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COMUNIDADES ECLESIALES SIGNIFICATIVAS

Materiales de la Sesiรณn de formaciรณn

3-7 agosto 2015 S. Lorenzo del Escorial


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Edita: Sacerdotes de El Prado Higueras, 35. 28011 Madrid Composiciรณn: Mangel print. Gamonal, 5. Tel 91 778 54 35 Madrid, noviembre de 2015

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1.- SALUDO INICIAL


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1.- Buenos días. Sed todos bienvenidos a esta sesión de formación titulada Comunidades Eclesiales Significativas. Formamos una asamblea con una cierta pluralidad. La mayoría somos sacerdotes del Prado, pero también hay miembros del Instituto Femenino del Prado y laicos asociados. Además, hay otros sacerdotes y laicos que habéis aceptado la invitación a participar en esta sesión. Sentíos en vuestra casa; vuestra presencia indica que la gracia del Prado se recibe y se cultiva en el seno de nuestras Iglesias diocesanas. 2.- En la oración del Padre Chevrier “Oh Verbo, oh Cristo”, rezamos con fuerza: “Tú eres mi Señor y mi único Maestro”. En la Iglesia somos todos y somos siempre discípulos y seguidores de Jesucristo. Esta sesión de formación quiere subrayar nuestra condición de discípulos del único Señor y Maestro; es un tiempo de escucha del Señor y de escucha del Señor en los hermanos; es un tiempo de gracia en el que el protagonista principal es el Espíritu Santo. Dejemos hacer al Espíritu, acojamos sus iniciativas y respondamos a sus llamadas. 3.- El tema de nuestra sesión viene sugerido por nuestra Asamblea de 2013, “la evangelización de los pobres, fuente de espiritualidad” y por el trabajo del presente curso en torno a la comunidad cristiana. En el documento final de nuestra Asamblea leemos: “Ese mismo Espíritu nos alienta a seguir construyendo comunidades pobres, sanantes y liberadoras… Por eso, estamos muy atentos a la construcción de comunidades eclesiales significativas donde se pueda experimentar que el Evangelio se cumple hoy y que la evangelización de los pobres es fuente de gracia”. La última sesión de formación organizada por el Prado Regional fue en agosto del 2012 bajo el título “Los pobres son evangelizados”. Y la pró5


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xima será, Dios mediante, en agosto del 2017 sobre “La dimensión pastoral del celibato”. Básicamente, nuestra sesión de formación se articula en torno a esta pregunta: Señor, ¿qué quieres de nuestras comunidades eclesiales? ¿qué sueñas para ellas? ¿qué signos deseas que realicen? ¿qué lugar quieres que ocupen los pobres en ellas? Nos hacemos estas preguntas porque Dios tiene un sueño para nuestras comunidades eclesiales y porque Dios anda buscando colaboradores para llevarlo a cabo. Más aún, Dios ya está trabajando la novedad en nuestras comunidades; ¡dichosos nuestros ojos si lo ven!. La insistencia del papa Francisco en una Iglesia en salida misionera, la insistencia en una Iglesia pobre y para los pobres… son señales de que el Espíritu sigue activo en la renovación de la Iglesia. La sesión quiere ser un momento de discernimiento apostólico; se trata de discernir lo que Dios ya está haciendo en nuestras comunidades y lo que espera de nuestra colaboración. Como bien sabemos, la contemplación de nuestro Señor Jesucristo en el estudio diario del Evangelio no es solo un asunto personal entre Dios y nosotros, sino que de esa contemplación se derivan acciones y decisiones pastorales. Jesucristo es el buen pastor que nos asocia a su misericordia entrañable; es el buen pastor que nos hace pastores a su imagen y semejanza. El estudio cotidiano de nuestro Señor Jesucristo hizo de Antonio Chevrier un sacerdote con una profunda creatividad pastoral. Nuestro primer trabajo es estudiar cada día a nuestro Señor Jesucristo para darlo a conocer a los pobres. 4.- El Prado no tiene obras pastorales propias ni un método pastoral con el que se identifique plenamente. Trabajamos pastoralmente allí donde el Obispo y la vida nos envían, y tratamos de discernir en el corazón de la Iglesia diocesana el método pastoral más adecuado en cada momento y circunstancia. No tenemos obras ni método pastoral propio; lo que sí tenemos es un carisma, una gracia, una orientación apostólica de la que hemos de dar cuenta. Durante la sesión queremos preguntarnos: ¿qué relación hay entre carisma pradosiano y acción pastoral? ¿cómo influye en nuestra acción pastoral el hecho de ser pradosianos? ¿cómo el carisma del Prado fe6


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cunda la acción pastoral y cómo lo que vivimos en la misión alimenta nuestra espiritualidad pradosiana? El Prado es una vocación apostólica, una vocación para la misión. El Padre Chevrier percibía como la gran necesidad de su época formar apóstoles pobres para evangelizar a los pobres. El Prado, en el seno de la Iglesia local de la que forma parte, tiene hoy la misión y la urgencia de anunciar a Jesucristo a los pobres. Porque los pobres no son solo destinatarios de nuestra acción pastoral, sino también sujetos evangelizadores. La sesión desea aportarnos luz para seguir dando hoy el signo mesiánico de la evangelización de los pobres. 5.- Gracias a todos por aceptar esta invitación a desarrollar nuestra condición de discípulos y apóstoles; para muchos de vosotros esta sesión de formación forma parte de vuestros días de vacaciones. La sesión es un tiempo de trabajo y formación, pero hemos procurado que haya tiempo para todo. Gracias a los que habéis aceptado alguna responsabilidad en la sesión: ponentes, animadores de talleres, testimonios, miembros del Consejo… Nadie es mero observador del desarrollo de la sesión; todos somos corresponsables de la misma. La sesión es también un momento privilegiado para vivir la dimensión familiar del Prado. Somos una familia que el Señor ha congregado en torno a Él y que envía a anunciar a Jesucristo a los pobres. El Señor nos invita como a los apóstoles: “Venid vosotros a un sitio tranquilo y descansad”. El Señor nos ha regalado hermanos y tenemos la oportunidad de disfrutarlo. Estoy convencido de que la sesión será también una hermosa experiencia de fraternidad. Os deseo a todos una feliz y provechosa sesión; que los pobres de nuestra tierra se alegren de nuestro trabajo. La intención del Consejo Regional es publicar un cuadernillo con los materiales de la sesión. Lucio Arnaiz

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2.- SÍNTESIS DEL TRABAJO PREVIO A LA SESIÓN


