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El Vocero Burgales 3 de Noviembre 2009

JOSÉ SARAMAGO(1922 -2010 UTOPÍA ANDANTE


Biografía Primeros años José Saramago nació en la freguesia de Azinhaga (municipio de Golegã, en el distrito central del Ribatejo, Portugal), cerca del río Tajo, a 120 km al noreste de Lisboa. Sus padres fueron José de Sousa y Maria da Piedade, una pareja campesina sin tierras y de escasos recursos económicos. Este origen marcaría profundamente el carácter y la tendencia político-teórica del escritor. El apodo de la familia paterna era Saramago ("Jaramago" en español, nombre de una planta herbácea silvestre de la familia de las crucíferas). El niño debería haberse llamado José Sousa, pero el funcionario del registro civil cometió un "lapsus calami" (error de pluma) y lo anotó como José "Saramago", aunque hay quienes dicen que fue una broma del funcionario, conocido de su padre. El registro oficial menciona el día 18 de noviembre, aunque fue el 16. En 1925, la familia de Saramago se mudó a Lisboa, tras un breve paso por Argentina, donde su padre comenzó a trabajar de policía. Pocos meses después de la mudanza, falleció su hermano Francisco, dos años mayor. Saramago nunca perdió su relación con su aldea de nacimiento, donde fueron numerosas sus estancias, ni con sus costumbres argentinas, siendo pública su predileccion por el dulce de leche y el mate. En 1934, a la edad de 12 años entró en una escuela industrial. En aquellos años incluso los estudios técnicos contenían asignaturas humanísticas. En los libros de texto gratuitos de aquellos años Saramago se encontró con los clásicos. Incluso en sus últimos años aún podía recitar de memoria algunos de esos textos. Aunque Saramago era buen alumno, no pudo finalizar sus estudios porque sus padres ya no pudieron pagarle la escuela, por lo que para mantener a su familia Saramago trabajó durante dos años en una herrería mecánica. Mientras tanto, sin guía alguna, se leyó toda la biblioteca pública de su barrio. Entre los pocos ejemplares de su propiedad, figuraban textos de escritores argentinos. [editar] Comienzos como escritor Pronto cambia de trabajo y comienza a trabajar de administrativo en la Seguridad Social. Tras casarse en 1944 con Ilda Reis, Saramago comienza a escribir la que acabará siendo su primera novela: Terra de pecado, que se publicó en 1947 pero no tuvo éxito. Ese año nació su primera hija, Violante. Saramago escribió una segunda novela, Claraboya, pero directamente nunca fue publicada. Por espacio de veinte años no se volvió a dedicar a la literatura. "Sencillamente no tenía algo que decir y cuando no se tiene algo que decir lo mejor es callar". Entra a trabajar en una compañía de seguros. Simultáneamente colabora como periodista en Diário de Notícias, un periódico de alcance nacional, pero por razones políticas pronto es expulsado. Luego, colaboró como crítico literario de la revista Seara Nova y fue comentarista cultural. Formó parte de la primera dirección de la Asociación Portuguesa de Escritores, y también desempeñó la subdirección del Diário de Notícias. Desde 1976 se dedica exclusivamente a su trabajo literario. Sufrió censura y persecución durante los años de la dictadura de Salazar. Consigue trabajo en una editorial (donde trabaja durante doce años). En su tiempo libre traduce: Maupassant, Tolstoi, Baudelaire, Colette… En 1966 publicó Os poemas possíveis. En 1969 se hizo miembro del Partido Comunista Portugués (cuando éste todavía era clandestino). Ese mismo año se divorcia de Ilda y abandona su trabajo en la editorial para dedicarse plenamente a vivir de la escritura, bien como articulista, bien como novelista. En 1970 publica Probabelmente alegría Entre 1972 y 1973 fue redactor del "Diário de Lisboa". En 1974 se sumó a la llamada "Revolución de los Claveles", que llevó la democracia a Portugal. En 1975 publica O Ano de 1993. [editar] Consagración Su primera gran novela fue Levantado do chão (1980), un retrato fresco y vívido de las condiciones de vida de los trabajadores de Lavre, en la provincia de Alentejo. Con este libro Saramago consigue encontrar su voz propia, ese estilo inconfundible, límpido y casi poético que lo distingue. En los siguientes años, Saramago publica casi sin descanso: Memorial do convento (1982), donde cuenta las más duras condiciones de vida del pueblo llano en el oscuro mundo medieval, en épocas de guerra, hambre y supersticiones.

