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Gustavo Salazar (Editor) Madrid 2009


CÉSAR E. ARROYO

Gustavo Salazar (Editor)

Madrid 2009 (Serie: Cuadernos “A Pie de Página” Nº. 2)


Cubierta: Firma de Arroyo tomada de un documento de 1934. Caricatura de Arroyo elaborada por Kanela (Carlos Andrade Moscoso) en 1924, tomada de la revista mensual Ecuatorial. n. 6, Ambato, mayo 1924, dirigida por César E. Arroyo. Imagen editada por Giovanny Chicaiza en 2003. Contratapa: Fotografía de Arroyo c. a. 1929, tomada de Una bellísima novela ecuatoriana: Lorenzo Cilda por Víctor Manuel Rendón. (Marsella, 1930), de Arroyo. © 2009 Gustavo Salazar correo electrónico: gustavosalazarc@hotmail.com tel.: (00) (34) 661769613 web: www.salazargustavo.com

© 2009 María Rosa Arroyo Rubio

CRÉDITOS DE LAS ILUSTRACIONES Y LOS DOCUMENTOS.

De las 29 reproducciones, salvo la que va en la cubierta (no numerada), la 12, la 15, la 16, la 19, la 27 y la 28, todas han sido tomadas de los originales del Archivo de César E. Arroyo, en poder de sus herederos. Caricatura (No numerada) Biblioteca Ecuatoriana Aurelio Espinosa Pólit, en Quito. 12 – 15 – 16 – 27 – 28 Hemeroteca Municipal de Madrid. 19 Capilla Alfonsina, en México.

Gustavo Salazar tiene el placer de remitirle un ejemplar de esta edición no venal, numerada de 100 ejemplares como presente de año nuevo para el 2010.

Ejemplar Nº

…………..

Para ……………………………………………………………


En homenaje a cuatro generaciones de mujeres vinculadas al escritor: Doña Lola Rubio, en sus 96 años, María Rosa Arroyo Rubio, Mariana Rodríguez Arroyo y Esther Mora Rodríguez, nuera, nieta, bisnieta y tataranieta de César E. Arroyo.

Y a mi hija Sofía, como siempre


LIMINAR

Y es que negar una tradición, o no tiene sentido, o no es más que la primera mitad de la verdadera revolución. Lo que importa es reinterpretar, volver a admirar de otro modo lo que ya nadie sentía siquiera, a fuerza de figurarse que lo admiraba. Alfonso Reyes. “Apuntes sobre Azorín” Hace un par de décadas algunos de mis amigos, ávidos lectores de autores contemporáneos, argüían que en el Ecuador carecíamos de una tradición literaria, tal afirmación lo único que evidenció fue su desconocimiento o ignorancia, el desconocimiento de algo no quiere decir que no exista ¿verdad?, ya que si nuestra tradición, no es tan rica o variada como es su deseo, tenemos autores que cumplieron cabal papel dentro de lo que les toco asumir como escritores o difusores de la cultura ecuatoriana. César E. Arroyo, nacido en 1886, es uno de esos personajes. Inició sus colaboraciones literarias en publicaciones de corte modernista de Quito; su vida cambió al trasladarse a España en 1912. Ya radicado en la península escribió crónicas para los periódicos ecuatorianos El Día y El Comercio, dedicadas a su percepción cotidiana con la columna “Mirando a España”1, en donde pasó revista a los acontecimientos culturales que presenció: el teatro de Benavente, Unamuno o Galdós; las instituciones culturales madrileñas, que a su modo de ver eran modélicas para aplicarlas en el Ecuador: el Ateneo, la Residencia de Estudiantes o la Biblioteca Nacional; acerca de sus clásicos: Bécquer, Larra, Galdós o relata la visita a la casa de Felipe Trigo, tras su suicidio; no descuida referirse a los toreros Machaquito o el Bombita, o la fascinación que ejercieron sobre él los cuadros de Velázquez. En 1914, Arroyo fue nombrado Cónsul en Vigo, y hasta 1937, año de su muerte, desempeñó el mismo cargo en otros destinos: Madrid, Santander, México, Marsella, Lima, Ginebra y Cádiz. Hacia 1991 en Quito, en medio de mis investigaciones literarias, localicé una revista española que registraba como director a César E. Arroyo; pese a mis esfuerzos, sólo logré ubicar cinco números, creí que la inclusión de su nombre en ella podía obedecer a compromiso, gentileza o camaradería hacia un diplomático sudamericano, pero a mi llegada a Madrid tuve la suerte de conocer a la heredera de Arroyo, su nieta María Rosa –quien me prodigó su amistad apenas nos vimos, así es ella–, exhumamos carpetas, sobres, maletas y papeles y hallé material que replanteaba la trascendencia de este escritor en la cultura ecuatoriana y sus vínculos dentro de la tradición literaria hispanoamericana; y luego revisé la colección completa, salvo algunas páginas, de los 47 números de la revista Cervantes (1916-1920), que reposa en microfilm en la Hemeroteca Municipal de Madrid, y un número (1917), fuera de colección, que se conserva en el Ateneo de Madrid; pausadamente preparo un volumen acerca de esta 1

Bajo este título recojo en un volumen algunas de las crónicas y otros ensayos de Arroyo para publicar el año próximo.


revista: sus tres etapas, sus varios directores, sus tendencias literarias y la estrecha relación de Arroyo con ella, que evidencio con algunos documentos, hasta hoy, inéditos. De su etapa madrileña, un contemporáneo del escritor ecuatoriano, registró la siguiente anécdota: Valle-Inclán, reunido con sus acólitos en su famosa tertulia literaria, rememoraba por enésima vez la última versión de la causa de la pérdida de su mano, según éste, sucedió por tener amoríos con la mujer de un filipino, quien enterado de la afrenta, armado de un sable alcanzó a mutilar al atrevido, prometiendo que la próxima vez que lo vea, no sólo sería la mano…, cuando por la calle de enfrente venía Arroyo, que como fervoroso admirador suyo, al ver al escritor se acercó vociferando: ¡Don Ramón! ¡Don Ramón!... entonces el autor de Luces de bohemia, cerró su historia gritando ¡Ahí viene el filipino!..., mientras corría en sentido contrario. Como se podrá comprobar, este “cuaderno” es una primicia desde las reseñas que lo abren, ya que el libro de Juan Montalvo, Sus mejores prosas (1919), no registra en ninguna parte del volumen que fuera compilado por Arroyo, dos novedosas –no por nuevas, sino por desconocidas– apreciaciones lo corroboran, la de Alfonso Reyes sobre todo, que, a mi modo de ver, vale por algunos ‘estudios’ dedicados a Montalvo. Un libro de sustancial importancia en la bibliografía ecuatoriana de principios del XX, Parnaso ecuatoriano (1920), cuya cubierta y portada registran a José Brissa como responsable, y desde 1993, un profesor venezolano se lo atribuyó al curioso personaje Rafael Bolívar Coronado, en base a supuestos y a alguna afirmación epistolar del vate venezolano, más los testimonios de su viuda, décadas después de su muerte; versiones que puedo desvirtuar, gracias al descubrimiento de documentos que demuestran que Arroyo preparó el volumen con la colaboración de Gonzalo Zaldumbide entre otros. Epígono del Modernismo, su primer libro: Retablo (1920), es la recopilación de unas preciosas crónicas suyas aparecidas, entre 1913 y 1919, varias de ellas en la revista Cervantes. A éste le seguirán otros libros acerca de temas que le fueron caros: España, México, Francia o Ecuador. Dos trabajos quedaron inconclusos e inéditos, con interesantes prólogos de José Vasconcelos y Gabriela Mistral, este último lo reproduzco en las páginas siguientes. Entre 1925 y 1931 como Cónsul del Ecuador en Marsella, convirtió su residencia en cita obligada para los intelectuales hispanoamericanos, sus convidados constantes fueron Gabriela Mistral, Jorge Carrera Andrade, Manuel Ugarte, Benjamín Carrión, Carlos Pellicer, Palma Guillén y José Vasconcelos entre otros, reproduzco algunos testimonios que dan cuenta de su calidad de anfitrión. En sus tres cortas estadías en el Ecuador, Arroyo realizó extraordinarios trabajos de difusión y promoción de la literatura y autores extranjeros con quienes tuvo trato, en 1917, de su paso por la capital azteca, preparó una sección titulada: “Galería de modernos poetas mexicanos”, en donde dedicó valoraciones a la obra de Nervo, Tablada, Icaza, Urbina, etc., además de integrarse con las jóvenes generaciones ecuatorianas; en 1922-1924 llegó para hablar de las vanguardias y sus autores en lengua española: Creacionismo y Ultraísmo, Huidobro, Tablada, Cansinos Assens, Gómez de la Serna y Gerardo Diego, dirigió la revista ambateña Ecuatorial; y en 1932, siendo profesor de Literatura española en la Universidad Central del Ecuador y Censor del Teatro Sucre de Quito, fue jurado en un concurso de música nacional, que premió a la


jovencita, que llegó a ser una de las voces emblemáticas de la música popular ecuatoriana: Carlota Jaramillo; dirigió la revista El Día Literario, en donde como primicia publicó el capítulo inicial de Vida del ahorcado de Pablo Palacio, en mayo de 1931. A través de algunos de los documentos que incluyo, podemos confirmar que Arroyo estuvo vinculado a la generación literaria que le vino a la zaga, tuvo amistad con Hugo Alemán, Raúl y Carlos (Kanela) Andrade, Humberto Salvador, Augusto Arias, Hugo Moncayo y Pablo Palacio, aparte de los mencionados en párrafos anteriores; en su paso por Guayaquil al Consulado en Lima, parece que trabó contacto con los narradores Enrique Gil Gilbert y Demetrio Aguilera Malta. Aquí leeremos la divertida historia del gato Solovino relatada por Manuel Ugarte, aunque no tan amenamente como la escuché por vez primera de labios de doña Lola en 2001, la nuera del autor del Ensayo sobre Lope de Vega. El sexto capítulo de Manuel Ugarte (1931), “Paréntesis de discrepancia”, a su aparición, actualizó la discusión acerca del uso de los términos “Hispanoamérica” o “Latinoamérica” –para terciar en la polémica no faltó la inclusión desde otras latitudes del vocablo “Indoamérica” –, que tuvo sus defensores y detractores en los años veinte; planteamiento que incluye a Arroyo dentro de los ensayistas en busca de la identidad de esta zona geográfica. Aquí nos encontramos con las opiniones de los franceses: Francis de Miomandre y Marcel Brion, y la lacónica pero lúcida defensa de la opinión de Arroyo realizada por Jorge Carrera Andrade, este apartado concluye con una emotiva valoración de nuestro escritor por Alejandro Carrión. Su labor diplomática a la par que sus funciones de difusor de las culturas de los países en donde representó al Ecuador le hizo merecedor en 1931 de las “Palmas Académicas de Francia”, sobre todo por su serie “Las catedrales de Francia”, que recogió en volumen en 1933. En reconocimiento a su filohispanismo, el gobierno republicano de Niceto Alcalá Zamora, le concedió en 1932 la medalla de la Orden de Isabel la Católica. Una parte sustancial de este volumen lo forma la selección de cartas que reproduzco de importantes escritores de principios del siglo XX: Benavente, Zaldumbide, Nervo, Tablada, Cansinos Assens, Carrión, González-Blanco, Urbina, Cejador, Torres Bodet, Mistral y Salvador; de Alberto Guillén no reproduzco ninguna, ya que las publicará próximamente mi colega y amigo Carlos García (Hamburg). Añado dos desconocidas fotografías en grupo –que incluyen a Arroyo–, que tienen como protagonistas a: escritores mexicanos reunidos delante del Lago de Xochimilco en homenaje a Villaespesa (1917), y escritores españoles en la celebración del estreno de la ópera “El Avapiés” (1919), en la botillería de Pombo, con Rafael Cansinos Assens y Ramón Gómez de la Serna, entre otros y las cubiertas de libros con dedicatorias de importantes escritores iberoamericanos: Gerardo Diego, Jaime Torres Bodet, Raúl Andrade y Aguilera Malta; incluyo dos sonetos: el uno de Medardo Ángel Silva, dedicado por el guayaquileño al quiteño y el otro del novelesco personaje español Pedro Luis de Gálvez, cuyo motivo de composición es el propio Arroyo; una nota manuscrita –probablemente de puño y letra– del destacado pintor ecuatoriano Camilo Egas y dos breves reseñas del cronista consagradas a la revista La Idea y al primer


poemario de Gonzalo Escudero: Poemas de arte (1919). Y finalizo con el artículo que publiqué en el 2003, “César E. Arroyo y la revista Cervantes (1916-1920)”, que por razones editoriales apareció bajo el título: “Revista Cervantes y el Ecuador”. A lo largo de la lectura de este cuaderno quizás surgirán algunas preguntas: ¿Quién fue, quién es Arroyo? luego ¿Vale la pena leerlo? ¿Arroyo es parte de la tradición cultural ecuatoriana? ¿un “clásico redivivo” a lo Azorín?, o ¿un “clásico de traje gris” a lo Trapiello?, teniendo en cuenta su obra periodística y ensayística, vemos que engarza claramente en la corriente intelectual que a lo largo del siglo XX, se preguntó acerca de la identidad y el destino de esta zona cultural y geográfica del orbe occidental; en conclusión, me inclino a pensar, que es –utilizando la acepción de Octavio Paz– un vaso comunicante de nuestra cultura y tradición. Poco puedo añadir a esta escueta presentación, prefiero invitar al benévolo lector a disfrutar del volumen y que saque sus propias conclusiones.

AGRADECIMIENTOS Deseo consignar mi agradecimiento a personas y a instituciones que han contribuido a llevar a buen término este trabajo y a los amigos, en primer lugar a los herederos del archivo particular de César E. Arroyo –en Meco (Madrid)–, su nieta María Rosa Arroyo, su nuera doña Lola Rubio y sus bisnietos Mariana y Emilio Rodríguez Arroyo, por su confianza plena, que me ha permitido volver una y otra vez a revisar los documentos; a Renán Flores Jaramillo, por contactarme con esta familia; a Luis Rivadeneira en el Centro Cultural Benjamín Carrión y a Wilson Vega y Vega de la Biblioteca Ecuatoriana Aurelio Espinosa Pólit, ambas en Quito, por la constancia en el envío de material bibliográfico; a Pedro Calvo Sotelo, por su cariño invariable por el Ecuador, a Iñaki González Casasnovas, de la Fundación Tavera, a Carlos García, en Hamburgo, colega y generoso amigo pendiente de mis trabajos, a Giovanny Chicaiza y Henry Aguilar por su asesoramiento para este siempre aprendiz de “informatizado”, y al Cónsul General del Ecuador en Madrid, don Gustavo Mateus. A mi familia: mi madre María Calle y mis hermanos Verónica, Cecilia y Eduardo. A mis afectos en el Ecuador: Susana Salvador, María Augusta Hidalgo, Raúl Serrano, Eduardo Proaño, Edgar Freire, Javier Vásconez, Raúl Pacheco, Galo Polo y Simón Espinosa Cordero; aquí a los amigos en Madrid: Gladys Vera, Gladys Jácome, Roberto Santillán, Kléber Suárez, Carmen Recalde y Leopoldo Rovayo; a Rita, mi mujer por aguantar todavía a este “monseñor bibliotecario”. A la Hemeroteca Municipal, la Biblioteca Nacional, la Biblioteca Hispánica de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo y al Ateneo, todos ellos en Madrid. A Alicia Reyes por la autorización para reproducir la postal remitida por Arroyo a Alfonso Reyes, que reposa en la Capilla Alfonsina, en México y a la Señorita Celia Zaldumbide, directora de la Fundación Zaldumbide Rosales, en Quito. Madrid, 28 de agosto de 2009 Gustavo Salazar Calle


ALGUNAS OPINIONES ACERCA DE CÉSAR E. ARROYO Y SU OBRA

Guillermo de Torre∗

Reseña Juan Montalvo. Sus mejores prosas. Editorial Hispánica, 1919. Uno de los primeros volúmenes que llega a nosotros de esta flamante editorial –a la que auguramos grandes éxitos por su excelente criterio seleccionador– es una selección admirablemente realizada por nuestro querido compañero de redacción, el prestigioso literato ecuatoriano César E. Arroyo, de las prosas selectas de su eximio compatriota, el llorado Juan Montalvo. La trascendencia literaria de este volumen –en el que aparecen algunas páginas inéditas del gran escritor por el buen gusto que preside en la selección y la magna difusión de que Montalvo goza en América, alto y sereno en la noble trilogía de genios desaparecidos: Montalvo, Darío y Rodó– es innecesaria subrayarla. José Enrique Rodó, en su libro Cinco ensayos y en el dedicado a Montalvo, interpretó grandiosamente el valor, la reciedumbre y la probidad que encerraban las doctrinas del magno ecuatoriano. Vargas Vila, por su parte, siempre admirable, caudaloso y polirrítmico, dice en las palabras preliminares de este volumen: “Era excelso entre los excelsos. Ocupaba la cima de los grandes espíritus. Confinaba por un lado con los grandes espíritus y, por otro, con las multitudes. Era clásico como Desmoulins, y rudo como Marat. Era austero y tumultuoso. Predecía e insultaba. Todo en él era olímpico: el dicterio y el canto. Nadie ha escrito mejor que él la lengua española en la América latina”. Tales cualidades de estilo y tales resplandores ideológicos, son las características de capítulos como “Los héroes de la emancipación americana”, “Capítulo que se le olvidó a Cervantes” y “De la risa”, que harán que este libro se difunda y sea unánimemente elogiado en uno y otro continente.

Guillermo de Torre. “Bibliografía: Juan Montalvo. Sus mejores prosas.- Editorial Hispánica, 1919. Selección de César E. Arroyo. Palabras preliminares de Vargas Vila”. Cervantes. [s.a.][s.n.]. Madrid. mar. 1919. pp. 149-150. Guillermo de Torre (1900-1971). Ensayista y crítico literario español, en su juventud colaboró en la tercera etapa de la revista Cervantes; creador del Ultraísmo, movimiento vanguardista español, apadrinado por Cansinos Assens en la mencionada publicación. Obras: Literaturas europeas de vanguardia (1925), Problemática de la literatura (1951), Las metamorfosis de Proteo (1956), Historias de las literaturas de vanguardia (1965) y Ultraísmo, existencialismo y objetivismo en literatura (1968), etc.


Alfonso Reyes∗

Reseña Juan Montalvo. Sus mejores prosas, (seguidas de algunos inéditos). Madrid, Editorial Hispánica, 1919. 8º, 192 págs. (Biblioteca de Escritores de la Raza).

