, con una sincera revisión de vida, la Gracia renovadora del Sacramento de la Penitencia y caminar con decisión hacia Cristo”. del 2011.

Del Mensaje del papa Benedicto XVI para la cuaresma

Este es un caminito para dejarnos acompañar por Jesús que nos llama constantemente a la verdad de nosotros mismos, que se encuentra en Su cruz y resurrección: fuimos hechos para vivir en plenitud. Te podrás servir de él a partir del próximo 14 de Febrero. ¡Anímate! La estructura base son los evangelios de los domingos de Cuaresma de este año. Las instrucciones de uso son: 1. Los pasos que a continuación se presentan se han de repetir cada semana de Cuaresma. 2. Leer. Escuchar y leer el texto del Evangelio dominical. Esa será la línea espiritual que orientará la semana completa. Aquí ponemos las citas bíblicas. 3. Orar. Date un tiempo para leer la Meditación correspondiente y, en oración, platica con Jesús qué te dice esta Meditación en este momento de tu vida y a qué te mueve. 4. Comprometerse. Te proponemos una breve serie de acciones concretas para animar tu vida cuaresmal respecto a los pasos anteriores. Sé generoso. Si alguna necesita que la adaptes, eres libre. Esperamos que te sirva personalmente y que puedas invitar a participar en él a tu familia, grupo parroquial o comunidad de vida. Este subsidio no surgió en la soledad. Gracias por trabajar juntos (AG-WR-P.T-RD-TI).

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caminito de

CUARESMA

Leer MIÉRCOLES DE CENIZA. Mt 6, 1-6. 16-18.

semana

1

Leer Orar

Mc 1, 12-15.

Semana para “dejarse empujar”: El Espíritu Santo empuja a Jesús al desierto. Y ahí Jesús prepara su ministerio en el encuentro con Dios Padre. Déjate empujar al desierto como tiempo especial para que dejes a un lado lo que te aleja de Dios y pidas perdón por los tropezones que has puesto a tu camino de discípulo y misionero. Si, es cierto: es difícil seguir a Jesús. Por eso déjate empujar, deja que el Espíritu Santo te hable al corazón y te prepare para creer en el Evangelio.

Compromiso - Hacer un examen de conciencia delante de una imagen de Jesús. - Buscar y rezar toda esta semana una oración al Espíritu Santo. Pedir especialmente que te empuje hacia Jesús. - Leer el mensaje de Cuaresma que el Papa Benedicto ha escrito para este año (www.vatican.va) o una reflexión sobre este tiempo litúrgico. 28

Orar Semana para “calentar motores”. Empieza esta Cuaresma como un proceso personal de encuentro con Dios. Ten cuidado de no hacer este camino para que la gente que te conozca diga que eres tan bueno, tan buenísimo, que casi ni necesitas vivir esta Cuaresma. Dios que sabe todo lo bueno que eres te ama tal cual eres; más ahora, Él quiere que seas más libre y feliz. ¡Buen camino!

semana

2

Compromiso Lee estos textos (Jn 17. 1Co 13. Mt 5) - Busca en ellos una frase que te acompañe toda la Cuaresma y te ayuda a disponerte en tu oración. - Haz una lista de por lo menos diez virtudes que tengas y dale gracias a Dios habértelas dado. - Realiza una buena acción en secreto ya sea una limosna, un sacrificio o una oración-.

Leer Orar

Mc 1, 12-15.

Semana para tener los “oídos abiertos”: Con el corazón bien dispuesto, arrepentidos y con fe renovada es tiempo de escuchar de un modo nuevo. La novedad de Jesús no se pierde, mas para acceder a ella hay que subir a la montaña de la intimidad con Él. Para escuchar a Jesús se necesita silencio y caminar hacia un conocimiento más profundo de la Palabra y de Quien la dice. Si Jesús te aburre quizá es porque no lo has escuchado o porque necesitas buscar más profundamente en El.

