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Microtextos 2015


SANDRA BURMEISTER, bloguera chilena. Su afición por escribir microtextos surgió en el año 2011, algo que impulsó la creación de este blog para público juvenil y adulto.

SANDRICUENTOS Todos los derechos reservados, prohibida su reproducción y venta. Registro de textos en la Propiedad Intelectual N°: 241698 Ilustraciones por BURGAR (Burmeister, S.)Todos los derechos reservados, prohibida su

Los microtextos están ordenados con números de identificación. Bajo licencia Creative/Commons http://sandri-cuentos.blogspot.com/ Sandricuentos@gmail.com

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DICIEMBRE 2015

NOVIEMBRE 2015

La melancolía es el sufragio de todos los nihilistas. Ella como ninguna sufre de "pata madre" entre los gansos de inconsciencia alada. Nada lo cuestiona (Sandricuentos 411).

La crónica de su vida anuncia la fruta fresca de creación. Avanza entre ruedas, de madera viva, para prolongar su existencia. El ladrido ingenuo se confunde en el vapor de palabras, mientras la carreta semillera del conocimiento implora por leer (Sandricuentos 408).

La rosa vestida de luna escucha con atención. Sus deditos casi la tocan desde el tejado de cielo, porque ya no está en su planeta. El espíritu florido de la muerte se hace coral de astros, mientras él con sus dedos la recuerda viva (Sandricuentos 410).

Al margen de reojo y al desvío, desaparece entre las flores. El gesto es débil pero su mirada, intensa. Es la presencia de él ante ella que no la deja dormir. Pálida y lánguida piensa: mañana será otro día (Sandricuentos 407). 2


Sabe a escarlata y a egipcia. Predice las canciones silvestres con plumas de garza. Su enemigo es el buitre y su aliado, el colibrí. Jamás retuerce la verdad, porque es ninfa de ninfas y amante del mirlo azul. Desnuda su piel tostada y atisba el futuro, en plenitud (Sandricuentos 406).

Duerme la dormida de alma creyéndose Morticia. Su pelo azabache la entinta de castillo en castillo donde sueña con príncipes celestiales de los que no existen en la tierra. Su campo se viste de rosas con sangre real. Cansada de tanto linaje decide hacer una pausa y se va (Sandricuentos 404).

OCTUBRE 2015 ¡Picotín pinchudos! Revisa sus púas nuevas: una, dos, tres, cuatro, cinco y seis. Sin nada de pelos y bien dispuestos por la teta se movilizan ciegos hacia el olor materno, mientras ella, la partera cierra los ojos y los espera (Sandricuentos 405). 3


SEPTIEMBRE 2015 Eclipse de barco lunar fractal. María se embarca para cazar estrellas en vez de bichitos. Es un sortilegio que la hace más bella. De botes y lanchas sabe, de submarinos no tanto, menos sabe de insectos. Es liviana como las burbujas y emprende viajes en cada momento (Sandricuentos 403).

Capullito en flor, ¿qué haces a escondidas en la hiedra del jardín?_ preguntó el jardinero a lo que añadió: ¡Arañita de algodón, qué suave es tu corazón! ¡Te regaré día y noche! Eres luz de soles entre enredaderas, cual palacio de luciérnagas en cinta blanca._ Y mientras lo decía, las mejillas de la pupa se tornaban de color rosa entre las ramas (Sandricuentos 400).

No creas en todo le dice la luna_ El cielo y la tierra ya tienen su misión_ La joven estaba despierta debido a las réplicas del desierto. En ese momento todo se conjugó y no hubo profecía que interviniera (Sandricuentos 401).

Porfiada, singular y atrevida sube hasta a la cima. Canta, recita y baila su propia existencia. Jamás se rinde porque su don consiste en esparcir flores. ¡Pronuncia margaritas de céfiro! La niña del viento no pierde el aliento y aunque no vuela como 4


una perdiz, ella sabe cómo ser feliz (Sandricuentos 399).

AGOSTO DE 2015 El ojo de Dios se conecta a todos los sentidos. La contienda del alma es una sola y sin embargo se repite entre carnes. Esta se recoge elevando su conciencia una y otra vez, de vida en vida. La mirada en el infinito repliega multi- universos. El todo y la nada se abrazan (Sandricuentos 397).

