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Lunes 22 de noviembre de 2010

16 EL PAÍS • EXTRA EDUCACIÓN

UN CENTRO

Clase de inglés utilizando una pizarra interactiva en un aula del colegio público Lepanto, en Madrid.

VISITA AL COLEGIO PÚBLICO LEPANTO DE MADRID PARA COMPROBAR LA EVOLUCIÓN QUE HA VIVIDO ESPAÑA EN MÉTODOS, ORGANIZACIÓN Y CONTENIDOS QUE NO APARECEN EN LOS LIBROS

CRISTÓBAL RAMÍREZ

S

on las doce de la mañana y los niños salen en desbandada al patio. Suena música clásica. El tradicional timbre o la posterior sirena que millones de españoles han escuchado durante décadas a la hora del recreo no existe en el colegio público Lepanto, en Madrid. “Me parecía horroroso”, explica María del Carmen Caballero, directora de la escuela desde hace 25 años. “Me recordaba a una empresa en la que los obreros tienen que fichar. Por eso la cambiamos. Esto no es una fábrica”. La mujer de pelo castaño, sonrisa frecuente y carácter apasionado que habla sin parar lleva la batuta en este centro de educación primaria con 470 alumnos que se abrió en 1970. “Este es un colegio público elitista”, reconocerá más tarde una profesora. Cierto: tiene fama por su calidad educativa y todos los años hay muchas solicitudes para entrar en él. Bloques de ladrillo que necesitarían alguna reforma. Grafitis en un callejón. Inmigrantes, ancianos y jóvenes paseando a sus perros. Casas unifamiliares de más nivel. Este es el barrio de Ciudad de los Poetas o Colonia Saconia, donde se ubica el centro. Relativamente cerca, a un lado, el parque de la Dehesa de la Villa y la urbanización de Puerta de Hierro. Al otro, los nuevos complejos residenciales en torno a la avenida de la Ilustración. Lo viejo y lo nuevo. Lo tradicional y lo moderno. Distrito Moncloa-Aravaca. La página web del Lepanto apunta sus señas de identidad: “Por encima de todo, la tolerancia, el respeto al otro, el diálogo, la comunicación fluida y el

intercambio de ideas que permitan que la vida del centro se desarrolle en un clima agradable y relajado”. María del Carmen quiere recalcarlo: “Damos mucha importancia a la educación en valores. Que los niños sepan resolver los conflictos sin puñetazos. Si hay que parar una clase para llegar a un acuerdo, se para”. Ni punto de comparación con la educación en España hace 40 años, cuando el centro se creó. El país vivía los estertores del franquismo y los jóvenes empezaron a tomar conciencia social. Sin embargo, las escuelas seguían siendo esos sitios grises con un crucifijo enfrente y un profesor autoritario que no daba pie a que los niños reflexionaran por sí mismos y tampoco tenía problemas para dar un cachete o utilizar la regla. “La letra con sangre entra”. Pero los años pasaron, murió el dictador y se aprobó la Constitución.

LAS INNOVACIONES María del Carmen entró en el Lepanto en 1985 mientras el país estaba en efervescencia. Ella misma lo reconoce: “Este colegio tenía mala fama, pero nos pusimos manos a la obra. Por primera vez se instauró un equipo directivo, porque antes solo existía la figura del director”. Y empezaron con las innovaciones: reunión con padres y profesores; fiestas con los padres presentes; crucifijos fuera porque el Estado se convirtió en aconfesional; organización de junta de directores de varios colegios para poner en común prácticas y métodos; integración de los niños de educación especial en las clases de música, plástica y gimnasia; puertas de la escuela abiertas los fines de semana… Seis leyes de educación han pasa-

do desde 1970. La última ha sido la LOE, en 2006. La más rompedora fue la LOGSE, de 1990, porque cambió el sistema de enseñanza. María del Carmen cree que fue un error, porque los niños pasan al instituto antes: “La ESO se centra mucho en los conocimientos, y la primaria, y nuestro colegio en particular, está más pendiente de los niños, de su educación, de estar cerca de ellos y de los padres. Los profesores están más implicados”. Paulatinamente, y con el paso de los años, este colegio ha aumentado el número de maestros, pero lo más importante es la forma de enseñar a los niños. El Lepanto es un colegio bilingüe desde 2004, año en que la Comunidad de Madrid creó esta categoría y se pudieron agregar todos los centros que quisieron. “Nos pareció fundamental porque siempre hemos sido conscientes de que el sistema falla en la enseñanza de idiomas”, apunta la directora. Y entonces llegó la reorganización, todo un terremoto. Cada profesor dejaría de estar todo el tiempo con una misma clase y tendría más cursos. La Comunidad de Madrid no impuso normas, solo un requisito: matemáticas y lengua, en castellano. Ahora, una tercera parte de la formación es en inglés. Daniel, profesor de este idioma, explica la evolución: “Antes era sota, caballo y rey, y te lo explicaban todo en español. Ahora hablamos en inglés. Los niños, aunque cometan errores, pierden la vergüenza, algo que a los de mi generación les obsesionaba. Hablan con errores, sí, pero con fluidez. No nos preocupa tanto el vocabulario como que adquieran un hábito de leer en otro idioma, entender el proceso y luego plasmarlo por escrito”. La ma-

La tecnología ayuda: libros y encerados interactivos, dos ordenadores por aula, dos salas de informática, clases de música y medios audiovisuales

dre de una de las alumnas es croata y alucina cuando su hija se mete en las conversaciones en inglés que ella mantiene con parejas de amigos extranjeros. Otro cambio fundamental: ahora existe más participación en el aula y menos exposiciones para que el alumno descubra los conocimientos por sí mismo y por su investigación. La tecnología ayuda: pizarras y libros interactivos, dos ordenadores por aula, dos salas de informática, aulas de música y medios audiovisuales, gimnasio, dos pistas deportivas y una cocina. Y los niños con necesidades especiales ya no están apartados. Estudian en el aula con su grupo y en asignaturas como lengua y matemáticas se van con una profesora de pedagogía terapéutica. También hay una experta en audición y lenguaje. De todas formas, también se aprende fuera del aula: charlas con policías sobre seguridad vial, debates sobre Internet, salidas al zoo, a museos, al teatro, rutas ecológicas, Semana de la Ecología… Se hace tanto hincapié en el medio ambiente que son los propios niños los que avisan cuando ven que un grifo está goteando. Los padres también vienen a dar charlas sobre sus áreas de trabajo. El año pasado acudió una madre bióloga a instruir sobre los tipos de plantas del patio, o un padre científico que se colocó la bata blanca e hizo experimentos alucinantes. Aparte del aprendizaje está la diversión de las fiestas del Día de la Paz, Navidad, Carnaval y fin de curso. Otro tipo de aprendizaje. Y todos los días, el recreo, aunque en vez de un sonido del demonio suena una sinfonía de Beethoven.

SANTI BURGOS

Del idioma, los valores y otros cambios


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