Este libro fue adaptado como ópera por Azio Corghi, y estrenado en el Teatro de la Scala de Milán, con el título de Blimunda (el inolvidable personaje femenino de la novela). También Corghi adaptó su obra teatral In nómine Dei, que con el nombre de Divara fue estrenada en Munster. De Azio Corghi es también la música de la cantata La muerte de Lázaro, sobre textos de Memorial del convento, El Evangelio según Jesucristo e In nómine Dei. Fue interpretada por vez primera en la iglesia de San Marco, de Milán. En 1984 Saramago publica O ano da morte de Ricardo Reis y en 1986 A jangada de pedra (La balsa de piedra), donde cuenta qué sucedería si la península ibérica se desprendiera del continente europeo. Ese año (cuando tenía 63 años) conoce a su actual esposa, la periodista española Pilar del Río, natural de Castril, Granada nacida en 1950, quien finalmente se convierte en su traductora oficial en castellano.

Traslado a la isla de Lanzarote La novela El Evangelio según Jesucristo (1991) lo catapulta a la fama a causa de una polémica sin precedentes en Portugal (que se considera una república laica), cuando el gobierno veta su presentación al Premio Literario Europeo de ese año, alegando que "ofende a los católicos". Como acto de protesta, Saramago abandona Portugal y se instala en la isla de Lanzarote (Canarias). En 1995 publica una de sus novelas más conocidas, Ensayo sobre la ceguera novela que fue llevada al cine en el 2008 bajo la dirección de Fernando Meirelles. En 1997 publica su novela Todos los nombres, que gozó también de gran reconocimiento. En 1998 gana el premio Nobel de literatura por Ensayo sobre la ceguera, convirtiéndose en el primer escritor (y hasta ahora el único) de lengua portuguesa en ganar este premio. Desde entonces compartió su residencia entre Lisboa y la isla canaria, participando en la vida social y cultural de ambos países cuyas estrechas relaciones justificó en una entrevista para proponer su idea utópica de creación de una Iberia unida.[2] Ateo declarado, colaboró ocasionalmente en prensa, aportando su punto de vista,[3] siempre agudo y comprometido.[4] En definición suya, "Dios es el silencio del universo, y el ser humano, el grito que da sentido a ese silencio".[5] Una de sus últimas obras fue "Las intermitencias de la muerte", cuenta de un país cuyo nombre no será mencionado y se produce algo nunca visto desde el principio del mundo: la muerte decide suspender su trabajo letal, la gente deja de morir. De ahí en adelante, se relataran situaciones inimaginables o no, ya que nadie muere pero siguen envejeciendo. Falleció a los 87 años, el día 18 de junio de 2010 , en su residencia de la localidad de Tías (Lanzarote, Las Palmas) debido a una leucemia crónica que derivó en un fallo multiorgánico. Habia hablado con su esposa y pasado una noche tranquila. Saramago escribió hasta el final de su vida, pues se dice que llevaba 30 páginas de una próxima novela. [6]


SUS ESCRITOS Obra Biográfica 1997 Cadernos de Lanzarote (Cuadernos de Lanzarote, recopilación (1993/95)) 2001 Cadernos de Lanzarote (Cuadernos de Lanzarote, recopilación (1996/97)) 2006 As pequenas memórias. (Las pequeñas memorias, memorias de su infancia)

Poesía 1966 Os poemas possíveis (Poemas posibles) 1970 Provavelmente alegría (Probablemente alegría) 1975 O Ano de 1993 (El año de 1993) 2005 Poesía completa (Antología) Relatos 1978 Objeto quase (Casi un objeto, cuentos) 1979 Poética dos cinco sentidos: o ouvido (Los cinco sentidos: El oído) 1998 O conto da ilha desconhecida (Cuento de la isla desconocida, "Todas las islas, incluso las conocidas, son desconocidas mientras no desembarquemos en ellas") 2001 A maior flor do mundo (La flor más grande del mundo, relato infantil) 2009 El cuaderno (Recopilación del blog de Saramago)

Novela 1947 Terra de pecado (Tierra de pecado) 1948 Clarabóia (Claraboya, novela nunca publicada) 1977 Manual de pintura e caligrafía (Manual de pintura y caligrafía, novela filosófica acerca de la figura del artista) 1980 Levantado do chão (Levantado del suelo, historia de varias generaciones de campesinos portugueses, testigos de las penurias del campo y de un tiempo aciago, que culmina con el triunfo de la Revolución de los Claveles) 1982 Memorial do convento (Memorial del convento, la traducción de Basilio Losada mereció el Premio Nacional de traducción) 1984 O ano da morte de Ricardo Reis (El año de la muerte de Ricardo Reis) 1986 A jangada de pedra (La balsa de piedra, la península ibérica se desprende del resto de Europa y comienza a navegar por el Atlántico) 1989 História do Cerco de Lisboa (Historia del cerco de Lisboa, en 1147) 1991 O Evangelho Segundo Jesus Cristo (El Evangelio según Jesucristo, original visión de la vida del fundador del cristianismo) 1995 Ensaio sobre a Cegueira (Ensayo sobre la ceguera, una extraña epidemia condena a una ciudad a la ceguera blanca)