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Como trabajo previo a la sesión sobre las comunidades eclesiales significativas se ha invitado a los equipos del prado a mirar las propias comunidades a las que sirven. La intención es la de obtener un punto de partida: la realidad de nuestras comunidades en lo que vemos de fortaleza y de debilidad. A la vez, también se pedía reflexionar sobre la “orientación apostólica” que nos da nuestro carisma “pradosiano” en el desempeño de la acción pastoral. Hemos recibido la aportación de cinco equipos y siete aportaciones a nivel personal. En este resumen-síntesis tratamos de recoger aquellos aspectos de la vida de nuestras comunidades en los que más se ha insistido en las aportaciones enviadas. También hemos querido incluir algunas experiencias que, aunque aparecían sólo en algún equipo, sin embargo nos han parecido de especial significación por lo que aportan a nuestra reflexión. FORTALEZAS • Grupos vivos, con fe personalizada y conciencia de comunidad cristiana: estudio de Evangelio, equipos de catequistas, equipos de liturgia, equipos de cáritas... Un primer tipo de grupos son los fomativos (EdE y movimientos apostólicos), de los que se valora el que tienen un método adecuado que conduce a formar discípulos misioneros; también "la fidelidad y constancia en las personas que semanalmente se siguen formando en el conocimiento de Jesús. Después son los más comprometidos en la comunidad, en lo social, económico, celebrativo, y van descubriendo lo que es la buena noticia"; "hay algunos adultos que pertenecen a los grupos de revisión de vida y que son auténticos anunciadores de la Buena Nueva en sus ambientes" 11


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Se cita como fortaleza "la fidelidad y resistencia de los viejos rockeros (gente mayor de la parroquia que llevan muchos años siendo el sostén y baluarte de la comunidad)". "Hay grupos que van adentrándose en la práctica del silencio, la escucha de la Palabra y la oracion." • Capacidad de discernimiento: lo que es evangelio y lo que no lo es. “Saben distinguir cuando aportamos un mensaje que vale la pena y es evangelio o cuando nos quedamos en tonterías”. • Consejos parroquiales, proyecto pastoral, consejo económico. El consejo pastoral aparece (junto al proyecto) como el grupo capaz de discernir objetivos, comunicarlos al resto de la comunidad y dinamizarlos. La existencia de consejos y de grupos crea una participación significativa del laicado en algunas parroquias. • Experiencias hondas de fe en las celebraciones (domingos, sacramentos, oración comunitaria): unión fe y vida. • Sensibilidad por los más pobres, se hace camino con ellos. Uno de los lugares en lo que se vive esta dimensión es cáritas. También se vive esta dimensión en “las actividades sociales y solidarias que se promueven desde la parroquia. Se han derribado muros."Un tercer modo de vivir esta dimensión: el compromiso de miembros de la comunidad en asociaciones del barrio. "Uno de los hechos más esperanzadores es la presencia cada vez mayor de inmigrantes (niños, jóvenes, matrimonios de mediana edad), su integración en la parroquia y su creciente protagonismo". Una aportación presente el listado de personas “pobres” (la mayoría beneficiarias de Caritas) que se están incorporado a la Parroquia.

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• Creación de espacios de encuentro. Aparecen como fortalezas la existencia de espacios comunitarios abiertos y accesibles a las personas más sencillas de la comunidad. De distinto tipo: comidas, celebraciones, convivencias, momentos oracionales, semanas misioneras. “La gente alejada ve a la comunidad parroquial con buenos ojos y suele participar con gusto a las actividades sociales y solidarias que se promueven desde la Parroquia. Se han derribado muros”. "Betania: lugar de encuentro cada domingo entre miembros de la comunidad cristiana con la gente más necesitada del barrio. El lugar es la comida. "De la Misa a la mesa" quedó como lema. La gente que se fue sumando a la comida también empezó a tener presencia visible en la parroquia, participando los domingos en misa y en otros encuentros.... A lo largo de estos años son más de 100 personas las que han ido pasando. La mayoría de ellas inmigrantes que mientras han estado en el barrio han venido con regularidad". "El estilo familiar en la relación entre los miembros de la parroquia y en la acogida de los nuevos que se incorporan" • Experiencias de gratuidad. “La gratuidad en los servicios”. • Coordinación, reflexión y acción a nivel de arciprestazgo “Buen trabajo de coordinación, reflexión y acción a nivel de arciprestazgo”.

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DEBILIDADES • La comunidad no se renueva fácilmente: son los mismos desde hace tiempo. Las generaciones jóvenes llevan tiempo descolgándose de la comunidad. La celebración de los sacramentos de iniciación no va seguida de incorporación a la comunidad "Envejecimiento de los miembros más activos de la parroquia... ¿quién va a coger el relevo?"." Existe excesiva preocupación por el número; una queja muy repetida en nuestras comunidades: "siempre somos los mismos". • Comunidades centradas en la religiosidad popular, celebraciones sociales. Muchos en época de cristiandad: no se ha personalizado la fe. Algunas palabras que vna en esta dirección: "rutina", "cansancio", "resistencia a la conversión", "inercia", "abandonar el amor primero". "No hay una respuesta importante por parte de mucha gente a las propuestas que les ofrece la parroquia de incorporarse a ella para vivir la fe de una forma más madura con los integrantes de la comunidad parroquial. La mayoría se conforma como máximo de participar en las eucaristías." "Las cuatro catequistas hace años que hacen este servicio, ya saben los temas, por eso no quieren reunirse" "La parroquia pierde dinamismo misionero y se cierra en sí misma". "Ideologización de la fe que no ayuda a crear comunidad y dificulta una auténtica conversión y a dejarnos evangelizar". "El acompañamiento personal está poco trabajado". "El acompañamiento a veces genera dependencia con el animador" "Existe un gran desconocimiento de Jesús y del mensaje el evangelio"

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• Dependencia de los curas; falta de madurez como comunidad. • No reconocer a los más pobres. “Hay un grupo de cáritas en formación, les parece que en nuestro pequeño pueblo no es necesario cáritas, no hay gente necesitada” • Desconcierto a la hora de proponer el evangelio al hombre de nuestros días.

