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Estos cuentos han sido seleccionados por los niños y niñas de sexto B.

Es una actividad realizada en las clases de Informática, con la intención de:

1.- Aprender a buscar y seleccionar información.

2.- Realizar actividades compartiendo un documento de google Docs.


Allá abajo, al pie del barranco, en la mata de Guineo, brincaba un animal. - ¡Mira, mira! ¿Qué animal es ese? ¿Será ardilla o gato sólo? - le preguntó María a Clemencia. Después de mucho mirar, Clemencia dijo: - ¡Es una paisana como la que teníamos en mi casa! Y comenzó Clemencia a contar su historia. Un día lluvioso, Tío Jacinto encontró en el bejucal, tres huevos de paisana abandonados dentro de un nido y se los llevó a Mamá Gallina para que los empollara. Al tiempo, salieron todos los pollitos y, además, dos pichones de paisana. Uno de los tres huevos nunca empolló; otro nació, pero a los pocos días, Mamá Gallina lo aplastó por torpe y mal pensada, y el tercero sobrevivió gracias al cuidado de Mamá Gallina y Tío Jacinto. A veces, Mamá Gallina le daba de comer gusanos, maíz, grillos y cucarachas; a veces, Tío Jacinto le daba arroz cocido con pepas de canelo. Creció fuerte, cariñoso y leal. Le llamábamos Piti, pues resultó ser macho. Cuando en la solera el arroz estaba a punto de secar, Piti se acercaba a la paila, porque sabía que le servirían arroz a él primero. Vivía entre nosotros, pero nunca ensució la casa.

. Un buen día, Tío Jacinto oyó un escandaloso llamado de paisanas: guío, guío, guío, y dijo: "se van a llevar a Piti, las paisanas parecen andar buscándolo". Nos fuimos al río, llamándolo, Piti, Piti, y bajó de lo más alto de un palo a comer yuca de nuestras manos. De ahí, Piti nos siguió hasta la casa. Así pasaron muchos meses. Piti se iba de paseo, pero siempre, siempre regresaba.Piti se iba de paseo, pero siempre regresaba. Y cuando nosotros íbamos a la quebrada, Piti nos seguía entre el monte. Asomaba la cabeza, nos aguaitaba y se escondía.


Cuando íbamos al trabajo, Piti siempre nos seguía entre el monte. Asomaba la cabeza, nos aguaitaba y se escondía. Cuando íbamos a misa, Piti nos seguía entre el monte. Asomaba la cabeza, nos aguaitaba y se escondía. Luego, nos seguía como fiel guardián, pero sin que ningún extraño de mala fe se diera cuenta que nos escoltaba. Un buen día, de repente y sin aviso, no volvió más. Tío Jacinto, mucho tiempo después, regresando de su trabajo, en el camino vio una paisana que se le quedaba mirando como queriendo decirle: "soy yo" pero ni la paisana ni Tío Jacinto se atrevían a hablar porque había extraños alrededor.

Una cosa si notó Tío Jacinto con honda tristeza: por primera vez, Piti tenía las alas cortadas.

Seleccionado por: Alejandro Martínez Piqueras. Me gusta porque trata de un animal que yo no conocía.


Creo que lo volví a ver hoy en el hospital, después de tantos años ya había perdido la esperanza de volverlo a ver. Sentada al lado de una lápida, se encontraba una joven mujer. Cuyo cabello era largo y castaño, y sus ojos eran verdes como el pasto. Era domingo por lo que muchas personas, iban de visita al cementerio para conmemorar a sus familiares y amigos fallecidos. – Algo en el fondo me decía que sí era él–dice la mujer, mientras sonríe con nostalgia–pero al mismo tiempo no era él. En ese instante, una ráfaga de viento le hizo ondear su cabello. El cual la hizo regresar por unos instantes, a su época de niña. Cuando ella era joven, solía vivir en un pequeño pueblo en compañía de sus padres. Su vida fue feliz junto a su familia, hasta que cierto día un extraño monstruo de color verde atacó su pueblo. – ¡Corre Lime! –Grita su madre con terror– ¡escóndete en el bosque! Cuando corría volteó su cabeza hacia atrás, y así pudo ver a su padre que usaba su escopeta contra el monstruo. Pero sus disparos no le hacían daño a la criatura, luego el ser monstruoso usó su cola la cual estaba equipada con un aguijón. Lime llegó a unos arbustos después de mucho correr, allí se ocultó deseando no ser hallada. Desde ese lugar, vio con horror como el monstruo le enterró su aguijón en el pecho a su padre. Las lágrimas salían sin control de sus ojos, al escuchar los gritos de tremendo dolor que su padre daba. Lentamente su padre fue siendo consumido por la criatura, hasta el punto que desapareció dejando únicamente sus ropas. Mientras tanto, su madre intentaba huir del lugar. Pero el monstruo de manchas verdes, la acorraló para enseguida atacarla de la misma manera que a su padre. Lime intentó gritar pero una mano la calló, al girar su cabeza pudo ver a un anciano que le decía que no con su cabeza. De inmediato recordó a su madre. Para cuando volvió a ver, ya era demasiado tarde. El monstruo ya había succionado, a su madre dejando sólo el vestido que usaba. La criatura también asesinó a otros pobladores de su villa, haciendo que las ropas de sus víctimas bailaran con el viento. La espantosa bestia, comenzó a buscar a más personas que devorar pero al no encontrarlas dijo. – En este lugar no conseguiré suficiente energía, será mejor que busque en otra parte–y con dichas palabras, salió volando. El miedo se apoderó de la niña, haciendo que temblara hasta los huesos. Permaneció allí con el anciano, hasta que sus corazones volvieron a latir con normalidad. Luego de un par de horas escondidos, los pocos sobrevivientes comenzaron a salir de sus escondites. Al reunirse se percataron, que más de la mitad de la población del pueblo había sido asesinada. La Villa Chazke se convirtió, en un verdadero pueblo fantasma. Los pocos que conservaban su vida, vivían aterrados ocultos dentro de sus casas. Lime se fue a vivir con el anciano, quien


tenía una pequeña tienda de víveres. Con el pasar de los días, Lime comenzó a llamar al anciano abuelo. A pesar de que no eran familia, eso no le impedía que lo llamara de esa forma. Cierto día, Lime miraba las noticias en la televisión. Cuando un sujeto extraño, apareció interrumpiendo el programa. El rostro de ese individuo, sólo reflejaba maldad. A Lime el sujeto en la televisión, le resultaba muy parecido al tipo que mató a sus padres y demás pobladores de la comunidad. – Muy buenos días tengan todos los habitantes del mundo–dijo–antes de comenzar, permítanme presentarme, mi nombre es Cell. El camarógrafo más cercano al androide, temblaba tanto por el miedo que hacía que la imagen se distorsionara un poco. – Y estoy seguro que muchos de ustedes, recordarán aquel incidente en el que muchas personas desaparecieron–afirmó el villano de piel verde–por la culpa de un monstruo, pues esa criatura era yo–ríe–pero luego de una serie de transformaciones he cambiado mi apariencia, alcanzando la perfección. Lime apretó sus puños con furia, ese tipo que se hace llamar Cell es el asesino de sus padres. – Para lograrlo, tuve que obtener muchas cantidades de energía vital–dice–así que les doy las gracias a todas las personas que sacrificaron sus vidas–acotó sínicamente–pero ya no tienen nada de que preocuparse, ya no necesito ese tipo de energía…el motivo que me trae aquí, es para comunicar que he decidido organizar un torneo de artes marciales. Todas las personas en el mundo, escuchan con terror el anuncio que Cell les comunica. – El torneo llevará por nombre, los Juegos de Cell–asevera el androide–éste se realizará a veintiocho kilómetros de la capital del Noroeste, en la región cinco–les indicó a los televidentes–allí se encuentra preparada la plataforma para luchar y será dentro de diez días, sólo que a diferencia del torneo de las artes marciales que todos conocen… En ese instante, la transmisión sufrió una pequeña estática la cual hizo que el rostro de Cell se distorsionara, pero en segundos la imagen volvió a la normalidad. – En el caso que uno de los competidores, que luchan en nombre de la Tierra pierda–dijo Cell– será reemplazado por otro participante, esa será la temática del torneo…eso será una gran ventaja para ustedes, ya que entre más luchadores participen cabe la posibilidad de que lleguen a cansarme–él ríe un poco–las demás reglas son las mismas del torneo original, si caen de la plataforma o se rinden perderán el combate. Una vez más la imagen se distorsiona, pero el camarógrafo a pesar del miedo logra enfocar correctamente la cámara. – Y si en determinado caso el equipo que lucha por la Tierra, llegara a perder en el torneo– habla el androide con seriedad–como castigo, he decidido matar a todos los humanos de este mundo–vuelve a reír sádicamente–no permitiré que ni un sólo humano escape, todos tienen que morir…así que aquellos que se sientan fuertes, participen por favor. Al decir eso, Cell extendió su brazo derecho hacia una de las paredes del estudio de grabación. Para poder disparar un rayo de energía, que destruyó gran parte de la ciudad donde se ubicaba la televisora, visitada por el androide perfecto.


– Si es que no quieren terminar así–les dice sonriendo–bueno, los estaré esperando en el torneo–y al terminar su anuncio, Cell salió volando para alejarse en el horizonte. Cuando Cell se fue, la señal de la televisión se interrumpió y Lime apagó el televisor. El mundo entero se conmocionó con la noticia, en todas partes las personas tomaban sus posesiones e intentaban huir. Pero Lime junto con el anciano que la cuida, sabían que era inútil huir. No importa en que parte del mundo se escondieran, ese monstruo era capaz de destruir el planeta entero. Un par de días después, el hombre más adinerado de la Villa Chazke. Tentó a los pocos habitantes, para que le confiaran el escaso dinero que les quedaba. Para así comenzar la construcción de un domo gigante, el cual según él sería lo suficientemente fuerte como para proteger a todos los habitantes de la villa. Sin embargo, Lime y su abuelo no confiaban en ese hombre llamado Barmon. Y ellos se negaron a cooperar, para la construcción del domo. Los demás habitantes que sí aceptaron ayudar, fueron usados como si fueran esclavos ya que fueron ellos mismos, quienes construyeron el domo que esperaban, que fuera su salvación. Una vez que el refugio estaba terminado, se debía guardar comida y agua para sobrevivir el tiempo que permanecieran dentro del domo. Precisamente, el abuelo de Lime al ser el único con una tienda de víveres. Era amenazado constantemente por los hombres de Barmon, para que entregara toda la comida que él tenía. Pero el anciano no les demostró miedo, y cada vez que los visitaban él se negaba a darles las provisiones. El abuelo de Lime, sabía que todo eso era un fraude y que esa cúpula no protegería a nadie de los ataques de Cell. Los esbirros de Barmon, llegaron a amenazarlo de muerte sino ayudaba, pero él se mantenía firme en su convicción. Harta de las visitas de los secuaces de Barmon, Lime un día fue a dar un paseo por el bosque. Mientras caminaba notó que al final de una larga rama de árbol, colgaba una enorme y jugosa manzana. Lime rápidamente trepó por el tronco del árbol, y logró llegar a la endeble rama. Con calma, se fue arrastrando hasta que las puntas de sus dedos casi lograban tomar la fruta. De lo que no se percató Lime, fue que debajo de ella fluía un caudaloso río. Cuando estuvo a milésimas de tomar la manzana, la rama no pudo sostener más tiempo su peso. Y ésta se partió por la mitad, cosa que generó que la niña cayera a las aguas. La fuerte corriente no le daba tregua, y por más que nadaba el agua la arrastraba. Cuando creyó que su muerte era segura, sintió que algo la sujetó fuertemente. Enseguida se dio cuenta de que ya no estaba en el río, en cambio se encontraba en tierra firme. Sobre ella vio un par de brazos envolviéndola, al subir la mirada distinguió a un chico un poco mayor a ella. El joven venía vestido con una camisa blanca, y un pantalón negro. No obstante, fue el cabello rubio del niño lo que hizo que Lime no le quitara la vista de encima. El joven la miró con sus azulados ojos por unos segundos, mientras le sonreía. Pero saliendo de su embrujo, Lime se apartó de él al notar que la sujetaba de su pecho. La niña lo llamó pervertido, y sin mirar atrás salió corriendo del bosque. Corrió y corrió hasta que por fin llegó a su casa, pero desde dentro escuchó las voces de los hombres de Barmon molestando a su abuelo. Fue allí cuando usó un pequeño truco para asustarlos, Lime comenzó a gritar que Cell atacaba la villa. Al sentir terror, los hombres se retiraron enseguida por miedo al androide.


Al ver que su truco funcionó, Lime entró riendo en la tienda de su abuelo. Pero éste la regañó por su mentira, sin embargo ellos no eran los únicos en la tienda. Aquel chico que la rescató de morir ahogada, se encontraba en el lugar con la intención de comprar víveres. El niño se presentó con el nombre de Gohan, un nombre que Lime nunca olvidaría. – Así que esa gente, creen que se salvarán de Cell en ese domo–les dice Gohan, al terminar de escuchar la historia sobre el supuesto refugio. – Así es, esos tontos piensan refugiarse ahí–le comenta el anciano, mientras cortaba leña con su hacha. – Pero nosotros sabemos, que ese sitio no servirá para nada–le señaló Lime. – Además de que no hay nadie que se atreva a pelear con ese monstruo, por lo que Lime y yo hemos decidido quedarnos aquí viviendo en paz, hasta que el fin llegue. Al ver que la espalda le dolía al hombre, Gohan se ofreció a cortar la leña él. Y para asombro de Lime y su abuelo, Gohan pudo cortar la madera en un tiempo récord y sin problemas. El anciano, se dio cuenta de que ese niño no era un chico ordinario, había algo especial en él. Al poco tiempo, Gohan y Lime caminaron en el bosque platicando tranquilamente. Lime le pidió disculpas a Gohan por haberlo llamado pervertido, cuando éste la salvó de morir ahogada. Mientras caminaban, escucharon lo que parecían ser fuegos artificiales provenientes del lugar donde se erguía el domo. Caminaron hasta allí y vieron a las afueras de la cúpula, decenas de personas hacían fila para ingresar. Aprovechando la situación, Lime les quiso jugar una broma. Así que la niña del cabello castaño, empezó a gritar que Cell atacaba el domo. Las personas aterrorizadas por la falsa alarma, intentaron entrar por la fuerza al refugio que les prometieron. Pero Barmon, quien también estaba asustado. Ordenó cerrar las puertas blindadas del domo, y una la vez todas las puertas se cerraron. Las demás personas afuera, gritan para que les permitieran ingresar. Lime no pudo soportar la risa que sentía, y sin remedio comenzó a reírse fuertemente. Lastimosamente para ella, y su acompañante de cabello rubio. Detrás de ellos, los descubrieron un par de hombres de Barmon. Estos les apuntaron con sus rifles, sin importarles que fueran niños. – Señor Barmon–le llama uno de sus hombres–no se preocupe, Cell no está aquí…estos niños nos jugaron una broma. Desde la parte interior del domo, el dueño de éste abrió todas las puertas. Se encontraba completamente furioso. – ¡Malditos mocosos!–gritó al salir del domo– ¡maldición me dieron un buen susto!... ¡eres una chiquilla mentirosa! Gohan defendió a la niña, reconociendo que si bien es cierto ella les mintió. Barmon no es nadie para llamar a Lime mentirosa, ya que él también les miente diciendo que ese domo salvará a las personas de Cell. Ante tal ofensa hacia él, Barmon ordenó que sus hombres se hicieran cargo del niño. Y cuando estos avanzaban hacia Gohan, la voz del abuelo de Lime los detuvo. Los secuaces de Barmon, atacaron al anciano que fácilmente los venció. Barmon al ver a sus esbirros derrotados, llamó a su mejor hombre. Al asesino más famoso del mundo, a Tao Pai Pai.


