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jamás su tremebunda mala suerte (más sobre la mala y buena suerte de Bunker algo más adelante) ni ominosa experiencia vital. Cuando el autor afirma que «no creo que muchos lectores sepan lo que es pasar la noche pensando que, cuando salga el sol, quizás tengas que matar a alguien a cuchilladas... o morir de igual manera», el lector solo puede mascullar un aliviado «no, en efecto; no tengo la menor idea de qué demonios es eso (por suerte, mecagüenla)». Y sin embargo muchos lectores (y autores) sí compartimos con Eddie B. la alienación, el resquemor, el no-encajar-ni-de-culo y el cabreo semipermanente. El ansia de venganza de la que hablaba Nelson Algren. El puteo. El sobrio puteo de Bunker. 3. La educación de un ladrón* es la autobiografía de Edward Bunker. Abarca desde su nacimiento en 1933 hasta 1975, cuando terminó su última condena y se le otorgó la condicional (la primera que no violaría en toda su vida; todas las anteriores habían terminado con huidas o nuevos delitos, dentro o fuera de los muros de la cárcel). La mayoría de sus vivencias habían sido plasmadas en novelas previas (la experiencia carcelaria en La fábrica de animales; su temprano paso por la red de reformatorios en Little Boy Blue; sus múltiples delitos en todas las demás, empezando por Perro come perro y No hay bestia tan feroz) pero aquí es donde reside la verdad de la buena. La confesión laica exhaustiva, que diría el bueno de Juan Jacobo.** A través de sus páginas, Bunker nos habla de cómo, al principio, fue el clásico niño de Hollywood («la primera palabra que supe *  Education of a Felon en el original. Retitulada en su edición inglesa como Mr. Blue; Memoirs of a Renegade, por el personaje que interpretaba Bunker en Reservoir Dogs de Quentin Tarantino. **  Rousseau, por supuesto.

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LA EDUCACIÓN DE UN LADRÓN (Edward Bunker)  

Prólogo de Kiko Amat y primer capítulo

LA EDUCACIÓN DE UN LADRÓN (Edward Bunker)  

Prólogo de Kiko Amat y primer capítulo