¿CÓMO INFLUYE EN MI ACCIÓN PASTORAL LA “ORIENTACIÓN APOSTÓLICA” QUE BROTA DEL CARISMA PRADOSIANO? Mirada contemplativa de la vida. Mirada a Jesús en medio de la noche. • "Como un estímulo, como una especie de espina que, clavada en la carne, nos hace ver mi pecado, pero sobre todo la llamada a dejarme llevar por el Espíritu de Dios... que sopla donde quiere y como quiere (Jn 3,7)". "Influye en cuanto que sentimos la llamada a hacernos discípulos de Jesucristo desde la concreta realidad que vivimos". • "Me da pena el ver que no hay continuidad, el constatar que estoy en una comunidad envejecida... Concluyo que lo mío ha de ser como Pedro: "en tu nombre echaré las redes", también con ello me fuerza a centrar más mi mirada en Jesús y en su proyecto". • "Animar a la contemplación fundamentalmente de Jesucristo para hacer nuestro su estilo de vida"

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Preocupación, atención, acompañamiento, protagonismo e incorporación a la comunidad de los más pobres. • Respecto al acompañamiento de las personas que acuden a cáritas en busca de ayuda una aportación dice que “hemos iniciado un estilo o metodología… aprovechar la plataforma de las personas y familias que vienen a la asistencia de cáritas para invitarlas a las reuniones de talleres de promoción humana y de ahí van conociendo y participando en las demás actividades que ofrece la parroquia.... El grupo no ha visto extraño que se organice ahora un nuevo taller sobre Jesucristo. Decisión que hemos discernido después de dos cursos y de consultarlo con los interesados”. • "Sentirme enviado especialmente a los pobres" conlleva una mirada a ellos y conduce a una confianza en ellos: "confiar que chavales aprendices sin mucha formación puedan ser evangelizadores de otros chavales, iniciar la JOC". Y supone la "formación de apóstoles pobres para los pobres: en mis primeros años, iniciar la JOC. Ahora: formar inmigrantes, apóstoles y testigos entre sus propios compañeros. Y para esto iniciamos en la parroquia un equipo parroquial de pastoral obrera, constituido por cinco inmigrantes y cinco españoles: buscando la iniciación a la HOAC de algunos inmigrantes. Formando a enfermos, a personas mayores y jubilado para ser testigos y evangelizadores en sus propios ambientes, a través de la Frater, de Vida Ascendente. • "Dar voz a los pobres en las eucaristías". "Atención a lo que expresan los pobres". "Reconocer en la acción pastoral general la vida de los pobres a los que queremos acompañar especialmente". "Estar de una manera especial más atento con los pobres, con las personas necesitadas: ancianos, personas que viven solas, discapacitados, enfermos, inmigrantes" • "Animar la defensa y posicionamiento a favor de los pobres y su dignidad" Centralidad de Jesús y el evangelio en toda la pastoral: creación de grupos de E.Ev, predicación centrada en el Evangelio, trabajar la dimensión creyente del voluntariado... • "Convicción: Jesús es lo único necesario y así quiero transmitirlo a la gente .... en el grupo de cáritas les estoy animando a hacer el cuaderno de vida para que vayan descubriendo gestos del paso de Dios y así hacer una lectura creyente de la realidad". 16


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• "Dice la gente que me ciño en la predicación mucho al evangelio". "Acentuación de la Palabra como lugar de encuentro con Dios" Siguiendo el dinamismo de la encarnación: inmersión en la vida de la gente. • "Participar en la vida del pueblo y estar presente donde la gente está y se reúne" • "Procuro vivir en austeridad en la vida personal y en las cosas de la Iglesia: ornamentos, etc" Promoción del trabajo en equipo, de manera coordinada. Protagonismo del laicado. • "Crear la conciencia de pueblo de Dios, donde cada uno tenemos nuestro lugar" Se potencia el trabajo arciprestal, "conciencia" diocesana. • "Dentro de un presbiterio diocesano que tiene otros acentos [que el pradosiano]... entiendo que la forma de seguir en el espíritu pradosiano, a falta de otros resultados a la vista, es mostrándome disponible, hasta donde pueda, procurando hacerme pan y dejarme comer". • "Sentirme miembro de esta iglesia concreta, de esta iglesia diocesana. Invitado a amarla sin dejar de ser crítico" Acompañamiento de personas y grupos pequeños en gratuidad. "La preocupación por la evangelización de alejados".

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3.- PONENCIAS


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3.1.- LA PRIMERA EVANGELIZACIÓN: RECONSTRUIR LA HISTORIA PARA RENOVAR LA MEMORIA 1. ¿POR QUÉ ES IMPORTANTE CONOCER LA PRIMERA EVANGELIZACIÓN? La primera evangelización no es para nosotros solo un suceso del pasado, sino un acontecimiento que sigue teniendo relevancia en el presente. Por su estrecha vinculación a Jesús y a los apóstoles, aquella primera evangelización forma parte de nuestros orígenes y posee un carácter paradigmático que la convierte en referencia para la Iglesia en cada generación. El interés por los orígenes del cristianismo es hoy más vivo que en otras épocas porque estamos viviendo un momento de crisis. En momentos de crisis, los grupos se vuelven hacia sus orígenes, porque la memoria del pasado fundacional ayuda a discernir el presente y a proyectar el futuro. Esta recuperación de la “memoria originaria” les permite definir su identidad y su misión en nuevas circunstancias. Pero esta memoria de los orígenes requiere una apertura a la novedad, una disposición positiva para recuperar aspectos de la propia identidad y misión que han sido relegados con el paso del tiempo y que en las nuevas circunstancias podrían ser especialmente significativos. Nuestro interés por conocer mejor la primera evangelización tiene hoy un marco muy preciso y este no es otro que la invitación que la iglesia nos hace a llevar a cabo una “nueva evangelización”. El Sínodo de los obispos que se celebró el año 2012 tenía como tema “La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana”. La Iglesia de Jesús es muy consciente de que su identidad más profunda consiste en evangelizar (Pablo VI, Evangelii Nuntiandi 14), y no 21


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puede dejar de preguntarse cómo realizar hoy esta misión. Por esta razón necesita volver constantemente sobre la primera evangelización con una actitud de apertura y creatividad.

2. EL RELATO NORMATIVO DE LA PRIMERA EVANGELIZACIÓN El recuerdo de la primera evangelización ha sido custodiado siempre como un tesoro en la Iglesia. Y, como ocurre con todos los recuerdos importantes, para conservarlo mejor se fue configurando de él un relato normativo. Este relato, como todos los relatos normativos seleccionó algunos rasgos de aquella primera evangelización (la memoria es necesariamente selectiva: tiene que olvidar algunas cosas para recordar otras). La reconstrucción histórica puede ayudar a enriquecer este relato, abriendo así nuevas posibilidades para una “nueva evangelización” en continuidad con aquella primera evangelización. El libro de los Hechos de los Apóstoles es una historia de la primera evangelización construido a partir de este relato normativo, que más tarde encontramos formulado sintéticamente en otros escritos cristianos, alguno tan antiguo como la Primera Carta de Clemente, escrita en Roma a finales del siglo I d.C.: “Los apóstoles nos predicaron el evangelio de parte del Señor Jesucristo; Jesucristo fue enviado de Dios. En resumen, Cristo de parte de Dios, y los apóstoles de parte de Cristo: una y otra cosa, por ende, sucedieron ordenadamente por voluntad de Dios. Así pues, habiendo los apóstoles recibido los mandatos y plenamente asegurados por la resurrección del Señor Jesucristo y confirmados en la fe por la palabra de Dios, salieron, llenos de la certidumbre que les infundió el Espíritu Santo, a dar la alegre noticia de que el reino de Dios estaba para llegar. Y así, según pregonaban por lugares y ciudades la buena nueva y bautizaban a los que obedecían el designio de Dios, iban estableciendo a los que eran las primicias de ellos -después de probarlos en el Espíritu- por inspectores y ministros de los que habían de creer.” (1Clem 42, 1-4). La formulación clásica de este relato es la que encontramos en la Historia Eclesiástica de Eusebio de Cesarea, un texto escrito cuando el Cristianismo había sido ya reconocido como religión lícita dentro del Imperio romano: 22