– ¿Se le ofrece algo? –le preguntó Tao Pai Pai. – Quiero que mate a ese anciano–le dice Barmon–me está causando problemas. – Claro, será un trabajo muy fácil. Ambos hombres lucharon, frente a todos los presentes. Y dentro del caos de la lucha, Tao Pai Pai dio uso a su cuchilla retráctil que se oculta en uno de sus brazos. Con ella estuvo a punto de apuñalar a su contrincante, pero éste logró por muy poco esquivar el ataque. La pelea continuó, pero el asesino a suelto tomó ventaja lanzando al viejo al suelo. – Tú no mereces esto, por que eres una basura–dice Tao Pai Pai, al mismo tiempo que su mano derecha se desprendió de su brazo– ¡Súper Dodon pa! –él utilizó su mejor ataque, el cual se dirigió directo hacia el anciano. El rayo de energía al impactar, produjo una gran explosión. Y al despejarse el humo, todos pudieron ver que el anciano estaba a salvo. Debido a que Gohan recibió el ataque, protegiendo al viejo. Al mirar eso, Tao Pai Pai se asombró y le preguntó su nombre al chico. Cuando él le respondió, Tao Pai Pai se dio cuenta que ese niño tenía que ver con Goku, quien lo derrotó muchos años atrás. Al sentir miedo, decidió huir del lugar y se acercó a un árbol. El cual lo pateó con suavidad en la base, y éste se partió. Luego lo tomó con sus manos, para así lanzarlo al aire y seguidamente saltó sobre el tronco del árbol. Alejándose a toda velocidad del lugar. Cuando todo terminó, las personas se lanzaron sobre Barmon por haberlos engañado. Mientras tanto, Gohan con mucha facilidad destruyó el domo demostrando que no era capaz de resistir, los ataques del malvado Cell. Inesperadamente, Lime vio como un hombre adulto aterrizó en el sitio. Este hombre también tenía el cabello rubio, y decía ser el padre de Gohan. El abuelo de Lime, se percató que Gohan y su padre lucharían contra Cell y les deseó suerte. Antes de irse, el abuelo de Lime le dijo a Gohan que podía visitarlos cuando quisiera. Y el chico prometió hacerlo, y con tales palabras él junto a su padre se fue volando. Lime los vio irse, deseando que todo terminara pronto para que Gohan la visitara de nuevo. Y los días pasaron, hasta que llegó el día decisivo. Lime y su abuelo, no se despegaron de la pantalla del televisor. Donde se transmitió el evento que decidiría el destino de la Tierra. Primero apareció un hombre llamado Mr. Satán, quien prometía derrotar a Cell. Pero éste y sus alumnos, fueron vencidos sin mayor problema. Después de eso, el mismo hombre de cabello rubio que habían conocido hace poco, comenzó a luchar con Cell. La pelea entre el padre de Gohan y el androide perfecto, se alargó por varios minutos. Todo lo que se veía por la televisión, parecía ser de una película. Se veían explosiones y destellos, en ocasiones los luchadores se movían tan rápido que la cámara no podía seguirlos. Pero todo se detuvo abruptamente cuando el padre de Gohan se rindió, dejando en su lugar a su hijo. Lime le pidió al cielo, que ayudara a su amigo quien estaba recibiendo una paliza por parte de Cell. La lucha prosiguió su marcha, hasta que inexplicablemente la señal de televisión se interrumpió. – ¿Qué pasa?... ¡no se ve nada! –dice molesta frente al televisor. Al poco tiempo se sintió un terremoto que sacudió todo el planeta, haciendo que las personas creyeran que era el fin del mundo. Pero tan repentinamente como llegó, así de rápido se fue. Y


la transmisión regresó, el hombre llamado Mr. Satán afirmaba haber derrotado a Cell con sus propias manos. Sin embargo Lime no creyó tales palabras, ella sabía que fue Gohan quien le ganó a ese monstruo. Ese mismo día de manera mágica, todas las personas asesinadas por Cell revivieron. Y Lime puedo regresar a vivir con sus padres, pero siguió llamando abuelo a aquel anciano que la ayudó. Con el mundo viviendo en paz, la niña esperaba que Gohan volviera. – ¿Qué haces ahí afuera hija? –le pregunta su madre, al verla acostada en el pasto mirando las nubes pasar. – Sólo estoy esperando a que mi amigo venga, él dijo que me visitaría–le respondió Lime. Y Lime esperó y esperó, hasta que los días se convirtieron en semanas…y las semanas en meses…y los meses en años y así durante el pasar del tiempo. Dejó de ser una niña, para convertirse en una adolescente. Lime seguía recordando su tiempo junto a Gohan, aunque este fue muy corto. Su abuelo le enseñó a pintar, y con los años de práctica logró pintar hermosos paisajes. Pero en secreto pintaba retratos de Gohan, ahí fue donde se demostró a ella misma una cosa. Su admiración y aprecio hacia Gohan, por culpa de la adolescencia se transformaron en amor. Ella se había enamorado de él. Y aguardó hasta que pasaron doce largos años, su abuelo finalmente falleció y fue sepultado en el cementerio de Villa Chezke. Antes de morir, el anciano le heredó su vieja tienda de comestibles pasando a ser la dueña y vendedora del pequeño local. A los pocos meses, comenzó a sentir agudos dolores abdominales. Como en su villa no hay hospital, tuvo que ir a la ciudad más cercana. En ese caso, fue al hospital general de Ciudad Satán. Donde fue atendida por un médico que le tranquilizó, diciéndole que sus dolores son sólo musculares y que no son de peligro. Ya más tranquila, decidió salir del centro médico. Para salir del hospital por la puerta principal, se debía atravesar un largo pasillo. En el cual se ubicaba la sala de maternidad, sitio donde daban a luz las mujeres embarazadas. Caminaba tranquilamente, cuando un hombre alto de cabello negro y anteojos, chocó contra ella. El choque hizo que su bolso, y demás cosas cayeran al piso. – Oiga–le dice molesta–fíjese por dónde camina. – Lo siento mucho–el hombre se disculpa, y se agacha a recoger las cosas de Lime–no quise molestarla, pero hace poco me llamaron al trabajo de emergencia–le dijo–mi esposa está a punto de dar a luz…usted comprenderá mi prisa. – Sí lo entiendo, no se preocupe–el hombre le entrega sus cosas–vaya con su esposa, y no se angustie sé que su bebé nacerá sano–le sonríe. – Muchas gracias señorita, con su permiso me retiro–y así el hombre con anteojos, se fue corriendo. Lime continuó su marcha, pero al llegar a la salida esta estaba cerrada. Una enfermera le comunicó que la puerta se acabada de dañar, por lo que debía dar la vuelta y regresar por donde vino. Para luego buscar la salida secundaria, Lime se resignó y regresó por donde venía. Cuando pasó por segunda vez por el área de maternidad, vio a mucha gente esperando.


Y de improviso el mismo hombre de anteojos, salió de uno de los quirófanos gritando de alegría. – ¡Es una niña!... ¡es una niña! –vociferaba de la emoción. Lime vio como un hombre, que se le parecía mucho al padre de Gohan se acercó al hombre para abrazarlo. – Muchas felicidades hijo–le dice. Una mujer de cabello negro, no dejaba de llorar ante la ocasión y también abrazó al caballero. Lime con respeto pasó entre ellos, para no interrumpirlos cuando escuchó a la mujer decir. – ¡Dios mío Gohan! –con ese nombre, Lime se paralizó– ¡no lo puedo creer, ya somos abuelos Goku! Lime giró sobre sus talones, para volver a ver al hombre llamado Gohan. Al mirarlo con detenimiento, no podía creer que fuera él. Pero si el Gohan que ella conoció y ama, tenía el cabello rubio y ojos azules. Pero éste lo tenía negro, además de usar anteojos. No podía ser él, Lime se negaba a creerlo. – ¿Cómo está Videl? –el mismísimo Mr. Satán se encontraba allí, y estaba preguntando por su hija. – Ella está bien, sólo que está un poco cansada por la labor de parto–respondió. – ¿Qué nombre le pusieron a la bebé hijo? –le pregunta la misma mujer. – Pan mamá, Videl quiso que la llamáramos Pan–aseguró. Lime vio como todos felicitaban al nuevo padre, pero no pudo soportar más tiempo mirando. Y se fue lo más rápido que pudo, corrió hacia su automóvil y aceleró a fondo. Hasta llegar al cementerio donde está su abuelo, donde ahora se encuentra sentada al lado de la lápida de él. – No puedo negarlo, ese era mi Gohan–dice y unas delgadas lágrimas salieron de sus ojos– después de tanto lo encuentro, sólo para perderlo otra vez. El hombre que ama está casado con otra, y ya es padre. Por más que lo ame, él no la amará. Ella no entendía, por qué él la olvidó. Deseaba tanto volverlo a ver, pero ahora deseaba que nunca lo hubiera hallado. Sin más que hacer se puso de pie, y secó sus lágrimas. – ¡No!...sé que mi Gohan aún está allí afuera en alguna parte–dice intentando engañarse a sí misma–algún día nos volveremos a ver, y le diré lo mucho que lo amo. Se despidió cálidamente de la tumba de su abuelo, y así avanzó hacia su automóvil. Para dirigirse de regreso a casa. "Nos volveremos a ver"–piensa–"en esta vida o en la otra, mi chico de los cabellos dorados"–y sonrió con melancolía, mientras se perdía en el horizonte. – Te amo Gohan–le susurró al viento. – Creo que lo volví a ver hoy en el hospital, después de tantos años ya había perdido la esperanza de volverlo a ver.


Sentada al lado de una lápida, se encontraba una joven mujer. Cuyo cabello era largo y castaño, y sus ojos eran verdes como el pasto. Era domingo por lo que muchas personas, iban de visita al cementerio para conmemorar a sus familiares y amigos fallecidos. – Algo en el fondo me decía que sí era él–dice la mujer, mientras sonríe con nostalgia–pero al mismo tiempo no era él. En ese instante, una ráfaga de viento le hizo ondear su cabello. El cual la hizo regresar por unos instantes, a su época de niña. Cuando ella era joven, solía vivir en un pequeño pueblo en compañía de sus padres. Su vida fue feliz junto a su familia, hasta que cierto día un extraño monstruo de color verde atacó su pueblo. – ¡Corre Lime! –Grita su madre con terror– ¡escóndete en el bosque! Cuando corría volteó su cabeza hacia atrás, y así pudo ver a su padre que usaba su escopeta contra el monstruo. Pero sus disparos no le hacían daño a la criatura, luego el ser monstruoso usó su cola la cual estaba equipada con un aguijón. Lime llegó a unos arbustos después de mucho correr, allí se ocultó deseando no ser hallada. Desde ese lugar, vio con horror como el monstruo le enterró su aguijón en el pecho a su padre. Las lágrimas salían sin control de sus ojos, al escuchar los gritos de tremendo dolor que su padre daba. Lentamente su padre fue siendo consumido por la criatura, hasta el punto que desapareció dejando únicamente sus ropas. Mientras tanto, su madre intentaba huir del lugar. Pero el monstruo de manchas verdes, la acorraló para enseguida atacarla de la misma manera que a su padre. Lime intentó gritar pero una mano la calló, al girar su cabeza pudo ver a un anciano que le decía que no con su cabeza. De inmediato recordó a su madre. Para cuando volvió a ver, ya era demasiado tarde. El monstruo ya había succionado, a su madre dejando sólo el vestido que usaba. La criatura también asesinó a otros pobladores de su villa, haciendo que las ropas de sus víctimas bailaran con el viento. La espantosa bestia, comenzó a buscar a más personas que devorar pero al no encontrarlas dijo. – En este lugar no conseguiré suficiente energía, será mejor que busque en otra parte–y con dichas palabras, salió volando. El miedo se apoderó de la niña, haciendo que temblara hasta los huesos. Permaneció allí con el anciano, hasta que sus corazones volvieron a latir con normalidad. Luego de un par de horas escondidos, los pocos sobrevivientes comenzaron a salir de sus escondites. Al reunirse se percataron, que más de la mitad de la población del pueblo había sido asesinada. La Villa Chazke se convirtió, en un verdadero pueblo fantasma. Los pocos que conservaban su vida, vivían aterrados ocultos dentro de sus casas. Lime se fue a vivir con el anciano, quien tenía una pequeña tienda de víveres. Con el pasar de los días, Lime comenzó a llamar al anciano abuelo. A pesar de que no eran familia, eso no le impedía que lo llamara de esa forma. Cierto día, Lime miraba las noticias en la televisión. Cuando un sujeto extraño, apareció interrumpiendo el programa. El rostro de ese individuo, sólo reflejaba maldad. A Lime el sujeto en la televisión, le resultaba muy parecido al tipo que mató a sus padres y demás pobladores de la comunidad. – Muy buenos días tengan todos los habitantes del mundo–dijo–antes de comenzar, permítanme presentarme, mi nombre es Cell.


El camarógrafo más cercano al androide, temblaba tanto por el miedo que hacía que la imagen se distorsionara un poco. – Y estoy seguro que muchos de ustedes, recordarán aquel incidente en el que muchas personas desaparecieron–afirmó el villano de piel verde–por la culpa de un monstruo, pues esa criatura era yo–ríe–pero luego de una serie de transformaciones he cambiado mi apariencia, alcanzando la perfección. Lime apretó sus puños con furia, ese tipo que se hace llamar Cell es el asesino de sus padres. – Para lograrlo, tuve que obtener muchas cantidades de energía vital–dice–así que les doy las gracias a todas las personas que sacrificaron sus vidas–acotó sínicamente–pero ya no tienen nada de que preocuparse, ya no necesito ese tipo de energía…el motivo que me trae aquí, es para comunicar que he decidido organizar un torneo de artes marciales. Todas las personas en el mundo, escuchan con terror el anuncio que Cell les comunica. – El torneo llevará por nombre, los Juegos de Cell–asevera el androide–éste se realizará a veintiocho kilómetros de la capital del Noroeste, en la región cinco–les indicó a los televidentes–allí se encuentra preparada la plataforma para luchar y será dentro de diez días, sólo que a diferencia del torneo de las artes marciales que todos conocen… En ese instante, la transmisión sufrió una pequeña estática la cual hizo que el rostro de Cell se distorsionara, pero en segundos la imagen volvió a la normalidad. – En el caso que uno de los competidores, que luchan en nombre de la Tierra pierda–dijo Cell– será reemplazado por otro participante, esa será la temática del torneo…eso será una gran ventaja para ustedes, ya que entre más luchadores participen cabe la posibilidad de que lleguen a cansarme–él ríe un poco–las demás reglas son las mismas del torneo original, si caen de la plataforma o se rinden perderán el combate. Una vez más la imagen se distorsiona, pero el camarógrafo a pesar del miedo logra enfocar correctamente la cámara. – Y si en determinado caso el equipo que lucha por la Tierra, llegara a perder en el torneo– habla el androide con seriedad–como castigo, he decidido matar a todos los humanos de este mundo–vuelve a reír sádicamente–no permitiré que ni un sólo humano escape, todos tienen que morir…así que aquellos que se sientan fuertes, participen por favor. Al decir eso, Cell extendió su brazo derecho hacia una de las paredes del estudio de grabación. Para poder disparar un rayo de energía, que destruyó gran parte de la ciudad donde se ubicaba la televisora, visitada por el androide perfecto. – Si es que no quieren terminar así–les dice sonriendo–bueno, los estaré esperando en el torneo–y al terminar su anuncio, Cell salió volando para alejarse en el horizonte. Cuando Cell se fue, la señal de la televisión se interrumpió y Lime apagó el televisor. El mundo entero se conmocionó con la noticia, en todas partes las personas tomaban sus posesiones e intentaban huir. Pero Lime junto con el anciano que la cuida, sabían que era inútil huir. No importa en que parte del mundo se escondieran, ese monstruo era capaz de destruir el planeta entero. Un par de días después, el hombre más adinerado de la Villa Chazke. Tentó a los pocos habitantes, para que le confiaran el escaso dinero que les quedaba. Para así comenzar la


construcción de un domo gigante, el cual según él sería lo suficientemente fuerte como para proteger a todos los habitantes de la villa. Sin embargo, Lime y su abuelo no confiaban en ese hombre llamado Barmon. Y ellos se negaron a cooperar, para la construcción del domo. Los demás habitantes que sí aceptaron ayudar, fueron usados como si fueran esclavos ya que fueron ellos mismos, quienes construyeron el domo que esperaban, que fuera su salvación. Una vez que el refugio estaba terminado, se debía guardar comida y agua para sobrevivir el tiempo que permanecieran dentro del domo. Precisamente, el abuelo de Lime al ser el único con una tienda de víveres. Era amenazado constantemente por los hombres de Barmon, para que entregara toda la comida que él tenía. Pero el anciano no les demostró miedo, y cada vez que los visitaban él se negaba a darles las provisiones. El abuelo de Lime, sabía que todo eso era un fraude y que esa cúpula no protegería a nadie de los ataques de Cell. Los esbirros de Barmon, llegaron a amenazarlo de muerte sino ayudaba, pero él se mantenía firme en su convicción. Harta de las visitas de los secuaces de Barmon, Lime un día fue a dar un paseo por el bosque. Mientras caminaba notó que al final de una larga rama de árbol, colgaba una enorme y jugosa manzana. Lime rápidamente trepó por el tronco del árbol, y logró llegar a la endeble rama. Con calma, se fue arrastrando hasta que las puntas de sus dedos casi lograban tomar la fruta. De lo que no se percató Lime, fue que debajo de ella fluía un caudaloso río. Cuando estuvo a milésimas de tomar la manzana, la rama no pudo sostener más tiempo su peso. Y ésta se partió por la mitad, cosa que generó que la niña cayera a las aguas. La fuerte corriente no le daba tregua, y por más que nadaba el agua la arrastraba. Cuando creyó que su muerte era segura, sintió que algo la sujetó fuertemente. Enseguida se dio cuenta de que ya no estaba en el río, en cambio se encontraba en tierra firme. Sobre ella vio un par de brazos envolviéndola, al subir la mirada distinguió a un chico un poco mayor a ella. El joven venía vestido con una camisa blanca, y un pantalón negro. No obstante, fue el cabello rubio del niño lo que hizo que Lime no le quitara la vista de encima. El joven la miró con sus azulados ojos por unos segundos, mientras le sonreía. Pero saliendo de su embrujo, Lime se apartó de él al notar que la sujetaba de su pecho. La niña lo llamó pervertido, y sin mirar atrás salió corriendo del bosque. Corrió y corrió hasta que por fin llegó a su casa, pero desde dentro escuchó las voces de los hombres de Barmon molestando a su abuelo. Fue allí cuando usó un pequeño truco para asustarlos, Lime comenzó a gritar que Cell atacaba la villa. Al sentir terror, los hombres se retiraron enseguida por miedo al androide. Al ver que su truco funcionó, Lime entró riendo en la tienda de su abuelo. Pero éste la regañó por su mentira, sin embargo ellos no eran los únicos en la tienda. Aquel chico que la rescató de morir ahogada, se encontraba en el lugar con la intención de comprar víveres. El niño se presentó con el nombre de Gohan, un nombre que Lime nunca olvidaría. – Así que esa gente, creen que se salvarán de Cell en ese domo–les dice Gohan, al terminar de escuchar la historia sobre el supuesto refugio. – Así es, esos tontos piensan refugiarse ahí–le comenta el anciano, mientras cortaba leña con su hacha. – Pero nosotros sabemos, que ese sitio no servirá para nada–le señaló Lime.


