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REPORTAJE EXCLUSIVO

Entrevista

“He llorado por el tenis” Martín Bossi es actor desde hace más de una década y su popularidad creció con las imitaciones en TV de Cristina Kirchner y otros personajes. Pero el deporte blanco tuvo mucho que ver en su formación corporal y anímica. Por Sebastián Torok Fotos por Sergio Llamera

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nmediatamente, a primera vista, se advierte que Martín Bossi ostenta un don. Luce como un torbellino multifacético, atiborrado de carisma, de gracia. Es actor, recibido en la escuela de teatro de Víctor Laplace. Y con las imitaciones de Cristina Kirchner, Mauricio Macri y Cacho Castaña, entre otros personajes, en un programa de TV con 44 puntos de rating como lo es ShowMatch, en 2009 su popularidad aumentó a extremos insospechados hasta no hace mucho tiempo. Pero el creativo manejo del escenario no es casualidad; es el resumen de más de diez años de trabajo en fiestas pequeñas y eventos sociales, y de formación en escuelas de baile, de canto, de clown. “Me siento como un niño que se niega a madurar”, confiesa Bossi en una de las tantas funciones a sala rebosante de El Impostor, el espectáculo musical y humorístico con el que recorre el país. Sin embargo, además de la actuación, Bossi atesora otra faceta, la tenística, que lo acompañó hasta la adolescencia con disciplina y regularidad y lo sigue escoltando hasta hoy, cuando el remolino profesional se lo permite.

El encuentro con Bossi es en el barrio de Núñez, en una tarde primaveral y soleada. Diego Djeredjian, viejo amigo y productor de Martín, invita un café, como para amenizar la espera. “Es medio coqueto, siempre tarda en arreglarse”, sonríe Diego, justificando la pequeña impuntualidad. Pero al rato llega el protagonista, con un enorme raquetero colgado en el hombro derecho. Parece inquieto; sonríe, canta, pregunta, hojea una revista y, prontamente, se zambulle en sus recuerdos, esos que lo conmueven cuando de tenis se trata. “Mi papá jugaba al tenis, en un buen nivel, en Temperley y San Lorenzo. Y yo jugaba al fútbol en el potrero de enfrente de mi casa, en Colombres y Frías, en Lomas de Zamora, porque me lo inculcó mi abuelo. Agradezco a la vida haberme hecho jugar al tenis, porque hoy me planto en el escenario gracias al tenis, a su disciplina, a su fuerza. Tiene mucho que ver la fortaleza mental. Mi viejo me dejaba la raqueta en el patio para ver si yo picaba. Y a los 4 años empecé a hacer frontón, a los 6, antes de que se inauguraran


Gran artista, mejor persona Por Martín Vassallo Argüello

las canchas del club Los Andes, tomaba clases en la cancha de básquet. Jugaba con una Spalding de aluminio y con una Wicas, que era la imitación de la Wilson. Tenía un grip redondo, que no te dejaba registrar la empuñadura (sonríe). Mi papá fue uno de los fundadores de las canchas de Los Andes. Y un día me encontré, a los 8 años, jugando al tenis. Mis grandes maestros fueron Horacio Rodríguez Molaro, mi papá y Ricky Peters. Crecí, a los 10 años empecé a jugar Metropolitanos, a los 15 estaba rankeado, jugué algún Nacional. Yo soy de la camada de Hood, Pastura, Moretti, Godoy, Del Bono, Lucas Arnold, Rodrigo Vila”, narra Bossi, nacido el 16 de octubre de 1974. -¿Cuando te diste cuenta que tenías buen nivel para competir?

-Nunca me di cuenta. Nunca tuve nivel (sonríe). Llegué a jugar partidos de intermedia. Mi último partido de Interclubes fue en el año ‘92 o ‘93 y le gané un partido a Prieto en la cancha central de Lanús, en tres sets.

-¿Qué jugadores de la Legión enfrentaste?

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-Jugué con Cañas, con Puerta..., lo que pasa es que hay una diferencia de edad. Yo tenía 18 y ellos 12 o 13. A Cañas, cuando él tenía 12 años, le ganaba. Después empezó a tomar un poquito de confianza y no le gané más un game. Creo que jugaba para Vélez. Actualmente, Martín Vassallo Argüello me hace un favor y me entreno con él.

-¿Cómo conociste a Vassallo?

-Lo conozco desde chiquito, del club Lanús. Me pedía que hiciera imitaciones. Me hice muy amigo de los padres también. Y de grande nos volvimos a encontrar y tenemos una gran relación. Este año me di muchos gustos, como por ejemplo entrenarme con él, hice una nota vestido de Cristina y jugando con Pico Mónaco y también entrené un poquito con el Gato Hartfield. Gustitos de viejo.

-De adolescente, ¿qué tenistas admirabas?

-Sufría mucho con Sabatini, sufría mucho. Me gustaba ver cómo jugaba Horacio de la Peña. Y de los de ahora, más allá de que Federer sea de los más grandes de todos los

tiempos, me pone nervioso que sea tan pálido. Me gusta Djokovic, porque imita y tiene humor. Me hace reír mucho. Me gustaba mucho más el tenis artesanal que el de ahora. Me gustaba mucho ver a Roberto Argüello, Luza, Frana, Gustavo Tiberti,Alejandro Ganzábal... Yo los veía cuando era chiquito. A Vilas y Clerc ni hablar. A Davin y Pérez Roldán en la primera época. A Guillermo Rivas. -¿Para jugar tenías cábalas, rituales?

