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SUMARIO “El encuentro con Jesucristo” ...................... 1

el prado

r Testimonios Mi experiencia de encuentro con Dios en la oración............................................. 3 Manuel Medina Güedes Porque la fragilidad es parte del camino de la vida...................................... 6 La oración contemplativa de la vida..........9 Manuel Martín de Vargas

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r Artículo de fondo

El encuentro con Jesucristo

“Acepta la luz que recibes”

Reflexiones sobre la fe desde la Lumen fidei..... 21

José Joaquín Castelló

r Estudio del Evangelio Los encuentros de Jesús con Pedro...........36 Eugenio Lobo Conde Pablo comprende su vida y su misión desde el encuentro con Jesucristo............. 41 Angel Marino García

uuu

ASOCIACIón

DE

SACERDOTES

DEL

PRADO

Publicación periódica - Enero-Marzo 2014 / núm. 218


PRESENTACIÓN

E

n la vida cristiana, todo nace de la libre iniciativa de Dios que se acerca a nosotros y se hace el “encontradizo” en cualquier lugar y circunstancia. La gran sorpresa es que Dios nos busca, sale a nuestro encuentro, disfruta compartiendo el camino con nosotros. En los orígenes de la humanidad (cf Gn 3,8) Dios bajaba cada tarde a encontrarse con el hombre y a dialogar serenamente con él.

Tantas ganas tiene Dios de encontrarse con nosotros que ha enviado a su Hijo muy amado y ha puesto su tienda de campaña entre nosotros (cf Jn 1,1-18). Jesucristo es el Enmanuel, el-Dios-con-nosotros, lugar de encuentro entre Dios y los hombres. También Jesús sale a buscar lo que estaba perdido; los que tienen la suerte de encontrarse con Él experimentan que se abre un tiempo de gracia y salvación: Dios ha visitado a su pueblo (Lc 7,16). Jesús elige a los Doce para que estén con Él y para enviarlos a predicar el Evangelio (cf. Mc 3,14). Jesús es el Enviado del Padre que nos envía a recorrer los caminos de los hombres para favorecer el encuentro con Él. El discípulo y apóstol es hijo del encuentro con Jesucristo y está al servicio de ese encuentro. La misión evangelizadora entre los pobres brota y se alimenta en el encuentro con Jesucristo. La misión no es un acto de generosidad humana o de voluntarismo, sino la secuencia natural del encuentro con Jesucristo. En la oración redescubrimos nuestra identidad –somos hijos muy amados en Jesucristo- y nuestra misión –favorecer el encuentro de los pobres con Jesucristo-. 1


. El encuentro con Jesucristo

El encuentro con Jesucristo, permanentemente renovado y alimentado en la oración, es el más profundo estímulo para la misión evangelizadora entre los pobres.

“Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él” (Papa Francisco, EG 3).


MI EXPERIENCIA DE ENCUENTRO CON DIOS EN LA ORACIÓN h

Manuel Medina Güedes

R

ealmente, el hombre no sabe más que aquello que experimenta” (Eloi Leclerc). Desde los diecisiete años, la oración fue llegando a mi vida como don y como experiencia sanante, humanizadora, como encuentro con el que ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido” (Lc 19,10) en mí y en los otros. Y a los setenta y un años, puedo seguir dando gracias al buen Dios cada mañana porque el Evangelio no se me cae de las manos ,y porque la oración me hace honesto y me limpia los ojos del corazón día a día (Felices los limpios de corazón, porque verán a Dios”, Mt 5,8).

mundo del trabajo, en el sur de Gran Canaria, empecé a cultivar lo que decía el obispo profeta y mártir argentino Enrique Ángel Angelelli: “Siempre he procurado tener un oído pegado a Cristo y el Evangelio, y el otro oído pegado al pueblo, intentando descubrir en la historia cómo Dios va realizando su historia de salvación”. Desde entonces, cada mañana oro a partir del Evangelio, y cada noche a partir de los hechos del día, de los encuentros del día, de lo que he hecho en el día…¡Y cómo me ayuda a no pasar de largo por la vida y aproximarme al corazón del Evangelio!

Desde 1972, cuando llegué a una parroquia rural y luego en el

Soy tímido y miedoso y tiendo a ser esclavo del “qué dirán”. Y 3


. ”Mi experiencia de encuentro con Dios en la oración

Manuel Medina

zón transparente. Y el corazón transparente puede ver a Dios” (Teresa de Calcuta). También en esa etapa ecuatoriana pude cultivar la humilde fecundidad de la oración eucarística, penitencial y bautismal en Babahoyo, así como renovar cada mañana la fraternidad con los compañeros en esos laudes no rutinarios antes del desayuno.

en los años de Colombia, sobre todo en la década de los noventa, se quedó bien grabado lo de Pablo VI “Orar es respirar en la Gracia”. Porque estuve durante un año, en aquellos tiempos de violencia en los que viajaba frecuentemente por las carreteras colombianas, haciendo en mi oración mañanera Estudio de Evangelio, recorriendo los evangelios con estas preguntas: Señor Jesús, ¿cuáles son tus miedos y qué te ayuda a asumirlos?, ¿qué miedos encuentras en tus discípulos y cómo les acompañas a partir de ahí?, ¿qué miedos encuentras en tu pueblo y cómo lo evangelizas a partir de ahí? Qué luminoso me resulta desde entonces lo de A. Ancel: “¿Qué diría o haría Jesucristo en mi lugar? Mirarlo, escucharlo, orar al Espíritu Santo y luego avanzar detrás de sus huellas”. Porque me imagino que el miedo me durará hasta un cuarto de hora después de morir, pero ¡gracias a Dios! puede ser asumido y evangelizado.

Del tiempo mexicano en Ciudad Juárez, en los años ochenta, me queda el encuentro orante con Dios que presenta Lucas en su evangelio y que personifica en María de Nazaret. Entrelazando Lc 6,47 y 8,15 encontramos estos pasos oracionales que iluminan mi referencia a la “llena de gracia”: 1) ir a Él; 2) escuchar su Palabra con un corazón bien dispuesto; 3) retenerla, guardarla en el corazón, buscarle el sentido; 4) ponerla en práctica; 5) dar fruto gracias a su perseverancia.

Sé que sin oración no soy persona, me corrompo. En los años de Ecuador me acompañó esta convicción que va creciendo ahora: “La oración hace el cora-

Y, en el año que llevo de regreso a mi diócesis de Canarias, va teniendo mucho sentido para mí, 4


. ”Mi experiencia de encuentro con Dios en la oración

antes de abrir el evangelio en la mañana, mirar el Mural de SaintFons y dejarme penetrar por las palabras de A. Chevrier: “Cuanto más pobre se es y más se humilla, más se glorifica y se ama a Dios y uno se hace útil al prójimo… Cuanto más se muere, más vida se tiene y más vida se da... Hacerse buen pan”. Es que estoy comenzando una nueva etapa donde el protagonismo, la lucidez, la creatividad de antes… van cediendo el paso al dejarme rehacer por estos dos barrios de Zárate y El Lasso, fijos los ojos en el que inició y consumó la fe, en Jesús (Hb 12,2), ”convencido de que una mirada contemplativa sobre

Manuel Medina

la vida, continuamente avivada y purificada en la oración, es una fuente de conocimiento de Jesucristo y de dinamismo misionero“ (Constituciones, 38). Desde la impotencia y la perplejidad, se me va convirtiendo en convicción cada vez más arraigada el ¡Bendito seas, Padre… porque si has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos, se las has revelado a la gente sencilla! (Lc 10,21). El papa Francisco nos está confirmando en esta fe. Manuel Medina Güedes Diócesis de Canarias

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PORqUE LA fRAgILIDAD ES PARTE DEL CAMINO DE LA vIDA

E

n las aportaciones que los pradosianos hicimos a lo largo del curso anterior, en la etapa de la preparación de la Asamblea 2013, aparecía la realidad de muchos compañeros que viven la experiencia de la enfermedad, de los achaques y limitaciones propios de los muchos años que vamos teniendo. Incluso quedó recogido en el documento final de nuestra Asamblea Regional, que nos invita a: “Vivir nuestras enfermedades, limitaciones y fracasos como experiencia de pobreza y sufrimiento y como acción y servicio pastoral”.

Acogiendo esta situación cada vez más abundante en la Asociación, recogemos uno de los testimonios que nos regaló Jesús Visa a lo largo de sus tres meses de enfermedad. Este lo escribió el día 3 de Noviembre, 20 días antes de su encuentro definitivo con el Padre. Comparte con nosotros, en su particular Getsemaní, con una fuerza y verdad increíbles su vivencia de la enfermedad entre el miedo y la confianza “Esta mañana, orábamos en este texto del libro de la Sabiduría: ‘Señor, el mundo entero es ante ti como grano de arena en la balanza, como gota de rocío mañanero que cae sobre la tierra. Pero te compadeces de todos, porque todo lo puedes, cierras los ojos a los pecados de los hombres, para que se arrepientan. Amas a todos los seres y no odias nada de lo que has hecho; si hubieras odiado alguna cosa, no la habrías creado. 6


. ”Porque la fragilidad es parte del camino de la vida”

Y ¿cómo subsistirían las cosas, si tú no lo hubieses querido? ¿Cómo conservarían su existencia, si tú no las hubieses llamado? Pero a todos perdonas, porque son tuyos, Señor, amigo de la vida. Todos llevan tu soplo incorruptible. Por eso, corriges poco a poco a los que caen, les recuerdas su pecado y los reprendes, para que se conviertan y crean en ti, Señor.’ (Sab 11,22-12,3).

inseguridades y dudas de fe y miedos que experimento, sin encerrarme en mí mismo, pidiendo y acogiendo el apoyo de los demás, de vosotros todos, sobre todo en estos momentos de dificultad.

Y esto en mis circunstancias, en que sí que “busco tener los pies bien apegados a la tierra, pero que no me libra de mis miedos e incertidumbre”, (como el mismo Jesús y los testigos fieles han sufrido), sigue alentando la confianza y la esperanza en el Señor, me sigue confortando. Me alientan las palabras del Papa Francisco que hace unos días nos recordaba con Pablo la hermosa carta a los Romanos que estamos leyendo: Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros. El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con Él? Ninguna criatura podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo.

Porque la fragilidad es parte del camino de la vida, quiero vivirla fiado del amor, del compromiso de nuestro Dios. Sí, Señor, quiero seguirte en fidelidad en estos momentos de despojo final, como santa María unida a la primera comunidad, como Pablo apóstol, como los santos, buscando, como decía el Padre Nieto, “darme y consumirme para que otros empiecen a florecer”. Vivir, en definitiva, el compromiso evangelizador asumiendo con Jesús la encarnación con todas sus consecuencias.

Y me sentía llamado a orar con el Salmo: ¡Sálvame, Señor, por tu bondad! Y orar en medio de las 7


. ”Porque la fragilidad es parte del camino de la vida”

Y con el P. Chevrier hacer mía su oración: ¡Ayúdame, Oh Cristo, Oh Verbo, mi Señor y mi único maestro, a escucharte y poner en práctica tu divina palabra que sé que viene del cielo, porque en ella está la vida, la alegría, la paz y la felicidad!.

voluntad, porque para eso he venido, para manifestar la gloria de Dios. El miércoles tengo cita con el oncólogo. Ya os comunicaré los resultados. En todo caso orad conmigo. Gracias. Unidos en el Señor Jesús.

¿Por qué os expreso esto? Porque cuento con vosotros, porque quiero seguir siendo familia de Dios, hacer realidad la comunión de los santos, que recordábamos y nos recordaba el Papa el día de la fiesta de Todos los Santos y porque me siento en “noche oscura”, como el mismo Jesús, y desde esta situación quiero seguir gritando: hágase tu

Gracias a ti, Jesús Visa, por el testimonio de tu vida al servicio de la evangelización de los jóvenes pobres y por tus aportaciones a lo largo de tu enfermedad. ¡Ruega por nosotros ante el Padre!

