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leo castillo LOS MALDITOS AMANTES


©Leo Castillo LOS MALDITOS AMANTES

Edición y diseño de portada: Rem Warawara Tiraje: 111 ejemplares. Enero 2014 / Takna-Perú SANATORIO EDICIONES Contacto: geneyryodann@gmail.com


leo castillo LOS MALDITOS AMANTES


A puertas del imposible o la estética misma Sueño a menudo el sueño sencillo y penetrante de una mujer ignota. Verlaine En los neumáticos en ánimas ¿A dónde? Hacia la escuadra del arco iris. Alberto Ninaski Agárrense de labios si se piensa que Los malditos amantes es un estribillo de amores de un azar casi demoníaco; esto es una suerte, y digo así, porque cada vez en la opinión popular el poeta se asimila con el desastre como si de náufragos de imposibles se tratara y que solo pueden salvar de la zozobra un puñado de versos infectados de amores imposibles, depravaciones, miseria, exilio, locura y suicidio. Son muchos los poetas que se identifican con la derrota, pero éste no es el caso. Si se entra a tallar la forma y el fondo, repito, esto es una suerte; si no crees en ello, empieza a hacerlo y si no, empieza por no dar por aceptado que tu mujer todos los días te extraña; ni elijas lo “correcto” siempre, a veces es bueno desviarse un poco, sin la penuria de ir a extremos para brillar y es que las estrellas se rodean de estrellas... Así empiezo por preguntar a este hombre: ¿qué es el imposible?, y probablemente la respuesta esté en más de un verso al azar. Citar uno es una tarea difícil. Veamos cómo este hombre acaricia el movimiento: Beso/ de música en la piel / fresca hasta el alma/ tu lanza leve errante amor, las palabras se convierten en un torbellino de movimientos entre imaginar, vivir y sentir. Leo es un perro que se lame las heridas y le da una posibilidad al imposible, abre sus puertas, dice: 5


no te invito a mi casa porque no la tengo. Sus versos están infundidos de imaginación, de percepciones incluso extrasensoriales y a veces parecieran escaparse a otra dimensión con metáforas que se elevan desde el panorámico de los autos la luna/ a través del ventanal/ se pega al techo a frotarse el vientre y desde los más íntimos rincones de la vigilia/ al cotidiano y singular encuentro/ con la sorpresa eterna/ de la noche imaginera. /¡Gato…; y, cómo no, el amor alcanza a asumir tantas formas: mujer que no tienes rostro aquí /te vas sin haber llegado / lo que me indulta del adiós/ pero me niega también/la culpa azorada de haberte poseído. De fina sensibilidad y minucioso al escribir, Leo se cristianiza como el Seductor del verso, busca y sabe encontrarlo, su poesía va repleta de sensualidad y erotismo: gime /el erecto tallo vibra/ y hunde la ávida raíz/en la entraña de la madre profunda. Perpetuamente nos nos invita abrir las puertas de nuestra percepción y desde luego no intenta sentir como nosotros; en su poesía el amor y el sexo se entremezclan: Todo esto me resultaba precariamente placentero, a veces incluso doloroso. Sufría la carencia de sus caricias y me perdía, negra, imaginando la entrada por la vertical herida de caimito de su vulva (…) hoy, Eva, que hemos perdido la eternidad inmutable del paraíso, y en su lugar veo insinuante la blanca muerte que danza tras las miradas exánimes que me dirige usted luego del coito… O en la carta a Carolina Lamosse, envenenada, víctima de sí, que el camillero necrófilo encuentra y le desarrolla un amor, aquí unos fragmentos: los ávidos dedos separaron los labios mayores para franquearme el acceso (…) Entonces di de cabeza en la redecilla del himen que me impedía penetrarte, querida señorita Lamassone. Faltaba lubricación, pero bastó cierta presión y la estrechez hizo exultante, vigorosa mi vitalidad (…) hasta coronar en el paroxismo, sacudido y convulso. Justo entonces sentí el vigoroso chorro de esperma hirviente quemándome en su fiera precipitación la uretra. Transformándose en un desarraigo holista del yo, la añoranza no del pasado sino de la mutación continua del mismo presente es una constante en su obra, como si pareciera el niño decirnos que “El imposible no es visto como una derrota ante la guerra, sino una posibilidad, incluso ya el imposible como belleza misma.” Así Leo Castillo rinde su mirada; lo hace con la única humildad que conecta la energía divina del ser con el cosmos hacia el horizonte de la naturaleza misma que yergue la mortalidad del hombre al plano infinito donde, a condición innata, el poeta no es más de sí, de su sentimiento fatalista 6


