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“Ciudades, Esquinas”. M. de Solá-Morales. Esquina: diferencia + coincidencia. Esquina: lugar donde coinciden distintas fachadas, personas… Esquina: actividad accesible y pública. Esquina: doble orientación de los movimientos, ruidos y corrientes de aire. Esquina: lugar de intercambio comercial, encuentro personal y anuncio. Esquina: lugar de lugares coincidentes: farmacia, bar, banco… Esquina: foco arquitectónico de intensidad duplicada. Esquina: punto de cruce, indecisión, giro y sorpresa. Esquina: en carreteras, punto superdotado. Origen de ocupación y fermento de actividad. Esquina: punto fijo concreto sobre campo abierto. Esquina: trabajo de armonía donde dos frentes deben coincidir.

La esquina se debe caracterizar por diferentes aspectos a cumplir para que sucedan las distintas complejidades que en ella aparecen cuando son puntos importantes en la ciudad: elementos repetitivos en todas ellas (para que así se entiendan como conjunto), densidades (que los flujos sean de elevada importancia o que los genere), publicidad (que sea un reclamo), superposición de flujos e información (que pueda coincidir el repartidor, las vecinas hablando, personas esperando…), monumentalidad y detalle de acabado (que la escala pueda abrumar [o no] y que el detalle esté cuidado para que sea Hito) y distancia entre elementos generadores (las distancias entre elementos deben ser mayores que en la calle corredor para que así puedan ser puntos de referencia)

Con todo esto podemos encontrar referencias de esquina que cumplen algunos de estos parámetros y a su vez son Hitos en la cultura urbana. Como ejemplo podemos encontrar la “casa michaelerplatz viena” del arquitecto Adolf Loos, la cual añade la escala monumental en la altura de calle, sin hacer un edificio monumental; eran unos grandes almacenes (ahora un banco); el detalle es delicado y las distancias generadas hacen del espacio un lugar a invadir.

También podemos poner como referencia la plaza “piccadilly circus”, donde una de sus esquinas cumple con cierto número de parámetros que la convierten en una esquina para vivir. Cabe destacar entre ellos el hecho de que es una esquina para la publicidad que la transforma en hito de la ciudad y referencia mundial.

En cuanto a ejemplos más cercanos a mis vivencias, recuerdo una esquina en medio de [casi] la nada: “el Bar Pascual”. Generado por un cruce de carreteras [esquina] que fue un punto de referencia importante para distintas capas de usuarios: camioneros, turistas y gente de la zona. La particularidad es que prácticamente se puede entender como esquina territorial.


Con todo esto, podemos encontrar lugares de potencialidad territorial para generar “esquinas”, pero con ciertos condicionantes de su realidad actual que hacen que sea prácticamente imposible el generar espacios habitables. Por ejemplo, existen cruces de carreteras que podrían funcionar como esquinas pero que no cumple ni la monumentalidad ni el detalle, aunque sí que genera espacios a invadir, pero no genera ese gusto por la invasión: no invitan a la visita. Cumplen las distintas escalas de información, como son transportistas y turistas, pero la jerarquización de vías no permite que se pueda entender el cruce como esquina: distintas alturas no ligadas. Quizá, el aspecto de publicidad sea el que aún no se ha llegado a entender como reclamo para generar esquina a escala territorial. La publicidad en la esquina no puede ser un cartel publicitario [y no lo es]: esta asociado con las cosas que pasan en esos lugares, lo que vas a vivir, comer, conocer… y todo esto no se entiende como reclamo para generar esquina del territorio, aunque así podría serlo. Un ayuntamiento quiere que llegue IKEA para generar una esquina, y está dispuesto a poner dinero para ello, pero IKEA no llega. Entonces, ¿por qué no se genera la esquina sin IKEA? Si quieres una esquina, genérala, pero no digas que lo que quieres es IKEA! ¿O no es IKEA lo que quieres?