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LA ORACIÓN CONTEMPLATIvA DE LA vIDA h

Manuel Martín de Vargas

E

scucha, Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo: Amarás, pues, al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Estas palabras que yo te mando hoy estarán en tu corazón, se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado (Dt 6,4-7). Siglos más tardes, S. Juan Crisóstomo (Col 2) decía: “Es posible, incluso en el mercado o en un paseo solitario, hacer una frecuente y fervorosa oración. Sentados en vuestra tienda, comprando o vendiendo en el mercado, o incluso haciendo la cocina”. En el mercado y en la cocina, donde “la hermana madre tierra da en toda ocasión las hierbas y los frutos y flores de color” (S. Francisco de Asís).

Pues esos y otros espacios van a ser los lugares teológicos donde los sucesos, acontecimientos y sentimientos que en ellos discurran van a ser iluminados y transcendidos por la Palabra para que desde una nueva Lectio divina se pueda llegar a la oración contemplativa. vado por una señora que le ponía las manos sobre los hombros; el niño era ciego y yo sentía en mis carnes el dolor del niño y su familia, y elevé al Señor una pequeña oración. Días después los informativos manifestaban que en la

En el paseo, en el mercado y en la cocina Hace unos días viajando en el autobús urbano vi cómo un niño de unos diez años, con gafas negras, entraba por el pasillo lle9


. La oración contemplativa de la vida

Manuel Martín de Vargas

capital de Kenia había unos 50.000 niños abandonados por sus padres, y sensibilizado volví a elevar al Señor una oración. En Perú he tratado a algunos de esos niños que allí llaman “petisos” y que terminan en la droga, la prostitución, la cárcel y algunos en la muerte.

banza: “bendito seas, Señor…”, seguida del motivo que provocaba la acción de gracias. Para un israelita todo podía ser motivo de bendición a Dios. Ciertamente su “abba” e “Inma” (padre y madre) le enseñaron a rezar y Jesús fue metiendo en su alma la vida de las gentes. Lucas nos dice que Jesús crecía y se fortalecía en el espíritu (Lc 2,40); Jesús iba contemplando la vida. Lo había hecho muchas veces al ver a su madre amasar el pan de centeno, al igual que hacían otras vecinas de Nazaret; más tarde el fermento que da el crecimiento a la masa le pareció a Jesús semejante al desenvolvimiento del Reino. Su madre en alguna ocasión ha perdido el anillo de boda o un pendiente y lo ha buscado afanosamente; más tarde Jesús comparará la alegría del encuentro a la entrada feliz en el Reino de Dios. Y cuando el cabrito se ha perdido en la espesura, la alegría que experimentan los vecinos al encontrarle se asemejará a la que siente un padre al encontrar al hijo perdido (cf. Lc 15,7.10.20-24). Y se maravilla de que las aves del cielo encuentren comida sin tener que sembrar o cosechar (cf. Mt 6,26). Y queda fascinado por el

Creo que a todos les han pasado sucesos semejantes, y todos habrán tenido también alguna oración o algún silencio interior; pero lo que es circunstancial y espontáneo en la vida parece que debe ser habitual y frecuente. Hacer presente la fe en nuestros encuentros diarios. Porque es así y así lo hacía el Señor Jesús y así nos lo atestiguan los Evangelios.

La oración contemplativa de Jesús Jesús aprendió a orar desde niño. Pertenecía a una familia piadosa que rezaba como cualquiera otra las oraciones prescritas. Sus padres solían ir cada año a Jerusalén por la fiesta de la Pascua (Lc 2,41). Elevaban su corazón a Dios para alabarlo en una oración típicamente judía llamada bendición. Oración que comenzaba con la ala10


. La oración contemplativa de la vida

Manuel Martín de Vargas

misterio que envuelve el crecimiento de la semilla (cf Mc 4,27).

ba el mínimo de la práctica religiosa; el que prescindía de esta costumbre se apartaba de la comunidad. Más tarde, sobre mediados del siglo II a.C., fueron tres veces al día: por la mañana (al levantarse), a la puesta del sol (al acostarse) y por la tarde, a la hora en que en el templo de Jerusalén se ofrecía el sacrificio, asociándose así a la oración y al acto cultual. Esas tres horas fueron en los tiempos de Jesús costumbre piadosa del pueblo de Israel.

Jesús tiene muy adentro la vida y cuando sobreviene el encuentro brota espontáneamente la oración y el sentimiento de acogida, de cariño y de misericordia. El Evangelio nos habla de cómo se detiene ante la vida al admirarla, maravillarse, extrañarse y conmoverse profundamente ante el actuar humano. La vida y la naturaleza le están hablando de su Padre y a su Padre lo contempla en la vida.

Ciertamente, Jesús pertenecía a una familia que cuidaba la tradición y así se dice que Jesús asistió el sábado a la lectura sinagogal como era su costumbre (Lc 4,16). Pero Jesús introdujo nuevas formas de oración:

La oración de Israel en tiempo de Jesús En el mundo griego la oración estaba desacreditada; algo muy distinto ocurre en el Judaísmo. La historia de Israel viene a ser un diálogo continuado con Dios en todos los avatares que el pueblo fue pasando. Israel es un pueblo que reza, y la oración tiene un lugar indiscutible en la religión del pueblo judío.

1. No se contentó con la práctica de los tres tiempos de oración y buscó otros tiempos y espacios diferentes del templo sagrado. Solía retirarse a despoblado y se entregaba a la oración (Lc 5,16). “En descampado… en el monte… por la noche”. Pedro ora en la azotea (cf Hech 10,9); Pablo en la orilla del río y en la playa (cf Hech 16,13).

Según Josefo, recitaban dos veces al día la acción de gracias por los dones que Dios hizo: se recitaba la “shemá”, dentro de unas bendiciones y se considera11


. La oración contemplativa de la vida

Manuel Martín de Vargas

2. El pueblo judío oraba y recitaba en lengua hebrea; en cambio, el Padre nuestro se rezó en arameo, el lenguaje común, y así Jesús separaba la oración del marco litúrgico de la lengua sagrada.

La actividad contemplativa de Jesús Jesús observaba y vivía la desgraciada situación que sufrían los campesinos de Galilea encontrándolos extenuados y abandonados como ovejas que no tienen pastor (Mt 9,36). La primera mirada de Jesús no era al pecado sino al sufrimiento, y al observar a esa gente pobre que clamaban por su dignidad, su salud y el pan de cada día comprendió que necesitaban una sanación integral y comenzó a hacer curaciones con el poder del Señor y a cumplir de este modo la voluntad del Padre.

3. Y sobre todo el contenido. Se le ha pedido a Jesús una fórmula de oración, y en la respuesta va a aparecer una nueva forma de orar. Jesús en la oración habla con su Padre con la sencillez, cariño y seguridad del hijo hacia su padre. Por eso, en la comunidad cristiana primitiva se exhorta, en relación con el Padre nuestro, “tres veces al día tenéis que orar” (Didajé, 8); incluso no se contenta con lo establecido. Pedro reza al mediodía (cf Hech 10,19). Pablo y Silas rezan en la cárcel a medianoche y en las vigilias que a veces se prolongan hasta el amanecer.

Un recorrido por los Evangelios nos muestra las actitudes y sentimientos de Jesús: a) Se compadece de cualquier sufrimiento: - Acercándose y tocando al leproso (cf Mc 1,41) - Marchándose apresuradamente con Jairo (cf Mc 5,38)

Mucho más tarde dirá S. Juan de la Cruz que “aunque los templos y lugares apacibles son acomodados a la oración, se debe escoger aquel lugar que menos ocupe y lleve tras sí el sentido”.

- Al ver a la viuda de Naím (cf Lc 7,13) - Curando al ciego Bartimeo (cf Mc 10,52) - Con el hombre de la mano seca (cf Mc 3,5) 12


. La oración contemplativa de la vida

Manuel Martín de Vargas

- Con la hija de la mujer pagana (cf Mc 7,25)

e) Se admira de la fe del centurión (cf Lc 7,9), de la generosidad de la viuda pobre (cf Lc 21,3), de la sabiduría de las gentes (cf Mc 12,34). Y se extraña de la falta de fe de sus vecinos (cf Mc 6,6).

- Con el endemoniado de Gerasa (cf Mc 5,19) - Quiere la curación de un leproso (cf Mt 8,3) - Curando a muchos en Cafarnaún (cf Mc 1,34) - Junto al lago (cf Mc 3,10) - En Genesaret (cf Jn 6,16). b) Busca a todo el que lo necesita: Zaqueo (cf Lc 19,5); el ciego de nacimiento (cf Jn 9,35); las comidas con publicanos y pecadores (cf Lc 5,29). c) Se fija con atención en las personas: al ver la fe de los compañeros del paralítico (cf Mc 2,5); al pasar vio sentado a Leví (cf Mc 2,14); animando a la fe al epiléptico (cf Mc 9,23). d) Siente profunda angustia en Getsemaní (cf Mc 14,34). Se estremece ante los hambrientos (cf Mc 8,2). Se emociona profundamente ante la muerte de Lázaro (cf Jn 11,33.35-38). Se indigna ante quien escandaliza a los niños (cf Mc 9,42) y se apena por la dureza de corazón de los fariseos (cf Mc 7,6).

Jesús entendió que la sanación habría de ser tanto física y psicológica como espiritual, sin incurrir en esa distinción que no conoce la Biblia y las tradiciones africanas y que ahora está empezando a descubrir la medicina occidental. La práctica de Jesús de tratar a las personas como perdonadas, haciéndoles ver que no se encontraban en estado de culpa o de pecado, tenía un fuerte efecto sanador, ya que les habían dicho siempre y así lo creían ellos, que eran culpables de su mal y por tanto rechazados por Dios. Así se observa en la curación del paralítico llevado en camilla, y con la mujer que lavaba los pies de Jesús (cf Lc 5,23 y Lc 7,44). Asimismo, entre los comensales de Jesús, los publicanos y los pecadores al verse admitidos a la mesa por un maestro bueno que venía de parte de Dios les hacía ver por primera vez en sus tristes vidas que la dignidad no estaba perdida, provocando en ellos el agradecimiento 13


. La oración contemplativa de la vida

Manuel Martín de Vargas

cuando podemos entrar en oración; no solamente la súplica para ver a Dios en la situación y actitud que se observa o se vive, sino también con la alabanza y la acción de gracias. Estamos profundamente agradecidos por todos y queremos ver reflejadas en nosotros las actitudes de Jesús: asombrarse, maravillarse, compadecerse… “tener entre nosotros los mismos sentimientos de Cristo Jesús” (cf Flp 2,5). Y así poder acceder a la contemplación porque la vida se nos puede escapar como el agua se escurre entre las manos, “ya que el agua de lluvia viene muchas veces cuando más descuidado está el hortelano” (Sta. Teresa).

y el deseo de conversión. Todos estos acontecimientos se envuelven en la actitud contemplativa que Jesús tiene ante la vida. En algunos casos el Evangelio nos dice que Jesús antes de proceder a la acción elevó los ojos al cielo (cf Mc 6,41; Jn 11,41), actitud propia del que ora, tal como se afirma en la oración del publicano que no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo (Lc 18,13). En sus largas noches de oración, en las que oraba en descampado o lugares solitarios, tiene necesidad de orar porque la vida se lo está exigiendo. Otras veces alaba a su Padre porque el Reino se revela a los pequeños (cf Mt 11,25). En el regreso de la misión de los 72 discípulos, Jesús invoca al Padre como Señor del cielo y de la tierra, con una aclamación que recuerda las oraciones familiares. Da gracias ante la tumba de Lázaro (cf Jn 11,41) y ruega por los discípulos y por todos (cf Jn 16 y 17).

La actitud contemplativa del discípulo La vida nos da muchos toques de atención y es a través de ellos

Para que esto sea posible, parece necesario amar profundamente la vida, sus tensiones, sufrimientos, alegrías y esperanzas y particularmente las de los pobres. Pero si es difícil entrar en el misterio de cada persona, más difícil es entrar en el misterio del pobre, cuya sencillez es a veces aparente: un mundo cerrado por vivir entre la carencia de lo necesario, las marginaciones y las desconfianzas recíprocas. Y la cuestión no sólo está en respetar, valorar y amar sino en hacerlo del 14


. La oración contemplativa de la vida

Manuel Martín de Vargas

modo que ellos necesitan; no a nuestro modo, sino a su manera y costumbre.

