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el prado

l “Anunciar a los pobres la riqueza de Jesucristo”

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ASOCIACIón

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SACERdOTES

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PRAdO

Publicación periódica - Julio Septiembre 2013 / núm. 216


"EL PRADO" Publicación periódica Nº 1906-Refª 1999 DIRECCIÓN: LUCIO ARNAIZ ALONSO Higueras, 35, 1º 28011 MADRID Tf 91 470 07 17 Email: sacerdotesdelprado@gmail.com http:sacerdotesdelprado.org REDACCIÓN: ANGEL MARINO GARCÍA GARCÍA Parroquia S. Vicente 09195 VILLAGONZALO PEDERNALES (Burgos) Telf. 947 294 045 ADMINISTRACIÓN: Asociación Sacerdotes del Prado Higueras, 35, 1º 28011 - MADRID Tf 91 470 07 17 PRECIOS DE SUSCRIPCIÓN: Suscripción anual normal.......15 € Suscripción de apoyo........... 19 € Suscripción al extranjero...... 19 € Número atrasado................... 4 € ENTIDAD BANCARIA Caja de Madrid Cebreros, 40 28011 - MADRID 2038 1195 02 6800013086 IMPRIME: Mangel print. Gamonal, 3 / 28031 - Madrid. Tl: 91 778 54 35 Dep. Legal: B 3721 - 1968


PRESENTACIÓN

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a Asamblea general de los Sacerdotes del Prado, celebrada en Limonest del 2 al 19 de julio del presente año, ha sido una hermosa ocasión de experimentar de nuevo la catolicidad de la Iglesia y del carisma pradosiano. En realidades y contextos muy diferentes, la gracia del Evangelio sigue floreciendo. Muchos hombres y mujeres de todos los rincones del mundo confiesan con gozo que Jesucristo es el Señor y Salvador. Desde la vieja Europa es profundamente alentador constatar el entusiasmo y la vitalidad de las Iglesias jóvenes.

También, en realidades y contextos muy diferentes, el carisma del Prado ha ido creciendo y fecundando el trabajo pastoral de muchos sacerdotes. En el corazón de la Iglesia y en comunión con muchos otros llamados por el Señor, los sacerdotes y laicos consagrados del Prado siguen proclamando en todas las periferias del mundo que “conocer a Jesucristo lo es todo”, que hemos de ganarnos el pan estudiando cada día a Jesucristo, que Dios ama preferentemente a los más desvalidos, que formar apóstoles pobres para evangelizar a los pobres es una de las urgencias de nuestro tiempo… Los pobres de nuestro tiempo tienen muchas necesidades; también tienen necesidad de conocer y amar a Jesucristo. Justamente, la misión de la Iglesia es anunciarles la insondable riqueza de Jesucristo (cf. Ef 3,8).


“EL LUGAR DE LOS POBRES EN UNA COMUNIDAD PARROQUIAL” h

Fco. Javier García Cadiñanos

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ace cinco años, al terminar el Año del Prado, le pedí por escrito a mi obispo que me mandara a un barrio pobre. Al regresar a mi diócesis, me encomendó el barrio de san Cristóbal. Un barrio a las afueras de la ciudad, de mala fama. Hace 40 años se hicieron unas viviendas muy básicas para familias trabajadoras. Se está a la espera de aprobar su restauración, pues muchas de ellas se han vuelto insalubres. En ellas se mezclan familias gitanas realojadas del chabolismo con inmigrantes venidos de Bolivia, Colombia, Pakistán, Marruecos… Parejas jóvenes con pocos recursos con personas ancianas. El alcoholismo, la droga, la violencia de género… configuran el mapa de la barriada que da nombre al barrio. Y desde hace unos 10 años, en pleno apogeo de la burbuja inmobiliaria, 930 viviendas que han anexionado el barrio a la ciudad. En ellas, se concentran muchas familias jóvenes. La segunda generación de los trabajadores que emigraron de la ciudad al campo. Familias hipotecadas, enredadas en un ritmo vertiginoso de vida, víctimas del consumo y el secularismo.

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de los distintos programas y voluntarios de Cáritas. Algunos han venido a cubrir necesidades básicas. Otros se han visto interrogados, como Martín y Lourdes que han experimentado la incondicionalidad del amor cristiano,

nunciar la riqueza de Jesucristo en este contexto nos ha llevado como comunidad cristiana a priorizar:

1.- La presencia, acogida y seguimiento a los más débiles a través 3


. ”El lugar de los pobres en na comunidad parroquial”

Fco. Javier García Cadiñanos

comida nos cantó varios cantos de acción de gracias a Alá. Nieves, prostituta de oficio, lloraba cuando el sacerdote la lavaba y besaba los pies.

el pasar de servirse a servir, el participar como protagonistas en la vida de la comunidad. Hay quienes como Falcao, además del vale del economato compartía con nosotros sus búsquedas en la Palabra de Dios, que nos han llevado a la amistad y a hacernos testigos de su afasia provocada por un ictus vivida en la más plena soledad (sin familia, sin entorno). Otros, como Matilde, venía a compartir las ropas de su hija, como la viuda del evangelio, “porque no todo va a ser recibir”. Mlenka nos decía que como ella no tenía a nadie, encontraba en nosotros el apoyo de su padre residente en Bulgaria. Muchas historias, con Dios al fondo, entretejiendo y anudando nuestras vidas en su historia de salvación.

Este curso que viene, desde el equipo de Cáritas, se busca no sólo dar respuestas individuales. Se está pensando en ofrecer un espacio donde crecer juntos en la conciencia colectiva de la vivencia del empobrecimiento. Recuperar su protagonismo en la lucha por la justicia es anunciarles al Dios del Reino. Se trata de compartir con ellos la mirada que sobre el mundo nos ofrece el evangelio. Y aprender a reaccionar con Jesús y desde Jesús, con indignación y confianza, con solidaridad a los hermanos y obediencia al Padre del Reino.

A todos ellos, les hemos invitado el Jueves santo a lo que llamamos la Jornada de Fraternidad: la experiencia de darnos a conocer, comer juntos, compartir sobremesa y libremente, participar de la celebración litúrgica lavándose los pies. José Antonio expresaba que en ese día había sentido lo que es una verdadera familia. Asrham, musulmán, no se quedó a la eucaristía, pero en la

2.- Anunciar la riqueza de Jesucristo nos ha llevado como comunidad a optar por una catequesis renovada. Que comienza con el interrogante sobre la intención de fondo: ser cristiano o cumplir con los sacramentos. Y que está suponiendo todo un cambio de mentalidad y de práctica. La implicación de los padres en el proceso es decisiva. A ellos, además de desaprender experien4


. ”El lugar de los pobres en na comunidad parroquial”

Fco. Javier García Cadiñanos

Jesús en los hermanos” es lo que experimenta Silvia que había interrumpido su proceso creyente durante unos cuantos años. “Da gusto encontrar este espacio para el encuentro con Dios”, comenta Concha, religiosa curtida durante años en la misión con los pueblos de Bolivia. “Sentir la mano del otro cuando rezamos en cadena el padre nuestro me hace sentir que no camino sola”, dice con lágrimas en los ojos Sonia, una mamá divorciada.

cias religiosas paralizantes, se les presenta la novedad de Jesús y su evangelio. Y se les invita a ser testigos ante sus hijos del paso de Dios por sus vidas a través de sencillas actividades a realizar en casa. A esta tarea se han unido catequistas pobres entre los pobres. Como Isabel que expresa encontrarse más cerca de Jesús en el trato con los niños. O Pili que ha descubierto de modo nuevo la Palabra al leerla con ellos. O Pilar que desde que da catequesis se encuentra mejor y le compromete en su trabajo de manera más radical.

4.- Anunciar a Jesucristo a los pobres significa también ir construyendo comunidad cristiana en una Iglesia convertida y reducida a mera oficina de servicios religiosos, muchas veces cargados de mera simbología social. Ello nos empuja a “practicar más mesa compartida y a reducir tanta Misa rutinaria”. Decisiones que nos son fáciles y que no son comprendidas. Provocar más allá de la reunión, el encuentro en las casas, las convivencias de fin de semana, las salidas al campo, las chocolatadas festivas…

3.- Anunciar la riqueza de Jesucristo pasa también por cuidar más la celebración del domingo. De manera que no se convierta en un mero rito, sino que esté cargada de todos los acontecimientos de la semana. Para lo que se cuida los símbolos y gestos: la acogida familiar al comenzar, la participación de todos, el silencio meditativo y la oración vital… y sobretodo, la Buena Noticia encerrada en cada evangelio proclamado.

Para algunos serán meros momentos de camaradería. Otros hemos entendido que sin espa-

“Necesito ir a la celebración del domingo a encontrarme a 5


. ”El lugar de los pobres en na comunidad parroquial”

Fco. Javier García Cadiñanos

Anunciar a Jesucristo como riqueza está siendo hacer la experiencia de la parábola. En el campo asignado, cuando uno va roturando a fondo la tierra, más allá de las piedras, va empezando a descubrir algo que él no ha puesto allí y que es un tesoro escondido. La sorpresa del hallazgo le cambia. Vende prebendas, privilegios, ascensos, comodidades… y se hace con aquella tierra que Dios le ha regalado, no para apropiársela, sino para disfrutarla y compartirla con todos aquellos que quieren roturar tierra adentro.

cios de fraternidad sentida no hay anuncio posible del Dios que nos hermana. Seguidores de quien era tenido como “comilón y borracho” experimentamos que la eucaristía pasa por la comensalidad. Donde nos vamos conociendo y abriendo unos a otros, para dejar que en el otro Dios se cuele en nuestras vidas. Y comencemos a vibrar con sus alegrías y sus penas para hacer camino juntos. Para acabar dando gracias por sabernos y sentirnos acompañados por tantos nombres donde se historiza la salvación. Jesús es un chico “mentalmente límite”. Su aspecto externo le distancia de la gente. Su quebradiza salud le obsesiona. En la comunidad va encontrando su familia y su espacio. No para aprovecharse de ella, sino para servir como mensajero repartiendo las comunicaciones de la parroquia por las casas. Y eso le abre a los demás, le ensancha el corazón, le va transformando de su religiosidad ética a una experiencia agradecida y liberada hacia el Buen Dios.

Fco. Javier García Cadiñanos Diócesis de Burgos

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CONVICCIONES

ASAMBLEA GENERAL DEL PRADO 2013

“Meditando la noche de Navidad sobre la pobreza de Nuestro Señor y su abajamiento en medio de los hombres, tomé la resolución de dejarlo todo y vivir lo más pobremente posible... Me convirtió el misterio de la Encarnación...” (Proceso de beatificación de A. Chevrier).

1. La Asociación de los Sacerdotes del Prado hemos celebrado nuestra Asamblea General en Limonest, del 2 al 19 de julio de 2013. Éramos 57 delegados de los 1.250 pradosianos, procedentes de veinte países de entre los cincuenta en los que estamos presentes en los cuatro continentes. “A mí, el más insignificante de los santos, se me ha dado la gracia de anunciar a los gentiles la riqueza insondable de Cristo; e iluminar la realización del misterio, escondido desde el principio de los siglos en Dios, creador de todo” (Ef 3,8-9).

2. Durante los tres primeros días de nuestra Asamblea nos hemos dado un tiempo para escucharnos unos a otros el testimonio de lo que vivimos. Podríamos parafrasear el principio de la Primera Carta de San Juan para expresar el talante de nuestros trabajos a partir del tema de la Asamblea. Lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y

“Pues conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza” (2Cor 8,9) 7


. Convicciones Asamblea General del Prado 2013

sacerdotes pobres para los pobres, en comunión con toda la Iglesia, nos vinculamos, con toda libertad y confianza, a Jesucristo pues creemos que Él es la Vida, la Verdad y el Camino que conduce a la salvación.

palparon nuestras manos acerca del Verbo de la vida hecho carne en la vida de los hombres en el mundo de hoy, sobre todo los más pobres… os lo anunciamos, para que estéis en comunión con nosotros y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto, para que nuestro gozo sea completo y para que también vosotros seáis colmados del don inestimable y de la alegría de la fe.