Compromiso

- Guarda la hojita dominical y leer todos los días de la semana el Evangelio (Mc 9, 2-10). - Haz una visita al Santísimo en la parroquia o templo que frecuentes. Incluye una oración por el Papa Benedicto. - Antes de dormir, encomienda a san Pedro, Santiago y san Juan, presentes en la Transfiguración, tu vida cristiana.


semana

caminito de

CUARESMA

3

semana

Leer

Jn 2, 13-25

Orar Semana para una “limpieza general”: El Templo de Dios, lugar donde prometió Dios que su Nombre habitaría, es limpiado por Jesús porque no correspondía al deseo de Dios; se habían corrompido con injusticias y con fraudes. Lo mismo puede suceder con nuestra vida, si lo dejas entrar. Jesús sabe lo que tienes de bueno –que es mucho- y también en lo que te has aliado con el mal –sea mucho o sea poco-. No tienes que enseñarle lo que es ser humano porque Él lo entiende muy bien. Deja que Jesús te limpie y te haga más libre de la “mugre” que no te deja ser coherente con lo que Dios quiere de ti.

Compromiso

semana

4

Leer Orar

Jn 3, 14-21

Semana de “salva-vidas”: Quizá, estés convencido que juzgar a los demás no tiene caso. Si te has dejado tocar por Dios en esta Cuaresma, sabrás y habrás experimentado no un tiempo de castigo sino de respirar más profundo, de sentirte mejor con Él, contigo, con los demás; un tiempo de más autenticidad: esto es un tiempo de salvación. Jesús viene a salvar y no a condenar. ¿Tú cómo vives tu vida cristiana? Jesús es salvador, es el “salva-vidas”. ¿Te pareces a Jesús en que no oprime a los demás sino que los libera, promueve, hace más felices? El Evangelio es salvación, es buena noticia y no una esquela fúnebre. ¿Acaso el buen samaritano no fue un salva-vidas?

Compromiso - Busca el Sacramento de la Reconciliación. Hazlo después de un momento de oración. Prepárate bien.

- Escríbele una tarjeta a una persona que conozcas de algún tiempo reconociéndole cinco virtudes y felicitándole por ellas.

- Limpia tu cuarto, como signo de la purificación interior que le pides a Dios.

-Reza el viacrucis y habla de Jesús a alguna persona. Hazle la invitación a acercarse más a Él.

- Dales un signo de cariño a los miembros de tu familia (una llamada, un mensajito por celular, un abrazo y un beso, una cena especial…).

- Medita el siguiente texto bíblico: Col 3,12ss. Pide a la Virgen María que pida para ti un corazón que no condene.

Leer

Jn 12, 20-33

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Orar

Semana para poner las “manos a la obra”: Para entrar en el círculo de los que van tras Jesús es necesario estar disponible, dejarse empujar por su Espíritu, escucharlo y conocerlo más, dejarse limpiar y salvar por él, PERO sobretodo servirlo. Quizá una pequeña fórmula te pueda ayudar a evaluar tu manera de servir: hacerlo para la gloria de Dios + para el bien de los demás + gratuitamente + y con alegría: así muy posiblemente estarás sirviendo al estilo de Jesús. A Jesús lo podemos encontrar en las personas que amamos y que nos aman. Y claro, también Jesús se disfraza de pobre, de gente incómoda, de cónyuge cabeza-dura, de hijo incomprensible.

Compromiso - Como preparación al Misterio que celebramos la siguiente semana, lee la Pasión del Señor ( Mt 26, 1-28,20 ) y en respuesta a lo leído , ofrécete para hacer un servicio que no te sea muy grato. - Visitar a una persona que esté enferma, triste o la esté pasando mal. Regalarle algo que tú creas que necesite. - Reza por los que se dedican a hacer el mal y por las víctimas, para que se sientan muy amadas por Dios. Si sabes de alguien, ten un gesto de solidaridad en el dolor.

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¿Dónde está

Dios?