– Además de que no hay nadie que se atreva a pelear con ese monstruo, por lo que Lime y yo hemos decidido quedarnos aquí viviendo en paz, hasta que el fin llegue. Al ver que la espalda le dolía al hombre, Gohan se ofreció a cortar la leña él. Y para asombro de Lime y su abuelo, Gohan pudo cortar la madera en un tiempo récord y sin problemas. El anciano, se dio cuenta de que ese niño no era un chico ordinario, había algo especial en él. Al poco tiempo, Gohan y Lime caminaron en el bosque platicando tranquilamente. Lime le pidió disculpas a Gohan por haberlo llamado pervertido, cuando éste la salvó de morir ahogada. Mientras caminaban, escucharon lo que parecían ser fuegos artificiales provenientes del lugar donde se erguía el domo. Caminaron hasta allí y vieron a las afueras de la cúpula, decenas de personas hacían fila para ingresar. Aprovechando la situación, Lime les quiso jugar una broma. Así que la niña del cabello castaño, empezó a gritar que Cell atacaba el domo. Las personas aterrorizadas por la falsa alarma, intentaron entrar por la fuerza al refugio que les prometieron. Pero Barmon, quien también estaba asustado. Ordenó cerrar las puertas blindadas del domo, y una la vez todas las puertas se cerraron. Las demás personas afuera, gritan para que les permitieran ingresar. Lime no pudo soportar la risa que sentía, y sin remedio comenzó a reírse fuertemente. Lastimosamente para ella, y su acompañante de cabello rubio. Detrás de ellos, los descubrieron un par de hombres de Barmon. Estos les apuntaron con sus rifles, sin importarles que fueran niños. – Señor Barmon–le llama uno de sus hombres–no se preocupe, Cell no está aquí…estos niños nos jugaron una broma. Desde la parte interior del domo, el dueño de éste abrió todas las puertas. Se encontraba completamente furioso. – ¡Malditos mocosos!–gritó al salir del domo– ¡maldición me dieron un buen susto!... ¡eres una chiquilla mentirosa! Gohan defendió a la niña, reconociendo que si bien es cierto ella les mintió. Barmon no es nadie para llamar a Lime mentirosa, ya que él también les miente diciendo que ese domo salvará a las personas de Cell. Ante tal ofensa hacia él, Barmon ordenó que sus hombres se hicieran cargo del niño. Y cuando estos avanzaban hacia Gohan, la voz del abuelo de Lime los detuvo. Los secuaces de Barmon, atacaron al anciano que fácilmente los venció. Barmon al ver a sus esbirros derrotados, llamó a su mejor hombre. Al asesino más famoso del mundo, a Tao Pai Pai. – ¿Se le ofrece algo? –le preguntó Tao Pai Pai. – Quiero que mate a ese anciano–le dice Barmon–me está causando problemas. – Claro, será un trabajo muy fácil. Ambos hombres lucharon, frente a todos los presentes. Y dentro del caos de la lucha, Tao Pai Pai dio uso a su cuchilla retráctil que se oculta en uno de sus brazos. Con ella estuvo a punto de apuñalar a su contrincante, pero éste logró por muy poco esquivar el ataque. La pelea continuó, pero el asesino a suelto tomó ventaja lanzando al viejo al suelo.


– Tú no mereces esto, por que eres una basura–dice Tao Pai Pai, al mismo tiempo que su mano derecha se desprendió de su brazo– ¡Súper Dodon pa! –él utilizó su mejor ataque, el cual se dirigió directo hacia el anciano. El rayo de energía al impactar, produjo una gran explosión. Y al despejarse el humo, todos pudieron ver que el anciano estaba a salvo. Debido a que Gohan recibió el ataque, protegiendo al viejo. Al mirar eso, Tao Pai Pai se asombró y le preguntó su nombre al chico. Cuando él le respondió, Tao Pai Pai se dio cuenta que ese niño tenía que ver con Goku, quien lo derrotó muchos años atrás. Al sentir miedo, decidió huir del lugar y se acercó a un árbol. El cual lo pateó con suavidad en la base, y éste se partió. Luego lo tomó con sus manos, para así lanzarlo al aire y seguidamente saltó sobre el tronco del árbol. Alejándose a toda velocidad del lugar. Cuando todo terminó, las personas se lanzaron sobre Barmon por haberlos engañado. Mientras tanto, Gohan con mucha facilidad destruyó el domo demostrando que no era capaz de resistir, los ataques del malvado Cell. Inesperadamente, Lime vio como un hombre adulto aterrizó en el sitio. Este hombre también tenía el cabello rubio, y decía ser el padre de Gohan. El abuelo de Lime, se percató que Gohan y su padre lucharían contra Cell y les deseó suerte. Antes de irse, el abuelo de Lime le dijo a Gohan que podía visitarlos cuando quisiera. Y el chico prometió hacerlo, y con tales palabras él junto a su padre se fue volando. Lime los vio irse, deseando que todo terminara pronto para que Gohan la visitara de nuevo. Y los días pasaron, hasta que llegó el día decisivo. Lime y su abuelo, no se despegaron de la pantalla del televisor. Donde se transmitió el evento que decidiría el destino de la Tierra. Primero apareció un hombre llamado Mr. Satán, quien prometía derrotar a Cell. Pero éste y sus alumnos, fueron vencidos sin mayor problema. Después de eso, el mismo hombre de cabello rubio que habían conocido hace poco, comenzó a luchar con Cell. La pelea entre el padre de Gohan y el androide perfecto, se alargó por varios minutos. Todo lo que se veía por la televisión, parecía ser de una película. Se veían explosiones y destellos, en ocasiones los luchadores se movían tan rápido que la cámara no podía seguirlos. Pero todo se detuvo abruptamente cuando el padre de Gohan se rindió, dejando en su lugar a su hijo. Lime le pidió al cielo, que ayudara a su amigo quien estaba recibiendo una paliza por parte de Cell. La lucha prosiguió su marcha, hasta que inexplicablemente la señal de televisión se interrumpió. – ¿Qué pasa?... ¡no se ve nada! –dice molesta frente al televisor. Al poco tiempo se sintió un terremoto que sacudió todo el planeta, haciendo que las personas creyeran que era el fin del mundo. Pero tan repentinamente como llegó, así de rápido se fue. Y la transmisión regresó, el hombre llamado Mr. Satán afirmaba haber derrotado a Cell con sus propias manos. Sin embargo Lime no creyó tales palabras, ella sabía que fue Gohan quien le ganó a ese monstruo. Ese mismo día de manera mágica, todas las personas asesinadas por Cell revivieron. Y Lime puedo regresar a vivir con sus padres, pero siguió llamando abuelo a aquel anciano que la ayudó. Con el mundo viviendo en paz, la niña esperaba que Gohan volviera. – ¿Qué haces ahí afuera hija? –le pregunta su madre, al verla acostada en el pasto mirando las nubes pasar.


– Sólo estoy esperando a que mi amigo venga, él dijo que me visitaría–le respondió Lime. Y Lime esperó y esperó, hasta que los días se convirtieron en semanas…y las semanas en meses…y los meses en años y así durante el pasar del tiempo. Dejó de ser una niña, para convertirse en una adolescente. Lime seguía recordando su tiempo junto a Gohan, aunque este fue muy corto. Su abuelo le enseñó a pintar, y con los años de práctica logró pintar hermosos paisajes. Pero en secreto pintaba retratos de Gohan, ahí fue donde se demostró a ella misma una cosa. Su admiración y aprecio hacia Gohan, por culpa de la adolescencia se transformaron en amor. Ella se había enamorado de él. Y aguardó hasta que pasaron doce largos años, su abuelo finalmente falleció y fue sepultado en el cementerio de Villa Chezke. Antes de morir, el anciano le heredó su vieja tienda de comestibles pasando a ser la dueña y vendedora del pequeño local. A los pocos meses, comenzó a sentir agudos dolores abdominales. Como en su villa no hay hospital, tuvo que ir a la ciudad más cercana. En ese caso, fue al hospital general de Ciudad Satán. Donde fue atendida por un médico que le tranquilizó, diciéndole que sus dolores son sólo musculares y que no son de peligro. Ya más tranquila, decidió salir del centro médico. Para salir del hospital por la puerta principal, se debía atravesar un largo pasillo. En el cual se ubicaba la sala de maternidad, sitio donde daban a luz las mujeres embarazadas. Caminaba tranquilamente, cuando un hombre alto de cabello negro y anteojos, chocó contra ella. El choque hizo que su bolso, y demás cosas cayeran al piso. – Oiga–le dice molesta–fíjese por dónde camina. – Lo siento mucho–el hombre se disculpa, y se agacha a recoger las cosas de Lime–no quise molestarla, pero hace poco me llamaron al trabajo de emergencia–le dijo–mi esposa está a punto de dar a luz…usted comprenderá mi prisa. – Sí lo entiendo, no se preocupe–el hombre le entrega sus cosas–vaya con su esposa, y no se angustie sé que su bebé nacerá sano–le sonríe. – Muchas gracias señorita, con su permiso me retiro–y así el hombre con anteojos, se fue corriendo. Lime continuó su marcha, pero al llegar a la salida esta estaba cerrada. Una enfermera le comunicó que la puerta se acabada de dañar, por lo que debía dar la vuelta y regresar por donde vino. Para luego buscar la salida secundaria, Lime se resignó y regresó por donde venía. Cuando pasó por segunda vez por el área de maternidad, vio a mucha gente esperando. Y de improviso el mismo hombre de anteojos, salió de uno de los quirófanos gritando de alegría. – ¡Es una niña!... ¡es una niña! –vociferaba de la emoción. Lime vio como un hombre, que se le parecía mucho al padre de Gohan se acercó al hombre para abrazarlo. – Muchas felicidades hijo–le dice.


Una mujer de cabello negro, no dejaba de llorar ante la ocasión y también abrazó al caballero. Lime con respeto pasó entre ellos, para no interrumpirlos cuando escuchó a la mujer decir. – ¡Dios mío Gohan! –con ese nombre, Lime se paralizó– ¡no lo puedo creer, ya somos abuelos Goku! Lime giró sobre sus talones, para volver a ver al hombre llamado Gohan. Al mirarlo con detenimiento, no podía creer que fuera él. Pero si el Gohan que ella conoció y ama, tenía el cabello rubio y ojos azules. Pero éste lo tenía negro, además de usar anteojos. No podía ser él, Lime se negaba a creerlo. – ¿Cómo está Videl? –el mismísimo Mr. Satán se encontraba allí, y estaba preguntando por su hija. – Ella está bien, sólo que está un poco cansada por la labor de parto–respondió. – ¿Qué nombre le pusieron a la bebé hijo? –le pregunta la misma mujer. – Pan mamá, Videl quiso que la llamáramos Pan–aseguró. Lime vio como todos felicitaban al nuevo padre, pero no pudo soportar más tiempo mirando. Y se fue lo más rápido que pudo, corrió hacia su automóvil y aceleró a fondo. Hasta llegar al cementerio donde está su abuelo, donde ahora se encuentra sentada al lado de la lápida de él. – No puedo negarlo, ese era mi Gohan–dice y unas delgadas lágrimas salieron de sus ojos– después de tanto lo encuentro, sólo para perderlo otra vez. El hombre que ama está casado con otra, y ya es padre. Por más que lo ame, él no la amará. Ella no entendía, por qué él la olvidó. Deseaba tanto volverlo a ver, pero ahora deseaba que nunca lo hubiera hallado. Sin más que hacer se puso de pie, y secó sus lágrimas. – ¡No!...sé que mi Gohan aún está allí afuera en alguna parte–dice intentando engañarse a sí misma–algún día nos volveremos a ver, y le diré lo mucho que lo amo. Se despidió cálidamente de la tumba de su abuelo, y así avanzó hacia su automóvil. Para dirigirse de regreso a casa. "Nos volveremos a ver"–piensa–"en esta vida o en la otra, mi chico de los cabellos dorados"–y sonrió con melancolía, mientras se perdía en el horizonte. – Te amo Gohan–le susurró al vi

Seleccionado por: Carlos Meseguer Walker Me gusta porque trata de algo muy interesante y es muy largo.


Las casas de aquella aldea tenían varios pisos y múltiples habitaciones, pero no tenían puertas; se entraba a ellas por las azoteas, en donde había un pequeño hueco y una escalera de madera que se ponía y se quitaba: todo ello con la finalidad de protegerse de los ataques de indios enemigos. Kiwasi era una muchacha muy joven que vivía con su familia en una de estas casas. Cierta mañana, Kiwasi salió de su casa un poco harta de pelear con su mamá, se alejó de la aldea y subió a un risco de las cercanías. En lo alto del risco encontró un pedazo de pirita, una piedra muy brillante con la cual los aldeanos de la región solían hacer señales luminosas para comunicarse a larga distancia y prevenirse contra los frecuentes ataques de los shoshonee y otros grupos merodeadores. Kiwasi frotó la pirita contra su falda para darle brillo y se puso a jugar con ella, buscando los rayos del sol. Los hombres que estaban de guardia en la aldea vieron los destellos en lo alto del risco y pensaron que alguno de los centinelas hacia señales de aviso por la presencia del enemigo, así que se apresuraron a reunir a la gente para preparar la defensa. Las mujeres y los niños se refugiaban dentro de las casas y los hombres se apostaban en las azoteas y en las entradas de la aldea. Como el enemigo no llegaba, algunos hombres de la aldea salieron para inspeccionar los alrededores. Su sorpresa fue cuando descubrieron a Kiwasi jugando con la pirita en el risco en donde se pensaba que estaba el centinela que había hecho la señal de alarma. Los exploradores bajaron con la muchacha a la aldea, la gente se tranquilizó al saber que todo había sido una confusión y Kiwasi fue regañada severamente por su madre. A la mañana siguiente, Kiwasi salió de su casa un poco más arta que el día anterior a causa de los regaños de su madre. Se las ingenió para encontrar otra pieza de pirita y se puso a hacer señales. La gente de la aldea pensó que era una alerta de ataque y la escena del día anterior se repitió. Al tercer día, la mamá de Kiwasi caminaba fuera de su casa en el momento en que aparecieron los destellos en el risco. "Muchacha insolente", pensó de inmediato, y se apresuró a decirles a los guardias que no se preocuparan, que ella en persona subiría al risco para enseñarle a esa mocosa a comportarse debidamente. La señora se acercó al risco, vio a su hija sentada con la piedra entre las manos, subió y estaba a punto de pegarle un grito cuando vio algo sorprendente en los valles de los alrededores: toda la nación shoshonee parecía haberse dado cita aquel día; los enemigos avanzaban empuñando lanzas, hachas y cuchillos, con la cara pintada de guerra y el gesto feroz del guerrero shoshonee.