1997 Todos os nomes (Todos los nombres, novela acerca de don José, un kafkiano burócrata que al encontrar en el registro civil la ficha de una mujer, de la que no conoce siquiera la cara, queda perdidamente enamorado, y sale a buscarla) 2000 A caverna (La Caverna (novela), novela que parte del mito platónico y critica el consumismo) 2002 O homem duplicado (El hombre duplicado, dos hombres milimétricamente idénticos se encuentran: explora la angustia del ser anónimo perdido en una sociedad masificada) 2004 Ensaio sobre a lucidez (Ensayo sobre la lucidez, investiga los límites de la democracia) 2005 As intermitências da morte (Las intermitencias de la muerte, acerca de un país donde la gente deja de morir) 2008 A Viagem do Elefante (El viaje del elefante) 2009 Caín

Crónicas 1971 Deste mundo e do outro (De este mundo y del otro, Crónicas publicadas en el diario "A Capital") 1973 A bagagem do viajante (El equipaje del viajante, Crónicas publicadas en los diarios "A Capital" y "Jornal do Fundão") 1974 As opiniões que o DL teve (Las opiniones que DL tuvo, Crónicas políticas) 1977 Os Apontamentos (Apuntes, Crónicas publicadas en los diarios "Diário de Lisboa"(1972/73) y en el "Diário de Noticias" (1975)) Guía turística 1981 Viagem a Portugal (Viaje a Portugal) Teatro 1979 A noite (La noche) 1980 Que farei com este livro? (¿Qué haré con este libro?) 1987 A segunda vida de Francisco de Assis (La segunda muerte de Francisco de Asís) 1993 In nómine Dei 2005 Don Giovanni ou O dissoluto absolvido

Notas 1.Saramago, José: noticia biográfica en Las intermitencias de la muerte. Punto de Lectura - Madrid, 2006 ISBN 84-663-1895-X p. 254 2.Diario El País, 15/07/2007 "Saramago profetiza que Portugal y España acabarán siendo Iberia" 3.Diario El País, 18/09/2001 "El factor Dios " 4.Diario El País, 21/08/2005 "Dios como problema" 5.'Dios es el silencio del universo', artículo de Juan J. Tamayo en El País, 17/10/2009, consultado el 20/10/2009 6. Fallece a los 87 años José Saramago.

La indignación activa BALTASAR GARZÓN JUEZ 18/06/2010 Admiraba el escritor José Saramago desde hace muchos años, pero no le conocí hasta 1999, en un curso de verano de El Escorial dirigido por mí. Saramago habló ese día sobre la vida y el compromiso político de la juventud. Y satinó su intervención con sus clásicas teorías escépticas sobre el futuro del mundo. Veías a todos los jóvenes cautivados por su discurso, como él lo hacía: deslavazado en apariencia, pero con la fuerza suficiente para llevarles al final a donde quería: a escuchar el mensaje de esperanza en un hombre que ya entonces contaba con 77 años. Era un hombre embarcado en la denuncia permanente En uno de los últimos textos que escribió se refirió a la situación por la que estoy pasando. Hablaba sobre la incredulidad que le generaba todo el proceso, que va más allá de mi caso personal: pone en juego la memoria histórica del país y la impunidad del franquismo. Un ejemplo más del compromiso militante de José Saramago, de su indignación activa tanto por injusticias como por el abandono a su suerte de las víctimas. Si le pedías que se implicara en una causa reivindicativa lo hacía sin dudarlo un instante. En el año 2007 escribí con Vicente Romero un libro El alma de los verdugos sobre la intensa represión de la dictadura militar en Argentina. José aceptó escribir el prólogo, y lo hizo a su manera. Se trataba de un prólogo breve pero durísimo contra los dictadores que impulsaron la represión, pero también de un recuerdo sentido a las víctimas del régimen militar. Era un texto de denuncia pura y dura. Muy suyo. Porque el autor se dejaba llevar por el principio de la indignación activa. Era un hombre embarcado en la denuncia permanente. Un maestro en este sentido. Era un referente ético indispensable en una sociedad sin referentes morales Textos como este convirtieron a José Saramago en uno de los referentes éticos indispensables de una sociedad en la hay una grave ausencia de liderazgos morales. Una sociedad en la que se echa de menos la coherencia y el desarrollo ético de una actividad, no solo literaria, sino también política y social. Una sociedad en la que no sobran precisamente las personas decididas a ayudar a los más desfavorecidos y a apoyar las causas más necesarias. Con su muerte se va uno de los escasos intelectuales comprometidos, uno de los más preclaros, por su coherencia y su capacidad para unir acción social, literaria y política. Siempre fue una persona fiel a sus principios. Hoy día, cuando se echan tanto en falta referentes de todo orden, su presencia pública era un lujo.


