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Sobre el terreno Serie

Autoras: 1

Mª del Carmen González-Quevedo

2

Mª Teresa Llorente

Profesora T. Enfermería Médico-Quirúrgica. Escuela de Enfermería. Universidad de Cantabria. Santander. 2 Enfermera. Hospital Casa Salud Marqués de Valdecilla. Asociada Clínica. Escuela de Enfermería. Universidad de Cantabria. Santander. 1

Técnicas y procedimientos

Inserción de una sonda nasogástrica

Coordinadoras de la sección: 1

Mª Teresa Luis Rodrigo

2

Ana Mª Giménez Maroto

1

Miembro del Comité Asesor de Metas de Enfermería. 2 Subdirectora de Metas de Enfermería.

Definición Introducción de un tubo de plástico o caucho flexible desde las fosas nasales hasta el estómago o el intestino.

Objetivos Establecer una vía entre el estómago y las fosas nasales que permita la administración de sustancias (alimentos/medicamentos) y la evacuación de gases y líquidos, con propósitos diagnósticos y/o terapéuticos.

Material Sonda nasogástrica (14-18 francesa), lubricante hidrosoluble, jeringa de 50 a 100 cc. con adaptador, fonendoscopio, esparadrapo hipoalergénico, batea, vaso con agua y pajita, guantes limpios, toalla o talla impermeabilizada y pañuelos de papel, bolsa colectora o aspirador (según indicación).

Ejecución 1. Explique al usuario/familia la técnica, informándole de que puede resultar molesta y que la sonda le causará náuseas hasta que el dispositivo haya atravesado el punto en que se estimula dicho reflejo. Responda a sus preguntas. 2. Proporcione la intimidad adecuada y ayude al usuario a adoptar la posición de Fowler; coloque una almohada detrás de la cabeza y hombros. Si no puede sentarse, póngale en posición de decúbito lateral.

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3. Coloque una toalla sobre el pecho del usuario y deje pañuelos de papel a su alcance. Acuerde una señal a utilizar si siente malestar durante la introducción. 4. Lávese las manos y póngase los guantes limpios. 5. Valore las fosas nasales y observe si existe alguna deformación u obstrucción en los orificios nasales. Elija el orificio nasal por el que respire mejor. Determine la longitud de la sonda que hay que introducir, midiendo la distancia desde la nariz al lóbulo de la oreja y desde allí al apéndice xifoides. Si el tubo no lleva marcas, señale la distancia con esparadrapo (Fig. 1). 6. Lubrique el extremo de la sonda 10-20 cm. con lubricante hidrosoluble. 7. Pídale al cliente que incline la cabeza hacia atrás para reducir el ángulo nasofaríngeo e inserte suaFig. 1. Medida de la sonda nasogástrica


Inserción de una sonda nasogástrica

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Sobre el terreno

vemente el tubo por el orificio seleccionado, hacia la parte posterior de la garganta. Dirija el tubo hacia atrás y hacia el oído (Fig. 2). El paso por la nasofaringe ofrece una ligera resistencia y puede provocar lagrimeo. Proporcione pañuelos de papel si es necesario. Si el usuario está inconsciente, explique a la familia que las lágrimas se deben a una estimulación refleja y que no indican sufrimiento del cliente. 8. Cuando el tubo llegue a la orofaringe, el usuario puede sentir náuseas. Espere unos segundos. Cuando esté relajado pídale que beba unos sorbitos de agua a través de la pajita para calmar el reflejo. 9. Flexione la cabeza del usuario hacia el pecho, y pídale que siga tragando pequeños sorbos para facilitar el paso a la parte posterior de la faringe y el esófago e introduzca varios centímetros con cada trago hasta llegar a la medida señalada. 10. No fuerce el paso de la sonda. Si el tubo no avanza y el usuario tiene náuseas inspeccione la garganta para asegurarse de que no se ha enrollado en la bucofaringe. Si sucede esto, retírelo hasta que esté recto y vuelva a insertarlo de nuevo. Si el cliente tose o le falta el aire es porque la sonda ha penetrado en la tráquea: retírela inmediatamente hasta la nasofaringe y vuelva a introducirla. 11. Compruebe la colocación de la sonda mediante una de las siguientes maniobras: a. Aspire suavemente para extraer el contenido gástrico. Si resulta positivo es un método muy eficaz para confirmar la situación de la sonda en el estómago.