Seleccionado por: Blanca Borgoñós Quijano Me gusta porque es un cuento que nunca había escuchado de él, y se parece al de Pedro y el Lobo


Por tener buen sentido del humor, al intelectual TANG 唐 le gustaba hacer chistes. El profesor de una escuela, cercana a la casa de TANG, solía negar la existencia de los fantasmas diciendo: "Los budistas inventan fantasmas para asustar a la gente. Dónde están esos fantasmas?" Una noche TANG tiró arena a la ventana del profesor y, acompañándose con gritos horribles, golpeaba su puerta; el enseñante casi muere del susto; preguntó quién era y TANG le respondió: "Soy la encarnación de las energías YIN y YANG del universo." El hombre llamó a dos alumnos para que lo acompañaran y, temblando, se tapó la cabeza con la manta. Al día siguiente, sintió dolor y cansancio en todo el cuerpo, no pudiendo levantarse de la cama. Cuando los amigos fueron a visitarlo, él sólo atinó a gemir, diciendo: "Los fantasmas sí existen." Todo el mundo se burló del pedagogo, pero, después de ese día, todas las noches, de verdad venían los fantasmas. Al principio la gente imaginó que todavía TANG estaba con sus chistes, mas no era así. el mentor abandonó el puesto y regresó a su pueblo nativo. Tal vez, después del susto, había perdido la energía positiva para resistir a la malignidad de los fantasmas.

Seleccionado por: Daniel Lozano García


-La señora aguarda ya -dijo en alemán la fräulein; y Nora, dócil como suelen ser las criaturas enfermizas, echó a andar, bajó las escaleras solita, agarrándose al pasamano, y solita se metió dentro de la berlina, al lado de su mamá, que viéndola tan seria y emperifollada al empezar a rodar el coche, le dio un beso en el poco trecho de mejilla que asomaba entre el sombrerón y el alto cuello de pieles. -¿A que no sabes adónde vamos? -preguntó alegremente, pasándose por la fría nariz el sedoso manguito-. Vamos al convento. -¿A ver a la tía Leonor? -¿Pues a quién? Y a la madre abadesa, y a las monjas todas. Nora reflexionó, y una chispa de contento iluminó sus anchas pupilas entristecidas, dilatadas, como si hubiese tomado belladona. Por aquel tiempo de Navidad, la idea del convento se asociaba a la de mil golosinas y chucherías, de esos juguetes del claustro que encantan a los pequeños, porque son producto de un espíritu infantil... La señora, entre tanto, vuelta la cabeza hacia el vidrio, sonreía a otras ilusiones... Viuda desde hacía dos años y medio, la osadía elegante de su toca orlada de violetas y el corte juvenil de su traje de pana morada con ribetes de piel, decían a voces, más que el alivio, el olvido del dolor. Consolada, sí. ¿Qué mal había en ello? Y si no se casaba inmediatamente, era porque no la despellejasen los murmuradores... Al cumplirse los tres años... Mientras tanto, que nada supiese Nora. ¿A qué disgustar a los chicos con cosas superiores a su alcance? Aquí se borraba la sonrisa. Aquella Nora, desde la muerte del padre, dijérase que era la verdadera viuda: como que no había vuelto a jugar ni a reír, y todas las recetas del médico y todos los cuidados de la madre no devolvían al menudo rostro de la huérfana color de salud. «Parece de cera esta niña...», decían las amigas y repetían los criados; y la señora al oírlo, sentía siempre un estremecimiento nervioso: el amarillo color aquel le recordaba otro color céreo, el de una cabeza difunta iluminada por blandones. No se le ocurría solución alguna para el momento en que fuese forzoso enterar a la niña de que iba a tener nuevamente «papá...»; pero aquella misma mañana, víspera de Navidad, en un paseo a pie por las calles más solitarias del Retiro, a la hora en que el sol enrubia la arena con toques de esplendor, había quedado convenido que Nora entraría en el convento, en el propio convento de la Ascensión, al amparo de su tía doña Leonor Arlanza, para quedarse allí hasta una edad «presentable». «Si le dará la vida... Lo que tiene es puro mimo.» Tal era la opinión del «papá» futuro, y la señora, entre preocupada y convencida, había acabado por acceder. Al menos, cuando Nora estuviese en la Ascensión, no vería su palidez, de cirio, sus dilatadas pupilas, la expresión precozmente grave de aquella cara que cada día, facción por facción y rasgo por rasgo, traía más a la memoria la faz del muerto.


Cosa resuelta. Mientras la niña se entretenía con las monjas, que sacaban regalillos al través de la reja y se deshacían en fiestas y arrumacos, la mamá cuchicheaba con la abadesa acerca del asunto. Sí, cuestión de hacer un viaje indispensable... El viaje duraría, ¿quién es capaz de saber?, quizás un año; más aún, probablemente... Norita no había de andar rodando por las fondas... En el convento estaría al primor. Y la abadesa aprobó con la cabeza; ¿dónde mejor? Allí, con su tía, con las madres, en aquel sosiego, lejos de peligros mundanos, preparándose a la primera comunión... Que la trajese cuando gustase, sin reparo; que la trajese y vería maravillas. ¡La madre Leonor iba a ponerse poco contenta! Tener allí a la sobrinita... Y la señora, al escuchar a la anciana monja, desdentada, babosa como una abuela, perdió los escrúpulos y se decidió a soltar de lleno el peso de la maternidad. ¡Se la cuidarían! Podía apartarla de sí, correr hacia la felicidad, como el barco que libre de lastre vuela al empuje de las olas... Subiéronse otra vez al coche la niña y la madre. Rodó la berlina por las calles casi desiertas en aquella hora y con aquel glacial frío del diciembre madrileño. Niebla gris y densa empezaba a tender sus fluidos tules, y los mecheros del alumbrado, entre ella, amarilleaban y extendían su irradiación en fantásticos círculos de claridad, como ojos inmensos de mochuelo. Nora, de pronto, tocó en el codo a la dama. -Mira lo que llevo aquí -dijo con cierta ufanía, entreabriendo el abrigo. Se inclinó la madre, y en una intermitencia de luz que proyectaron los faroles de la berlina, vio el bulto de un muñeco, de un nene desnudo... Era el clásico Jesusín de las monjitas, ingenuo y castamente idealista en su modelado: pero tan mísero de formas, tan chiquitín y, sobre todo, tan mortecino de color, que la señora no pudo menos de exclamar riendo: -¡Qué feo es el pobre muñequito! ¡Si no supiese que era el Niño Dios...! Calló al pronto Nora, y después, con énfasis, murmuró, respondiendo a la observación de su madre: -Feo será, pero se me parece mucho. Y como su madre se echase a reír otra vez de la inesperada ocurrencia, añadió la chiquilla: -Pues es verdad. Verás si fräulein dice o no que nos parecemos. ¡Si es igualito a mí! Como yo; de cera. ¿No soy yo de cera, mamá? -¡Qué tontería! -exclamó la señora, involuntariamente acongojada por las ideas que el dicho despertaba en su conciencia-. ¡Qué has de ser de cera! Eres de carne. ¡Boba! -Pues bien he oído -insistió la niña- que soy de cera; ¡vaya!, lo he oído. Y el otro día, el jueves, cuando vinieron a verte aquellas señoras, ¿no sabes?, las de Vivaldo..., también las oí que al salir decían que por eso..., porque soy de cera..., parezco un muerto. ¿Es


verdad, mamá? ¿Son de cera los muertos? ¿Está muerto este Niño? ¿Era de cera papá..., después que se murió? La congoja de la señora adquirió intensidad física tal, como si una mano de hierro la apretase el corazón, deshaciéndoselo violentamente. El lento rodar del coche entre la niebla; la voz de la niña, apremiante y suplicante; su rostro, en que la semiobscuridad llenaba de sombra la boca y los ojos, no dejando aparecer sino las vagas blancuras de la frente y las mejillas, todo contribuía a evocar los temidos recuerdos funerarios que de tiempo en tiempo asombraban su espíritu, deseoso de borrarlos para siempre. -¡Pero qué ha de estar muerto ese niño, hija! -tartamudeó, evadiendo la otra pregunta-. ¡Si es el Niñín Jesús! ¿No sabes que ha de nacer mañana a medianoche? Mira, no digas disparates... -Y si nace mañana..., ¿puedo yo ser su mamá? -interrogó la niña. -No hay inconveniente... -contestó la señora con la respiración algo más desahogada, y atrayendo a sí a Nora para hacerle una caricia. Antes de que los labios de la madre llegasen al rostro de la criatura, ésta había pegado los suyos a la carita pálida del Niño de cera, murmurando: -Éste es mi hijo... Dormirá en mi cuarto, y ya no me separo de él. ¿Eh, mamá? Los niños.... con sus madres. La caricia de la señora se humedeció. Un rocío fresco, ascendiendo del corazón a las pupilas, dilató su alma, en la cual la maternidad dormía, pero alentaba aún poderosamente. Y apretando a Nora con una especie de furia, con la tierna brutalidad del instinto que despierta y rompe por todo, articuló como el que pronuncia un juramento: -Los niños, con sus madres... Claro, cielo mío.

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Un joven pendador confucionista llamado ZHANG EN TIANJIN, paseábase un día con algunos amigos por las afueras de la urbe, cuando una joven que cabalgaba en un asno pasóles por el lado. Aprovechándose de que ella iba sóla, la insultaron con palabras sucias, persiguiéndola. la muchacha nada respondía pero apresuraba al asno para escapar de los muchachos que terminaron alcanzándola, pero el confucionista se había quedada rezagado. De repente, la mujer bajó del asno y comenzó a coquetear con sus acosadores. Cuando ZHANG llegó , se dio cuenta de que la dama no era nadie más sino su esposa, hecho que lo sorprendió porque ella no sabía cabalgar, aparte de que la casa estaba lejos. Furioso y con dudas, reprochó a la mujer su actitud; deseaba golpearla; pero ella no paró sus coqueteos. Cuando el ofendido se acercó, rápida se subió al jumento y, en el acto, mudó su rostro por completo, diciendo: "Tan pronto ves a la esposa de otro, quieres insultarla y violarla; pero cuando ves que es la tuya la ofendiá, te enfureces. Has estudiado muchas escrituras de Confucio pero todavía no sabes qué es perdonar. Así, cómo podrás ser un personaje inportante en el estado? Por eso no has pasado el examen estatal para ser un funcionario." Después de esto, ella contrinuó su camino. ZHANG palideció por el susto, sin saber si la joven era un inmortal o un fantasma.

Seleccionado por: Borja Sánchez Hernández Me gusta porque trata de cosas interesantes.


Era un venerable maestro. En sus ojos había un reconfortante destello de paz perma Era un venerable maestro. En sus ojos había un reconfortante destello de paz permanente. Sólo tenía un discípulo, al que paulatinamente iba impartiendo la enseñanza mística. El cielo se había teñido de una hermosa tonalidad de naranja-oro, cuando el maestro se dirigió al discípulo y le ordenó: --Querido mío, mi muy querido, acércate al cementerio y, una vez allí, con toda la fuerza de tus pulmones, comienza a gritar toda clase de halagos a los muertos. El discípulo caminó hasta un cementerio cercano. El silencio era sobrecogedor. Quebró la apacible atmósfera del lugar gritando toda clase de elogios a los muertos. Después regresó junto a su maestro. --¿Qué te respondieron los muertos? -preguntó el maestro. --Nada dijeron. --En ese caso, mi muy querido amigo, vuelve al cementerio y lanza toda suerte de insultos a los muertos. El discípulo regresó hasta el silente cementerio. A pleno pulmón, comenzó a soltar toda clase de improperios contra los muertos. Después de unos minutos, volvió junto al maestro, que le preguntó al instante: --¿Qué te han respondido los muertos? --De nuevo nada dijeron -repuso el discípulo. Y el maestro concluyó:

--Así debes ser tú: indiferente, como un muerto, a los halagos y a los insultos de los otros. *El Maestro dice: Quien hoy te halaga, mañana te puede insultar y quien hoy te insulta, mañana te puede halagar. No seas como una hoja a merced del viento de los halagos e insultos. Permanece en ti mismo más allá de unos y de otros.

Seleccionado por: Javier Ortín Romero Me gusta porque trata de una moraleja muy buena a seguir por los jóvenes.


Sucedió esta historia allá en la antigüedad, cuando Jesucristo andaba todavía sobre la tierra con los apóstoles. Iban un día por un camino, un ancho camino, cuando se cruzaron con un lobo. — Señor —dijo el lobo—, tengo hambre. —Ve y cómete una yegua —contestó Jesucristo. El lobo corrió en busca de una yegua. Cuando encontró una, se acercó y le dijo: — El Señor me ha mandado que te coma, ¿sabes, yegua? — ¡Qué va! No está permitido comerme a mí. Incluso tengo un certificado que así lo atestigua, sólo que lo llevo bien guardado. —Pues, enséñamelo. — Ponte más cerca de mis patas traseras. El lobo se acercó, y la yegua, de una coz en los dientes, lo despidió a tres sazhenas* de distancia, mientras ella escapaba. El lobo fue a quejarse a Jesucristo: —Señor: la yegua ha estado a punto de matarme. —Ve y cómete un carnero. El lobo corrió en busca de un carnero y le dijo: —Voy a comerte, carnero. Lo ha ordenado el Señor. —Bueno, pues cómeme. Pero, verás: lo mejor será que te pongas al pie de esta cuesta y abras bien las fauces; entonces yo bajaré corriendo desde arriba y me meteré derechito en tu boca. El lobo se colocó al pie de la cuesta con las fauces abiertas. El carnero, entonces, tomó carrerilla desde lo alto de la cuesta y, ¡zas!, le pegó un testarazo, tirándole al suelo, y él se escapó. Cuando el lobo se puso en pie, miró a todas partes, pero el carnero había desaparecido. De nuevo fue a quejarse a Jesucristo: — Señor —le dijo—: el carnero también me ha engañado y por poco me mata. —Ve y cómete a un sastre. El lobo fue en busca de un sastre. Cuando le encontró, le dijo: —Voy a comerte, sastre. Lo ha mandado el Señor.


— Deja, por lo menos, que me despida de mi familia. — No; ni siquiera te permitiré que te despidas. — ¡Qué se le va a hacer! Cómeme, pues. Pero aguarda primero a que te mida para ver si quepo dentro de ti. — De acuerdo. El sastre dio una vuelta alrededor del lobo, le agarró del rabo, se lo enrolló bien alrededor de la mano y se puso a plancharle el espinazo. El lobo se revolvió y se debatió hasta que, por fin, escapó dejando el rabo en manos del sastre. Iba corriendo a todo correr, cuando se encontró con siete lobos. — ¡Oye! ¿Cómo andas sin rabo, lobo gris? —le preguntaron. — Me lo ha arrancado un sastre. — ¿Y dónde está ese sastre? — Allá va por el camino. —Tenemos que darle alcance. Y se lanzaron detrás del sastre. El sastre se dio cuenta de que le perseguían y. viendo que aquello se ponía feo, trepó hasta lo más alto de un árbol y allí se quedó. Los lobos llegaron hasta el árbol y dijeron: —Amigos, tenemos que echarle la garra al sastre. Tú, rabón, colócate debajo de todos, y nosotros nos iremos subiendo uno encima del otro, hasta que le alcancemos. El lobo rabón se tendió en el suelo, otro se subió encima, luego otro, y otro... llegando cada uno más arriba. Subía ya el último, cuando el sastre, viendo que no tenía salvación y que iban a alcanzarle sin remedio, gritó desde arriba: — El que va a quedar peor parado es el rabón. Este, que le oyó, se escabulló como pudo y ¡venga a correr! Los siete lobos, que cayeron al suelo por culpa suya, se lanzaron tras él, le dieron alcance y le acometieron a feroces dentelladas. En cuanto al sastre, se bajó del árbol y volvió a su casa.

Seleccionado por: Marina Fernández Tudela y Mª José Zapata Conesa Nos gusta porque nos interesa saber lo que le ocurre al lobo.