sentenciado en la trayectoria de la creación poética, comúnmente acostumbrada, que se ha visto pasar a lo largo de los tiempos. De modo que no me refiero a estilos o corrientes de los últimos años; si es así, ¿cómo se puede encasillar a este hombre? Sería insensato de nuestra parte tener que limitar la riqueza de sus versos que por un lado parecen estar compuestos de paisajes urbanísticos de su Barranquilla, en Colombia y por otro lado de paroxismos astrales, individuos empalados en rayos, en vientos del norte, nubes, nieblas, riscos unidimensionales, elevados a reyes por el viento más alto de la tierra; en Requiem por un insecto: ¿Cómo no haber amado a este inocente monstruo arrinconado? Es la metapsíquica como única posibilidad para aprender el vuelo anaeróbico del espíritu, cuando se enternece con la tragedia del hermano, toda esta sensación de estar con él regurgitado abstracto y desnudo, caminando, yendo y viniendo siempre furtivo, con la lenta y leve caricia de sus efectos, mordido por la sombra, azorado por la soledad, la timidez, la cruel belleza, los azotes de luz, el tiempo voraz y enhiesto. Tarareando hombres salidos desde la entraña misma de la locura, como Jhonny el demente famélico y atormentado entre la sucia/ tristeza de la calle; los pasajeros apriscados en las zonas de riesgo, o el limbo alquilado para dos… nostálgica Susana, la putica bonita de la calle Caldas; encantadora intermitencia sobre el eje de la noche, Susana que le da su cuerpo pero su alma la reserva/para uno que se aleja insensiblemente en ella misma/ ignorando/ sin acordarse ya incluso; y así de optimismo atroz Leo también nos canta esta última sugerencia:/ ponle algo de música/ al golpeteo sordo de tanto pensar/ atúrdete/ sal y vendimia la luz del crepúsculo/ embriágate mi amigo/ festeja tu sepelio. Es él, la ciudad, la calle, los pasos transitorios, la estática de la luna en sus fases, los insectos cercanos como libélulas del diablo, las aves ideales que parecen redimir hasta un roedor del muladar, los perros intuitivos, la vigilia del gato, el camillero necrófilo y primero, el caballo homérico que se extasía con el fuego del infierno ofrendado a su lujuria; es él la forma, la ciudad llovida, centauro dionisíaco bebedor de vino bajo los robles musicales; ebrio como cíclope antes de la oscuridad, espectador de la estación que se derrama natural y aleve en la escena campestre: amante maldito de la soledad con todo el culo en la tierra, qué ganas de decir contigo, ¡oh, yo soy tú! Yesebell Sechar Velazco 7


LOS MALDITOS AMANTES


Desnuda En el azul terciopelo nocturno joya de luz, flota luna. Pulse prodigiosa, lenta la delicada caricia imposible de cada célula la entraña extasiada tu fuerza luna. Algo dirá que más allá de las noches en la Noche nos volvemos a encontrar. De reojo el ojo indigno no se atreve luna a intentar la contemplación cabal de la inagotable belleza: la experiencia con la muerte cuando tal vez —dices— a ver no nos volveremos

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Paloma Bella la arisca elegancia de tu cuello al andar y la percusi贸n de tu vuelo tornasolado amor en mi coraz贸n paloma.

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Brisa Acaba de llegar como cada Navidad sola a mis sentidos el suave obsequio del norte los alisios. Beso de música en la piel fresca hasta el alma tu lanza leve errante amor. Me voy vengo en el remolino de tus hebras ¡vean! el árbol ebrio se desprende de su madura hoja en danza: ¡brisa de Barranquilla!

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Corazón avestruz Yo que mi cabeza escondo en un fino grano de sombras que me quedo a solas y arrasado ante fantásticas génesis de fuegos fatuos que me profano en tu mirada rectilínea que tiemblo y huyo el rostro que me escondo entre mis manos que no revelo la imagen fascinada que ofrezco poseído de cierta cruel belleza escondo mi cabeza.

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Empalado en un rayo Tus dedos tocan tus dedos tus ojos tus ojos ven escuchando te escuchas tu piel siente para ti. El tajo de luz del medio día hiende la creación: la noche de anoche la noche que vendrá. Nada tan inmenso como un cocuyo nada tan leve como el cosmos a sí mismo sostenido entre tus manos titilando. Desde el panorámico de los autos la luna a través del ventanal se pega al techo a frotarse el vientre. Boca arriba en la soledad ella hacia ti bocabajo baja. Te vas luego con tres azotes de luz.