Recordar todo este mundo de miseria me hace daño y me hace sentirme mal y no me queda otra solución que acogerme una vez más a tu misericordia, Señor.

He tenido experiencias muy fuertes: - Desde la más sencilla: un hombre joven almuerza en mi casa y me dice: padre, deme Vd. una cuchara porque no sé comer con tenedor”.

Pero también te doy gracias, Señor, por haberme permitido entrar en la vida de los pobres y haberme concedido tantos momentos de paz y gozo. Y ahora que recuerdo estos hechos, quiero volver a suplicarte que hayas acogido a este hijo tuyo que no pudo vivir su juventud, que tengas misericordia de su desquiciado padre, y que concedas a esa viejecita, sufridora de olores, un puesto en el banquete prometido de “ricos manjares y vinos añejos”. Quiero pedirte que las familias pobres tengan un hogar en el que se encuentren cómodas y a gusto.

- A la más trágica: a punto de morir, llevamos a un hombre joven al hospital. El médico pide unos medicamentos y doy el dinero al padre para que los compre. Pasa la noche y el padre no aparece y cuando lo hace, borracho y sin medicamentos, el hija ya estaba muerto. - Sucesos insospechados: pasa una viejecita y ante el fuerte olor a comida de un restaurante dice: ¡qué pena, un olor de cosas tan ricas y no poder comerlas!

Y ahora, es bueno traer a colación el dolor humano que nos recuerdan tantos datos y cifras que dan escalofríos y que “puede decirse que es el propio Cristo quien en los pobres levanta su voz para despertar la caridad de sus discípulos” (GS 88). Nos duele pensar que muchos no quieran ver el sufrimiento humano. Verdaderamente, “todo es según el dolor con que se mira.

- Voy a almorzar con una familia. Aparece la señora con un plato de comida y me invita a pasar al dormitorio donde se encuentran dos hijos sentados en un camastro. Yo me siento en otro y empezamos todos a comer. Obviamente, no tienen sillas ni mesa. 15


. La oración contemplativa de la vida

Manuel Martín de Vargas

Es importante recordarnos a nosotros mismos cuánto hace la Iglesia en el mundo de la marginación y de la pobreza: HOSPITALES

DISPENSARIOS

LEPROSERÍAS

C. ASIS- ORFANA- GUARC. PL. EDUC. TENCIATOS DERÍAS FAMILIAR SOCIAL LES

AFRICA

1137

5375

184

834

1285

2038

1673

2882

AMERICA

1717

5516

45

4143

2679

3867

5044

14374

ASIA

1130

3547

285

2234

3437

3374

1000

5353

EUROPA

1288

3004

12

8265

2448

2507

5991

10979

OCEANÍA

156

583

3

509

113

116

237

662

TOTAL MUNDO

5428

18025

529

15985

9962

11902

13945

34250

ESCUELAS

ESCUELAS

ESCUELAS

INFANTILES

PRIMARIAS

SECUNDARIAS

AFRICA

12689

34162

10536

AMERICA

15764

22906

10753

ASIA

14172

16236

9903

EUROPA

23611

17109

10345

OCEANÍA

1612

2902

6973

TOTAL MUNDO

67848

93315

47234

Fuente: Anuario Estadístico de la Iglesia 2009

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. La oración contemplativa de la vida

Manuel Martín de Vargas

Toda esta realidad nos asegura la presencia del Reino de Dios y supone una motivación más en nuestros esfuerzos a favor de los necesitados y una oración más de gratitud al Señor por esta fidelidad de la Iglesia.

Padre; y al decir “Abba” tiene que reservarse para Dios y por ellos prohibe a los discípulos que lo utilicen como tratamiento de urbanidad (cf Mt 23,9). Gritar “Abba” supera la capacidad humana y sólo es posible porque el Hijo ha establecido una nueva relación del hombre con Dios y Dios nos da esa seguridad y nos lo confirma: podéis estar plenamente seguros de ello. Es lo que Juan enfatiza: mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! (1 Jn 3,1). Y esta rotundidad de Juan asegura la necesidad de asumir plenamente que somos hijos de Dios, porque sólo puede llamarse Padre al que es verdaderamente su hijo, y los que no lo son lo llamarán de otra manera.

La oración de los hijos “El sol ya ha salido. El que yo abra mis postigos no hace que haya salido el sol; únicamente hace que el sol entre en mi casa, la caliente y la ilumine. Esta es la primera función de la oración: Dios ya ha salido sobre mi vida y yo lo dejo entrar” (F. Varane, El Dios ausente). Los discípulos han pedido a Jesús enséñanos a orar. Así pues, la oración debe aprenderse y en el Nuevo Testamento se reconoce la dificultad para orar; y por eso se ofrece la ayuda, aunque a veces no pueda alcanzarse por la limitación humana (Gandhi: “la oración es la aceptación diaria de nuestra debilidad”). De otro modo, la exhortación a orar siempre, sin interrupción, en toda ocasión (cf Ef 6,18) no tendría sentido.

Ciertamente, creemos que Dios es nuestro Padre, pero parece que no se ha asumido del mismo modo que somos sus hijos, y esto es muy importante porque en la oración sólo tiene sentido que nos dirijamos al Padre si nos afirmamos como hijos. Oramos al Padre porque somos hijos de Dios y, a la inversa, somos hijos de Dios porque lo invocamos como Padre. “En el corazón de nuestra oración hay,

Jesús, con la entrega del Padrenuestro a los discípulos, les transmite poder decir “Abba”, 17


. La oración contemplativa de la vida

Manuel Martín de Vargas

más profundamente que una actitud filial, un ser de hijos” (P. Benoit).

buscado si no me hubieras encontrado”. Algo semejante había dicho S. Bernardo: “Sólo puede buscarte el que ya te haya encontrado”. Y siglos antes también S. Agustín se expresaba en términos parecidos: “Tú estabas dentro de mí y yo fuera. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo”. Todo esto es muy claro para S. Pablo, para quien la oración está intensa y estrechamente ligada a la conciencia de la posesión del Espíritu Santo y a la relación indisoluble que establece entre oración y Espíritu Santo. Para S. Pablo es imposible orar sin el Espíritu Santo: nadie puede decir ‘Jesús es Señor’, sino por el Espíritu Santo (1 Cor 12,3). Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama ‘Abba, Padre’ (Gál 4,6).

Y un padre de verdad no es el que se limita a traer hijos al mundo, sino el que cuida de ellos, los alimenta y los educa. Un padre verdadero no está de brazos cruzados. Sea lo que nos ocurra, lo que nos pueda suceder, por muy extraña que sea la locura que un día hayamos hecho o se pueda hacer, por muy enredado que se esté en la maleza del pecado viviendo como un perdido… ¡tranquilo, Dios me busca!

La doctrina paulina de la oración Dios viene en nuestra ayuda pues nosotros no sabemos pedir como conviene (Rom 8,26), por lo que el Espíritu tiene que hablar en nosotros para hacer viable la oración: Dios habla en nuestra oración por medio del Espíritu Santo que está en nosotros (cf Rom 8,11). Y esta presencia del Espíritu Santo en la oración significa dos cosas: el Espíritu Santo nos anuncia su presencia y nosotros damos respuesta a su presencia en la oración.

Así, pues, si el Espíritu nos inspira a orar en nombre del Padre, eso significa que Dios nos proclama hijos suyos. “Y tan convencido está S. Pablo de que el Espíritu Santo habla en la oración que quiere permanecer en ella para estar animado constantemente por el Espíritu, y está también convencido de que el conocimiento de Dios no es posible sin la oración” (O. Cullmann). Por eso mismo, S. Juan de la Cruz

Así Pascal cuando oyó la interpelación de Dios: “No me habrías 18


. La oración contemplativa de la vida

Manuel Martín de Vargas

hablará de la oración “que se prolonga día y noche sin interrupción”.

cio de Dios como la suave brisa envolvió a Elías (cf 1 Rey 19,12). - Asumir el misterio. El misterio que se esconde y se manifiesta a la vez en todos los órdenes de la vida. Es bueno recordar las palabras de A. Einstein: “El misterio que nos es dado sentir es la sensación fundamental, la cuna del arte y la ciencia verdadera. Quien no la conoce, quien no puede sorprenderse ni asombrarse, está muerto porque tiene cerrados los ojos”.

En el trabajo, en el descanso y en la calle Ante la vida siempre es posible dejarnos llevar por el Espíritu de diversos modos. “Orar es como el volar de los pájaros, cada uno a su manera” (S. Agustín). Ya que somos templo del Espíritu Santo, dejémonos llevar por el consejo que el apóstol Pablo nos da: dejaos llenar del Espíritu (Ef 5,18). Somos conscientes de que El espíritu sopla donde quiere (Jn 3,8).

- La jaculatoria. Tan frecuente en la oración de las primeras comunidades cristianas, y que resurge en la actualidad por experiencias espirituales orientales. Son muy abundantes en los Evangelios: Ten compasión de nosotros; si quieres puedes limpiarme; aumenta nuestra fe; Señor, que vea…

Y cada suceso, acontecimiento o encuentro puede provocar en nosotros: - La acción de gracias. “Si la oración es simplemente ‘gracias’, es suficiente” (Maestro Eckart). - El ‘silencio interior’. Los maestros espirituales entienden que la contemplación consiste precisamente en escuchar en el silencio. “Nada se parece más a Dios que el silencio” (Maestro Echart). “Orar es amar en silencio” (S. Juan de la Cruz). Perdámonos en el silen-

- Elevar los ojos al cielo. - La alabanza y la bendición. Enseñar a orar Se constata que muchas personas oran con frecuencia, pero parece que algunos no saben orar. Saben 19


. La oración contemplativa de la vida

Manuel Martín de Vargas

pedir -¿ante quién?-, pero no alcanzan el trato con el Señor. Es frecuente que las gentes hablen en nuestros templos; ¿por qué lo hacen? ¿será porque se aburren y no saben orar?

Parece tarea necesaria en la evangelización enseñar a orar. ¿Tan importante como la preparación a los sacramentos? Enseñar a orar, orando. Enseñar a orar para que disfruten.

Es una pena grande que muchos no disfruten de la oración y de la situación anímica en la que ésta nos deja ya que nos ha cabido en suerte una fe tan preciosa como la nuestra (2 Ped 1,1).

Manuel Martín de Vargas Diócesis de Huelva

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“ACEPTA LA LUZ qUE RECIBES” Reflexiones sobre la fe desde la Lumen fidei h

José Joaquín Castelló

E

sta reflexión sobre la encíclica Lumen fidei no quiere ser un análisis pormenorizado de la misma. La encíclica tiene un estilo dialogal, va interpelando y ofreciendo la verdad honda y luminosa de la fe al que no la tiene, al que parece haberla perdido, al que se defiende de ella con razones de corto alcance, al que tiene la tentación de pensar sobre la fe y no vivir la comunión, al que se ve tentado de prescindir de la comunidad cristiana. Intentaré ser fiel a esta pretensión de la encíclica y dejar que guíe e impulse una profundización en la fe, desde la espiritualidad y los medios del Prado.

En medio de la oscuridad de la noche, después de unos días de intensas experiencias religiosas los cristianos se reúnen en terreno profano alrededor de una pequeña pila de leña que se enciende ante la expectación de todos; los reunidos comienzan a mirar el fuego que ilumina la noche. La voz del ministro emerge de entre la penumbra y anuncia que Cristo es el comienzo y el final de nues-

“…Igual que en la liturgia pascual la luz del cirio enciende otras muchas velas. La fe se transmite, por así decirlo, por contacto, de persona a persona, como una llama enciende otra llama. Los cristianos, en su pobreza, plantan una semilla tan fecunda, que se convierte en un gran árbol que es capaz de llenar el mundo de frutos” (Lumen fidei 37). 21


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José Joaquín Castelló

logales. Una encíclica bíblica y espiritual que desea alentar nuestra fe, más que definirla.

tra historia, el sentido de nuestra vida y la plenitud de toda la humanidad. Vela a vela, vida a vida se va transmitiendo una luz, que al compartirla se agranda y se convierte en un río que inunda poco a poco el templo. Se camina en medio de la oscuridad de la noche, guiado por la luz de la propia fe y la de los que nos acompañan en el camino…

La metáfora que hilvana toda la encíclica y que le da título es la metáfora de la luz. “La luz de la fe: la tradición de la Iglesia ha indicado con esta expresión el gran don traído por Jesucristo, que en el Evangelio de san Juan se presenta con estas palabras: «Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas» (Jn 12,46)” (Lumen fídei 1).