El 'factor Dios' JOSÉ SARAMAGO 18/09/2001 -EL PAIS En algún lugar de la India. Una fila de piezas de artillería en posición. Atado a la boca de cada una de ellas hay un hombre. En primer plano de la fotografía, un oficial británico levanta la espada y va a dar orden de disparar. No disponemos de imágenes del efecto de los disparos, pero hasta la más obtusa de las imaginaciones podrá 'ver' cabezas y troncos dispersos por el campo de tiro, restos sanguinolentos, vísceras, miembros amputados. Los hombres eran rebeldes. En algún lugar de Angola. Dos soldados portugueses levantan por los brazos a un negro que quizá no esté muerto, otro soldado empuña un machete y se prepara para separar la cabeza del cuerpo. Esta es la primera fotografía. En la segunda, esta vez hay una segunda fotografía, la cabeza ya ha sido cortada, está clavada en un palo, y los soldados se ríen. El negro era un guerrillero. En algún lugar de Israel. Mientras algunos soldados israelíes inmovilizan a un palestino, otro militar le parte a martillazos los huesos de la mano derecha. El palestino había tirado piedras. Estados Unidos de América del Norte, ciudad de Nueva York. Dos aviones comerciales norteamericanos, secuestrados por terroristas relacionados con el integrismo islámico, se lanzan contra las torres del World Trade Center y las derriban. Por el mismo procedimiento un tercer avión causa daños enormes en el edificio del Pentágono, sede del poder bélico de Estados Unidos. Los muertos, enterrados entre los escombros, reducidos a migajas, volatilizados, se cuentan por millares. Las fotografías de India, de Angola y de Israel nos lanzan el horror a la cara, las víctimas se nos muestran en el mismo momento de la tortura, de la agónica expectativa, de la muerte abyecta. En Nueva York, todo pareció irreal al principio, un episodio repetido y sin novedad de una catástrofe cinematográfica más, realmente arrebatadora por el grado de ilusión conseguido por el técnico de efectos especiales, pero limpio de estertores, de chorros de sangre, de carnes aplastadas, de huesos triturados, de mierda. El horror, escondido como un animal inmundo, esperó a que saliésemos de la estupefacción para saltarnos a la garganta. El horror dijo por primera vez 'aquí estoy' cuando aquellas personas se lanzaron al vacío como si acabasen de escoger una muerte que fuese suya. Ahora, el horror aparecerá a cada instante al remover una piedra, un trozo de pared, una chapa de aluminio retorcida, y será una cabeza irreconocible, un brazo, una pierna, un abdomen deshecho, un tórax aplastado. Pero hasta esto mismo es repetitivo y monótono, en cierto modo ya conocido por las imágenes que nos llegaron de aquella Ruanda- de-unmillón-de-muertos, de aquel Vietnam cocido a napalm, de aquellas ejecuciones en estadios llenos de gente, de aquellos linchamientos y apaleamientos, de aquellos soldados iraquíes sepultados vivos bajo toneladas de arena, de aquellas bombas atómicas que arrasaron y calcinaron Hiroshima y Nagasaki, de aquellos crematorios nazis vomitando cenizas, de aquellos camiones para retirar cadáveres como si se tratase de basura. Siempre tendremos que morir de algo, pero ya se ha perdido la cuenta de los seres humanos muertos de las peores maneras que los humanos han sido capaces de inventar. Una de ellas, la más criminal, la más absurda, la que más ofende a la simple razón, es aquella que, desde el principio de los tiempos y de las civilizaciones, manda matar en nombre de Dios. Ya se ha dicho que las religiones, todas ellas, sin excepción, nunca han servido para aproximar y congraciar a los hombres; que, por el contrario, han sido y siguen siendo causa de sufrimientos inenarrables, de matanzas, de