La abuela Pata, la abuela Zapata. Ella sube al zapato contando amarras de cielo. Los sueños de niñas y niños se visten de vuelo. ¡Naranjas, ganchos de ropa, quequitos y luces! Todos al unísono se elevan. Cinco nietos, un tejido, cuatro despiertos y uno dormido. Y es que todos esperan al zapatero, es decir, a su abuelo (Sandricuentos 398).

Una gota de agua le basta para sentirse extremadamente fluvial. Este batracio de campo se viste de encanto, y chirria a la vida como ninguno, puesto que a los demás se los llevó el secano (Sandricuentos 396).

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disfrazadas de marcas. No. No es marketing. Es la infancia pura e indeleble, pero confusa. Es la humanidad que grita por un cambio rotundo (Sandricuentos 394).

JULIO DE 2015 Son dos y la voz es una sola. Dialoga en soliloquio y jamás desespera. Goza de grandes oídos y notable vista nocturna. Y aunque ulula a todas horas, la contempla en silencio. La mira. La sueña. Su noche es larga sin un suspiro. Lo gobierna un sismo cardíaco y oloroso a premura. Entonces, cae en un eterno trance lunar (Sandricuentos 395).

JUNIO DE 2015 Por años su oficio fue de jardinero. Ahora que no tiene trabajo, camina por la ciudad con sandalias de apóstol. El lóbrego gris lo entristece. La contaminación es su mayor enemiga. Detiene sus pasos y llora. En su haber, caen hojas del cielo con un mensaje de lluvia verde. Entonces, surgen alas desde su espalda y se corona como guardián. Él todavía no lo sabe, pero,

Insufla burbujas con éter de niña. No es el caso de un desierto de imágenes. Es la forma de soplar. La masa colectiva de compra y venta la devora. Le vuelan bebidas cola por encima. Sopla distancias 6


pronto, descubrirá su misión medioambiental; él es un ecologista (Sandricuentos 393).

sus manos. Ella teje fantasías para sus nietas. Todas son niñas y sueñan con amores. En verde, en rojo, en azul, amarillo y celeste _ ¡Qué le cueste! dice la abuela. Jamás desiste en su misión como urdidora de amores. En cada puntada, emite palabras premonitoras. Los novios le temen. Una puntada para pasión, otra, para recato y otra para matrimonio. Así es esta abuela casamentera (Sandricuentos 391).

Cola de patíbulo ocioso entre roedores noctámbulos. Es el guardián del tesoro. El tic-tac del reloj lo deja anestesiado. Su pata peluda se extiende como guante retráctil e inofensivo. Su pelo colorín huele a leche somnífera que bebe durante el día. Pronto los ojos devorarán a cada laucha intrusa. Es así como caza regalos para su ama... ¡Un zarpazo y listo! (Sandricuentos 392).

Camina de noche y de día sin poder sostenerse. Dice que la amaba. Dice que la quería. El joven perplejo, entre el llanto del otoño, la llama sin voz. Y es que no soporta la soledad. Le teme. La esquiva. La

Teje que teje, sin detenerse. Los palillos aletean como si fueran la prolongación de 7


marca de su infancia lo tiñe de negro. Es la incertidumbre. Primero su madre y ahora, ella (Sandricuentos 390).

MAYO DE 2015 El auto en pana, saca la gata y cambia la rueda. Patas peludas y peludos pies, gira la vida, siempre al revés. Cubre la cama de ronroneos, mientras él ronca. Nadie se queja. No hay dilema. Catalepsia felina, siempre es divina_ dijo la pulga (Sandricuentos 388).

El satélite la lleva. Decide entre el don de geisha o el, de hada. Ambas son servidoras. Intuye que es su último periplo desde el cielo a la tierra. No es el viaje, sino sus alas. No es el trayecto, sino su kimono. Se desvanece. Desaparece. Cierra los ojos y es el tiempo el que que dicta la sentencia (Sandricuentos 389).

Aprendieron de la diversidad en todos sus planos. El aspecto más desafiante fue: tolerar gases y ronquidos del tipo acuático y terrestre. Eso dice la tortuga (Sandricuentos 387).

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Niña noctívaga, de trapecio trenzado. ¿Quién canta al astro, el canto de luna? No sabe el felino, menos, la infanta. Maúlla sin tregua en suspiros de hadas. Piecitos, patitas en zig-zag se balancean. La llaman: Calidad de vida (Sandricuentos 386).