Nada hay más difícil que hablar de lo que, por ser como el aire que respiramos, se nos muestra en una transparencia que todo lo penetra y lo inunda. Las verdades más necesarias y evidentes tienen esta virtualidad de la transparencia a nuestros ojos. Eso ocurre con la fe a los creyentes. A cada paso nos acompaña, en ella vivimos el sentido de nuestra vida y por ella creemos que somos hijos y hermanos, y cuando queremos hablar de ella se nos escapa entre las palabras, como el agua que se quiere recoger en una canasta de mimbre. Esta es la primera sensación que se puede tener al leer la primera encíclica del Papa Francisco en la que recoge, según su propio testimonio, las notas que Benedicto XVI ya tenía elaboradas para completar la trilogía sobre las virtudes teo-

Esta metáfora también es omnipresente en los textos del Padre Chevrier, en sus cartas y en el Verdadero Discípulo, no deja de hablar de la fe como la luz de nuestras vidas. “Haz venir un rayo de esa divina luz sobre mi pobre alma, para que yo pueda verte y comprenderte”, rezamos todos los pradosianos. Y con esta hermosa y sencilla metáfora comenta el comienzo del Evangelio de Juan: “Cuando Dios creó el mundo, le dio el sol para iluminar los ojos de nuestro cuerpo, mas cuando creó nuestras almas nos dio a Jesucristo, su Verbo, para iluminar nuestras almas y nuestras inteligencias. Jesucristo es la luz de nuestras almas, como el sol es la luz de nuestros cuerpos. El sol alegra nuestros ojos, nos ilumina, 22


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se han esforzado por manifestar la estructura antropológica a la que responde la fe religiosa. La fe no es ni una imposición de la Trascendencia, ni una negación de nuestra propia realidad, sino el signo existencial que muestra la profundidad y el alcance de nuestra realidad humana. Sin mencionarlo, la encíclica tiene muy presente la reflexión de Karl Rahner sobre la fe: hemos sido creados abiertos a la presencia luminosa de Dios; todo hombre, toda mujer, lo sepa o no, cuando busca sinceramente la verdad de su vida está buscando la presencia inmanente de un Dios que nos ha creado para que vivamos del encuentro con Él. Cuando el hombre renuncia “a la búsqueda de una luz grande, de una verdad grande, y se ha contentado con pequeñas luces que alumbran el instante fugaz, pero que son incapaces de abrir el camino. Cuando falta la luz, todo se vuelve confuso (Lumen fidei 3). Esa luz no es una estructura de nuestro ser, como la luz de la mañana no es la ventana que nos permite verla. La fe nos ilumina porque es Dios quien quiere encontrarse con nosotros para llevarnos a su plenitud. “Una luz tan potente no puede

nos descubre los objetos, nos hace conocer y apreciar cada cosa, cada objeto y nos muestra el camino que debemos seguir (VD 90). En los últimos periodos de la cultura europea, se ha contrapuesto la fe a la luz, haciendo de la racionalidad materialista la única luz de la humanidad, y de la fe un ámbito de creencia irracional y ciega. El Papa señala la luminosidad transparente de la fe, cómo sin ella nuestra cultura ha perdido el horizonte de dignidad de la persona, y cómo los valores de la solidaridad y la justicia han acabado reduciéndose a mera sombra de lo que son. “En la «modernidad» se ha intentado construir la fraternidad universal entre los hombres fundándose sobre la igualdad. Poco a poco, sin embargo, hemos comprendido que esta fraternidad, sin referencia a un Padre común como fundamento último, no logra subsistir” (Lumen fidei 54).

1.- Dios crea una humanidad que lo busque y lo ame, y que amarlo sea su felicidad. Ante las críticas a la fe y a la religión, los filósofos creyentes y los teólogos durante todo el siglo XX 23


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provenir de nosotros mismos; ha de venir de una fuente más primordial, tiene que venir, en definitiva, de Dios. La fe nace del encuentro con el Dios vivo, que nos llama y nos revela su amor, un amor que nos precede y en el que nos podemos apoyar para estar seguros y construir la vida” (Lumen fidei 4). Recoge la encíclica toda la reflexión de Von Balthasar, sin nombrarlo, que ha señalado la gratuidad de la revelación, y la glorificación que debemos a un Dios que nos sigue guiando en la oscuridad. Cuando en el siglo XX los filósofos existencialistas afrontaron con sinceridad la libertad humana en la soledad de la increencia no pudieron encontrar otra palabra para describir su sensación que la palabra “angustia”. El reto de ser persona en una temporalidad que convierte en definitivos nuestros errores y nuestra superficialidad solo puede dejarnos una inmensa sensación de fracaso y de vacío. Para afrontar ese reto, además, estamos radicalmente solos. ¿Cómo compartir nuestra intransferible libertad? Pero Dios no nos creó para la angustia, sino para la comunión con Él, el cre¬yente afirma así que el centro del ser, el secreto más profundo

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de todas las cosas, es la comunión divina (Lumen fidei 45). Nuestra libertad no desemboca en angustia porque siempre estamos acompañados por la presencia paternal de Dios que nos abre el camino de un futuro pleno. “La fe es luz que viene del futuro, que nos desvela vastos horizontes, y nos lleva más allá de nuestro «yo» aislado, hacia la más amplia comunión” (Lumen fidei 4). La fe es una experiencia de la que no duda quien la vive. Abrahán no dudó de abandonar la casa de sus padres e ir a una tierra que no conocía. Los apóstoles no dudan de la profundidad de vida que experimentaron junto a Cristo: Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida, pues la Vida se manifestó, y nosotros la hemos visto (1Jn 1,1-2). La experiencia de la fe es acoger y dejarse configurar por una Palabra, por una Presencia que nos desborda, de la que no somos dueños, que va dando peso y sentido a nuestra vida. La experiencia de fe no es una nueva interpretación de la vida, ni un sentido nuevo para la existencia. Eso podrá venir más 24


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narrar su recorrido, el camino de los hombres creyentes, cuyo testimonio encontramos en primer lugar en el Antiguo Testamento” (Lumen fidei 8). El capítulo 11 de la carta a los Hebreos quiere narrar precisamente el primer testimonio de la fe de los creyentes. Estos testimonios nos muestran la fe como confianza en la bondad y en la bendición de Dios. La fe es la garantía de los bienes que se esperan, la plena certeza de las realidades que no se ven (Hb 11,1). La única garantía que podemos tener de los bienes que esperamos, de la plenitud anhelada y deseada de comunión, es el amor con que Dios nos ama. La fe es creer que el amor concreto y, a veces, ambiguo que experimentamos es signo de un amor más grande y más pleno que nos espera. La fe es certeza en el amor de Dios. Por ella nuestros antepasados fueron considerados dignos de aprobación (Hb 11,2). La fe es, por eso, acogida consciente del amor que Dios nos tiene.

tarde. La fe es una experiencia que rompe las expectativas y los propios deseos de quien la experimenta, y lo colma de una vida nueva, lo abre a una esperanza nueva, lo hace capaz de una verdadera comunión. El camino que recorre la encíclica para acercarse a la transparencia de la fe es acompañar a quienes han vivido y caminado en la fe. En una misa que ofrecimos por el cura Diamantino, el cura de los jornaleros, yo hice hincapié en la fe que fundó su vida y su compromiso. Al final de la misa, una mujer de mediana edad vino a la sacristía y me dijo: “Joaquín, yo quiero aprender a rezar. Porque algunas veces siento dentro algo tan grande que no sé explicar con palabras y que me llena de un amor y una alegría que no siento en ningún otro momento. Eso tiene que ser algo de Dios”.

2.- El camino en la fe de los creyentes: la Primera Alianza.Como el autor de la carta a los Hebreos, el Papa apunta que la fe “acompaña nuestros pasos a lo largo de la historia. Por eso, si queremos entender lo que es la fe, tenemos que

Tener fe es vivir como signo del amor de Dios a toda la creación: Por la fe, comprendemos que la Palabra de Dios formó el mundo, de manera que lo visible proviene de lo invisible (Hb 11,3). Acoger la vida como don de Dios, como regalo 25


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de su amor es un primer escalón en el ascenso a la fe. La vida acogida como don hace que los hijos de Adán quieran ofrecerle a Dios un gesto de agradecimiento. Tanto Caín como Abel quisieron ofrecer a Dios signos de su trabajo y de su esfuerzo. Pero sólo uno de ellos mantuvo una verdadera actitud de fe: Por la fe, Abel ofreció a Dios un sacrificio superior al de Caín, y por eso fue reconocido como justo, como lo atestiguó el mismo Dios al aceptar sus dones. Ahora bien, sin la fe es imposible agradar a Dios, porque aquel que se acerca a Dios ha de creer que Él existe y es el justo remunerador de los que lo buscan (11,4.6). Caín no creyó que Dios es justo remunerador de los que lo buscan; andaba sopesando cómo Dios le favorecía a él y cómo a su hermano, y consideró que Dios era más bondadoso con su hermano que con él. La desconfianza en que Dios es justo remunerador de los que lo buscan torció su actitud. También nosotros, en muchos momentos de nuestra vida, estamos tentados de ofrecernos como Caín, mirando si nuestra ofrenda tiene la recompensa esperada. Entregándonos a Dios con cálculo egoísta, no nos entregamos, negociamos; perdemos la fe. Tener fe es agradecer,

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sin más, la vida. Cuando queremos “ganarnos la vida” y el beneplácito de Dios, se desvanece la posibilidad de disfrutar la vida como un regalo. La obediencia de Noé y Abraham nos muestra que la confianza en la bondad de Dios nos lleva a obedecer sus mandatos. El creyente escucha y obedece, aun en la oscuridad. Noé se pone a construir el arca, al ser advertido por Dios acerca de lo que aún no se veía (Hb 11,7). De la misma manera, y por la fe, Abraham, obedeciendo al llamado de Dios, partió hacia el lugar que iba a recibir en herencia, sin saber a dónde iba (Hb 11,8). Noé confió; aunque nada aún se veía; Abraham confió, aunque ni sabía a dónde tenía que ir. Esa confianza que lleva a obedecer a Dios, sin ser esclavo de las seguridades, es signo de acogida verdadera del amor que Dios nos tiene. Vivir fiado sólo de lo que uno puede controlar y manejar es una dura condena. Fe es entrega confiada al misterio fecundo de la vida. La fe de Abraham es puesta a prueba cuando Dios le pide que sacrifique a su hijo Isaac: Por la fe, Abraham, cuando fue puesto a prueba, presentó a Isaac como ofrenda: él ofrecía a su hijo único, al heredero de 26


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años, y cuando yo la conozco cuida a su marido impedido en la cama, al poco tiempo también fallece. Ella se mantuvo, en la oscuridad del Calvario en la fe. Cuando se incorporó a los grupos de la parroquia su palabra, la palabra de alguien que no sabía leer ni escribir, siempre abría el camino de la luz de la fe en cualquier acontecimiento que revisáramos.

las promesas, a aquel de quien se había anunciado: De Isaac nacerá la descendencia que llevará tu nombre (Hb 11,17-18). Pero esa misma petición la hacían los ídolos de las religiones cananeas, y esa misma ofrenda se dispusieron a hacerla muchos padres y madres de la época de Abraham. No es la disposición a sacrificar a su hijo lo que caracteriza la fe de Abraham, sino su convicción interna de la bondad de Dios. No ofreció a su hijo porque pensara que con ello iba a aplacar la ira o el castigo de Dios. Lo ofreció, porque pensaba que Dios tenía poder, aun para resucitar a los muertos. Por eso recuperó a su hijo, y esto fue como un símbolo (Hb 11,19). Lo que convierte a Abraham en símbolo de la fe es su confianza en la resurrección. Si Abraham hubiera sacrificado realmente a su hijo no habría hecho nada que no se hacía en otras religiones, y no hubiese sido símbolo de nada. Lo específico de la fe bíblica es que Dios es Dios de Vida. El creyente reconoce en Dios Padre la palabra de resurrección y de vida.