Comienza aquí una nueva biblioteca, dirigida por César E. Arroyo, escritor ecuatoriano que, sin duda, quiso cumplir un deber espiritual consagrando el primer volumen a la primera figura literaria de su patria. Contiene el volumen: “Los héroes de la emancipación americana”, “Bolívar y Napoleón”, “Bolívar y Washington”, “Viajes: Poesía de los moros; Córdoba, la gran mezquita”, “Méjico”, “Capítulo que se le olvidó a Cervantes”. Inéditos: “De la risa” y “Diario íntimo” (París, 1870). Hace poco tiempo, un par de años, en la Colección “Cervantes”, se publicó la Geometría moral de Montalvo, suponemos que por inspiración del mismo señor Arroyo, si no fue por indicación del poeta mexicano Luis G. Urbina. Con todo, la nueva literatura de España, resueltamente apartada de las tradiciones de la prosa abundante, no parece haber sentido ninguna curiosidad hacia Montalvo. Además la joven España comienza a conocer a la joven América, pero no a la América del pasado, y así, la revista bonaerense Nosotros ha puesto en un verdadero aprieto a los escritores peninsulares al preguntarles cuál de los “maestros” de América es el que prefieren. La campaña editorial de Blanco-Fombona ha contribuido, sin duda, a aclarar un poco esa niebla; hoy hablan de Sarmiento quienes lo ignoraban hace cinco años. Pero la abundancia misma de libros americanos ha desconcertado un poco a este público, que no peca de muy aficionado a leer ni muy afecto a poner la conciencia a prueba de nuevos conocimientos. Montalvo, “el sagitario liberal” del Ecuador –como se lo ha llamado–, escribía hace más de medio siglo. En su mentalidad se notan, sin duda, los defectos del liberalismo pueril de la época; pero tan agigantados al toque de su magno poder artístico, que ya no parecen errores, sino creaciones fantásticas con derecho a una vida superior, en el puro mundo de la estética. En su estilo hay los consabidos defectos de la oratoria grandilocuente; pero si en la mayoría de los escritores solemos notar, a título de excepción, los aciertos verbales que nos parecen definitivos, en Montalvo nos encontramos con que hay que marcar, a título de excepción –una vez cada cinco o seis páginas–, los momentos de descuido verbal. Es que Montalvo, como decía Rodó, ponía en el arte literario el celoso amor y los cuidados de un culto religioso. Es que Montalvo poseía el admirable don de no dormirse sobre ninguna palabra. En sus páginas están ∗

Alfonso Reyes. “Libros y revistas. Juan Montalvo. Sus mejores prosas”. El Sol. año 3. n. 505. Madrid. 24 abr. 1919. p.12. Cuando Reyes recogió este texto: “Sobre Montalvo”, en la primera serie de Simpatías y diferencias (1921), eliminó toda referencia a Arroyo. Alfonso Reyes (1889-1959). Ensayista, poeta, polígrafo y diplomático mexicano. Uno de los más importantes escritores de la lengua española en el siglo XX. Obras: Cuestiones estéticas (1911), Visión de Anáhuac (1916) e Ifigenia cruel (1923); de sus Obras completas, hasta el momento se han publicado 26 volúmenes y una buena cantidad de epistolarios, que no acaban de aparecer; el próximo año publicaré A media correspondencia: Cartas entre Alfonso Reyes y Gonzalo Zaldumbide (1923-1957).


vivas, palpitan y centellean, todas las letras. Su oído era finísimo. Leerlo en voz alta es dar una fiesta a los sentimientos naturales del ritmo. América –con Montalvo y con José Martí– “descubrió” a Gracián antes que España. La música de timbrazos de Gracián y los redobles y el tamborileo de Quevedo parecen sonar en la prosa de Montalvo. Algunos pasajes, sin exageración ninguna, pueden soportar la comparación con los de los maestros clásicos. Rodó ha dicho que en la personalidad de Montalvo se reúnen “el don de uno de los artífices más altos que hayan trabajado en el mundo la lengua de Quevedo, y la fe de uno de los caracteres más constantes que hayan profesado en América el amor de[sic] la libertad”. Menéndez y Pelayo habla de él con unas reservas que de por sí son harto elocuentes; refiriéndose a otros prosistas ecuatorianos, dice que a esos nombres “hay que añadir ‘ya’, con las necesarias reservas de ortodoxia y de gusto, el del sofista agudo e ingeniosísimo, y brillante y castizo, ‘aunque’ abigarrado y algo pedantesco prosista Juan Montalvo”. Rodó, para quien Montalvo es, sin duda, un antecedente necesario, lo considera como un fruto de la armonía entre la inspiración y el arte, entre el don y el saber. Sarmiento –dice– era genial, pero no muy culto, y de gusto semibárbaro. Bello era, al contrario, un maestro de maestros de la cultura, pero le faltaba aliento creador. Quien haya leído el ensayo de Rodó que vengo citando, sabe ya lo que Rodó debía a Montalvo. Pero Montalvo, aunque escritor de “gran conciencia del estilo”, lleno de gran saber erudito en su arte de hacer la prosa –saber que, desbordándose, lo llevó a veces a jugueteos y restauraciones como Los capítulos que se le olvidaron a Cervantes–, hacía con los sentidos y para los sentidos lo que Rodó hace con la razón, la ecuanimidad y el sentimiento poético; Montalvo es gigantesco y Rodó es perfecto. ¡Qué antología de la prosa americana nos podían dar los editores! ¡Bello, Sarmiento, Montalvo, Rodó, Martí, Ignacio Ramírez, Justo Sierra, Hostos, Díaz Rodríquez, Uresta y tantos que dejo de citar!


UN PRÓLOGO

1. Página inicial del prólogo de Gabriela Mistral (de su puño y letra), al inédito El libro de la tierra de Arroyo.


Gabriela Mistral∗

Pasión agraria En su casa, clara y amplia, con amplitud de casa española, de la Marsella solar, conversamos, buena parte del año, con este César Arroyo, agrarista de vocación y burócrata consular por accidente. A cada nuevo viaje mío él me dice: ‘El libro sobre la tierra ya tiene dos capítulos más’. Le brillan los ojos de la pasión que ha adoptado, busca sus papeles y se sienta a leerme las páginas que yo no conozco, con un entusiasmo a lo Soto y Gama2 casado con la tierra... Si existe varón pacífico en la América de la guerrilla impenitente, donde llega a confundirse el adjetivo viril con el sustantivo matón, Arroyo es la muestra más inmediata de tal criatura: tan bueno que parece fábula él entero, con su fe loca en los excelentes, con su falta absoluta de sentido crítico, que no es sino voluntad de aceptar y de absolver a quien se le acerca, con su entusiasmo blanco de espumas lujosas. Zaldumbide, en el prólogo de su primer libro –Retablo– ha hablado largamente de la capacidad de fervor que hay en César Arroyo. Nació así, así llegó a la literatura, hizo vida literaria –lo cual significa que conoció monstruos y entre ellos algunas medusas, como el buen buzo– y se quedó igual, ardiendo de ilusiones sobre la bondad roussoniana del prójimo. Es una reserva –la palabra se usa en el sentido forestal– de buena fe, de certidumbre de bien, que en las horas malas beneficia a los que el pesimismo empieza a agarrotar. Después de una hora de conversación, se funde de nuevo en el que lo oye el corazón empedernido. Zaldumbide esperó hallar algunos gramos de sabiduría escéptica en el Arroyo treintañero. Estaba íntegro en su infancia voluntaria de corazón. A los sesenta años le dará a él, y me dará a mí, el mismo pasmo. Yo lo presenté alguna vez diciendo: ‘El hombre más bueno de la América’. Como los niños, suele jugar al ‘coco’. Y en una o en dos partes de este libro habla de ‘la revolución social que vamos a hacer’. Yo leo y me sonrío. Al primer saqueo y a la primera ‘degollina’ de rebeldes, Arroyo se apartaría con asco de la comparsa. Él juega con la palabra porque la palabra no se ve costrosa de sangre y de pus como el suceso mismo. Las palabras, planeando sobre los hechos, se quedan enjutas y él las mira como a la gaviota que hizo festín de carne podrida, y vuela después limpia sobre la ola. ∗

Gabriela Mistral. “Pasión agraria”. Repertorio Americano. t. 18. n. 6. San José. 9 feb. 1929. pp. 82-83. Gabriela Mistral (1889-1957). Pseudónimo de la escritora y maestra chilena Lucila Godoy. El dolor y el amor son las constantes de su poesía. Su prosa, aunque poco difundida, es también de una gran maestría. Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1945. Obras: Desolación (1922), Ternura (1924), Tala (1938) y Lagar (1954). Preparo un volumen con su importante correspondencia con: Gonzalo Zaldumbide, César E. Arroyo, Benjamín Carrión, Jorge Carrera Andrade, Adelaida Velasco Galdós y Augusto Arias. 2 Leader agrarista mexicano. NOTA DE GABRIELA MISTRAL.


Del libro que sigue, tan lírico, a pesar del asunto económico, no va a salir una revuelta de indios. Puede salir, en cambio, la formación de un partido agrarista en su tierra y en las nuestras. Alguna vez han de dar signo de sí y echar vagido esas masas campesinas que hacen horizonte como la hierba, y que siguen allá, ausentes de la acción política. ‘Indios o campesinos mestizos están representados indirectamente en las Cámaras’, se dice. Los representa el capataz; toma su nombre el mestizo, a veces los detesta y siempre los desprecia; el capitalismo limeño, quiteño o santiaguino, hace que hace por ellos. No hay, entre lotes de desventura, que son tantas en este mundo labrado célula a célula para la desgracia, no hay lote como el inquilinaje nuestro. Desgracias que el campesino se da: –alcoholismo, pereza, indiferencia, suciedad– desgracias que le dan: el salario impío, el atropello cotidiano y diverso, en la propiedad (cuando la tiene) en la ciudadanía (si vota); en la mujer y la hija, en la fe, en cuanto asoma en él y que por parecer ejercicio de hombre libre, se castiga y se quiebra, para envilecerlo junto con hambrearlo. Si nosotros tuviéramos un Dostoievski, ellos serían, los indios y los mestizos del campo, quienes le dictaran sus “humillados y ofendidos”. Contar la experiencia india desde los aztecas y los chibchas hasta los “libertadores”, que no libertaron sino capitales y dejaron intacta la vergüenza del campo, sería escribir un tratado de nuestra crueldad china y deshacer los nervios del lector más robusto. Algún día se ha de escribir, fuera de todo aspaviento de adjetivo, porque el asunto no necesita sino la expresión escueta, este recitado de la barbarie rural, que comenzó el Padre Las Casas y que los jacobinos humanitaristas no han sido capaces de continuar en el punto en que él lo dejara. La obra agrarista de Arroyo está fuera de carácter técnico. Estas páginas señalan solamente con un gesto generoso, hacia donde hay que volver el ojo distraído y la voluntad sin objeto preciso. El obrero industrial acapara toda la atención de los llamados partidos democráticos en esos países. Se le adula, porque él, gracias a una relativa libertad de sufragio en las ciudades, puede hacer senadores o, al menos, diputados. Del campesino, en Chile y en otros países, nadie se acuerda. Y esto muestra bastante la calidad de la conciencia y la sinceridad democráticas de los candidatos. La clase campesina comprende un 50%, un 70%, un 80% formidables en aquellas poblaciones. No se puede olvidar eso, vivir al margen de semejante hecho, por ignorancia, si no por malicia, bizca y perversa. Así vivimos. Cada candidato busca su prestigio, prepara su mise en scene con unas cuantas ostentosas obras públicas en las grandes ciudades, con algunos artículos atrevidos –que no se cumplen– de un Código de trabajo; con organizaciones de educación que se quedan en lo urbano y no trepan a la sierra, zona del indio y el mosquito; con algunos espejuelos ridículos de “libertades electorales”. El indio se queda sin suelo, sin herramientas y sin educación agrícola; le dejan el alcoholismo y la coca,


para que desaparezca por su voluntad y sin reproche para el blanco; le dejan, sin tocárselos, los hábitos de suciedad y de riña, los de brutalidad para la familia, y los de fatalismo. Reciben, si les llegan, los peores maestros; en la policía, el carabinero peor, en la justicia, el patrón rural mismo, si no el mayordomo. Porque la República ha creado una burocracia vil de maestros normales que detesta la escuela rural y se acomoda en las urbanas creando casta, y la educación gratuita –que le pagaron los impuestos–, no le empuja a servir donde se le necesite sino donde su apetito se arrellana. Y la normalista no hace más que el hombre, aunque le complazcan tanto los discursos de reparto de premios en que se llama “madre patria” entre otras finezas... De esta manera nuestras “democracias” han tratado el campo del cual viven en buena parte. (¿No es Ecuador el cacao y Cuba la caña?). En la Provenza bien repartida, como tierra francesa, donde un canal riega diez mil huertos y el aceite y la almendra esenciales salen de doscientos mil predios, mi amigo y yo recordamos la perversidad necia –porque ni siquiera es afortunada– de nuestro latifundio. Donde no se envidia, se llora de impotencia. ¿Qué somos él y yo para convencer a nuestros capitanes políticos de que la Colonia era latifundio y que no hemos salido de la Colonia? ¿De dónde sacamos garra de concepto y fuerza de miedo –que es la única que allá vale– para convencerlos de que sólo la propiedad numerosa puede salvarnos de un comunismo tártaro? La riqueza sudamericana tiene no sé qué de embrutecedor en su exceso y su falta de información del mundo, quiere hacer que retroceda la marejada del descontento sin perder nada en la transacción con el descontento. El campesino francés cuando dice “mi país” no aúpa metáfora. Posee un pedazo de colina, de llanura y de quebrada; llama patria el conjunto de predios verdes en que hay uno donde él poda el olivo propio y riega la hortaliza de que comen sus niños; nombra al decir Francia una red de riqueza en que lo suyo es uno de los nudos; menciona un sistema político que lo obliga a lealtad porque lo ha apaciguado con equidades. La cosa más concreta y más inmediata, la que forma abrazo casi carnal en torno suyo es la patria. País del hijo y país del huerto que sustenta al hijo; después, país de la historia que ha rasguñado con garra ese suelo y, después de esto, la sensibilidad colectiva, la manera de rostro y de acento que esa historia misma ha ido labrando en la criatura. Esto es patria para un campesino de esta Francia honesta, hidalga y sensatamente dividida. Yo no comento las demás partes de esta obra. No sé nada del petróleo, del caucho, etc. Nací en el campo; lo he buscado después forzadamente, cuando vivía en las ciudades, para seguir en contacto vital con él y conozco, como la belleza, la tragedia del campo chileno. La ecuatoriana debe ser semejante.


Yo agradezco a César Arroyo la pasión agraria, como si con ella me defendiera a los míos y me acariciara el corazón. Ocuparse de la América en país de sensibilidad y disfrute como es Francia para el extranjero con renta, prueba una lealtad sin quebradura a su tierra. Significa ejercicio de ciudadanía a la distancia, ausencia militante. Todo ello es, en buenas cuentas, angustia por nuestra suerte y apetito de honra colectiva; remordimiento de hombre justo comprometido, sin quererlo, en la injusticia común.

2. Página final (autografiada) del prólogo de Gabriela Mistral, al inédito El libro de la tierra de Arroyo.


Francis de Miomandre∗

Manuel Ugarte “Querelles de mots” (Revues et journaux de l’Amérique Latine). Revue de l’Amérique Latine. pp. 173-175. [La vie en Amérique Latine].

Après tant d’autres, M. César Arroyo part en guerre, dans Cervantes, de Bogotá, contre la dénomination d’Amérique Latine. Il veut qu’on dise Amérique Espagnole. Et il entend prouver qu’à part lÈspagne, les autres nations latines n’ont rien fair pour les pays hispano-américains et, le plus naïvement du monde, il évalue le montat de leur dette vis-à-vis de l’Italie, de la France, du Portugal, et… de la Roumanie. Cette adjonction de la Romanie montre bien que M. Arroyo ne comprend pas le sens des mots. Il n’a jamais été question, pour aucune des nations latines européennes, de revendiquer vuelque droit que ce sois, fût-ce moral, sur l’Amérique Latine, et d’enlever à l’Espagne la gloire qui lui revient. Lorsqu’on parle d’Amérique Latine on entend par là l’Amérique composée des pays de formation et de culture anglo-saxonnes. Les pays hispanoaméricains sont des nations latines au même titre que l’Espagne elle-même. Aussi ne peut-on que hausser les épaules lorsqu’on voit M. Arroyo écrire: “Cette fiction d’Amérique Latine a été inventée dernièrement par la France et par l’Italie pour enleyer à l’Espagne la palme inmarcesible d’avoir découvert et forgé l’Amérique, en la rendant apte à une civilisation intégrale.” On croit rêver lorsqu’on lit plus loin que M. Arroyo estime que “l’action et l’influence de la France dans notre Amérique ont été néfastes”, et lorsqu’on voit les raisons qu’il en donne. Il est regrettable, en effet, que Napoléon ait vendu la Louisiane aux Etats-Unis, mais c’est tout à fait en dehors de la question. D’ailleurs la France aurait sans doute fini par la perdre. Mais comment concevoir qu’on puisse reprocher à la Déclaration des Droits de l’Homme d’avoir manqué absolument de signification économique? Outre qu’une déclaration de principe ne peut pas éter en même temps un programme économique et financier, il faut connaitre bien superficiellement l’histoire de la fin du xviiiª et du début du xixª siècle pour dire que la Révolution française méconnaissant les questions économiques. N’est-elle pas, au contraire, presque uniquement basée sur des questions de liberté de comerse? Et si les idées libérales

Francis de Miomandre. “Querelles de mots” (Revues et journaux de l’Amérique Latine). Revue de l’Amérique Latine. [s.n.]. [1931]. pp. 173-175. [Sección La vie en Amérique Latine]. Francis de Miomandre (1880-1959). Hispanista, ensayista y traductor francés. Premio Goncourt en 1908. Tradujo al francés: Vingt-quatre sonnets [1921] de Luis de Góngora, Quelques poèmes (1925) de Mariano Brull, Danger de mort… (1926) de Ventura García Calderón, Journal d’une demoiselle que s’ennuie [fragmento] (1926) y Mémoires de Maman Blanche (1929) de Teresa de la Parra, América (1935) de José Martí, Don Quichotte de la Manche (1935) de Miguel de Cervantes, Contes nègres de Cuba (1936) de Lydia Cabrera, Don Casmurro (1936) de Joaquim Machado de Assis, Légendes du Guatémala (1932) y Le Pape vert [1956] de Miguel Ángel Asturias, Zalacain l’aventurier [1943] de Pío Baroja, Poèmes choisis (1946) de Gabriela Mistral (Prólogo de Paul Valéry), Contes de la forêt vierge [s.a] de Horacio Quiroga, algunos ensayos de Alfonso Reyes y tengo entendido que una selección de Essais de Juan Montalvo.


françaises séduisirent si facilement les Hispano-Américains, c’est parce qu’elles leur apportaient cette liberté du comerse que l’Espagne refusait de leur donner. Il faudrait réfuter une à une la plupart des assertions de M. Arroyo, qui, mélangeant la politique, les questions économiques et la littérature, conclut que: “La France a clarifié notre pensée, mais, d’autre part, a gravement compromis notre évolution politique pour avoir été la cause immédiate de l’indépendance prématurée qui, si elle donna naissance à l’épopée bolivarienne forma une mosaïque de demi-nations à l’histoire tragique et perpétuellement angoissée, au lieu de la plus grande nation intégrale qui ne manquerait pas d’avoir maintenant rien moins que l’hégémonie du Monde.” On pourrit souvenir tout aussi bien que si l’Amérique espágnole a eu jamais une chance de former une seule nation, c’était bien au moment où elles se révoltèrent et où chacune des vice-royautés ne possédait pas encore une véritable nationalité et que, si la libération s’était faite cinquante ans plus tard, elle aurait été encore moins posible. De toutes façons, je ne vois pas l’intérêt de meter à l’une ou à l’autre nation des reproches de ce genre et des responsbilités théoriques. Personne ne songe à nier les liens qui rattachent les pays hispano-américains à l’Espagne et à les soustraire à son influence. Mais comme la dénomination d’Amérique espagnole ne conviene pasa u Brasil, on est bien obligé d’employer la dénomination d’Amérique Latine qui, plus générale, englobe tous les pas de culture latine. M. Arroyo devrait d’autant mieux le comprendre qu’il fair partie, je crois, de l’Association de la Presse Latine!


Marcel Brion∗

Manuel Ugarte “L’actualité littéraire à l’étranger”

Dans un petit volume qui n’a d’autre prétention que de saluer, en hommage à ses noces d’argent littéraires, le grand écrivain argentin Manuel Ugarte, M. Cesar E. Arroyo trace une remarquable étude du romancier et du sociologue. L’écrivain qui, dans tous ses livres, a donné une image si vivante de l’activité sud-américaine et que les plus nobles préoccupations sociales ont incliné vers tous les grands problèmes qui inquiètent le monde moderne, nous adresse un message qui dépasse considérablement les frontières de son pays et même de sa langue. Dans ce livre magnifique et tragique El destino de un continente dont M. Francis de Miomandre disait très justement qu’il devrait éter traduit, ou, du moins, résumé dans toutes les langues de l’Europe, Manuel Ugarte a opuse un des plus généreux cris d’alarme que nous entendus. C’est à juste titre que M. Arroyo intitule un de ses chapitres: “L’Apôtre de l’Amérique hispanique”. Manuel Ugarte, en effet, est un de ces penseurs qui, par la puissance de leur esprit et l’énergie de leur caractère, deviennent des chefs, des conducteurs de peuples. Son biographe, en contraste avec la vigueur de cette volonté combative et de ce talent toujours ardent, a foro bien décrit la simplicité de sa vie intime, les heures laborieuses passées à s atable de travail, les joies simples de ses délassements. Ce petit volume qui a pour but de donner un bref porrait de l’homme et une esquisse de l’écrivain, est très complet, cependant, en ce sens que M. Arroyo a mis dans ce Manuel Ugarte (Le Livre Libre, Paris) toute la ferveur de sons admiration et de sa sympathie, et magistralement résumé les raisons que nous avons de nous intéresser à une ouvre dont la probité, la force, l’authenticité imposent l’attention et le respect.

[Les Nouvelles Littéraires, París, 1931].

Marcel Brion. “L’Actualité littéraire a l’Etrenger”. [s. n.] [1931]. [comenta entre otras obras Manuel Ugarte de Arroyo]. Marcel Brion (1895-1984). Ensayista, historiador y biógrafo francés, miembro de la Academia Francesa. Son clásicas sus biografías de: Bartholomé de las Casas “Pére des Indiens” [1927], La vie d’Attila (1928), Bosch (1938), Savonarole, le héraut de Dieu (1948), Mozart (1956), Léonard de Vinci (1959), Jean-Sébastien Bach (1963), Maquiavelo, Goethe, Lorenzo el magnífico, Miguel Ángel y Ticiano.