-Sí, a cada rato sacaba y ponía el cubre grip, me volvía loco. También ponía cintas en la punta de la raqueta para ganar más peso. Y tenía una frustración: cuando armaba la derecha y veía la sombra, me atrapaba y no metía más una pelota. Veía la sombra y me distraía. Terminaba con los golpes deformadísimos. Yo era muy cag... al tenis. (Sonríe) Yo soy el Rifle Pandolfi del tenis. Era muy inseguro y tenía todas como para perder, por eso el tenis me abandonó. Tenía la ciclotimia de Gaudio. Todo lo inexplicable que le pasó a Coria me pasó a mí, como de quejarme porque erré un punto, tirar la raqueta para arriba y que el viento me la saque del club y me la robe un botellero (lanza una carcajada). Era una Prince Pro. Mi viejo me había prohibido que la golpeara y me dijo que la tirara para arriba. Lo hice, se me enganchó el dedo en el corazón de la raqueta, se desvió y como el alambre era bajito, se fue a la calle. Una cosa es perder una pelotita, ¡pero una raqueta! Me vas a decir que estaba loco, pero cuando

estaba por ganar un partido, pensaba «¿Y si le empiezo a errar?» Me costaba horrores cerrar los partidos. ¡Las doble faltas que hacía! Un día, de los nervios, dejé todos mis documentos en el raquetero del rival. -¿Que estilo tenés o tenías?

-Soy como Eduardo Bengoechea, pero en la última etapa, cuando estaba muy gordo (sonríe). Yo tenía la parada de Brad Gilbert. En dobles, me gustaba hacer la australiana, pero un día mi amigo Sebastián Mosquera me embocó en la nuca (se tienta). Me paré en la T, pero él no giró la muñeca, y me la puso en la nuca. Nunca más hice la australiana, me volví a la paralela.

-¿Con qué frecuencia jugás actualmente?

-Sigo jugando, este año jugué Interclubes en la primera +25 para el Temperley Lawn Tennis. Es que de los 20 a los 28 años me dediqué a dar clases de tenis. Di en Los Andes, en Paraíso (Adrogué), en Toulón Tenis (Lomas de Zamora). Cuando empecé a trabajar en televisión daba clases a la mañana y a la tarde me iba a Telefé a hacer el programa “Vale la pena”.

-Si no te ganaras la vida como actor, ¿seguirías dando clases?

-No. Jugué tenis porque mi viejo me puso la raqueta y es parte de mi vida. Yo soy más tenista que actor. Hasta por una cuestión de tiempo. Cuando me veo el polvo de ladri-

llo en los tobillos lo disfruto. El día que me regalaron la Prince Graphite, la que usaba Sabatini, empecé a dormir con la raqueta. La lustraba con Blem, cuidaba el logo para que no se borrara. Entrenaba en Lanús tres horas por día, hasta los 19 años fui jugador. Hice toda la etapa previa a un profesional: viajaba, entrenaba, iba al psicólogo. Me nunca pensé en ganarme la vida jugando.

Martín (Bossi) jugaba muy bien desde chico, entrenábamos juntos en Lanús cuando yo hacía mis primeros pasos. El es más grande, así que siempre lo respeté y escuché sus consejos. El Club Lanús era más que una academia de entrenamiento; era eso: un Club, un lugar donde comíamos asados, jugábamos al fútbol y a las cartas y se festejaban cumpleaños -y en esos encuentros Martín hacía sus primeras imitaciones-. Recuerdo perfectamente a Martín "sacando" a la madre de Fabián Ognian, un amigo nuestro. Y claro, era un clásico pedirle que hiciera su ronda de personajes. La amistad perduró, y por suerte, a los dos nos va muy bien en lo que hacemos. Cada vez que puedo, lo veo en sus shows; él me vino a ver a la Copa Telmex. Y cuando paso por Buenos Aires, nos hacemos una escapadita al Temperley Lawn Tennis para jugar un rato. Aparte de ser un gran artista, es un tipo tremendo y se nota en el contacto con la gente y lo mucho que lo quiere todo aquel que lo conoce un poco.

-¿Qué es lo que más te atrapó del tenis?

-Ufff... Yo no tuve disciplina en el tenis. Pero en el arte, trabajo como lo hago por el deporte. La disciplina del tenis la llevé al arte. Hago mucho frontón actuando, mucho canasto de saque. Todo lo que no hice en el tenis lo hago como actor. Soy muy obsesivo y tengo la conducta del tenista: egoísta, egocéntrico, solitario. En eso sí soy muy tenista.

-¿Imitarías a algún tenista?

-Sí, sí, lo pensé. Podría imitar a Nadal, a Del Potro. Pero no sé si en televisión garpa mucho. Es más popular hacer a futbolistas. De hecho, ahora me acuerdo de que en Videomatch imité a Hewitt, cuando la Argentina jugó con Australia y se peleó con Nalbandian.

-¿Cómo vivís tu gran explosión artística?

-Con mucha normalidad. Ya te digo, el tenis me ha preparado para los grandes fracasos. Creo que nunca un juego o una situación de la vida, salvo muertes o enfermedades graves, me ha frustrado tanto como el tenis. He llorado

por el tenis, durante partidos o encerrado en un baño. Tiré partidos a la basura de impotencia. Y cuando gané, me sentí Matt Wilander. Esto es así. Mi popularidad es una consecuencia lógica de mucho trabajo, de mucho entrenamiento corporal. Pero no me modificó, no me cambia nada. Los sábados sigo yendo al mediodía a jugar con los muchachos del Temperley, sigo jugando dobles con mi amigo Fabián, con Luisito Pena, sigo robando las mismas pelotas, sigo haciendo las mismas pelo... Estoy muy feliz de que la vida me haya dado los amigos que me dio el tenis, que me haya permitido tener un cuerpo sano. Las cosas más lindas son el escenario, el tenis, las mujeres, el fulbito y el asado. Es la mejor combinación.

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