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REFLEXIÓN EN TIEMPO DE CUARESMA Cuando comienza el tiempo de Cuaresma, en el rito de la imposición de las cenizas, el sacerdote proclama: “conviértete y cree en el Evangelio “. Por tanto somos invitados a hacer una opción fundamental; es decir, a cambiar radicalmente el centro de nuestra vida, un punto de apoyo hacia la orientación de la vida del hombre. Por tanto la conversión es una verdadera vocación, el hombre es llamado por Dios a reconocerse pecador y reconocer su impotencia para salvarse y volverse a Dios Padre Misericordioso que puede perdonarlo y darle la gracia de la salvación. En el tiempo presente que nos ha tocado vivir la palabra pecado, parece no existir todo el mal que nos rodea –envidia, ira, difamación, prejuicio, intolerancia, y otros – que verdaderamente son la raíz del sufrimiento del ser humano, parecen diluirse y aparentemente el pecado se enmascara en simples sentimientos o comportamientos, cuando en realidad, por el pecado el hombre y la mujer se ven condenados a vivir todo para si mismos suplantando a Dios.” Es que Dios sabe muy bien que el día en que comieras del árbol, se os abrirían los ojos y seríais como dioses, conocedores del bien y del mal “Génesis (3,5). Susurra el demonio a Eva invitándole a comer del fruto. Como el hijo pródigo, sale de la casa de su Padre en busca de otros lugares, al encuentro de un ideal de libertad e independencia que le permita autorrealizarse. En esta situación se encuentran el hombre y la mujer de nuestros días. Así mismo es también una realidad latente en este tiempo que las consultas de psiquiatras y psicólogos son visitadas por personas que en su mayoría

buscan una respuesta a sus vidas, a sus sufrimientos y verdaderamente se puede afirmar que dichas consultas se han convertido en los confesionarios del siglo veintiuno. Y aunque dichos profesionales sean personas que dispensan un gran servicio a la sociedad, ¿no seria por otro lado conveniente reconocer que la solución a dichos problemas no es farmacéutica ni terapéutica? La violencia más despiadada, la ambición, la avaricia, la falta de solidaridad, en tiempos recios como los que vivimos, la insensibilidad e indiferencia frente a los problemas del otro nos traen a la memoria la parábola de Lázaro y el rico. no sería ya hora de reconocer que todo este caldo de cultivo en el que nos movemos es fruto de la aparente desaparición de Dios y por tanto consecuencia del endiosamiento de los hombres? En un tramo de la historia en la que hemos sido testigos de la práctica disolución del comunismo y soportamos a duras penas las consecuencias de un capitalismo feroz y despiadado, que no entiende de personas, donde se nos ha reducido a ser un número, poco más que una cifra, donde nadie se preocupo de explicarnos la letra pequeña de hipotecar nuestra vida a un sistema que se derrumba y en el que sobrevive el más fuerte y una palabra destaca sobre todo, “dinero”, donde parece no hay lugar ni esperanza para el débil, el pobre, o el inmigrante abatido. A través de los medios de comunicación la política las nuevas tecnologías se nos vuelven a catequizar con el mensaje de que la esperanza y la felicidad para el ser humano vendrán a través de corrientes de pensamiento, de revoluciones ideológicas o sociales. Todo este panorama ¿no será por otro lado una fuerte invitación a pararnos un momento y reflexionar seriamente sobre nosotros y nuestra existencia?,¿quién soy?, ¿para que vivo?, detenernos un momento a pensar ¿hacia donde va mi vida?,¿todo este tinglado para finalmente morir?Quizás después de ponernos ante estas preguntas podamos aceptar que somos tal vez

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Encuentro 2014  

Boletín Cofradía del Encuentro

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