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Corsario y espejo La calle se precipita veloz en mis entrañas. Desfondado de ruido y de luz grávido quedo. He saqueado de esta calle su noche y la tristeza inconmensurable que mi canto canta no lo soy amigo, yo yo soy tú regurgitado abstracto y desnudo sin la inútil artillería de tu ferocidad horra de sentido.

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Ajenamente azul Tocar a una puerta impone cómos y cuándos astucia para amordazar tácticamente la dignidad una puerta es una cosa rotunda y maciza que no cede a las mondaduras en las roídas rodillas. Tocar una puerta como salir de caza con la pólvora mojada de nuestra fe baba canina nuestra mirada resbalada. Toco a tu puerta que mezquina entreabre climatizada la delgadísima brecha de tu desconfianza accedo soy engullido y sin digerir me vomitas ya fermentado. Toco en ti la certeza de estar con nadie doy en la mitad de mi orfandad de la especie retomo la acera mía pateo una lata que resonante rueda hasta la trampa de la alcantarilla zampado el puño en el bolsillo sin fondo silbo una canción que quiere decir: “la tarde ajenamente azul”.

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Un paso adelante Sin los dioses y sin los hombres allí pasa negra tu sombra, Aram con esos ojos tuyos entornados que brillan singularmente heridos por los reflejos del día espejeante. Pero tu risa, Aram no luce ya tu risa que al roce de las horas volaba con la fresca mañana. Tu legítima muerte pasa contigo presidiendo todo gesto que intentas con su sello de póstuma perfección. Siempre venías, Aram siempre ibas (ya no recordamos bien) volviendo amigablemente la cabeza. Aquí se te quería se te cuidaba y hasta se te habría podido advertir: “no des un paso más, Aram que se te acaba el mundo”. Pero de nada hubiera valido igualmente. Y allí cruza ante todos tu sombra que pasa y esparce, Aram un aura de limbo un paso adelante siempre. Un paso siempre adelante. 18


Johnny Desquiciadas ya de sus cremalleras las horas debidamente amortajado el rostro impuro del día famélico y atormentado entre la sucia tristeza de la calle Johnny el demente catapulta su prestigiosa ira hasta el encandilamiento tuerce maniáticamente el mismo callejón en pos de ese centro perfecto y esquivo que lo retiene y lo rechaza y al que nunca acaba de llegar.

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Sugerencia Cierto que no eres sino esta masa sola en el fondo agrio de las horas con una pesada certeza de no ser para nada ni querer para nadie atento al péndulo de ansiedad que te escande el aliento. Cierto que no eres sino bestia dolida que se retira indigestada de una cosa que amarga durante la estación inmóvil y sofocante. Concedido. Pero atiende amigo ahora esta última sugerencia: ponle algo de música al golpeteo sordo de tanto pensar atúrdete sal y vendimia la luz del crepúsculo embriágate mi amigo festeja tu sepelio.

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Réquiem por un insecto Cuando por fin murió Gregorio la asistenta voceó la nueva de esta manera: —¡Ha reventado ahí lo tienen lo que se dice reventado! Gregorio yacía en el piso entre hilazas, polvo y desperdicio. Todavía la noche anterior Grete su hermana hablaba de la apremiante necesidad de deshacerse de tal carga de este insecto cuanto antes. Entre tanto sin fuerzas y mal herido por la manzana que se pudre clavada en su espalda el agonizante Gregorio escuchaba sus palabras. Al alba Gregorio entrega el alma no menos adolorida que su cuerpo inútil y de tan numerosas patitas que no logran sin embargo mantenerlo en pie. Ha muerto Gregorio —¡Ha reventado lo que se dice reventado! —vocea la asistenta mientras yo cierro mi libro, corro y aseguro mi puerta para amordazar a solas un sollozo inminente. ¿Cómo no haber amado a este inocente monstruo arrinconado? 21


Los malditos amantes De nosotros, seres de nadie indefensos de soledad se burlan esa sonrisa a cuatro labios y la convergencia de los cuerpos en toda delicia de los malditos amantes. Para los malditos amantes las felices canciones la cucharadita en los labios del helado de vainilla las nubes y el vino estos cielos puros, esta vida azul. Se burlan de nuestras agrias batallas humanas los malditos amantes sin heridas de consideraciĂłn sin miserias existenciales que empaĂąen el paisaje rosa y violeta de sus dichas. En nuestras narices los malditos amantes cierran la puerta del abrazo nos dejan fuera, con el frĂ­o estas mariposas en llamas estos imbĂŠciles y bellos ĂĄngeles de indiferencia. De los malditos amantes la miel de la materia el reino de los sentidos nuestros la soledad y toda la mierda de este mundo el Exilio.

