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BUDAPEST 56: Una perspectiva “glocal” De la Guerra Fría

Samuel García de los Ángeles


El 4 de octubre de 1957 la Unión Soviética lanzaba al espacio el Sputnik 1, el primer satélite artificial de la historia. En EE UU este hecho hizo que la bolsa de Wall Street bajara y que el New York Times afirmara que el país se encontraba en una “carrera por la supervivencia”. Por su parte, la URSS comprendía el poder propagandístico internacional de sus logros espaciales. El Sputnik fue el pistoletazo de salida para una carrera que ocuparía los doce años siguientes.


Los soviéticos lograban casi todos los hitos espaciales antes que sus rivales americanos. La URSS mandó al primer ser vivo al espacio (la perrita Laika), al primer hombre (Yuri Gagarin) y a la primera mujer (Valentina Tershkova), y realizó el primer paseo espacial.


El presidente John Fitzgerald Kennedy llegó a la Casa Blanca en un panorama muy turbulento. En abril de 1961, su primer año como presidente, la situación parecía sonreír a una URSS comandada por Nikita Krushev. EE UU necesitaba un golpe de efecto y Kennedy se fijó en un programa ya iniciado, el Apolo: “Creo que este país debería comprometerse a alcanzar el objetivo, antes del final de esta década, de poner un hombre sobre la superficie de la Luna y hacerle regresar a la Tierra sano y salvo”


Sólo se realizaron tres viajes de prueba antes de enviar al espacio al Apolo 11. EE UU puso toda su maquinaria propagandística a trabajar y 600 millones de personas vieron por televisión el primer paso lunar de Armstrong. Los americanos lograron colocar otras seis misiones en la Luna mientras la URSS sólo logró llevar sondas no tripuladas al satélite. Uno de los dos hombres que llegaron a la Luna en 1969, Buzz Aldrin resumió perfectamente el espíritu de aquella carrera: “Si llegamos a la Luna no fue para estudiarla ni para recoger muestras de su suelo, sino para aventajar a los rusos en la carrera espacial. Todo lo demás quedó en segundo plano”.


carrera espacial