3.- El Hijo único nos da a conocer al Padre. Como el autor de Hebreos, la encíclica Lumen fidei señala la radical novedad de la fe en el Padre al vivirse como seguimiento de Jesucristo. En Jesús de Nazaret se nos ha revelado, de manera definitiva, el rostro del Padre. “La fe sabe que Dios se ha hecho muy cercano a nosotros, que Cristo se nos ha dado como un gran don que nos transforma interiormente, que habita en nosotros, y así nos da la luz que ilumina el origen y el final de la vida, el arco completo del camino humano” (Lumen fidei 20). Esta revelación sigue siendo revelación personal, hecha a nosotros personalmente, por parte del Padre a través de la persona de su

A veces es difícil mantenerse en la fe en la bondad de Dios. Leonor lo hizo. Su hijo único muere en accidente de tráfico con treinta 27


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ha perdido la percepción de esta presencia concreta de Dios, de su acción en el mundo. Pensamos que Dios sólo se encuentra más allá, en otro nivel de realidad, separado de nuestras relaciones concretas. Pero si así fuese, si Dios fuese incapaz de intervenir en el mundo, su amor no sería verdaderamente poderoso, verdaderamente real, y no sería entonces ni siquiera verdadero amor, capaz de cumplir esa felicidad que promete” (Lumen fidei 17).

Hijo. Por eso, es una revelación que nos transforma interiormente. La revelación respeta los dinamismos de nuestra realidad personal. Como el saber que quien queremos está enamorado de nosotros; como el reconocimiento de la entrega de nuestros padres; como la noticia de la muerte de una persona querida…; la noticia de que el Padre nos ha mostrado todo su amor en Jesús de Nazaret cambia nuestra vida. “La salvación comienza con la apertura a algo que nos precede, a un don originario que afirma la vida y protege la existencia. Sólo abriéndonos a este origen y reconociéndolo, es posible ser transformados, dejando que la salvación obre en nosotros y haga fecunda la vida, llena de buenos frutos” (Lumen fidei 19). En las palabras de Jesucristo, en la entrega de su vida en la cruz y, radicalmente, en su resurrección, los creyentes contemplamos la acción del Padre en nuestra historia. Una acción que no es meramente de “interpretación” de nuestra vida, sino que es una acción real, histórica, comprometida con nuestra salvación y nuestra plenitud. Acertadamente nos dice la encíclica: “Nuestra cultura

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El Evangelio nos transmite constantemente la historicidad de la acción de Dios en nuestra vida. Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva (Mc 1,15). Estas, son las primeras palabras de Jesús. Y con estas palabras se define algo muy importante para la fe cristiana. El Reino no es un descubrimiento inmanente, sino un acontecimiento en nuestra vida. A veces se ha olvidado que el Reino es un acontecimiento en el momento del anuncio de Jesús, y que también hoy es un acontecimiento vital. El Reino no es una 28


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interpretación de lo que ya vivimos, es la irrupción de algo nuevo.

ser pescadores de hombres.» Al instante, dejando las redes, le siguieron (Mc 1,16-18).

El anuncio del advenimiento del Reino no se frustró. Jesucristo es el Reino que Él mismo anuncia. Y sus acciones, su palabra y su persona son los momentos constitutivos del Reino y de su primer plan de evangelización. Quien con Él se encuentra se ha encontrado con el acontecimiento del Reino. El advenimiento radical es su propia persona. El Reino es el propio Jesús de Nazaret que, en la resurrección, se convierte en hermano cercano a todos, haciéndonos a todos hijos de Dios. Acoger el acontecimiento del Reino es acoger la persona de Jesucristo desde una forma nueva de relación personal. Una relación personal que es a la vez de libertad y de obediencia, de efectividad y de contemplación, de decisión personal y de espera de una llamada que cambie la propia vida. Nunca se agotarán los matices de los hermosos textos de la llamada a los discípulos: Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: «Venid conmigo, y os haré llegar a

Acoger el acontecimiento de Cristo supone acoger una forma nueva de relación personal, haciéndonos discípulos y seguidores de quien hace resonar en nuestro interior lo que dice y hace (Mc 1,21). Supone acoger una nueva forma de trascendencia que pone los ojos no en un más allá innominado, sino en la profunda libertad de Cristo, en su manera radical de vivir la humanidad, en su manera de caminar siempre delante de nosotros (Mc 1,38). Acoger la novedad de Jesucristo nos abre, también, a una confianza radical en el Padre, como salvación de todo lo que somos, de todas las las dimensiones de nuestra vida, esperar de Él la verdadera plenitud que anhelamos (Mc 1,32-34). La experiencia de acoger la llamada de Jesucristo se realiza al ser acogido en una comunidad de pecadores; somos acogidos por nuestra riqueza humana con nuestras limitaciones y errores, y acogemos a los otros también por la riqueza de su humanidad, con sus limitaciones y errores. El acontecimiento de Cristo se expe29


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centro en el que todo converja, el término en que todo desemboque. Él es, en fin, la resurrección y la vida. ¡Este es Jesucristo! (VD 107).

rimenta siempre en comunidad (Mc 2,13-17). Los primeros capítulos del evangelio de San Marcos nos muestran los primeros momentos del acontecimiento de Cristo en la vida de los discípulos.

Ante la pregunta dónde hemos experimentado más cerca a Jesús, en un grupo de la parroquia Francisco nos dijo: “En el taconeo de mi mujer al visitarme cuando estaba en la UCI por el infarto. Una oración de acción de gracias a Jesucristo brotaba como una brisa suave en lo más hondo de mi maltrecho corazón. Yo sabía que Jesucristo quería que viviera para amar más”. Hoy Francisco es diácono permanente.

La espiritualidad del Padre Chevrier, en el fondo y en la forma, no puede estar más centrada en Jesucristo, su vida y sus palabras. “La única y verdadera ciencia es conocerlo. Amarle es la felicidad total, seguirle es la verdadera perfección, nuestro único deseo, “¡habla! Tú eres mi Señor y mi Maestro... No quiero escuchar a nadie más que a Ti!” (VD 108). La única respuesta verdaderamente humana a las preguntas que las personas nos hacemos es una persona que con su vida las profundice y las responda. Sólo puede ser una persona que, entregado por amor a nosotros, es por Dios resucitado, y puede acercarse así íntimamente no ya a un grupo de hombres y mujeres limitado, sino a quien se abra con fe a su presencia. “Él es el principio y el creador de todas las cosas, el fundamento sobre el cual todo descansa, la raíz de donde hemos de sacar la savia que tiene que darnos la vida, el

4.- Dinamismo Espiritual de la fe: la “conjugación” del verbo creer. Escuchar, creer y contemplar; anunciar y amar: con estos verbos se marca el ritmo espiritual de la fe cristiana, un ritmo que nos lleva y nos trae de la altura al interior; de lo íntimo de nuestro corazón a la vida concreta y a la historia de nuestro pueblo. El Espíritu inicia, impulsa y armoni30


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za nuestra experiencia creyente en el seno de la comunidad creyente. El Espíritu conjuga en la fe las diversas dimensiones de nuestra realidad personal, y pone en concordancia la comunidad creyente con la voluntad del Padre y la vida de Jesucristo. Todo esto se inicia en nuestra vida con la escucha de un testigo de la fe. La escucha del testimonio de un creyente resonó en nuestra vida de tal manera que provocó nuestra acogida del amor de Dios. Uno de los motivos recurrentes de la encíclica es la escucha de la fe. La fe no sólo se manifiesta como luz, sino como palabra que se escucha. “Fides ex auditu, la fe nace del mensaje que se escucha” (Rm 10,17). El conocimiento asociado a la palabra es siempre personal: reconoce la voz, la acoge en libertad y la sigue en obediencia. Por eso san Pablo habla de la obediencia de la fe” (cf. Rm 1,5; 16,26). En los capítulos 9 al 11 de la Carta a los Romanos, de donde se toma esta expresión clásica, San Pablo se debate en un problema profundamente sentido por él: muchos de sus compatriotas, los judíos, han escuchado el mensaje de la fe y no han creído. Y esto es para él algo incomprensible que lo llena de estupor (Rom 9,2-4; 10,1). En

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medio de esa meditación en primera persona, nos deja una reflexión profunda sobre la experiencia de fe. Para San Pablo, la experiencia de fe se da en la escucha de la tradición de un pueblo que recoge la Palabra de Dios revelada en la historia. La fe supone escuchar a quienes la anuncian: hombres y mujeres de un pueblo que transmiten un tesoro que los desborda, que cada uno de ellos no puede desentrañar del todo. La escucha de la fe, tal como la entiende San Pablo, es la escucha a Dios a través de la experiencia del pueblo elegido. También la fe cristiana toma su inicio en la escucha de los discípulos. Éstos pueden dar testimonio de las palabras y la vida de quien el Padre ha enviado. La experiencia de fe nos inserta en la comunidad de los creyentes que tiene su origen en Jesús de Nazaret, en su predicación y en su vida. Dios quiso sujetarse a la pobreza de nuestra predicación y nuestra vida para que éstas sean el cauce de su misericordia y su bondad para con toda la humanidad. La escucha de la que procede nuestra fe es la escucha a un testigo de la misma, con sus deficien31


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alcanza su verdadera profundidad. El anuncio del evangelio es un momento constitutivo de la experiencia misma de vivir el evangelio. Lo mismo que la Vida, que estaba vuelta hacia el Padre, se manifestó a los discípulos, ellos, que estuvieron afrontados por la Vida, se vuelven hacia nosotros con su testimonio.

cias y limitaciones. Pero en esa predicación el Padre hace el milagro de poner en el corazón del que escucha la semilla de la vida nueva. Semilla que cuando brote será más grande que la predicación que la hizo posible y que será más pequeña que la predicación que haga brotar del nuevo creyente. Es nuestra experiencia: lo que anunciamos es más de lo que somos; pero, a la vez, la respuesta creyente a nuestra predicación es una sorpresa ante la torpeza de nuestras palabras. La escucha de la fe no se configura, en un primer momento, en la soledad del creyente, sino en el testimonio comunitario de fe que resuena en cada persona con matices distintos. La experiencia de fe se desarrolla y se profundiza dando testimonio, anunciando lo que se está viviendo: Damos testimonio y os anunciamos la Vida eterna, que estaba vuelta hacia el Padre y que se nos manifestó -lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos (1Jn 1, 2-3). Es lo que les ocurre a Andrés y Juan, que al narrar su encuentro con Jesús reconocen su profundidad y alcance. La experiencia de fe cristiana no puede sino ser anunciada, y al ser anunciada

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Por eso, la fe cristiana, y nuestra vocación pradosiana, es esencialmente apostólica, tiene como momento intrínseco el anuncio alegre de la Vida encontrada. El Padre Chevrier anhelaba tener catequistas pobres para los pobres. Especialmente los sacerdotes son llamados a vivir este impulso misionero. Esta orientación evangelizadora del ministerio exige que todo nuestro estudio y nuestra reflexión tengan como momento intrínseco la evangelización. La misma teología ha de estar “al servicio de la fe de los cristianos”, y “custodiar y profundizar la fe de todos, especialmente la de los sencillos” (Lumen fidei 36). La espiritualidad cristiana no puede dejar nunca a un lado la escucha de Cristo en las Escrituras, y la contemplación de Cristo en la vida. Ese dinamismo 32


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Acercándose a ellos, no les han quitado todos sus sufrimientos, ni han podido dar razón cumplida de todos los males que los aquejan. La luz de la fe no disipa todas nuestras tinieblas, sino que, como una lámpara, guía nuestros pasos en la noche, y esto basta para caminar” (Lumen fidei 57). Es teologalmente contradictorio tener fe y desentenderse del amor a los hermanos que sufren.

se concreta con el Estudio del Evangelio y el Cuaderno de Vida. El estudio de Cristo en el Evangelio nos permite contemplar la vida con sus ojos y alentar e impulsar la misión evangelizadora. Ninguna oración nos impulsa más a la misión, ni nos ofrece más luces y caminos nuevos de misión que la contemplación creyente de la vida. “Para la fe, Cristo es también aquel con quien nos unimos para poder creer. La fe no sólo mira a Jesús, sino que mira desde el punto de vista de Jesús, con sus ojos: es una participación en su modo de ver” (Lumen fidei 18).