4. Discípulos de Aquél que, siendo rico, por nosotros se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza, deseamos acercarnos a los más pobres. Cuando hablamos de pobres, lo hacemos en la fe en Jesucristo, el único Maestro, al que humildemente procuramos conocer mejor, seguirle mejor y amar más. Los pobres no se definen, nos encontramos con ellos. Son personas, rostros, corazones… que conocemos, están a nuestro lado, vivimos con ellos, y cuyas pobrezas son innumerables (económicas, sociales, psicológicas, espirituales…). Cuando reconocemos y aceptamos nuestras propias pobrezas, nos resulta más fácil estar junto a ellos. Compartiendo la vida de los pobres, conociéndoles, respetándolos y queriéndolos, contemplamos la obra de Dios que nos ha precedido.

I. Con los pobres, acogemos la riqueza de Jesucristo 3. La riqueza de Jesucristo se nos ha revelado por la fe, se nos ha concedido por gracia, como un gran regalo de Dios, para que lo anunciemos a todos los hombres (cf Rom 1,1-9; Ef 3,8-9). Con san Pablo podemos decir que hemos recibido la gracia de conocer la insondable riqueza de Cristo y la llamada a ser discípulos y apóstoles para anunciarla. Esta gracia y esta llamada son nuestra vida y nuestra alegría. Guiados por el carisma del Beato Antonio Chevrier que deseaba formar apóstoles y 8


. Convicciones Asamblea General del Prado 2013

pueblo, ricos: “Dijo a Simón: ¿ves a esta mujer?” (Lc 7,44). Murió en la cruz acusado de blasfemo, escándalo para los judíos, locura para los paganos. Para Jesús no hay pobres buenos y pobres malos. A todos promete su reino: “Bienaventurados los pobres porque vuestro es el Reino de Dios” (Lc 6,20).

5. “No nos sentimos atemorizados por las condiciones del tiempo en que vivimos. Nuestro mundo está lleno de contradicciones y de desafíos, pero sigue siendo creación de Dios, y aunque herido por el mal, siempre es objeto de su amor y terreno suyo, en el que puede ser resembrada la semilla de la Palabra para que vuelva a dar fruto… Dos expresiones de la vida de la fe nos parecen de especial relevancia para incluirlas en la nueva evangelización. El otro símbolo de autenticidad de la nueva evangelización tiene el rostro del pobre. Estar cercano a quien está al borde del camino de la vida no es sólo ejercicio de solidaridad, sino ante todo un hecho espiritual. Porque en el rostro del pobre resplandece el mismo rostro de Cristo (Mt 25, 40)“ (Sínodo de los Obispos 2012. Mensaje, ns. 6 y 12).

7. Entre los pobres hay también algunos que son discípulos y apóstoles, muchas veces incluso antes que nosotros mismos. Llamados, levantados, perdonados, liberados, curados por Cristo, son pobres que se hacen seguidores suyos (cf Bartimeo, Mc 10). Con ellos aprendemos a acoger la riqueza de Jesucristo y ellos mismos nos ayudan a reconocerla y a acogerla en todos los pobres, creyentes o no, cristianos o no. Con frecuencia son ellos quienes nos permiten descubrir y conocer mejor la riqueza de Jesucristo.

6. Los pobres muchas veces nos resultan molestos, nos importunan. De este modo nos recuerdan que el mismo Jesucristo ha adoptado esta actitud del pobre que molesta, que perturba el orden social y las conciencias tranquilas de los fariseos, escribas, jefes del

8. En el Evangelio Jesús nos hace descubrir y comprender que los pobres son preferidos de Dios, 9


. Convicciones Asamblea General del Prado 2013

II. Con los pobres compartimos la riqueza de Jesucristo

los primeros en su reino. No que Dios sea parcial, sino que su amor por los hombres empieza por los de más abajo, por los más débiles, los más frágiles, los que por lo general son los más ignorados, rechazados, despreciados, en las familias, en las sociedades e incluso en las iglesias. La “opción preferencial por los pobres” es una gracia en el corazón de la evangelización en el mundo de hoy.

10. La riqueza de Jesucristo es la verdadera respuesta a las expectativas, a los deseos y a la esperanza de los hombres, respuesta sobreabundante que invita a buscar más lejos y más hondo (cf Ef 3,20). El Padre Chevrier hablaba de pobres, ignorantes y pecadores. Hoy se puede decir que ser pobre es no tener, no saber, no ser y estar siempre, por tanto, “a la expectativa” de bienes, de conocimiento, de dignidad.

9. “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón. La comunidad cristiana está integrada por hombres que, reunidos en Cristo, son guiados por el Espíritu Santo en su peregrinar hacia el reino del Padre y han recibido la buena nueva de la salvación para comunicarla a todos. La Iglesia por ello se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia” (GS 1).

11. ¿Acaso no hay en el corazón de todo ser humano un deseo profundo, más allá de toda condición, de toda cultura, el “deseo de Dios”, el deseo de conocerle y de participar de su vida? En los encuentros con Jesús, todos los que acuden a Él apesadumbrados por la vida, se descubren cercanos, amigos, hijos queridos de Dios. 12. En la escucha de la vida de los miembros del Prado en el mundo, con frecuencia hemos oídos a los hermanos dar testi10


. Convicciones Asamblea General del Prado 2013

¡Oh inefable misterio! Dios está con nosotros, Dios ha venido a hablarnos, ha venido vivir con nosotros para hablarnos e instruirnos. Lo que no había hecho otras veces más que de paso, por así decir, y deprisa, lo ha hecho en estos últimos tiempos de manera bien sensible y duradera. Ha tomado forma de hombre para vivir con nosotros, tener tiempo de hablarnos y decirnos todo lo que el Padre quería enseñarnos por medio de él. No somos seres abandonados por Dios, verdadero Padre que ama a sus hijos y quiere instruirlos y salvarlos” (A. Chevrier, El Verdadero Discípulo, 62-63).

monio de esta “esperanza fundamental” que adivinan, perciben, contemplan… en la vida de las personas en el fondo de sus pobrezas, de sus dependencias e incluso de sus desesperanzas en el plano social, económico, político. 13. La riqueza de Jesucristo es ser el Hijo de Dios, y todo lo que nos revela de su Padre Dios y del Espíritu Santo. Por Él la riqueza de amor y de la vida trinitaria se abre a todo ser humano sin excepción.

“El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado... Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación…” (GS 22a).

15. La riqueza de Jesucristo son sus acciones y sus palabras. La vida entera de Jesús expresa la voluntad salvadora de Dios y la realiza ya. Desde el comienzo de su ministerio público Jesús se manifiesta como aquel que por el “hoy” se cumple lo que los profetas habían anunciado (Lc 4, 16). Su acogida, su escucha, su compasión, su libertad ante todas las instituciones, son los signos concretos de la venida del Reino de Dios. Responde a las demandas… pero compro-

14. La riqueza de Jesucristo es su encarnación, su venida en la carne, en las condiciones ordinarias de la vida de los hombres.

“Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. 11


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tido… Este es el gran misterio del hombre que la Revelación cristiana esclarece a los fieles. Por Cristo y en Cristo se ilumina el enigma del dolor y de la muerte, que fuera del Evangelio nos envuelve en absoluta obscuridad. Cristo resucitó; con su muerte destruyó la muerte y nos dio la vida, para que, hijos en el Hijo, clamemos en el Espíritu: Abba!,¡Padre!” (GS 22c y f).

metiendo siempre a las personas en el camino de la conversión. 16. La riqueza de Jesucristo es su muerte y resurrección, es decir, su encarnación hasta el extremo, el Misterio pascual. La muerte y resurrección de Jesús iluminan definitivamente el destino del hombre…

“Él es nuestra paz: el que de los dos pueblos ha hecho uno, derribando en su cuerpo de carne el muro que los separaba: la enemistad. Él ha abolido la ley con sus mandamientos y decretos, para crear, de los dos, en sí mismo, un único hombre nuevo, haciendo las paces. Reconcilió con Dios a los dos, uniéndolos en un solo cuerpo mediante la cruz, dando muerte, en él, a la hostilidad. Vino a anunciar la paz: paz a vosotros los de lejos, paz también a los de cerca. Así, unos y otros, podemos acercamos al Padre por medio de él en un mismo Espíritu” (Ef 2,14-18).

17.La riqueza de Jesucristo es el don de su Espíritu (y de sus obras), que nos hace vivir hoy las Bienaventuranzas y por el que recibimos ya la vida nueva. “El hombre cristiano, conformado con la imagen del Hijo, que es el Primogénito entre muchos hermanos, recibe las primicias del Espíritu (Rom 8,23), las cuales le capacitan para cumplir la ley nueva del amor. Por medio de este Espíritu, que es prenda de la herencia (Ef 1,14), se restaura internamente todo el hombre hasta que llegue la redención del cuerpo (Rom 8,23). Si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó a Cristo

“Padeciendo por nosotros, nos dio ejemplo para seguir sus pasos y, además abrió el camino, con cuyo seguimiento la vida y la muerte se santifican y adquieren nuevo sen12


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Dios que nos hace hermanos y hermanas de todos los hombres. Compartimos la alegría de ser “alguien” a los ojos de Dios, cada uno con sus pobrezas. Sabemos que no somos abandonados de Dios. Compartimos la alegría de ser perdonados, de nacer de nuevo. Compartimos la esperanza frente al fracaso, la infelicidad, la muerte. Con los pobres compartimos la fe, la esperanza y el amor que alientan las luchas por la liberación, la justicia y la paz. Compartimos el compromiso de todos los hombres de buena voluntad que los acompañan, los apoyan y los animan. Para nosotros es un combate en el que Dios mismo nos arma de poder y y fortalece en nosotros el hombre interior (cf Ef 3,16).

Jesús de entre los muertos dará también vida a vuestros cuerpos mortales por virtud de su Espíritu que habita en vosotros (Rom 8,11). Esto vale no solamente para los cristianos, sino también para todos los hombres de buena voluntad, en cuyo corazón obra la gracia de modo invisible. Cristo murió por todos, y la vocación suprema del hombre en realidad es una sola, es decir, la divina. En consecuencia, debemos creer que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de sólo Dios conocida, se asocien a este misterio pascual” (GS 22e). “El Espíritu Santo produce en nosotros a Jesucristo… El Padre nos crea, el Hijo nos muestra la verdad, el camino, es nuestra luz, pero el Espíritu Santo nos da el amor, nos le hace amar, y quien ama comprende, quien ama siente, quien ama puede actuar. El Espíritu Santo, pues, perfecciona lo que Jesucristo ha comenzado” (A. Chevrier, Cartas n. 93)

III. Con los pobres, damos testimonio de la riqueza de Jesucristo

18.Con los pobres compartimos esta riqueza de Jesucristo.

19.En nuestra Asamblea nos hemos dicho cómo, en nuestros diversos ministerios en todo el mundo, acompañamos y somos acompañados por

Compartimos la gracia de la vocación divina que se nos revela, la dignidad de hijos de 13


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ciones y de formas de hacerse discípulos de Jesucristo. Nos llena de gozo pertenecer al Instituto de los Sacerdotes del Prado que nos ayuda a permanecer unidos a Jesucristo, a conservar vivo en nosotros el deseo y la búsqueda de la pobreza según el Evangelio, de estudiar el Evangelio y hablar de él de modo que los más humildes lo comprendan, de alimentar en nosotros y difundir a nuestro alrededor la alegría de la fe.

pobres que se sienten, ellos también, responsables y encargados de testimoniar la riqueza de Jesucristo. En fraternidades, en comunidades, hacemos junto con ellos, la experiencia del encuentro personal con Jesucristo resucitado. Estamos convencidos de que esta experiencia personal nos mantiene en el camino de la conversión y es el fundamento del testimonio. Gracias al estudio del Evangelio, la oración y la revisión de vida, se conserva viva y actual esta experiencia.