Muy cerquita del Jardín de Infantes donde va Mario, hay un lugar llamado "El Tropezón", con muchas, muchísimas casas, con muchos, muchísimos chicos, con muchos, muchísimos, pero muchísimos perros: algunos chiquitos, otros grandes, unos blancos y altos, otro negros y petizos, unos gordos y otros muy flacos. Ahí vive Mario, con su papá, su mamá, seis hermanitos y Malevo, un perro muy gracioso, con muchas, muchísimas pulgas y algunas garrapatas. Malevo es muy negrito, gordo y comilón. Se despierta todas las mañanas temprano, cuando el sol empieza a asomar. Juega, corre y ladra como un perrito feroz, asustando a todos los autos que pasan, también a la policía y al camión de los bomberos. En la casita de al lado vive Manchita, una perra muy limpita, perfumada y coqueta que lleva en su cola un moño rojo. Malevo le ladra con cariño y la mira con ojitos de perro enamorado, y Manchita le contesta moviendo la cola mientras sacude su moño. Una mañana pasó el camión de los bomberos, y detrás de él empezaron a correr. Lo corrieron, lo corrieron otra vez y el camión se alejó. Fue entonces cuando Malevo se dio cuenta de que tenían que volver para que Mario no se enojara, si no seguramente lo iban a atar y eso es muy feo y aburrido. Comenzaron a correr con Manchita, para volver a su casa, acortando camino, por campos, baldíos y senderos que iban apareciendo. Pisaban flores y plantas, espantaban gallinas y pollos, asustaban ladrando a pajaritos y mariposas que volaban por allí. Ya estaban tan cansados de tanto correr que caminaban cada vez más y más despacio. Como tenían sed, se sentaron a orillas de un arroyo para tomar agua y descansar. Manchita muy agotada lo miró, bajó sus ojitos con picardía y puf!!!... se durmió. Malevo pensó: "me voy a quedar acá al lado de ella hasta que despierte, para cuidarla" - y se acostó juntito a Manchita; con su patita le acarició el lomo y puf!!!...también se durmió. Cuando despertaron, se dieron cuenta de que ya no estaba más el sol. - ¡Vamos, Manchita! ¡Corramos, que empieza a oscurecer! - dijo Malevo. De pronto, un señor muy gordo que manejaba un camión lleno de vacas vio esos ojos, paró y los subió. Entre "muuu-muuu" y "guaau-guaau", Manchita y Malevo descubrieron muchas luces que venían detrás. ¡Pfff! ¡Qué olor hay aquí, y qué sucios estamos! - dijo Manchita. Mis orejas están muy sucias, tienen bichitos, mi cola está despeinada y tengo el moño lleno de espinas. Viajaron.........viajaron......


Cuando el camión se detuvo por casualidad, Manchita comenzó al olfatear algo distinto. Eran los paraísos de "El Tropezón". - ¡Llegamos! -dijo Malevo. Se largaron y despacito, casi sin hacer ningún ruido, empezaron a caminar. Se estaban acercando cuando de pronto apareció un perro muy gritón y malhumorado que, ladra que te ladra sin parar, despertó a gallos, patos, loros, gatos y gallinas que vivían en el lugar. Mientras tanto Mario, muy triste, no podía dormir. Pensaba y pensaba: "¿dónde estará Malevo? ¿Dónde habrá ido mi perrito?" Tan grande era aquel alboroto que rápidamente saltó de su cama, buscó la linterna para alumbrar y salió al patio. Allí, en la puerta, estaba su Malevo. Lo alzó y besó mucho-mucho, con alegría. También vio a Manchita, tan cansada y sucia, que la tomó entre sus brazos, la acarició y luego los bañó a los dos. Y a partir de ese día, Malevo y Manchita viven muy contentos, limpios y sin garrapatas, riéndose a carcajadas cuando oyen pasar una sirena.

Seleccionado por: Alejandro Martín Bustos. Me gusta la “ aventura “ de ese día.


Una piedra, recién desenterrada por la corriente, brillaba límpida al borde de un agradable bosquecillo, situado sobre un pedregoso camino, rodeada de hierbas y flores; al ver desde su mirador el continuo chocar de las piedras del profundo camino, viniéronle deseos de precipitarse a él, diciéndose: “¿Qué hago yo entre estas hierbas? Mejor es que vaya a vivir con mis hermanas”. Y, dejándose caer entre sus deseadas compañeras, terminó su voluble curso. No tardó mucho, como aquéllas, en ser aplastada por las ruedas de los carros, por las patas de los herrados caballos y por los pies de los caminantes. Todos la hacían rodar y la apisonaban, y cuando veíase cubierta de barro o de estiércol, dirigía apenada los ojos al lugar de solitaria paz de donde había salido. Así sucede a los que dejan la vida contemplativa del campo, para ir a habitar en las ciudades.

FIN

Seleccionado por: Jose Francisco García Meseguer La piedra brillaba mucho y me ha gustado.


Cuentan que un día un rey mandó colocar una piedra muy grande en medio del camino y luego se oculto para ver si alguien la movía. Pasaron algunos comerciantes y nobles , y sencillamente la evitaron. Muchos vociferaron culpando al rey de no mantener los caminos despegados,pero ninguno trato de quitar la piedra. Pasó entonces un campesino que venia cargado con su bolsa de hortalizas. Al llegar al lugar donde estaba la piedra, echó su bolsa al suelo y comenzó a empujar la piedra hacia el borde del camino.No si mucho esfuerzo al fin lo consiguió y siguió su camino. Mientras recogía sus hortalizas, vio una bolsa en el camino, donde antes había estado la piedra. La bolsa contenía mucho dinero, monedas de oro y una nota del rey que decía que el dinero era para la persona que quitara la piedra del camino.

El campesino aprendió lo que muchos han aprendido desde entonces: Cada obstáculo nos ofrece una oportunidad para mejorar nuestra condición en la vida.

Seleccionado por: Jaime López Gomariz Me gusta porque trata de una fábula, y sobretodo es muy realista.


Había una vez, un niño que se llamaba Juan, era muy alegre y juguetón. Un día salió a jugar, pero no encontró a ninguno de sus amiguitos y se preguntó: ¿por qué no están mis amigos? Se regresó a su casa, y al día siguiente, volvió a buscar a sus amigos y tampoco los encontró, entonces se preocupó mucho. Fue a la casa de cada uno de ellos, y preguntó a sus papás: ¿de qué están enfermos?, ellos le contestaron que les había dado varicela. Entonces, Juan fue a buscar medicinas para sus amiguitos, pero ninguna medicina les hacía bien. Después de mucho pensar y pensar, se le ocurrió preguntarle a su abuelita que vendía hierbas en el mercado; ella le dijo varios nombres de hierbas, pero a Juanito le llamó mucho la atención una florecita de color rojo, le preguntó que cómo se preparaba, a lo que ella contestó que solamente se ponía a remojar o a hervir, y que el agua se debía tomar por una semana. Contento y feliz, Juanito le llevó la flor a los papás de los niños enfermos, y les dio las indicaciones que la abuelita le dijo. Algunos días después, los niños ya estaban bien, felices y contentos; desde entonces, a todos los niños que les da varicela los curan con la flor curativa llamada Jamaica.

Seleccionado por: Lorena Hernández Gómez Me ha gustado porque ha conseguido ayudar a sus amigos a curarse.


Hace ace muchos años, cuando Inglaterra no era más que un puñado de reinos que batallaban entre sí, vino al mundo Arturo, hijo del rey Uther. Laa madre del niño murió al poco de nacer éste, y el padre se lo entregó al mago Merlín con el fin de que lo educara. El mago Merlín decidió llevar al pequeño pequeño al castillo de un noble, quien, además, tenía un hijo de corta edad llamado Kay. Para garantizar la seguridad del príncipe Arturo, Merlín no descubrió sus orígenes.

Cada ada día Merlín explicaba al pequeño Arturo todas las ciencias conocidas y, como era mago, incluso le enseñaba algunas cosas de las ciencias del futuro y ciertas fórmulas mágicas.

L os años fueron pasando y el rey Uther murió sin que nadie le conociera descendencia. Los nobles acudieron a Merlín para encontrar al monarca sucesor. suces Merlín hizo aparecer sobre una roca una espada firmemente clavada a un yunque de hierro, con una leyenda que decía: "Esta es la espada Excalibur. Quien consiga sacarla de este yunque, será rey de Inglaterra" L os nobles probaron fortuna pero, a pesar pesar de todos sus esfuerzos, no consiguieron mover la espada ni un milímetro. Arturo y Kay, que eran ya dos apuestos muchachos, habían ido a la ciudad para asistir a un torneo en el que Kay pensaba participar.


C uando ya se aproximaba la hora, Arturo se dio cuenta de que había olvidado la espada de Kay en la posada. Salió corriendo a toda velocidad, pero cuando llegó allí, la puerta estaba cerrada. A rturo no sabía qué hacer. Sin espada, Kay no podría participar en el torneo. En su desesperación, miró alrededor y descubrió la espada Excalibur. Acercándose a la roca, tiró del arma. En ese momento un rayo de luz blanca descendió sobre él y Arturo extrajo la espada sin encontrar la menor resistencia. Corrió hasta Kay y se la ofreció. Kay se extrañó al ver que no era su espada. A rturo le explicó lo ocurrido. Kay vio la inscripción de "Excalibur" en la espada y se lo hizo saber a su padre. Éste ordenó a Arturo que la volviera a colocar en su lugar. Todos los nobles intentaron sacarla de nuevo, pero ninguno ninguno lo consiguió. Entonces Arturo tomó la empuñadura entre sus manos. Sobre su cabeza volvió a descender un rayo de luz blanca y Arturo extrajo la espada sin el menor esfuerzo.

Todos odos admitieron que aquel muchachito sin ningún título conocido debía llevar ll la corona de Inglaterra, y desfilaron ante su trono, jurándole fidelidad. Merlín, pensando que Arturo ya no le necesitaba, se retiró a su morada.

Pero ero no había transcurrido mucho tiempo cuando algunos nobles se alzaron en armas contra el rey Arturo. Merlín proclamó que Arturo era hijo del rey Uther, por lo que era rey legítimo. Pero los nobles siguieron en guerra hasta que, al fin, fueron derrotados gracias al valor de Arturo, ayudado por la magia de Merlín. Para ara evitar que lo ocurrido volviera volviera a repetirse, Arturo creó la Tabla Redonda, que estaba formada por todos los nobles leales al reino. Luego se casó con la princesa Ginebra, a lo que siguieron años de prosperidad y felicidad tanto para Inglaterra como para Arturo.


"Ya puedes seguir reinando sin necesidad de mis consejos -le dijo Merlín a Arturo-. Continúa siendo un rey justo y el futuro hablará de tí"

Seleccionado por: Víctor García Illán Me gusta la magia y este cuento trata sobre ella.


Había una vez un rey que tenía tres hijos. Cuando los príncipes se hicieron mayores, su padre los reunió y les dijo: -Mis queridos hijos, quisiera que cada uno de ustedes se casara. Deseo tener nietos que endulcen mi vejez. -Si es así, padre, danos tu bendición –le respondieron los príncipes-. ¿Con quién debemos casarnos? -Cada uno tomará una flecha –les explicó el rey-. Saldrán al campo y dispararán. Allí donde caiga la flecha, encontrarán su suerte. Los hijos hicieron una profunda reverencia ante el rey, tomaron cada uno una flecha, salieron al campo, tensaron sus arcos y dispararon. La flecha del príncipe Nikolai, el hermano mayor, cayó en la mansión de un noble, cuya hija la encontró. La flecha del príncipe Alexei, el segundo hermano, cayó en el patio de un rico mercader y la recogió una de sus hijas. La flecha del hermano menor, el príncipe Iván, ascendió muy alto y se perdió de vista. El joven fue a buscarla y, luego de andar y andar sin descanso, llegó a un pantano. Allí, sobre una hoja de nenúfar, había una rana y a su lado estaba la flecha. -Rana, ranita –pidió el príncipe-. Devuélveme mi flecha. -Te la devolveré, si te casas conmigo- respondió la rana. -¿Qué dices? ¿Acaso voy a casarme con una rana? -Deberás casarte conmigo. Ésa es tu suerte. El príncipe Iván se puso triste, pero comprendió que no tenía otra posibilidad. Tomó a la rana, guardó su flecha y volvió al palacio del rey. Al día siguiente se celebraron las tres bodas: la del príncipe Nikolai con la hija del noble, la del príncipe Alexei con la hija del mercader y la del príncipe Iván con la ranita. Poco después, el rey hizo llamar a los príncipes y les dijo: -Quisiera conocer las habilidades de sus mujeres. Para mañana, cada una debe hacerme una camisa. Los hijos se inclinaron ante el rey y fueron a transmitir la orden. El príncipe Iván llegó a sus habitaciones muy acongojado. La ranita, que daba saltos por el piso, se detuvo frente a él. -¿Por qué estás tan cabizbajo, príncipe Iván? –le preguntó-. ¿Qué pena oprime tu corazón? -Mi padre ha ordenado que le hagas una camisa para mañana. -No te preocupes, príncipe Iván. Acuéstate y duerme tranquilo, que mañana será otro día. Cuando el príncipe Iván se durmió, la ranita saltó hasta una de las torres del palacio, se despojó de su piel y se convirtió en Basilisa la Sabia. Era tan bella que ni en los cuentos había otra igual. Basilisa la Sabia aplaudió tres veces y llamó con voz melodiosa:


-¡Madrinas, nodrizas mías, no demoren ni un instante! Para mañana por la mañana debo tener una camisa, como la que usa mi padre, para entregar al rey. Muy temprano, cuando el príncipe Iván se despertó, la ranita ya estaba saltando por la habitación. Sobre la mesa había una camisa envuelta en fino lienzo. Lleno de alegría, el príncipe Iván fue a ver a su padre. El rey recibió los regalos de los tres hermanos. El príncipe Nikolai desenvolvió la camisa que traía. Cuando el rey la vio, dijo: -Esta camisa no es digna de un rey. Luego desenvolvió la camisa el príncipe Alexei. El rey la vio y dijo: -Esta camisa sólo sirve para ir al baño. Llegó entonces el turno del príncipe Iván. La camisa que mostró al rey era una prenda de seda con bellos bordados en oro y plata. -¡Esta camisa es para lucirla en las fiestas! –exclamó el rey al verla. Los hermanos mayores se alejaron murmurando: -Debemos tener cuidado con la mujer de Iván. No es una rana sino una bruja. Unos días más tarde, el rey volvió a llamar a sus hijos y les pidió: -Quiero que para mañana sus mujeres me horneen un pan. Me gustaría saber cuál de ellas cocina mejor. El príncipe Iván regresó a sus habitaciones. Al ver su cara de tristeza, la ranita le preguntó: -¿Qué pena te agobia, príncipe? -El rey ha ordenado que le hornees un pan para mañana. -No te preocupes, príncipe Iván. Acuéstate y duerme tranquilo, que mañana será otro día. Mientras tanto, las mujeres de los hermanos mayores se burlaban de la rana y anticipaban que no podría cumplir la orden del rey. Sin embargo, enviaron a una vieja criada para que la espiase y les contara cómo horneaba el pan. La ranita era muy perspicaz y se dio cuenta de que la estaban espiando. Por eso, preparó la masa y la echó por un agujero que había en lo alto del horno. La criada corrió a contar lo que había visto y las mujeres de los príncipes hicieron exactamente lo que había hecho la ranita. Un rato después, la ranita saltó hasta la torre del palacio, se convirtió en Basilisa la Sabia y aplaudió tres veces: -¡Madrinas, nodrizas mías, no demoren ni un instante! Para mañana por la mañana debo tener un pan esponjoso y blanco como el que comía en casa de mi padre. Cuando el príncipe Iván se despertó, el pan ya estaba sobre la mesa. Era una hogaza bordeada con arabescos y coronada por una ciudad con sus murallas. El príncipe Iván se puso muy contento, envolvió cuidadosamente el pan y se lo llevó a su padre. El rey puso cara de disgusto al ver los panes que traían los hermanos mayores. Sus mujeres habían vertido la masa en el lugar incorrecto del horno y el pan había quedado requemado y duro. El rey ordenó que se lo dieran a los cerdos. Cuando el príncipe Iván le entregó su pan, el rey exclamó: -¡Este pan es para comerlo en las fiestas!