Nodo A7 Alicante – A7 Monforte en Elche.

Nodo vía parque – conexión A7 en Elche.


“La Ciudad Postmoderna”, G.Amendola capitulo XI “Los Shopping malls: del flaneur al buyer” y XII “Mercados, Ágoras y Acrópolis”.

Existe una palabra que podría definir los Centros Comerciales y otra ligada que podría definir su finalidad: Control y Consumo. Esta es la principal diferencia entre ciudad y centro comercial y, prácticamente, mediante esta definición se podrían explicar los distintos funcionamientos. (Desde el punto de vista del usuario) El primer control que ofrece el centro comercial es el de lo que encontrarás: los espacios están medidos para el fin del consumo, no para vivirlos. Esto no evitará que tengamos vivencias que recordaremos, porque éstas suceden aunque no las busquemos, pero no pueden ser iguales que en la ciudad, ya que uno de los fines de la ciudad es vivirla, y para ello ofrece espacios para estar. En los centros comerciales hay que pagar los espacios para estar, ya que los bancos o estancias no pueden albergar a todo el que lo pretenda (así está medido) y lo que más permite es deambular, situación mediante la cual solo nos queda andar visitando tiendas. En la ciudad se puede andar, pasear, descansar y seguir, en el centro comercial, andar o pagar. El segundo control es quién podrá encontrarlo. En principio cualquier persona puede acceder a un centro comercial, pero las cosas que ofrece quizá no sean para cualquier perfil: una persona que no vaya a comprar nada, ¿irá a un centro comercial? Pasear por un centro comercial sin intención de comprar no es el usuario habitual ni el esperado, ya que las cosas que ofrece un centro comercial bajo esta mirada podrían ser nulas. En cambio, la ciudad sí que permite la visita sin finalidad o una acción que requiere del espacio público para llevarla a cabo, pero no con el consumo como meta. El tercer control es el medio. En el centro comercial no hay adversidades: no llueve, no hace frio, no hay viento, no hay Sol… Te sumerge en un estado ideal en el que no tienes que preocuparte por elementos ajenos a la visita programada de consumo. Permitiría, prácticamente, tener un uniforme para visitar el centro comercial, el cual podríamos usar todo el año. El cuarto control es el de la seguridad. En el centro comercial todo es más seguro. No hay posibilidad de que los riesgos exteriores nos sucedan: no nos atropellarán, ni nos robarán (y si lo hacen, la seguridad conseguirá lo que en la ciudad es impensable) ni nos pasará ninguno de los peligros que existen en la ciudad. Pero todo esto no lo genera el centro comercial por sí solo, ya que para que el centro comercial sea más seguro, la ciudad debe ser insegura primero. Lo que es seguro es que el centro comercial vela por el consumo. El quinto es la propiedad. El centro comercial es espacio privado. Su finalidad es el consumo. Se accede a él por puertas que tienen horario, o cuando menos, dueño. Lo que sucede en él ocurre porque alguien lo permite. Se mantiene con arrendamientos normalmente más altos que en la ciudad. La ciudad se compone por espacio público y privado. El espacio público no tiene puertas. Lo que sucede en él lo dictan unas leyes iguales para todos. La ciudad no tiene dueño. Su finalidad es generar un espacio que permita y mejore las condiciones de vida de sus ciudadanos. El sexto es la identidad. Resumiéndolo, el centro comercial quiere ser ciudad controlada y, por lo tanto, no es ciudad. Es un artefacto que no puede ni debe sustituir a la ciudad porque no está concebido para desempeñar el papel de ciudad. La ciudad no es ni debería ser comercio. El comercio es un medio para vivir, pero nunca un fin de la vida, y el centro comercial solamente permite comercio. Pero no debemos olvidar que tenemos que aprender del centro comercial para que nunca sustituya a la ciudad: la ciudad puede tener plazas y espacios abiertos para ser vividos; es para todos; podemos adecuar recorridos para ciertas condiciones; la ciudad no es insegura, ciertos ciudadanos la hacen insegura; la ciudad es de todos.