Gedeón: el “valiente guerrero” que encontró paz. Por: Jesús Jorge Moreno Cruz Tercer año de Teología

Gedeón es uno de los jueces que Yahvé suscitó para liberar a los israelitas de la dominación de los pueblos que los oprimían robando sus cosechas, saqueando sus ganados y dejando en gran miseria a Israel (Jc 6, 4); la desgracia de los israelitas les había llegado por su desobediencia a Dios. Nos cuenta el libro de los Jueces que en diversas ocasiones se habían entregado a los ídolos haciendo lo que desagradaba a Yahvé (6, 1). Pero el pueblo clamó a Yahvé y él respondió mandando jueces, héroes libertadores que han recibido una gracia especial, elegidos por Dios para una misión de salvación 30


Es claro que en todo el libro de los Jueces, el tema principal es la obediencia a Dios en el cumplimiento de la Alianza pactada en tiempos de Moisés y ratificada con Josué, pero centrando nuestra atención en Gedeón podremos encontrar algunas pistas de reflexión para nuestros tiempos, especialmente ahora que vivimos sujetos o dominados por el miedo y la inseguridad. Esta narración no la podemos dejar pasar sólo como historia del pasado o leyenda de un personaje; adecuarla a nuestro tiempo y a nuestra propia historia nos ayudará a encontrar palabras de salvación para nuestra vida y motivos de esperanza cristiana

Recomiendo leer antes el siguiente pasaje de la Escritura:

Jueces 6, 1-24 “Yahvé contigo, valiente guerrero” (6, 12) El saludo que el Ángel de Yahvé hace a Gedeón le revela una nueva identidad y misión, le llama “valiente guerrero” a un campesino que se encontraba en sus labores cotidianas moliendo trigo y en una actitud vigilante y temerosa por miedo a los madianitas que podían llegar a robárselo en cualquier momento. Ahora Gedeón pasará a ser de campesino un guerrero.

“Si Yahvé está con nosotros,¿por qué nos ocurre todo esto”?(6, 13) El desconcierto de Gedeón por el saludo del Ángel no está en que le llame “valiente guerrero” sino en la expresión “Yahvé contigo” y en medio de su angustia reprende al Ángel con esta pregunta que revela sus sentimiento de abandono y el reclamo que le hace a Dios: “¿Dónde está ese Dios del que le hablan sus padres, aquél que hizo grandes prodigios en Egipto y los hizo salir de aquél país, los guió por el desierto y les dio la tierra que mana leche y miel? ¿Dónde está ahora que más lo necesitan? ¿Por qué Dios les ha abandonado?”.

“Vete, que con esa fuerza que tienes salvarás a Israel “ (6, 14) Dios no le da explicaciones de su aparente abandono, le contesta con un imperativo que responde a sus preguntas es un diálogo que no se da pero que podríamos leer de esta manera: -¿Donde está Dios? ¿Por qué nos ha abandonado? - Aquí estoy, Yo te envío. Aquí está el que te sacó de la opresión en Egipto, aquí el que te hizo pasar el mar Rojo, aquí el que escucha a Israel y se compadece, aquí contigo, en tu corazón por eso vete tú, que con esa fuerza salvarás a Israel. ¿A qué fuerza se refiere el Ángel? ¿Acaso es a la fuerza física que descubría en Gedeón que trabajaba la tierra? ¿Qué es lo que hace fuerte a Gedeón?

“¿Cómo voy a salvar yo a Israel? Mi clan es el más pobre de Manasés y yo el último de mi familia” (6, 15) El “regateo” que hace Gedeón al Ángel es una característica especial en las narraciones de la vocación de algunos de los personajes que aparecen en el Antiguo Testamento, es el “pero” que naturalmente ponen al verse rebasados por la encomienda que Dios les está haciendo: “Quién soy yo para ir al faraón y sacar de Egipto a los israelitas” (Ex 3, 11); “¡Ah Señor Yahvé! Mira que no sé expresarme, soy apenas un muchacho” (Jr 1, 6) y en Gedeón no es la excepción, pone las barreras en su historia y en su familia: ¿Cómo lo haré si soy el más pequeño, el más pobre, el menos útil? No soy guerrero, soy campesino. Pero parece que precisamente es la condición que Dios pone, hay que ser pequeño, poco útil, joven, no saber hablar, etc. Porque solo así se manifestará su poder y no quedará duda de que es su obra.