En su primer compromiso al Prado comentaba un compañero: Al Prado me trajo una pobreza y una riqueza. La riqueza es el saberme llamado a evangelizar a los pobres. Esa llamada la experimento como una inmensa riqueza en mi vida. La pobreza es el experimentar humildemente que sin la ayuda de los compañeros no puedo ser fiel a esa vocación. Sin el estudio de evangelio y sin el testimonio de los sacerdotes pradosianos me habría perdido en el camino.

Otro de los rasgos de la vocación pradosiana, la llamada a servir especialmente a los pobres y los débiles, también encuentra eco en la reflexión del Papa sobre la fe. El Padre Chevrier vivió un encuentro “más de cerca” con Cristo en los pobres. “La luz de la fe no nos lleva a olvidarnos de los sufrimientos del mundo”. ¡Cuántos hombres y mujeres de fe han recibido luz de las personas que sufren! San Francisco de Asís, del leproso; la Beata Madre Teresa de Calcuta, de sus pobres. Han captado el misterio que se esconde en ellos.

5.- La purificación de la fe y el amor. La fe, como toda experiencia personal, no se consigue de una vez para siempre. Todo lo personal 33


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entrega a la misión, hasta qué punto nos ama el Padre. Será la vida la que nos permita conocer la altura y la profundidad del amor de Jesucristo. Por eso, el amor es un mandamiento nuevo y antiguo a la vez: Queridos, no os escribo un mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo, que tenéis desde el principio. Este mandamiento antiguo es la Palabra que habéis escuchado. Y sin embargo, os escribo un mandamiento nuevo - lo cual es verdadero en él y en vosotros - pues las tinieblas pasan y la luz verdadera brilla ya (1Jn 2,7-8). La experiencia de fe cristiana es una experiencia dinámica, siempre nueva. Porque el amor va iluminando todas las situaciones de sombras que encontramos en nuestra vida: Todo el que tiene esta esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro (1Jn 3, 3). El dinamismo de la fe impulsa a una mayor entrega, a una mayor purificación.

ha de ser acogido cada día. Nunca amamos con el amor de ayer; no podemos creer con la experiencia de fe de otros tiempos. La fe necesita renovarse cada día en cada circunstancia por la que nuestra vida va transcurriendo. Esa acogida se hace en una constante experiencia de profundización y purificación. En la 1ª carta de San Juan, uno de los textos recurrentes de la encíclica, se nos hace una invitación paternal a profundizar y purificar la fe que nos hace estar en comunión con Dios. Por eso, me parece necesario entrar en el dinamismo que estos textos de la Escritura abren en relación nuestro compromiso pradosiano. El autor deja claro el motivo de su carta: Os escribimos esto para que nuestro gozo sea completo (1Jn 1,34). Esta profundización del gozo de la fe y del amor cristianos se descubre en la medida sin medida de la entrega de Cristo por nosotros: En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados (1Jn 4,10). Será la vida la que nos mostrará, en el gozo del amor, en el sufrimiento de la enfermedad, en la

El amor cristiano, nuestro amor sacerdotal, busca hacerse actual con las personas que nos rodean, en las circunstancias que vivimos; es un amor que es consciente siempre de la necesidad de purificación. El amor del Padre entregándonos a su Hijo es tan grande que nuestra respuesta 34


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José Joaquín Castelló

quen la propia perfección moral, sino las condiciones que la propia vida nos va marcando para poder amar a los demás como Cristo los amó, para que nuestra fe en el Padre sea auténtica como lo fue la Cristo.

siempre es pobre y limitada. El amor cristiano camina en la senda de la plenitud del amor del Padre, ¿cómo no ser conscientes de la necesidad de mayor integridad ante la limitación y la mediocridad de nuestra entrega? En la espiritualidad del P. Chevrier el camino de la purificación de nuestra fe y nuestro amor se nos ofrece en el cuadro de Saint Fons. En él se recoge la frase de Jesús en la que exhorta a los discípulos a seguirle con la radicalidad de su propia entrega: “Os he dado ejemplo para que como yo he hecho hagáis también vosotros”. El pesebre, la cruz y la eucaristía –vivir pobres y humildes, morir a nosotros mismos, y entregarnos a los hermanos con todo lo que somos-, son los caminos de purificación que nos propone el Padre Chevrier. Caminos en los que Cristo mismo nos capacita para amar y vivir desde la fe. Pesebre, cruz y eucaristía no son exigencias ascéticas que bus-

En un pequeño establo habilitado para retirarse a rezar Antonio Chevrier escribió en las paredes: “El sacerdote es un hombre despojado. El sacerdote es un hombre crucificado. El sacerdote es un hombre comido. Es necesario hacerse buen pan” (VD 483). El cuadro de Saint Fons no fue para el Padre Chevrier un camino de auto-superación; en él muestra cómo abrir la vida a la luz, al amor y la alegría del evangelio.

José Joaquín Castelló Diócesis de Sevilla

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LOS ENCUENTROS DE JESÚS CON PEDRO h

Eugenio Lobo

El encuentro con Jesús se realiza a través de la mediación humana que Dios pone en nuestro camino. En nuestro pasado siempre podemos recordar a alguien que nos llevó a Jesús, contándonos la experiencia de su propio encuentro.

Cada encuentro de Jesús con Pedro nos puede ir revelando la transformación que también nosotros hemos experimentado en nuestra vida. El resultado final será siempre la experiencia de la única gran verdad: Señor, ¿a quién vamos acudir? Tú tienes palabras de vida eterna (Lc 5,4).

En nuestra historia siempre hay un “antes y un “después”. ¿Cuándo experimentamos la mirada de Jesús y fuimos llamados por nuestro nombre? Entonces algo nuevo comenzó a nacer en nosotros.

- El primer encuentro.- Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: “!Hemos encontrado al Mesías!” Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: “Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Pedro” (Jn 1, 41-43).

- ¿A quién vamos acudir?.Entonces Jesús les dijo a los doce: “¿también vosotros queréis marcharos?” Simón Pedro le contestó: “Señor, ¿a quién vamos acu36


. Los encuentros de Jesús con Pedro

Eugenio Lobo

Pedro se echó a los pies de Jesús diciendo: “Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador”…Y Jesús dijo a Simón: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres” (Lc 5, 3-9).

dir? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6, 67-69). Conocemos la historia de los que se fueron o se salieron. Jesús no quiere obligar a nadie en su seguimiento. A veces puede venir la duda: ¿No me habré equivocado? Pedro no lo tiene todo claro, como nosotros, pero conoce lo suficiente a Jesús como para decir: ¿a quién vamos acudir?. La perseverancia será siempre fruto de la gracia más que de nuestro esfuerzo.

Jesús invade el territorio de Pedro sin más y además se atreve a pedirle que aparte la barca de la tierra. Él tiene siempre la iniciativa como Señor y Pedro no pone resistencia desconociendo el riesgo que corría dejándolo entrar en su barca. Cuando se dio cuenta ya era tarde: Jesús se había adueñado de su vida. Ahora era Jesús quién daba las órdenes: Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca. Se trata de una orden sin sentido y fuera de lugar, condenada al fracaso, pero Pedro ya no es el que manda y por eso obedece: Por tu palabra echaré las redes.

- Por tu palabra echaré las redes.- S. Lucas nos dice: Subiendo Jesús a una de las barcas, que era la de Simón Pedro, le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: “Rema mar adentro, y echad vuestras redes para pescar”. Respondió Simón y dijo: “Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes”. Y, puestos a la obra, hicieron una redada tan grande de peces que las redes comenzaron a reventarse…Al ver esto, Simón

Cuando después Pedro ve las redes repletas de peces a punto de reventar, su encuentro con Jesús toca fondo y cae de rodillas manifestando su pequeñez: Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador. El encuentro con Jesús nos descubre nuestra identidad de pecadores junto al derroche de gracia de Jesús.

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. Los encuentros de Jesús con Pedro

Eugenio Lobo

gado al final feliz de la película de su vida y quiere detener para siempre la imagen de Jesús transfigurado en el Tabor. No sabía lo que decía. Ignora que antes hay que pasar por la pasión. Pedro imagina un Mesías triunfador que restauraría la soberanía de Israel. Se equivoca pensando que debe seguir a un Mesías del bienestar y del triunfo.

Pedro, asombrado, descubre que no es digno de estar junto a Jesús, pero es entonces cuando Jesús le llama para seguirlo: No temas, desde ahora serás pescador de hombres. Al final, lo importante no es lo que nosotros hagamos sino lo que Jesús ha hecho en nosotros y quiere continuar haciendo. - Mándame ir a ti (Mt 14, 28-33). La fe de Pedro avanzó desde la actitud pretenciosa de su fuerza a la confianza en la gracia de Cristo.

- Las resistencias de Pedro.- (Mt 16, 21-23). Pedro se enfrenta al verdadero mesianismo de Jesús. Antes había declarado, delante de Jesús y de los demás discípulos, que Jesús era el Mesías prometido, pero después se resiste a la idea de un Mesías que tuviera que padecer y morir ejecutado: !Lejos de ti tal cosa, Señor!, eso no puede pasarte.

El episodio de la barca, protagonizado por Pedro, manifiesta la fragilidad de su fe. Pedro se debate entre la confianza en Jesús y el miedo. Estamos llamados a afrontar valerosamente, como Pedro, el riesgo del encuentro con Jesús andando sobre el agua que nos resulta insegura, para que sintiendo siempre su presencia no vacilemos, ni tengamos miedo apartando la vista de Él asustados por los vientos de las dificultades.

En este cuerpo a cuerpo de Pedro con Jesús, este se volvió y dijo a Pedro: Aléjate de mí, Satanás. Eres para mí una piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios. Pedro tendrá que aprender a seguir a Jesús como un Mesías diferente a sus proyectos.

- La necedad de Pedro.- (Mc 9, 4-6). Pedro piensa que ha lle38


. Los encuentros de Jesús con Pedro

Eugenio Lobo

- El encuentro con la mirada misericordiosa.- (Lc 22, 60-62). Sin la mirada misericordiosa de Jesús a Pedro aquella noche, el canto del gallo no hubiera sido señal de nada. Ninguna mirada de reproche nos descubre nuestra propia verdad. Sólo la misericordia nos abre el corazón para ver nuestra infidelidad.

En el cenáculo Pedro se opone a que Jesús le lave los pies: A mí nunca me lavaras los pies. Esto contrasta con su modo de ver la relación entre maestro y discípulo, y choca con su idea de Mesías. En el fondo su resistencia a dejarse lavar los pies es no comprender todavía el sentido de la cruz. Más tarde comprenderá que el poder del Mesías es diferente y que entrará en su gloria después de pasar por la pasión y la muerte en la cruz. Es fácil resistirse a mantener una actitud de servicio permanente con los demás, dejándonos comer como buen pan.

- La impetuosidad de Pedro.(Jn 21, 7). Pedro se adelanta al encuentro de Cristo impetuosamente, y no espera llegar en la barca como los demás discípulos. El ímpetu nace de la seducción y no del razonamiento. El ardor en la evangelización nace de nuestro encuentro con el Resucitado que provoca en nosotros la “impaciencia”.

- El Pedro pretencioso.- (Mc 14, 29-31. Pedro se siente seguro de sí mismo incluso comparándose con los demás discípulos: Aunque todos caigan, yo no. Jesús le descubre a Pedro que aunque esté “dispuesto” no está todavía preparado: En verdad te digo que hoy, antes de que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres. Pero Pedro no quiere reconocer su debilidad y vuelve a insistir Aunque tenga que morir contigo, no te negaré. Es necesario vigilar y orar siempre: El espíritu está pronto, pero la carne es débil (Mc 14, 38).