Jorge Carrera Andrade∗

Reseña Manuel Ugarte, por César E. Arroyo.- Editorial Le Livre Libre.Después de numerosos ensayos, una novela corta, algunas conferencias literarias, una fantasía política. –México en 1935– y sus interpretaciones poemáticas del arte gótico, aparecidas periódicamente en la buena prensa con el título de Catedrales de Francia, César E. Arroyo nos da ahora estos valiosos elementos de biografía. Arroyo no es un desconocido en el mundo literario de habla española, pues en otro tiempo sembró innumerables simpatías en el hogar intelectual madrileño y orientó su cultura por rutas paralelas a las de notables escritores y poetas peninsulares, entre los cuales recordamos a Cansinos Assens –el inolvidable autor de El divino fracaso y del vanguardista Candelabro de los siete brazos–, con el que compartió la dirección de la revista Cervantes, de grata memoria, y a Francisco Villaespesa, el lírico trashumante, repatriado por la República y acogido hace algunos meses con vítores y luces de verbena. De su vida española, de su admiración por la cultura peninsular y de su amor por el idioma castellano, César E. Arroyo ha extraído toda una doctrina generosa que se siente palpitar en todos sus libros, sin excluir este Manuel Ugarte. En el capítulo llamado “Paréntesis de discrepancia”, alienta con todo su fervor este españolismo del escritor ecuatorial que quisiera la “restauración del orbe panhispánico”, a base de una federación espiritual de todos los pueblos de la raza. Gran sueño que no sabemos si algún día se convertirá en realidad. Manuel Ugarte y su obra merecen éste y otros libros de apología. El apóstol severo que ha puesto en pie la conciencia de un continente, dándole el alerta del centinela que adivina en la sombra el avance enemigo, guiándole por los más seguros derroteros y señalándole la meta de su destino, está con justicia al lado de esos mentores de América que se llaman, Sarmiento, Montalvo, González Prada, Bilbao y Rodó. Consciente de la actual etapa histórica del mundo, Ugarte ha interrogado con noble inquietud los horizontes políticos y sociales de nuestro tiempo y ha sumado a su campaña antiimperialista la preocupación de la lucha económica, que es el imperativo máximo del siglo en que vivimos. Así le vemos hombrearse con Barbusse, Einstein, el católico y revolucionario Unamuno, Gorki y otros, al frente de Le Monde, tribuna del pensamiento libre universal. Ugarte es el auténtico representativo de la América indoespañola. Sobre todo, es un ejemplo de constancia, de fidelidad a las ideas, de amor a la humanidad oprimida, a la que quisiera ver para siempre emancipada sobre las tierras del Nuevo Mundo. En este libro del escritor ecuatoriano César E. Arroyo, como en sus anteriores, la prosa es dinámica, pura, caudalosa, como una corriente cristalina hecha para mover el molino quijotesco de las grandes ideologías. ∗

Jorge Carrera Andrade. “Libros hispanoamericanos. Manuel Ugarte, por César E. Arroyo.- Editorial ‘Le Livre Libre’.-París”. Colón. Barcelona. abr. 1932. Jorge Carrera Andrade (1903-1979). Escritor y diplomático ecuatoriano. Es el poeta más representativo de nuestro país. Obras: en poesía son Registro del mundo (1940), Lugar de origen (1945), Hombre planetario (1959), etc.; y en prosa La tierra siempre verde (1955), Galería de místicos e insurgentes (1959) y El camino del sol (1959). En 1970 publicó su autobiografía El volcán y el colibrí. Fue director de la revista Letras del Ecuador y vicepresidente de La Casa de la Cultura Ecuatoriana; su carrera diplomática duró desde 1933 hasta1965.


José Vasconcelos∗

Marsella

Por pura influencia del Baedeker, más bien dicho, de las Guides Bleus, de Francia, me detuve a visitar a Carcasona, la ciudad medieval convertida en museo sobre la altiva colina, mientras abajo la ciudad nueva desarrolla sus factorías, cultiva sus campos. Lección para nosotros esta de la ciudad doble, la antigua, en su sitio, conservada con amor, y la nueva, creciendo próspera y vigorosa. Con revolucionarios como los nuestros no habría quedado allí muro en pie ni torre sin derribar. El esfuerzo que no saben gastar en construir lo gastan nuestros generales presidentes y generales gobernadores, en echar abajo paredes; así desmantelaron a Campeche; así se ha destruido tanta reliquia de historia y de arte. Y no es que en Francia no haya habido revoluciones. Allí están los letreros de Igualdad, Libertad, Fraternidad, sobre el escudo de la Alcaldía; pero eso no quita que los castillos, las murallas, los miradores, sigan erguidos. Sólo el imbécil se ensaña contra las cosas. El hombre creador respeta todo lo que representa todo humano esfuerzo y procura conservarlo. Una ciudad cercada de murallas es tesoro que produce rentas de turismo, aparte de cosa de arte. El pretexto que entre nosotros se esgrime, de ensanchar avenidas para las exigencias del progreso, es vanagloria estúpida; el progreso no derriba: construye ciudad nueva, si hace falta y es verdadero progreso. Vale la pena Carcasona para el que dispone de tiempo y ha conocido ya muchos sitios, no para un viaje corto o primerizo. Más seductora es la visita a Arlés, donde se ven restos del románico más puro de Francia. En suma: entre Arlés, Carcasona y el teatro romano de Nimes, se me fueron diez días de no hablar con nadie. Así es que llegué ávido de conversación a Marsella, donde ya me esperaba mi amigo César Arroyo, cónsul del Ecuador en México en los días en que comencé a publicar La Antorcha y ahora comisionado en el primer puerto francés del Mediterráneo. Ni de paso me hubiera ocurrido quedarme en Marsella sin el azar de encontrarse allí César Arroyo. Pero ¿qué se hace con un amigo que os recibe enseñándoos vuestro retrato colocado en la oficina del consulado, porque una gloria de México lo es también del Ecuador? ¿Un amigo a quien podéis contar todas vuestras preocupaciones porque os escucha con la bondad que anticipa el perdón de las faltas? Por toda Marsella caminábamos, entrando a reposar en un café, frente a la copa de armagnac, mientras disertaba mi amigo sobre el gótico, acerca del cual preparaba estudios muy interesantes y originales. Mucho aprendí de César, que se había pasado en España no sé cuantos años ocupados sus ocios de cónsul de país pequeño, en observaciones concienzudas de ∗

José Vasconcelos. “[César E. Arroyo]”. “Marsella”. El desastre (Autobiografía). Obras Completas. México, Libreros Mexicanos, 1957. t. 1. pp. 1577-1578. [la edición original es de 1938]. José Vasconcelos (1882-1959). Pensador, ensayista y político mexicano. Desempeñó el cargo de rector de la Universidad de México y luego nombrado Secretario de Educación Pública, desde el cual realizó la transformación de la educación y la cultura en su país. Sus ideas acerca del mestizaje hispanoamericano las plasmó en La raza cósmica (1925); importante es su autobiografía en 5 volúmenes: Ulises criollo (1935), La tormenta (1936), El desastre (1938), El proconsulado (1939) y La flama (1959). Arroyo le dedicó el volumen anticipatorio: México en 1935: el presidente Vasconcelos (París, 1929).


arte. El físico humilde y aindiado de Arroyo escondía un alma grande y una intención pura. La lealtad para el amigo era en él cosa de religión. Uno de esos raros hombres que por exceso de bondad, no por insignificancia, se apagan para que el otro brille, se asocian a las penalidades, los triunfos del amigo. Ni el islote donde están las ruinas de la prisión que encerró al conde Montecristo, popularizado por Dumas, escapó a nuestra visita. Cada mañana, sin embargo, reñía con Cesarito. -¿Cómo soporta usted este hotel –le decía– y por qué me trajo a vivir en él? El primer día que allí pasé me despertó un tumulto callejero que me hizo pensar que había estallado una revolución. Situado en esquina de tráfico, el edificio retumbaba, se estremecía; pero no vi en la calle cosa alguna anormal. Aunque pareciese increíble, aquel inútil resonar de claxons, aquellos gritos y voces eran la ocurrencia cotidiana de la avenida. Ni en el noveno piso, a donde me cambiaron, se lograba un instante de calma. -Yo ya me acostumbré –afirmaba plácidamente César. Y para consolarme, después de un aperitivo de amer picón, especialidad marsellesa, me llevaba a los restaurantes del puerto, a orillas de la vía pública. Se come en ellos por todo lo que no se duerme en la ciudad. Con todo, la prodigiosa bouillabaise fina la probamos cuando llegó Manuel Ugarte. Cesarito se había empeñado en lograr nuestra reconciliación. La verdad es que apenas nos vimos nos dimos un buen abrazo. Pocos hombres conozco tan buenos, tan simpáticos, a la vez que inteligentes y bien educados. Y sibarita dentro de la sencillez, nos reveló el templo de la gula marsellesa. El restaurante Pascal, famoso en toda Francia por la cocina y por el nombre del filósofo que respondió a quien se asombraba de que fuese gourmet un sabio: -¿Te figuras tú que la buena comida se hizo para los tontos? Una semana más tarde nos hallábamos en Niza, Cesarito y yo, para pagarle a Manuel Ugarte su visita. Supe años más tarde que Ugarte, después de hablar conmigo, le había escrito a uno de sus amigos: “Ya está aquí otro expulsado de América porque le quiso hacer el bien”. Tal era el caso de Ugarte.


Manuel Ugarte∗

El gato intruso

Al recordar las supersticiones de Mariano Cornejo resurge, espigando en otro campo, la anécdota que voy a contar. El escritor ecuatoriano César Arroyo, que murió durante la revolución española, dejando libros interesantes y amigos fieles, entre estos últimos, José Vasconcelos, Gabriela Mistral y quien escribe estas líneas, ejercía, alrededor de 1925, funciones consulares en Marsella. El comedor de su casa era un cruce de caminos donde, después de viajes y ausencias, nos encontrábamos para exponer proyectos, hablar con fervor de nuestras repúblicas o jugar simplemente con las palabras, malabarismo de rigor en épocas de serenidad mundial, literatura ingeniosa y alegre juventud. Nos divertía sobre todo discutir el sentido de las palabras, tan inseguro y mudable en nuestra América, anarquizada desde hace años, casi tanto por el idioma como por la política. Sobre este tópico he insistido varias veces. El gran escritor chileno Joaquín Edwards Bello inventó en un diario de Santiago cierta sección que algunos llamaban Consultorio del sentido común –el menos común de todos, como aprendimos a decir en Francia–, y tuve el capricho de mandarle una carta, que llegó o no a su destino, en la cual sugería que los iberoamericanos debemos, por lo menos, ponernos de acuerdo sobre el significado de las palabras. Un chileno, le decía, que vuelve de Buenos Aires, me interroga, atónito, sobre la “percanta” que abandonó el “bulín” porque el “bacán” estaba “misho”. Un argentino regresa desconcertado porque en una “góndola” dos “cabras” no pudieron pagar por falta de “chauchas”. He recorrido nuestra América de norte a sur. En México, en Cuba, en Venezuela se oyen expresiones que no tienen curso en la república. Sin quererlo llegamos a decir candorosamente enormidades que desentonan. Esta nueva torre de Babel obligará en el porvenir a compilar diccionarios de modismo local y hasta vocabularios para uso del viajero, llamando la atención sobre las voces que debe olvidar mientras dure la estancia en esta capital o aquella zona, complicación susceptible de agravarse a medida que se enriquece el léxico hereje y se desarrolla el turismo continental. ¿Por qué no volvemos ∗

Manuel Ugarte. “El gato intruso”. El naufragio de los argonautas. Madrid, Imprenta “Prensa Española”, 1951. pp. 149-153. Manuel Ugarte (1878-1951). Escritor, pensador y diplomático argentino. Destacado defensor de la unión de Hispanoamérica en oposición a la tendencia imperialista de los Estados Unidos. Publicó entre otras: El porvenir de la América española (1910), Mi campaña hispanoamericana (1922) y El destino de un continente (1923). Arroyo le dedicó el estudio: Manuel Ugarte (París, 1931).


los ojos hacia nuestro buen castellano, rico en matices, en el cual se puede expresar todo? Pero después de volver los ojos hacia el idioma, volvamos también los ojos hacia el personaje que nos ocupa, es decir, hacia César Arroyo, que pese a sus fervores ecuatoriales, vivió en España mucho tiempo y fue en cierto modo un aprendiz académico. Reunámonos con él y gocemos de su buena hospitalidad. La vajilla podía ser precaria, pero nunca faltaron los mariscos tentadores, el pollo bien condimentado y el vino de buena cepa. A todo lo cual se unía el ambiente sin literatura que nos llevó a salvar a menudo en ferrocarril la distancia que separa a Niza de la desembocadura del Ródano. Y aquí aparece el gato que estaba encerrado y aquí empieza, por fin, la historia que quiero contar. Cierta vez, en un remanso de la conversación, Arroyo ofreció agua mineral a Vasconcelos, y éste, saboreando el buen pommard, formuló su profesión de fe: -Sólo vino... En ese momento advertimos que se adelantaba majestuosamente hacia la mesa un gato gris. -¿Cómo se llama? –preguntamos a Arroyo. -No es mío –repuso– ni sospecho de donde pudo venir; pero desde este instante lo adopto. ¿Qué nombre le damos? La elección fue fácil. El gato vino solo, en momentos en que uno de los comensales decía “sólo vino”. Solovino fue el nombre. Así tuvimos en la casa un nuevo contertulio que tomaba actitudes hieráticas y se dejaba acariciar, desdeñoso, penetrado de escepticismo, como si hubiera visto desfilar muchas generaciones de escritores. La fábula se confunde de tal suerte con la realidad, que nunca sabemos cuando estamos en la zona del ensueño o en el plano de la vida. Cada uno de nosotros embelleció la aventura con vistosos adjetivos. El gato fue pedante, filósofo, epicúreo, sensual. Procedió de una línea sagrada de Oriente, tuvo ondulaciones de serrallo, concretó la milenaria corporización de un fakir... No era más que un gato anónimo, que se escurrió por la puerta entreabierta. Pero la imaginación, que también suele ser un gato intruso, le atribuía significados, virtudes y predestinaciones que acabaron por convertirlo en mito. Y cuando el mito surge no hay límite. Cada vez que nos reuníamos estallaban nuevas amplificaciones. Magnate desdeñoso, monje austero, juglar engreído, cauteloso augur... -Tiene una estrella blanca en la frente...


-Añora sus montañas de coral... -Condensa eternidades en su filosofía escéptica... El felino nos miraba con ojos enigmáticos, se desperezaba sobre los cojines o arqueaba el lomo con delectación egoísta, sin disimular a veces su aburrimiento frente a tan desatinado fantasear. Pero un gato lleva siempre en sí la pila eléctrica que lo pone en contacto con lo desconocido. Nosotros no hacíamos más que captar las sugestiones que despierta en las almas el ritmo solapado del animal vibrante y misterioso que se acerca y huye, llevando o trayendo fluidos ajenos a la realidad habitual. Así se explica la decepción o, mejor dicho, la nueva inquietud que nos reservaba Solovino. Por aquel tiempo se ventilaba en Marsella el ruidoso proceso de un médico que asesinó en su consultorio a un cliente y disolvió, con ayuda de corrosivos, el cadáver en la bañera. El suceso espeluznante ocupó la crónica policial durante largos meses. Y en el curso de la complicada investigación, a la cual dieron los diarios impresionante publicidad, se reveló que el asesino tenía un gato y que a la hora del crimen ese gato llamó la atención de los vecinos con sus lamentos. De revelación en revelación, no tardamos en identificar a nuestro huésped, testigo ocular, que había huido, aterrado, después de la tragedia. Entre juguetón y receloso, Arroyo nos consultó: -¿Qué hacemos? La absolución fue unánime: -¿Qué culpa tiene? Claro está que se marchitaron los adjetivos. La fantasía perdió velocidad. Nos sentimos defraudados porque el héroe resbalaba hacia la infamia y el patíbulo. Pero como para la fantasía no hay descanso, desde ese instante descubrimos que en los ojos turbios del gato flotaba una chispa roja, como si rebotase en tristeza la salpicadura de sangre. La actitud esquiva fue interpretada piadosamente: -No puede olvidar la escena... -Desconfía de la humanidad... Por encima de las realidades, Solovino seguía siendo el espejo de nuestra vida interior. Porque desde tiempo inmemorial el gato y la nube ofrecieron un símbolo para todo lo que no podemos explicar.


Alejandro Carrión∗

Elogio de César Arroyo

Era la suya una prosa llena de sutil elegancia, de viejas palabras sabiamente remozadas, de brillantes colores, tropical y ágil, y con ella las letras ecuatorianas recibían una poderosa corriente de nuevas voces entroncadas con la más pura sabia castellana... Escribía sobre sus caminatas por el mundo, sobre los monumentos que los hombres desde la tierra oscura alzaron hacia el cielo, sobre los escritores que en libros inmortales levantaban palabras como catedrales, sobre los mundos de ideas y de gestos en que hundía sus ojos penetrantes, y hacía crítica y crónica de viaje y creaba belleza y explicaba verdad, y todo ello en una prosa que brillaba, que estaba cada día más llena de juventud y que continuamente cambiaba de ropaje. Así era César E. Arroyo, así era la obra que dejó para nosotros como herencia, antes de morir un 16 de junio, hace ya algunos años... Fue un viajero y su corazón lo llevó hacia las dos patrias espirituales de América: hacia la vieja España, áspera y dulce, entonces abierta de par en par al espíritu y a la inteligencia y en la cual él tenía un viejo amor por la obra de ese gigante genial que fue Galdós; y hacia la Francia leve, luminosa y profunda –Pascal y Marivaux–, en la cual vivió tanto tiempo, y a cuyas catedrales consagró uno de sus mejores libros. Y en todas partes, conservó siempre llameante en su alma grande ese amor acendrado y penetrante que por su Ecuador tenía, clavado como un dardo de fuego, desde el día de su nacimiento... Grande fue la influencia de Arroyo en nuestras letras. Sirvió de mucho su sed insaciable de diario descubrimiento, ese su buscar incansable de todos los días. Noticias inquietantes venían en sus cartas, en sus crónicas, en sus libros, latiendo al pulso de la hora del mundo. Su conversación, cuando venía a visitarnos, estaba llena de útil novedad. Y él estaba siempre cada día más joven, cada día más abierto a las nuevas voces, a las nuevas actitudes. Jamás edificó entre él y la juventud ese muro de incomprensión que, en realidad, sirve para saber si un escritor, si un artista, tiene o no tiene un alma grande. Él la tenía. Se la sentía, claramente, alentar siempre que con sus libros, sus crónicas o su persona se tocase. Aquí se lo quería inmensamente, y, cuando murió, todos supimos que su pérdida empobrecía nuestra República de las Letras en medida enorme. Generoso, libre, cordial, afable, inteligente, fino, culto, César E. Arroyo, a cuya memoria amable dedicamos estas líneas, fue uno de los mejores ciudadanos de su Patria, de esta Patria nuestra, a la cual sirvió con obra de belleza e inteligencia perdurable, que no hemos de olvidar. Y a esa memoria suya sean estas líneas inseguras y grises un tributo rendido “ex toto corde”. ∗

Alejandro Carrión. “Elogio de César Arroyo”. Letras del Ecuador. año 6. n. 68. Quito. jun. 1951. p. 3. Alejandro Carrión (1915-1992). Poeta, narrador y periodista ecuatoriano. Fundó junto a Pedro Jorge Vera la revista política La Calle en 1956. Dirigió la revista Letras del Ecuador, de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Obras: Poesía de la soledad y el deseo (1939), Los poetas quiteños de “El Ocioso en Faenza” (1957), La espina (1959) y Galería de retratos (1983), entre otras.


VARIAS CARTAS

3. Carta de Jacinto Benavente.


De Jacinto Benavente∗

[Madrid,] 7 de noviembre de 1913.

Señor don César E. Arroyo.

Distinguido señor: Agradezco con toda el alma su cariñosa crónica3, y me complazco en ofrecerme suyo muy atento, que tendrá a honor saludarle personalmente. Jacinto Benavente.

Jacinto Benavente (1866-1954). Dramaturgo español. Recibió el Premio Nobel de literatura en 1922. Escribió más de 100 obras, entre las que destacan: La noche del sábado (1903), Señora ama (1908) y La malquerida (1913) y sobre todo Los intereses creados (1907). 3 Probablemente el dramaturgo agradece, a través de esta carta, a Arroyo la crónica: “El arte de escribir, según Benavente”. El Comercio. Quito. [27 sep. 1913]. [firmado en Madrid, ago. 1913. Sobre la conferencia homónima de Benavente]. [Sección Mirando a España].