Espacios públicos metropolitanos. Para cualificar cómo deben ser los nuevos espacios públicos metropolitanos, podría diferenciar primero qué parte ayuda a concretar cada texto. Quizá del texto “Ciudades, Esquinas” de M. de SoláMorales podríamos apuntar las complejidades que suceden en una esquina y que deben aparecer también a escala territorial para hacer del lugar un sitio de interés e interesante: la repetición, la densidad de flujos, que sea un espacio reconocible y la escala, tanto de su construcción como del espacio generado alrededor. Del texto “La Ciudad Postmoderna” de G.Amendola tendríamos que tener en cuenta que debe ser para cualquiera, debe estar controlado pero debe permitir que sucedan cosas no controladas, debe ser seguro y ofrecer lugares de resguardo, pero sobre todo, ofrecer una excusa para visitarlo: el consumo como excusa. (Hay que deshacer la situación) Quizá sea con todo esto cuando podemos empezar a generar una idea de los parámetros a cumplir para poder generar un lugar en “la nada” y hacerlo “lugar”. Las dos primeras bases son sencillas: la localización y el tratamiento, tanto del exterior como del interior. En cuanto a la localización hay que pensar en la superposición de usuarios que vamos a tener: deben ser diferentes. Es decir, que distintas búsquedas (de ellos) vayan a parar al lugar que ofrecemos. Responder a distintos usos. Hay que generarlo donde los distintos usos confluyan, y a esto no puede responderse con la especulación, ni a nivel urbano ni a nivel territorial. Para ello también se debe tener en cuenta que no sólo ofrecemos un lugar privado: el espacio público que nos rodea también nos define, y por lo tanto debemos tenerlo en cuenta para generar espacios de situaciones no buscadas, situaciones encontradas. La plaza también debe estar presente y nadie debe ser juzgado por utilizarla. Esta baza puede ser decisiva para el uso del lugar: posibilitar situaciones que no vamos ni podemos definir nosotros, pero generar el espacio que las congregue. Valor añadido. El interior debe ser aquel que responda a la escusa del lugar: el consumo. Y no solamente aquel que nos resguarda de la intemperie. Este interior será el que esté más controlado, el más seguro, pero no el único que lo haga. Para que esto suceda de forma más natural, quizá el interior y el exterior deben ser permeables: no deberíamos hablar tajantemente de exterior e interior, al menos no en todas las partes de la pieza. Esta permeabilidad puede ser la que difumine la sensación de inseguridad, y al menos así ya no estará tan delimitada, será mucho más difusa. De hecho, este exterior también debería tener elementos que lo hagan entendible como interior: resguardos como paredes, pérgolas, arbolado, recintos…, cuidando distancias de escala entre elementos para que no se transformen en “el sitio peligroso de la zona”. Pero con todo esto no debemos olvidar que la construcción de este espacio tendrá un interés de consumo. No responde a un servicio social ni cultural, si no a un interés económico de un número reducido de personas. Para ellos el consumo es lo principal, para nosotros es y debe ser la excusa para generar otros lugares para los ciudadanos. Pero esta actitud debería ser casi secreta. No debería despertar el mínimo interés en el cliente [o sí], pero debe estar ahí obligatoriamente. De hecho, sin estos elementos, el centro comercial no funcionará, al menos a la larga, cuando se acaben los primeros contratos de los negocios y la novedad ofrecida al usuario en un principio. Tenemos que recordar que el centro comercial no es ciudad y no pretende serlo. Pero en ciertas situaciones la sustituye, aunque sea temporalmente, y por lo tanto debe ser consecuente con eso. De ahí la idea de secreto. Un ente privado no tiene esa obligación para con los ciudadanos, pero nosotros sí. Y ahí debe aparecer el verdadero papel del arquitecto.



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