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Los pasajeros Irrumpen un día en nuestra zona de riesgo: —Me llamo Paco Nieto el inquilino de arriba y estoy a tus completas órdenes. —Me llamo Diana la reina de Bellas Artes y me gana bailar y enloquecer. —Soy tu querida María Eugenia y te quiero te quiero tanto Leo. —Me llamo Ricardo, amigo mío y te convido a fumar de mi fantástico cigarrillo verde. —A mi puedes llamarme Susana pero págame antes mi amor. Al otro día son espejismo y nostalgia fantasmas borrosos enredados entre el gentío que el tiempo hábilmente escamotea y finalmente devora con su habitual eficacia.

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Gato Con ganosa impaciencia espero que la ciudad se vaya a pique de una vez por todas en un propicio recogimiento frágil y casi culpable apenas pulsado por los grillos del presagio que se sobresaltan entre mis sienes al compás de los astros titilantes para volverme furtivo y aventurarme humilde y emocionado a través de los pasajes inéditos y los más íntimos rincones de la vigilia al cotidiano y singular encuentro con la sorpresa eterna de la noche imaginera. ¡Gato…!

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Mujer sin rostro Con medroso paso de liebre te aproximas tanteas con yemas sensitivas la tosca pared roza apenas mi puerta tu aliento. Finalmente te retiras bajas suavemente la honda calle mientras un remolino agita las trinitarias a tu paso. Siempre mujer que no tienes rostro aquĂ­ te vas sin haber llegado lo que me indulta del adiĂłs pero me niega tambiĂŠn la culpa azorada de haberte poseĂ­do.

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Ovillado a mis pies Este perro negro y solo en su noche ulula y me ladra su conversación. Ovillado negro a mis pies me conoce sin cómputos ni estadísticas no piensa nada sobre mí no me juzga lujurioso por ejemplo ni me sospecha mezquino triste o solo y se me echa a los pies. Este negro perro solamente me recuerda al verme con su efusivo rabo saludante y me lame generosamente con la misma lengua de lamerse los gonococos. Cuando voy de noche al patio orinando contra las matas me adivina en la penumbra sin palabras en su testa horizontal solo y sin hablarse fluyendo a su propio paso hacia una muerte ignorada, inexistente. Este perro negro que vigila me olisquea sin destrozarme con su fiera de dentro y asumiendo que no represento riegos me deja pasar me absuelve me invita a la amistad.

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Susana Sentada en mis piernas Susana está desnuda y se levanta se levanta y danza al borde del milagro desafiante y coquetea ante el abismo. Susana acciona el aparato de vídeo para que veamos pornografía y me deja entrar en ella. Y me deja así mismo salir de ella. Susana me da su cuerpo pero su alma la reserva para uno que se aleja insensiblemente en ella misma ignorando sin acordarse ya incluso. Susana lleva dentro el eco del paso de su habitante y cada tanto lo saluda con el pañuelo borroso de su sonrisa y le extiende su ternura rezagada. Susana destinada a su andén combada contra la esquina como un arco iris en la bocacalle como trampa del cielo en el centro de la noche. Susana, la putica bonita de la calle Caldas festiva mariposa que juega y arde en el pabilo encendido de cada noche.

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Tarde, verano, tucán, golero Ataviado con el más profuso colorido de sus galas —verdadero arco iris de plumas— un doméstico tucán en la flexible rama su pesada torpeza balancea y exhibe en el laurel. Más al fondo y más arriba en la tarde de luto estricto su silueta leve revestida un golero silba al tajo los más elevados aires el susurro de su ser en desasida libertad. La vistosa vanidad su colorido apoya en baja rama y cada vez más el ave obscura parece del suelo retirar su aéreo ser hasta la cúpula justo del limpio azul deslizando su gracia y su pena a través de la vasta nave de la tarde. Toda su gloria es el vuelo toda la tarde su capa azul y las blancas nubes de un suave brillo una corona en su ceño ciñen. Y su trono es el viento.