21.La Iglesia real, con sus pobrezas y sus incoherencias, sus dinamismos y sus fidelidades, es, en Cristo, como el sacramento de la unión íntima con Dios de la unidad de todo el género humano, es decir, el signo y el instrumento del encuentro con Cristo resucitado (cf LG 1).

20.Quienes la han descubierto, deben anunciar la riqueza de Jesucristo, en primer lugar, en nuestras asambleas dominicales, en nuestros equipos de movimientos, en los grupos en los que compartimos la vida y la Palabra de Dios, en nuestras comunidades eclesiales de base, en nuestros servicios de solidaridad, en nuestras familias… Tenemos la convicción, y es algo que experimentamos, que los pobres son capaces de acoger la Palabra de Dios, de dar cuenta de ella, y que enriquecen a toda la Iglesia, con una gran diversidad de voca-

“La naturaleza íntima de la Iglesia se expresa en una triple tarea: anuncio de la Palabra de Dios (kerygma-martyria), celebración de los Sacramentos (leiturgia) y servicio de la caridad (diakonia). Son tareas que se implican mutuamente y no pue14


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nos pide construir comunidades que sean signos de la novedad del Evangelio y en las que se pueda ver cómo la fe contesta los criterios de discriminación y de exclusión y crea relaciones gozosas, fraternas y alentadas por la esperanza, relaciones nuevas en las que los pobres están llamados a ser sujetos agentes. Somos conscientes de que son muchas las dificultades, de que la cultura actual arrastra más bien al individualismo y a la idolatría, y confesamos el pecado personal y estructural que estorba la realización del designio de Dios: sed de beneficio injusto, explotación de personas, desprecio de la naturaleza, devastación de las riquezas de la creación… Pero confesamos también la presencia y la acción del amor de Dios que trabaja sin cesar en la liberación integral de todos los hombres. “La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios…”: las numerosas personas y grupos que se implican y se comprometen a favor de los necesitados; las personas y los grupos que denuncian las situaciones injustas que pro-

den separarse una de otra. Para la Iglesia, la caridad no es una especie de actividad de asistencia social que también se podría dejar a otros, sino que pertenece a su naturaleza y es manifestación irrenunciable de su propia esencia” (Benedicto XVI, Deus caritas est, n. 25). 22.Las tres tareas inseparables de la misión de la Iglesia nos ponen, bajo la guía del Espíritu Santo, en el camino de la unidad y de la comunión. Cuando se anuncia el Evangelio en las comunidades cristianas, Jesucristo se revela como la Verdad, el Camino y la Vida; cuando se celebran los sacramentos, el Espíritu Santo hace presente el Misterio Pascual, nos hace miembros del Cuerpo de Cristo, y nos envía, nos hace salir al encuentro de los pobres; cuando vivimos la caridad, Cristo mismo se hace ternura de Dios en la historia, para todo el hombre, para todos los hombres. 23.En los caminos de la comunión, comprendemos que Dios

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. Convicciones Asamblea General del Prado 2013

ducen la miseria y luchan para eliminarla, hasta llegar a veces al don total de la vida…

mente en este mundo, primicias de la plenitud de la vida eterna a la que están llamados todos los hombres.

24.Queremos permanecer con María, meditando las maravillas que Dios Padre nos da a conocer en su Hijo, que el Espíritu renueva continua-

Lyon, julio 2013

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LA MISIÓN DE ANUNCIAR A LOS POBRES, LA INSONDABLE RIQUEZA DE JESUCRISTO h

Xosé Xulio Rodríguez

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a Asociación de Sacerdotes del Prado ha preparado y realizado su Asamblea General en torno a la misión recibida de Dios de anunciar a los pobres la insondable riqueza de Jesucristo. Este trabajo de profundización y reflexión ha tenido su fuente y su referencia fundamental en este texto de la carta a los Efesios: “anunciar a las naciones la insondable riqueza de Cristo” (Ef 3,8). Estas palabras dirigidas a los cristianos de Éfeso resuenan hoy con claridad y urgencia para nuestro Instituto en este momento crucial en el que la evangelización es el gran reto para la Iglesia y el Evangelio la gran riqueza que necesita este mundo.

Como el Apóstol de las naciones, nos sentimos desbordados y sobrecogidos por la grandeza y la sublimidad de esta misión: anunciar a los pobres y a todos los pueblos la riqueza insondable del misterio de Cristo. Acoger esta Buena Noticia, recibir este tesoro es don de Dios, regalo de su gracia que ha derramado sobreabundantemente sobre la humanidad en Jesucristo por el Espíritu Santo. A nosotros nos ha confiado servir este precioso don, conscientes de que es el Espíritu quien abre los corazones a la fe (1 Cor 2,12). El Señor nos ha encargado preparar el terreno, abrir el espíritu y el corazón y en nombre de Dios echar la semilla para que pueda germinar y producir un fruto abundante.

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. La misión de anunciar a Jesucristo,la insondable...

Xosé Xulio Rodríguez

I. La misión de anunciar el conocéis la misión de la gracia que Dios me concedió en orden a vosotros Evangelio

(Ef 3,2.7). Esta gracia es también la que le ha transformado a él y le ha convertido en apóstol y en testigo de lo que anuncia (1 Cor 15,10). Todo lo que hace en la misión evangelizadora sabe que es Dios mismo quien lo realiza y no tanto sus cualidades, sus planes o su proyecto pastoral: De modo que ni el que planta o el que riega es algo, sino Dios el que hace crecer… Conforme a la gracia de Dios que me fue dada, yo, como buen arquitecto, puse el cimiento… pues nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo (1 Cor 3,611).

El Apóstol de las Naciones, que ha conocido por revelación el misterio de Dios (Ef 3,1-3), confiesa que ha recibido la misión de anunciarlo, de darlo a conocer: A mí, el menor de todos los santos, me fue concedida esta gracia: la de anunciar a los gentiles la inescrutable riqueza de Cristo (Ef 3,8; Col 1,2728). No se trata de una iniciativa personal, de embarcarse en una aventura atractiva y seductora que pueda colmar algunas aspiraciones y deseos del apóstol. Este tiene conciencia de que tal misión viene de una llamada, de una elección por la que se le ha confiado dicho encargo. Es Dios mismo quien ha tenido a bien escogerle (Gal 1,15-16). El apóstol subraya dos elementos muy importantes que forman parte de la misión de anunciar a los gentiles el misterio de Cristo: la gracia y la revelación: cómo me fue comunicado por una revelación el conocimiento del Misterio, tal como brevemente acabo de exponeros (Ef 3,3). El apóstol tiene conciencia de que la misión recibida es ante todo don y gracia de Dios: si es que

La gracia de Dios se muestra también en que el apóstol ha llegado al conocimiento de Cristo porque Dios mismo se le ha dado a conocer. Se trata no de un conocimiento de investigación o de estudio, sino de un conocimiento de revelación. El Señor ha tomado la iniciativa, vino al encuentro del apóstol y le reveló el misterio de Cristo, el designio de su voluntad: dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según el benévolo designio que en él se propuso de antemano (Ef 1,9; 3,3; Mt 11,25-26; Hch 26,16). El apóstol ha 18


. La misión de anunciar a Jesucristo,la insondable...

Xosé Xulio Rodríguez

encomendarle la misión de extender el evangelio a todos los pueblos: Pues yo soy el último de los apóstoles: indigno del nombre de apóstol, por haber perseguido a la Iglesia de Dios (1 Cor 15,9; Gal 1,13-14). El tiene conciencia de la debilidad de los enviados para llevar a cabo una misión tan elevada, pero deberá fiarse, mostrarse servicial y disponible, abandonarse en la fe: Pero llevamos este tesoro en recipientes de barro para que aparezca que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de nosotros (2 Cor 4,7).

de escuchar, estar atento para recibir la revelación del Verbo del Padre y anunciarle. El evangelio que anunciamos es revelación de Dios. Por eso el apóstol ha de escuchar la Palabra, acoger al Verbo del Padre que se revela y se da a conocer. En esta experiencia de comunicación y revelación el Estudio del Evangelio es un tesoro precioso que el Prado ha recibido de Dios y que se convierte para todos nosotros en fuente de revelación y de renovación (VD 225; Carta 105). El apóstol es llamado para una misión que está por encima de sus posibilidades, pues él es una persona frágil y llena de limitaciones. La fragilidad del apóstol subraya que la misión es obra de la gracia de Dios. Ella se apoya en el poder de Dios y de su acción salvadora: he llegado a ser ministro (del Evangelio) conforme al don de la gracia de Dios a mí concedida por la fuerza de su poder. A mí, el menor de todos los santos me fue concedida esta gracia (Ef 3,7-8).

El Señor ha escogido lo débil, lo que no cuenta en este mundo para que el hombre pueda descubrir que los pobres y los débiles tienen posibilidades de colaborar en la obra de Dios, incluso más que los sabios y poderosos. Este ha sido el proceder de Dios en toda la Historia de la Salvación y lo que el Apóstol Pablo experimenta en su misión apostólica: Mi palabra y mi predicación no consistieron en sabios y persuasivos discursos; fue más bien una demostración del poder del Espíritu, para que vuestra fe se fundara, no en la sabiduría humana, sino en el poder de Dios (1 Cor 2,4-5; cf. 1 Cor 1,26-31; Lc 1,47-55; 2,1-20).

Pablo es muy consciente de su fragilidad, de que es el último de los apóstoles. Dios ha tenido la osadía de llamar, de fijarse en un enemigo de la cruz de Cristo y 19


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Xosé Xulio Rodríguez

La predicación apostólica presenta a Jesucristo como la gran riqueza, el sumo bien que necesita el mundo y la humanidad para vivir en la paz, en la comunión, en la nueva justicia del Reinado de Dios. La riqueza resulta atractiva y seductora, por eso la humanidad ha de seguir conservando y renovando ese afán de buscar la verdadera riqueza, el verdadero tesoro que la llenará de una alegría que nadie ni nada le podrá arrebatar: El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, que al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo, y por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo (Mt 13,44).

En estos momentos de una cierta complejidad y dificultad en la misión evangelizadora en algunas regiones del mundo y también de un florecimiento esperanzador en otras latitudes ¿cómo estamos viviendo esta elección y este encargo del Señor? A veces la acción apostólica se nos hace una tarea ardua por la dificultad que entraña hacer el anuncio y la propuesta de la fe en esta coyuntura histórica y cultural. Hemos de ser conscientes de que no se trata de cumplir con una obligación o un compromiso simplemente, sino de responder a una gracia que se nos ha concedido. La gracia no reclama éxitos ni resultados inmediatos. Ella ha de conducirnos a abandonarnos en la fe, la confianza y la gratuidad más plena, pues no estamos solos en esta obra (Mt 28,20).

Este tesoro, esta riqueza tan especial pide hacer una gran inversión que comporta también un gran riesgo. Este sólo se puede afrontar desde la fe y desde el amor. Entra en la lógica de la gracia y la gratuidad, y no tanto en la de los intereses y la rentabilidad. Se trata de una economía muy peculiar, pero sin duda alguna de óptimos resultados para el que se arriesga a hacer esta inversión: Vended vuestros bienes y dad limosna. Haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro inagotable en los cie-

II. LA RIQUEZA DE CRISTO ¿Qué es lo que el apóstol tiene que proclamar, cuál es el contenido de su mensaje, el centro de su anuncio? La respuesta viene dada por el mismo apóstol: a mí me fue concedida esta gracia: la de anunciar a todas las naciones la insondable riqueza de Cristo. 20


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Xosé Xulio Rodríguez

lleno de gracia y de verdad… pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia. Porque la Ley fue dada por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo (Jn 1,14.16-17).

los, donde no llega el ladrón, ni la polilla corroe; porque donde está vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón (Lc 12,33-34; Mt 19,21). La riqueza de Jesucristo se manifiesta en lo que el apóstol llama la economía de la gracia y la economía del misterio.

