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5 de junio de 2014

EDUCACIÓN… ¿DE HIJOS A PADRES?" “Por severo que sea un padre juzgando a su hijo, " nunca es tan severo como un hijo juzgando a su padre.”" Enrique Jardiel Poncela

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Por Jazmin Ramírez

Desde la antigüedad, la familia ha sido el primer contacto que todo ser humano tiene desde su nacimiento, aquí se aprende por primera vez a socializar y a comunicar, esto determina la manera de relacionarse con los demás en la medida que vamos desarrollando mayores capacidades cognoscitivas. Al crecer, las y los niños forman parte de un sistema social, es entonces donde se comienza a concebir el mundo y sus fenómenos naturales en función de experiencias propias y necesidades emocionales, es donde el aprendizaje juega un papel muy importante en el progreso de la o el pequeño.

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cada etapa, se van experimentando cambios físicos, psicológicos y sociales, ante ello, padres y madres deben estar preparados para los retos que enfrentaran en relación con la educación familiar que les darán a sus hijos o hijas. Un factor crucial para transitar cada etapa sin contratiempos es sin duda, el proceso de comunicación (verbal y no verbal). Para que la comunicación sea efectiva es necesario que el mensaje que se transmite sea coherente en nuestra expresión verbal y no verbal. Por ejemplo, 1


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cuando una madre o un padre le dice a su hijo "¡no estoy enojado!", pero en un tono de voz muy fuerte y con el ceño fruncido, el niño no sabrá a qué parte de la comunicación hacerle caso, si a las palabras o a los gestos.

!Desafortunadamente, muchos padres o madres no son conscientes

En cada etapa, se van experimentando cambios físicos, psicológicos y sociales, ante ello, padres y madres deben estar preparados para los retos que enfrentaran en relación con la educación familiar que les darán a sus hijos o hijas.

de cuantas veces utilizan formas negativas para comunicarse con sus hijos o hijas. Éstos pueden, como resultado, estar plantando las semillas de la desconfianza y el bajo nivel de amor propio de sus hijos. Por ello, es importante que padres y madres se enteren y corrijan cualquier forma de comunicación negativa que usan con sus hijos. A continuación se ofrecen ejemplos de una mala comunicación en la familia: • Repetir e imponer. Imponer es dar información sin dar cabida a otras opiniones o ideas. Repetir e imponer hace que los niños o niñas -sobre todo los adolescentes- dejen de escuchar o se pongan a la defensiva o se sientan resentidos. • Interrupciones. Cuando los hijos o hijas estén hablando, los padres y madres deben darles la oportunidad de terminar lo que están diciendo antes de contestar. Es una regla de cortesía. Los niños que sienten que no son escuchados, pueden dejar de tratar de comunicarse con sus padres. • Críticas. Los padres y madres, no deben criticar globalmente los sentimientos, las opiniones o ideas de sus hijos o hijas. Cuando sea necesario, los padres deben criticar cierta conducta, o determinada idea, pero no criticar al niño mismo. A menudo los hijos miran esta crítica como un ataque a su amor propio. • Usar sarcasmo. Los padres o madres están usando sarcasmo cuando dicen algo que no quieren decir, o insinúan lo opuesto a lo que dicen por el tono de su voz. Un ejemplo sería un padre diciendo “¡Oh, qué gracioso eres!”, cuando un niño rompe algo. El sarcasmo hiere a los niños y nunca sirve cuando los padres tratan de comunicarse efectivamente con sus hijos. • Decir a sus hijos o hijas como resolver sus propios problemas. Esto sucede cuando los padres intervienen y les dicen a sus hijos como hacer las cosas, en lugar de dejarlos que busquen y encuentren soluciones a sus problemas. Los padres que dicen a sus hijos como resolver sus problemas, pueden hacerle creer que no tiene ningún control sobre su propia vida. • Humillar a los niños, haciéndoles sentirse menos. Las humillaciones toman diferentes formas, como nombres ofensivos, ridiculizar, culpabilizar, etc. Las humillaciones perjudican la buena comunicación, porque dañan el amor propio de los niños. Los niños que son humillados por sus padres a menudo se sienten rechazados, no amados, e incapaces. • Mentir. No importa que la tentación de inventar una mentira sea grande para evitar, por ejemplo, hablar del sexo, los padres 2


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nunca deben mentir. Deberían tratar de ser francos y honestos con sus hijos. Esto hará que sus hijos también sean francos y honestos con sus padres. Además, los niños son muy perspicaces. Son muy buenos para presentir si sus padres son totalmente honestos con ellos. Mentir puede causar desconfianza.