“Yo estaré contigo y derrotarás a Madian como si fuera un solo hombre” (6, 16) Esta es la fuerza a la que se refiere el Ángel de Yahvé, su compañía, eso es lo que lo hará derrotar a los opresores, no le dio armas, no le entregó un ejército, le dio Su compañía, eso es lo que lo hace fuerte.

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“Si es cierto que estás de mi parte dame una señal que eres tu el que me hablas”… “te traeré mi ofrenda y la pondré delate de ti” (6, 17-18) Sin embargo para Gedeón no ha sido suficiente la promesa del Ángel, no puede ver que es el enviado de Dios, pide una señal, pide un signo que le hará saber si no son sólo sus deseos de libertad lo que le llama a pelear contra Madian, ¿Verdaderamente es de Dios esta encomienda?

“El Ángel de Yahvé extendió la punta del bastón que tenía en la mano”…entonces salió fuego de la roca que consumió la carne y las tortas ázimas” (6, 21) Dios convirtió en sacrificio la ofrenda, la ha consumido con fuego y así ha establecido un pacto con Gedeón. Aquí le da la prueba que él esperaba, ahora sabe que es realmente obra del Señor que ha escuchado las súplicas de su pueblo. Hasta este momento Gedeón reconoce que Aquél con quien habla es Dios mismo, se tapa la cara, se postra allí mismo, ¿Quién puede hablar con Dios cara a cara y seguir con vida? Es tan grande la impresión que sabe que morirá.

Vete a anunciarlo con tu testimonio, vete tú que con esa fuerza salvarás a tu pueblo, esa fuerza que es la compañía del Señor. Él nos dice “Yo estoy contigo” “La paz sea contigo. No temas, no morirás” “Gedeón levantó en aquel lugar un altar a Yahvé y lo llamó Yahvé-Paz” (6, 23-24) Los conflictos entre los madianitas y el pueblo de Israel no terminaron en aquél momento, sin embargo Gedeón encontró paz porque reconoció a Dios, él estaba allí no le había abandonado, ahora tenía una gran encomienda: llevar a su pueblo esa paz que encontró, luchar contra Madian y sobre todo mantener la fe. Dios irrumpe en nuestra historia, nos sacude, nos llama a cada uno y nos da una misión especial, recuerda su promesa de salvación para su pueblo y nos hace ver su compañía cercana. Sin embargo, en medio de la situación angustiosa, podemos responder como Gedeón con esta válida pregunta que pudieran ser las palabras de muchos de los que sufrimos la opresión de la violencia e inseguridad: ¿Dónde está Dios? 32

Y la respuesta deberá ser: ¡Está en ti! Vete a anunciarlo con tu testimonio, vete tú que con esa fuerza salvarás a tu pueblo, esa fuerza que es la compañía del Señor. Él nos dice “Yo estoy contigo”, salvarás a mi pueblo sembrando esperanza, construyendo desde tu vida la paz que tanto anhelas, enseñando a los que te rodean el mejor camino para edificar la paz, arrancando de los corazones afligidos la desesperanza, consolando a los afectados, denunciando las injusticias, abrazando la cruz pero sobretodo creyendo firmemente que Dios no abandona.

Con Gedeón, elevemos la ofrenda que Dios convertirá en sacrificio, reconozcamos esta presencia de Dios en el único Sacrificio que es la Eucaristía, fuente y culmen de nuestra vida y de donde mana todo bien; de ella surge la paz, la verdadera paz que tanto anhelamos. Al alimentarnos con el Cuerpo de Cristo nos fortalecemos para construir la paz y para llevar la esperanza a quien lo necesite, esta esperanza que nos da la seguridad de saber que Dios está con nosotros.



Revista San Teófimo Num. 107