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ENTREVISTA

Por Marcos Zugasti

5’con

Horacio Zeballos

Cuestión de familia El destino de Horacio Zeballos parecía marcado desde chico, con su padre Horacio -profesor del Edison Lawn Tennis de Mar del Plata-, haciéndolo empuñar una raqueta casi antes de que aprendiese a gatear. “Me volvía loco… Tenía año y medio siguiéndome mientras me

De Mar del Plata al mundo

Marcás el sentimiento de ahora de ser tenista. ¿Cuáles son esas nuevas responsabilidades que tenés y cómo las afrontás?

Ahora me dije: este va a ser mi trabajo y voy a vivir de esto. Entonces dejé de ir a los torneos a ver qué pasaba, a ver si ganaba algún partido, y creer que realmente yo podía ganar torneos. Que podía dejar de ser jugador para ser tenista. Ese es el gran punto.

Con un notable salto de calidad en 2009, el zurdo se convirtió a los 24 años en el nuevo argentino top-100 y cambió su manera de ver el tenis. El pupilo de Ale Lombardo nos explica por qué hizo el click, cómo vive la nueva realidad y qué expectativas tiene para lo que sigue.

¿Cuándo fue que reconociste que debías cambiar el rumbo, y revertir un momento tal vez adverso para conseguir la realidad de hoy?

Fotos por Sergio Llamera

R

aquetero siempre al hombro, rodete prolijamente arreglado, Horacio Zeballos va y viene de una punta a la otra del Vilas Club. No es una semana tranquila, claro, pues el único Challenger del año en el país está en pleno desarrollo y por si con los nervios y las ansiedades no alcanzara, el ritmo de al rutina diaria casi no da respiro. Pero la postura del espigado marplatense irradia una nueva sensación, o un nuevo sentimiento, y ese fulgor provoca un brillo especial en su sonrisa. Sabe bien que aún le queda un largo trecho por recorrer, pero tiene dentro de sí una confirmación: ya no ensaya ser un jugador más del montón, sino se siente, con razón, un tenista con todas las letras.

“La clave es el día a día y la forma de entrenar. Por ejemplo, quedarme haciendo cosas que antes no hacía, cambiar lo que creía que tenía que mejorar y, sobre todo, creer un poco más que podía estar en este nivel”, cuenta casi revelando cuál ha sido la fórmula del gran salto para él. Ahora, a los 24 años, y tras un pedregoso camino que incluyó búsqueda de sponsor, el traspaso de los Futures y demases, Zeballos siente que llegó su momento y esos sueños que cobijó desde chico de a poco comienzan a hacerse realidad. ¿Cómo te sentís en este momento, que lograste alcanzar ese lote tan preciado de los 100 mejores jugadores del mundo?

Muy bien, casi ideal. Contento por todo el esfuerzo que venimos haciendo desde hace un año Ale y mi equipo (Lombardo, su coach, y el PF, Esteban Pérez), y especialmente por mi parte. Feliz, y esperando que se sigan dando los resultados. Sé que se van a dar si yo continúo dando el 100% de mí. En septiembre del año pasado estabas alrededor del puesto 300º, ¿qué cosas cambiaste para hacer el click?

Mi nuevo grupo de trabajo (desde septiembre del 2008) me cambió la manera de ver las cosas, tanto dentro como fuera de la cancha. Aprendí a ser un verdadero tenista, y eso es lo que más destaco.

Cuando empecé a jugar los primeros Futures a los 17 años, claro, que ya quería ser tenista, pero no me lo había tomado 100% en lo que tenía que realizar. Se puede dar el salto de calidad en distintos momentos. Hay muchos que maduran antes, y otros deben esperar, como fue mi caso. Cuando jugás Junior no tenés la presión de decir: “Hay que ganar porque este es mi trabajo también.” Uno va, juega, pierde, y vuelve a la siguiente semana. En este nivel tan competitivo y con jugadores tan parejos, la mínima oportunidad hay que aprovecharla. Y en lo reciente, ¿hubo un quiebre y el comienzo de una nueva etapa o fue un proceso?

Para mí fue muy importante la pretemporada que hice. Era muy consciente de que si yo quería estar en este nivel tenía que hacer grande cambios. A principio de año dije vamos a hacer el click y ver si realmente puedo. Y sí, pude. Creciste en polvo de ladrillo pero elegís canchas rápidas. ¿Por qué?