A Isaac J. Barrera∗ Madrid, 10 de julio de 1916. Señor don Isaac J. Barrera Quito Mi querido y recordado amigo: Desde hace muchos meses, muchos, no he vuelto a tener el gusto de recibir cartas suyas. Supongo que usted sí recibiría la mía de marzo, en la que le incluía unos originales de Villaespesa4. Letras5 recibo con regularidad. No puede imaginarse el placer que experimento al leer nuestra revista y, sobre todo, cuando oigo referirme a ella, [a] alguna alta personalidad, aquí. Es el espíritu, todo el espíritu nuestro, el que uno siente abrirse paso, y esto, en verdad, impresiona. El otro día, hablando con Amado Nervo, oí de sus labios los más calurosos elogios para Letras de Quito. Es muy posible que logremos colaboración inédita del gran poeta6. Mi conferencia, en el centenario de Cervantes, sobre la obra de Montalvo7 tuvo un éxito que yo nunca esperé. Aunque es difícil, quizá haya llegado a allá algún eco de ese acto. Ya sabía usted que, al fin, voy a regresar a la patria, y esta vez sí va de veras: tengo ya la licencia y el pasaje concedidos; pero no embarcaré para América sino hasta septiembre u octubre próximo8. Si usted me contesta enseguida, tengo tiempo de recibir su carta que puede dirigirme a Vigo9. La revista, ruego me sigan enviando, hasta que yo indique suspender. Enviándole un estrecho abrazo y esa crónica10 para Letras, se despide hasta pronto, su invariable amigo. César. ∗

Tomada de Epistolario a Isaac J. Barrera: recolección póstuma. Quito, Casa de la Cultura Ecuatoriana, 1981. pp. 130-131. Isaac J. Barrera (1884-1970). Ensayista, historiador y periodista ecuatoriano. Su obra más importante es la Historia de la literatura ecuatoriana (1953-1955). Junto a Alejandro Carrión preparó el volumen Diccionario de la literatura latinoamericana: Ecuador (Washington, 1962). 4 Gracias a las gestiones de Arroyo, de Villaespesa aparecieron dos colaboraciones en Letras. 5 Letras, revista literaria modernista, publicada en Quito. Aparecieron en total 51 números entre agosto de 1912 y enero de 1919. Fundada por Arturo Borja, Homero Viteri Lafronte e Isaac J. Barrera, éste último como su director. En 1993, el Banco Central del Ecuador recogió la colección íntegra en 5 tomos, más uno de estudios e índices, bajo la responsabilidad de Rafael Arias Michelena. 6 Arroyo contactó con Nervo en Madrid, de quien lamentablemente no obtuvo colaboraciones para la revista quiteña, aunque sí para la española: (“Del próximo libro Elevación”. Cervantes. n. 1. ago. 1916. pp. 92-93). 7 César E. Arroyo. “Cervantistas hispanoamericanos: la obra de Juan Montalvo”. Cervantes. año 1. n. 1. Madrid. ago. 1916. pp. 153-193. 8 A pesar del deseo imperioso de retornar al Ecuador, Arroyo realizó el viaje apenas en junio de 1917. 9 Desde 1913, Arroyo era Cónsul del Ecuador en Vigo, cargo que conservó hasta agosto de 1917. 10 César E. Arroyo. “En la Biblioteca Nacional”. Letras, año 5, n. 42, Quito, sep. 1916. pp. 161-168.


De Francisco Villaespesa∗ México, 26 de junio de 1917.

Señor don César E. Arroyo. Querido compadre: Por la presente queda usted autorizado para hacer toda clase de gestiones en Panamá y en el Ecuador, con el objeto de que pueda ir a esas repúblicas la Compañía Dramática que lleva mi nombre11. Lo mismo lo autorizo para lo que se relacione con la revista Cervantes y las publicaciones anexas a dicha revista12. Un millón de gracias y mande a su compadre, Francisco Villaespesa.

4. El poeta español Francisco Villaespesa (al fondo) en un banquete ofrecido en su honor, en (Xochimilco) México en 1917. Arroyo (en primer plano). ∗

Fragmento de una carta, tomado de un recorte de un periódico panameño, del cual carezco del pie de imprenta. Francisco Villaespesa (1877-1936). Poeta y dramaturgo español. Aunque hoy está olvidado, a principios del siglo XX, su prestigio se parangonó al de Juan Ramón Jiménez. Muy influido por la obra de Rubén Darío. Proverbial fue su afán de crear revistas, una de ellas fue Cervantes –de la cual fue su director– en su primera etapa (agosto 1916-septiembre 1917). Obras: La copa del rey de Thule (1900), Aben-Humeya (1913), Baladas de cetrería y otros poemas (1916), con prólogo de César E. Arroyo. Aparentemente el poeta almeriense fue padrino de bautizo de César Enrique (1914-1991), hijo del autor de Iris, lo que justificaría que varios poetas mexicanos tratasen de “compadrito” al escritor ecuatoriano, además que en su breve estadía en México lo creyeron secretario de tan reconocido acompañante. 11 Compañía Dramática de Villaespesa que recorrió varios países hispanoamericanos desde 1917, representando obras suyas. 12 La colección anexa a la revista Cervantes, de nombre homónimo, llegó a publicar 6 títulos: La cultura filosófica en España de José Ingenieros (1916); Bajo el sol y frente al mar de Luis G. Urbina (1916); Geometría moral de Juan Montalvo (1917); Gitanjali de Rabindranah Tagore (1917); El suicida de Alfonso Reyes (1917) e Historia de México de Justo Sierra (1917).


CONTRATO DE LA REVISTA CERVANTES

5. Contrato para la fundaci贸n de la Revista Hispano-americana Cervantes. Madrid 31 de marzo de 1918. (Su segunda 茅poca).


De Amado Nervo∗

[Membrete:] Legación de los Estados Unidos Mexicanos.

Madrid, 26 de abril de 1918.

Señor don César E. Arroyo etc., etc., etc Mi querido y fino amigo, Su artículo sobre mí13, es, como usted, sincero, noble y hermoso. No he de reprocharle yo su parcialidad en mi favor porque mi egoísmo me lo veda. Le envío mi último libro Plenitud14, y, por indicación de su autor, otro sobre mi persona15, y en breve le mandaré un pensamiento, solo un pensamiento, sobre Rodó16; el exceso de cosas diversas que tengo ahora entre manos me impide, contra mi voluntad, enviarle más sobre esta eminente personalidad17. Sabe cuánto le aprecia su amigo afectísimo.

Amado Nervo.

Amado Nervo (1870-1919). Poeta y diplomático mexicano. Una de las cumbres de la poesía modernista. Obras: Perlas negras (1896), Juana de Asbaje (1910), Serenidad (1912), Elevación (1916), La amada inmóvil (1922). 13 Seguramente Arroyo le envió el artículo que le dedicó a la obra del poeta mexicano, que se publicó después: “Modernos poetas mexicanos: Amado Nervo”. Cervantes. [s. a.] [s. n.] Madrid. sep. 1918. pp. 45-53; otro que escribió el ecuatoriano, fue el necrológico: “Amado Nervo”. Cervantes. [s. a.] [s. n.] Madrid. jun. 1919. pp. 124-130, que al final incluye algunos poemas del fallecido. 14 Amado Nervo. Plenitud. Madrid, Tip. Artística, 1918. 15 Probablemente se trate del volumen Amado Nervo de Eduardo de Ory. Cádiz, Ed. España y América, [1918]. 16 José Enrique Rodó (1871-1917). Ensayista uruguayo. La influencia de su obra fue determinante para la transformación de la prosa no narrativa en toda Hispanoamérica. Obras: Ariel (1900), Liberalismo y jacobinismo (1906), Motivos de Proteo (1909), El mirador de Próspero (1914) y Nuevos motivos de Proteo (1927). Uno de sus mayores exégetas fue Gonzalo Zaldumbide. José Enrique Rodó. Nueva York / París, Bailly-Baillière, 1918. 103 p. (Separata de la Revue Hispanique; 43). 17 Para conmemorar el año del fallecimiento del ensayista uruguayo, la revista Cervantes preparó el número de mayo de 1918 en su homenaje; el párrafo que envió Nervo se recogió, junto a los de otros autores, bajo el título “Opiniones”. Cervantes. [s. a.]. [s. n.] Madrid. may. 1918. p. 8.


De Andrés González-Blanco∗

[Madrid,] 7 de mayo de 1918.

César E. Arroyo. Señor Director de la Revista Cervantes Muy señor mío y distinguido compañero: Enterado de su amable carta del 28 de abril pasada –que recibo solamente hoy, caso insólito de retraso– le comunico que tendré sumo gusto en contribuir al homenaje en pro del inmortal y genial artista uruguayo José Enrique Rodó, escribiendo al efecto unas cuartillas inéditas18 que le enviaré mañana mismo por correo. Espero que al publicarse tendría usted la amabilidad de apuntarme en lista para recibir un ejemplar de ese número19 y en lo sucesivo tendré muy sincera satisfacción en recibir la Revista Cervantes, en la cual tendré a mucho honor colaborar. Con este motivo me ofrezco de usted muy afectísimo compañero y amigo q. e. s. m.

Andrés González-Blanco. s/c Monteleón 20 1º.

Andrés González-Blanco (1886-1924). Crítico literario, periodista y traductor español. Obras: Los contemporáneos [3 vol.] (1907, 1910 y 1911), Poemas de provincia y otros poemas (1910), Marcelino Menéndez y Pelayo (1912). Tradujo buena parte de la obra de Eça de Queiroz al español. Con Arroyo fue codirector de la revista Cervantes en su segunda etapa, juntos fueron responsables de los 9 números entre abril y diciembre de 1918. 18 Andrés González-Blanco. “José Enrique Rodó”. Cervantes. [s. a.] [s. n.] Madrid. may. 1918. pp. 55-62. 19 Mediante carta del 10 de mayo de 1918, González Blanco le envió a Arroyo las cuartillas acerca de Rodó.


De Julio Cejador y Frauca∗

[Membrete: Ateneo Científico Literario y Artístico. Madrid]

Madrid, 19 de julio de 1918.

Señor don César E. Arroyo.

Muy señor mío y amigo: He visto en Cervantes mi nota20; pero lo he visto en escaparates. ¿Cómo no me envía un ejemplar así como los siguientes? Envíeme la nota suya bibliográfica para ponerle en mi Historia de la literatura castellana.21 Afectísimo amigo

Julio Cejador y Frauca.

Julio Cejador y Frauca (1864-1927). Filólogo e historiador de la literatura española. Jesuita secular, profesor de latín. Obras: La lengua de Cervantes (1905-1906), Historia de la lengua y literatura castellana (1915-1920), en 14 volúmenes; realizó ediciones anotadas y estudios sobre el Arcipreste de Hita, Los sueños de Quevedo, el Lazarillo de Tormes, La Celestina y Mateo Alemán, entre otros. 20 Las líneas de Cejador sobre Rodó están recogidas, junto a las de otros autores, bajo el título “Opiniones”. Cervantes. [s. a.] [s. n.] Madrid. may. 1918. pp. 12-13. 21 Julio Cejador y Frauca. “Césare Arroyo”. Historia de la lengua y literatura castellana, t. XIV, Madrid, Publicación de la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 1922, p. 9.


EN EL CAFÉ POMBO∗

6. Fotografía tomada por Vidal, en el Café Pombo el 4 de abril de 1919, días después del estreno de la ópera en 3 actos El avapiés22, en El Palacio Real de Madrid. De las 55 personas que aparecen, hemos identificado a las siguientes: 1. Rafael Cansinos Assens, 2. César E. Arroyo, 3. Ángel Barrios, 4. Conrado del Campo, 5. Tomás Borrás y 6. RAMÓN Gómez de la Serna23.

Café, Botillería o la Sagrada Cripta de Pombo. Famoso café madrileño ubicado en la calle Carretas, número 4, que en 1912 Ramón Gómez de la Serna (1888-1963), convirtió en su centro de operaciones sabatinas, al instalar allí su velada literaria hasta 1937 –cuando la dejó definitivamente por el inicio de la Guerra Civil española–, al salir al exilio a Argentina. En su ausencia, alguno de sus acólitos se empeñó en mantenerla, hasta que desapareció definitivamente en 1942. Es clásico el cuadro que pintó Gutiérrez Solana en 1920 La tertulia del café Pombo, que se conserva en el Museo Reina Sofía. RAMÓN le dedicó un par de volúmenes: Pombo (1918) y La sagrada cripta de Pombo (1924). Es lamentable que no se conserve la lista de la infinidad de visitantes de la tradicional tertulia, sé que varios ecuatorianos pasaron por allí, al menos la fotografía que reproduzco confirma que Arroyo fue uno de ellos. 22 “En 1920 gano mis oposiciones a cátedra. Vengo desde entonces a Madrid cuando puedo, en vacaciones. El cuadro de Solana ya está entronizado. Maravilloso lienzo en el que figuran amigos que, uno por uno, merecían esa inmortalización. Entre ellos, el perfil de Tomás Borrás. Y al año siguiente el estreno de El Avapiés. Yo había aplaudido obras escénicas de Tomás, pero en la nueva apuesta se jugaba algo todavía más serio, la posibilidad –por enésima vez– de la ópera española. Y nada menos que en el teatro Real. Borrás era autor del libreto. Conrado del Campo y Ángel Barrios de la partitura”, registra Gerardo Diego en: “Tomás Borrás”. Prosa literaria. vol. 3. Obras completas. tomo 8. Edición e introducción de José Luis Bernal. Madrid, Alfaguara, 2000. p. 173. Diego confunde fechas, la ópera se estrenó el 18 de marzo de 1919, comprensible error ya que dicha crónica data de 1976. 23 El 4 de abril de 1919, desde las 9 de la noche hasta las 2 de la madrugada, se celebró en el Café Pombo un banquete en homenaje a los autores de El avapiés; he hallado una lista de 42 personas presentes en el acto, que registro a continuación: Amadeu Vives, Enrique Fernández Arbós, Luis Bagaría, Julio Romero de Torres, Rogelio Villar, Luis Villa, Gregorio Martínez Sierra, Rafael Urbano, José Capuz, José y Rafael Bergamín, Manuel Abril, Antonio de las Heras, Luis Gabaldón y Blanco, Luis Paris, Antonio de Hoyos y Vinent, Mauricio López Roberts, Alfonso Hernández Catá, Paco Meana, José Tellaeche, Carlos Merino, Pedro Emilio Coll, Luis de Tapia, Mauricio Bacarisse, Luis Pascual Frutos, Santiago Vinardell Palau, Juan Tellería, Antonio Flores, Rafael de Reynot, Tomás Pellicer, José Robledano Torres, Mariano Espinosa, Vicente Arregui, Eduardo Yañez, Rafael Cansinos Assens, José Zamora, Manuel Cejador, Ricardo Villa, Joaquín Abati, Ramón López Montenegro, Salvador Bacarisse, Salvador Bartolozzi. Álvaro Retana, etc. Cfr. El Liberal. año 41. n. 14.250. Madrid. 6 abr. 1919. p. 2. Existe otra fotografía de los mismos asistentes tomada en la misma posición, con ligera variación de perspectiva, firmada por Salazar. (AMARA FTO.). Cfr. Mundo Gráfico. año 9. n. 389. Madrid. 9 abr. 1919. [p. 9].


Con Rafael Cansinos Assens∗ 1∗ Madrid, 14 de marzo de 1919.

Señor don Rafael Cansinos Assens Presente. Mi querido amigo y compañero: Me permito recordarle por medio de las presentes líneas el amable ofrecimiento que usted se sirvió hacerme, de escribir, para Cervantes, una nota bibliográfica, acerca del Rodó24 de Gonzalo Zaldumbide25. Se trata de un compromiso contraído con este distinguido camarada nuestro; y se lo pido a usted en la seguridad de ser atendido como un favor especial, que me anticipo en agradecer. Admirables sus poemas de Ultra26: los he saboreado con verdadera delectación. Le saludo efusivamente y me repito muy suyo devoto amigo y admirador q.b.s.m.

César E. Arroyo. s/c Jovellanos, 8. Portal izq. ∗

Rafael Cansinos Assens (1882-1964). Ensayista, crítico literario y traductor español. Su prestigio en Hispanoamérica durante décadas se debió a las versiones al español, para la editorial Aguilar, que realizó de las obras de: Balzac, Dostoievski y Goethe, entre otros. Obras: El divino fracaso (1918), El movimiento V. P. (1921), la actualización de su nombre se debe a la reciente publicación en tres volúmenes de La novela de un literato (1982-1996) en donde pasa revista a infinidad de personajes del mundo literario madrileño de las tres primeras décadas del siglo XX, que por momentos nos recuerda la iconoclastia del peruano Alberto Guillén en La linterna mágica (1921); su lectura resulta divertida e instructiva para quien tenga curiosidad acerca de aquella época. Junto con Arroyo codirigió la revista Cervantes en su tercera y última etapa, ambos fueron responsables de los 24 números aparecidos desde enero de 1919 hasta diciembre de 1920. ∗ Del importante archivo de Cansinos Assens, solamente se pueden consultar al día de hoy las correspondencias con César E. Arroyo, Gerardo Diego y Guillermo de Torre, de este último apareció recogida en volumen rigurosamente anotado por Carlos García. Correspondencia Rafael Cansinos Assens / Guillermo de Torre, 1916-1955, Madrid, Iberoamericana & Vervuert, 2004. Los originales de las cartas 1, 2, 3 y 5 de Arroyo al autor de El divino fracaso, se conservan en la Fundación Rafael Cansinos Assens –su reproducción está debidamente autorizada por los herederos de ambos escritores, tuvimos algo que ver con ella gracias a la gentileza de María Rosa Arroyo, nieta del ecuatoriano–, y las he tomado de su página web: http://www.cansinos.org/archivo/catalogo/epistolario/epis_detalle.php?epis_id=41; las cartas 4 y 6 se conservan en el archivo de los herederos de Arroyo, de quienes dispongo de la autorización para publicarlas. Las publicó, con ligeros errores de transcripción, Renán Flores Jaramillo. “César E. Arroyo o la sensibilidad humana literaria. Lo literario y lo humano”. Cultura. vol. 10, n. 28, Quito, may.-ago. 1982, p. 124. 24 Gonzalo Zaldumbide. José Enrique Rodó. Madrid, Editorial América, 1919. 189 p. 25 Rafael Cansinos Assens. “José Enrique Rodó, por Gonzalo Zaldumbide”. Cervantes. [s.a.]. [s.n.]. Madrid. feb. 1919. p. 126. [Sección: Bibliografía]. 26 Rafael Cansinos Assens. “Los poemas del Ultra”. Cervantes. [s.a.]. [s.n.]. Madrid. ene. 1919. pp. 5-7.


2 Madrid, 6 de julio de 1919. s/c Arrieta, 8.

Muy querido y admirado amigo y compañero: Por haber estado enfermo, no he podido asistir a nuestras últimas reuniones; y aunque ya estoy mejor, tampoco podré ir mañana por la noche a casa de Yagües27. De conformidad con lo convenido la última vez que nos vimos, hay que publicar en este número de julio de Cervantes, la parte esencial del estudio de Zaldumbide, sobre Barbusse28. A este respecto, tengo para usted un encargo de Zaldumbide, quien, en una de las últimas cartas, me dice lo siguiente: No sabía yo que Cansinos fuese el traductor de El infierno29. Me lo dice usted, y me lo dice él mismo, en carta que he recibido últimamente. Me alegro de ello. Debe estar muy bien hecha esa traducción. Cansinos era de los llamados a vivificar con su don genial esa verdad ardua. A usted le consta antes de ahora cuan sincera, espontánea y honda es mi admiración por Cansinos. A ella ha venido a añadirse una buena amistad para mí muy grata. Y si Cansinos se ha interesado como traductor y como escritor en la obra de Barbusse, debe de haberla comprendido a fondo. Sería, pues, de vivo interés que él nos diera su opinión; y que ésta, en una o dos páginas breves, pudiera salir en Cervantes, a manera de prólogo de mi estudio30. Este testimonio de Cansinos daría precio y justificación valiosísimo a mi ensayo; y de este sólo quisiera que hable de paso para confirmarle en su único valor: el de la temprana admiración. Yo no me atrevo a proponérselo, directamente. Vea pues, si usted se lo pide, advirtiéndole que sólo quiero su testimonio y no elogio ni bombo de ninguna especie. Por mi parte, hago mío este deseo de Zaldumbide y ruego a usted el favor de una respuesta para transmitirla a nuestro amigo. Mil gracias anticipadas y un efusivo saludo de su muy devoto amigo y admirador.