Anunciar, transmitir, testimoniar el Evangelio de la gracia ha sido siempre un gran reto para la Iglesia, y tal vez lo sea mucho más hoy, en ciertas culturas y antropologías autistas. No hemos superado o nos cuesta mucho superar o resolver la dialéctica paulina entre Ley y gracia, carne y espíritu, como refleja la carta a los Gálatas: ¿Tan insensatos sois? Habiendo comenzado por el Espíritu, ¿termináis ahora en carne? (Gal 3,3).

1. Economía de la gracia La gracia aparece ligada a la misión, al anuncio del misterio de Cristo a las naciones, como hemos desarrollado más arriba (Ef 3,2.9). Gracia es también el conocimiento de este misterio, al que el apóstol ha llegado a través de una revelación (Ef 3,3.7). El Evangelio del Reino que hace presente Jesucristo, el Verbo del Padre, es y se revela como un don gratuito de Dios, que inaugura una nueva era en la relación entre Dios y la humanidad en la que todo es gracia.

El Evangelio que proclama Jesús es realmente evangelio de la gracia. El anuncia un Dios que es amor y gratuidad, que ha concedido a la humanidad una amnistía total, la posibilidad de vivir un año de gracia en estado de jubileo permanente (Lc 4,18-22). Este mensaje rebosante de gozo y esperanza es el que necesitan y desean oír y conocer nuestros pueblos, los hombres y mujeres de hoy en medio de sus búsquedas, de sus luchas y trabajos. La humanidad de hoy es capaz de

La gracia del Señor envuelve a María (Lc 1,28) y aparece fuertemente subrayada en la encarnación del Verbo en el cuarto evangelio: Y la Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Unigénito, 21


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la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios (Ef 2,7-10).

reaccionar, de abrir su espíritu al evangelio de la gracia, como en los comienzos de la predicación de Jesús en la sinagoga de Nazaret: Y todos daban testimonio de él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca (Lc 4,22).

2. Economía del misterio Lo que el apóstol está llamado a anunciar y transmitir a todas las naciones es el designio salvífico de Dios o lo que es lo mismo, el misterio de Cristo.

El gran don, la gran riqueza que Dios ha concedido al mundo es su Hijo Jesucristo con toda clase de bienes para todas las naciones: a mí, el menor de todos los santos me fue concedida esta gracia: anunciar a las naciones la insondable riqueza de Cristo (Ef 3,8). La carta a los Efesios reitera una y otra vez el evangelio de la gracia que el Padre nos ha dado en Jesucristo. En él encontramos la amnistía total, la remisión de los pecados por pura gracia de Dios. En él tenemos por medio de su sangre la redención, el perdón de los pecados, según la riqueza de su gracia (Ef 1,7). Esta sobreabundancia recrea al hombre, es don de Dios que se hace operativo por la fe y no se debe a nuestros méritos o capacidades: a fin de mostrar en los siglos venideros la sobreabundante riqueza de su gracia, por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Pues habéis sido salvados por

Misterio no designa una cosa inaccesible o incomprensible como sugieren el uso habitual en nuestras lenguas. Se trata de algo ante el que se debe observar un silencio riguroso, cerrar los ojos, estar callado para acoger y contemplar una realidad que nos envuelve y nos viene dada. El misterio de Dios es Cristo mismo en acción, realizando el designio salvífico de Dios en todas las naciones. Este es el plan de Dios previsto y oculto desde siglos, pero que ha revelado y dado a conocer en estos tiempos a los apóstoles y profetas (Ef 3,5; Col 1,26). Este designio cuidadosamente guardado durante siglos, porque la humanidad no era capaz de conocer el misterio de Cristo es fundamental para entrar en la inteligencia de la grandeza 22


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podáis comprender con todos los santos cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor de Cristo que excede todo conocimiento, para que os vayáis llenado hasta la total Plenitud de Dios (Ef 3,16-19).

del designio de Dios que él ha tenido a bien desvelar a la humanidad: y traer a la luz cómo se ha dispensado este Misterio escondido desde siglos en Dios, creador de todo (Ef 3,9). Quien acoge la gracia de esta revelación puede descubrir también lo que entraña conocer el misterio de Cristo, es decir, vivir en comunión con Cristo mismo que está realizando hoy el designio salvador de Dios (Col 1,2728). Cristo resucitado está creando la nueva humanidad con el aliento del Espíritu que la configura a imagen del Hijo Primogénito de entre los muertos (Col 1,18), el primer resucitado por quien toda la humanidad puede resucitar y tener una vida plena.

Dar a conocer el misterio de Dios nos sitúa a nosotros en el corazón de la misión y de la gracia pradosiana para hacerla fructificar en nuestras Iglesias y presbiterios. A la luz de la experiencia de las primeras comunidades cristianas, de la primacía y la importancia que dan al conocimiento del misterio de Cristo, son muy reveladoras las palabras y las prioridades apostólicas del fundador del Prado entorno al conocimiento de Jesucristo. Nuestra misión ha de reflejar y testimoniar con gozo y esperanza esa pequeña plegaria del P. Chevrier que había comprendido muy bien este designio de Dios: “Oh Dios, admiro vuestro deseo de daros a conocer” (CDA 59). Esto nos revela el gran amor de Dios a la humanidad y su ardiente deseo de compartir con ella la riqueza de su amor desbordante.

En Cristo encuentra la humanidad la plenitud total, la culminación de los anhelos y aspiraciones más profundas, que son las del espíritu, las del hombre interior. El apóstol experimenta entre la admiración y el asombro el despliegue y la riqueza del misterio de Cristo capaz de recrear, de transformar y de dar nueva identidad y nuevas dimensiones a la vida de los hombres y mujeres de todos los tiempos: Para que, arraigados y cimentados en el amor, 23


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Xosé Xulio Rodríguez

En la revelación del misterio 3. La insondable riqueza de de Dios Jesucristo es la gran Cristo

riqueza que Dios regala a la humanidad. Una riqueza que ya no es únicamente para el pueblo judío, sino para todas las naciones. El beneplácito y la voluntad de Dios se revelan en su designio de constituir a todos los pueblos en miembros de su familia. Las naciones son redimidas de la esclavitud y pueden disfrutar como los hijos de todas las riquezas y el patrimonio de la familia y de la casa.

El misterio de Dios, Cristo realizando el designio salvador de Dios en el mundo, es la gran riqueza y por eso también el gran acontecimiento que el apóstol y la Iglesia han de anunciar a todas las naciones (a los gentiles). Lo que debe ser dado a conocer en todos los tiempos y a todas las naciones es la plenitud del don, que es calificado como riqueza de su gracia. El don es riqueza, exceso, gratuidad, porque no se limita a la salvación, sino a la iniciación en la vida misma de Cristo Resucitado. El don traspasa la totalidad de la historia, sean cuales sean las épocas y culturas. Este es la gran regalo, desbordante de riqueza y de gloria, que permite a la humanidad llegar a ser el cuerpo de Cristo y participar de su resurrección: Estando muertos a causa de nuestros pecados, nos vivificó juntamente con Cristo -por pura gracia estáis salvados- y con él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús, a fin de mostrar en los siglos venideros la sobreabundante riqueza de su gracia, por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús (Ef 2,5-7).

Jesucristo, nuestra gran riqueza Todos los pueblos, como los efesios, han de reconocer ese derroche de gracia y de riqueza que es Cristo, y vivir en la admiración y el agradecimiento; a lo recibido por gracia se ha de corresponder también desde la gratuidad, y desde la fe que se abandona confiada en quien le ha regalado tales dones. Tanto los gentiles como los judíos, a pesar de su rebeldía e infidelidad, pueden participar de la gracia y de la misericordia de Dios que sobrepasa los cálculos humanos centrados en los merecimientos o en las obras: ¡Oh abismo de riqueza, de sabiduría y de ciencia el de Dios! ¡Cuán insondables 24


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llamados: Para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, os conceda espíritu de sabiduría y de revelación para conocerle perfectamente; iluminando los ojos de vuestro corazón para que conozcáis cuál es la esperanza a la que habéis sido llamados por él; cuál la riqueza otorgada por él en herencia a los santos, y cuál la soberana grandeza de su poder para con nosotros, los creyentes, conforme a la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo resucitándole de entre los muertos y sentándole a su diestra en los cielos (Ef 1,17-20).

son sus designios e inescrutables sus caminos! (Rom 11,33). La humanidad se puede sumergir confiada en este mar de riqueza que Dios pone en sus manos para que pueda crecer hasta la plenitud de su madurez y rebosar de gozo y felicidad, ya que Dios en Jesucristo ha puesto a su alcance todo este caudal sobreabundante: para que sus corazones reciban ánimo y, unidos íntimamente en el amor, alcancen en toda su riqueza la plena inteligencia y perfecto conocimiento del misterio de Dios, en el cual están ocultos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia (Col 2,2-3). Este patrimonio tan rico que Dios ha dispensado pródigamente a la humanidad en el misterio de Cristo es un legado que ésta debería reconocer y aceptar, pues es el camino para alcanzar la plenitud y la perfección. El apóstol, por su parte, es consciente de que la humanidad puede cerrar su espíritu y su mente y rechazar y desconocer este don insondable. Por esto el apóstol ora para que los hombres abran su corazón al espíritu de la sabiduría y de revelación de Dios y alcancen así la plenitud del hombre perfecto, la sublime riqueza a la que han sido

Xosé Xulio Rodríguez

Quien ha entrevisto lo que Dios revela y regala al hombre no puede menos de quedar anonadado, un poco confundido y enormemente agradecido ante una riqueza tan sublime. Es la experiencia de Pablo que descubre la desbordante riqueza de Dios en el don del Espíritu derramado sobre la nueva humanidad: Mas bien, como dice la Escritura: lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que lo aman. Porque a nosotros nos lo reveló Dios por medio del Espíritu; y el Espíritu todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios (1 Cor 2,9-10). El hombre puede vislumbrar y adivinar en Jesucristo lo que él 25


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enriquecidos, seguir el camino de quien nos enriqueció y puso a nuestro alcance este patrimonio tan fascinante.

está llamado a ser y a alcanzar, sus verdaderas dimensiones y posibilidades. Pero sólo puede entrar en comunión con el misterio de Cristo a través de la fe y también de la oración, como lo hace el Apóstol de las naciones: Por eso doblo mis rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra, para que os conceda, por la riqueza de su gloria, fortaleceros interiormente, mediante la acción de su Espíritu; que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, para que arraigados y cimentados en el amor, podáis comprender con todos los santos la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor de Cristo, que excede todo conocimiento, y os llenéis de la plenitud de Dios (Ef 3,14-19).

La pobreza evangélica enriquece La economía de la gracia requiere sus inversiones y sus riesgos. El apóstol Pablo nos presenta el camino seguido por el Hijo para enriquecer a la humanidad. Es un camino o un modelo novedoso, sugestivo pero también desconcertante a los ojos de este mundo, ya que la verdadera riqueza no es el resultado del acumular bienes o beneficios, sino de darlo todo, de hacerse pobre, para alcanzar la riqueza verdadera: Pues conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de enriqueceros con su pobreza (2 Cor 8,9). Esta es la riqueza de la gracia que tan reiteradamente aparece en la revelación del misterio de Dios en la carta a los Efesios y que nos revela su insondable riqueza. El hombre, como Jesucristo, ha de escoger el camino de la pobreza para que, enriqueciendo a otros él llegue a ser verdaderamente rico. Desde este proyecto de Dios asumido por el Hijo se iluminan las palabras sublimes de la Carta a

Todo este mar de riqueza que Dios ofrece a la humanidad es realmente irresistible. Sin embargo vemos cómo los hombres de ayer y de hoy no lo han encontrado así, y han mostrado sus resistencias negándose a aceptar la verdadera riqueza que conduce a la felicidad y a la vida (Rom 1,1823). Esta riqueza que Dios nos da gratuitamente no se adquiere con facilidad, es realmente costosa y entraña, para quienes hemos sido 26


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Xosé Xulio Rodríguez

mismos y nos hace uno con Jesucristo.

los Romanos que hemos comentado más arriba: Oh abismo de riqueza… Cuán insondables son sus designios e inescrutables sus caminos (Rom 11,33). La riqueza de Dios se desvela en el misterio de la encarnación y de la cruz en las que el Hijo no se agarró codiciosamente a su condición divina, sino que se despojó, abrazó la más absoluta pobreza, para llegar a la plenitud, a la exaltación a la derecha del Padre. El himno de la carta a los Filipenses expresa el mismo recorrido que anuncia la 2 Corintios: El cual, siendo de condición divina, no codició ser igual a Dios sino que se despojó de sí mismo tomando condición de esclavo… se rebajó a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó y le otorgó el Nombre que está sobre todo Nombre… y que toda lengua confiese que Cristo Jesús es Señor par gloria de Dios Padre (Flp 2,6-11; 2 Cor 8,9).