Flota y navega serpenteando la corriente. Cuando el remo descansa, él se divierte. Silba destellos desde su boca. El niño navegante, sombrero de paja, canta y sopla luciérnagas. Una de ellas le revolotea. La besa, detiene el tiempo, sonríe y se va (Sandricuentos 384).

Se manifiesta ante él, sin aviso. Una péndola blanca cae sobre la cama, entonces, estornuda. Por primera vez, se da cuenta que es alérgico a las plumas angelicales. El súbito mensaje se humedece entre partículas salivales. El encuentro se desvanece ante el chasquido de dedos del querubín. Fin del recado celestial (Sandricuentos 385).

En un abrir y cerrar de ojos procede a beber la gota de lactosa. La mira. Le Sonríe. ¡Pimpla animosamente! Se acurruca y emite, tibios, sonidos de burbujas. Se deja mimar en el cálido regazo de nodriza. La promesa celestial; manantial de calostro y única sirviente que ahuyenta la orfandad: la Madre (Sandricuentos 383). 9


de ida, o si viene de vuelta. Jamás detiene el tranco. Es fuerte y a la vez, es ligera. Lo mejor es la brisa otoñal en sus mejillas. Esta es la consecución. Dos pasos, un secreto y el triunfo es total (Sandricuentos 381).

Hace mucho tiempo, atrás, existió el niño luminiscente. Vivió entre paredes, callejones y calles. Todavía vive, pero sentado. Vacuo, vano, pero no frívolo. Su cabeza hueca está llena de contenidos. Se estira como línea y se encoge como punto. El todo en el vacío. En su destino filosófico y poeta él puede reflexionar. Su creador grafitero se fue. La ciudad está triste y él lo siente cada noche (Sandricuentos 382).

Todavía espera la respuesta. La blanca satélite no sabe qué decir. La última vez ella le pidió que fuera su mamá ¿Qué hace la luna si de tanta estrella, en la tierra, deja a una? El frío nocturno se deja sentir y la envuelve. La perseverancia de la infanta se endurece como hielo, y del cristal surge el polvo estelar. El gato se echa a ronronearla, mientras ella sueña con volar (Sandricuentos 380).

Debieron pasar muchas horas para darse cuenta de la propia abulia. Entonces, decidió caminar sin rumbo. Caminó y camina. Camina sin rumbo. No sabe si va 10


El bermellón de la pañoleta borda hilos de tinta pubescente. La rosa del cabello seduce a la noche flamenca ¡Flamencos! ¡Garzas! ¡De blanco a rojo! ¡De rojo a lila! Sin respuesta alguna se introduce entre risas y cantos noctámbulos. Camina, entre cíngaros, con cándida belleza. Es el estupor que sabe a granada. Color granate en los labios y bebe granadina. El clavel se expande y se convierte en mujer (Sandricuentos 378).

ABRIL DE 2015 Desgarbado en la escala calienta el cemento. Hace frío. Eso no le importa. Le atañe la persona a quien espera. Se le congelan las nalgas, pero mucho peor es el frío que siente en su pecho. Languidece en la indiferencia, con gélidas clavelinas en sus manos. El día apresura las horas y sin embargo, para él, estas son eternas. Ama. Desea. Sueña. Especula. Respira. LLora. Decide inmolar la incertidumbre, ante las ansias de hablar. Ama. Espera. Ama y espera. Siente hambre de amor y come de la ristra en flor (Sandricuentos 379).

A esta altura ya viene de vuelta. Sale y entra por el mismo cuento. Frágil y resuelta escapa hacia otra magnitud. El secreto está en el juego de damas, pero sin jugar. No hay reyes. No hay naipe. No hay 11


azar. No hay hipnosis. Fuerza de voluntad y libre albedrío. El yermo camino se cuartea frente al espejo. Salta a lo desconocido y deja de llamarse Alicia (Sandricuentos 377).

Saborean el olor a lignina. Si la lectora llegara a sucumbir por el sueño, es probable que no quede hoja, alguna, para leer. Roedores nocturnos al asecho y manzanas con miel para ellos (Sandricuentos 375).

Baten sus alas, así como ella hace batir el frasco. El jardín de la infancia es caprichoso y transparente. Más, su corazón es puro. La dádiva voladora suelta la tapa y ¡Zas! Procede a la liberación (Sandricuentos 376).