!Lo cierto es que reprimir de continuo la

actividad del niño con el miedo o castigos en la primera niñez es negativo, hasta tal punto, que como dice Selma F. “las rígidas prohibiciones para tocar objetos pueden conducir a una mutilación de la inteligencia y de su funcionamiento y hasta una inhabilidad para adquirir el lenguaje hablado”. Es decir, como padres y madres se debe comprender que en la niñez las actividades corporales son una necesidad vital y si se le impide a hacerlo se creará una irritabilidad de carácter (llanto, berrinches, chantajes, etc.).

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Sin embargo, los padres dicen una cosa y luego hacen otra. ¡Desoladora verdad!

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-Vamos, hijo. (El niño no viene. No tiene ningún interés en seguir a papá o mamá). Entonces le dicen: -Pues ahí te quedas. (Se lo dicen con resolución, pensando que al marcharse no querrá quedarse solo y acabará siguiéndolos). Es posible que corra tras de sus papás si de verdad se van, sobro todo, si es muy pequeño o si tiene un gran apego hacia ellos.

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Pero también es muy probable que no los siga, que cumpla con su decisión y se quede dónde está. De hecho, cuando dominan la semántica del lenguaje son muy dados a obedecer con radicalidad el significado escueto de las palabras.

!Piensa que lo que han dicho sus padres refuerza lo que él quería: quedarse. Sabemos que ellos lo decían con la intención de que fuera al verlos desaparecer. Pero no. La intencionalidad de sus palabras produce en su hijo el efecto contrario que solicitaron.

!En ocasiones, a la hora de juzgar no lo hacemos a la ligera, si lo

piensas detenidamente, la culpa es tuya: has empleado unas palabras inadecuadas para lograr tu propósito. Has dicho justo la frase que refuerza la posición de tu hijo: “pues ahí te quedas”. ¡Y eso es lo que tu hijo quiere: quedarse! Has expresado una decisión que nunca cumplirías: abandonar a tu hijo, dejarle solo. Lo ves, tus palabras son una orden utópica, sabes que nunca la cumplirías.

!Seguro que ahora, reflexionando, estás de acuerdo. Sí padre, sí madre; a veces al utilizar el lenguaje con nuestros hijos, decimos una cosa y se entiende o actúa otra. Y lo curioso es que nos 3


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creemos dueños de todos los trucos verbales para convencer a nuestros hijos, pero la mayoría de las veces caemos presos en ellos.

!Le has dado una orden y eres tú la o el que no lo cumples. ¿Qué puede pensar tu hijo? En otras ocasiones similares, ¿Te creerá? !Hay muchas situaciones, semejantes al

ejemplo utilizado, en las que los padres metemos la pata hasta el fondo. Unas sin darnos cuenta (inconsciencias). Otras conscientemente, amparados en nuestra impunidad, abusando de la “pequeñez” de nuestros hijos. Pero tanto en unas como en otras, estamos engañando al niño (acto gravísimo), lo miremos como lo miremos. Al respecto, Fitzhugh Dodson dice “nunca des a un niño una orden ni le exijas nada que no estés dispuesta(o) a obligarle a ejecutar”. Es decir, el niño o niña aprende incesantemente, pero no necesariamente lo que los padres quieren enseñarle de forma intencional. Es de todos sabido que la relación enseñanza-aprendizaje no siempre es lineal ni directa: no todo lo que se enseña se aprende, y a veces, se aprenden cosas que no se han pretendido enseñar.

!El niño desde que nace es una esponja. Y una forma esencial que

utiliza para aprender es la imitación. Los niños tienen como modelos a los padres, a las personas más cercanas de su entorno y a sus iguales, los niños imitan hasta lo que no se quiere. Captan con suma facilidad: gestos, posturas, acciones, reacciones, expresiones, entonaciones, etc. Y claro, no siempre se quedan con lo que nos gustaría, más bien, imitan lo que no les hemos enseñado directamente (poseen una innata facilidad para esto).

!Es evidente que los padres tenemos que cuidar, ante los niños,

mucho más nuestros actos y nuestro lenguaje. Selma F. apunta un ejemplo: si un padre o madre “pierde con frecuencia la calma y se deja arrastrar a menudo por su propio temperamento, no puede ofrecer su propia conducta como un ejemplo para un niño pequeño, necesita controlar antes el suyo”.

!Por lo tanto, ningún padre debe quejarse si su hijo dice palabrotas,

grita o es agresivo cuando todo esto lo ha observado en casa. Los hijos son un espejo de cómo es la familia. Los niños aprenden lo que viven, resume maravillosamente la autora y con palabras que todos entendemos la teoría del aprendizaje social.

!-“Que no grites, hijo”, exige un padre al hijo. !¿Y qué contesta el hijo de 4 años? !

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-“¿Y tú porqué me gritas? Cuando dejes tú de gritar lo haré yo”.

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Educación ¿De Padres a Hijos?