La opción por la pobreza evangélica y la opción por los pobres tienen su raíz y motivación en la opción por Jesucristo. Sólo desde Cristo seremos capaces de comprender la dinámica enriquecedora de la pobreza elegida desde la libertad y el amor. Es este el dinamismo también que refleja la vocación y la conversión del P. Chevrier: “Tomé la decisión de dejarlo todo y vivir lo más pobremente posible; me decidí a seguir más de cerca de Nuestro Señor Jesucristo, para hacerme más capaz de trabajar en la salvación de las almas” (P. Beatificación 2,7.97-98). La contemplación del misterio de la encarnación le lleva a tomar estas decisiones: abrazar la pobreza y seguir más de cerca a Jesucristo para trabajar eficazmente en la salvación de los hombres, es decir, en servirles la mayor riqueza, el don de la salvación.

Seguir este camino de la pobreza que enriquece a muchos es también una gracia. Sólo desde esa gracia, desde la docilidad a la acción del Espíritu de Cristo que habita en nosotros seremos capaces de acoger esta gran riqueza de Dios que nos despoja de nosotros

El Señor nos ha elegido para dar a conocer al mundo la insondable riqueza de Cristo. Es una misión atractiva, pero también muy laboriosa y paciente que requiere muchos cuidados para que pueda producir sus frutos. Como el labrador ama sus tierras 27


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originalidad del regalo de gracia que el Padre ha hecho a la humanidad. Desde esta perspectiva se comprende el amor y la opción preferencial de Dios por los pobres. Misión que él le ha encomendado a la Iglesia y dentro de ella al Instituto del Prado.

o el pastor sus rebaños así también nosotros hemos de amar esta misión que el Señor nos ha confiando y las personas, los colectivos y comunidades a las que nos envía para hacerles partícipes de su gran riqueza. Los sacerdotes del Prado hoy, como el P. Chevrier en su tiempo, hemos de vivir y testimoniar que la pobreza no es desposesión ni empobrecimiento, sino un gran enriquecimiento siguiendo más de cerca el camino del Hijo que se hizo pobre para enriquecer a muchos. Es la comprensión de la pobreza como fuente de riqueza que llegó también a descubrir el apóstol de la Guillotière: “¡Oh pobreza, qué bella eres!... Dame, oh Maestro mío, esta hermosa pobreza, que la busque solícito, la acepte con alegría, que la abrace con amor, y haga de ella la compañera de toda mi vida” (VD 323).

III. A TODAS LAS NACIONES Los destinatarios de este gran regalo de Dios y de la misión confiada al apóstol son las gentiles: “anunciar a los gentiles la insondable riqueza de Cristo”. El significado del término, que en el texto original designa a los destinatarios, es traducido por los gentiles o los paganos, es decir, los que no pertenecían al pueblo judío, el pueblo de la alianza, y adoraban a otros dioses. Otra traducción, la que vamos a seguir preferentemente, designa como destinatarios a las naciones.

Esta insondable riqueza de Dios es para todos, ya que la riqueza de la gracia no divide ni clasifica por grupos o clases enfrentadas, no construye un mundo de ricos y pobres. El que se enriquece con estos bienes no desposee a los otros, sino que los comparte y los pone a su disposición. Esta es la gran novedad y

1. Las naciones en el misterio de Dios En el designio de Dios está que en Jesucristo todas las naciones lleguen a ser una sola nación, un solo pueblo, un solo cuerpo. Esta 28


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giosa de Israel: que no viváis ya como viven los gentiles, según la vaciedad de su mente, obcecada su mente en las tinieblas y excluidos de la vida de Dios por la ignorancia que hay en ellos por la dureza de su corazón (Ef 4,17-18).

es la gran novedad del designio de Dios que se está realizando, una de las riquezas de esta economía de gracia que Dios nos ha dispensado en Cristo. Cristo derriba el muro de división y separación entre los pueblos Frente a la gran división entre judíos y gentiles o entre Israel y las naciones, el designio salvador de Dios está en derribar las fronteras del odio, de la separación para llegar a la unidad y a la comunión plena en Jesucristo, cabeza de la nueva comunidad de creyentes, el nuevo pueblo de Dios que nace de la unión entre judíos y gentiles. La división tradicional entre judíos y gentiles había marcado muy profundamente el pensamiento, la concepción religiosa y la visión del mundo en el judaísmo. Celoso de cuidar su identidad el pueblo judío, después del exilio, se protegió del contacto y el mestizaje con los otros pueblos, considerados como impuros e indignos del amor de Dios, de la Alianza y de la salvación. Los gentiles, las naciones eran de este modo los pueblos más pobres y sin futuro en la mentalidad reli-

Xosé Xulio Rodríguez

Cuando la predicación apostólica se dirige a los gentiles, la reacción de los judíos y de los cristianos procedentes del judaísmo es de cierta resistencia, de perplejidad o sorpresa (Hch 11,118; 14,27). Esta novedad de considerar a los gentiles como destinatarios del Evangelio en igualdad con los judíos costó mucho asimilarla y fue origen de muchos conflictos y tensiones (Hch 15; Gal 1,1-2,14; 1Cor 8,1-12). El misterio de Dios que despliega toda su fuerza y virtualidad en Cristo resucitado opera esta comunión y esta unidad en la humanidad, creando así un hombre nuevo al borrar toda división, rivalidad y separación: mas ahora en Cristo Jesús, vosotros los que en otro tiempo estabais lejos, habéis llegado a estar cerca por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz: el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro divisorio de la enemistad… para crear un Hombre Nuevo, haciendo las paces, y reconci29


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la ciudadanía de Israel y extraños a las alianzas de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo (Ef 2,1-2). Los gentiles eran realmente los pobres, los desposeídos de lo más fundamental y necesario, ya que no se trata únicamente de satisfacer las necesidades para sobrevivir según la carne, sino de llegar a las raíces y necesidades más profundas de la condición humana, a un futuro que traspasa la historia.

liar con Dios a ambos en un solo cuerpo, por medio de la cruz, dando en sí mismo muerte a la Enemistad (Ef 2,13-16; Col 3,10-11). Todas las naciones están llamadas y pueden llegar a ser un solo cuerpo. Afirmar que judíos y gentiles son un mismo cuerpo era algo osado, inaudito y provocador, pero al mismo tiempo representa el cumplimiento en la historia de la elección eterna de Dios en favor de toda la humanidad que por él tiene ahora acceso a Dios: Por él unos y otros tenemos acceso al Padre en un mismo Espíritu (Ef 2,18).

2. Evangelizar a los pobres El gran regalo, el sumo bien que la Iglesia ha de servir a los pobres es la insondable riqueza de Cristo. Hemos de verificar si esta es nuestra convicción más profunda y cómo está dinamizando y marcando nuestra acción apostólica en medio de los pobres.

La humanidad nueva y reconciliada en la paz y la fraternidad es el fruto de un gran sacrificio, ha tenido y seguirá teniendo un alto precio, como queda señalado en el texto citado más arriba: “haciendo las paces y reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, por medio de la cruz” (Ef 3,16).

Esto implica superar una lectura sociológica y económica de los pobres, lo que no significa olvidar o prescindir de esta dimensión y de lo que entraña para los grupos más desfavorecidos y para nosotros los cristianos. La Carta a los Efesios permite entrar en una dimensión de comunión y de solidaridad, por-

Los gentiles o las naciones eran para los judíos los excluidos en contraste con la elección que los situaba a ellos en el bando de los privilegiados: Así que, recordad cómo en otro tiempo vosotros, los gentiles según la carne… estabais a la sazón lejos de Cristo, excluidos de 30


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nos, y de manera especial los pradosianos estamos llamados a vivir, la pobreza del pesebre, de la cruz y de la Eucaristía para realizar la misión que el Padre nos encomendó.

que ricos y pobres forman el mismo cuerpo; ambos se alegran y sufren o padecen lo mismo, pues son una misma carne. La comunión es mucho más radical y exigente que la solidaridad espontánea que se queda casi únicamente en las necesidades más inmediatas. Sin olvidar la promoción humana y la respuesta a las necesidades fundamentales, hemos de cuidar y priorizar el anuncio del Evangelio, ya que éste es el gran tesoro, la gran riqueza que necesita la humanidad, pero más urgentemente los pobres. El Mesías que da de comer a la multitud (Mt 14,13-21) nos advierte también que el pan de la palabra es un alimento de primera necesidad para los hombres (Mt 4,4). Por eso mismo se ha de buscar prioritariamente este alimento tan necesario (Jn 6,25-27). El discípulo y de una manera especial el apóstol han de vivir la pobreza evangélica mirándose en el espejo de Jesucristo, en el camino que él recorre y que ya hemos reflejado más arriba. La pobreza es una gracia y es también fuente de riqueza, no empobrecimiento o pura desposesión (2 Cor 8,9). Esta es la pobreza que los cristia-

Xosé Xulio Rodríguez

Todos sabemos y repetimos frecuentemente que los pobres son los primeros y los preferidos en la misión de Jesús y de los apóstoles (Lc 4,14-40; 7,21-23; Gal 2,10). La opción por Jesucristo se convierte en opción por los pobres y comporta la cercanía, el caminar con, asumir sus problemas y sus luchas, compartir la vida… Esta radicalidad que estamos llamados a vivir y que encontramos reflejada en muchos pasajes de los evangelios y de los profetas, se encuentra espléndidamente plasmada en la carta a los efesios, con un lenguaje tal vez más sutil, pero que entraña una radicalidad tal vez más profunda. Los pobres no son ya aquellas personas con las que trabajamos, nos comprometemos o que nos enseñan tantas cosas. Ellos son miembros de nuestro cuerpo, son nuestra propia carne, parte de nosotros mismos. En Cristo los grupos humanos más enfrentados se hacen uno, 31


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Xosé Xulio Rodríguez

gran riqueza que es Jesucristo y así enriquecer a todo el conjunto, a todo el cuerpo de la Iglesia (1 Cor 12,22-26). Para la construcción del edificio de la IglesiaCuerpo de Cristo el Señor nos recuerda cómo hemos de buscar la colaboración de los pobres, ya que en su designio Dios ha confiado en ellos para llevar a cabo su obra (1 Cor 1,26-28). No podemos olvidar que toda esa riqueza que Dios le ha comunicado a la humanidad por Jesucristo es puro don, es gracia. Es él quien realiza su obra, buscando colaboradores que desde la pobreza y la humildad quieran prestar este servicio (Lc 14,15-24).

formando un solo cuerpo. Por eso los pobres no pueden estar lejos de nosotros, sino que son cercanos, parte de nosotros mismos, miembros de un mismo cuerpo. La Iglesia es el nuevo pueblo de Dios formado por multitud de pueblos que no son ya más que uno, pues tiene como lazo de unión y de parentesco el Espíritu que resucitó a Jesucristo de entre los muertos, el Hombre nuevo que es cabeza de la Iglesia: os habéis revestido del hombre nuevo, que se va renovando hasta alcanzar un conocimiento perfecto, según la imagen de su Creador, donde no hay griego y judío, circuncisión o incircuncisión, escita, esclavo, libre, sino que Cristo es todo y en todos (Col 3,10-11).