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Esfinge Nada extraño mantengo oculto salvo un hueco llaga pública que al sol expuesta acecinará el fuego que ya está ardiendo. Yo sólo elaboro pajaritos de papel que tararean y describen en vuelo las maldiciones de mi consentimiento pues maldecir me purifica como una oración zarpa dentellada al tobillo herido en la nada me fermento clavo sangrientos insectos decapitados previamente en el turbio bestiario de mi memoria. Anoche he muerto como una rata vieja en el zócalo de los criminales silenciosos de rabia babeada resucito cansado y perdono remotamente como quien arroja hojas desde una roca saliente de la luna hacia un cayo ultramarino. Sordo rugía el arpa de mi corazón desde el vértigo de la curvatura de las horas y sus agujeros infernales voy mordido de bestia y veneno de indiferencia circula pesadamente en mis venas cual sombra lenta de pesada nube me revuelco son ascuas las yemas de mis dedos, llamean mis ojos bebo vidrio molido y cago hielo. Asomados a mi ojo del culo no verán lo que no digo: soy una esfinge rellena de vacío usted y la policía por igual están sensiblemente equivocados. 29


Consideraciones de un viejo lector de diarios en torno a un caso de antropofagia —Resulta estimulante para el mundano turismo y hasta un reto a nuestras agallas que en Norteamérica un cocinero cualquiera haya reducido la población gringa en más de cuarenta ciudadanos; que se haya burlado cada día de su sigilosa vida —vivió más de cuarenta y seis electrizantes años— del aparato policial más sofisticado de la tierra. Casi una víctima por año vivido ha cobrado el humilde Gerald Stano a sus compatriotas merecido con ello la primera plana del New York Times de Le Temps de París y de El Tiempo de Bogotá como toda una luminaria del espectáculo un huracán, o las elecciones para presidente: lo que se dice una verdadera democracia correctamente entendida y así mismo aplicada. Mal podría sin impaciencia sufrir el peso de las Babel de los tiempos , sus torres arrogantes si al calor de las enormes estufas si entre los vapores del monstruoso banquetes de los poderosos no empollara obscuramente en sus cocinas el Imperio uno de estos sangrientos carniceros uno de esos brutales genios del desquite —dijo y pasó a la sección de sociales, felinamente.

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Serenata Mientras el amanecer trepa el ĂĄrbol del dĂ­a toronja de mi corazĂłn destila una luz esmeralda un agua ultramarina que te extiende un golpe de ola un aletazo de labios.

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Un enemigo natural Tu profesión zumbona, músico de mi mal tu agria serenata de una perversa intención viene y enturbia mi serena amistad con la noche sonora. Aborrezco el dañino monólogo de tu sanguinario requiebro partícula de numerosa avidez diseminada en cada reducto de la porosa tierra. ¿A cuántos nobles monarcas turbaste el codiciado sueño mientras sitiaban la gloria en la cruda noche ante cristiana? Tú sorbiste, mosquito bebedor vino bermejo bajo el pellejo de más de doce docenas de Sumos Pontífices chupaste, ladino impune, a Marilyn Monroe en el lóbulo imposible de su oreja izquierda lo mismo pinchaste a Mr. Armstrong primer picado de mosquito que ha pisado la luna y al mismo Quevedo malgeniado irritaste la sorna de su terrible lengua. Mosquito que pasas a la historia recordado con universal ojeriza mero zumbido y traidor aguijón mosquito fiero aquí va mi manotazo irritado contra el martirio de tu pequeñez inacabable. ¿Qué brujo hebreo qué dios aciago con esmerada saña te utiliza para atormentarme como al egipcio? 32


Al pie de la letra Yo nací de pie y al primer instante erecto y descalzo ante la débil mirada de la madre exhausta giró mi cabezota parado en el fiel de las agujas meridianas y paralelas hacia los cuatro puntos cardinales: crucé la mirada hasta el grado antípoda. Entonces di ágilmente un, dos, tres mil pasos equilibrando encima del globo terráqueo llevé algún número al circo ya que mis pies habían aferrado al suelo su fe ciega en la ley de la gravedad evitando que ellos y yo nos precipitásemos al horror del vacío de los cielos. Mi pie mordió el polvo lo hirió la filosa roca se atascó en el lodo del camino ascendió trabajosamente el declive de la montaña se soltó por el mundo con su solo instinto. Mi pie bocabajo y espartano callada gana libre en los cimientos de estos ciento ochenta y tres centímetros de vértigo que el viento arrebata fácilmente del lugar hacia la remonta línea curva del abismo a sur y norte al oriente y al ocaso del camino. Dura ductilidad la de mi pie viril en vuelo hacia las fugaces aceras de mi vida inmóvil. Así que moriré con mis pies en alto y sueltos ramilletes de emancipación que han sido 33


pedaleen estrellas y saluden sus recortados dedos las constelaciones más remotas que se gasten aromados por el yodo de la brisa del mar: habrán de sepultarme de cabeza en la playa. Para la paciencia trajinada y la quijotería andante de mis pies sin certificaciones honoríficas por sus perfectos y anónimos servicios el humilde homenaje de estampar en la memoria la huella de dos, de una morosa palabra.