monstruosas violencias físicas y espirituales que constituyen uno de los más tenebrosos capítulos de la miserable historia humana. Al menos en señal de respeto por la vida, deberíamos tener el valor de proclamar en todas las circunstancias esta verdad evidente y demostrable, pero la mayoría de los creyentes de cualquier religión no sólo fingen ignorarlo, sino que se yerguen iracundos e intolerantes contra aquellos para quienes Dios no es más que un nombre, nada más que un nombre, el nombre que, por miedo a morir, le pusimos un día y que vendría a dificultar nuestro paso a una humanización real. A cambio nos prometía paraísos y nos amenazaba con infiernos, tan falsos los unos como los otros, insultos descarados a una inteligencia y a un sentido común que tanto trabajo nos costó conseguir. Dice Nietzsche que todo estaría permitido si Dios no existiese, y yo respondo que precisamente por causa y en nombre de Dios es por lo que se ha permitido y justificado todo, principalmente lo peor, principalmente lo más horrendo y cruel. Durante siglos, la Inquisición fue, también, como hoy los talibán, una organización terrorista dedicada a interpretar perversamente textos sagrados que deberían merecer el respeto de quien en ellos decía creer, un monstruoso connubio pactado entre la Religión y el Estado contra la libertad de conciencia y contra el más humano de los derechos: el derecho a decir no, el derecho a la herejía, el derecho a escoger otra cosa, que sólo eso es lo que la palabra herejía significa. Y, con todo, Dios es inocente. Inocente como algo que no existe, que no ha existido ni existirá nunca, inocente de haber creado un universo entero para colocar en él seres capaces de cometer los mayores crímenes para luego justificarlos diciendo que son celebraciones de su poder y de su gloria, mientras los muertos se van acumulando, estos de las torres gemelas de Nueva York, y todos los demás que, en nombre de un Dios convertido en asesino por la voluntad y por la acción de los hombres, han cubierto e insisten en cubrir de terror y sangre las páginas de la Historia. Los dioses, pienso yo, sólo existen en el cerebro humano, prosperan o se deterioran dentro del mismo universo que los ha inventado, pero el `factor Dios´, ese, está presente en la vida como si efectivamente fuese dueño y señor de ella. No es un dios, sino el `factor Dios´ el que se exhibe en los billetes de dólar y se muestra en los carteles que piden para América (la de Estados Unidos, no la otra...) la bendición divina. Y fue en el `factor Dios´ en lo que se transformó el dios islámico que lanzó contra las torres del World Trade Center los aviones de la revuelta contra los desprecios y de la venganza contra las humillaciones. Se dirá que un dios se dedicó a sembrar vientos y que otro dios responde ahora con tempestades. Es posible, y quizá sea cierto. Pero no han sido ellos, pobres dioses sin culpa, ha sido el `factor Dios´, ese que es terriblemente igual en todos los seres humanos donde quiera que estén y sea cual sea la religión que profesen, ese que ha intoxicado el pensamiento y abierto las puertas a las intolerancias más sórdidas, ese que no respeta sino aquello en lo que manda creer, el que después de presumir de haber hecho de la bestia un hombre acabó por hacer del hombre una bestia. Al lector creyente (de cualquier creencia...) que haya conseguido soportar la repugnancia que probablemente le inspiren estas palabras, no le pido que se pase al ateísmo de quien las ha escrito. Simplemente le ruego que comprenda, con el sentimiento, si no puede ser con la razón, que, si hay Dios, hay un solo Dios, y que, en su relación con él, lo que menos importa es el nombre que le han enseñado a darle. Y que desconfíe del `factor Dios´. No le faltan enemigos al espíritu humano, mas ese es uno de los más pertinaces y corrosivos. Como ha quedado demostrado y desgraciadamente seguirá demostrándose.


Saramago, un utópico pesimista El escritor luso plasmó en su obra un pensamiento muy crítico con el ser humano, las injusticias y la fatalidad de la muerte Creador de uno de los universos literarios más personales y sólidos del siglo XX, José Saramago supo aunar su vocación de escritor con su faceta de hombre comprometido que nunca cesó de denunciar las injusticias que veía a su alrededor o de pronunciarse sobre los conflictos políticos de su tiempo. Esa capacidad crítica le hizo ser absolutamente pesimista con el devenir del mundo, con raza humana y con las circunstancias que han ido creando la historia de nuestro mundo. Saramago tenía la convicción de que el ser humano era imperfecto por naturaleza y por ello cruel, desvalido e indefenso. Y Dios, lejos de tener una imagen de padre bondasoso, se convierte en un ser alejado de su creación, incapaz de compadecerse de las penurias e injusticias que viven millones de personas. Crítico con las injusticias Sin embargo, ese pesimismo no era pasivo. Saramago conocía los defectos del ser humano y meditaba sobre sus posibles salidas, sobre la solución a su existencia. En numerosas ocasiones, esa solución pasaba por la muerte, una muerte liberadora. Todo ese pensamiento fue el que irradió a lo largo de toda su obra. Una unión de pensamiento y escritura que desembocó en una de las literaturas más desgarradoras, coherentes y humanas de la historia. "Saramago vive como escribe, tan lúcido e íntegro en sus libros como en los días de su vida", dijo en una ocasión la novelista colombiana Laura Restrepo al resumir "la clara impronta de humanidad" que emanaba de la figura y de la obra del escritor portugués. Persona de firmes convicciones, capaz de "estar al lado de los que sufren y en contra de los que hacen sufrir"; "hombre de una sola palabra, de una sola pieza", como lo definió su mujer, la periodista española Pilar del Río, cuando en 1998 le dieron el Premio Nobel, éste reconocía siempre que él no