- El encuentro definitivo.- (Jn 21, 15-24). Al final, el encuentro con Jesús nos plantea, como a Pedro, una pregunta definitiva: ¿Me quieres más que estos? Pedro contestó humildemente sin comparase con los demás, como había hecho en otro momento. Jesús vuelve a hacer la misma pregunta por tres veces, porque 39


. Los encuentros de Jesús con Pedro

Eugenio Lobo

Los encuentros con Jesús nos van purificando de ideologías y personalismos que rompen la comunión.

no le interesa saber otra cosa de Pedro para pedirle después que lo siga como pastor. Pedro, ante la reiteración de Jesús, se pone triste recordando aquella noche donde Jesús lo miró después del canto del gallo y solo se atrevió a contestar: Señor, tú conoces todo: (mi orgullo pretencioso, mi debilidad, mi necedad, mis resistencias, mis ideologías…) Pero también: Tu sabes que te quiero.

Sólo la experiencia del encuentro nos capacita para la evangelización: María la Magdalena fue y anunció a los discípulos: “He visto al Señor y ha dicho esto” (Jn 20, 18). Pedro y Juan tienen valor suficiente para anunciar el evangelio a los demás por su experiencia de encuentro con el Resucitado: Por nuestra parte no podemos menos de contar lo que hemos visto y oído (Hch 4, 20).

Pedro había madurado poco a poco en cada encuentro con Jesús. Ahora no se ciñe y va a donde quiere sino que “Otro” lo ciñe y lo va llevando a donde no quiere. El proceso de la fe de cada uno pasa por ir descubriendo que lo importante no es lo que nosotros hagamos, sino lo que Jesús va haciendo en nosotros y en los demás.

Eugenio Lobo Diócesis de Huelva

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PABLO COMPRENDE SU vIDA y SU MISIÓN DESDE EL ENCUENTRO CON JESUCRISTO h

Angel Marino García

“Y ser hallado en él, no con una justicia mía, la que viene de la Ley, sino la que viene por la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios, apoyada en la fe. Y conocerle a él y el poder de la resurrección” (Flp 3,9)

ficación del discípulo Jesucristo, el único Señor.

Todo lo que San Pablo es y hace tiene su origen en el proceso de encuentro con el Resucitado, camino de Damasco, relatado por tres veces en el libro de los Hechos. Unos veinte años más tarde Pablo escribe desde la cárcel, probablemente en Éfeso, a una comunidad especialmente querida para él: los cristianos de Filipos. Es una carta que tiene la función principal de mantener el vínculo de amor y comunicación con la comunidad; es como una conversación entre amigos, atravesada por lo que es la convicción más profunda de Pablo: la identi-

con

1. El giro de una biografía. Vivir en Cristo. Servidor y testigo. Hallado… Es sobre todo en el capítulo 3 donde Pablo habla, en primera persona, de su propia experiencia en la que hay un antes y un después, a partir del encuentro con Jesucristo, “El Señor”, el título preferido por Pablo para referirse a Jesús. Pablo no se cansa de comunicar una y otra vez a Jesucristo 41


. Pablo comprende su vida y su misión desde...

Angel Marino García

definitiva de su vida: “ser hallado en él” (Es como si dijera: si me queréis encontrar, buscadme en Jesucristo)

“EL SEÑOR”, y ello no como un “tema” sino como una experiencia vital para sí mismo y para sus interlocutores: volver a escribiros las mismas cosas a mí no me es molestia y a vosotros os da seguridad… (3,1). El amor ni cansa ni se cansa.

“Ser hallado” nos evoca las parábolas de la misericordia del evangelio de Lucas, sobre todo el encuentro del Padre con hijo que regresa: este hijo mío, estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado (Lc 15,24). Es la misma expresión de asombro y alegría plena de quien encuentra el mayor tesoro (como el famoso “¡eureka!” de Arquímedes). El encuentro con Cristo es realmente nacer de nuevo, por la fe en Jesucristo. Pablo nos dice que ha pasado de las obras muertas de la ley a la vida que nace de la fe de Cristo, para mí la vida es Cristo (Flp 1,21). Pablo es ante todo, cristiano, “de Cristo”, esa es su verdad más profunda, su auténtica identidad, pertenecer a Jesucristo. Es una confesión y una provocación para quien le escucha a compartir con gozo esa misma identidad. Si esto es así, Jesucristo es el principio absoluto de la identidad propia del discípulo, de modo que la fe en Jesucristo, la adhesión a Jesucristo, es la fuente de realización de la persona. Con frecuencia pensamos de otra manera: lo

El encuentro con el Señor Resucitado fue el giro decisivo de su vida, como lo es para todo aquel que se encuentre con Jesucristo. A partir de este encuentro todo queda transfigurado y adquiere un nuevo sentido: el pasado (lo que era para mí ganancia, lo he juzgado pérdida a causa de Cristo), el presente (más aún juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas) y el futuro (y las tengo por basura para ganar a Cristo y ser hallado en él, no con la justicia mía, la que viene de la Ley, sino la que viene por la fe de Cristo… hasta hacerme semejante a él en su muerte, tratando de llegar a la resurrección de entre los muertos (Flp 3,7-11) Desde la perspectiva del encuentro, resulta especialmente significativa la fórmula elegida por Pablo para expresar la meta 42


. Pablo comprende su vida y su misión desde...

Angel Marino García

hombre” lo que queda transformado, la propia personalidad en todo el ser y el hacer… , no es un añadido, es algo más profundo, es, en definitiva entrar en el terreno de la vocación en su sentido más genuino1.

primero que me caracteriza es “mi yo y mis circunstancias de origen, lugar, tiempo…”, y luego vendrá lo de “ser cristiano”. San Pablo invierte los términos: mi “realización” (donde soy hallado) es Jesucristo. Con otro lenguaje, el propio de un himno litúrgico, expresa la misma experiencia de fe: “nos ha elegido en él antes de la creación del mundo”. La referencia a Jesucristo no es un añadido religioso, sino el fundamento y orientación definitiva, es el todo, es la vida: para mí la vida es Cristo (Flp 1,21), es Cristo quien vive en mí (Gal 1,20).

Servidor y testigo (Hch 26,1) Pablo se presenta en la carta, con su discípulo y compañero Timoteo, como siervo de Cristo Jesús (Flp 1,1). En el encuentro con el Señor Resucitado, camino de Damasco, Pablo preguntó por la identidad de la voz: ¿quién eres, Señor?. Jesús se le revela como identificado con la comunidad de hermanos, a quienes Pablo persigue Soy Jesús, a quien tú persigues; y es Pablo mismo quien recibe una identidad que le constituye en el ser y en la misión: levántate y ponte en pie; pues me he aparecido a ti para constituirte servidor y testigo (Hch 26,16). Los títulos con que Pablo se presenta en las cartas son justamente los de servidor, testigo, apóstol (apóstol por voca-

El Padre Chevrier, para quien San Pablo es el modelo apostólico a seguir, se hace eco de esta experiencia fundante: “Piense el mundo lo que quiera, poco importa, que me tengan por loco, poco importa. Yo soy de Jesucristo” (VD 116). Y en una carta a sus seminaristas escribe: “conocer a Dios y a su Cristo: en eso consiste todo el ser del hombre, del sacerdote, del santo” (Carta 105). Es el “ser del

1. La vocación cualifica la persona en sus relaciones constitutivas, con Dios, con los hombres y con el mundo. Pero, en la mayoría de las corrientes antropológicas de nuestro entorno cultural, la vocación tiende a confundirse con la profesión.… La dinámica bíblica de la vocación se presenta de forma muy diferente, aun si intervienen diferentes elementos de la biografía personal. La vocación arranca de un Tú y no de las cualidades o estructuras de carácter del sujeto (A. Bravo, Seguir a Jesucristo)

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. Pablo comprende su vida y su misión desde...

Angel Marino García

Jesucristo el rostro de Dios es el del Servidor. Ser igual a Dios había significado para Adán aprovecharse de ello en beneficio propio; en el testimonio de Pablo ser igual a Dios significa humillarse, tomar la condición de esclavo y hacerse obediente. Jesús humillado hasta la cruz es la imagen perfecta del Padre, la bondad y belleza. “En su pasión es donde ha sido nuestro Señor el más hermoso y el más perfecto” decía el Padre Chevrier (Escritos Espirituales, pg. 84). Como Pablo, Chevrier contempla la belleza del Verbo encarnado. El Dios crucificado es la revelación de la belleza que salva2.

ción, apóstol por voluntad de Dios, escogido para el Evangelio). La verdadera identidad de Pablo no viene de la carne y la sangre, sino de Dios mismo que le constituye en servidor y testigo, discípulo y apóstol, como lo recuerda en la carta a los Gálatas: Aquel que me separó desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia tuvo a bien revelar en mí a su Hijo, para que le anunciase entre los gentiles (Gal 1,15). Así pues, a partir del encuentro con el Resucitado, Pablo, Cristo y los hermanos son inseparables; en el ejercicio de la misión se configura la vocación como respuesta a la llamada que constituye a la persona en una criatura nueva.

El encuentro con este Cristo, Servidor y Señor, lleva a Pablo y a quienes se encuentran con él a vivir su misma vida, tener sus mismos sentimientos, traspasar la querencia natural de vivir para uno mismo a vivir para los demás. Es realmente nacer de nuevo y nacer en una nueva familia: Por tanto, yo os pido por el estímulo de vivir en Cristo, por el con-

Servidor del Cristo Siervo (Flp 2,5-11) ¿Quién es este Jesús con el que Pablo se ha encontrado de modo definitivo? En el himno de Flp Pablo nos lleva a la contemplación de Jesucristo, Siervo y Señor: el Dios amor que se derrama en la entrega de sí mismo. En

2 “Sobre la roca del Calvario está la cruz de la Belleza… La eternidad ha entrado en el tiempo para que el tiempo pudiera entrar en la eternidad. Esta es la eternidad del cristianismo, su verdad simple y grande, elocuente hoy como en los primeros comienzos del movimiento cristiano: la belleza que salvará al mundo es la del “buen Pastor”, crucificado y resucitado por amor a cada uno de nosotros a todos” (B. Forte, La esencia del cristianismo, p 155).

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. Pablo comprende su vida y su misión desde...

Angel Marino García

gría es el fruto del Espíritu que viene inmediatamente después del amor (cf Gal 4,22). Es, en definitiva, la alegría de quien ha encontrado un tesoro, el sentido y orientación definitiva de toda una vida que arriesga todo “por la alegría que le da”.

suelo del amor, por la comunión en el Espíritu… nada hagáis por rivalidad ni por vanagloria… buscando cada cual no su propio interés sino el de los demás. Tener entre vosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo (Flp 2,1-5) Por la alegría que le da… (Mt 13,44) Toda la carta a los Filipenses está atravesada por la alegría como expresión de la fe; una alegría sustentada en el Señor (Flp 3,1), no razonable, arraigada en el corazón por encima de las circunstancias favorables o adversas; estar encarcelado, tener dificultades etc. no podrán robar la alegría de quienes se han encontrado con el Señor: estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres (Flp 4,4). Es la misma promesa de Jesús: nadie os podrá quitar vuestra alegría (Jn 16,22).

La alegría se expresa, en primer lugar, en la oración y en la acción de gracias por la comunidad: Doy gracias a mi Dios cada vez que me acuerdo de vosotros, rogando siempre y en todas mis oraciones con alegría por todos vosotros a causa de la colaboración que habéis prestado al Evangelio (Flp 1,3-6). Es una alegría apostólica, no encerrada en un pequeño grupo: el tesoro de Jesucristo, su riqueza, es para todos, incluso cuando su anuncio esté empañado por intereses espurios, si Cristo es anunciado ya es motivo de gozo: Al fin y al cabo, hipócrita o sinceramente, Cristo es anunciado, y esto me alegra y seguirá alegrándome (Flp 1,18).

La alegría, pues, es algo más que un estado de ánimo; es un elemento constitutivo para quien se ha encontrado con Jesucristo; y es expresión de la profunda unidad que nace en la nueva familia: hermanos míos queridos y añorados, mi gozo y mi corona (Flp 4,1). En la carta a los Gálatas, que tiene mucho en común con Flp, la ale-

La propia misión de Pablo está en función de hacer progresar el gozo de la fe de los hermanos, por encima de su propio gusto: me quedaré y permaneceré con todos vosotros para progreso y gozo de vuestra fe, a fin de que tengáis por mi causa un nuevo motivo de orgullo en 45


. Pablo comprende su vida y su misión desde...