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Maneras de la mano De lo que es capaz mi mano es ignorante el Dios mismo que vigila mientras duerme su eterna siesta con un solo ojo. Hacedora mano que adelanta en el espacio su ramaje sensitivo que palpa el viento saluda lo que vuelve y huye. Mi mano certera al vuelo en definir la mano que se levanta a alcanzar mi mano: mano oferente de Oscar Vergara el que arrojó su cuerpo contra un autobús mano inquisitiva la de Edwin Rodríguez sin respuesta entre mi mano reposada mano la de Joaco Mattos de Ricardo De Cuba diligente y desenvuelta la mano la mano de Henry Stein es adusta y taxativa mano rota la de Raúl Gómez el roto. Enciclopédica mano de la tesitura de los hombres saludantes. Mañosa talla mi mano la materia dura de los días mano que moldea el espacio amorfo hábil mano que vivisecciona el mundo me trae los seres o guarda la distancia me preserva y expresa cabalmente mano peligrosa terrible concierto de cinco monjes silenciosos mano dueña del cosmos artista mano sembrada vida en los desiertos del tiempo emoción que estalla en salva de aplausos mano que compone muda su plegaria. 35


Noble mano sin linaje en la noche fecunda mano original mano sola. De una mano voy pendiendo del aire con esta otra de mĂ­ mismo me desprendo.

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¡Llueve! I ¡Alborotada niña de los rizos de plata! lluvia pianista, cómo vienes y vences siempre gratis y de nuevo nueva la magia antigua de tu música aportando a esta sola orilla de silencio donde se crispa mi ser y fresca me sabes a la calle sacar. Lluvia de los niños jubilosos del sapo concertino, de las lombrices y de la siembra lluvia para tu pública disertación disponible llevo siempre mi oreja decididamente a la orden para tu ocioso reclamo. II La lluvia me lava el rostro cuerpo abajo se lleva la sal de mi piel y me endulza los labios. Del olivo se desprende un sonoro revoloteo: la evidencia verde en el pico la paloma vuela a proclamar que el mundo no se fugó con la lluvia. Como aquel anciano egiptano vengo de la lluvia con ingenuos ojos y como él busco entre las nubes el bellísimo arco de Dios. 37


Águila Anido hacia la parte alta del mundo junto al puñado de los pocos de mi especie me place del día su música y su silencio súbito descuajado de la raíz del trueno. Vivo para remar en el azul color de esta región eminente y sólo me poso en un risco que es la última antena de la tierra. Estos parajes son alcanzados por escasas perturbaciones ocasionalmente el delgadísimo sonido del arco creciente de la luna que tañe el cordaje del crepúsculo. Potente láser mi pupila investigo tras las entretelas de la niebla hasta detectar al cobarde ratón que se refugia horrorizado al solo paso de mi sombra aerodinámica. Sólo puede seguirme el viento cuando desciendo hendiendo las nubes hacia la bandeja verde del campo tras una escogida presa sobre volando la reverberación de manadas que pacen en lodazales floridos que pronto pudrirá el otoño otoño, perfumería en descomposición. Aquí el fuego de la estrella de la tarde es ofrenda votiva arrimada a la luna de estreno mas 38


una que otra vez mi grito coincide con el deslumbrante rayo que dispara su ágil dardo de oro al filo tenso de mis fuertes alas. ¡Águila!

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Versos hallados tallados en cayado prehomérico camino de Colono Le Figaro publica en griego y en francés el texto integro de un poema escrito en un antiguo bastón hallado cerca de Colono. Resueltamente atribuido a Edipo, trágico rey de Tebas Hecatómpila, he aquí mi versión literal en castellano (que espero sea la primera), así del titular como del texto de la primicia en el diario francés

El roble se derrama en el amplio rubor de la mañana en un semen alado, blanco y giratorio que vuela a chupar humus a renacer en verdor, remanso y música de viento. El sensual roble tiembla sofocado por el fuego del sol entre su follaje festoneado de lila gime el erecto tallo vibra y hunde la ávida raíz en la entraña de la madre profunda que de sal es y de jugosas aguas entregada plena bajo su cobija de hierba. Estimula, ¡ea, Eolo!, auriga del viento su firme tallo besa cada labio lila de su multiplicada boca florecida que se venga el roble en libélulas blancas sobre el rizado pubis de su madre la tierra. Trae, Musa, el roble a mi canción. 40


La indiferencia El culo en tierra delirante mendigo un escupitajo que me honre el rostro. Tus zapatos importantes me patean en el cuello para que aúlle. Me aconsejas un motor 450 cuatro tiras de fibra de vidrio y un objeto de plástico y alambritos para poder hablar en voz alta con invisibles interlocutores mientras camino o conduzco sin ver para que me puedas ver. Si nunca llevo prisa una palabra llevo para saludarte y saludar la vida a cada paso y en mi celebración de la luz soy una fantástica fiesta inaudible un fantasma en tu corazón muerto.