César E. Arroyo. 27

José María Yagües. Director de la editorial Mundo Latino. Mantenedor económico de la revista Cervantes. Aunque carecemos de datos precisos de su vida, Cansinos habla de él en varios capítulos de La novela de un literato (Hombres-Ideas-Efemérides-Anécdotas...) 1914-1923. Edición preparada por Rafael M. Cansinos. Madrid, Alianza Editorial, 1982. 28 Gonzalo Zaldumbide. En elogio de Henri Barbusse. París, Roger & Chernoviz, 1909. 131 p. 29 Henri Barbusse. El infierno. Prólogo de Vicente Blasco Ibáñez. Traducción de Rafael Cansinos Assens. Valencia, Prometeo, [s.a.]. 315 p. (Colección La Novela Literaria; 8). 30 En efecto, en el número de julio de 1919 (pp. 31-76), de la Revista Hispano-Americana Cervantes, apareció el primer capítulo de En elogio de Henri Barbusse, de Gonzalo Zaldumbide, con el mismo título, precedido de la “Introducción” de Rafael Cansinos Assens (pp. 28-31). Se hizo una tirada aparte, con numeración propia, que añade al final del volumen una explicación del editor, pp. 58-60).


3

Madrid, 29 de febrero de 1928.

Mi querido Rafael: He venido un poquito a Madrid, y no quisiera irme sin darle un abrazo y recordar con usted aquellos días de Cervantes. Dígame cuándo en en[sic] dónde puedo verlo. No importa la hora sea altamente nocturna. Mis señas son: Zorrilla, 4, segundo31. Siempre devotísimo, Césare Arroyo.

31

Arroyo en una carta desde Marsella, el 14 de marzo de 1928, le escribió a Benjamín Carrión: “Vaya usted a Madrid y vaya a una pensioncita donde siempre llego, que es decorosa, regentada por unas excelentes señoras y sobre todo económica (siete pesetitas, todo comprendido) y en todo el centro, a una cuadra de la calle Alcalá y a tres de la Puerta del Sol. La dirección es: calle de Zorrilla 4, segundo piso”. Gustavo Salazar (editor). La voz cordial: Correspondencia entre César E. Arroyo y Benjamín Carrión (1926-1932). Quito, Alcaldía Metropolitana / FONSAL, 2007. (Colección Escritores de Quito; 1). p. 81.


1. Anverso de Tarjeta Postal de Rafael Cansinos Assens. Propaganda de su obra La nueva literatura. Editorial Pรกez. Madrid.


NO DISPONEMOS DE LA AUTORIZACIÓN PARA SU REPRODUCCIÓN

2. Reverso de Tarjeta Postal de Rafael Cansinos Assens.

4

[Madrid, 3 o 4 de marzo de 1928].

Querido Césare Arroyo Puesto que no le importan las madrugadas ¿quiere venir esta noche a la 1½ a nuestra tradicional tertulia de El Universal. Le aguarda muy suyo

R Cansinos Assens.


3. Anverso y reverso [Sobre membretado]: R. Cansinos Assens. MorerĂ­a,8 y 10. Madrid (5)] Cesare Arroyo. Escritor. Zorrilla 32. Interior.


5

Marsella, 18 de septiembre de 1928.

Mi querido y admirado amigo:

Gabriela Mistral se encuentra en Madrid. Asiste como delegada de Chile al Congreso de Universitarias que se celebra en la Villa y Corte32. Antes de partir me manifestó deseos de conocer personalmente a usted, a quien admiraba, como al gran artista de nuestra lengua. Gabriela permanecerá en Madrid muy pocos días. Sería magnífico que ustedes se encontraran. La dirección de ella es: Legación de Chile o Congreso de Universitarias. Siempre suyo, devotísimo amigo y compañero, Césare Arroyo s/c 34 rue Senac33 Marsella.

32

La poeta chilena asistió al Congreso de Mujeres Universitarias, en representación de Chile y Ecuador, que se celebró en Madrid en agosto de 1928. Estuvo en contacto con la educadora española María de Maeztu, a quien ya conoció en 1924. 33 En esta dirección funcionaba el Consulado del Ecuador en Marsella, del cual estaba a cargo Arroyo entre 1925 y 1931.


NO DISPONEMOS DE LA AUTORIZACIÓN PARA SU REPRODUCCIÓN

4. Carta de Rafael Cansinos Assens. [Membrete]: con retrato de remitente. R. Cansinos Assens. Morería, 8 y 10. Madrid, 12 de octubre de 1928.


6

Madrid, 12 de octubre de 1928.

Mi querido Cesare Arroyo

Muchas gracias por su insistencia en mandarme a la que cordialmente correspondo. Cuando estuvo usted últimamente en Madrid34, acudí en su busca, pero era ya tarde. Le envío esa tarjeta que llevaba escrita para usted citándole [sic] para nuestras madrugadas dominicales35. También ha sido tarde esta vez para ver a la gran poetisa36 que además ha estado aquí acaparada por los elementos oficiales. Ya sabe usted que yo soy lo menos oficial posible y que esa sola circunstancia me hubiera detenido de contestar una aproximación por otra parte muy grata, Cuando usted venga a Madrid otra vez, no deje de ver a su antiguo y leal amigo

R. Cansinos Assens.

34

Arroyo viajó a España entre febrero y marzo de 1928. En la carta citada en notas anteriores enviada por Arroyo a Carrión, desde Marsella el 14 de marzo de 1928, le dice: “Sólo impresiones gratas he traído del viaje a España. He estado en Barcelona, Madrid, Ávila, Santander y Bilbao. Después, ya en Francia, me detuve en Hendaya para visitar a don Miguel de Unamuno; y luego, en Carcasonne, para ver la formidable ciudad arqueológica de la Edad Media, que se conserva intacta y que es una de las grandes curiosidades de Europa. Mis impresiones no caben en una carta y si ahora me pusiera a contarle le resultaría latosísimo. Sólo le diré que Barcelona es una preciosidad mucho mejor y más grandiosa que Marsella, a la que gana hasta en clima, en alegría y en el cielo azul. Madrid es único. Yo acabo de vivir en él días verdaderamente emocionantes. Era mi vida anterior de luchas, de sueños, de éxitos y de derrotas, que surgía. Todos los antiguos camaradas han estado muy gentiles conmigo. Me colmaron de atenciones. Quisieron sacar en los periódicos; pero yo, de miedo a la botada, les rogué que no dijeran nada de mí […] Y luego en Madrid, la magia del idioma y esa alegría y ese color y esa gracia; y, sobre todo, eso de no sentirse extranjero ni un momento, y de hacerse uno la ilusión perfecta de que allá ha nacido y ha vivido toda la vida”. (Salazar. La voz cordial. ed. cit. p. 77-81). 35 La tarjeta mencionada –no la recibió el escritor ecuatoriano inmediatamente, ya que la dirección anotada por Cansinos registra por error el número 32 de la calle Zorrilla, en vez del número 4, como indican el sobre y matasellos correspondientes–, es la que reproducimos con el número 4 en páginas anteriores. 36 Gabriela Mistral. Ver carta anterior.


De José Juan Tablada∗

[Caracas, junio de 1919].

[Señor César E. Arroyo]

Lo único que lamento es no haber tenido la fortuna de que usted hubiera escrito tan significativo estudio37 en presencia de más recientes obras mías, más acordes con los modernos movimientos estéticos que Cervantes prohija y difunde tan eficazmente38. Alentado por el juicio que han merecido mis obras de otros tiempos, y deseando contribuir más directamente a la interesante labor de ustedes, me permito acompañarle y además remitirle, en paquete por separado, algo de mi obra del momento y una poesía inédita39, que dedico especialmente a Cervantes. Tengo en prensa, en esta ciudad, en estos momentos, dos nuevas obras de versos: Un día... (poemas sintéticos)40 y Li-Po (poemas ideográficos)41, que en su oportunidad tendré el gusto de remitir a ustedes. Permaneceré aquí un mes y medio y en seguida marcharé al Ecuador42. En estas ciudades se producen tímidos (por la misoneista hostilidad del medio), pero muy interesantes movimientos de renovación literaria que me sería posible comunicar a ustedes, si así lo desean43.

[José Juan Tablada].

Fragmento de carta tomado del estudio de Arroyo. “La nueva poesía en América: La evolución de un gran poeta”. Cervantes. [s. a.] [s. n.] Madrid. ago. 1919. pp. 107-108. José Juan Tablada (1871-1945). poeta y diplomático mexicano. Representó a su país en Japón, Francia, Colombia, Venezuela y Estados Unidos. Considerado como uno de los iniciadores de la poesía moderna en México, introdujo el haikú en la literatura en lengua española. Obras: El florilegio (1904), En el país del sol (1919), Historia del arte en México (1927) y La feria (1928). 37 César E. Arroyo. “Modernos poetas mexicanos: José Juan Tablada”. Cervantes. [s. a.] [s. n.] Madrid. mar. 1919. pp. 89-94. 38 El ingreso de Cansinos Assens en enero de 1919, en reemplazo de Andrés González-Blanco, a la dirección española de Cervantes, permitió el acceso y promoción del movimiento Ultra en la revista. 39 En el ensayo de Arroyo, que incluye poemas del mexicano, explica que no los puede reproducir todos, por carecer la revista de la tipografía adecuada para hacerlo. 40 José Juan Tablada. Un día… (Poemas sintéticos). Caracas, Imprenta Bolívar, 1919. [poemas y dibujos del autor]. 41 José Juan Tablada. Li-po y otros poemas. Con una psicografía del autor por Marius de Zayas. Caracas, Imprenta Bolívar, 1920. 42 Un desencuentro del poeta mexicano con el Embajador Manuel Ugarte, su jefe de misión en Venezuela, ocasionó que éste solicitara su traslado a Quito, a lo que Tablada se negó argumentando problemas de salud relacionados con la altitud de la capital ecuatoriana, a cambio pidió al presidente Carranza otro destino, concretamente Nueva York, en donde sostuvo, haría mejor trabajo de difusión de los lineamientos ideológicos de su gobierno, como en efecto sucedió. 43 Pese al sutil ofrecimiento del poeta mexicano de colaborar en la revista, no hemos hallado ningún texto suyo en prosa en Cervantes.


De José Brissa∗

5. Primera de las dos cartas del publicista español José Brissa, supuesto autor del Parnaso ecuatoriano, que se conservan en el archivo de Arroyo. ∗

José Brissa (1868- ). Publicista español. Director de la Casa Editorial Maucci de Barcelona; fundó y dirigió el Almanaque Hispanoamericano en 1910, de los números que conozco de este anuario barcelonés, sé que se publicaron al menos hasta 1932. Obras: Parnaso español contemporáneo (1912), El libro de la raza, en colaboración de Enrique de Leguina [s.a.].


[membrete]: Casa Editorial Maucci

Barcelona, 15 de julio de 1919.

Señor don César E. Arroyo Madrid

Querido amigo: Llegué felizmente y expliqué al señor Maucci44, la dificultad que hay para que usted firme el Parnaso ecuatoriano45; para zanjar la cuestión (pues siente que usted no lo firme) accede a que lo firme yo, como única transacción, y según usted desea. Ahora, envíe pronto las pruebas. A sus órdenes afectuosamente amigo y compañero.

J[osé] Brissa. Celebraré esté ya bien del todo. Volví a esa pero no fue posible ir a verle.

44

Manuel Maucci Battistini (1853-1937). Impresor italiano, fundó la popular y prestigiosa Casa Editorial Maucci en Barcelona en 1900, que se distinguió, entre otras, por sus colecciones dedicadas a la literatura hispanoamericana, una de ellas, los famosos “Parnasos”. 45 Parnaso ecuatoriano, antología de las mejores poesías del Ecuador. Barcelona, Casa Maucci, [1920], 349 p. En cualquier bibliografía especializada en poesía ecuatoriana de principios del siglo XX, este libro todavía consta compilado por José Brissa; de acuerdo a la carta que reproduzco y a otros documentos que publicaré próximamente, probaré que fue preparado por César E. Arroyo, en colaboración con otros ecuatorianos. Para enredar más esta confusión, en 1993 el profesor venezolano Rafael Ramón Castellanos atribuyó el Parnaso ecuatoriano a Rafael Bolívar Coronado (1884-1924), en su libro: Un hombre con más de seiscientos nombres: (Rafael Bolívar Coronado). (Caracas, Italgráfica, 1993. pp. 85-97), aquí de manera irresponsable sustenta que más de la mitad de los autores ecuatorianos recogidos en dicho volumen, son seudónimos de Bolívar Coronado, y los poemas antologados, de su autoría. El error de esta afirmación, se demuestra simplemente cotejando los poemas de varios de los autores seleccionados en el Parnaso ecuatoriano [Barcelona, 1920], con los de la Antología ecuatoriana. Poetas. (Quito, 1892); si seguimos el argumento del señor Castellanos, haría al autor de “Alma llanera” responsable de muchos de aquellos versos a los ocho años de edad.


De Alcides Arguedas∗

París, 20 de agosto de 1919.

Señor don César E. Arroyo Madrid.

Esta carta es de despedida, mi querido César. Va el retrato prometido46 y, de mi tierra, le enviaré Raza de bronce47, que es nuestro libro, el libro de nuestros abuelos indios, todo dolor y desesperanza. Léalo48 aunque le fatigue la parte descriptiva, porque allá encontrará, seguramente, algo de lo que se ve en su tierra, tan semejante a la mía. Enviaré también el libro a nuestros amigos Ugarte49 y Ghiraldo50, a quienes saludará en mi nombre, si los ve. Adiós pues.

Alcides Arguedas.

s/c Casilla 399. La Paz-Bolivia.

Alcides Arguedas (1879-1946). Escritor y sociólogo boliviano. Propulsor de la corriente indigenista en Hispanoamérica. Se desempeñó como diplomático en Colombia y Venezuela, entre otros países. De su obra destacan sobremanera Pueblo enfermo: contribución a la psicología de los pueblos hispanoamericanos (1909), Raza de bronce (1919), Historia de Bolivia (1929) y sus memorias tituladas Historia de una vida. Conoció a Arroyo desde 1919, cuando el ecuatoriano dirigía la revista Cervantes. 46 En el archivo personal de Arroyo, en poder de sus herederos, se conserva la fotografía del autor de esta misiva con la siguiente dedicatoria: “Para el colega y amigo César E. Arroyo. A. Arguedas” 47 Alcides Arguedas. Raza de bronce. La Paz, Editores González y Medina, 1919. 48 Al año siguiente, Arroyo reseñó el volumen: “Alcides Arguedas: Raza de Bronce (novela).- La Paz.Bolivia, 1919”. Cervantes. [s.a.]. [s.n.]. Madrid. may. 1920. pp. 123-124. Sección: “Del momento literario. Letras americanas”. 49 Manuel Ugarte 50 Alberto Ghiraldo(1875-1946). Publicista, autor teatral y escritor argentino. Fundador de las revistas Martín Fierro (1904), Ideas y Figuras. En 1916 se radicó en España, Obras: Antología americana en 5 volúmenes (1923-1924); junto a Andrés González-Blanco publicó las Obras completas de Rubén Darío (1923-1929) en la imprenta de G. Hernández y Galo Sáez, la misma que imprimió la revista Cervantes; El peregrino curioso. Mi viaje a España (1917); al estrenarse en Madrid Alma gaucha, una de sus obras de teatro, fue reseñada por Arroyo.


REVISTA CERVANTES∗

6. Cubierta de la Revista Cervantes. Número de octubre de 1919. Tercera y última época, Directores: Rafael Cansinos Assens y César E. Arroyo. Véase en el sumario a Hugo Mayo. ∗

Cervantes (1916-1920). Revista madrileña fundada por Francisco Villaespesa en agosto de 1916, bajo su dirección, la de Luis G. Urbina y la de José Ingenieros, hasta septiembre de 1917, aparecieron 14 números; al trasladarse a América el poeta andaluz, abandonó la publicación; en México sacó un número excepcional con autores aztecas; la segunda época, con nueve números, va desde abril hasta diciembre de 1918, dirigida por Andrés González-Blanco (Sección española) y César E. Arroyo (Sección americana); en la tercera y última etapa –24 números, de enero de 1919 a diciembre de 1920–, la sección española, dirigida por Rafael Cansinos Assens, dará un vuelco a la publicación, al convertirla además en el vehículo de la vanguardia en lengua española: Creacionismo y Ultraísmo; con la Sección americana continuó Arroyo. Los 47 números de la colección completa española los financió José María Yagües.


De Luis G. Urbina∗ [membrete]LEGACIÓN DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS Madrid, 6 de noviembre de 1919. Señor don César E. Arroyo. Cónsul de la República del Ecuador Méndez Núñez, 19. Pensión Santander. Querido compadre: Contesto su atenta carta de 14 del mes próximo anterior. Cuando partió usted para ésa y debido a uno de nuestros compromisos oficiales, no pudimos ir a despedirlo a la estación, y por tal causa, al día siguiente le enviamos Alfaro51 y yo un telegrama disculpándonos, pero como ignoraba su dirección, pusimos simplemente Consulado del Ecuador52. A esto se debe el que le indicaba recogiera dicho mensaje que habrá quedado sin duda en la Oficina Telegráfica. Atendiendo a sus deseos entregué al señor Ballesteros53 original de un libro mío para su publicación en la Biblioteca Ariel55, pero de esto hace ya más de quince días y hasta el presente no tengo ninguna noticia sobre el particular. Yo le ruego a usted me diga si dicha publicación ha de llevarse a cabo, pues de lo contrario yo le agradecería escribiera al señor Ballesteros a fin de que me devuelva los originales. 54

Por separado tengo el gusto de enviarle un ejemplar de la Antología de poetas de mi país, La lírica mexicana56, que esta Legación ha publicado con motivo de la reciente celebración de la Fiesta de la Raza. En espera de sus letras, y con saludos afectuosos de Alfaro, quedo como siempre suyo afectísimo amigo y compadre. [manuscrito]: que mucho lo echa de menos, a la hora de la cerveza. Luis G. Urbina.

Luis G. Urbina (1864-1934). Poeta, ensayista y cronista mexicano. Fue director de la Biblioteca Nacional. Obras: Ingenuas (1910), La literatura mexicana (1913), La vida literaria de México (1917), Luces de España (1924). Arroyo le dedicó un estudio en su “Galería de modernos poetas mexicanos”. 51 Debe tratarse de Gabriel Alfaro, diplomático mexicano representante en Madrid. 52 Arroyo fue Cónsul del Ecuador en Santander entre 1919 y 1922. 53 Antonio Ballesteros de Martos. Colaborador permanente de la revista Cervantes, estuvo a cargo de la Sección de crítica de las artes plásticas; en la última etapa de la revista fue uno de los socios fundadores, como se puede ver en uno de los documentos reproducidos en este volumen. 54 Luis G. Urbina. Estampas de viaje: España en los días de guerra. Madrid, Tip. Yagües, [1920]. 55 La Biblioteca Ariel, vinculada a la revista Cervantes, además del volumen de Urbina, publicó, probablemente entre 1920 y 1921, los siguientes volúmenes: Las profanaciones literarias: el libro de los plagios de Luis Astrana Marín; La sombra del maestro de Eusebio de la Cueva; Semblanzas de América de Ventura García Calderón; Retablo de César E. Arroyo; La alondra encandilada de Rafael Lozano; La última lámpara de los dioses: temas de belleza y voluptuosidad de J. I. de Diego Padró, Flor del arroyo de Antonio Ballesteros de Martos y Conferencias dadas en el ateneo de Madrid de Enrique D. Madrazo. 56 Lírica mexicana: Antología publicada por la Legación de México con motivo de la Fiesta de la Raza 12 de octubre de 1919. Preparada por Luis G. Urbina y Alfonso Reyes. Madrid, Legación de México, 1919.


7. Cubierta y autógrafo de Gerardo Diego, “A Isaac Del Van A Cesare Arroyo, efusivamente, su amigo. Gerardo Diego. Santander junio 1923. (Perdone por la distracción y el retraso”).


Camilo Egas

8. Anverso y reverso de nota manuscrita


De Camilo Egas∗ [1 hoja de cuaderno de notas manuscrita]

Casa lefran ó ingleses / tubos de Decoración / 3 Laca ordinaria nº. 10 ½ 3 Laca fina nº. 10 3 Laca de geranio nº. 10 ½ 1 Vermellón francés nº. 10 1 Vermellón inglés nº. 10 3 Ultramar azul [nº. 1] nº. 10 2 Ultramar azul [nº. 2] nº. 10 2 Cobalto azul nº. 10 2 Cadmiun fonce nº. 10 1 Cadmiun orange nº. 10 2 Cadmiun llazo nº. 10 2 Cromo sitrón nº. 10 1 Verde esmeralda nº. 10 1 Verde Veronés nº. 10 En caso no encuentra el número 10 compre los tubos ½ ó finos nº. 10 y si cuesta más me escribirá avisándome la diferencia para cancelar a su hermano (Dirección Profesor de la Escuela de Bellas Artes Quito C. Aníbal Egas. Quito Ecuador Vía New York

9. César E. Arroyo, bajo el pseudónimo de Américus, publicó la noticia: “Notas Hispano Americanas: Artista ecuatoriano”. Cervantes. [s.a.]. [s.n.]. Madrid. ago. 1919. p. 160, en donde saludó la llegada del pintor a Madrid. ∗

Camilo Egas (1889-1962). Precursor y partícipe de la pintura moderna del siglo XX en el Ecuador, es uno de sus más destacados representantes. Fue trascendental su incursión en la pintura indigenista, abordó el expresionismo, el surrealismo y finalmente el arte abstracto. Fundó, junto al ensayista Raúl Andrade y el poeta Gonzalo Escudero, la revista quiteña de vanguardia Hélice (1926), en donde publicó sus mejores relatos Pablo Palacio. Se radicó entre 1923 y 1926 en París, al año siguiente viajó a Nueva York en donde se estableció como docente en la New School for Research. Dentro de su obra pictórica se destacan los cuadros: Las floristas (1916), Retrato de mujer (1923), (Premio Mariano Aguilera), Cabeza de india (1926), Trabajadores sin hogar (1933) La calle 14 (1937) y Desolación (1940).