Cristo Jesús (Flp 1,25-26). En el encuentro de Damasco, Pablo preguntó ¿qué he de hacer, Señor?. El hacer de Pablo es servir a la alegría de la fe de la comunidad y, para ello, propone el criterio siempre válido para todo discípulo misionero: “estar no donde más me agrada, sino donde soy más necesario”. Así, sea donde sea, en abundancia o en escasez, encarcelado o en libertad, no le abandona la paz ni la alegría bien fundada en Aquel que me conforta (Flp 4,12-13). La alegría de la fe va unida con la fecundidad de la cruz: El Señor le había revelado a Ananías respecto de Pablo: yo le mostraré lo que tendrá que padecer por mi nombre (Hch 9,16). Pablo escribe desde el sufrimiento de la cárcel (me hallo en cadenas por Cristo) como fuente de fecundidad apostólica: la mayor parte de mis hermanos, alentados en el Señor por mis cadenas, tienen mayor intrepidez para anunciar sin temor la Palabra (Flp 1,13-14). Considera una gracia tener la oportunidad de padecer por Cristo, como él lo está desde la cárcel; es una gracia que va ligada al compromiso personal con el Evangelio. Invita a los filipenses a soportar las persecucio-

Angel Marino García

nes con firmeza, con alegría, con unidad y en solidaridad con quienes sufren también persecución: Se os ha concedido la gracia de que por Cristo no solo creáis en él, sino que también padezcáis por él (1,18). Todos en el mismo combate, con la misma fuerza que es el Espíritu de Jesús. La fecundidad se muestra justamente en la vitalidad de la nueva familia, la comunidad de hermanos que comparten los mismos sentimientos de Cristo. Es en la debilidad donde se manifiesta la fortaleza hasta el punto de poder decir estoy lleno de consuelo y sobreabundo de gozo en todas nuestras tribulaciones (2 Cor 7,4). La ofrenda de la propia vida como testigo (mártir) de la fe es causa de alegría compartida que hace crecer la comunidad: Y aun cuando mi sangre fuera derramada como libación sobre el sacrificio y la ofrenda de vuestra fe, me alegraría y congratularía con vosotros. De igual manera también vosotros alegraos y congratulaos conmigo (Flp 2,17-18). Recordamos las palabras del Papa Francisco: “La alegría del Evangelio que llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados 46


. Pablo comprende su vida y su misión desde...

del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría” (Evangelii gaudium, 1).

Ganar/perder. Recordar/olvidar El encuentro con Jesucristo, la llamada a seguirle, conocerle y anunciarle, es el criterio de discernimiento para valorar lo que es pérdida o ganancia: lo que era para mí ganancia, lo he juzgado pérdida a causa de Cristo. Y más aún, juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo, mi Señor (Flp 3,7-8). El juicio de valor no es un análisis teórico y frío, sino desde el seguimiento de la persona de Jesucristo; es sugerente comprobar que el original griego utilizado por San Pablo para expresar el juicio de valoración es “hegeomai” que significa “ir delante, ser guía”, es decir, un verbo dinámico, de relación con alguien que va por delante; seguir a Jesucristo es lo único necesario, todo lo demás es consecuencia. Como los apóstoles de la primera hora: dejándolo todo, le siguieron. El encuentro con Jesucristo es verdaderamente transformador en el pensar, en el querer y en el obrar: Es Dios quien

Angel Marino García

obra en vosotros el querer y el obrar (Flp 2,13). Cuando Pablo repasa su historia no la desprecia, pero la valora con una luz nueva. No es el desprecio, sino el amor, que juzga que todo queda sin valor fuera de Jesucristo y del Reino. Es bueno hacer memoria, recordar todo el camino que Yahvéh tu Dios te ha hecho andar… (Dt 8,2), agradecer el camino, muchas veces no previsto, por el que Dios nos hace avanzar con perspectiva de futuro: firmemente convencido de que quien inició en vosotros la buena obra la irá consumando hasta el Día de Cristo Jesús (Flp 1,6). Es una llamada a hacer memoria sin nostalgia y responder a una vocación que se realiza día a día: Yo, hermanos, no creo haberlo alcanzado todavía. Pero una cosa hago: olvido lo que dejé atrás y me lanzo a lo que está por delante, corriendo hacia la meta, para alcanzar el premio a que Dios me llama desde lo alto en Cristo Jesús (Flp 3, 14). Vivir la fe y el seguimiento, aun siendo un tesoro cierto, no se vive sin tensión. No es voluntarismo, sino respuesta a una gracia que nos precede y acompaña y que se despliega en el mismo caminar en la escucha. El discípulo nace con la llamada y se hace en el seguimiento. 47


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Angel Marino García

de los demás, teniendo los mismos sentimientos que tuvo Cristo (cf Flp 2,1-5). Cada uno tiene su propio ritmo en el seguimiento y el compromiso; Dios no pide a todos las mismas cosas y al mismo tiempo: por lo demás, desde el punto adonde hayamos llegado, sigamos adelante (Flp 3,16).

Vivir para la familia La relación de Pablo con la comunidad de Filipos es la de una verdadera familia, en el modo como lo expresa el Padre Chevrier: “cuando dos almas, iluminadas por el Espíritu Santo, escuchan la Palabra de Dios y la entienden, se crea entre ambas una unión de espíritu muy íntima, de la cual Dios es principio y nudo” (VD 151).

En todo momento Pablo vive su experiencia en relación comunitaria; el mismo comienzo de la carta, no lo hace sólo, sino con Timoteo; el envío de la carta a través de Epafrodito mi hermano (Flp 2,25 s.) es una comunicación de fe y de alegría en el Señor, elementos que hacen la familia; el saludo final es de todos y para todos (Flp 4,21-22).

Son hermanos queridos, mi gozo y mi corona; se preocupa por el máximo bien, el progreso de la fe (Flp 1,25). No busca el propio beneficio sino el bien de la comunidad, busco que aumenten los intereses en vuestra cuenta (Flp 4,17) se atreve a presentarse como “modelo” pero para seguir juntos al único Modelo: Jesucristo crucificado (Flp 3,17-18)

CONCLUSIÓN: SERVIDORES Y TESTIGOS El encuentro con Jesucristo hace de San Pablo un servidor y un testigo, como se lo había anunciado el Señor en la revelación camino Damasco3. Se ha ido realizando a lo largo de toda su vida y ministerio, en clave de vocación y

Forman una comunidad en tensión y en esperanza: somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos como Salvador al Señor Jesucristo (Flp 3,20). Llamados a vivir en la unidad, como signo de Jesucristo mismo, buscando cada uno no su propio interés sino el

3 A propósito del encuentro de Damasco y el proceso de búsqueda de San Pablo es interesante la conferencia del P. Rómulo Cuartas, Libertad y liberación en la experiencia mística de San Pablo, que se puede encontrar en la siguiente dirección: https://www.youtube.com/watch?v=mC1Fx-d37-U

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Angel Marino García

eficacia, pero sin hacer la experiencia del encuentro con Jesucristo y con los pobres. San Pablo nos indica que la identidad del apóstol nace del encuentro con Jesucristo y le convierte en “servidor y testigo”. El Padre Chevrier lo dice con otra expresión: “tener el espíritu de Dios” y, en el contexto de su época, hace unas observaciones llamativas: “El espíritu de Dios no está en los títulos, ni en los cargos, dignidades ni honores. Esas cosas exteriores suponen el espíritu de Dios, mas no lo dan. Puede uno ser sacerdote, canónigo, obispo, superior, religioso y no tener el espíritu de Dios, pues el espíritu de Dios no está ligado a títulos, honores, dignidades. Lo suponen, pero no lo dan… Sólo Dios es quien nos da su espíritu y no se le puede tener sin haberle comprado, incluso a precio elevado y a sus propias expensas… Se debe pensar caritativamente que cuantos tienen una dignidad, un santo hábito o algún alto cargo, tienen el espíritu de Dios. Los que tienen el hábito y la dignidad deben

de vida nueva (hallado en El). Es el Señor quien tiene la iniciativa, quien comenzó la “obra buena” y la irá consumando (Flp 1,6). Pero en Pablo hay un dinamismo permanente de encuentro progresivo con el Señor Jesús: continúo mi carrera por si consigo alcanzarlo, habiendo sido yo mismo alcanzado por Cristo Jesús (3,12). Los 20 años transcurridos desde el encuentro inicial, son motivo de acción de gracias y de compromiso por el Evangelio. Hace veinticinco años un grupo de seis compañeros de distintos países comenzábamos el “Año de formación del Prado” en Chihuahua (México); ciertamente un año referencial4. Al final evocábamos una frase del Padre Chevrier: “No basta comenzar con Dios, hay que obrar y terminar con Él”. (VD 103). Al hilo del testimonio de San Pablo, me viene al recuerdo una observación escuchada entonces, a propósito de dos tentaciones del pastor: convertirse en funcionario o convertirse en líder. Tanto el funcionario como el líder podrían actuar con brillantez y

4 Agradezco el testimonio de los compañeros de camino: Carlos Pérez, mexicano ; Daniel Houry (francés en Chile); José Vasconcellos y Esmeraldo Barretto, de Brasil; Luis Canal (italiano en Brasil). Los acompañantes mexicanos René Blanco y Juan Olloqui y una parte del camino Antonio Mª Guerin, sin olvidar la sesión de Ejercicios de Antonio Bravo. Muchas gracias

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. Pablo comprende su vida y su misión desde...

temer no tenerlo y poner todos los medios para adquirirlo más y más pidiéndolo a Dios todos los días” (VD 219).

Angel Marino García

Estamos, pues, llamados a cultivar el encuentro con Jesucristo para dejarnos hacer por Él, que inicia y consuma la fe, como servidores y testigos: pobres, humildes, creyentes y libres.

En la misma línea hoy escuchamos el testimonio del Papa Francisco, cuando nos advierte de la “mundanidad de la iglesia” y afronta las tentaciones de los agentes pastorales: “Sí al desafío de una espiritualidad misionera”; “sí a las relaciones nuevas que genera Jesucristo” (Evangelii Gaudium 76.109).

Angel Marino García Diócesis de Burgos

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"El pRAdO" Publicación periódica Nº 1906-Refª 1999 dIRECCIÓN: LUCIO ARNAIZ ALONSO Higueras, 35, 1º 28011 MADRID Tf 91 470 07 17 Email: sacerdotesdelprado@gmail.com http:sacerdotesdelprado.org REdACCIÓN: ANGEL MARINO GARCÍA GARCÍA Parroquia S. Vicente 09195 VILLAGONZALO PEDERNALES (Burgos) Telf. 947 294 045 AdMINIStRACIÓN: Asociación Sacerdotes del Prado Higueras, 35, 1º 28011 - MADRID Tf 91 470 07 17 pRECIOS dE SuSCRIpCIÓN: Suscripción anual normal.......15 € Suscripción de apoyo........... 19 € Suscripción al extranjero...... 19 € Número atrasado................... 4 € ENtIdAd BANCARIA Caja de Madrid Cebreros, 40 28011 - MADRID 2038 1195 02 6800013086 ES21 2038 1195 0268 0001 3086 IMpRIME: Mangel print. Gamonal, 3 / 28031 - Madrid. Tl: 91 778 54 35 Dep. Legal: B 3721 - 1968

INFORMACIONES EjERCICIOS ESpIRItuAlES pARA SACERdOtES “Nosotros hemos conocido y creído en el amor que Dios nos tiene” (1 Jn 4,16) Cites, Avila 25-30 agosto 2014 Animador: Pedro Sandi; pedrosandi@terra.com Telfs: 679 182 135 - 914 700 717

Revista El Prado Número 218 . Enero- Marzo 2014  

SUMARIO: “El encuentro con Jesucristo” ...................... 1. TESTIMONIOS: Mi experiencia de encuentro con Dios en la oración............

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