El gran secreto que los une es un pacto gitano. Se enamoran entre panderos y sonajas. Ellos caen en trance. Bailan. Cantan. Respiran. Se miran. Huelen a humo del cigarro de la lumbre. El entoldado está viciado, porque la tesitura es sensual. Deciden salir a respirar. Bajo un cielo arrebolado trazan la componenda tribal (Sandricuentos 374).

La observan. La huelen. La miran. La escuchan. ¡Laucha, guarén, ratón y ratoncito! Dicen que su inteligencia es inaudible. Olfatean y devoran las palabras. 12


Patidifuso y de fastuosos delirios, se interna en la fragilidad de su almohada. No acaba de quedarse dormido, cuando su cuerpo absorto se eleva sobre la cama. Es así como sueña. Su sombrerito de hélice lo lleva lejos. Sueña en las noches con alas de pájaro salvaje. Porque, siendo niño, su alma liviana y pura, lo deja turulato de anhelos. Como quien ve visiones eleva su masa corpórea, tan efímera y breve. Así es el niño volador (Sandricuentos 373).

dúo. La vereda de la metrópoli se convierte en sendero campestre. Apenas se conocen, pero se parecen, porque piensan similar. La conversación tiene que ver con luces, luciérnagas y lunas. Atina el 'spot' publicitario de la conversación, atípica, entre dos desconocidos. Y en algún momento de la noche, les prosigue un beso (Sandricuentos 372). Es imposible determinarlo_ dice. Pálida de desesperanza, recuerda el día en que lo conoció. Diez años han pasado de eso. El oso, la cinta y la "pata de la guagua" zapatean la neurosis a mediodía. ¡Te quiero!_ grita, corriendo. Yo también_le responde. Sin embargo, ni el amor más

Una noche salen a caminar. Mediante se hace el trayecto los cubre un sirimiri inesperado. El "paraestrellasirimiriento" los protege. La urbe parece pequeña, ante la entrañable magnificencia del paseo a 13


tierno es capaz de quitarle la cansera jaqueca que irrumpe en la habitación. Escaras del pasado en el sillón del presente y cae en extrema lasitud (Sandricuentos 371).

MARZO DE 2015 El sueño desnudo los atrae. Sin gloria, ni pena se sonríen. Son dos, y son uno. El plan los detiene frente a frente. Mientras un rayo luminoso atraviesa el horizonte galáctico, ellos se miran. Es posible, pero tan sólo, es posible, que el vicio célico y empíreo desate caricias (Sandricuentos 369).

La pequeña gata hila cuentos de noche y de día. ¡Cuánta alegría se agita en sus manos! Se aletarga como felina. A su alrededor se debaten trombolinas, ovillos y dados, pero no le da toxoplasmosis. Es más ¡Son tres! Remolones y regalones. Doce patas, tres cabezas y tres colas. Todos ronronean, mientras ella narra. Es la hora del cuento, pero de patas gatas, y de bigotes olientes a sardina (Sandricuentos 370).

Su cabellera enarbolada se abruma con el índigo de la aurora y con el magenta del ocaso. Siempre entona la misma partitura. Silba corcheas y resopla silencios. La regadera asciende desde su mano y sobre el tulipán derrama barniz en caída de 14


cintas. Es ella_ dicen las flores. La misma que cada día, sin dormir, nos cuida. Su lumbre cubre colinas y cerros. Y el manto del paisaje rupestre, sin haberlas, se hace nido de gaviotas (Sandricuentos 368). Escuálida y rebelde da trancos como gata hambrienta. Furiosa de historias, se enardece con los principios y finales. Gozadora del entremés mediático del relato, surge como pirata. No piratea, porque es inédita. Nadie más puede lograr ese paso seguro. Animosa, acalorada y vivaz se sumerge como gaviota, tras su presa más servil: el cuento (Sandricuentos 367).

Cuenta y canta el cielo de astronomía. Cuenta y canta el joven de historias. Todos al unísono son un concierto. Agita las manos cual herramientas prodigiosas. Las risas embelesan el cielo. ¡Vendaval, céfiro y tifón! ¡Caballos al viento! Han dicho los astros que silban en el firmamento (Sandricuentos 365). Desea estar viva. Le recuerda el cuento del niño de madera. Se abstrae en sus zapatones rojos. Era del abuelo zapatero. Se abraza y aletea su alma. Vuela. Se aleja. Regresa. Cunde en el espacio. Zumba al compás de la brisa. Es etérea. Es real. Se viste como el principito, francés, pero es reina. Reina de las reinas de Gabriela. 15


Mistral como la mariposa del Norte. Cierra sus ojos y sueña (Sandricuentos 364).

bien._ ¿Dónde está el sol?_se pregunta. Y la gata responde:_Dentro de ti_ (Sandricuentos 362).