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Sacros acrósticos I Buscando el sueño inútilmente Una tras otra vida; tiempo después Del harem, mundana gloria… más es Difícil olvidar el ser; pues tu mente Hábil y perniciosa, en un ingente Alud de seres ¡ay!, te trae otra vez. II Poder indestructible, iluminada Alma amorosa, hay en cada voz Bramante como el trueno, y en vos Luz se hace la herida, y transmutada Ofrenda dulce para Dios, tu llaga. III La óptima promesa de encontrarnos Amor de mis amores, me anima Muerte, a vivir ya; y no escatima Un solo afán mi alma por hallarnos En embelesada entrega; amarnos Retirados, ¡ah! silenciosa sima Tan hondo y tan lejos que ni las mismas Estrellas insomnes, puedan estorbarnos.

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Primera carta del camillero de la morgue a Caroline Lamassone “De repente mis cuerpos cavernosos estallaban casi. Me puse tan sólido como un bolillo de guayacán. Unas literalmente yemas en llamas, de tal manera febriles y temblorosas que sostendrían el adjetivo febricitantes, me sacaron del pantaloncillo, operación que hallé fugazmente hiriente debido a los dientes de la cremallera. Mi ojo único —yo, el Cíclope— avistó la vulva, cuyo acceso simulaba apenas la brillante y suave pelusa color fuego de la catira, hendida por la línea de sombra de la tanga negra. “Me sentí avanzar, endurecer aún más, y los ávidos dedos separaron los labios mayores para franquearme el acceso. Mi ojo se hallaba dilatadísimo, así que experimenté la bizarra convicción de que alumbraba. Entonces di de cabeza en la redecilla del himen que me impedía penetrarte, querida señorita Lamassone. Faltaba lubricación, pero bastó cierta presión y la estrechez hizo exultante, vigorosa mi vitalidad, favorecida por el intenso roce sin innecesarios lubricantes. Accedí la vagina más apretada de que tengo memoria. Alcancé el lugar más profundo (Sancta Sanctorum) más enhiesto que nunca, celebrando la magnífica fricción. Cada embate hasta el fondo desarrollaba mis venas, más, y más, hasta coronar en el paroxismo, sacudido y convulso. Justo entonces sentí el vigoroso chorro de esperma hirviente quemándome en su fiera precipitación la uretra. Eyaculé como un caballo, un Amazonas, Lamassone, de lava en avalancha. “Luego fui suavemente retirado, frotado por los febriles dedos que me exprimían restos de semen; agüita, jabón, la áspera tela del pañuelo, insufrible en mis extremas condiciones de sensibilidad… “Bien. Volví al interior; fui cayendo en un letargo, tal pasividad en que alcancé apenas a escuchar remotamente (¿lo soñé?) el diálogo antes de dormirme profundamente: “—¡Camillero! 43


“—Diga, doctor. “—Lleve el cadáver de esta niña a la sala 8 para autopsia. “—Ya mismo, doctor. “—Oiga, camillero, por allí se comentan cosas poco divertidas sobre usted, medio en broma, imagino. “—¿Qué se dice, doctor? “—Perdone pero le llaman el 'Contemplativo de la Muerte', y hasta 'Culeamuertas'. ¿Cuántos años tiene usted, camillero? “—Cumpliré 18 el jueves. “—Vaya, un culicagado… ¿No le da usted miedo el turno nocturno de la morgue? “—No, doctor, amo más que nada el silencio acompañado de mi oficio. “—Verdaderamente se expresa usted como un cabal necrófilo. No me diga que son ciertos los comentarios de los compañeros. “—Ciertamente, doctor, hay cadáveres tan bellos… “—Como éste, ¿no? Debe tener acaso 15 años esta niña; los senos aún no terminaron de crecer. Todo parece indicar que se envenenó con Baygón por otro sardino que le mezquinó el amor. Murió, pues, despechada. Una verdadera lástima. “—Así es, doctor, ¡quién quita que en la muerte encuentre amor! “—¿Cómo dijo, camillero? “—Nada, doctor, que asearé el cadáver y ya mismo se lo llevo a la sala para autopsia. “—Dese prisa, camillero. Ya casi amanece”. Querida Caroline: éste es el relato que de la por siempre inmortal primera noche nuestra, te narra mi pene, te amo.