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“Así, indudablemente, por una fuerza y una asistencia de arriba, la doctrina salvadora, como rayo de sol, iluminó de golpe a toda la tierra habitada. Al punto, conforme a las divinas Escrituras, la voz de sus evangelistas inspirados y de sus apóstoles resonó en toda la tierra, y sus palabras en el confín de mundo. Efectivamente, por todas las ciudades y aldeas, como en era rebosante, se constituían en masa iglesias formadas por muchedumbres innumerables. Los que por sucesión ancestral y por un antiguo error tenían sus almas presas del antiguo morbo de la superstición idolátrica, por el poder de Cristo y gracias a la enseñanza de sus discípulos y a los milagros que la acompañaban, rotas sus penosísimas prisiones, se apartaron de los ídolos como de amos espantosos y escupieron todo politeísmo demoníaco y confesaron que no hay más que n solo Dios: el creador de todas las cosas. Y a este Dios honraron con los ritos de la verdadera religión por medio de un culto divino y racional, el mismo que nuestro Salvador sembró en la vida de los hombres.” (Hist. Ec.l 2, 3, 1-2a) Este relato, en su esquema básico, ha pervivido hasta nuestros días, y de hecho es muy parecido al que encontramos en la constitución Lumen Gentium cuando habla de la misión de la Iglesia: “Como el Hijo fue enviado por el Padre, así también El envió a los Apóstoles (cf. Jn 20,21) diciendo: «Id, pues, y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Yo estaré con vosotros siempre hasta la consumación del mundo» (Mt 28,19- 20). Este solemne mandato de Cristo de anunciar la verdad salvadora, la Iglesia lo recibió de los Apóstoles con orden de realizarlo hasta los confines de la tierra (cf. Hch 1,8). Por eso hace suyas las palabras del Apóstol: «¡Ay de mí si no evangelizare!» (1 Co 9,16), y sigue incesantemente enviando evangelizadores, mientras no estén plenamente establecidas las Iglesias recién fundadas y ellas, a su vez, continúen la obra evangelizadora.” (LG 17) Este relato normativo de la primera evangelización subraya cuatro rasgos de la primera misión cristiana. El primero de ellos es la continuidad entre la misión de Jesús y la de los apóstoles enviados por él. En segundo lugar, se presupone una única misión que habría sido llevada a cabo por los apóstoles enviados por Jesús. En tercer lugar, el primer y principal instrumento de la evangelización, tal como se describe en este relato normativo, es la predica23


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ción, el anuncio de la verdad salvadora. Por último, se señala que la finalidad de este anuncio es establecer comunidades que sean ellas mismas evangelizadoras.

3. RELECTURA DE LOS RASGOS BÁSICOS DEL RELATO NORMATIVO Cuando se habla de la “nueva evangelización” se insiste mucho en que esta debe tener como modelo la primera evangelización, pero no se plantea una revisión del relato normativo que determina nuestra comprensión de aquella primera misión y la lectura de los textos que hablan de ella (principalmente el libro de los Hechos y las cartas de San Pablo). Sin embargo, la nueva situación que estamos viviendo nos invita a revisar dicho relato normativo. Para ello, vamos a retomar estos rasgos característicos, tratando de enriquecerlos con los datos y perspectivas que nos ofrece una reconstrucción histórica realizada a partir de un estudio crítico de las fuentes disponibles (una tarea que he realizado en mi obra La primera evangelización, Ediciones Sígueme, Salamanca 2013). Me detendré en los tres primeros. a) Jesús envió a sus apóstoles El relato normativo sitúa el origen de la primera evangelización en el envío de Jesús, que a su vez había sido enviado por el Padre. El texto de LG 17 precisa que se trata del envío postpascual, pero en los evangelios hay también un envío prepascual. Tenemos que preguntarnos, entonces, qué relación existe entre estos dos envíos, y entre ambos y la primera evangelización. En el fondo, la pregunta que subyace aquí es la de la relación de la primera evangelización con el ministerio de Jesús. -

En los evangelios encontramos dos envíos misioneros: el del Jesús terreno (Jesús envió a sus discípulos durante su ministerio público) y el de resucitado (Jesús envió a sus discípulos después de su resurrección). Ambos inspiraron la primera evangelización, pero lo hicieron de formas diversas.

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El origen inmediato está en el envío pascual. La primera evangelización es el resultado del impulso de la experiencia pascual (así aparece en el testimonio de San Pablo y también en los relatos pascuales de los evangelios).

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La primera misión tiene sus raíces en la convicción de que Dios ha resucitado a Jesús. Tiene detrás, por tanto, una experiencia religiosa intensa, que la mueve y la impulsa. Aquí está el impulso inicial. -

Desde esta experiencia pascual recuerdan el estilo de Jesús y las recomendaciones del primer envío, y lo toman como modelo. Recuerdan las instrucciones del envío prepascual, pero lo hacen de forma creativa, como vemos que hace Pablo: asume la comprensión de su ministerio como un servicio (2 Cor), pero adapta la recomendación “el obrero merece su salario”.

Hay, por tanto, continuidad con respecto a la misión de Jesús, pero no de una forma lineal y automática. La primera evangelización tiene su origen y su impulso en la experiencia pascual, y no es posible sin esta intensa experiencia de encuentro personal con Jesús. Desde esta experiencia se recupera la memoria del primer envío de Jesús, una memoria que debe recuperarse creativamente. b) Los apóstoles llevaron a cabo la primera evangelización En el relato normativo, los apóstoles son los protagonistas de la primera evangelización. Eusebio de Cesara menciona también a los evangelistas. En este grupo se incluye sobre todo a los Doce (las citas de LG 17 se refieren al envío de los Doce), aunque dada su importancia y que él insiste en su condición de apóstol, en la memoria colectiva de la primera evangelización este grupo incluye también a Pablo. Sin embargo, cuando uno se acerca con detenimiento a los textos que hablan de la primera misión cristiana, el panorama es mucho más rico y variado. La primera misión fue muy plural, y recuperar esta pluralidad puede abrir nuevos horizontes a la evangelización. -

La generación apostólica, que va desde la muerte de Jesús hasta la de sus primeros discípulos (30-70 d.C.), conoció un florecimiento inusitado de experiencias misioneras. En la historia posterior del cristianismo no encontramos nada parecido a lo que entonces se vivió. En ella interaccionaron diversas misiones.