Xosé Xulio Rodríguez Diócesis de Ourense

Dios nos ha encomendado a los pobres como herencia para que ellos puedan acceder a la

Lyon

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EL ANUNCIO A LOS POBRES DE LA RIQUEZA DE JESUCRISTO EN LOS COMIENZOS DE LA IGLESIA h

Pepe Lozano

P

odemos decir que el contenido del Libro de los Hechos es el anuncio de Jesús resucitado a todas aquellas personas que se abren y acogen Buena Noticia, y de una forma especial a los pobres. También vemos claro que los protagonistas de este libro son plenamente conscientes de que no tienen, en su vida otra misión y otro cometido que dar testimonio de lo que “han visto y oído”, muy convencidos de que, su salvación y la de toda la humanidad depende de la fe en Jesús que ha entregado su vida por todos y ha vencido la muerte con su resurrección: “no hay salvación en ningún otro, pues, bajo el cielo, no se ha dado a los hombres otro nombre por el que debamos salvarnos».

la Salvación. Así lo fue en la vida de Jesús: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor» (Lc. 4,1819). Aunque podemos decir que la acción del Espíritu Santo

Veamos el origen del anuncio de la riqueza de Jesús a los pobres. Todo comienza con la venida e intervención del Espíritu Santo. El autor de la evangelización de los pobres es el Espíritu Santo. Esto lo vemos también en todos los profetas y en todos los siervos de Dios que han realizado un encargo de Dios en la Historia de 33


. El anuncio a los pobres de la riqueza de Jesucristo en ...

Pepe Lozano

cer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse”(Hech 2,1-4). Es el Espíritu Santo el que hace nacer a la Iglesia. Como Jesús, la Iglesia nace por obra y gracia del Espíritu Santo. Él es quien la hace salir de la placenta del cenáculo, la saca de sus miedos, de sus rutinas y de su encerramiento, para vivir la misma vida de Jesús, y, como él, anunciar el Evangelio a los pobres, la riqueza de Jesús resucitado. Podríamos contemplar en muchos pasajes cómo el Espíritu Santo interviene y lleva a cabo la evangelización: Entonces Pedro, lleno de Espíritu Santo, les dijo: «Jefes del pueblo y ancianos…quede bien claro a todos vosotros y a todo Israel que ha sido el Nombre de Jesucristo el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por este Nombre, se presenta este sano ante vosotros. El es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular (Hech.4,8-12). Ya tenemos claro el papel que, el Espíritu Santo, juega en la vida de

comienza mucho antes: Jesús se encarnó en el seno de María por obra y gracia del Espíritu Santo. No hay presencia ni acción de Jesús en este mundo que no sea fruto del Espíritu Santo. Es el Espíritu Santo quien mueve a Jesús en todos los pasos de su vida. Jesús recibe el Espíritu Santo en su Bautismo, quien después lo conducirá al desierto y con la fuerza del Espíritu Santo volverá a Galilea. Podríamos aportar muchas más cosas sobre la intervención del Espíritu Santo en la persona y vida de Jesús, pero con estas son suficientes. Y así ocurrió también en la vida de sus seguidores y enviados y en la vida de la Iglesia. Jesús después de resucitar, para enviar a los doce como el Padre lo envió a él, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos» (Jn 20,22-23). Y después de subir al cielo: “Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. Vieron apare34


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a las que somos llamados por el mismo Espíritu Santo. No somos nosotros, ni nuestras acciones, ni nuestras programaciones, ni los poderosos medios con los que contamos, ni nuestras fuerzas ni nuestros entusiasmos. Es el Espíritu Santo quien lo hace todo y nosotros somos sus humildes colaboradores.

Pablo desde el principio hasta el final. Es el Espíritu Santo quien ordena a la comunidad de Antioquía que envíe a Pablo y Bernabé a anunciar el Evangelio (Hechos 13,1-2). Y es el Espíritu Santo quien inspira a la asamblea de Jerusalén que no impongan las cargas de la Ley a los convertidos del paganismo (Hechos 15,28). Y los creyentes llegan a la plenitud de su Bautismo y de su vida cristiana por la recepción del Espíritu Santo (Hechos 19,1-2 y 19,5-7). El iniciador, el autor, el guía, el que lleva a su plenitud la evangelización de los pobres es el Espíritu Santo. Para Antonio Chevrier el Espíritu Santo es uno de los “todos” para el seguimiento de Jesús y para la evangelización de los pobres. De la pagina 205 a la 234 del VD, plantea cómo renunciar al propio espíritu, para llenarse del Espíritu Santo y poder ser un buen instrumento, en las manos de Dios, para la evangelización de los pobres. Nos tenemos que plantear cómo entrar en un proceso de vaciarnos de nuestro propio espíritu y llenarnos del Espíritu Santo; cómo contar con él continuamente, cómo dejar que sea él quien lleve la iniciativa y actúe en cada una de las acciones

Otra cosa muy importante para poder anunciar la riqueza de Jesucristo a los pobres, es ser pobre y estar en un continuo proceso de despojarse de todo. “Pedro y Juan subían al templo, a la oración de la hora de nona, cuando vieron traer a cuestas a un lisiado de nacimiento. Solían colocarlo todos los días en la puerta del templo llamada «Hermosa», para que pidiera limosna a los que entraban. Al ver entrar en el templo a Pedro y a Juan, les pidió limosna. Pedro, con Juan a su lado, se quedó mirándolo y le dijo: «Míranos». Clavó los ojos en ellos, esperando que le darían algo. Pero Pedro le dijo: «No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo Nazareno, levántate y anda». Y agarrándolo de la mano derecha lo incorporó. Al instante se le fortalecieron los pies y los tobillos, se puso en pie de un salto, echó a andar 35


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y entró con ellos en el templo por su pie, dando brincos y alabando a Dios. Todo el pueblo lo vio andando y alabando a Dios, y, al caer en la cuenta de que era el mismo que pedía limosna sentado en la puerta Hermosa del templo, quedaron estupefactos y desconcertados ante lo que le había sucedido” (Hech 3, 1-10). Pedro y Juan no tenían nada que ofrecer al paralítico, sólo tenía una cosa: su fe en Jesucristo. El anuncio de la riqueza de Jesucristo a aquel pobre se hizo desde “el no tener nada”. Jesús ya había dicho que para anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios que era él: “«No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero; tampoco tengáis dos túnicas cada uno” (Lc 9,1-3) y “No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino” (Lc 10,4). Siguiendo el ejemplo de Jesús, que ocupó siempre el último lugar y que, no se hizo, sino que fue pobre, desde su nacimiento hasta su muerte, la pobreza ha sido la condición indispensable y básica que han elegido todos los santos para anunciar el Evangelio a los pobres. Jesús es la única riqueza de la Iglesia, es lo único que está llamada a ofrecer a la humanidad. Cuando la Iglesia

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cuenta con otras riquezas, sean materiales, culturales o estructurales, le resulta muy difícil anunciar la riqueza de Jesucristo. Actualmente, la gran dificultad de Cáritas para ofrecer a los pobres la riqueza de Jesucristo es su abundancia de medios materiales y su poderosa infraestructura a todos los niveles, que le da más talante de ONG que de instancia evangelizadora de los pobres. Una cosa es dar buena imagen de la Iglesia que puede ser útil, y otra evangelizar. Por lo que vemos, no es suficiente optar por los pobres, hace falta optar por la pobreza, encarnarse en la vida de los pobres, vivir con ellos, caminar con ellos, morir con ellos. La elección y vivencia de la pobreza, con alegría, es una de las manifestaciones de que hemos encontrado el Tesoro escondido y de que ya no necesitamos nada más. Y es entonces cuando podemos ofrecer a otros el Tesoro. Mientras estamos liados con cosas y vivimos bien, damos a entender que no hemos encontrado el Tesoro y por consiguiente no lo podemos ofrecer a nadie porque no lo tenemos. Está claro que hemos de ponernos al día en muchas cosas, que se impone 36


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un religioso o un sacerdote, son el escándalo de los pueblos, la ruina de las almas y el mayor obstáculo a la salvación” (Ms XII 243).

buscar una nueva y buena pedagogía para transmitir el Evangelio, que hay que comprometerse y luchar por la justicia….. pero si no seguimos a Jesús en su pobreza y su sencillez, si no compartimos la vida de los pobres, como la compartió Jesús, no podremos dar la gran riqueza de Jesucristo a los pobres. Sólo si nos hacemos pobres como Jesús, y siguiéndolo a él, podremos enriquecer a todos con nuestra pobreza, con la pobreza de Jesús, que “siendo rico se hizo pobre para enriquecernos a todos con su pobreza”. Transcribo literalmente un texto del VD pag. 291: “Es necesario que, al entrar en nuestra habitación (en nuestra casa), se encuentre y se respire la pobreza, la sencillez, y el sufrimiento. Es necesario recortar todo que huela a burgués, a bienestar, a comodidad. No es conveniente que, al entrar en nuestra casa, se pueda decir: vive bien; no está mal; es necesario que se pueda decir: sufre. Hoy, cuando el lujo está en su punto culminante, cuando todo el mundo busca el bienestar, la comodidad confortable, es necesario que el sacerdote, por el contrario, busque la pobreza y el sufrimiento para poder ser un ejemplo en medio del mundo”. Y en la pag. 286: “El lujo y la riqueza en

Para llevar a cabo el compromiso de transmitir a los pobres la gran riqueza de Jesucristo, entre otras muchas que vemos en el libro de los Hechos, nos vamos a fijar en otra que puede ser interesante para nosotros en las circunstancias en que vivimos, cuando somos tan pocos los agentes de pastoral, y hay tantas tareas a realizar; se trata de la opción decidida por la evangelización, que tengamos claro nuestro compromiso por anunciar a Jesucristo a los pobres. Desde la venida del Espíritu Santo, los apóstoles y prácticamente todos los cristianos, se convierten en pregoneros de Jesús resucitado cumpliendo la palabra de Jesús: “Seréis mis testigos”. Esto lo vemos, como he apuntado al principio, en todo el libro de los Hechos, pero hay momentos en los que se manifiesta, en la comunidad cristiana, esta conciencia de una forma especial, como por ejemplo en la elección de los diáconos. “En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de len37


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Palabra, que su importancia hace exclamar a Pablo: “El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio! Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga. Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio. Entonces, ¿cuál es la paga? Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde, sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio”(1 Cor 9,1618). Todos sabemos hasta qué extremos llegó Pablo y los cristianos de los primeros siglos, para anunciar, por todos los medios, el Evangelio a todos, y de una manera especial, a los que no cuentan en este mundo: “fijaos en vuestra asamblea, hermanos: no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; sino que, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso. Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor. A él se debe que vosotros estéis en Cristo Jesús, el cual se ha hecho para nosotros sabiduría de parte de Dios, jus-

gua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, porque en el servicio diario no se atendía a sus viudas. Los Doce, convocando a la asamblea de los discípulos, dijeron: «No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos del servicio de las mesas. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea: nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra» (Hechos 6,1-4) Es muy importante la atención y el servicio a los pobres en todas sus necesidades, hasta el punto que, el ejercicio de la caridad, desde la fe en Jesús, es una expresión del amor de Dios y una verificación del Evangelio. La fe sin obras está muerta. Si separamos la Eucaristía del compartir nuestros bienes con los pobres y de nuestro compromiso por la justicia, nos quedamos sin Eucaristía. Pero hay algo que es la fuente de la vida: la Palabra que para nosotros no es un teoría o una hermoso consuelo, sino una persona: El Hijo de Dios hecho hombre, muerto y resucitado por la salvación de todos. Hasta tal punto era importante para los primeros anunciadores del Evangelio La 38