tenía poder para cambiar el mundo, pero sí para decir que era necesario cambiarlo. Y lo decía en ese "espacio literario enorme" que para él era la novela, en la que, con su habitual modestia, aseguraba no haber "inventado nada". "Yo solo me limito a levantar la piedra y ver lo que hay debajo" "Sólo soy alguien que, al escribir, se limita a levantar una piedra y a poner la vista en lo que hay debajo. No es culpa mía si de vez en cuando me salen monstruos", afirmó en el 97, con motivo de uno de sus múltiples doctorados 'honoris causa'. Espíritu indomable Sus viajes por los cinco continentes le servían también para animar a los oyentes a reaccionar ante el mal funcionamiento del mundo, "a indignarse, a no quedarse en esa especie de inercia de rebaño" que caracteriza al hombre actual. "Es hora de aullar, porque si nos dejamos llevar por los poderes que nos gobiernan se puede decir que nos merecemos lo que tenemos", aseguraba Saramago en junio de 2007. Militante comunista durante buena parte de su vida también criticó con dureza a la izquierda: "Antes, caíamos en el tópico de decir que la derecha era estúpida, pero hoy día no conozco nada más estúpido que la izquierda". En innumerables ocasiones Saramago había pedido un debate en profundidad sobre el sistema democrático, convencido como estaba de que el verdadero poder no reside en los gobiernos sino en las multinacionales. "Hablar de democracia es una falacia", solía decir. Saramago hace tiempo que se convirtió en referencia imprescindible de la narrativa europea, y así lo reconoció la Academia Sueca cuando le otorgó el Nobel por haber creado una obra en la que "mediante parábolas sustentadas con imaginación, compasión e ironía, nos permite continuamente captar una realidad fugitiva".


TODOS SOMOS CHIAPAS He visto el horror. No el que hemos observado en lugares como Bosnia o Argelia. No. Éste es otro tipo de horror. Estuve en Acteal, en el mismo lugar de la matanza... escuchando a los supervivientes. Es difícil expresar lo que se siente cuando uno sabe que se encuentra con los pies sobre el mismo lugar donde hace tres meses asesinaron a estas personas. Me imaginaba la escena... La gente tratando de escapar... los paramilitares disparando a discreción... las mujeres y los niños gritando, huyendo entre la maleza... el lamento de los heridos... En Chiapas se vive una situación de guerra o una ocupación militar, que al final es casi lo mismo. No es una guerra en el sentido común, con un frente y dos partes confrontadas. Yo nada más he visto una parte confrontada: el Ejército y los paramilitares. La otra parte, las comunidades indígenas, no están enfrentándolos, no tienen medios. Están rodeados, no tienen comida ni agua... Viven en condiciones infrahumanas. Son casi campos de concentración. No los reunieron allí a la fuerza, es cierto, pero cuando huyeron a esos lugares (se refiere a los campos de refugiados) los rodearon los paramilitares y el Ejército. Entonces esos campamentos se convirtieron en una especie de campo de concentración. Si alguna vez hubo en la historia de la humanidad una guerra desigual, no la hubo nunca como ésta. Es una guerra de desprecio, de desprecio hacia los indígenas. El Gobierno esperaba que con el tiempo se ¡acabaran! todos, simplemente eso. Pero ellos sobreviven, alimentándose de su propia dignidad. No tienen nada, pero lo son todo. Enfrentan la guerra con ese estoicismo que me impresionó tanto, un estoicismo casi sobrehumano que no aprendieron en la universidad, que consiguieron tras siglos de humillación. Han sufrido como ninguno y mantienen esa fuerza interior, una fuerza que se expresa con la mirada... La mirada de ese niño al que le han destrozado para siempre la vida... (Saramago conoció al pequeño de cuatro años Gerónimo Vázquez al que los paramilitares amputaron cuatro dedos en Acteal) Es algo que no se me borrará jamás de la memoria... Las miradas serias, severas, recogidas de las mujeres, de los hombres... son algo que está por encima de todo. Los indígenas no tienen nada, pero lo son todo. ¿Cómo es posible que después de tanto sufrimiento ese mundo indio mantenga una esperanza? ¿Cómo puede sonreír ese hombre de Polhó que nos acaba de decir "mañana puede que nos maten a todos, pero bueno, aquí estamos"? Es algo que no alcanzo a entender. En Chiapas encontré un mundo que no comprendo. El mundo indio es un mundo donde el europeo no puede entrar fácilmente. Es como si me asomara a una ventana que da a otro mundo y, aunque lo tengo enfrente, no lo puedo entender.