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Desde una perspectiva judía hay que distinguir dos áreas geográficas muy diferentes: por un lado la tierra de Israel (en sentido amplio incluía la región siropalestinense) y la diáspora. La presencia de la religión de Israel y la actitud hacia los paganos eran diferentes en ambas regiones. 25


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En la tierra de Israel encontramos, al menos, dos misiones: una se llevó a cabo desde Jerusalén. Dada la centralidad de Jerusalén y su importancia para el judaísmo, esta misión tuvo un carácter bastante universal (recordar el episodio de Hch 2: judíos venidos de todas la partes de la tierra). En Jerusalén había diversos grupos de discípulos (los Doce, los Helenistas, los de Santiago) y cada uno de ellos llevó a cabo su propia misión. Durante toda esta época, sobre todo en los años en que Santiago estuvo el frente de ella (42-62) fue considerada la “iglesia madre” y gozó de autoridad sobre las otras iglesias.

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Pero también hubo una misión desde Galilea, donde Jesús había comenzado su predicación. Allí se conservaron sus palabras y el recuerdo de sus acciones dando lugar a una misión más local que conocemos a través de las tradiciones que más tarde fueron recogidas en los evangelios. Este fue el marco en el que se conservaron, por ejemplo, las instrucciones sobre la misión que ahora encontramos en los tres evangelios sinópticos. También desde Galilea se difundió el evangelio a las regiones cercanas.

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En la diáspora hubo también diversas iniciativas misioneras. La que mejor conocemos es la que llevaron a cabo Pablo y sus colaboradores, pero esta no fue la única; ni siquiera fue la más importante. En una reunión tenida en Jerusalén (probablemente para aclarar si los paganos debían o no convertirse al judaísmo al abrazar la fe en Jesús), Pablo acordó con Santiago y con Pedro un reparto de los campos de misión: él se dirigiría a “las naciones”, mientras que Pedro se dirigiría a los judíos.

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Un conflicto posterior (el incidente de Antioquía) hizo que Pablo emprendiera una misión independiente, aunque siempre respetó este acuerdo. Esta misión paulina independiente, que conocemos muy bien por sus cartas, duró muy poco tiempo (49-55 d.C.). El hecho de que estas cartas hayan llegado hasta nosotros y, sobre todo, que formen parte del canon, ha convertido a la misión paulina en ejemplar y a Pablo en modelo de evangelizador, pero no debemos olvidar que, en su origen, la misión paulina fue una iniciativa marginal que no contaba con las bendiciones de la iglesia madre de Jerusalén (de ahí su interés en que dicha iglesia aceptara la colecta).

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También Pedro llevó a cabo una misión en la diáspora. Esta misión iba dirigida sobre todo a los judíos y le llevó hasta Roma.

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Hubo también otras misiones que conocemos indirectamente a través de las cartas de Pablo. Son, sobre todo, misiones adversas: la de los que se oponían a él en Galacia y Filipos, o la de los que intentaron minar su autoridad apostólica en Corinto.

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Por último, además de estas misiones más organizadas, encontramos una misión más informal, que fue muy activa y tuvo una penetración más capilar. Esta misión está en el origen de la fundación de importantes comunidades, como la de Antioquía (los helenistas huidos de Jerusalén) y la de Roma (tal vez judíos que habían ido a Jerusalén para la Pascua).

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Al contemplar en su conjunto esta “eclosión misionera” uno se pregunta si todo esto responde a un plan organizado, como parece presuponer ingenuamente el relato normativo, o si, más bien, esta diversidad es la expresión del impacto causado por la experiencia del encuentro con el resucitado y por la acción del Espíritu. El mismo Pablo fue entendiendo poco a poco el sentido de su misión (Rom 15).

La visión simplificada del relato normativo queda enriquecida y ampliada con este panorama que reconoce la existencia de diversas misiones. Junto a la misión más organizada, que coordinaba la iglesia de Jerusalén, hubo también otra misión más informal que tenía, sin embargo, una gran capacidad de penetración en los diversos ambientes. Hubo también misiones marginales que, como ocurrió con la del grupo paulino, fueron consideradas como ejemplares con el paso del tiempo. c) El anuncio como principal instrumento de evangelización En el relato normativo de la primera evangelización, la conversión se presenta como el resultado de un anuncio, un pregón, una predicación, el anuncio de una buena noticia salvadora. La predicación aparece así como el principal instrumento de la evangelización, aunque no se excluyen otros (bautismo, milagros…). Esta es también la visión que aparece en el comienzo de Hechos, donde el acontecimiento de Pentecostés va seguido de la predicación de Pedro. La actividad de los apóstoles en Jerusalén consiste sobre todo en predicar. También San Pablo considera que su principal tarea es el anuncio de la buena noticia y

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les recuerda a los discípulos de Tesalónica como acogieron la Palabra y, abandonando los ídolos, se convirtieron al Dios vivo y verdadero (1Tes 1,6-10). Esta insistencia en el anuncio del mensaje oscurece, sin embargo, otros factores que son importantes en el proceso de conversión. Los estudios realizados sobre el proceso de conversión nos ayudan a identificar estos factores que están también presentes en los textos cristianos. -

Lo primero que nos descubren es que este proceso se cuenta más tarde de una forma distinta a como se vive. Cuando se está viviendo, lo más importante son las relaciones personales que se establecen, la ayuda y la atención que se recibe. Cuando se cuenta, sin embargo, se insiste en la bondad y la verdad de la doctrina que se ha abrazado. R. Stark y R. Bainbridge observaron este proceso en los primeros adeptos de la secta Moon. Otros han confirmado esta distinción. Lo que tenemos en Hch sobre todo es un relato distanciado de las primeras conversiones.

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Estos estudios han observado: a) que la conversión a un nuevo movimiento religioso suele darse entre quienes viven importantes carencias y buscan remediarlas; b) que la conversión se produce cuando la vinculación con los miembros del grupo religioso prevalece sobre la que se tiene con otras personas; por eso, el avance de un nuevo grupo religioso se produce generalmente a través de redes sociales preexistentes

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Estas situaciones se daban en el contexto del imperio romano: existían redes sociales (familia y patronazgo) y había importantes carencias, en entonces tenían que ver con las necesidades básicas de la vida (hambre, enfermedad, inseguridad, etc).