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contenido evangélico, que se vive como elemento cultural pero no como llamada o experiencia de la fe en el Jesucristo.

ticia, santificación y redención. Y así —como está escrito—: el que se gloríe, que se gloríe en el Señor” (1Cor 1,26-31). Hace falta tener muy claro que nuestra misión no son las grandes programaciones, las acciones pastorales que marcan época, lo nuestro no es la estética y la espectacularidad, los grandes medios y el exceso de actividades, sino el anunciar, de forma sencilla y sin grandes pretensiones, a Jesucristo a los pobres, desde la pobreza, desde la debilidad desde la irrelevancia, y sin desperdiciar nada que pueda favorecer este anuncio, pero sin renunciar nunca al contenido del Evangelio y al estilo propio de Jesús y de sus seguidores más cercanos. Esta opción la tenemos que vivir en medio de fuertes contradicciones porque la historia ha rodeado de espectacularidad, de riqueza y de poder, muchas de las manifestaciones de la fe de nuestro pueblo. Nos tenemos que plantear muy seriamente cómo ser testigos del Resucitado en medio de una religiosidad popular que tiene un peso cultural muy grande, pero que quizás haya perdido gran parte de su

Desde la pág. 437 a la 452 del VD, como todos sabemos, Antonio Chevrier se esfuerza por dejar bien clara la centralidad del ministerio del anuncio de Jesús a los humildes, en la vida del presbítero. Recordamos que, el dar bien el Catecismo, es uno de “los todos”, una de las facetas básicas de la vida del sacerdote. Recordamos aquellas palabras de la pag. 299: “No nos ocupemos, pues, de cosas inútiles. Una sola cosa es necesaria: dar bien nuestra catequesis. Cuando una cosa importante se hace bien, el resto también va bien”. A partir de estas consideraciones, nos planteamos cómo ir encontrando nuestro papel y nuestra misión fundamental en la comunidad cristiana y en el mundo, cómo centrar y concentrar nuestra vida en el anuncio de Jesús a los pobres, cómo priorizar este anuncio y cómo salvar esa prioridad por encima de todas las eventualidades y urgencias. En

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nuestra vida hemos perdido mucho tiempo, hemos caído muchas veces en la tentación de hacer muchas cosas y de haber evangelizado muy poco, de habernos movido mucho y no haber hecho nada, de haber ofrecido muchas cosas pero no a Jesucristo. Que el Señor nos con-

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ceda la gracia de gozar de la intimidad de Jesucristo y de ofreceré esa experiencia a los pobres. Pepe Lozano Diócesis Orihuela-Alicante

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FORMAR COMUNIDADES DE DISCÍPULOS1 h

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a Asamblea del Prado General, celebrada en Limonest (Lyon-Francia) en el mes de julio, nos ha dejado una importante ruta de trabajo para los diferentes Prados de todo el mundo. El tema principal ha sido “Anunciar a los pobres la riqueza de Jesucristo”, anunciar el Reino de Dios a todos, especialmente a los pequeños, a los pobres, a los pecadores e ignorantes como decía el fundador del Prado, Antoine Chevrier. Aquí radica el trabajo importante para el que quiera seguir los pasos de Jesucristo. Por eso, antes de todo, es necesario convertirse en discípulo y ayudar a las comunidades a las que somos enviados a hacer también lo mismo.

Es por ello, por lo que en este estudio de evangelio me centro en ¿cómo formar comunidades de discípulos? teniendo de fondo la carta del apóstol San Pablo a los Filipenses. Una pequeña carta, pero llena de rico contenido y gran importancia. “Su verdadera joya teológica es el pasaje sobre la humillación y gloria de Cristo (2,6-11), el himno cristológico más notable de todo el Nuevo Testamento. Son importantes las informaciones autobiográficas de Pablo (3,5-14) y las afirmaciones sobre el encuentro del creyente con Cristo después de la muerte” (1,21-23) (cf. introducción a la carta a los Filipenses en la Sagrada Biblia, versión oficial de la Conferencia Episcopal Española). “En términos de apostolado es importante el valor del testimonio (1,12-14) y la prioridad de que Cristo sea predicado, donde y como sea (1,15-18), así como la participación del Apóstol en la muerte y resurrección de Cristo” (3,10s.20s) (cf. Introducción a la carta a los Filipenses en La Biblia de Nuestro Pueblo). Los mismos títulos que voy poniendo a este estudio de evangelio, me han dado las claves para clarificar el cómo formar comunidades de discípulos. Esos títulos son una síntesis de lo que he ido orando y meditando en cada momento. 1. Todo este estudio de evangelio está basado en la carta del apóstol Pablo a los Filipenses. Las referencias bíblicas que aparecen sólo el capítulo y el versículo, hacen referencia a esta carta a los Filipenses.

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pequeños frutos. Estoy convencido de que para formar comunidades de discípulos hay que quererlas porque nos las ha dado Cristo. Es un amor que supera la amistad porque viene de Cristo. Hay que animarlas a crecer y hacerles saber el amor que les tenemos. Ayudar a que trabajen los valores evangélicos y mantener la esperanza en todo momento, “para que su amor siga creciendo más y más en penetración y en sensibilidad, para apreciar los valores” (1,10). El creyente sabe que la fe no lo soluciona todo. A raíz de los problemas que surgen cada día, Dios nos llama a buscar nuevos caminos. Para progresar necesitamos la reflexión (revisión de vida), para descubrir lo positivo y negativo en lo que se nos presenta cada día. Por eso Pablo pide para su comunidad no sólo el amor y la generosidad, sino también la lucidez y el conocimiento.

1. Siempre que rezo por vosotros, lo hago con gran alegría (1,3-4) Nos encontramos con una carta de San Pablo escrita desde la cautividad que centra su atención en la humillación y gloria de Cristo (2,6-11) como modelo para la vida del cristiano. “Pablo y Timoteo, siervos del Cristo, Jesús, a todos los santos en Cristo que residen en Filipos, con sus obispos y diáconos. Gracia y paz a vosotros de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo” (1,1-2). Pablo da gracias por ellos a Dios y reza con alegría por ellos porque son sus colaboradores a los que les tiene un amor entrañable en Cristo Jesús. Y confía en que la obra inaugurada llegará a buen fin (cf. 1,6-9). El Apóstol Pablo alienta continuamente a sus comunidades y les desea lo mejor, las cuida y las mima aunque sean pequeñas. ¿No es esto lo que podemos hacer por las comunidades y grupos a los que somos enviados? Ellos son una gran alegría para nosotros y así hemos de vivirlo. Son nuestros colaboradores en la misma obra. Hace varios años hemos empezado el estudio de evangelio en un pequeño grupo de liturgia y ya se van viendo

Toda la tarea pastoral encuentra sentido y unidad cuando nuestra primera labor es cuidar y mimar las personas que integran nuestras comunidades (2,12; 4,14). Es Cristo Jesús quien nos las ha dado, para que, juntos, vivamos y anunciemos el Reino de Dios. Hay veces que olvidamos 42


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explicitar el amor que les tenemos y no les ayudamos a crecer. No nos une con ellas una amistad, sino la colaboración en una misma misión. Me vienen a la oración nombres y rostros concretos de esos colaboradores más cercanos y dedico todos los días una oración especial por su servicio y por sus personas. Pido a Dios que cada día amen más a Cristo Jesús y a su Espíritu para que su labor sea fructífera y no desfallezcan en las adversidades; que sepan acoger a los pobres y débiles para hacerles conocer mejor a Jesucristo. 2. Anunciar sin miedo la Palabra (1,14) Pablo hace saber que su prisión está siendo motivo de expansión de la Palabra, pues es veraz el Cristo que predica. Así las comunidades crecen cuando se da testimonio en todo momento, mucho más en momentos de persecución y dificultades. Lo importante es que el Evangelio se conozca y se anuncie. Aquí radica la fuerza de una comunidad. Es importante dejarse coger por el Evangelio a través del Espíritu de Jesucristo para que transforme vidas y dé frutos abundantes. El

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anuncio del Evangelio es para que mejor se conozca a Jesucristo. Cristo se anuncia por envidia o rivalidad, también con buena intención, el caso es que se anuncia y eso es motivo de alegría para Pablo (1-15-20). Así Cristo será glorificado. “Para que viendo vuestras buenas obras den gloria a Dios” (Mt 5,16). Todas las comunidades han de tener como primera tarea el conocer a Jesucristo, en su totalidad y en todo momento. Es verdad que en toda la historia de la Iglesia, ésta ha sido más estimada y creíble en momentos de persecución y dificultades porque ha presentado el verdadero rostro de Cristo. Quizás ahora no vivimos en nuestro país momentos de persecución, pero sí estamos en tiempos de dificultad para transmitir el Evangelio, por lo que se nos está pidiendo mayor fidelidad y creatividad a la hora de hacerlo. “Conocer a Jesucristo lo es todo” (VD 113. Leer VD 113127, La adhesión a Jesucristo) es el clamor insistente del Padre Chevrier y también su tarea principal. Por nuestra parte no podemos dejar de anunciar el Evangelio de Jesucristo y así le pido su Espíritu para no desfallecer en esta tarea. 43


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ganancia. “Firmes en la fe” (1Cor 16,13) y fijos los ojos en Jesucristo no es tarea fácil, pero es esencial en el seguimiento de Jesucristo. Es una gracia que continuamente pido al Señor para mí y los colaboradores más directos. Que en todo momento sepamos ser fieles a lo que Dios nos pide, pese a las dificultades y sufrimientos que nos puedan llegar. No somos mejores ni peores que otros, pero sí estamos embarcados en la misma tarea.

3. Para mí la vida es Cristo y el morir una ganancia (1,21) Esta es la experiencia de todo aquel que ha puesto su confianza en el Señor. “Pues yo he muerto a la ley por medio de la ley, con el fin de vivir para Dios. Estoy crucificado con Cristo; vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí. Y mi vida de ahora en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí” (Gál 2,1920). Santa Teresa de Jesús dirá que “sólo Dios basta”. Carlos de Foucauld lo expresa en su oración “Padre, me pongo en tus manos, sea lo que sea te doy las gracias, estoy dispuesto a todo, con tal de que tu voluntad se cumpla en mí y en todas tus criaturas, no deseo nada más, ¡Padre!”. Cuando ponemos a Cristo en el centro de nuestra vida, todo cobra sentido, el dolor se transforma y los sufrimientos son más llevaderos. Así lo ha vivido Evangelina, con distrofia muscular progresiva; así lo vive José Luis operado de cáncer, que llega a decir, “cuanto peor, mejor”; o María que ha tenido que coger la silla de ruedas para venir a las celebraciones de la parroquia. Y en todos ellos, mi vivir es Cristo y el morir una

“Sin embargo, todo eso que para mí era ganancia, lo consideré pérdida a causa de Cristo. Más aún…” (3,7ss). La ganancia para Pablo es Cristo, todo lo demás lo considera pérdida. Cristo Jesús es su Señor, lo demás basura. Sólo quiere conocerlo a él y la fuerza de su resurrección. “¿Adónde iremos, Señor?, tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6,68). A esto dedicará el Padre Chevrier toda su vida y será su gran obra y el legado que nos ha dejado. Seguir a Jesús también implica comulgar con sus padecimientos y su misma muerte si es preciso. Es un camino que durará toda la vida de Pablo y que suplica también para sus comunidades. “Avancemos unidos” 44


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que este sea mi trabajo sin desfallecer y sin importarme el número de gente que quiera ir en esta dirección. Estamos llamados a ser ciudadanos del cielo y unos a otros estimulamos nuestra fe. Que olvidando lo que ya sabemos de Dios, quedemos disponibles para nuevas experiencias que es lo que nos está exigiendo la nueva evangelización o como dice el papa Francisco, conversión pastoral.