También descubrí otra realidad, la de un territorio ocupado militarmente. Un territorio donde los paramilitares y el Ejército son la uña y la carne juntas. Por una razón muy sencilla: de no ser así, los paramilitares no podrían haber hecho lo que hicieron y lo que siguen haciendo. Yo vi camiones del Ejército transportando a civiles que seguro no viajaban allí por la amabilidad de los militares. Minutos después de que abandonáramos Acteal hubo un acto de intimidación e hicieron hasta 30 disparos al aire. Esto sólo puede ocurrir si el Ejército da su bendición. Nada más fácil para el Ejército que identificar a los paramilitares y desarmarlos. Me parece esquizofrénico que el Congreso pueda estar debatiendo una ley (el Proyecto de Ley sobre Autonomía Indígena propuesto por el ejecutivo) supuestamente para resolver los problemas de las comunidades indígenas, como si fuera una ley normal, en situaciones normales para objetivos consensuados, cuando al mismo tiempo hay miles de desplazados que no pueden volver a sus tierras, con miedo a ser asesinados, mientras hay una ocupación militar clara en el territorio de Chiapas. Y mientras los paramilitares se pasean tranquilamente y hacen lo que quieren. ¿Cómo es que no se empieza por pacificar la situación para después discutir una ley donde participen todos los sectores y todas las comunidades? Todo se ha hecho sometiendo a los indios de Chiapas a una presión incalificable y esto no puede llamarse humanidad. El pueblo de México tiene que reclamar a su Gobierno una paz justa y digna. Yo no puedo, sólo soy un escritor extranjero acusado de injerencia. El pueblo mexicano no puede quedarse parado, dejando que los gobernantes lo decidan todo, hay que bajar a la calle... no estoy pidiendo un levantamiento sino simplemente que las conciencias se manifiesten... estoy pidiendo una insurrección moral, desarmada, étnica... Acteal es un lugar de la memoria que no puede de ninguna manera desaparecer. Sabemos lo que ocurrió y no lo queremos olvidar. Chiapas es el cuerpo de México. La sociedad civil debería admirar no sólo a los indios sino a los que se levantaron para defender a esos mismos indígenas. De Chiapas me llevo no sólo el recuerdo, me llevo la palabra misma... Chiapas... La palabra Chiapas no faltará ni un solo día de mi vida. Si tenemos conciencia pero no la usamos para acercarnos al sufrimiento ¿de qué nos sirve la conciencia? Volveré a Chiapas, volveré". Transcripción de Javier Espinosa (Declaraciones concedidas a LA REVISTA por José Saramago


Un hombre llamado Saramago Caín, la última novela de José Saramago, me llegó un día de lluvia y el sobre que contenía el libro venía medio deshecho, pero la tinta de bolígrafo es por fortuna resistente y la dedicatoria no había sufrido daños. También llovía hace dieciocho años en Bad Homburg, un lugar cercano a Frankfurt donde, cada año, empezaba realmente la Feria del Libro, la mítica Buchmesse, durante una cena ofrecida por Ray-Güde Mertin, nuestra agente literaria. Y en esa tarde de lluvia, mientras todos bebíamos estupendos vinos alemanes, mientras escritores y editores de todo el mundo nos encontrábamos, tocábamos, narrábamos lo que en ese momento nos ocupaba, nadie se percató de que el timbre de la casa no funcionaba. De pronto, uno de los camareros se acercó a la anfitriona y le susurró: "en la puerta hay un hombre llamado Saramago". Entonces entró ese hombre flaco acompañado de un ángel llamado Pilar, ese hombre que miraba a los ahí reunidos con ademanes de estar perdido, hasta que reconoció al novelista uruguayo Mario Delgado Aparaín y ambos se fundieron en un abrazo. A partir de ese momento se formó el rincón de los latinoamericanos que tratábamos de responder a las mil preguntas que nos hacía José Saramago, que sabía de nuestros países más que muchos de nosotros mismos. José Saramago entendía la solidaridad como un hecho consustancial a vivir, nadie se jugó tanto por tantas causas justas y en tan poco tiempo. Los que alguna vez lo invitamos a Chiapas, a los campamentos del Tinduf, a la Araucanía, a cualquier territorio del continente americano donde se precisara, no un mensajito esperanzador carente de médula, sino un discurso fuerte sobre los derechos humanos, la justicia y la dignidad de los pobres, sabíamos que lo más probable es que aceptara, poniendo en juego su propia salud y su precioso tiempo de escritor enorme. José Saramago llegó a todos los lugares a los que creyó que tenía que llegar. Supo definir mejor que nadie lo que significaba ser un comunista en el confu-

so siglo XXI: es una cuestión de actitud, dijo, una cuestión de ética frente a los acontecimientos y la historia. Y ahora llueve también en Asturias cuando la radio me informa del deceso de ese hombre llamado Saramago, cuyo ejemplo es un icono de la decencia social, y autor de libros que permanecerán en la memoria de los siglos. Será dura y difícil la senda de los preocupados por la ética sin la presencia de José Saramago. Será duro saber que no está cuando precisemos de su voz alentadora en las mil batallas pendientes contra un sistema feroz. Pero sé que una voz en nuestras conciencias, en los momentos de dudas o peligros, nos recordará que con nosotros todavía sigue el ejemplo de ese hombre, de ese hombre llamado Saramago. Luis Sepúlveda Le Monde Diplomatique http://www.lemondediplomatique.cl/Un-hombrellamado-Saramago.html


