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—¿Estás loco? —me preguntó. —No creo. —Pues a veces actúas como si lo estuvieras. Yo pensaba que con la señora Bosco todo iba bien... —Va de maravilla, papá. —No, no es cierto, porque he sabido que te has pasado toda la noche rondando por la ciudad. Tienes nueve años, por el amor de Dios. —Lo siento, papá. —Era cierto; me dolía mucho verlo sufrir. —Eso es lo que dices, pero... Las cosas van cada vez peor. A veces..., a veces pienso en poner en marcha el coche dentro del garaje cerrado. Yo sabía qué significaba aquello y de alguna fuente interior surgió un pensamiento cristiano. —Si lo haces, irás al infierno, ¿sabes? Pese a su desesperación, su expresión se llenó de desdén. —No, no iré. El infierno no existe y el paraíso, tampoco. No hay más vida que esta. Aquí están las recompensas y también los sufrimientos. No sé mucho... pero de eso estoy seguro. —Hizo una pausa. Me agarró por el brazo y me miró fijamente. Luego, añadió—: Lo recordarás, ¿verdad? —Sí, papá, lo recordaré —asentí. Lo he recordado y, aunque he buscado en todas partes algo que rebatiera su declaración, los datos de la existencia confirman la triste verdad de sus palabras. La única manera de negarla es saltar a base de fe el abismo de la realidad. Eso no puedo hacerlo. Independientemente de lo que haya hecho, de manera flagrante, repetidamente y sin pedir disculpas, violando todas las reglas que se interpusieran en lo que deseaba, siempre he intentado separar el grano de la verdad de las toneladas de paja de lo falso. La verdad es

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LA EDUCACIÓN DE UN LADRÓN (Edward Bunker)  

Prólogo de Kiko Amat y primer capítulo

LA EDUCACIÓN DE UN LADRÓN (Edward Bunker)  

Prólogo de Kiko Amat y primer capítulo