Al día siguiente el rey decidió celebrar un banquete en el palacio. Los tres príncipes debían asistir con sus mujeres. Una vez más el príncipe Iván regresó cabizbajo a sus habitaciones. La ranita interrumpió sus saltos y le preguntó: -¿Qué pena te acongoja, príncipe Iván? ¿Acaso tu padre no ha sido cariñoso contigo? -Ranita, ranita, ¿Cómo quieres que no esté apenado? Mi padre ha ordenado que vaya contigo al banquete. Dime, ¿crees que puedo mostrarte a los invitados? -No te preocupes, príncipe Iván –le respondió la ranita-. Ve solo al banquete y yo te seguiré. Cuando oigas retumbar un trueno, no te asustes. Si alguien te pregunta algo, le dirás: “Es mi ranita que viene en una cajita”. Así lo hizo el príncipe. Al verlo llegar solo, sus hermanos, cuyas mujeres lucían hermosos trajes y tocados elegantes, se burlaron de él. -¿Por qué no ha venido tu mujer? Podrías haberla traído envuelta en un pañuelo –dijo el príncipe Nikolai. -¡Para encontrar una belleza semejante habrás tenido que recorrer todos los pantanos! –agregó el príncipe Alexei. El rey, sus hijos, las mujeres y los invitados se ubicaron en las engalanadas mesas y dio comienzo el banquete. De pronto, el sonido de un trueno estremeció a todos. El príncipe Iván los tranquilizó: -No teman, queridos invitados, es mi ranita que viene en una cajita. Ante la puerta del palacio real se detuvo un magnifico carruaje tirado por seis caballos blancos. De su interior descendió Basilisa la Sabia, vestida con un traje color de cielo cuajado de estrellas de plata. Sobre su pelo lucía la luna clara. Estaba tan bonita que no parecía real. El príncipe Iván y ella se dirigieron a ocupar su sitio en la mesa. La comida transcurrió entre alegres bromas y exclamaciones de admiración por la belleza de la mujer del príncipe Iván. Basilisa bebió un sorbo de vino de su copa y echó el resto del contenido en su manga izquierda. Luego se sirvió un ala de cisne, comió la carne y guardó los huesos en su manga derecha. Las mujeres de los príncipes mayores la observaban atentamente y se apresuraron a imitarla. Al terminar la cena, Basilisa la Sabia tomó de la mano al príncipe Iván y comenzó a bailar con tanto ritmo y tanta gracia que los invitados se quedaron impresionados. Luego sacudió la manga izquierda de su traje y ante ella apareció un lago. Al sacudir la manga derecha, surgieron varios cisnes con plumaje blanco como la nieve y comenzaron a deslizarse suavemente sobre la superficie del lago. El rey y sus invitados no cabían en sí de asombro. Las mujeres de los príncipes mayores también salieron a bailar. Sacudieron una manga y salpicaron a los invitados con vino. Sacudieron la otra y los huesos salieron disparados en todas direcciones. Uno de ellos le dio en un ojo al rey quien, indignado, echó del salón a sus dos nueras. Mientras tanto, el príncipe Iván abandonó el baile sin que nadie lo viera, corrió a sus habitaciones, encontró allí la piel de la rana y la arrojó al fuego. Basilisa la Sabia regresó del baile y vio que la piel había desaparecido. Se dejó caer sobre un taburete y habló al príncipe con infinita tristeza.


-¡Ay, príncipe Iván! ¿Qué has hecho? Si hubieras esperado tan sólo tres días más, me hubiera quedado contigo para siempre. Ahora tendremos que separarnos. Búscame en el fin del mundo, en el rincón mas apartado de la tierra, en los dominios de Koschei el Inmortal… Basilisa se transformó en una alondra y salió volando por la ventana. El príncipe Iván lloró amargamente. Luego hizo una profunda reverencia en dirección a los cuatro puntos cardinales para despedirse de su tierra amada y partió en busca de su mujer. Nadie sabe cuánto anduvo, pero sus botas perdieron las suelas, su ropa se hizo jirones y su gorro se despedazó por las lluvias. Un día, mientras avanzaba por un estrecho sendero se encontró con un anciano. -¡Buenos días, galán! –lo saludó el hombre. ¿A dónde quieres llegar por este camino? El príncipe Iván le contó su historia. -¡Ay, príncipe Iván! –se lamentó el anciano-. ¿Por qué se te ocurriría quemar la piel de la ranita? No se la habías puesto tú y no eras tú quien debía quitársela. Basilisa la Sabia nació muy inteligente y con el paso del tiempo superó a su padre en sabiduría. Temeroso por el poder que pudiera alcanzar, él la condenó a vivir tres años transformada en rana. En fin, lo hecho, hecho está. Toma este ovillo y síguelo sin temor. Cada paso que avances te acercará a tu mujer. El príncipe Iván dio las gracias al anciano y echó a andar tras el ovillo. Mientras atravesaba un bosque vio salir un oso de la espesura. El príncipe aprestó su arco con intención de dispararle, pero el oso le habló con voz humana. -No me mates, príncipe Iván –le rogó-. Algún día te prestaré un buen servicio. El príncipe se compadeció del oso, bajó el arco y siguió su camino. De pronto, vio pasar un pato sobre su cabeza. Aprestó su arco para dispararle, pero el pato le habló con voz humana. -No me mates, príncipe Iván –le rogó-. Algún día te prestaré un buen servicio. El príncipe se compadeció del pato, bajó el arco y siguió su camino. En medio de un campo se cruzó con una liebre que corría velozmente. Con rapidez, el príncipe aprestó el arco, dispuesto a dispararle, pero la liebre le habló con voz humana. -No me mates, príncipe Iván –le rogó-. Algún día te prestaré un buen servicio. El príncipe se compadeció de la liebre, bajó el arco y siguió su camino. Llegó a la orilla del mar y vio que sobre la arena yacía un arenque. -Compadécete de mí, príncipe Iván –le rogó el pez con gran dificultad-. Devuélveme al mar azul. El príncipe echó el arenque al mar y siguió su camino bordeando la orilla. Tiempo después, el ovillo se internó en un bosque. Allí había una pequeña cabaña de madera apoyada sobre patas de gallina, que daba vueltas y vueltas sin parar. -Cabaña, cabaña, deja de girar Vuelve la espalda al espeso bosque y ábreme la puerta de par en par. Cuando el príncipe Iván pronunció estas palabras, la cabaña se detuvo con la pared trasera en dirección al bosque y la puerta abierta frente al joven. El príncipe entró y vio que en la novena hilera de ladrillos de la chimenea estaba acostada la bruja Yagá Pata de Palo, con los dientes sobre la repisa y la nariz clavada en el techo. -¿Qué te trae por aquí, galán? –preguntó la bruja-. ¿Vas en busca de tu destino o huyes de él sin tino?


-Antes de ponerte a preguntar, vieja bruja –replicó sin temor el príncipe-, deberías prepararme un baño y darme de comer y beber. La bruja Yagá Pata de Palo preparó el baño para el príncipe, le sirvió una comida y tendió la cama para que se acostase a descansar. Antes de dormirse, el príncipe Iván le contó que iba en busca de su mujer, Basilisa la Sabia. -Ya estaba enterada –le dijo la bruja-. Tu mujer vive ahora en el palacio de Koschei el Inmortal. No va a ser nada fácil rescatarla. Vencer a Koschei es casi imposible. Su muerte se encuentra en la punta de una aguja, la aguja esta encerrada en un huevo, el huevo lo lleva dentro un pato, el pato vive dentro de una liebre, la liebre esta encerrada dentro de un cofre de piedra y el cofre se encuentra en la copa de un roble altísimo que Koschei vigila celosamente día y noche. A la mañana siguiente, la bruja explicó al príncipe donde se encontraba aquel roble tan alto. El príncipe se puso en camino y luego de mucho andar llego al pie del árbol en cuya copa apenas se distinguía el cofre de piedra. Intentó trepar por el tronco, pero no lo consiguió. De pronto, como por arte de magia, apareció un oso que arrancó de cuajo el roble y volvió a internarse en el bosque. El cofre cayó y se hizo añicos. De su interior saltó una liebre que echó a correr ligera como el viento, pero otra liebre le dio alcance y la destrozó. De la liebre muerta salió un pato que voló hasta las nubes en un instante, pero otro pato se lanzó sobre él y le dio un terrible aletazo. El pato dejó caer un huevo que se hundió en el mar azul. El príncipe Iván vio todo desde la orilla y estalló en llanto. ¿Cómo iba a encontrar el huevo en el fondo del mar? Un rato después vio que nadaba hacia él un arenque con el huevo en la boca. El príncipe partió el huevo, sacó la aguja e intentó romperle la punta. Mientras tanto, Koschei el Inmortal se retorcía y gemía. El príncipe empleó toda su fuerza y logró por fin romper la aguja. Koschei exhaló su último suspiro. El príncipe Iván penetró en el blanco palacio de Koschei. Basilisa la Sabia corrió a su encuentro y lo besó tan dulcemente que Iván sintió un sabor de miel en los labios.

Seleccionado por: Patri Ortín Romero. Me ha llamado la atención el título.


Hace mucho, mucho tiempo, en algún lugar de Japón vivía una pareja de ancianos. Un día el anciano salió a la montaña a recoger leña mientras que su esposa fue al río para lavar ropa. En eso estaba cuando vio a un enorme melocotón que bajaba por el río, aguas abajo. Ella lo recogió y se lo llevó a casa. El anciano al llegar a casa se sorprendió al ver tan enorme melocotón! y dijo: “¡Qué melocotón tan grande!, ¿lo cortamos? y la anciana contestó: “¡Sí, vamos a cortarlo!”. En ese momento el melocotón empezó a moverse, se rompió y de su interior salió un niño. Los ancianos se sorprendieron al ver a un niño salir de aquel enorme melocotón, y a la vez, una gran alegría los embargó al ver en él al hijo que no tenían. “¡Lo llamaremos Momotaro! porque nació de un “momó” (melocotón). Momotaro comía mucho y creció fuerte y robusto. Nadie podía rivalizar con él, pero había algo que preocupaba a los ancianos: en todo ese tiempo, no había pronunciado ni una sola palabra. Pasó el tiempo y llegaron unos días en que unos demonios estaban causando alboroto y cometiendo fechorías por todo el pueblo. Ante eso, Momotaro pensaba dentro de sí: “¡Esta situación no lo puedo tolerar!”. Un día, de repente comenzó a hablar y dijo a sus padres: “¡Voy a subyugar a los demonios! Por favor ayúdenme con los preparativos para mi salida.” Los ancianos se quedaron sorprendidos al escuchar por primera vez la voz de Momotaro. El anciano, después de reponerse de la sorpresa, se dirigió a Momotaro diciéndole: “Hijo, es mejor que desistas de hacer cosas tan peligrosas”. Pero los ancianos al ver la determinación de Momotaro, decidieron ayudarle en lo posible con su empresa. Le entregaron ropas nuevas y de alimento la ancianita le había preparado “kibi dango” (bola hervida de harina de mijo). Momotaro partió hacia la isla de los demonios y los ancianos rezaban a dios para que su hijo se encontrara sano y salvo. Momotaro se encontró con un perro durante el viaje. El perro le dijo: “¡Oiga! Déme un “dango” por favor. Si me lo dá le ayudo”. Momotaro le entregó un “dango” y empezaron a caminar juntos. Momentos después se encontraron con un mono, el cual pidió a Momotaro lo mismo que el perro. Momotaro tomó un “dango” y se lo entregó, y los tres empezaron la marcha nuevamente.


En el camino a la isla del demonio, encontraron a un faisán, el cual pidió lo mismo que los anteriores y se unió al grupo. Pasaron unos días y llegaron por fin a la “isla de los demonios”. El faisán realizó un vuelo de reconocimiento y al volver dijo:”Ahora todos están tomando Sake“. Momotaro pensó que era una buena ocasión y dijo:”Vamos”. Pero no podían entrar porque el portón estaba cerrado. En ese momento el mono saltó el portón y abrió la cerradura. Los cuatro entraron a la vez y los demonios quedaron sorprendidos al verlos. El perro mordió a un demonio, el mono arañó a otro mientras que el faisán picoteaba a un tercero. Momotaro dió un cabezazo al jefe de los demonios y le dijo: “¡Ya no hagan cosas malas!”. Los demonios contestaron: “¡Nunca más lo haremos!, ¡perdónanos!”. Momotaro los perdonó y recobró el tesoro robado, volviendo a casa sano y salvo con sus amigos. Momotaro estaba muy contento de haber realizado su sueño. ¡Y colorín colorado este cuento se ha acabado!.

Seleccionado por: Naiara Cascales España Me gusta el tema de los ancianos.


Desde antes de la salida del sol, una mujer de origen haitiano corría velozmente por la calzada de una importante avenida de Santo Domingo, para colocarse en su puesto de trabajo antes que llegara el chinero o el vendedor de naranja, quien le estaba disputando ese puesto ubicado debajo de la escalera de concreto armado de un enorme puente peatonal que cruzaba la importante autopista Duarte de la ciudad de Santo Domingo, la haitiana llevaba consigo una niña de piel oscura igual que ella, colgada en un brazo casi guindando, mientras que en el otro llevaba un amplio cartón lamparazo y una vieja cartera muy maltratada. Desde muy temprano procuraba colocarse en su puesto de trabajo debajo del enorme puente por donde pasaban millares de personas desde muy temprano, la mujer no era estudiada, con facilidad se podía determinar, además hablaba un pésimo español el cual nunca había estudiado, aunque lo hablaba con muchísima dificultad, pero parecía que tenía otros conocimientos que le eran más útiles, aunque estoy seguro de que tampoco los había estudiado, eran aspectos de la sociedad dominicana que le ayudaban a ejercer muy bien su trabajo, tales como: ubicarse en su puesto de trabajo mucho antes que los transeúntes estuvieran recorriendo las calles con sus recios pasos, y lo hacía con su única herramienta que tenía para laboral, la cual era la niña de la mirada perdida, una niña que aunque no era ciega lo aparentaba perfectamente, engañando así con suma facilidad a los que transitaban por el lugar, la niñita que no llegaba a los cinco años de edad era de origen haitiano al igual que la mujer que supuestamente la atendía, aunque parecía que no eran parientes una de la otra, por la forma abusiva que dicha señora sometía a esa pobre criatura, donde las duras jornadas de trabajo eran muy crueles, donde la niñita tenía que permanecer en un lugar fijo hasta más de quince horas corridas diariamente, que más que una jornada de trabajo yo diría que eran jornadas de torturas inmisericordes, porque la pobre haitianita tenía que aguantar aire, sol y sereno, donde tenía que simular muy pacientemente la ceguera que no existía en su vida, acostada siempre en el rústico suelo, encima de un cartón sucio y mal oliente, con su carita lánguida y afligida, mostrándola al publico para que no se escapara de la culpa que tenía que pagar, por haber mirado un rostro que partía el alma en mil pedazos. Esa pobre niña se tenía que mantener así en una misma posición casi por el día entero, como si estuviera frisada o petrificada, como si fuera una estatua negra hecha en honor a la esclavitud, y se mantenía así sin importar el fuerte sol que muchas veces hacía en aquel lugar, de aquellos días calientes de mi país tropical, y no eran pocas las veces que le rodaban las lágrimas por las mejillas sucias de polvo y humo, cayendo las lágrimas pintadas de negro en el asqueroso cartón, y todo por lo fuerte que le llegaban los rayos de sol, rayos que no tenían condolencia de nadie ni de nada, pero aun así ella se mantenía en su posición tranquilita, sufriendo con valor, día tras día, obligada claro está por su compatriota tutora que por cierto se veía fuerte y muy apta para trabajar,