De Gonzalo Zaldumbide∗

Roma, 11 de julio de 1923. Mi querido César: Aunque tarde, mil gracias, por su caluroso y magnífico alegato a favor de mi elevación a Ministro en Italia57. Digo, aunque tarde, porque ha pasado tiempo desde que quise agradecérselo; pero al contrario es hoy de sazón, pues se ha conseguido lo que usted ha pedido con tanta buena amistad y sobra de deseos como falta de méritos verdaderos de mi parte. A apoyos [cariñosos] como los suyos debo pues [enfrentar] esta nueva prueba de mi suerte. Me tiene usted a su mandar de Ministro en Francia58 como me tuviera, de campesino en un rincón de los Andes: sólo que en éste me hallara quizá más feliz, y más libre, dedicado a mis únicos verdaderos amores: a admirar, a leer, a callar quizá. Aquí voy a tener que hablar demasiado, aún en público: y para comenzar, el mes entrante daré unas conferencias en la Universidad de Ginebra59 sobre la literatura hispanoamericana, de los orígenes a nuestros días, en francés naturalmente: ya ve usted. Pero algún día iremos a Pimán60, ¿no es verdad? Lo abraza

Gonzalo Zaldumbide.

Gonzalo Zaldumbide (1882-1965). Escritor y diplomático ecuatoriano. Embajador en Francia, Gran Bretaña, Suiza y varios países hispanoamericanos. Ministro de Relaciones Exteriores. Destacado representante de la prosa modernista; uno de los más importantes ensayistas hispanoamericanos del siglo XX. Obras: En elogio de Henri Barbusse (1909), La evolución de Gabriel d'Annunzio (1909), José Enrique Rodó (1918), Ventura García Calderón (1923), Juan Montalvo (1932), Cuatro grandes clásicos americanos (1947) y Égloga trágica (1956). Próximamente publicaré una antología de su obra. 57 Zaldumbide había sido nombrado Encargado de Negocios en Roma desde el 6 de septiembre de 1922. 58 Aparte de Italia, para julio de 1923 fue además nombrado Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario ante Gran Bretaña. 59 Lamentablemente desconocemos estas conferencias que Zaldumbide dedicó a la literatura hispanoamericana. 60 La hacienda de Pimán, propiedad de Zaldumbide en la provincia de Imbabura al norte del Ecuador.


De Benjamín Carrión∗ El Havre, 16 de agosto [de 1927]. Mi querido Césare: Muchísimas gracias por sus datos, para mí tan preciosos, sobre la dirección de Gabriela61. Como su carta me anunciaba una inminente partida para Niza y Milán, en compañía de Vasconcelos62, yo creí que iba a quedar desconectado, y con mi libro en la imprenta. De ahí mi telegrama urgente, que usted contestó. Hoy envío mi libro a Gabriela, a la AMERICAN EXPRESS, certificado; ojalá usted me avise de su suerte y, si es que ve a Gabriela, le dice, indirectamente, que sabe que mi libro está en prensa, esperando solamente las claras palabras y el nombre iluminado de la gran poetisa63. Yo no tengo Iris64. Me la dio Korsi. Vea nuestro proyecto, en síntesis: hacer una coleccioncita, no tan pequeña como el libro que Zaldumbide hiciera al poeta Silva65, bastante gruesita, en muy buen papel y de 128 páginas cada libro66. El editor ∗

Benjamín Carrión (1897-1979). Escritor, Promotor cultural y diplomático ecuatoriano. Aparte del gran nivel de su trabajo ensayístico, su mayor obra fue la creación y dirección de la Casa de la Cultura Ecuatoriana en 1944. Se desempeñó como Cónsul en varios destinos: El Havre, Lima, y como Embajador estuvo en: Colombia, Chile y México. Fue candidato a la Vicepresidencia de la república en 1960, en 1967 el gobierno mexicano le otorgó el “Premio Benito Juárez”. Entre sus mejores libros están: Los creadores de la nueva América (1928), Mapa de América (1930), Atahuallpa (1934), Cartas al Ecuador (1943), Santa Gabriela Mistral (1956) y García Moreno, el santo del patíbulo (1959); en el 2001 publiqué una muestra de su obra literaria: La patria en tono menor en el Fondo de Cultura Económica y en el 2007 La voz cordial: Correspondencia entre César E. Arroyo y Benjamín Carrión (1926-1932). 61 Arroyo relacionó a Gabriela Mistral con Carrión, amistad que duró hasta la muerte de la poeta chilena en 1957. 62 A través de una carta remitida desde Marsella, el 9 de agosto de 1927, Arroyo invitó a Carrión a viajar en compañía de Vasconcelos por Italia. (Salazar. Op. cit. pp. 55-56). 63 Gabriela Mistral no se hizo esperar, desde Pertuis en este mismo mes de agosto le escribe una atenta carta a Carrión aceptando hacer el prólogo a Los creadores de la nueva América, Cfr. Benjamín Carrión, Correspondencia I: Cartas a Benjamín. Selección y notas de Gustavo Salazar. Prólogo de Jorge Enrique Adoum, (Quito, Municipio Metropolitano/Centro Cultural Benjamín Carrión, 1995, pp. 127-128). En breve misiva del 17 de octubre del mismo año, Gabriela comunica a Carrión que ha ido a Italia y que va a París, y a la semana le entregará el prólogo, como en efecto lo hizo. 64 César E. Arroyo. Iris. Prólogo de Benjamín Carrión. Quito, Edit. Artes Gráficas, 1924. 65 Se trata de Poesías escogidas de Medardo Ángel Silva, que editó en París (1926), en elegante formato en 32º, con prólogo suyo Gonzalo Zaldumbide. 66 Es evidente que en este proyecto editorial, Carrión ambicionó involucrar a varios escritores ecuatorianos, veamos la respuesta que Pablo Palacio dio al ensayista acerca de este tema. En carta enviada desde Quito, el 22 de septiembre de 1927, le dirá: “Quedo naturalmente encantado por todo lo que me dice en su última carta. Lo de la Editorial es lo más conveniente y halagüeño que [he] encontrado. Vea si es posible conseguir para mí el que me nombren agente de la Casa en el Ecuador, por supuesto con exclusividad, para mandarles todo lo que me sea posible. Si se me concede facultad para juzgar de las obras que envíe será mucho mejor. He hablado con Miguel Ángel Zambrano y le vamos a mandar trabajos para las antologías; por supuesto nos vamos a tomar la libertad de seleccionar un poco los nombres que usted me cita, vamos a ver si se puede hacer una cosa buena. Lo malo es que creo que no puede llegarse a 128 páginas de escritores contemporáneos, a menos que se ponga algunas producciones de una misma persona. Espero vehementemente los prospectos de la empresa: a todos los amigos les ha encantado lo de los mil francos; creo que, cuando ya tenga suficiente autorización para ello, podré enviarle unos cinco libros con el mío. Para después haré toda la propaganda que pueda, a fin de que haya trabajos del Ecuador y también para ver si puedo ganarme unos cuartos”, Gustavo Salazar. Pablo Palacio. Madrid, Edición personal, 2008. p. 42. (Cuadernos “A pie de página”; 1).


Vuillermoz67, el que hizo Hora y 2068 de Pellicer69, propone lo siguiente: mil ejemplares de tiraje, quinientos para el autor o para los directores de la colección, que íbamos a ser Korsi y yo, y aquél o éstos le pagarían MIL FRANCOS, en tres partes, de a 166 francos cada una. Los otros quinientos ejemplares los administraría y vendería el editor, dando al autor o directores el 10 por ciento de las utilidades netas. Vea usted si en esas condiciones le conviniera la reimpresión de su novela, o si tuviera otra para dar. En todo caso, partimos Korsi y yo el jueves –mañana– a París, y es posible que obtengamos algo más cómodo o más ventajoso. Yo lo tendré a usted al corriente de lo que ocurra. Mientras tanto, déme usted su opinión; ya que, como viejo editor, entiende de estos asuntos70. Supongo que vería la publicación de la página de El Telégrafo71, del 26 de julio, en la que aparece su artículo “exclusivo” 12 días antes que en El Comercio72, y mucho mejor ilustrado. Vi también su publicación en Universitario73. Avíseme de sus proyectos de viaje. Si usted no se mueve, nosotros le caeremos a mediados de septiembre, después de haber estado en Lourdes. Un abrazo muy cariñoso a Enrique; y para ambos, los recuerdos de Aguedita74 y míos. Muy suyo, Manuel Benjamín. 67

Marcel Vuillermoz, gerente de la imprenta parisina París-América, a cargo de la publicación de la revista mensual homónima París-América, cuyo primer número apareció en enero de 1927. Invitó a Gabriela Mistral para que inicie la colección con un trabajo suyo para el plan editorial; logró entusiasmarla a tal punto que ella consideró la posibilidad de preparar una antología de artículos, en donde incluiría algunos de viajes, ella sugiere la inclusión de autores como Arévalo Martínez y su título El hombre que parecía un caballo, como se puede ver por dos cartas de Mistral a Carrión del 10 de septiembre [de 1927] la una, y la otra sin fecha –aunque inmediatamente posterior– remitida desde Florencia, (Benjamín Carrión, Santa Gabriela Mistral, Quito, C.C.E., 1956 pp. 128-135, 138-139); que Vasconcelos formaba parte de la posible colección lo podemos ver en la carta recogida en Benjamín Carrión, Correspondencia II, Cartas mexicanas. Prólogo de Alejandro Querejeta Barceló, (Quito, Municipio Metropolitano/Centro Cultural Benjamín Carrión, 2003, p. 64). Vuillermoz mediante carta membretada París-América imprenta-casa editorial-librería, desde París el 20 de agosto de 1927, comunica a Carrión que el volumen inaugural de la serie sería un trabajo de Gabriela Mistral, en donde aparte de una actitud admirativa por la poeta, detalla las condiciones de la edición que realizaría. 68 Carlos Pellicer. Hora y 20. París, Editorial Paris-América, 1927. 69 Carlos Pellicer (1899-1977). Poeta mexicano. En su juventud fue secretario de Vasconcelos y lo acompañó en su travesía a Oriente Próximo. Uno de los fundadores del grupo Contemporáneos, movimiento de renovación literaria aparecido en México en 1928. Carrión hizo una excelente valoración de su producción poética en 1939 para la Revista de las Indias. (Cfr. Benjamín Carrión, La patria en tono menor, ensayos escogidos, prólogo, selección y edición de Gustavo Salazar, México, C.C.E. / F.C.E., 2001, pp. 124-131. (Colección Tierra Firme).). 70 En 1920, cuando Arroyo codirigía la revista Cervantes, a la vez era responsable de la colección de la Biblioteca Ariel, que publicó, entre otros, su primer libro de crónicas y ensayos Retablo [1921]. 71 El Telégrafo. Diario guayaquileño fundado en 1884 por Juan Murillo Miró –hijo de Manuel Ignacio Murillo, primer impresor de la ciudad de Guayaquil–, para la época de esta carta su dueño y director era José Abel Castillo; en varias ocasiones y por diversas circunstancias ha dejado de publicarse, sin embargo actualmente continúa apareciendo y es estatal. 72 El Comercio, diario quiteño fundado en sociedad por Celiano Monge (1857-1940) y los hermanos César y Carlos Mantilla Jácome (1977-1955) y (1879-1970) respectivamente, en 1906, al poco tiempo se retiró el primero. Este periódico sigue publicándose. 73 Debe tratarse de “Las grandes catedrales. Preludio gótico” [firmado en Marsella, mayo de 1927. Dedicado a José Vasconcelos], en Universitario número 3, año IV, París, julio de 1927, pp. 1-7. No he tenido oportunidad de cotejar los diarios mencionados, pero debe tratarse del mismo ensayo. 74 Águeda Eguiguren Riofrío (Loja, 1906-Quito, 1990). Se casó con Carrión en 1922.


De José Vasconcelos

Chicago, 24 de febrero de 1928.

Señor don César E. Arroyo. Marsella.

Muy querido Cesarito:

Recibí su carta que me trae noticias de toda esa bella familia espiritual del Consulado del Ecuador en Marsella: Gabriela75, Palmita76, usted y de su chico no me dice nada; mis hijos se quejan de eso y también de no saber de Solovino77. En fin dejemos eso que tengo noticias que darle. Debo comenzar diciéndole que estoy muy bien, que todo se ha resuelto como esperaba; voy estando casi rico, gano mucho, etc., sin embargo… el otro día al abrir el periódico vi que venía a Chicago, procedente de las Conferencias de La Habana78 el Jefe de la Delegación Brasilera Alarico Silveira79; aquel mi amigo Ministro de Educación en San Paulo cuando yo fui por allá; es ahora Secretario Particular del nuevo Presidente Washington Luis80 que era Gobernador cuando yo lo visité en San Paulo… en fin hice a un lado el diario y seguí desayunándome, pero seguí pensando en Alarico en la Conferencia en lo raro de que viniera un personaje brasilero hasta Chicago, no había pasado una hora cuando llaman [a] mi teléfono… con quien hablo: Consulado del Brazil∗… no sabía yo ni que el Brazil tuviese aquí Consulado… si Señor soy yo… que el Señor Alarico etc., etc., desea ir a verlo… si lo recuerdo perfectamente yo iré a verlo. Cita para ese mismo día a las cuatro. Llegué, un abrazo suave una sonrisa brasilera, luego una larga plática en que yo notaba algo de vacilación, algo como un rodeo, por fin me dijo que en La Habana los delegados del asesino Calles81 le habían dicho que yo ganaba mucho dinero que estaba riquísimo: Esos bribones le respondí aquietan su bochorno de representar a un bandido como el Plutarco, inventando que sus enemigos están muy ricos… bueno dijo Alarico yo me 75

Gabriela Mistral. Palma Guillén (1893-1975). Maestra y escritora mexicana. Fue amiga y secretaria de Gabriela Mistral desde que se conocieron, cuando la maestra chilena fue invitada al proyecto educativo en México por Vasconcelos, en 1922; esta relación fue estrecha y sus encuentros permanentes, al margen de que Mistral siempre dispusiera de secretaria, a tal punto que el poemario Tala (1938), lo dedicará: “a Palma Guillén, y en ella, a la piedad de la mujer mexicana”. 77 Solovino. Gato de Arroyo, léase la crónica “El gato intruso”, de Manuel Ugarte en este volumen. 78 En enero de 1928 se celebró la VI Conferencia Panamericana en La Habana. El Ecuador delegó a Gonzalo Zaldumbide. 79 No hemos hallado datos acerca de Alarico da Silveira. 80 Washington Luís Pereira de Sousa (1869-1957). Historiador y político brasileño. Presidente de la república (1926-1930). ∗ Caprichosamente Vasconcelos escribe en inglés el nombre de Brasil. 81 Plutarco Elías Calles (1877-1945). Militar y político mexicano. Presidente de la república (1924-1928), continuó la reforma agraria. En 1927 reformó la Constitución para que Álvaro Obregón volviera a la presidencia. 76


informé porque tengo hace tiempo ciertos planes que yo quisiera etc. y le costaba trabajo seguir, pero lo curioso es que desde en la mañana cuando me habló y desde horas antes de ir a verlo, yo ya sabía de lo que me iba a hablar, pero yo también dudaba de mi instinto adivinatorio y lo dejaba seguir solo; por fin se atrevió y me dijo: Tengo encargo del Señor Presidente de decirle que él cree y lo creo yo también que el medio de usted no es éste, el medio de usted está allá en el Brazil, de esto hemos hablado muchas personas y todos estamos de acuerdo en que usted pertenece allá… le aseguro que le doy sus palabras exactas… las mías fueron: yo siempre he sido de la misma opinión… Total que parece que me van a invitar en forma oficial y que me iría yo al terminar aquí mi contrato de este año en junio o en julio; pero a la vez no me iré si no me pagan lo mismo que gano por aquí y por aquí estoy ganando casi mil dólares, hay que descontar sin embargo el verano durante el cual no se gana nada, porque se suspende toda actividad intelectual… Y aquí me tiene usted encantado de ir al Brazil que de veras es mi tierra de elección secreta, pero dudoso por lo que hace a mis hijos, que aquí están en una escuela como no hay otra fuera de los Estados Unidos. Si yo volviera a nacer, lo he dicho muchas veces pediría ser brasilero, pero como voy a hacer a mis hijos brasileros cuando ellos todavía tienen la ilusión de México, en fin cuéntele a Gabriela y dígame lo que piensan. Después de todo no es cosa de gravedad pues puedo ir por dos años y luego salir etc. Otro asunto no le he mandado sus tres mil francos porque Deambrosis me escribió que había hecho un abono mi editor y le he pedido que le mande a usted los francos que él tiene; así yo le mandaré nada más el saldo cuando me lo comuniquen usted o él. Con un abrazo colectivo quedo suyo afectísimo, amigo y seguro servidor

José Vasconcelos.


De Gabriela Mistral Cavi, 16 de enero de 1930. Mi distinguido amigo: Recibí su Galdós82 y no le escribí antes sobre él porque he tenido un mundo de ocupaciones de las que voy saliendo ahora. Usted lo ha escrito con su sabida generosidad para el elogio y con una comprensión muy suya de este hombre llano, super-natural, super-sencillo, a quien usted tiene que amar en estas virtudes. A ratos me ha contagiado su entusiasmo y voy a encargar algunos Episodios Nacionales83 que me tengo muy olvidados. Así, pues, su fin de devolverle lectores perdidos y de recordarle a los olvidadizos empieza a cumplirse conmigo y debe seguir con los demás. Le agradezco sus menciones cariñosas para España como si me las dirigiera personalmente…, usted entiende capa a capa esta raza extraordinaria que los superficiales y los mundanos nunca sabrán entender. Me hubiera gustado que usted escribiese una biografía de Galdós bien completa. Aunque usted crea que esto está muy bien dicho, yo no acuerdo de haberme leído ninguna nutrida y que me hiciese al hombre. Ya que usted no quiere contagios del francés, hágase una biblioteca española completa, donde trabaje holgadamente y sin angustia de datos, como la que yo tengo para la preparación de mis clases de Estados Unidos84. A propósito: ya no me acuerdo si usted me prometió mandarme un folleto de Montalvo85 o si me lo mandó. Tengo en la pieza de al lado un cerro de diarios y revistas sin leer y en esta quincena de trabajo continuo ni me he asomado allí. ¿Mandó usted o va a mandar el folleto? Yo lo tengo en París en el Instituto86; Zaldumbide87 me lo dio hace tiempo, pero es toda una historia pedir cosas allá. Ha escrito usted, como le decía, una especie de retrato impresionista de Galdós a grandes pinceladas generosas que se lee de un trago por la facilidad del estilo… Bien, muy bien, que trabaje. Su amiga se lo celebra de corazón y le gusta mucho verlo con la cabeza baja sobre un asunto siempre de lo nuestro. Ahora póngase a Ugarte88. 82

César E. Arroyo, Galdós, Madrid, Sociedad General Española de Librería, 1930. Los Episodios nacionales, serie de 46 novelas publicadas por Benito Pérez Galdós, entre 1872 y 1912. 84 La poeta chilena dictó clases de literatura latinoamericana y cultura precolombina en el Barnard College, de la Universidad de Columbia en los Estados Unidos de América en octubre de 1930. 85 Probablemente se trata de A Juan Montalvo la Municipalidad de Ambato en el XCVI aniversario de su nacimiento. Quito, Imprenta Nacional, 1926. 76 p.; que recoge los documentos relacionados con la colocación de la placa en la calle Cardinet, 26, –casa en donde vivió Montalvo en París–, por parte del Embajador del Ecuador en Francia, Gonzalo Zaldumbide el 29 de junio de 1925. 86 Mistral trabajó, entre 1926 y 1939, en el Institut International de Coopération Intellectuelle, (subcomité de la Liga de las Naciones), con sede en París. 87 Gonzalo Zaldumbide y Gabriela Mistral entablaron amistad en 1919 y duró hasta la muerte de la poeta en 1957. 88 En la última página de Galdós, Arroyo además de la lista de obras publicadas, anuncia la aparición del largo ensayo que preparaba acerca del pensador argentino, Manuel Ugarte, París, Le Livre Libre, 1931. 83