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Paraíso perdido - Paraíso conquistado Al oírle orinar sobre las anchas hojas de plátano, me resultaba imposible reprimir una viva excitación. El pene, libre, asumía rápidamente una posición horizontal, en seguida alcazaba un ángulo de 135º y apuntaba hacia la bella luna del crepúsculo de Edén. Usted advirtió alguna vez mi acechadora presencia. Ansioso temblaba presa del deseo de deslizarme entre sus poderosos muslos prietos, y no puedo precisar el número de las ocasiones en que, presa de la excitación, una gota traslúcida perlaba, coronándola, la abertura del glande. Todo esto me resultaba precariamente placentero, a veces incluso doloroso. Sufría la carencia de sus caricias y me perdía, negra, imaginando la entrada por la vertical herida de caimito de su vulva. Hoy que Abel, esta suerte de retrasado que ha sucedido al serpenteante y ágil Caín, reposa alelado ante la explanada naranja del ocaso; hoy, Eva, que hemos perdido la eternidad inmutable del paraíso, y en su lugar veo insinuante la blanca muerte que danza tras las miradas exánimes que me dirige usted luego del coito, hoy,mujer, quisiera decirle que a pesar de todo, no estoy arrepentido, decirle que —con el perdón del Señor— la amo por encima de todas las cosas.

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La vida es bella (Canción de cuna para arrullar a Eva Durán) No poder defecar toda la tarde sin acceso a un cuchitril, torturado por la amebiasis. No poder echar el miserable cuerpo a descansar de todo y a la conciencia, de todos, de mí. Martirizado por la amargura ante la impotencia de aliviar hambre fiel como mi propia sombra. Fustigado por la vigilia en indigencia perfecta. El llanto y los escalofríos del dolor de ser (Leo Castillo.) El temor y el temblor maldiciendo a Dios, a la puta que me malparió y a la vida. El encono, la irritación contra el mundo, odiando a los hombres desde la planta de mis pies hasta la más remota de las estrellas. La compulsión de adelantar el suicidio. Sentirse nadie célula por célula. La vastedad profunda de ser un perro solo y maldito en el vacío del cosmos y del corazón.

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ÍNDICE DE POEMAS Desnuda Paloma Brisa Corazón avestruz Empalado en un rayo Corsario y espejo Ajenamente azul Un paso adelante Johnny Sugerencia Réquiem por un insecto Los malditos amantes Los pasajeros Gato Mujer sin rostro Ovillado a mis pies Susana Tarde, verano, tucán, golero Esfinge Consideraciones de un viejo lector de diarios en torno a un caso de antropofagia Serenata Un enemigo natural Al pie de la letra Maneras de la mano ¡Llueve! Águila Versos hallados tallados en cayado prehomérico camino de Colono La indiferencia Sacros acrósticos Primera carta del camillero de la morgue a Caroline Lamassone Paraíso perdido - Paraíso conquistado La vida es bella

11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 35 37 38 40 41 42 43 45 46


LOS MALDITOS AMANTES de Leo Castillo se termin贸 de imprimir y encuadernar en los talleres del Suicidal Mutants Lab el d铆a 20 de enero del 2014 en la ciudad de Tacna por encargo de la editorial S A N A T O R I O


De fina sensibilidad y minucioso al escribir, Leo se cristianiza como el Seductor del verso, busca y sabe encontrarlo, su poesía va repleta de sensualidad y erotismo: gime /el erecto tallo vibra/ y hunde la ávida raíz/en la entraña de la madre profunda. Perpetuamente nos invita abrir las puertas de nuestra percepción y desde luego no intenta sentir como nosotros; en su poesía el amor y el sexo se entremezclan(...) Es la metapsíquica como única posibilidad para aprender el vuelo anaeróbico del espíritu, cuando se enternece con la tragedia del hermano, toda esta sensación de estar con él regurgitado abstracto y desnudo, caminando, yendo y viniendo siempre furtivo, con la lenta y leve caricia de sus efectos, mordido por la sombra, azorado por la soledad, la timidez, la cruel belleza, los azotes de luz, el tiempo voraz y enhiesto. Tarareando hombres salidos desde la entraña misma de la locura, como Jhonny el demente famélico y atormentado entre la sucia/ tristeza de la calle; los pasajeros apriscados en las zonas de riesgo, o el limbo alquilado para dos… nostálgica Susana, la putica bonita de la calle Caldas; encantadora intermitencia sobre el eje de la noche(...) YESEBELL SECHAR VELAZCO

SANATORIO EDICIONES


Leo Castillo - Los malditos amantes  
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