con esos músculos bien formados y con una juventud que aún no se había alejado de su vida, pero ella se sentía mejor, recolectando algunas monedas que la gente le lanzaba al caminar cuando se veían con el alma partida por haber observado de reojo a la haitianita que siempre daba compasión. Pero esos pesos, que muchas veces rodaban por doquier, eran precisamente el más grande estímulo que tenía la fuerte mujer haitiana para no trabajar, por lo cual cada día ponía mucho más empeño en su fácil trabajo y mucho menos condolencia en la niñita que ella arrastraba hasta debajo del enorme puente peatonal, niña que muchas veces estaba llena de llagas contaminadas de humo de vehículo y polvo de la calle difícil de sanar, quizás no sanaba fácilmente por el duro sometimiento a esas jornadas de castigos, que eran sumamente abusivas, donde primero tenía que aguantar el fuerte frío de las madrugadas que le hacía temblar cruelmente a la intemperie, luego el fuerte sol de un país caribeño como el nuestro que le tostaba la tierna piel a muy alto grado de calor y por último otra jornada de frío en las noches de frías brisas sin contar todo el humo que tragaba, el polvo que respiraba, la lluvia que la empapaba y un sin numero de cosas que pasaba la pobre niña de la mirada perdida sin tener doliente alguno. Ciertamente que las crisis económicas de los países subdesarrollados son una calamidad muy triste de ver y más aun de vivir, ya que los sufrimientos de esos pueblos son inimaginables por los habitantes de los países desarrollados, por ejemplo, nuestro país desde que yo tengo conocimiento siempre ha estado muy mal económicamente, pero al momento de yo escribir estas líneas estaba en una situación que mas que caótica era una situación horrible y miserable, era un caos por donde quiera, según se decía, era la situación más difícil jamás vista en todos los tiempos de la historia republicana, no dicho por mí sino por las personas entendidas en la materia, pero sin embargo nuestro vecino país de Haití, dicho sea de paso, fue el primer país negro que supuestamente consiguió su libertad (digo supuestamente porque después de eso, me parece que han sido más esclavos que nunca), con el cual nosotros compartimos la isla de Santo Domingo o La Española, ellos en ese momento estaban mucho peor que nosotros, literalmente se estaban comiendo los unos con los otros, razón por la cual estaban emigrando en masas a nuestro territorio, aunque pasaran las mil y una dificultades en un suelo ajeno, por esa y otras razones que no interesa mencionar, en el país para ese entonces había más de un millón de haitianos viviendo de manera ilegal en la patria de Juan Pablo Duarte, representando este número casi el 15% de la población total, (por cierto, Duarte es el padre de nuestra patria y luchó precisamente contra una invasión haitiana en el 1844 y en esos años había una invasión mucho menor en numero de haitianos que en el momento de yo escribir esto, pero aun así nadie decía nada y como si fuera poco las naciones “generosas” del área haciendo presiones para que entraran más haitianos, pero ellos no los aceptaban en su territorio), aunque es justo decir que un número semejante de dominicanos teníamos en la vecina isla de Puerto Rico que también llegaban allí de una forma ilegal, yéndose en yolas y en frágiles embarcaciones donde arriesgaban hasta sus vidas en el peligro de alta mar y en el muy espantoso canal de la mona, y lo hacían precisamente corriéndole a la difícil situación económica que nos habían sometidos durante mucho tiempo los


políticos sin escrúpulos, sin moral y sin dignidad que siempre se habían olvidado de la agonía que sufría un pueblo desesperado. Una noche de frías brisas en la cual no le había ido muy bien a la señora que recolectaba el dinero tirado por la gente a la niña de la mirada perdida, se le acercó un hombre de una forma extraña, pero ella no se dio cuenta de eso, ya que estaba recogido todo para irse, el cartón sucio y maloliente, su cartera donde guardaba los pesos de cobre que pesaban muchísimo y por supuesto a la gallina de los huevos de oro, perdón quise decir a la niña de la mirada perdida, la haitiana se disponía marchar a la parada de guagua (bus) para abordar la próxima que saliera, la cual le llevaría hasta el barrio donde tenía su casucha cobijada de zinc por toda parte, incluso las paredes eran de zinc, las ventanas selladas, sin baño o sanitario, sin ventilación alguna y con una sola puerta la cual también era de zinc, en si era sin comodidad alguna, entonces aquel hombre misterioso la detuvo repentinamente y totalmente inspirado, colocando una rodilla en el suelo y levantando su mano izquierda le recito lo siguiente: Busco en mi trópico, un amor caribe Tan caribe como la sangre, de mi raza aborigen, Que tenga piel canela, resistente al fuerte sol, Y que como en jícara, casabi de mi corazón. Que coseche en mi conuco, versos de mi Quisqueya, Y que siembre para siempre, amor de primavera, Que en mi canoa de caoba, visite a Guanahani, Y con una flor cacatica en las manos, salude la bella Haití. Que se acuerde de Caonabo, junto a su hermosa Anacaona, Y se arrope con el pasado, de Enriquillo allá en la loma, Que baile mis areitos, tocando sus maracas, Y dando sus pasitos, observe a la hermosa Habana. Que conozca los caciques, las tribus y los bohíos, Porque de lo contrario, no sabrá de lo que digo: Recuerdos que están volando, como el espíritu taino, Y que nunca volverán, a formar sus grandes tribus, Tribus que desaparecieron, junto con su honor, Y solo han quedado, tristeza, sangre y dolor, Dolor que nadie ha sentido, porque su raza se ha extinguido, Y el hombre blanco no sabe, porque aún se escucha el gemido. La haitiana con la tanta prisa que tenía no puso la más mínima atención a lo que el hombre totalmente inspirado le había recitado, además no entendía la mayoría de palabras que él pronunció en un tono muy varonil y poético, por lo tanto continuó su camino como si nada había pasado, mientras que el hombre se quedó totalmente desilusionado, con el rostro demacrado y el corazón hecho pedazos. Lo cierto es que estos paisitos subdesarrollados han estado pasando el Niágara en bicicleta y además de eso, para colmo de males, a mitad del camino se les rompió la cadena y no precisamente la cadena de la esclavitud que han tenido desde hace mucho tiempo, sino la cadena de la mencionada bicicleta. Aunque pensándolo bien


estos paisitos del tercer mundo no son de un todo subdesarrollados, creo que son subdesarrollados en algunas cosas solamente, porque en otras son muy desarrollados, yo diría que demasiado, por ejemplo: en la corrupción ahí ellos son master y en la corrupción a todos los niveles, también en la injusticia social y económica ahí es que ellos son número uno, en defender los intereses de los países poderosos por encima de los intereses suyos, ahí es que ellos son expertos de verdad y mejor no sigo con esto, porque creo que me irán a censurar el cuento este. Volviendo a lo nuestro, la niñita aquella la cual tenía la mirada perdida, a pesar de todo lo que le he contado, no se sentía mal ni mucho menos, de lo contrario se sentía muy feliz con su crítico estilo de vida a la cual estaba siendo sometida, no porque le gustara el sufrimiento, sino porque su instinto infantil le aseguraba que en su patria natal (Haití) las cosas estaban mucho peor, pero la verdad era que ella prefería mil veces seguir haciendo el papel de ciega y no volver a un país que estaba muriendo poco a poco, aunque estaba consciente de que era muy crítico su estilo de vida y totalmente abusivo, pero le juro que nunca se quejaba, total no tenía con quién quejarse, porque para esos asuntos tan sencillos no hay naciones unidas, ni derechos humanos, ni nada de esas pendejadas (en si las Naciones Unidas no pueden resolver asuntos tan particulares, ni problemas de naciones tan sencillos como esos, sino problemas realmente serios, problemas de estados, por lo tanto yo creo que debería cambiar de nombre y en vez de llamarse Naciones Unidas, llamarse Estados Unidos y para que no haya confusión con el generoso país del norte, le quedaría mejor Estados Unidos II, o Estados Unidos parte atrás.) Ahora bien amigo lector, que usted cree que esa niña la cual no tenía culpa de haber nacido en una nación tan pobre como Haití estaba siendo sometida a ese maldito estilo de vida sencillamente por la cruel mujer haitiana que supuestamente la atendía y que estoy seguro no era familia de ella, claro que no, sino por un mundo lleno de injusticias, un mundo lleno de entupidas fronteras que sólo existen para someter a los paisitos subdesarrollados a perpetuas esclavitudes, donde los amos (entiéndase los países desarrollados) se desplazan sin ningún problema de aquí para allá y de allá para acá, para donde ellos quieran, sin ningunas restricciones, mientras que los esclavos (entiéndase los países subdesarrollados) no pueden moverse ni de aquí allí, ni a una esquina de su casa, quizás por las horribles cadenas que le arrastran desde hace mucho tiempo, sin encontrar formar de zafarse de ellas y que le aprietan fuertemente los pies para que estos países se sostengan por si solos. Porque en sí la esclavitud nunca ha dejado de existir, sino que le cambiaron el nombre por otro que sonara más lindo y que no estuviera muy pronunciado, pues la esclavitud ahora no es como era antes dos siglos atrás, cuando se llamaba abiertamente esclavitud, sino que su nombre ahora es mucho más sofisticado y mucho más democrático (subdesarrollo), ahora el sistema de esclavitud es mejor para los amos, porque los esclavos están bien lejos de las casas de los amos, para que no le hiedan a ellos, sí amigo lector, bien lejos, o mejor dicho botado en una finca personal de los queridos y muy generosos amos, donde allí ellos ponen un cruel capataz que en el inicio de su gestión como capataz es muy querido por los esclavos quienes democráticamente lo escogen entre ellos mismos, pero en sí solo es un títere del querido amo y un hombre por supuesto de su plena confianza (entiendas cualquier presidente de un país subdesarrollado) quien esta


comprometido a mandarles sin ningún problema casi todos los frutos que producen los malditos esclavos (así nos llaman los queridos amos) y el capataz, que casi siempre al poco tiempo se convierte en un indeseable para los esclavos que en sí lo eligieron, siempre recibe algunos beneficios que los amos por su indudable generosidad le permiten coger, pero que los incrédulos esclavos casi siempre dicen que es producto de la corrupción. La niña aparentemente estaba dispuesta a quedarse estática, justamente debajo del enorme puente peatonal donde la atendía la mujer haitiana, consciente de su horrible miseria que día a día aumentaba a pesar de las moneditas que le lanzaban los amigos muy generosos que la veían sufrir, ciertamente habían muchos de los que pasaban por su lado que podían tomarla de la mano y brindarle la oportunidad de que ella estudiara, creciera y adquiriera conciencia plena del futuro que tenía que enfrentar, pero no era así, y la niña que aún tenía la mirada perdida seguía padeciendo de frío, hambre y dolor, esa niña aún estaba rodando debajo de ese enorme puente peatonal, en sí mi amigo lector, esa no era, ni tampoco es una niña cualquiera, porque no es de carne y hueso como usted puede pensar, porque no es humana, porque en sí, sólo es un retrato de un pueblo hermano, de un país vecino, de una patria descuartizada por las diferentes potencias que devastaron todo lo que había en sus pechos bien formados y que ahora esta pidiendo una mano amiga en medio un continente tan generoso y tan bueno como el nuestro, América para los americanos, esa niña lleva por nombre Haití la infeliz.

Seleccionado por: Rocio Lozano Gómez Me gusta porque habla sobre la luna, el amor, es muy fantástico y usa palabras muy bonitas.


El sol se ponía y el viejo campesino llamado Mateo terminaba sus diarias labores agrícolas. A la distancia oyó un canto que el eco repetía entre las sierras. Volviéndose en dirección al sonido, vio una gran comitiva de hombres a caballo que salía del bosque y marchaba por la carretera hacia la aldea. Eran el Rey y sus caballeros que retornaban de la caza. El rey cabalgaba al frente seguido de los grandes del reino y de sus ministros, luciendo todos sus brillantes armaduras, mientras la banda soplaba las cornetas y cantaba canciones. Era un espectáculo magnífico. Cuando Mateo vio a los caballeros con sus lucientes escudos y armas, no pudo despegar los ojos de ellos. Grande fue su asombro al ver que el Rey hacía detener la caravana con una señal de su mano y se dirigía con tres de sus consejeros directamente a campo traviesa hasta donde él estaba. El viejo campesino se apretó el cinturón, sacudió el polvo de la chaqueta y, con la gorra en la mano, esperó reverentemente la llegada del Rey. El Rey se acercó al campesino y después de saludarlo le dijo: _ Buen hombre, no te has levantado lo bastante temprano para hacer todo tu trabajo. Mateo le replicó: _ Sí, me levanté temprano, bondadoso y amado Rey, pero Dios Nuestro Señor no me lo permitió. El Rey le preguntó entonces: _ ¿Abuelo, cuánto tiempo ha estado en flor ese huerto nevado sobre la cima cubierta de salvia de la montaña? _Hace ya cuarenta años, gracioso señor -contestó el campesino. El Rey haciendo con su cabeza un signo de comprensión le preguntó entonces: _ ¿Cuánto tiempo han estado fluyendo los manantiales de debajo de la montaña? _ Más de quince años, señor, han estado fluyendo y fluyendo. _ Hasta ahora bien -dijo el Rey-. Ahora dime: Cuando tres gansos tontos lleguen del Este, ¿Serás capaz de esquilarlos? _¡Oh, muy bien mi amado Señor!-le contestó inmediatamente el viejo. Al oír estas palabras, el Rey le regaló a Mateo un cinturón dorado y se despidió de él, dándole la bendición. Pronto se unió al resto de la caravana junto con sus tres consejeros y se perdió en seguida entre las nubes de polvo que levantaban los caballos al galopar hacia la capital. Cuando llegaron a su destino, el Rey, los consejeros y los caballeros celebraron un gran banquete. Cuando terminaron, el Rey pidió a sus consejeros que lo habían acompañado a ver al campesino que le explicaran el significado de las preguntas que le había hecho al campesino y de las respuestas que éste había dado.


Los consejeros pensaron y pensaron durante mucho rato, tratando de adivinar los acertijos, pero ninguna de sus explicaciones satisfizo al Rey. Por último el Rey les dio treinta días para que encontraran las respuestas correspondientes, advirtiéndoles que si fracasaban, elegiría otros consejeros en su reemplazo. Noche tras noche los consejeros cavilaron y deliberaron sin poder descifrar las palabras. A la postre decidieron ir a ver al campesino Mateo. El viejo Mateo los recibió en el umbral de su cabaña con una humilde reverencia, pero se negó a aclararle sus palabras. Por más que los consejeros le rogaron y amenazaron, no consiguieron nada. Solo cuando hubieron puesto sobre la mesa cien ducados de oro cada uno de ellos se dignó Mateo, después de haber guardado el dinero en su bolsillo, revelar el significado de los acertijos. _ Mi primera contestación al Rey significó que me casé joven y tuve hijos, pero el Señor se los llevó. La segunda quiso decir que hace cuarenta años que encanecí. Luego el Rey preguntó cuánto tiempo habían surtido los manantiales, refiriéndose a mis lágrimas de dolor. Por último, con los tres tontos gansos del Este quiso aludir a vosotros, que habrías de venir a pagarme para que os explicara la conversación entre el Rey y yo. Y como prometí al Rey, los gansos han sido esquilados.

Seleccionado por: Daniel Pastor Pérez


Había una vez, en un país no muy lejano una pequeña niña que era la princesa de un castillo. Diana a pesar de su corta edad, era la encargada de mantener los jardines del palacio con la ayuda de Lucha que era además de su institutriz su confidente y complaciente amiga. Lo que solo Lucha y por supuesto la pequeña Diana sabían era que el jardín del palacio era un jardín mágico porque ahí vivía un hermoso rosal que además de hablar procuraba las mas hermosas rosas del reino. Cierta tarde de primavera, Diana le pidió al rosal una flor especial para su papá el Rey que en pocos días sería su cumpleaños. - Querido rosal, dijo Diana yo se que todos los días trabajas arduamente para dar las mas hermosas flores del reino pero quisiera pedirte un favor especial. - Se trata de mi papá, dijo Diana con seriedad. En unos días será su cumpleaños y me gustaría regalarle una flor diferente a las que él ha visto en su jardín ¿Puedes ayudarme?, dijo interrogante. - Claro que puedo ayudarte pero me niego a hacerlo porque tu padre el Rey de unos años a la fecha se ha convertido en un gobernante necio y egoísta que se ha dedicado a maltratar al pueblo. - Por favor rosal, tienes que ayudarme….!. Si me ayudas, usaré el mejor abono y cortaré con mayor esmero las malas hierbas del jardín. Después de varios minutos de convencimiento, el rosal decidió ayudar a Diana con su encargo y le pidió que regresara a la tarde siguiente. Al día siguiente princesa Diana acudió a su cita. El hermoso rosal, le entregó a Diana una planta de un color verde brillante con un fuerte tallo y en la punta un capullo de un alegre color amarillo Diana, un poco decepcionada por el regalo, no logra ocultar su descontento y le pregunta al rosal que tipo de flor era “esa” - “esa” es una flor del desierto, dijo el rosal - Esa flor, al abrir el capullo aparece una flor de un color naranja y despide un delicado aroma que impregna por días la habitación en donde se encuentra. - Lo que también debes saber es que esta especial flor crece y muere en unas cuantas horas pero su singular perfume perdura por meses Diana, menos preocupada, agradece al rosal el especial regalo y cumple su palabra de arreglar el jardín con el mejor abono del reino. Para cumplir con su palabra, Diana trabajó por días cortando la mala hierba y abonando el jardín. A pocos días del cumpleaños del Rey, iniciaron los preparativos. Muchos de los súbditos del castillo no tuvieron mas alternativa que adornar, limpiar y arreglar el Castillo. Las órdenes del Rey se escuchaban por todo el Castillo y con un trato prepotente indicaba a sus vasallos donde colocar las mesas y preparar el camino para el desfile. El derroche del rey era evidente pero su pueblo que aún recordaba los buenos tiempos, finalizó los trabajos en tiempo.