Me hablaba usted de unas recomendaciones para Carrera89. Mis amigos personales de Madrid son muy pocos Maeztu90 –los dos–, Diez Canedo91 y d’Ors92. Ramiro está lejos, María no puede ser grata a Carrera –igual caso doña Blanca93– y Canedo se ha ido o se va en estos días a la América. En cuanto a D’Ors no me he arriesgado nunca a mandarle a nadie; es hombre orgulloso y a veces impertinente y su línea política, muy visible en él, no puede ser agradable a Carrera ni de la de Carrera a él. Dígale que siento no servirle de nada. Recomendar resulta difícil: deben buscarse climas parecidos de los espíritus, intereses a lo menos próximos, y seguridad de buena acogida. Le encargo que si usted ve en uno de estos días un artículo mío en el ABC94 me lo envíe graciosamente. No he pedido allá que lo hagan. Parece que escribiré allí una vez por mes. Estoy bien, con una criada excelente que parece sacada de la Edad Media, de sencilla y fresca95. ¿Y ustedes? ¿Pepita96 está sana? ¿Cesarillo97 muy grande? Gin Gin98 ha crecido y engordado. Saludos y saludos de su amiga y compañera, que usted repartirá a todos. Gabriela. P.D. A fines de mes le llegarán –o a comienzos de febrero- los dineros de Deambrosis99, es decir míos. Paciencia para la gotera mensual. Busqué y hallé el folleto de Montalvo. Muchas gracias. Irá el mes próximo. 89

Entre mayo y junio de 1929, Andrés Iduarte y Jorge Carrera Andrade estuvieron de visita en casa de Gabriela Mistral, en Bédarrides, luego de un breve malentendido con la anfitriona tuvieron que marcharse, Carrera fue a la casa de Arroyo en Marsella y se trasladó a Barcelona en diciembre de 1929. 90 María de Maeztu (1881-1948). Pedagoga española. Fundó en 1915 la Residencia Internacional de Señoritas, vinculada con la Institución Libre de Enseñanza. Ramiro de Maeztu (1875-1936). Escritor español, perteneciente a la Generación del 98. Ideólogo del pensamiento más conservador y tradicional de España. Autor de Defensa de la hispanidad (1934). Fue fusilado por el gobierno de la República. 91 Enrique Díez-Canedo (1879-1944). Crítico, ensayista, traductor y poeta español. Uno de los más destacados escritores españoles de la primera mitad del siglo XX. Obras: Sala de retratos (1920), Unidad y diversidad de las letras hispánicas (1935), Letras de América (1944). 92 Eugenio d’Ors (1882-1954). Escritor y pensador español. Tras concluir la Guerra Civil española, gestionó la recuperación de los tesoros del Museo del Prado para su retorno a España. Obras: Tres horas en el Museo del Prado (1922), La vida de Goya (1923), Pablo Picasso (1930). 93 Blanca de los Ríos de Lampérez (1862-1956). Escritora española. En 1919 fundó la revista La Raza Española. Realizó valiosos estudios acerca de Tirso de Molina y Don Juan. 94 Con “Antillas”, (ABC. Madrid. año 26. n. 8.449. 24 ene. 1930. p. 1), Gabriela inició sus colaboraciones en este diario español. 95 Pradera. Muchacha chilena que llegó de empleada de Gabriela. Por problemas domésticos en la casa de la poeta, ésta la envió de regreso a su país. 96 Pepita, nombre familiar con el que se conocía a Josefina López, quien cuidaba del hijo de Arroyo. 97 César Enrique Arroyo de Perera y Blesa (1914-1991). Hijo de César, le sucedió a su muerte en el Consulado de Cádiz; luego de breve estadía en Quito, se radicó en Buenos Aires, en 1969 fue nombrado Cónsul en Madrid, lugar en donde permaneció hasta su muerte y en donde residen sus herederos. 98 Gin Gin o Yin Yin, nombre familiar por el cual era llamado Juan Miguel Godoy Mendoza (1925-1943). Hijo de un hermano de padre de Gabriela, a quien ella crió como hijo propio, se suicidó en Brasil. 99 Carlos Deambrosis Martins (1901-1971). Periodista uruguayo. Publicó: Armando Godoy, poeta francés (1935), con introducciones de Gabriela Mistral y Francis de Miomandre.


Medardo Ángel Silva∗

10. Medardo Ángel Silva. “La emperatriz”. Cervantes. año 2. n. 12. Madrid. jul. 1917. pp. 188-189. [Sección titulada: Un nuevo poeta]. Me he permitido un montaje del facsímil del poema, junto a la firma del autor, la ciudad y la fecha de composición. ∗

Medardo Ángel Silva (1898-1919). Poeta y articulista ecuatoriano. El mayor representante del modernismo en el Ecuador. Obras: El árbol del bien y del mal (Guayaquil, 1918), Poesías escogidas. Prólogo de Gonzalo Zaldumbide. (París, 1926). La versión que reproduzco de este poema, difiere ligeramente de la recogida en sus Obras completas. Edición de Melvin Hoyos y Javier Vásconez, Guayaquil, Biblioteca de la Municipalidad de Guayaquil, 2004, p. 181.


De Manuel Ugarte

Niza, 21 de enero de 1930.

Mi querido Arroyo, Su estudio sobre Galdós100 me parece magistral. Fuerza y penetración, exactitud y lirismo, erudición y psicología, todo se enlaza para dar a ese libro un extraordinario poder de sugestión. No se ha hecho sobre el formidable novelista un esfuerzo crítico más serio y fundamental. Le felicito por su actividad fecunda. Veo anunciado, con el Libro de la tierra101, del cual hemos hablado en Niza y del cual conozco brillantes capítulos que usted me leyó en Niza, el ensayo biográfico sobre mí, que espero con tanto interés. ¿Cómo se arregló el asunto del Consulado?102 Nuestros buenos recuerdos a los suyos y un apretón de manos muy cordial de su amigo viejo

Manuel Ugarte 19, Boulevard Tzarewitch.

100

César E. Arroyo, Galdós (Madrid, 1930). En la última página de Galdós, Arroyo además de la lista de obras publicadas, anuncia la aparición de El libro de la tierra, obra que finalmente nunca apareció como tal, salvo algunos capítulos, o fragmentada en artículos autónomos, en revistas. 102 Los Cónsules del Ecuador en El Havre: Benjamín Carrión, en Saint Nazaire: Fernando Maldonado V. y de Marsella: Arroyo, fueron cuestionados en su desempeño diplomático, para desestimar ese infundio, Gabriela Mistral, José Vasconcelos y Manuel Ugarte junto al Decano del Cuerpo Consular, el Cónsul de Yugoeslavia en Marsella escribieron cartas garantizando la solvencia del escritor quiteño. 101


11. Cubierta y autógrafo de Torres Bodet, “Para el Sr. D. César E. Arroyo con viva simpatía intelectual. Jaime Torres Bodet”.


De Jaime Torres Bodet∗

[membrete]: Legación de los Estados Unidos Mexicanos. Madrid. Particular

Lunes, 9 de enero de 1931. [César E. Arroyo]

Muy estimado amigo: Mil gracias sinceras por sus amables líneas sobre Destierro104. Aunque las dicta la benevolencia del compañero siempre cordial, sé que la solvencia del crítico –del inteligente, humano crítico que hay en usted– las respalda y les da valor. Le quedo pues doblemente reconocido. ¿Qué nuevas empresas acomete ahora? ¿Prepara algún nuevo volumen? En caso afirmativo no olvide mandarme de él algún ejemplar. Usted sabe con qué fervor amistoso le sigo. Con un fuerte abrazo, mil recuerdos de México y los votos más profundos por su felicidad en 1931, le saluda siempre su afectísimo

Jaime Torres Bodet.

Jaime Torres Bodet (1902-1974) Poeta y diplomático mexicano. Fue Canciller de su país y Director de la UNESCO (1948-1952). Formó parte del destacado grupo de poetas mexicanos: Contemporáneos. De entre su obra destacan: los de prosa poética Margarita de niebla (1927), La educación sentimental (1931), el de memorias Tiempo de arena (1955), los de ensayo: Tres inventores de realidad: Stendhal, Dostoyevski, Pérez Galdós (1955) y Rubén Darío (1966). 104 Jaime Torres Bodet. Destierro. Madrid, Espasa-Calpe, 1930.


Raúl Andrade∗

12. Cubierta y autógrafo de Raúl Andrade, “Para César Arroyo, latifundista y hombre de “jaquet” con el cariño de Raúl Andrade. Café Napolitano – 1000 – 900 – 31”.

Raúl Andrade (1905-1983). Escritor ecuatoriano. Maestro de la crónica literaria. Obras: Coktails (1937), Gobelinos de niebla (1943), lo reeditó con el título: El perfil de la quimera (1951), Crónicas de otros lunes (1980), Barcos de papel (1983), Claraboya (1990) y Viñetas del mentidero (1993).


A Alfonso Reyes

13. Anverso y reverso de Tarjeta postal de Arroyo a Alfonso Reyes.


[Postal: Jardín de la Corregidora. Tip. Somolinos y Montesinos. México]

Marseille (34, Rue Senac), 31 de enero de 1931.

Excmo. Señor Don Alfonso Reyes Embajador de México Embajada de México Río de Janeiro Republique du Bresil Amerique du Sud

Mi querido y admirado Alfonso Reyes: Esta postal mexicana para decirle que siempre le sigo en su labor triunfante, y para pedirle que no me olvide en el reparto de Monterrey105, el admirable correo literario de usted. Suyo devotísimo,

César E. Arroyo.

105

Monterrey. Correo literario de Alfonso Reyes publicado entre 1930 y 1937. Aparecieron en total 14 números.


Enrique Gil Gilbert∗

[HOTEL TIVOLI] César E. Arroyo. Vendremos de 7 ½ a 8 p.m. para ir a comer a casa. E. Gil Gilbert.

14. Cita manuscrita del narrador ecuatoriano Gil Gilbert para encontrarse con Arroyo.

Probablemente Arroyo, al ser trasladado en 1932 al Consulado del Ecuador en Lima, pasó por Guayaquil, y se encontró con los escritores del Grupo de Guayaquil. Es lamentable que hayan escasas muestras de esta relación. Enrique Gil Gilbert (1912-1973). Narrador y dirigente comunista ecuatoriano. Obras: Los que se van (1930) junto a Joaquín Gallegos Lara y Demetrio Aguilera Malta, Yunga (1933), Relatos de Emanuel (1939), La cabeza de un niño en un tacho de basura (1967). Al participar en el concurso de novela Farrar and Rinehart en 1941, con Nuestro pan, recibió el segundo premio, el primero se lo dieron a El mundo es ancho y ajeno de Ciro Alegría y como finalista quedó Juan Carlos Onetti con Tiempo de abrazar (escrita en 1934).


DOCUMENTO CONCESIÓN DEL PREMIO ISABEL LA CATOLICA EN 1932∗

15. Oficio que comunica a Arroyo la concesión por parte del Gobierno español de la Encomienda de la Orden Isabel la Católica.

Cuando Fernando de los Ríos era Ministro de Niceto Alcalá Zamora –en la Segunda República Española–, concedió la Encomienda de la Orden Isabel la Católica a César E. Arroyo, en reconocimiento de su larga labor hispanófila. Las insignias de Comendador de la Orden se las dieron a Arroyo cuando ya había sido nombrado Cónsul General en Lima, y las recibió de manos del Ministro Plenipotenciario de España en el Ecuador, Fernando González Arnao.


De Henri Barbusse∗

16. Carta de Henri Barbusse a Arroyo106. ∗

Henri Barbusse (1873-1935). Novelista francés. Obras: El infierno (1908), El fuego (1916), esta última fue escrita luego de participar en la I Guerra Mundial y fue un verdadero manifiesto antibelicista, con ella ganó el Premio Goncourt de ese año. Su autor se convirtió en un líder pacifista, para luego adherirse al comunismo soviético y dedicarse a escribir obras en su defensa, entre ellas una biografía de Stalin (1935). 106 Transcribo la misiva aludida en ésta: “Lima, 27 de enero de 1933./ Monsieur/ Henry Barbusse/ Aumont./ Ilustre maestro:/ He tenido el alto honor de recibir, gentilmente enviado por usted, el hermoso mensaje del Comité Mundial de lucha contra la Guerra. A este llamamiento humano, ardiente y generoso respondo con todas las veras de mi alma, enviando al Comité Mundial Pacifista mis votos más fervorosos por la paz del mundo, condenando la guerra como un instrumento salvaje de política y poniéndome, incondicionalmente, a las órdenes de usted y del Comité, como un humilde misionero de la paz en la América del Sur./ Ruego a usted, egregio maestro, aceptar estos acendrados sentimientos y el homenaje de devotísima admiración con que me honro en suscribirme del escritor y apóstol mundial, fervoroso adicto, [César E. Arroyo]//.”


17. Carta de Humberto Salvador a Arroyo.


De Humberto Salvador∗

Quito, 6 de octubre de 1933.

Queridísimo César: Con mucha pena he leído tu carta. Lamento infinito que hayas estado enfermo. Es para mí un grande dolor, como si lo hubiera estado yo. Sabía que tu salud no estaba bien, pero nunca creí que se tratara de algo grave107. He llamado tres días seguidos a la casa de Marieta108. Sin duda ella continúa ausente. Debido a las muchas sesiones del Consejo, no he podido ir a la quinta. Pero creo que vendrá en estos días. Le hablaré largamente de ti. Te comunicaré cuanto ella me diga, en mi próxima carta. Me ha llenado de emoción tu generosa oferta, para que vaya a fines de año a Lima . ¡Que placer tan grande para mí conocer la bella capital peruana! Pero, mi querido César, por ahora no puedo decirte si me será o no posible ir. Necesito saber cuál será mi situación definitiva. Te digo esto, porque la endiablada situación política, –que tú la conocerás por informaciones de la prensa–, nos tiene un continuo malestar. Se habla insistentemente de que el Gobierno prepara una dictadura110. De ser esto cierto, tú sabes que yo quedaría sin trabajo, en pésimas condiciones. Además, no sé si me sea posible conseguir en el Consejo la licencia necesaria para ir a esa capital, así como el dinero para el viaje. En fin, mi querido César, yo te comunicaré oportunamente, –a mediados o fines de noviembre–, si puedo ir o no. En todo caso, te quedo 109

Humberto Salvador (1909-1982). Novelista ecuatoriano. Si actualmente se le revaloriza por sus propuestas vanguardistas, se está dejando de lado su valor como uno de los mejores cultores de la caricatura en la novelística nacional, por ejemplo, véanse sus esperpénticos personajes en Noviembre (1939), que parecen anticipo de los protagonistas de la actual política ecuatoriana. Obras: Ajedrez (1929), En la ciudad he perdido una novela (1930), Camarada (1933), Trabajadores (1935), etc. 107 Desconocemos exactamente la enfermedad que padecía Arroyo, aunque sabemos que la causa de su muerte 4 años después fue por un coma por arterioesclerosis cerebral. 108 Se trata de Marieta Viteri. Arroyo tuvo vínculos afectivos con esta mujer, carecemos de datos suyos, aunque en un recorte sin fecha –quizás entre 1931 o 1932, en Quito– se habla de la admirable soprano Marietta [sic] Viteri, que va a participar en “La misa en do mayor, de Beethoven”, en el día de Santa Cecilia; además la edición príncipe de Catedrales de Francia (1933), Arroyo se la ofreció “Dedicatoria. A la voz maravillosa de Marieta Viteri, digna de elevarse místicamente en las altas naves de las Catedrales de Francia. C. E. A.”. Según testimonio verbal (2001) de María Rosa Arroyo, cuando ella viajó de Buenos Aires –en donde residía con sus padres– a Quito en 1962, llevó a instancias de Rafael Alvarado, los originales de Siete medallas, libro inédito de Arroyo para publicarlo bajo el sello de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, en la presentación del libro estuvo presente la señora Viteri, quien enternecida abrazó a la nieta de César y manifestó que: “era nieta suya también”. 109 Arroyo permaneció de Cónsul General del Ecuador en Lima desde agosto de 1932 hasta julio de 1934. 110 Desde diciembre de 1932, luego de la descalificación del presidente electo Neptalí Bonifaz, por parte del Congreso Nacional reunido el 19 de agosto de 1932, en nuevas elecciones subió al poder Juan de Dios Martínez Mera, en donde permaneció unas dos semanas más luego de escrita esta carta, ya que desde el 20 de octubre de 1933, en que el Ministro de Gobierno Abelardo Montalvo, se hizo cargo del poder hasta agosto de 1934, derrocado por el parlamentario José María Velasco Ibarra, quien llegó al poder desde septiembre de aquel año.


profundamente reconocido, sumo esta deuda de gratitud a las muchas que tengo contigo; te doy miles de gracias, como si estuviera ya de vuelta. Gracias también por el envío de direcciones de intelectuales peruanos. Era con el objeto de enviarles mis libros. Desgraciadamente, parece que has olvidado las señales de cada uno. En este caso, quizá no pueda hacer los envíos. ¿Basta con indicar los nombres? Me encuentro en esta duda. ¿Eres amigo de Rosita Arciniega111? Ella debe estar en Lima. Recibí un saludo suyo desde el barco112. Si es tu amiga, te ruego presentarle mis más cordiales recuerdos. ¡Le tengo una estimación tan grande! Me gustan tanto sus libros! Mi novela Camarada113 se ha retardado por los inconvenientes que se encuentran en la imprenta nacional y que tú los conoces. Pero creo que aparecerá después de 15 días, a más tardar. Estará dedicada a Rosita Arciniega. ¡Ojalá haya salido siquiera regular! Sería conveniente que hagas todo lo posible por conseguir que te trasladen a otro consulado114. Quizá mejoren los tiempos. Por ahora la situación es muy difícil, mi querido César. Recordarás que a mí me repugnaba que fueras de Cónsul a Lima. ¡Como si hubiera adivinado que te sentaría mal esa ciudad! Quiero que reacciones, cuanto te sea posible. No hay razón alguna para que consideres destrozada tu vida. Al contrario, es la época de iniciar de nuevo la vida. Efectivamente, yo te creía en Europa. Es una lástima que no hayas podido hacer tan bello viaje en compañía de tu hermano115. La ausencia de él ha sido un grave inconveniente para mí, pues hubiera querido que sea él, –no hay otro sino es él–, quien estudie e informe sobre mi tesis (el libro sobre el fenómeno sexual), que está terminada ya116. A Delio Ortiz117 lo recuerdo siempre con grande cariño y ahora le envío un abrazo, haciendo votos por su bienestar. Espero tener pronto una carta tuya, así sea muy corta. Va mi fraternal abrazo de siempre, Humberto

111

Rosa Arciniega (1909). Escritora peruana. Vinculada al grupo liderado por José Carlos Mariátegui, militó en el marxismo latinoamericano, luchó por los derechos de la mujer. Residió en Madrid hasta el inicio de la Guerra Civil en 1936, cuando retornó a Lima. De sus obras se destacan las siguientes biografías: Francisco Pizarro (1936), Pedro de Valdivia (1943) y Pedro Sarmiento de Gamboa, el Ulises de América (1956). 112 Probablemente le habrá hecho llegar algún comentario o acuse de recibo de algún trabajo literario suyo anterior a esta fecha. 113 Humberto Salvador. Camarada. Quito, Imprenta Nacional, 1933. 114 A mediados del año siguiente se cumplió el deseo de Salvador, para julio de 1934, Arroyo fue designado como Cónsul General del Ecuador en Ginebra. 115 Alberto Arroyo, hermano menor de César, abogado, fue decano de la Universidad Central del Ecuador. 116 Humberto Salvador. Esquema sexual. Prólogo de Jorge Escudero. Santiago de Chile, Ercilla, 1939. (Biblioteca de Cultura). 117 Delio Ortiz. Carecemos de datos acerca de este personaje, salvo que era militante de izquierda, amigo de Benjamín Carrión y que publicó el volumen Diplomacia de gangster (Quito, Imprenta de la Universidad Central, 1941)


Demetrio Aguilera Malta∗

18. Portada y autógrafo de Demetrio Aguilera Malta, “Para César E. Arroyo cordialmente. Aguilera Malta”.

Demetrio Aguilera Malta (1909-1981). Narrador y autor teatral ecuatoriano. Junto a Joaquín Gallegos Lara y Enrique Gil Gilbert iniciaron el proceso de transformación de la narrativa ecuatoriana al publicar el libro de cuentos en grupo Los que se van (1930), al inaugurar la literatura de denuncia dentro de la corriente del realismo social en Hispanoamérica. Fue corresponsal de guerra en la Guerra Civil Española, en 1958 se radicó definitivamente en México. Cumplió varios cargos diplomáticos en representación de su país en Chile, Brasil y México. Obras: Don Goyo (1933), Canal Zone (1935), La isla virgen (1942), España leal (1938) y Siete lunas y siete serpientes (1970).


