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29 de Septiembre de 2011 Boletín de prensa El Dr. Jorge Alonso recibe el premio Jalisco por sus aportes a las ciencias sociales y se solidariza con la lucha de la Comunidad indígena de Mezcala denunciando el despojo y la represión de que es objeto por el Estado y el capital; además hizo entrega de su reconocimiento económico a los comuneros que están enfrentado una injusta persecución por defender su historia, su tierra y su autonomía. Reproducimos a continuación el discurso que hace algunas horas el Dr. Jorge Alonso leyó frente al gobernador y las autoridades de los poderes constitucionales. Mucho agradeceríamos la difusión de este documento. _____

Señor Gobernador, organizadores de esta entrega del Premio Jalisco, quienes están recibiendo dicho premio, y asistentes a este acto. Me puse a indagar, y la premiación más antigua con la que me encontré fue la decidida por la suerte. Se sabe que en 1850 antes de Cristo el imperio babilónico se vio en la necesidad de reglamentar los juegos de azar. Por otra parte, uno de los primeros registros de una actividad de 1


premiación correspondiente a acciones destacadas data del siglo VIII antes de Cristo en Grecia, y tenía que ver con actividades deportivas. También me topé con el hecho de que el conductismo ha aprovechado la predisposición vital a conseguir una recompensa por determinados comportamientos, pero afortunadamente existen también tendencias desinteresadas y solidarias que no se sujetan a premios y castigos. La información sobre premios se hizo abundante en épocas recientes en las que se han ido galardonando muchísimas actividades humanas: no sólo las deportivas y literarias, sino también las científicas, humanistas, cinematográficas, periodísticas, cívicas, laborales, culturales, etc. El Premio Jalisco, que tiene una amplia gama en sus reconocimientos, ya es sexagenario. Sería un atrevimiento imperdonable que insinuara que hablo en nombre de los que han sido premiados en esta ceremonia con el Premio Jalisco, pues no nos reunimos previamente; pero no creo faltar a la verdad si digo que todos expresamos nuestro agradecimiento. Por mi parte me siento honrado de estar al lado de la reconocida ajedrecista Edith Xiomara García, de Iván Bautista Ávalos por su relevante actuación deportiva en los clavados, de Margarito Núñez Martínez por su importante obra artesanal, de Artemio González García por sus dotes literarias en la poesía, la narración y el teatro; de Leonor Montijo, concertista y eminente maestra de piano; de José Manuel Jurado Parres por su loable actuación universitaria; y de Fray Gabriel Chávez de la Mora por sus numerosas, admirables y bellas obras arquitectónicas. Una de las características del Premio Jalisco es la de reunir un conjunto plural y muy diverso de personas a quienes se les reconoce su trayectoria; pero también la de combinar lo individual con lo colectivo. En este año este premio se le otorga a la responsable de una organización que atiende a personas en riesgo; a la Delegación en Jalisco de la Cruz Roja que desde hace cien años presta su generoso servicio en nuestro Estado; y a la tapatía Cámara de Comercio por su organización del encuentro del Mariachi y por haber creado el Instituto Ignacio Dávila Garibi. Quiero aprovechar esta ocasión para ligar mi propia trayectoria con la de un colectivo jalisciense digno de reconocimiento: el pueblo originario de 2


Mezcala. Debo confesar que actualmente me encuentro en un proceso de revisión intelectual, y que entre los colectivos que me han interpelado profundamente se encuentra la comunidad indígena de Mezcala. Hace más de tres años que me reúno con académicos y colectivos en un seminario sobre movimientos sociales en donde sus participantes me han conducido a replantearme interpretaciones insuficientes y a indagar perspectivas retadoras e innovadoras. La experiencia que más pistas me ha abierto es la del pueblo originario de Mezcala. Se trata de un núcleo indígena que lleva muchos siglos asentado en donde ahora se encuentra. Ha ido forjando una sólida identidad histórica, en la que los acontecimientos pasados no están cerrados en sí mismos, sino que interactúan dinámicamente en su presente, con lo que realiza una síntesis genética entre diacronía y sincronía. Desde hace mucho ha resistido diversos intentos de despojo, y ha sabido mantener y cuidar su territorio. En la guerra de independencia combatió durante muchos años, y heroicamente contribuyó a construir uno de los episodios más admirables de esa época. Eso le ha merecido que su lucha se encuentre con letras doradas en el Congreso estatal y que en los actos que celebran el grito de independencia haya gobernantes que le den un lugar especial, como el que realmente se forjó en esa gesta primordial para la historia patria. Los actuales auténticos comuneros de Mezcala saben que sus ancestros les susurran a diario que mantengan con honor las tierras por las que dieron su vida. Sería una gran incongruencia enaltecer a los que entonces lucharon y atentar contra sus descendientes. Tenemos que disolver la contradicción de honrar a los indígenas ya muertos, que encerramos en narraciones y en museos, y vilipendiar a los indígenas vivos. El pueblo originario de Mezcala se encuentra ahora ante uno de los asedios más duros e injustos que intenta despojarlo de sus tierras comunales y de su legítimo derecho a su autonomía. Desde hace diez años tiene interpuesto un juicio en contra de una invasión, pero los argumentos jurídicos agrarios bien fundados no han sido atendidos. El invasor, con apoyos políticos cómplices y corruptos, ha escalado la agresión, ha armado a un grupo paramilitar que no sólo pone en riesgo la 3