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En este contexto, las comunidades cristianas que tenían su sede en la casas, se convirtieron en el instrumento más importante de evangelización, porque en ellas podían ofrecer la acogida (hospitalidad) y el apoyo (material y social) que permitía crear nuevas relaciones sociales y hacía creíble el mensaje que anunciaban. El anuncio de la buena noticia era, ante todo, un mensaje de salvación que no habría calado en las personas que lo escuchaban sin la acogida y el apoyo que brindaban las comunidades domésticas. En estas comunidades era también donde tenían lugar las celebraciones en las que los convertidos podían vivir experiencias que confirmaban su adhesión al evangelio.

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Con la lectura atenta de los testimonios de los primeros cristianos, el proceso de conversión resulta enriquecido. No es solo la respuesta al anuncio de una buena noticia, sino que pasa por la relación personal con aquellos que ya creen, por la experiencia de ser acogido y apoyado, y también por la participación en una liturgia viva. El primer paso en el proceso de conversión no es con frecuencia un anuncio, sino un testimonio, un ejemplo, una relación que se establece con alguien significativo para nosotros. El testimonio de la palabra debe ir acompañado del testimonio de la vida y de una experiencia religiosa viva. La primera evangelización exige así previamente una vivencia personal y comunitaria de la fe.

4. CONCLUSIÓN En esta presentación he tenido que hacer opciones. Podría haberla enfocado de otra forma (p.e. tomando como referencia el Libro de los Hechos o las cartas de Pablo). Mi intención ha sido suscitar una reflexión sobre la necesidad de renovar y enriquecer la visión más común de la primera evangelización. Resumo, al final, mi argumento: -

Como todos los grupos, también nosotros tenemos un relato normativo de los orígenes. Este relato, que forma parte de nuestra identidad colectiva, se configuró en el momento en que el cristianismo comenzaba a ser la religión mayoritaria y ha perdurado hasta hoy.

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Este relato, como todos los relatos normativos, recuerda algunos aspectos y olvida otros. Por eso, cuando nos enfrentamos al reto de una “nueva evangelización” en una situación muy nueva, sobre todo en Europa, no podemos conformarnos con repetirlo, sino que debemos revisarlo y enriquecerlo. A ello nos ayuda la reconstrucción histórica que nos permite descubrir en los textos fundacionales del cristianismo otros matices y posibilidades.

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Situando los rasgos característicos del relato normativo en el contexto más amplio de la primera misión cristiana tal como esta aparece en los testimonios más antiguos (principalmente el libro de los Hechos y las cartas de San Pablo), descubrimos, en efecto, nuevas sugerencias y posibilidades: a) la necesidad de una experiencia viva del Resucitado, que nos permite recuperar de forma creativa las instrucción que Jesús dio a sus discípulos 29


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para la misión; b) la pluralidad de misiones, que facilita el acceso a múltiples contextos y situaciones; c) una comprensión más integral del proceso de conversión que integra diversas dimensiones de la vida cristiana y otorga un papel muy activo a las comunidades. Espero que la elección haya sido acertada y que esta reflexión inicial pueda contribuir de algún modo la búsqueda de estos días. Santiago Guijarro Universidad Pontificia de Salamanca

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3.2.- LA CONSTRUCCIÓN DE LAS COMUNIDADES CRISTIANAS Y LA HISTORIA DE LA EVANGELIZACIÓN DE LOS POBRES El tema que me han pedido desarrollar es sumamente amplio y complejo, para ser tratado en unos minutos. Con el fin de acotar mi intervención, organizaré mi reflexión a la luz de los objetivos que el Consejo propuso al organizar esta sesión: «Avanzar en la articulación entre la no identificación del Prado con ningún “método propio de apostolado” y la “orientación apostólica que debe caracterizarnos” (Constituciones 25)» Con esta finalidad de fondo, tratemos de «discernir juntos qué “signos evangélicos”, qué “iniciativas misioneras” conviene alentar y proponer en nuestras diócesis y comunidades eclesiales para avanzar en la evangelización de los pobres.» La evangelización de los pobres, desde la perspectiva evangélica, implica, entre otras dimensiones, la formación de comunidades en las que los pobres puedan sentirse como en su propia casa, esto es, ser sujetos activos de la misma evangelización. En el banquete del reino de Dios, las primeras plazas están reservadas para los «últimos». En el Cuerpo de Cristo, Dios quiso dar más honor a los que carecían de él (cf. 1Cor 12, 22-26). Dios eligió lo que no cuenta para confundir a los grandes y sabios de este mundo (cf. 1Cor 1, 2631). El poder de Dios se muestra a través de la fragilidad de los vasos de barro (cf. 2Cor 4, 7). Pero la lógica y la novedad del evangelio de Dios se abren camino con gran dificultad, ya que choca con la razón del hombre y con la cultura religiosa en la medida que es creación suya. Pablo se vio obligado a enfrentarse con los líderes religiosos que propugnaban comunidades fuertes y prestigiosas en la culta y comercial ciudad de Corinto. Intervino con dureza ante los que me31


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nospreciaban a los pobres (cf. 1Cor 11, 17-34). Confrontó a los que tenían ciencia, pero dejaban de lado la edificación de los débiles en la fe (cf. 1Cor 8, 1-13). La carta de Santiago, por su parte, denuncia cómo se de hacía de menos a los pobres en la comunidad y se daba un puesto de honor a los ricos (cf. Sant 2, 1-13). En una palabra, la evangelización de los pobres conlleva la evangelización de la propia comunidad eclesial de acuerdo con la lógica y novedad del Evangelio. Surge así la cuestión siguiente: ¿Qué comunidades cristianas estamos llamados a edificar para que los pobres ocupen realmente el lugar que Dios les asigna en ellas? Como enseña san Ireneo, en su obra Contra las Herejías, el Señor al venir en una carne semejante a la nuestra introdujo toda novedad. «Sabed que ha aportado toda novedad, al aportar su persona anunciada de antemano: pues lo que había sido anunciado de antemano era precisamente que la Novedad vendría a renovar y vivificar de nuevo al hombre.» (IV, 34, 1) Pues bien, con san Pablo, precisamos así la novedad aportada por la llegada del Rey. «Cristo nos liberó para la libertad» y nuestra vocación es la libertad del amor, por la que nos hacemos siervos unos de otros (Gal 5, 1.13). La novedad implica también la superación de toda división y de toda uniformidad. No se trata de hacer comunidades de judíos y griegos, de esclavos y libres, de hombres y mujeres, de ricos y pobres, pues la Iglesia es la nueva creación. Cristo culminó su misión de evangelizar a los pobres al «crear en sí mismo, de los dos [pueblos irreconciliables], un solo Hombre Nuevo, haciendo la paz, y reconciliar con Dios a ambos en un solo Cuerpo, por medio de la cruz, dando en sí mismo muerte a la enemistad» (Ef 2, 11-22). En Cristo somos todos uno (cf. Gal 3, 23-29). Jamás existirá verdadera evangelización, si los cristianos andamos divididos. El Señor oró por la unidad de los discípulos, a fin que el mundo crea (cf. Jn 17, 20-23). La novedad se halla también en que todos recibimos el mismo Espíritu y compartimos la misma dignidad y herencia. Pero esta novedad exige que los fuertes y entendidos se pongan al servicio de los débiles e ignorantes, como lo hiciera el propio Señor (cf. Rom 15, 1ss). Los últimos han de ser los primeros y en Cristo estamos llamados a vivir para los demás, a servirnos mutuamente desde el último lugar. Porque el pueblo de Dios tiende a olvidar la Novedad y, con frecuencia, se acomoda a la mentalidad del mundo, el Espíritu, a lo largo de la historia, suscita profetas y personas carismáticas, para que la Iglesia no pierda nunca de vista su vocación mesiánica, para que en Cristo, con Cristo y como Cristo dé a los pobres el espacio que les corresponde en la comunidad y en su acción 32