CÉSAR E. ARROYO Y SU HIJO ENRIQUE

19. César E. Arroyo Pastor y su hijo Enrique Arroyo de Perera (c. a. 1932).


UN POEMA

20. Soneto “A César E. Arroyo” de Pedro Luis de Gálvez.


De Pedro Luis Gálvez∗

A César Arroyo

¡Ave. César, que llegas del remoto Ecuador; Príncipe de las Letras Castellanas; Cervantes de mi siglo; andariego, prodigioso cantor de esta raza de locos, místicos y gigantes! ¡Ave, César, maestro; de señores, señor! Como aquellos lejanos caballeros andantes, tienes una sonrisa para el propio dolor, para el dolor ajeno tus acentos vibrantes. Ondas del Mar Pacífico te mecieron la cuna. De los Andes el Hada, con un rayo de luna, dibujó cinco letras sobre tu hermosa frente. Y al escribir del genio la palabra sagrada, al igual que los mundos surgieron de la Nada, de tu cerebro-niño se hizo una luz potente.

Pedro Luis de Gálvez Santander 12 de julio de 1921

Pedro Luis de Gálvez (1882-1940). Escritor y bohemio español. Juan Manuel de Prada le dedicó el capítulo “Pedro Luis de Gálvez en la cárcel”, en su Desgarrados y excéntricos (Barcelona, Seix Barral, 2001. pp. 79-122), antes ya lo había convertido en el protagonista de su novela Las máscaras del héroe (1996).


21. Américus. “La Idea”. Cervantes. [s.a.]. [s.n.]. Madrid. feb. 1919. p. 148. Reseña de la revista quiteña, fundada y dirigida por Jorge Carrera Andrade (1903-1978), Gonzalo Escudero (1903-1971) y Augusto Arias (1903-1974).

22. César E. Arroyo. “Gonzalo Escudero Moscoso. Poemas de arte. Quito. 1919”. “Del momento literario. Letras americanas”. Cervantes. [s.a.]. [s.n.]. Madrid. may. 1920. pp. 122-123. Reseña del primer poemario de Gonzalo Escudero, que junto a Carrera Andrade y Alfredo Gangotena son los mayores líricos ecuatorianos.


CÉSAR E. ARROYO Y LA REVISTA CERVANTES (1916-1920)∗ A doña Lola Rubio, nuera del escritor, en sus 90 años

César E. Arroyo (1886-1937) es una de las figuras más representativas de las letras ecuatorianas de la primera mitad del siglo XX y junto a Gonzalo Zaldumbide uno de los claros exponentes de la prosa modernista del país. Llegó a España invitado para el Centenario de las Cortes de Cádiz en 1912 –contaba con 26 años y con el aval de unos cuantos poemas y crónicas periodísticas publicadas en la prensa ecuatoriana–, a poco de ello se instaló en Madrid, y al año siguiente fue nombrado Cónsul en Vigo. En agosto de 1916, algo retrasado para conmemorar el tercer centenario de la muerte del autor del Quijote, Francisco Villaespesa fundó en Madrid Cervantes, Revista Mensual Iberoamericana. Junto a él, figuran como directores Luis G. Urbina y José Ingenieros. Fiel al subtítulo acogió a diversidad de autores de ambos lados del Atlántico. Y su estética rectora fue la modernista. El vínculo entre Arroyo y el autor de Los nocturnos del Generalife se estableció a mediados de 1913, en “plena bohemia” madrileña; como telón de fondo las reuniones de Café, en Pombo, en El Colonial, El Gato Negro, El Universal, y muchos otros; los sainetes de Arniches, las astracanadas de Muñoz Seca, los éxitos teatrales de Benavente y los hermanos Álvarez Quintero. Abierta la brecha por Darío y Gómez Carrillo, los hispanoamericanos vienen arracimados. Respaldados por el prestigio logrado en el siglo anterior por Bello, Montalvo, Martí, Sarmiento y por el lado del afianzamiento de los nacionalismos con Bolívar y San Martín. Se publica profusamente a autores hispanoamericanos, salen revistas o diarios sobre todo en París, Barcelona y Madrid. En aquel entonces Arroyo, llevado de su juventud, alternó febrilmente con los espíritus del 900 a que se referirá Cansinos Assens; éste retrató el Madrid de aquel entonces en La novela de un literato, aquí caricaturizó las tertulias, los grupos, y todo lo que se cocinó en aquel ambiente enfervorizado con la presencia de espíritus tan disímiles y fogosos, delicuescentes, egocéntricos: Vargas Vila, Blanco-Fombona, Ugarte, Alberto Guillén; mesurados: Alfonso Reyes; bohemios: Nervo, Darío, Gómez Carrillo, conciliadores o contemporizadores: el propio Arroyo y Andrés GonzálezBlanco; impetuosos: Gómez de la Serna y Cansinos Assens; de tránsito: Borges y los de último cuño, iconoclastas: González Ruano y Guillermo de Torre. Arroyo colaboró en la revista desde el primer número, en agosto de 1916, y fue, durante esta primera etapa, secretario de redacción, que concluyó en el número catorce, de septiembre de 1917. Coincidió con la partida del poeta granadino a América, Arroyo lo acompañó a México, poco más de un mes, en su tránsito al Ecuador, en donde difundió –conferenciando en el Teatro Edén en el Pasaje Royal–, aspectos de la literatura hispánica y azteca ante las nuevas generaciones. ∗

Gustavo Salazar. “Revista Cervantes y el Ecuador” Artes. Suplemento dominical de La Hora. Quito, 15 de junio de 2003. p. 10.


En abril de 1918, “revivió” la publicación y en julio pasó a llamarse Revista Hispano-americana Cervantes, en esta segunda etapa tuvo dos directores: de la sección española el crítico, ensayista y traductor Andrés González-Blanco –introductor de la obra de Eça de Queiroz al español–, y de la sección americana se encargó César E. Arroyo. Esta colaboración duró hasta el número de diciembre del mismo año, sin que su orientación haya variado de la inicial. Fue en enero de 1919 cuando Cansinos Assens –crítico literario, promotor cultural y sobre todo el reconocido traductor, que llegará a ser, de obras maestras de la literatura universal, entre ellas de Goethe y Dostoievski–, sucesor del conquense en la dirección de la sección española, publicó el “Manifiesto Ultra”; a partir de este número el autor de El divino fracaso enrumba la revista. La orientación que adoptó en esta tercera y última etapa sirve de catalizador del cambio de sensibilidad. Aunque por convicción y formación ambos directores, como creadores, no abandonaron su postura modernista, el sevillano logró que la publicación promocione y se convierta en el eslabón entre el Modernismo y las vanguardias en lengua española, concretamente el Ultraísmo. El pluralismo que siempre conservó la revista desde el inicio hasta el último número, el 47, permitió que continúen autores de la escuela precedente. De ecuatorianos, aparecieron trabajos de Gonzalo Zaldumbide; los decapitados: a Medardo Ángel Silva se lo publicó junto a Tablada; tres poemas de Hugo Mayo entre otros vanguardistas en el número de octubre de 1919. Arroyo reseñó el primer poemario de Gonzalo Escudero, Los poemas del arte; comentó generosamente la aparición de La Idea: revista de los adolescentes Escudero, Carrera Andrade y Arias; felicitó la llegada de Camilo Egas a realizar estudios en la Academia de San Fernando de Madrid, etc. Como corolario de esta publicación existe un documento firmado en enero de 1921, mediante el cual José María Yagües, mecenas de la revista desde el principio y Cansinos Assens ceden los derechos de la revista y de la editorial adjunta “Biblioteca Ariel”, que llevaban adelante, en la cual publicaron libros novedosos, con la cláusula de que conservarían el nombre de la revista, siempre y cuando continúen con su publicación, aparece rubricado por los mencionados y los otros dos son: Antonio Ballesteros de Martos y César E. Arroyo. Como vemos, Arroyo fue un extraordinario promotor de los valores nacionales, pendiente de los acontecimientos culturales en el Ecuador y a través de sus amigos, uno de los más importantes Isaac J. Barrera y su revista Letras, en la cual colaboró permanentemente, logró que se difundiera la producción literaria ecuatoriana. Ésta es la primera y más rica, literariamente hablando, estancia de Arroyo en España, entre 1912 y 1921. En su continuo trajinar, como diplomático, no dejará de gestar y dirigir revistas en su país y en el extranjero, hará algunos deliciosos libros de crónicas y de prosas poéticas como un “cronista apasionado de las cosas bellas”. Pero estos ya son otros capítulos de esta apasionante historia.

Gustavo Salazar (Alcalá de Henares, 23 de abril de 2003).


BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA

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Mendonça Teles, Gilberto y Klaus Müller-Berg “[César E. Arroyo]” Vanguardia latinoamericana: historia, crítica y documentos, Madrid, Vervuert / Iberoamericana, (tomo I, 2000, pp. 45-46); (tomo IV, 2005, pp. 16-18 y 28-50). [En el último tomo reproducen: Romancero del pueblo ecuatoriano con el título “Figuras del romancero” y “La nueva poesía en América: La evolución de un gran poeta”]. Miomandre, Francis de. “Querelles de mots” (Revues et journaux de l’Amérique Latine). Revue de l’Amérique Latine. [s.n.]. [1931]. pp. 173-175. [La vie en Amérique Latine]. [acerca de Manuel Ugarte]. Mistral, Gabriela. “Pasión agraria”. Repertorio Americano. t. 18. n. 6. San José. 9 feb. 1929. pp. 82-83. Núñez y Domínguez, José de Jesús. “César E. Arroyo y su amor a la raza”. Revista de Revistas. El Semanario Nacional. año 23. n. 1.208. México. 9 jul. 1933. [p. 40]. Ojeda, Enrique. Jorge Carrera Andrade, Introducción al estudio de su vida y de su obra, New York, Eliseo Torres & Sons, 1971, pp. 103-120. Reyes, Alfonso. “Libros y revistas: Juan Montalvo. Sus mejores prosas”, El Sol, año 3, nº. 505, Madrid, 24 abr. 1919. p. 12. [al recogerlo en volumen, Reyes eliminó toda alusión a Arroyo, “Sobre Montalvo”. Simpatías y diferencias. (Primera serie). Madrid, [Imp. E. Teodoro], 1921. pp. 78-80. en Alfonso Reyes digital. Obras completas y dos epistolarios. Biblioteca Virtual Andrés Bello de Polígrafos Hispanoamericanos, 2., 2002]. Robles, Humberto E. [César E. Arroyo] en “Presencia y recepción de las vanguardias (1918-1924)”. La noción de vanguardia en el Ecuador: Recepción, trayectoria, documentos (1918-1934). 2ª. ed. Quito, Corporación Editora Nacional / Universidad Andina Simón Bolívar, 2006, pp. 27-35 Salazar, Gustavo. “César E. Arroyo o el apasionado impenitente”. (Discurso leído en la inauguración del busto del escritor quiteño, en Chiclana de la Frontera (Andalucía), el 28 de marzo de 2003). Salazar, Gustavo. “Revista Cervantes y el Ecuador”. Artes Cultura suplemento dominical del diario La Hora. n. 297. Quito. 15 jun. 2003. p. 10.

http://www.dlh.lahora.com.ec/paginas/temas/variaciones108.htm Salazar, Gustavo, (editor). La voz cordial: Correspondencia entre César E. Arroyo y Benjamín Carrión (1926-1932). Quito, Alcaldía Metropolitana/FONSAL, 2007. 206 p. (Colección Escritores de Quito;1). Sáinz de Robles, Federico Carlos. “Arroyo, César A. [sic]”. Ensayo de un diccionario de la literatura, escritores españoles e hispanoamericanos, t. II, Madrid, Aguilar, 1973, p. 94. Tablada, José Juan. “[Carta]”, en el ensayo de César E. Arroyo: “La nueva poesía en América: La evolución de un gran poeta”. Cervantes. [s. a.] [s. n.] Madrid. ago. 1919. pp. 107-108. Torre, Guillermo de. “Bibliografía: Juan Montalvo. Sus mejores prosas.- Editorial Hispánica, 1919. Selección de César E. Arroyo. Palabras preliminares de Vargas Vila”. Cervantes. [s.a.][s.n.]. Madrid. mar. 1919. pp. 149-150. Ugarte, Manuel. “El gato intruso”. El naufragio de los argonautas. Madrid, Imprenta “Prensa Española”, 1951. pp. 149-153. Vasconcelos, José. “[César E. Arroyo]”. en: “Marsella”. El desastre (Autobiografía). Obras Completas. México, Libreros Mexicanos, 1957. t. 1. pp. 1577-1578. [la edición original es de 1938]. Vasconcelos, José. “Vistazos a la Constitución mexicana de 1917. Prólogo de José Vasconcelos al libro de César E. Arroyo, titulado Ensayo sobre la Constitución Política Mexicana”. El Comercio. Quito. 21 jun. 1926. pp. 1, 4. Villaespesa, Francisco. “[Carta]” en el artículo “Una visita”, de autor anónimo. [s. n.], [Panamá], [s. d.]. Zaldumbide, Gonzalo. “Prólogo”. Retablo de César E. Arroyo. Madrid, [Imp. G. Hernández y Galo Sáez], [1921]. pp. V-XIV. (Biblioteca Ariel; 5).


INDICE

Caricatura Dedicatoria

3

Liminar

5

Agradecimientos

8

ALGUNAS OPINIONES ACERCA DE CÉSAR E. ARROYO Reseña del libro Sus mejores prosas, de Juan Montalvo Guillermo de Torre Reseña del libro Sus mejores prosas, de Juan Montalvo Alfonso Reyes UN PRÓLOGO

9 10

1. Página inicial de “Pasión agraria” de Gabriela Mistral (manuscrita) “Pasión agraria” Gabriela Mistral 2. Página final de “Pasión agraria” de Gabriela Mistral (autografiada)

12 13 16

“Manuel Ugarte” “Manuel Ugarte” “Manuel Ugarte” “Marsella” “El gato intruso” “Elogio de César E. Arroyo”

Francis de Miomandre Marcel Brion Jorge Carrera Andrade José Vasconcelos Manuel Ugarte Alejandro Carrión

17 19 20 21 23 26

3. Jacinto Benavente [Madrid,] 7 de noviembre de 1913 César E. Arroyo a Isaac J. Barrera Madrid, 10 de julio de 1916 Francisco Villaespesa México, 26 de junio de 1917 4. Francisco Villaespesa en México (junio de 1917) 5. Contrato para la fundación de la revista Cervantes (1918) Amado Nervo Madrid, 26 de abril de 1918 Andrés González Blanco [Madrid,] 7 de mayo 1918 Julio Cejador a César E. Arroyo Madrid, 19 de julio de 1918 6. En el Café Pombo Fotografía en grupo (marzo de 1919) César E. Arroyo a Rafael Cansinos Assens Madrid, 14 de marzo de 1919 César E. Arroyo a Rafael Cansinos Assens Madrid, 6 de julio de 1919 César E. Arroyo a Rafael Cansinos Assens Madrid, 29 de febrero de 1928 7. 8. y 9. Rafael Cansinos Assens [Madrid, marzo de 1928] César E. Arroyo a Rafael Cansinos Assens Marsella, 18 de septiembre de 1928 10. Rafael Cansinos Assens Madrid, 12 de octubre de 1928 José Juan Tablada [Caracas, junio de 1919]

27 29

VARIAS CARTAS

30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 42 43 45


11. José Brissa Barcelona, 15 de julio de 1919 46 Alcides Arguedas París, 20 de agosto de 1919 48 12. Cubierta de la revista Cervantes (octubre de 1919) 49 Luis G. Urbina Madrid, 6 de noviembre de 1919 50 13. Cubierta y autógrafo de Imagen de Gerardo Diego 51 14. Manuscrito de Camilo Egas 52 15. Américus (pseud. de Arroyo) “Artista ecuatoriano”, sobre Camilo Egas 53 Gonzalo Zaldumbide Roma, 11 de julio de 1923 54 Benjamín Carrión El Havre, 16 de agosto [de 1927] 55 José Vasconcelos Chicago, 24 de febrero de 1928 57 Gabriela Mistral Cavi, 16 de enero de 1930 59 16. “La emperatriz”, poema dedicado Medardo Ángel Silva 61 Manuel Ugarte Niza, 21 de enero de 1930 62 17. Poemas de Jaime Torres Bodet (autografiado) 63 Jaime Torres Bodet Madrid, 9 de enero de 1931 64 18. Suburbio de Raúl Andrade (autografiado) 65 19. Postal de César E. Arroyo a Alfonso Reyes Marsella, 31 de enero de 1931 66 20. Nota de Enrique Gil Gilbert 68 21. Oficio de la Concesión del Premio Isabel la Católica a Arroyo (1932) 69 22. Henry Barbusse a César E. Arroyo París, 6 de marzo de 1933 70 23. Carta de Humberto Salvador Quito, 6 de octubre de 1933 71 24. Don Goyo de Demetrio Aguilera Malta (autografiado) 76 25. Fotografía de César E. Arroyo y su hijo Enrique Arroyo de Perera 77 26. Poema de Pedro Luis de Gálvez firmado en Santander 12 de julio de 1921 78 27. Américus. “La Idea”, reseña de la revista quiteña de 1918 28. César E. Arroyo reseña Poemas de arte de Gonzalo Escudero 80 “César E. Arroyo y la revista Cervantes (1916-1920)” 81 Bibliografía utilizada

83


Este libro fue terminado en edición personal entre los días dos y tres de diciembre del año dos mil nueve. A los ocho años once meses y un día de mi estadía en esta Villa y Corte.


Foto: Galo Polo hijo.

GUSTAVO SALAZAR EL EDITOR Bibliotecario, bibliógrafo e investigador literario ecuatoriano (Quito, 1966). Estuvo a cargo de la Biblioteca del Convento de Santo Domingo de Quito (1989-1990) con el auspicio del Convenio binacional Ecuador-Bélgica, entre 1991 y 1994 estuvo a cargo o colaboró con la Biblioteca y Archivo personal de Benjamín Carrión, trabajó en la Biblioteca del Convento de La Merced de Quito (1994-1998), proyecto financiado por la Fundación Paul Getty; ha sido profesor de Literatura clásica y española de Educación Media e impartido clases de biblioteconomía en la Universidad Técnica del Norte, en Ibarra. Ha dirigido dos talleres de lectura de Forum Intercultural, dedicados a Huasipungo de Icaza y Vida del ahorcado de Palacio los años 2005 y 2009 respectivamente, auspiciados por el Ministerio de Cultura de España y la Fundación Rumiñahui. Desde el año 2002 es funcionario en el Consulado del Ecuador en Madrid. Tiene para publicar: Mirando a España y otras crónicas y ensayos (1913-1936), de César E. Arroyo; Correspondencia española, de César E. Arroyo; A media correspondencia. Cartas entre Alfonso Reyes y Gonzalo Zaldumbide 1923-1957; Un episodio amoroso: Cartas entre Teresa de la Parra y Gonzalo Zaldumbide (1924-1936); “Epistolario de Gabriela Mistral con Gonzalo Zaldumbide, César E. Arroyo, Benjamín Carrión, Jorge Carrera Andrade, Augusto Arias y Adelaida Velasco Galdós”; y La revista madrileña Cervantes (19161920). Ha publicado: Correspondencia I: Cartas a Benjamín, selección y notas de Gustavo Salazar, prólogo de Jorge Enrique Adoum, (Quito, 1995); Benjamín Carrión: un rastreo bibliográfico. (Quito, 1998); La suave patria y otros textos, de Benjamín Carrión, selección y notas de Gustavo Salazar, (Quito, 1998); La patria en tono menor, ensayos escogidos, de Benjamín Carrión, prólogo, selección y edición de Gustavo Salazar (México, 2001); Gonzalo Zaldumbide, Cartas 1933-1934. Edición, prólogo y notas de Efraín Villacís; Gustavo Salazar. (Quito, 2000); La voz cordial, correspondencia entre César E. Arroyo y Benjamín Carrión (1926-1932) (Quito, 2007) y de la serie Cuadernos “A pie de página” el nº 1 dedicado a Pablo Palacio (Madrid, 2008). Colaboró con la edición de las Obras completas de Pablo Palacio preparada por la Universidad Alfredo Pérez Guerrero en coedición con la Comisión Nacional Permanente de Conmemoraciones Cívicas en Quito, por el centenario del nacimiento del escritor en 2006 y en el volumen monográfico preparado por el Museo de la Ciudad. Ecuador y México. Vínculo histórico e intercultural (1820-1970), Quito (2010). (Colección Documentos; 14).


Imp. personal

CUADERNOS “A PIE DE PAGINA” Nº. 2

Cuadernos 2. Cesar E. Arroyo  

Gustavo Salazar (Editor) Madrid 2009 Gustavo Salazar (Editor) Madrid 2009

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