(3,16). “Somos ciudadanos del cielo” (3,20) y hemos sido llamados por Cristo nuestro Salvador. Será él quien nos transforme (cf. 3,21). Ganar a Cristo es un negocio mejor que ganar títulos y méritos. Ganar a Cristo se consigue perdiéndose a sí mismo y olvidando todo lo que dejamos atrás, todo lo pasado, para ya no confiar en lo que hacemos nosotros sino en lo que Dios seguirá haciendo en nosotros. ¿Puedo decir como el apóstol Pablo que todo lo considero pérdida con tal de conocer a Cristo Jesús en su totalidad, en sus padecimientos, muerte y resurrección? ¿De qué he de despojarme para seguir más de cerca a Cristo Jesús? ¿Puedo decir que Cristo es mi Señor y Salvador? Son muchas las preguntas y dudas que me asaltan en este momento y necesitan respuesta. Como aquellos que oyeron el testimonio de la Samaritana, yo también necesito decir “ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo” (Jn 4,42). Dame tu Espíritu, Señor. Amén. Pido el Espíritu de Jesús para

4. Manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir (2,2) Pablo expone claramente sus sentimientos hacia los Filipenses y les pide que le den la gran alegría de mantenerse unánimes y concordes con un mismo amor y sentir. Que no actúen por rivalidad ni ostentación, sino más bien con humildad de unos para con otros y buscando los intereses de los demás y no los propios (cf. 2,1-4). El secreto de la convivencia cristiana es la humildad, no hacer nada por rivalidad o por orgullo. Cristo es el modelo perfecto de las disposiciones interiores que Pablo pide para el cristiano. Es así porque Cristo no se aferró a su 45


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“Los ojos fijos en Cristo Jesús”. Es Jesús el modelo a seguir para hacernos “buen pan” (decimos en el Prado) para los demás. Estamos llamados a reproducir en nosotros los mismos sentimientos de Cristo, pues son los sentimientos los que mueven a las personas y te llevan a cambiar. “Desde que me tomo más en serio el conocimiento de Jesucristo, estoy cambiando” (Mari Carmen, catequista); “soy mejor persona” dirá Inma, también catequista; “estoy cambiando y tengo más ilusión, me tomo las cosas de otra manera” (Encarnita). Y todo ello para mayor gloria de Dios.

condición divina ni el ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo y tomó la condición de esclavo (cf. Cuadro de Saint-Fons de A. Chevrier: “Os he dado ejemplo para que como yo he hecho hagáis también vosotros”). Se humilló y fue obediente hasta su muerte en cruz. “Padre, no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lc 22,42). Por eso el Padre lo resucitó y es el único modelo para el cristiano. Todo ello para gloria de Dios Padre. “Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo; ya le basta al discípulo con ser como su maestro y al esclavo como su amo” (Mt 10,24-25). Frente a la actitud de Adán (Gén 3,5), Jesús se despojó, se vació de sí mismo (cf. 2,5-11). Este es el misterio del Hijo de Dios, que se hace hombre mortal y renuncia a la gloria de Dios a pesar de que la podía conservar incluso en su vida humana. Puesto que Cristo iba a ser el Hombre Nuevo, glorificado por Dios y puesto por encima de todo, el pasar por la condición nuestra, sujeta a miserias y limitaciones, era como reducirse a nada. Dios lo engrandeció, lo glorificó y le dio el Nombre de Dios, es decir, hizo patente para todos que Jesús no era otro que el eterno Hijo de Dios.

“Por lo tanto, queridos hermanos… trabajad por vuestra salvación con temor y temblor” (2,12). No se trata de tenerle miedo a Dios, sino más bien a alegrarse, ya que “no habéis recibido un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino que habéis recibido un Espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos: «¡Abba, Padre!»” (Rom 8,15). Manifiesta Pablo su amor hacia los Filipenses y su obediencia esté o no él presente. Los anima a trabajar por su salvación sabiendo que es Dios y no él el que mueve sus acciones. Que hagan las cosas sin protestas ni discusiones para 46


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que se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo” (Lc 10,20).

brillar como lumbreras del mundo (cf. Mt 5,16) en medio de una generación perversa y depravada. Esto es prueba de que los trabajos y fatigas del apóstol no han sido inútiles, lo que le provoca alegría. Una alegría que pide a los Filipenses: “estad alegres y alegraos conmigo” (2,18).

Tomamos conciencia de que Dios mismo está actuando en nosotros cuando llevamos una vida con mucha seriedad (con temor y temblor). Sí pido todos los días al Espíritu de Jesús que me haga conocerle más, ¡cómo negar esta riqueza a las comunidades donde soy enviado! Aquí radicará toda la fuerza de la pastoral, por amor a las personas que el Señor ha puesto en mi vida. Y todo ello para que viendo nuestras buenas obras, den gloria al Dios de la Vida por Cristo Jesús. Amén.

Hay aquí un gran tema a trabajar en las comunidades, pues cuando está el sacerdote se hacen las cosas, pero si falta se relajan. Cada día tengo más claro que el primer trabajo pastoral es dar a conocer a Jesucristo para que la gente le conozca, le ame y le siga. Estos han de ser los desvelos en mi vida, mis alegrías, aunque sólo sea uno el que se convierta, pues “hay más alegría en el cielo por uno que se convierta que por noventa y nueve justos” (Lc 15,7). No habría que empezar un trabajo pastoral sin que primero se dé el conocimiento de Jesucristo. Cuando esto se da, lo demás viene sólo, pues la motivación viene de Dios y no nuestra. “Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio” (Mt 6,33). “Sin embargo, no estéis alegres por-

5. Con la ayuda del Señor Jesús, espero mandaros pronto a Timoteo (2,19) Pablo considera muy importante la ayuda de Timoteo y Epafrodito para seguir en la tarea de anunciar a Jesucristo. Pide a la comunidad que los estimen y acojan con alegría pues son fieles a la causa de Cristo. ¡Cuán importante es rodearse de buenos colaboradores! Personas fieles a la causa 47


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sentad peticiones al Señor, y la paz de Dios custodiará vuestros corazones y pensamientos (cf. 4,6-9). ¡Cuántas expresiones de amor hacia los Filipenses! Y siempre la alegría en el Señor. De esta alegría hemos de aprender mucho las comunidades cristianas y los discípulos del Señor en nuestro mundo de hoy. La alegría es señal de que tenemos fe. La alegría se contagia y produce bienestar a todos los niveles. “Y la paz de Dios, que supera todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (4,7).

de Cristo, no a la nuestra propia, que no se echan para atrás a la primera de cambio. Son discípulos que se mueven por la causa de Cristo y no por el cura que tengan. Son pocos, pero son importantes y necesarios: Carmen, José, Paco, Álvaro, Alberto y muchos nombres más que tanto bien hacen y a los que mucho quiero. Yo te pido, Señor, por los colaboradores y hermanos que en cada momento de mi vida has puesto cerca de mí, en las parroquias, en Proyecto Hombre, en la Delegación de Juventud, de Caridad y Pastoral Social y, en este momento, en la Delegación de Apostolado Seglar y en la Asociación de Sacerdotes del Prado. Te pido por su fe y su entrega a tu causa: para que viendo sus buenas obras te alaben. Protégelos y dales tu fuerza y tu Espíritu para que sigan en su tarea. Ellos son un regalo para mí, allá donde se encuentren, porque tú eres importante para ellos.

Fijaos en todo lo que encontréis de verdadero. No basta sólo fijarse en los mandamientos, para evitar lo prohibido. El Espíritu nos enseña más bien una creatividad constante en la vida diaria. Fijándonos en todo lo verdadero, noble, justo,… descubrimos lo que podríamos hacer mejor nosotros. Nos fijamos en todo lo bueno, donde quiera que lo encontremos, aun entre los que no creen. Es mirar el mundo con los ojos de Dios, como un espacio de oportunidades, sin miedos ni odios en el mundo.

“Así, pues, hermanos míos queridos y añorados, mi alegría y mi corona, manteneos así, en el Señor, queridos. Alegraos siempre” (4,1.4.) Siempre alegres en el Señor. Que nuestra mesura la conozca todo el mundo. Nada os preocupe y pre-

Para el apóstol, sus colaboradores, son muy queridos, son sus hermanos añorados, su alegría, 48


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y les da de comer al igual que Inma, Pura, Ana y Antonio. “Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Bien merece el obrero su sustento” (Mt 10,10).

su corona. A ellos les expresa, continuamente, el amor que les tiene. La alegría en el Señor es de vital importancia en la vida del discípulo y del apóstol. Una alegría que expresa lo que el corazón rebosa, una alegría que se transmite y produce paz. “Alegraos siempre en el Señor os lo repito” (4,4). Es la alegría de haber encontrado de por vida aquello que se andabas buscando desde siempre y por lo que uno está dispuesto a dejarlo todo, porque ello produce paz y felicidad; “porque en tu Palabra está la vida, la alegría, la paz y la felicidad. ¡Habla! Tú eres mi Señor y mi Maestro. No quiero escuchar a nadie más que a Ti” (VD 108).

Yo le pido al Señor su Espíritu para que sepa vivir con lo estrictamente necesario, con sencillez y compartiendo mis bienes y lo que soy con los demás, con los pobres. Que las comunidades sepamos ayudar a quien más lo necesite y que nuestra prioridad sea la evangelización de las gentes. Que nuestro deseo sea ser más y no el tener más. Que aquellos que nos busquen nos encuentren siempre disponibles, principalmente los pobres para que podamos sentirnos amigos y hermanos; que ellos tengan nuestro número de móvil y no nos neguemos a dárselo.

6. Sé vivir en la pobreza y abundancia (4,12) En nuestra sociedad de la abundancia no está mal que vivamos con lo estrictamente necesario (cf. VD 275-323) y demos signos de desprendimiento, de sencillez. El papa Francisco está haciendo gestos en esta dirección para hacer visible una iglesia pobre y de los pobres. Encarnita nos deja su casa para que se alojen los evangelizadores y pone sus bienes al servicio de ello. Carmencita los acoge

7. Síntesis “Os llevo en el corazón. Testigo me es Dios del amor entrañable con que os quiero en Cristo Jesús” (1,7-8). Cuidar y mimar a las personas que integran nuestras comunidades, especialmente a los colabora49


. Formar comunidades de discípulos

José María Tortosa Alarcón

dores directos. Dedicarles tiempo, orar por ellos, escucharlos, quererlos y decírselo en Cristo Jesús.

con la excelencia del conocimiento de Cristo y ser hallado en él” (3,7-9ss). “Alegraos siempre en el Señor, os lo repito, alegraos” (4,4). “Todo lo puedo en aquel que me conforta” (4,13).

“Conocer a Jesucristo lo es todo” (VD) para mejor poderlo anunciar y llegar a decir como el apóstol y discípulo que: “Al fin y al cabo, de la manera que sea, con hipocresía o con sinceridad, se anuncia a Cristo, y yo me alegro, y seguiré alegrándome” (1,18); “Para mí la vida es Cristo y el morir una ganancia” (1,21); “Sin embargo, todo eso que para mí era ganancia, lo consideré pérdida a causa de Cristo. Más aún: todo lo considero pérdida comparado

“Avancemos unidos” (3,16), con los ojos fijos en Cristo Jesús (cf. Hb 12,2), porque “somos ciudadanos del cielo, de donde aguardamos un salvador: el Señor Jesucristo” (3,20). José Mª Tortosa Alarcón Jérez del Marquesado (diócesis de Guadix-Baza)

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SUMARIO “Anunciar a los pobres la riqueza de Jesucristo” ......................................... 1

r Testimonios El lugar de los pobres en una comunidad parroquial............................... 3 Fco. Javier García Cadiñanos Convicciones Asamblea General del Prado.................... 13

r Artículo de fondo La misión de anunciar a los pobres la insondable riqueza de Jesucristo...... 17 Xosé Xulio Rodríguez

r Estudio del Evangelio El anuncio a los pobres de la riqueza de Jesucristo en los comienzos de la Iglesia..34 José Lozano Sánchez Formar comunidades de discípulos............ 49 José María Tortosa

Prado 216  
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