Ella quiere pintar un ojo. La paleta, los pinceles y los papeles son del gato. El gato no pinta, pero observa. La tristeza es violeta. El amor es rosa. La alegría es naranja. La esperanza es verde. Y sin embargo, se escucha un canto azul. No hay jazz. Es el cobalto de la noche que produce sombras (Sandricuentos 363).

Femíneo pelo aupado en el cielo. Un celaje en rosa. Un estrato en gris. Exuberante como el nimbo. Espíritu del cúmulo alado que la empina hacia la bóveda celeste. Su deleite está en la soledad del firmamento. Es ella, la hembra cautiva de sí misma (Sandricuentos 361).

Secuaz nocturno. Desde la penumbra, vela por sí misma. Es la noche de las huellas y de los sobresaltos. La gata, la niña en la copa del árbol se abrigan del astro. Una llamarada bastaría para hacerla sentir

El anhelante juego infantil los asusta. Afanosos, al grado de una escapatoria final, saltan. El monstruo los persigue como si fuera un fantasma. Lo es. La casa está embrujada y su único oficio es el 16


espanto matinal. Las carcajadas nerviosas son su mejor arma. La risa es su escudo (Sandricuentos 360).

avenida con el oráculo de la pirueta que lo guía. Su ímpetu lo lleva al triunfo total (Sandricuentos 358).

Juntan las endorfinas en diez pies. No cien pies, pero sí, mil veces conejos. La práctica constante los lleva a la bravata. El duelo requiere de tiempo y de aliento. Cansados de sus zapatillas, alcanzan el muro. Se aventajan ante el reto, pero siguen siendo amigos (Sandricuentos 359).

Ávido en deseos por la mujer que ama, sube hasta el monte, más, alto para tomar una decisión. Descubrirla, ha sido el infierno en pesadilla. La espera del orgasmo en tránsito es su salvación y cielo. Hay pasión en su sangre. Perplejo de amor, se enfrenta al destino quien es el cómplice, directo, entre continentes (Sandricuentos 357).

Es el estado de locura en ciento ochenta. Practica, cada día por su meta. Temerario por la juventud es capaz de todo. Si cae, se levanta. Si cae, no hay dolor. Crece, corre, salta y madura. La calle sucumbe en una 17


La saluda como si fuera la gota de cristal convertida en estalactita. Es más llamativa que la luna de miel. No tiene tapujos en ocultar su insinuación. Pueden dar brincos al mismo tiempo y su sendero se encaja al olor de la albahaca. El estornudo es su expresión de máxima satisfacción, mientras el ronroneo se agita en su corazón (Sandricuentos 354).

FEBRERO DE 2015 Cálida duerme con su nariz favorita. Larga y protuberante se hace distinguir en el olfato. Circunvuela y respira. Es ninfa y risueña. Asciende y desciende, pero avanza. ¿Dónde? Al sin fin de la siesta olorosa y celeste (Sandricuentos 356). Pinta el nombre con el que sueña en cada diente de león. El campo deja de ser gris. La ama en silencio. La ama en la distancia. La tierra sopla pelusas de amor al viento. Pronto, se acoplarán y las nubes lo saben (Sandricuentos 355).

Se cuenta que su mente está provista de conocimiento y sabiduría. Ellas la cuidan mientras sueña. Respira profundo y suave. Su aliento da vida a los tres sirios. Ha dejado de servir a la humanidad, sólo por un momento. Mientras sueña, se levantan montañas (Sandricuentos 353). 18


sabido recordar quién es. Es el pintor en tiempos apocalípticos (Sandricuentos 351).

Palabras graciosas emergen desde las equivocaciones. El recuerdo entre los juguetes se diluye poco a poco. Aún huele su perfume. La noche del ruiseñor es corta, pero intensa. Cada aliento se hace un eco nocturno. Sus manos resbalosas escarban ansiosas el siguiente capítulo. El momento se ciñe de aliteraciones y metáforas. _Cuéntame un cuento_le pide, a lo que responde con un rotundo: sí (Sandricuentos 352).