Mientras tanto, la princesa Diana escondió la flor del desierto hasta el día del cumpleaños de su padre. Ese día la princesa llevó la flor hasta la habitación del Rey y con una gran sonrisa entregó a su padre el regalo que con mucho esmeró cuidó y escondió para que fuera una sorpresa. El Rey mas preocupado por los detalles del desfile que en el obsequio de su hija; apenas y prestó atención de las indicaciones de su hija ya que debía estar en su habitación antes de media noche, hora en la que la flor abriría su capullo. El desfile inició según lo previsto; majestuosos elefantes encabezaron el evento, le siguieron caballos e intrépidos malabaristas. Una larga fila de carruajes de diversas provincias del reino, acudieron a visitar al Rey más por temor a represalias que por el gusto de felicitarlo. Grandes platillos se sirvieron. Un enorme lechón al centro de la mesa, platillos de diversos sabores, vino y bebidas exóticas preparadas para tal ocasión se sirvieron sin medida. Con el alboroto de los festejos, el despreocupado Rey llegó a su habitación cuando el último pétalo marchito de la flor, se desprendió de su cáliz pero un hermoso aroma impregnó la habitación. Al instante comprendió que no prestó atención al regalo de su hija pero se quedó dormido por todas las actividades realizadas en el día. Al despertar el Rey se sentía muy triste por haber fallado a las indicaciones de su hija y arrepentido decidió hacerla llamar para contarle lo sucedido. - Querida hija, dijo el Rey - Te debo confesar, que por mis execos en el desfile que yo mismo me organicé, no llegué a mi habitación a la hora indicada para presenciar como abre el capullo de la flor que tu me obsequiaste por la mañana Diana con lagrimas en los ojos escuchó la explicación de su padre pero también le confesó el arduo trabajo que realizó para conseguir su especial regalo. El Rey sintió agradecimiento y arrepentido, le prometió a la pequeña Diana que cambiaría su forma de proceder y prestaría mas atención en sus consejos y en las protestas de su pueblo. Desde aquel día, el rey modificó su comportamiento con todas las personas del Reyno en especial con la pequeña Diana con la que ahora compartía momentos de mucha armonía. Ese fue el principio de días maravillosos entre el rey, Diana y muchos trabajadores del reino

Seleccionado por: Laura Torralba Palazón Me gusta porque es de fantasía.


El verano estaba terminando. La llegada del otoño ya se notaba pues los árboles de la casa de Martín habían comenzado a perder sus hojas. El viento, suavemente las juntaba bajo la ventana de su pequeño dormitorio. Desde allí, Martín miraba todos los días, el camino que llevaba a la escuela del pueblo. Martín vivía lejos, arriba, en los cerros, cuidando las ovejas y las cabras de su familia, él era pastor. Por las tardes, una vez que los animales estaban en sus corrales, Martín se recostaba en su árbol favorito, un hermoso ceibo, al que le contaba todos sus sueños. Ese día en especial, Martín soñaba con la escuela, pensaba en lo lindo que sería tener un caballo con el que pudiera ir todos los días a clase y así poder aprender a leer, escribir y también tener amigos con quienes jugar.

De pronto, Martín despertó y pensó que era casi imposible. Los padres de Martín sabían que era lo que su hijo quería para poder hacer realidad su sueño. Su mamá y su papá trabajaron mucho y el último día del verano, llegaron con una sorpresa para Martín, el caballo más lindo que se pudo imaginar. Tal fue la alegría de Martín que se cayó sentado junto al hermoso caballo blanco, al que le puso de nombre Sueño, ya que con él iba a poder cumplir lo que más quería: ir todos los días a la escuela.

Seleccionado por: Alberto Meseguer Guilabert Me gusta porque es muy divertido


Nuestra historia es un hecho que ocurrió cerca de un río y que recuerdo con mucho cariño. Una linda mañana de otoño, en que las hojas de los árboles se empiezan a caer y el frío hace su aparición por los caminos, una familia de cangrejos que tenía su casa junto al río, salió temprano en busca de alimento y a dar un paseo. Esta familia estaba formada por Mamá cangrejo, Papá cangrejo y dos cangrejitos juguetones, a quienes les gustaba adelantarse y no esperar a sus papás; salieron de su casa rápido, rápido, a caminar. Su mamá les advirtió: -No se alejen mucho, se pueden perder. Y ellos contestaron a coro: -No mamá, sabemos el camino de memoria. -Aun así, dijo mamá cangrejo, estén cerca de nosotros por cualquier contratiempo. Los cangrejitos se pusieron a jugar y a jugar, inventaron carreras, competencias con sus tenazas y muchos juegos más. Al más pequeño se le ocurrió jugar a esconderse, ya que son muy rápidos para hacerlo. Pico y Pon, que así se llamaban los cangrejitos, se escondían y por turnos se buscaban uno al otro. Se divertían mucho y, sin darse cuenta, se alejaron de sus papás. Pico, el más pequeño, se escondió tan bien que Pon lo busco y lo buscó y no lo encontró. Preocupado, fue a buscar a sus papás para avisarles que Pico no apareció. Mientras tanto, Pico salió de su escondite y no encontró a su hermano, por lo que empezó a caminar y caminar, tratando de recordar el camino para regresar a su casa y sorprender a su familia. -¡Ay, qué cansado estoy! - dijo Pico- creo que el camino está muy largo hoy. Sin darse cuenta siguió avanzando y se metió a un lugar muy grande y muy arbolado, con caminos marcados y pisos muy pulidos y brillosos. Pico, desesperado y cansado, exclamó: -¡Me resbalo demasiado! ¿En dónde estaré? No sé, no sé… buscaré a Pon, tal vez haya entrado aquí antes que yo. En aquel lugar se escuchaba un murmullo, parecían niños hablando, pero no hizo caso y siguió caminando. Cuando de repente, se escuchó: -¡Maestra, hay algo cerca de su pie! Y se oyó un grito de sobresalto: -¡Un cangrejo! ¡Un cangrejo! ¡Un cangrejo en la clase! -Niños, ordénense. No lo vayan a lastimar. Busquen a Don Mario para que lo venga a sacar- dijo la maestra.


-Pico, asustado por los gritos, corrió y corrió hasta que encontró un sitio para esconderse y no se movió. Don Mario llegó y lo sacó, lo puso en una caja de cristal y se lo enseñó a todos los de la escuela. Más tarde, el Sr. Mario llevó a Pico al río y al abrir la caja, éste saltó y nadó. Mientras tanto, Mamá, Papá y Pon lo seguían buscando por doquier…Pico asustado y cansado, los encontró y exclamó: -¡Estoy aquí, Mamá, Pon, Papá! ¡Aquí estoy! -¡Qué feliz soy de estar otra vez con ustedes, querida familia! Les contó su aventura y todos al mismo tiempo le dijeron: -Pico, Pico, cangrejito despistado, no te vuelvas a alejar, pues nos has preocupado. Pico aprendió la lección y cada vez que sale, siempre se queda cerca de su familia.

Seleccionado por: Pascual Mondejar Fenoll Me gusta porque me paso en el Mercadona


Hace mucho tiempo, en la lejana Rusia, vivía el hijo de un anciano comerciante que heredó toda la fortuna de su padre al morir este. El hijo del comerciante se gastó toda su fortuna en pocos años, llegando al extremo de no tener dinero ni para comer. Así que, acostumbrado como estaba a no trabajar nunca y a tener todos los caprichos al alcance de sus deseos, no tuvo más remedio que coger una azada gastada e ir al mercado, esperando que alguien quisiese contratarlo como jornalero. Y he aquí que un comerciante, que era único entre setecientos, por ser setecientas veces más rico que ningún otro, acertó a pasar por allí en su coche dorado, y apenas lo vieron los jornaleros que en el mercado estaban, corrieron en todas direcciones a esconderse en los portales y en las esquinas. Quedando solo en la plaza el hijo del comerciante, al que el rico se acercó rápidamente. -Chico - ¿Quieres trabajar? –Preguntó el comerciante que era único entre setecientos-. Yo te daré trabajo. -Con mucho gusto, señor, para eso he venido al mercado. -¿Qué sueldo quieres ganar? -Si me das cien rubios diarios, trato hecho. -¡Es una suma excesiva! -Si te parece mucho, busca a alguien más barato. La plaza estaba llena de gente y en cuanto has llegado, todos han desaparecido. -Bueno, está bien; mañana te espero en el puerto con las primeras luces del día. Al día siguiente, a primera hora, el hijo del comerciante se presentó en el puerto, donde ya lo esperaba el comerciante único entre setecientos. Subieron a bordo de una embarcación y pronto se hicieron a la mar. Navega que navegarás, llegaron a la vista de una isla que se levantaba en medio del Océano. Era una isla de altísimas montañas, en cuya costa había algo que resplandecía como el fuego. -¿Es fuego eso que veo? –Preguntó el hijo del comerciante. -No; es mi castillo de oro. Se acercaron a la isla, se acercaron a la costa. La mujer y la hija del comerciante único entre setecientos salieron a recibirlos, y la hija era de una belleza que ni la mente humana puede imaginar, ni en cuento alguno puede describirse. Cuando se hubieron saludado, entraron al castillo con el nuevo jornalero, se sentaron a la mesa y empezaron a comer, a beber y a divertirse. -Regocijémonos hoy –dijo el rico comerciante- mañana trabajaremos. El hijo del comerciante era un joven rubio, fuerte y majestuoso, de complexión colorada y agradable aspecto, y se prendó de la hermosa doncella, al igual que la muchacha se quedó prendada de él. Al terminar la velada, la chica se retiró a la


habitación contigua, llamó al joven en secreto y le entregó un pedernal y un eslabón, diciendo: -Toma, utiliza esto cuando me necesites. Al día siguiente, el comerciante que era único entre setecientos salió con su criado en dirección a la montaña de oro situada en el centro de la isla del comerciante. Iban acompañados de un precioso caballo castaño de tiro, al que le costaba mucho caminar, pero que les acompañaba obediente en su camino. Sube que subirás, trepa que treparás, no llegaban nunca a la cumbre y cuando aún no habían ascendido ni a la mitad de la montaña el caballo decidió que no daría un paso más. -Bueno -dijo el comerciante sin darle demasiada importancia al cansancio del caballo,ya es hora de que echemos un trago. Lo que el joven no sabía es que el rico comerciante le había echado una droga en el agua para que se quedase dormido. Una vez estuvo inconsciente, el comerciante sacó un cuchillo de su cinturón, mató al caballo y metió al joven y a su azadón en el interior del animal, cosiendo después la herida y escondiéndose en una cueva cercana. Inmediatamente bajó volando una bandada de cuervos tan grandes como un hombre. Los cuervos cogieron al cadáver del animal y se lo llevaron a la cumbre para cebarse en él a su gusto. Empezaron a mondarlo hartándose de carne, hasta que hundieron los picos en la piel del animal y llegaron hasta el hijo del comerciante, que al sentirlos se despertó, ahuyentó a los negros cuervos y ya fuera del cadáver del caballo, miró a todas partes y se preguntó: -¿Dónde estoy? -En la montaña de oro –le contestó el amo gritando desde abajo.- ¡Ea! ¡Coge tu azada y cava oro! El hijo del comerciante se puso a cavar y a tirar oro montaña abajo. El comerciante lo cogía y lo cargaba en los carros. Por la tarde había llenado nueve carros. -Ya me bastará –gritó el comerciante único entre setecientos.- Gracias por tu trabajo. ¡Adiós! -¿Y yo qué hago? -Arréglate como puedas. Noventa y nueve como tú han perecido en esta montaña. ¡Contigo serán cien! –Y esto diciendo, se alejó. El hijo del comerciante no sabía qué hacer y se encontraba en una situación muy apurada. Bajar de la montaña parecía imposible y seguía sin explicarse bien cómo había llegado allí arriba, tendría que haber volado para conseguirlo… entonces vio a los cuervos sobre su cabeza, esperando a que muriese de hambre o agotamiento para devorarlo. Reflexionando estaba en su desventura, cuando recordó que la hermosa doncella le había dado en secreto un eslabón y un pedernal, aconsejándole que los utilizase cuando se viese en un apuro. "Tal vez no me lo dijo en vano ¬-pensó. -Voy a probar –Sacó el eslabón y el pedernal y al primer golpe que dio se le aparecieron dos jóvenes, hermosos como héroes.


-¿Qué deseas? –Le preguntaron al momento. -Necesito que me saquéis de la montaña y me llevéis a la orilla del mar. Apenas había hablado, lo cogieron uno por cada brazo y lo bajaron suavemente de la montaña. El hijo del comerciante caminaba por la orilla, cuando he aquí que una embarcación pasó cerca de la isla. -¡Eh, buenos marineros, llevadme con vosotros! -No, hermano; no podernos recogerte. Eso nos haría perder cien nudos. Los marineros siguieron su ruta, empezaron a soplar vientos contrarios y se desencadenó una espantosa tempestad. -¡Ah! Bien se ve que no es un hombre como nosotros. Sería mejor que volviésemos a recogerlo a bordo. Se acercaron a la costa, hicieron subir al hijo del comerciante y lo llevaron a su ciudad natal. Algún tiempo después, que no fue mucho ni poco, el hijo del comerciante cogió el azadón y se fue a la plaza del mercado a ver si alguien lo contrataba. De nuevo volvió a pasar el comerciante único entre setecientos, en su coche de oro, y apenas lo vieron los jornaleros, corrieron en todas direcciones a esconderse en los portales y en las esquinas. Sólo quedó en la plaza el hijo del comerciante. -¿Quieres trabajar para mí? –Le preguntó el rico comerciante sin reconocer al chico al que esperaba muerto en la cima de la montaña. -Con mucho gusto. Dame doscientos rublos diarios y trato hecho. -¿No es demasiado? -Si lo encuentras caro busca un jornalero más barato. Ya has visto cómo han echado a correr, al verte, todos los que aquí estaban. -Bueno, no se hable más; ven mañana al puerto. Al día siguiente se encontraron en el puerto, subieron a la embarcación y se hicieron a la mar. Pasaron aquel día comiendo y bebiendo y al día siguiente se dirigieron a la montaña de oro. Al llegar allí, el rico comerciante sacó una botella y dijo. -Ya es hora de que bebamos. -Espera -advirtió el criado.- Tú, que eres el amo, debes beber el primero; deja que te obsequie con mi vino. Y el hijo del comerciante, que había tenido la precaución de procurarse un narcótico, llenó un vaso y se lo ofreció al comerciante, único entre setecientos. Éste se lo bebió y se quedó dormido. El hijo del comerciante mató el más viejo de los caballos, lo destripó, metió a su amo dentro con la azada, cosió la herida y se ocultó entre la maleza. Inmediatamente bajaron los cuervos, cogieron el cadáver de la bestia, se lo llevaron a lo alto de la montaña y empezaron a comer. El comerciante que era único entre setecientos, despertó y miró a todos partes. -¿Dónde estoy? –Preguntó asustado. -En la montaña de oro -gritó el hijo del comerciante.- Coge la azada y cava oro; si arrancas mucho, te enseñaré la manera de bajar. El comerciante único entre setecientos, cogió la azada y se puso a cavar y a cavar hasta que se llenaron de oro veinte carros.


-Descansa, ya tengo bastante -gritó el hijo del comerciante.- ¡Gracias por tu trabajo, y adiós! -¿Y yo qué hago? -¿Tú? Ya te arreglarás como puedas. Noventa y nueve como tú han perecido en esta montaña. Contigo serán cien. Y esto dicho, el hijo del comerciante se dirigió al castillo con los veinte carros, se casó con la hermosa doncella, la hija del comerciante único entre setecientos, y dueño de todas las riquezas que éste había amontonado, fue a vivir a la ciudad con su familia. Mientras que el comerciante rico entre setecientos se quedó en la montaña para siempre

Seleccionado por: Paula Nebra López Me gusta porque es un cuento en el que un hombre horrible recibe su merecido y el chico bueno consigue su recompensa.


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