Premios, Galardones y demás condecoraciones José Saramago durante la Feria Internacional del Libro en Bogotá, Colombia. Orden de Saurí, Primera clase. Es la máxima distinción de Panamá. Beca de Honor de la Residencia de Estudiantes de la Universidad Carlos III (Madrid, España) Caballero de la Orden de las Artes y las Letras (Francia) Comendador de la Orden Militar de Santiago de Espada (Portugal) Doctor Honoris Causa por la Universidad Autónoma del Estado de México (México) Doctor Honoris Causa por la Universidad Autónoma de Madrid (España) Doctor Honoris Causa por la Universidad de Brasilia (Brasil) Doctor Honoris Causa por la Universidad de Salamanca (España) Doctor Honoris Causa por la Universidad de Castilla-La Mancha (España) Doctor Honoris Causa por la Universidad de El Salvador ( El Salvador) Doctor Honoris Causa por la Universidad de Costa Rica Doctor Honoris Causa por la Universidad de Mánchester (Reino Unido) Doctor Honoris Causa por la Universidad de Sevilla (España) Doctor Honoris Causa por la Universidad de Turín (Italia) Doctor Honoris Causa por la Universidad Politécnica de Valencia (21 de enero de 1999) Doctor Honoris Causa por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (España) (18 de junio de 1999) Gran Premio de Teatro, de la Associação Portuguesa de Escritores Grande Premio de Romance e Novela (da Associação Portuguesa de Escritores), 1991 (Evangelio según Jesucristo). Miembro honorario de la Academia Canaria de la lengua Miembro correspondiente de la Academia Argentina de Letras Miembro de la Academia Europea de Yuste (Yuste, España) Miembro de la Academia Universal de las Culturas (París) Miembro del Parlamento Internacional de Escritores (Estrasburgo) Miembro del Patronato de Honra de la Fundación César Manrique (Lanzarote, Canarias) Miembro honoris causa del Consejo del Instituto de Filosofía del Derecho y de Estudios Histórico-Políticos de la Universidad de Pisa (Italia) Premio Arzobispo Juan de San Clemente (Santiago de Compostela) Premio Brancatti (Zafferana, Italia), 1992 (Ensayo sobre la ceguera). Prémio Camões (1995) Premio Cidade de Lisboa, 1980 (Levantado del suelo). Premio de Consagração de Carreira da Sociedade Portuguesa de Autores, 1995. Premio de la Crítica (de la Associação Portuguesa de Críticos), 1985 (El año de la muerte de Ricardo Reis). Premio Dom Dinis (Fundação da Casa de Mateus), 1986 (El año de la muerte de Ricardo Reis). Premio Ennio Ennio Flaiano (Italia), 1992

(Levantado del suelo). Premio Europeu de Comunicació "Jordi Xifra Heras" (Gerona) Premio Grinzane - Cavour (Alba, Italia), 1987 (El año de la muerte de Ricardo Reis). Premio Literario Internacional Mondello (Palermo, Italia), 1992 (Ensayo sobre la ceguera). Premio Literario Municipio de Lisboa, 1983 (Memorial del convento). Premio Literario Municipio de Lisboa Premio Nobel de Literatura (8 de octubre de 1998). Premio Pen Club portugués, 1983 (Memorial del convento). Premio Pen Club, 1985 (El año de la muerte de Ricardo Reis). Premio Penne (Mosca, Penne, Italia) Premio Rosalía de Castro (Vigo) Premio Scanno (Universidad Gabriele d'Annunzio, Chieti) Premio Vida Literária de la Associação Portuguesa de Escritores, 1993. Presidente de Honor no ejecutivo de la empresa Sintratel [1] Socio Honorario de la Sociedad Portuguesa de Autores (Lisboa) The Independent Foreign Fiction Award (Inglaterra), 1993 (El año de la muerte de Ricardo Reis). Hijo Predilecto de Andalucía, 2007. Video del discurso

Predecesor: Dario Fo Premio Nobel de Literatura 1998 Sucesor: Günter Grass


jose Saramago  

Burgales JOJO SÉ SSÉ S ARAR AA MM AA GG O(1922 -2010O(1922 -2010 UTOPÍA ANDUTOPÍA AND ANTEANTE 3 de Noviembre 2009 Traslado a la isla de Lan...