vida de comuneros, sino que constituye una situación sumamente peligrosa para la seguridad regional. Otro agravio ha sido la injusta orden de aprehensión contra una decena de comuneros. El invasor violó la ley al poner en otro sitio de las tierras comunales un aparato para usurpar agua de la comunidad. Varios comuneros acatando una orden de la asamblea, que es la autoridad comunal, fueron a defender su territorio y su agua y desmontaron el artefacto que fue colocado en terrenos que les pertenecen. En lugar de que el invasor responda por esos actos ilegales, se ha torcido la legalidad en perjuicio de dichos comuneros con graves violaciones al debido proceso, a la seguridad jurídica y al resto de garantías judiciales. Se han vulnerado también los derechos humanos de los comuneros y el derecho agrario. Resulta muy indignante que se proteja al agresor, y que los agredidos, encima, sean hostigados. Pero quienes pretenden despojar de sus tierras comunales al pueblo originario de Mezcala han abierto otros frentes con la complicidad de una funcionaria de la Procuraduría agraria la cual, extralimitando sus atribuciones, impunemente ha estado manipulando las asambleas para hacer una elección fraudulenta y para presionar a favor del invasor. Si no se produjeran tantas afrentas e iniquidades, podríamos pensar que hay autoridades que nos presentan una escenificación bufa del fin que justifica los medios, donde los medios obviamente no son éticos, pero los fines tampoco son loables, pues sin investigar lo más mínimo, siguiendo consignas corruptas, hay rapidez mañosa en consignar y encarcelar inocentes, mientras hay pereza e ineptitud para atrapar a los verdaderos criminales. Si ya es sumamente grave que lo estatal se supedite a los poderes fácticos, es todavía más escandaloso que se ponga al servicio de las alevosías de un particular. La situación de Mezcala y sus implicaciones han sido puntualizadas y denunciadas en este mes de septiembre por el pronunciamiento del Primer Encuentro de antropólogos brasileños y mexicanos que se difundió nacional e internacionalmente; por otro pronunciamiento hecho por el Congreso Nacional Indígena; por los documentos hechos públicos por el Centro de Justicia para la Paz y el Desarrollo, y por los editorialistas Jorge 4


Narro, Augusto Chacón, Jorge Rocha, Diego Petersen Elisa Cárdenas y Alberto Aziz (con quien escribí el libro México: una democracia vulnerada). El Consejo Consultivo de la Comisión Estatal Indígena se ha pronunciado enérgicamente en contra de la persecución e intimidación que funcionarios de diversos órdenes y niveles estatales están realizando en contra de la comunidad de Mezcala; ha exigido que se retiren las injustas y viciadas órdenes de aprehensión giradas contra diez comuneros que están defendiendo el territorio de la comunidad, su autonomía, su cultura y su historia. Nuestro país se está resquebrajando por tanta injusticia, violencia e impunidad. El año de 2011 se ha caracterizado mundialmente por la multiplicación y propagación de manifestaciones de indignación contra diversas injusticias, y estos movimientos han estallado por circunstancias emblemáticas similares a lo que aquí sucede en Mezcala. No podemos quedarnos callados ante la criminalización, persecución y hostigamiento de los actos de defensa de los bienes comunes. En este ambiente de premiaciones individuales y colectivas me permito entregar mi reconocimiento económico a Vicente Paredes, uno de los comuneros que está sufriendo esta gran injusticia por defender las tierras comunales, y quien ha sido un articulista en la Revista del CIESAS que yo dirijo y la cual se encuentra reconocida por una quincena de índices académicos internacionales; y lo hago para que los comuneros injustamente perseguidos lo usen en su propia defensa, en el resguardo de la historia viva de su colectividad, y en la salvaguarda de las tierras comunales de Mezcala. Jalisco debería estar orgulloso del pueblo originario de Mezcala, no nos convirtamos en cómplices del intrincado anudamiento de violencias que está padeciendo.

Muchas gracias. Jorge Alonso

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El Dr. Jorge Alonso recibe el Premio Jalisco y se solidariza con la lucha de la comunidad de Mezcala