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evangelizadora. Conviene, pues, hacer memoria de la historia evangelizadora de la Iglesia, ya que, con excesiva frecuencia, los pobres no ocupan el lugar que les corresponde en ella de acuerdo con el designio de Dios. ¿Damos el lugar de honor a los pobres en la comunidad cristiana? ¿Qué conversión estamos llamados a realizar unos y otros en la comunidad?

I. «LA ORIENTACIÓN APOSTÓLICA QUE DEBE CARACTERIZARNOS» La espiritualidad del Prado es una espiritualidad apostólica y mística, como el P. Ancel, comentando al P. Chevrier, expresó con claridad1. La orientación del hacer apostólico y la espiritualidad se implican intrínsecamente. Quien no comprende esto, vivirá una cierta esquizofrenia: por un lado avanza la acción y por otro la espiritualidad. En «el catequista de los pobres», espiritualidad y acción estaban en sintonía profunda. La espiritualidad inspiró su acción pastoral y la acción pastoral nutrió su espiritualidad. La espiritualidad del verdadero discípulo se traduce en acción apasionada por hacer de los pobres auténticos discípulos de Jesucristo. Y la acogida del Evangelio por los pobres nutre sin cesar la espiritualidad del pobre según Dios. Los pobres se convierten así en sus dueños y maestros. El seguimiento de Jesús pobre determina la acción del apóstol pobre entre los pobres; y la vida de los pobres configura, por otra parte, el seguimiento de Jesús pobre en cada momento de la historia de la Iglesia y la sociedad. El conocimiento de JesuKarl Rahner escribió: “en el siglo XXI los cristianos serán místicos o no lo serán”. El Papa Francisco insiste en la necesidad de salir de una mediocridad espiritual, así como de una espiritual mundana, si de verdad queremos evangelizar nuestro mundo, en particular a los pobres: «Por supuesto que todos estamos llamados a crecer como evangelizadores. Procuramos al mismo tiempo una mejor formación, una profundización de nuestro amor y un testimonio más claro del Evangelio. En ese sentido, todos tenemos que dejar que los demás nos evangelicen constantemente; pero eso no significa que debamos postergar la misión evangelizadora, sino que encontremos el modo de comunicar a Jesús que corresponda a la situación en que nos hallemos. En cualquier caso, todos somos llamados a ofrecer a los demás el testimonio explícito del amor salvífico del Señor, que más allá de nuestras imperfecciones nos ofrece su cercanía, su Palabra, su fuerza, y le da un sentido a nuestra vida. Tu corazón sabe que no es lo mismo la vida sin Él; entonces eso que has descubierto, eso que te ayuda a vivir y que te da una esperanza, eso es lo que necesitas comunicar a los otros. Nuestra imperfección no debe ser una excusa; al contrario, la misión es un estímulo constante para no quedarse en la mediocridad y para seguir creciendo. (EG 121)

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cristo, el caminar en el Espíritu y la evangelización de los pobres, recrean la unidad de vida del discípulo misionero. Puesto que conocer, amar y seguir a Jesucristo es todo para el discípulo, darlo a conocer a los pobres será su verdadera pasión. Si poseer y caminar en el Espíritu es todo, trabajar para que la comunidad camine en el Espíritu orientará su hacer apostólico. Si la evangelización de los pobres es todo, el conocimiento del evangelio y la forma de anunciarlo ocupará el corazón del apóstol. La espiritualidad y acción apostólica de A. Chevrier, conviene tenerlo presente a lo largo de nuestra reflexión, se configura por el conocimiento de Jesucristo en la escuela de los testigos apostólicos de la fe, ante todo de Juan y Pablo, así como de los pobres de este mundo. Si esto se pierde de vista, corremos el riesgo de buscar en otros lugares nuestros modelos y maestros. De ahí brotan tantas frustraciones y rivalidades en la Iglesia. Nuestro Maestro y Camino es Jesucristo, en la comunión de la Iglesia y en la escuela de los pobres.

1. ENGENDRAR LA COMUNIDAD MEDIANTE EL EVANGELIO Los evangelistas, cada uno de acuerdo con su propia perspectiva, recuerda cómo en la misión de Jesús la predicación del reino de Dios es inseparable de la constitución de la comunidad del reino de Dios. Los Hechos de los Apóstoles anotan: «El Señor agregaba cada día a la comunidad a los que se habían de salvar». (Hch 2, 47) «En todo tiempo y en todo pueblo es grato a Dios quien le teme y practica la justicia (cf. Hch 10,35). Sin embargo, fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente.» (LG 9) 1.1 Tras la huellas de Jesús El P. Chevrier, a la luz del misterio de la encarnación y animado por el Espíritu, se entregó, con pasión, a formar una verdadera comunidad de discípulos de Jesucristo entre los pobres. Con esta finalidad estudió y contempló asiduamente cómo Jesús formó a sus discípulos, cómo alumbró la comunidad de los discípulos. Ahí encontró la orientación de su espiritualidad y el camino de su hacer ministerial, a fin de engendrar una familia de discípulos de entre los 34