El atardecer ingrato se impregna como metal en las venas. La observa. La abandona entre gota y gota. De tanto esperar, se le pasa la sed. Una se petrifica y la otra se entrega. Se plasma. Se impone. Finalmente, triunfa (Sandricuentos 350). Tiene un secretario, de orejas largas, que toma nota en cada momento. Escucha muy bien. El grandulón no, es decir, también, pero me refiero al anterior; al secretario. La memoria es su don y la lleva en su espalda (Sandricuentos 349

Se transforma en su propio héroe. Ha sido capaz de salvarse a sí mismo. Un destino surrealista, porque su casa es el cuadro. Olvidadizo y perfecto es el pincel. Ha 19


¡Corazonada, corazonada! (Sandricuentos 347). Sardónico y punzante era tu silencio. Un gesto en el aire a dos manos y todos te miraban. Sonreí. La ironía de tus textos ya estaba en tus zapatos. Grande arlequín de la escritura contemporánea (Sandricuentos 346).

ENERO DE 2015 Se equilibra gracias a la fuerza centrífuga de la aspiradora y la, centrípeta de la cortadora de pasto. Surcos, jardines y senderos. Todo es perfecto. La vigilia de planetas vuela en perfecta convivencia. Armonía celestial. El cielo en la tierra, la casa en la tierra que flota en el cielo y el techo rojo que la decora (Sandricuentos 348). La curva en la espalda le pesa. Sangra la herida, pero no es llaga. ¿Ponderosa? No, ponderada. Es la mochila del pasado virginal. Se rompió la santa. La no virtud enrojeció las piernas de quien ama.

El papel es su cómplice. Dibuja cuerpos celestes, más rápido que la velocidad de la luz. ¡Creatividad e imaginación! Es el pensamiento. De esa manera traspasa el día más triste del año. Por esta vez decide cambiarse de nombre: _Luzmira_ (Sandricuentos 345).

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Atornillada entre las palabras, ella sueña con estar más delgada. Ya lo eres le resopló el papel cuando dio la vuelta_ a lo que añadió: _ Dos lecturas al día, cerrando la boca sin hamburguesas_ Mi madre llamada Teresa, mientras corta lechuga dice que es garantía (Sandricuentos 344).

Precisión, perfecta, en cordial armonía. Perro lánguido resopla. Gato sueña a pata suelta. Son los síntomas del verano en su espalda que no la inquietan. El momento oportuno, de la santa oportunidad, surge del momento preciso, llamado, buena lectura (Sandricuentos 342).

Sabe más del campo, que de su propia existencia. Los yuyos silvestres son el ocaso de la respiración final de su abuela. No lloró. Se despidió de ella. La bautizó Azucena y fue en el cuarto menguante (Sandricuentos 343).

Zarpa rumbo al Norte de su cabeza. Va sin pensamientos. Le duele el estómago. Sufre. No sufre. Vive. No vive. Sólo peces ondulados la siguen, los que se matizan entre colores vivaces. Desde el mar ha llegado al cielo y no se da cuenta, porque todo ocurre, justo, en el punto final (Sandricuentos 341).

El momento oportuno, de la santa oportunidad, surge del momento preciso. 21


Abrió sus alas de libertad expresiva. Su tinta en el corazón. Su voz en el silencio. Podía contar hasta cien palabras. Cuentos y relatos. Era cuestión de tiempo y de tocar la nieve del a, b, c, d..._Es preciso escribir dijo (Sandricuentos 340).

¡Saca pelos!, ¡saca chasquilla, chiquilla!, le dice mientras los personajes surgen por doquier. El hada con sus alas jala del pelo. ¡Fuego de dragón, vientos de unicornio! ¡Suena estruendoso el suspiro! La alucinación supera los sueños. La mente castañetea y jamás se duerme (Sandricuentos 338).

Caballero anti molinos, te cuento, lo que antes nadie te contó. Hoy más que nunca estos se necesitan. ¡No son enemigos! ¡Son energías renovables! Sustentan el medio ambiente. Déjame ser tu Aldonza inconexa a María Magdalena. Seré el ombligo, no él, de Sancho, sino el de la panza de tu encanto (Sandricuentos 339).

La noche es más breve que el aliento eterno. La flor es su aroma, el gato su amigo y la luna su madre. Jamás hubo un cielo tan estrellado como este. La ciudad yace dormida, pero él, no. El suspiro en su espalda, ¿desolación o ensoñación?, ambas son sus amigas: soledad (Sandricuentos 337).

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SANDRICUENTOS 2015  

MICROTEXTOS.

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