Cuanto más rápida va la bola, mejor me

yo daba las clases particulares”, confirma su papá homónimo. Era claro que las raquetas y las pelotitas lo apasionaban al blondo Horacito. Incluso, había veces que para que Horacio (padre) pudiese pelotear tranquilo con su mujer Margarita, al incansable nene lo dejaban como escolta de un poste, con otros juguetes. Pero el resultado era siempre el mismo: eso no lo conformaba, él quería jugar al tenis. “Siempre me bancó desde el minuto uno con todas las decisiones que yo tomé y me apoyó. Aun cuando no me iba bien, él me daba confianza”, certifica Horacio-jugador. “Le inculqué que trate de jugar lo mejor posible y que disfrute de la competencia. Es muy difícil llegar y a él se le dio. Es un sueño para mí también”, explicó casi emocionado Horacio (p) a su hijo, que arrancó el año siendo 196º y ya se metió entre tocó los mejores 60. De un padre a un hijo, de un hijo a un padre…

siento. Por las características de mi juego. No soy un tipo que corre y mete 15 pelotas por punto. Trato de mandar, y el saque y el drive son mis fuertes. Me falta ser un poco más sólido. Igual, también me di cuenta de que puedo jugar bien al tenis y haciendo mi juego sobre polvo de ladrillo, que antes renegaba un poco con eso. Los objetivos para el resto del año deben haber cambiado…

Lo principal es seguir incrementando la intensidad dentro de la cancha. Me siento muy bien como estoy, pero sé que si quiero meterme más arriba, entre los 30 mejores, tengo que seguir creciendo como jugador. Estar preparado lo mejor posible desde lo físico, para alcanzar un final duro de temporada porque ya jugué muchos torneos, pero con todas las ganas de poder entrar de lleno en ese nivel. El primer torneo de esta categoría para vos fue en Newport, ¿cómo fue esa experiencia?

Tremenda… Además, ahí viajé con mi papá, porque Ale estaba por tener familia. Fue lindo y me sentí bien aunque perdí. Fue un buen partido, con un top-40 (N. de la R.: cayó ante el alemán Philipp Petzschner por 6-4, 6-7 (4) y 6-2). Me sirvió para darme cuenta de que podía jugar en ese nivel, y me dije “vamos a creérmela un poco más”. Y a partir de ahí, empezaron a venir los títulos en Challenger y fue todo positivo. Me imagino que el US Open, entonces, fue parecido y potenciado porque era tu primer Grand Slam.

Ya haber pasado la qualy fue un mérito muy grande. Pero gratamente me encontré

jugando un nivel muy arriba de lo que lo venía haciendo y dije: “Voy a hacer todo para ganar un partido”. Gané un buen partido en la primera ronda ante Berrer, que estuvo top-50; después, jugarle de igual a igual a un deportista como Berdych (3-6, 7-6 (3), 6-7 (2) y 2-6), que es un top-20, y creerme que podía ganarle todo eso también lo tomé como positivo. Lo de ser parte de un torneo tan grande también debe ser regocijante…

Ni hablar. Haber compartido vestuario con gente como Federer, Murray, Roddick, Rafa Nadal, verlos ahí y convivir con ellos es lo que uno soñó desde chico, cuando por ahí hacía 3 ó 4 años los veía por televisión. Y estaba en ese lugar, y el hecho de poder jugar con ellos es algo muy motivador. ¿Cuesta creerse el lugar que ocupan o los ves como inalcanzables?

Traté de verme como un jugador más. En definitiva, si estuve ahí, nada me vino de arriba. Me lo gané, con esfuerzo, y si estoy compartiendo vivencias es porque puedo ser un jugador más de ese nivel. Y la Davis seduce…

Es mi sueño máximo. Ojala algún día pueda cumplirlo y ser parte del equipo. Representar al país es algo increíble, ya me pasó en los Panamericanos (fue campeón panamericano en Río 07 con Eduardo Schwank) y es único. Vivís una sensación distinta a la de todos los días, que es competir para mí mismo. Sería algo muy grato y ojalá algún día se dé. ¿Tratás de no caer en la vorágine del circuito y tomarte el tiempo para disfrutar cada cosa que conseguís?

Es lo que me dice mi grupo. Que disfrute todo lo que me pasa, porque me lo gané yo. Aparte de seguir adelante, ya tengo que estar contento pues conseguí lo que siempre soñé. El camino de Cebolla (“lo ligué por el apellido, pero es así como me dicen y no me molesta”) fue bien ajetreado y redundó en dos conceptos: trabajo y paciencia. Por estos días Zeballos se infla y camina sin carga alguna en la mochila, tranquilo ante el panorama bien despejado. Ahora, a los 24 años, siente que llegó su momento y esos sueños que cobijó desde chico comienzan a hacerse realidad.


5min Ceballos Petrobras