b. Conecte la jeringa con 20 cc de aire al extremo de la sonda y coloque el diafragma del fonendoscopio sobre el cuadrante superior izquierdo del abdomen, por debajo del reborde costal. Al inyectar el aire mientras ausculta el abdomen oirá inmediatamente un ruido sibilante o de burbujeo que confirmará la situación de la sonda en el estómago. La ausencia de ruido es indicador de que no está bien colocada. Introduzca unos 2-3 cm y vuelva a comprobar su posición. Este método no es muy fidedigno para distinguir la ubicación gástrica, duodenal o respiratoria (Fig. 3). c. La radiografía de abdomen (en sondas radiopacas) permite confirmar su colocación. 12. Limpie la nariz de sudor o grasa antes de fijar la sonda. Corte 7’5 cm de esparadrapo y divídalo por la mitad, dejando 2’5 cm sin separar. Pegue este extremo sobre la nariz y con el otro, dividido, rodee la sonda (Fig. 4) Evite ejercer presión sobre los orificios nasales. 13. Conecte el extremo de la sonda al drenaje (bolsa colectora o aspirador), a la bolsa de alimentación o píncelo según lo indicado.

Fig. 2. Inserción de la sonda nasogástrica

Fig. 4. Fijación de la sonda nasogástrica

A la tráquea

Fig. 3. Maniobras de comprobación A.

B.

Al esófago

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Inserción de una sonda nasogástrica

14. Quítese los guantes girándolos sobre sí mismos y deséchelos según las normas del centro. 15. Fije el tubo a la ropa del cliente con un esparadrapo, una cinta o una goma elástica para evitar tracciones o enganches, asegurándose de mantener la movilidad del cuello. 16. Lávese las manos y realice las anotaciones oportunas.

Complicaciones potenciales más frecuentes – Desplazamiento de la sonda a consecuencia de la tensión producida por la tos, la aspiración nasotraqueal o las náuseas. – Déficit del volumen de líquidos y desequilibrios electrolíticos como consecuencia de las pérdidas por aspiración gastrointestinal. – Complicaciones pulmonares en clientes postoperados al interferir en la tos y el aclaramiento de la faringe. – Irritación o decúbitos en la mucosa de la boca, fosas nasales y esófago.

Intervenciones de vigilancia y de prevención de complicaciones – Registre con precisión el balance de líquidos (aportes y pérdidas), así como las características del drenaje gástrico. – Ausculte periódicamente los campos pulmonares para descartar la presencia de congestión. – Inspeccione las áreas de mucosa visibles identificando el grado de hidratación, presencia de enrojecimiento, sangrado, úlceras, etc. Busque signos de esofagitis y traqueítis como ronquera, disfagia, etc. – Limpie diariamente los orificios nasales con algodón humedecido y si están resecos, aplique lubricante hidrosoluble. – Cambie el esparadrapo que fija la sonda cuando sea necesario, procurando que ésta no se desplace al hacerlo. – Realice la higiene bucal completa 3 veces al día y mantenga la mucosa bien hidratada. Los enjuagues con un antiséptico bucal o el uso de trocitos de hielo, caramelos ácidos o goma de mascar, cuando están permitidos, estimulan la producción de saliva y lubrican la boca, lo que puede disminuir las molestias especialmente en clientes que respiran por la boca.

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– Para prevenir la irritación y la erosión de las mucosas faríngea y esofágica, cambie periódicamente la sonda de acuerdo con las normas establecidas en el centro.

Consideraciones especiales – Tenga presente que se trata de una técnica limpia, no estéril. – Algunas de las sondas que se usan actualmente para alimentación son de calibre muy fino y llevan un mandril o fiador para guiar su introducción. En este caso es preciso lubricarlas por dentro antes de introducirlas (generalmente basta con irrigarlas con 10 cc. de agua,) debe retirarse el fiador antes de comprobar su permeabilidad y hay que tener presente que, debido a su pequeño calibre, muchas veces la comprobación de su colocación a través de la aspiración resulta imposible porque se colapsan. Puesto que todas son radiopacas, la comprobación se realiza mediante una radiografía simple. – La localización de la sonda sólo se confirma con exactitud mediante la radiografía de abdomen, y debe re-evaluarse si el cliente presenta vómitos, crisis de tos, disnea o cianosis para descartar el paso de la sonda a las vías respiratorias. – La posición de decúbito supino puede provocar aspiración del contenido gástrico por cierre incompleto del cardias, por lo que se aconseja mantener, siempre que sea posible, la posición de Fowler o semi-Fowler. – El riesgo de desequilibrios hidroelectrolíticos por aspiración gástrica es mayor en niños y ancianos, por lo que debe extremarse la exactitud en el registro de las entradas y salidas de líquidos.

Puntos para recordar al hacer las anotaciones enfermeras – Día y hora de inserción, tipo de sonda y calibre de la misma. – Cualquier problema que haya tenido y las acciones emprendidas para solucionarlo. – Respuesta del cliente. – Balance hídrico por lo menos una vez cada 24 horas, incluyendo las características del líquido drenado.


Sondaje nasogastrico