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pobres y al servicio de los pobres (cf. VD p 211-234). De la síntesis del estudio de nuestro Señor Jesucristo entresaco ahora tres conclusiones, que me parecen de una importancia capital para la espiritualidad y la acción apostólicas. La primera: «El que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios.» (Jn 3, 5) El que está en Cristo es una criatura nueva (cf. 2Cor 5, 17ss). Estamos en la economía de la gracia, quedando atrás la economía de la ley, en la que el hombre pensaba salvarse mediante su esfuerzo. El discípulo que aprende a vivir del don es una persona humilde y pobre, alegre y agradecida. El P. Chevrier sacó de ahí una conclusión pastoral que nunca terminaremos de valorar lo bastante: Si la orientación de la catequesis de su tiempo giraba en torno a «hacer su salvación», la catequesis en el Prado estaba centrada en dar a conocer «al Salvador». «Conocer a Jesucristo lo es todo». Así conducía a los pobres a la fe y la esperanza. Con ello se superaba una lectura «moralista» del Evangelio del reino de Dios2. ¿Tenemos esto en cuenta al plantear la formación de nuestras comunidades?¿Es nuestra prioridad efectiva dar a conocer a Jesús a los pobres? El verdadero discípulo, en segundo lugar, está llamado a anteponer el interior a lo exterior. No se trata de negar la importancia de lo exterior, pero lo exterior no hace al discípulo. Y así afirma en su síntesis: «El Espíritu Santo es quien ha de producir en nosotros todo lo exterior» (VD 221). De forma contundente criticó a los que ponían el acento en lo exterior. «Se ocupan mucho más de lo exterior que de lo interior; no hay sabia vivificante, se hacen árboles artificiales, árboles muertos. Es mucho más fácil hacer un árbol artificial que un árbol natural, vivo. Es muy poco el cuidado que requiere el árbol artificial: un poquito de trabajo, de energía, firmeza, regularidad. El árbol vivo, en cambio, requiere sabia vivificante, comunicar esta savia a las almas a quien se instruye. Para comunicarla hay que tenerla. Hay que dar la gracia, la vida, la fe, el amor vivificante. No se da lo que no se tiene, y no se adquiere sin esfuerzo Benedicto XVI recuerda que la respuesta del hombre debe nacer del amor agradecido: «Esta referencia al valor moral del culto espiritual no se ha de interpretar en clave moralista. Es ante todo el gozoso descubrimiento del dinamismo del amor en el corazón que acoge el don del Señor, se abandona a Él y encuentra la verdadera libertad. La transformación moral que comporta el nuevo culto instituido por Cristo, es una tensión y un deseo cordial de corresponder al amor del Señor con todo el propio ser, a pesar de la conciencia de la propia fragilidad. Todo esto está bien reflejado en el relato evangélico de Zaqueo (cf. Lc 19,1-10). Después de haber hospedado a Jesús en su casa, el publicano se ve completamente transformado: decide dar la mitad de sus bienes a los pobres y devuelve cuatro veces más a quienes había robado. El impulso moral, que nace de acoger a Jesús en nuestra vida, brota de la gratitud por haber experimentado la inmerecida cercanía del Señor. (S C 82)»

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y sin Dios. Trabajo espiritual, mucho más difícil que el trabajo material.» (220221) Vivir y caminar en el Espíritu es la característica del discípulo misionero. La tercera gran intuición de la síntesis del P. Chevrier se refiere a la manera de hacer de Jesús con sus discípulos, a su pedagogía. «En la fundación de la Iglesia, la mayor obra del Todopoderoso, la obra más bella del mundo, Nuestro Señor no utiliza ningún medio exterior. Toma a un hombre al cual comunica su vida, su espíritu. Escoge doce a quienes forma en la vida evangélica; pero no es ni acuartelando ni haciéndoles marcar el paso como los forma. No construye ni toca el bombo, ni música, ni concierto, ni teatro. Al contrario, le prohíbe valerse de todo medio exterior. Sin dinero ni bella apariencia os envío como corderos en medio de lobos: “Id, enseñad”. Predicar, instruir, curar. Virtus de illo exhibat. Los medios exteriores no llegan a nada. La cruz, el sufrimiento, la gracia, la paciencia.» Este texto, escrito para ser comentado, es de gran actualidad, pues entraña una honda espiritualidad traducida en una original pedagogía. El discípulo no se forma por la autoafirmación, como hoy pretenden algunas corrientes sicológicas y sociales, sino por la escucha y entrega incondicional a la palabra del Maestro. «Hay que recibir el reino de Dios, o sea la palabra de Jesucristo, que establece en nosotros el reino de Dios; hay que recibirla como un niño recibe la palabra de su maestro: con atención, sumisión, respeto y amor». (VD 122) ¿Construimos nuestras comunidades en torno a la Palabra viva y personal o en torno a unos principios doctrinales o sistemas de valores? 1.2. En la lógica apostólica de Pablo San Pablo, desde su encuentro con el Viviente, buscó alumbrar comunidades de fe, amor y esperanza. Su misión, como enseña la carta a los tesalonicenses, la vivió como un padre y una madre con relación a las comunidades que había alumbrado mediante el Evangelio (cf. 1Ts 2, 1-12). Y escribiendo a la convulsa comunidad de Corinto, le recordaba: «No os escribo esto para avergonzaros, sino para amonestaros. Porque os quiero como a hijos; ahora que estáis en Cristo tendréis mil tutores, pero padres no tenéis muchos; por medio del Evangelio soy yo quien os ha engendrado para Cristo Jesús. Así pues, os ruego que seáis imitadores míos.» (1Cor 4, 14-16) En efecto, como se desprende del inicio de esta carta, Dios, mediante el «logos de la cruz», salva y engendra la comunidad de los salvados, , de los que el apóstol es el primero. 36


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La experiencia de la salvación determina la vida, acción y pedagogía del apóstol. El riesgo de la comunidad de Corinto y de nuestras comunidades sigue siendo el mismo: preferir la lógica de la religiosidad natural, en lugar de avanzar desde la dinámica propia de la fe. Ésta, como el apóstol defendía, no se funda en la fuerza y sabiduría de los hombres, sino en la fuerza y sabiduría de Dios,. Ellas están llamadas a determinar el ser y hacer de la Iglesia y de los ministros del Evangelio en la historia. Pablo tenía una clara conciencia de la misión recibida: poner el único fundamento de la comunidad, tal como había sido determinado por Dios: Jesucristo y este crucificado (cf. 1Cor 2, 1-5; 3, 10-11). Sobre este cimiento se alzará la comunidad de los pobres de Dios. ¿No es esta la condición para edificar en el mundo una Iglesia pobre y de los pobres? De otra forma, seamos sinceros, la tentación «mimética» nos acecha: reproducir en nuestra acción la lógica del mundo, como ocurrió en la comunidad de Corinto, que buscaba competir con la dinámica de «las comunidades de la ley» o «de la razón». Cuando se habla de comunidades significativas, el punto de referencia no puede ser lo que piensan los hombres, sino lo que Dios, en su sabiduría y fuerza, fijó en la Pascua de su Hijo. En medio de una ciudad comercial, plural y culta, el apóstol de las gentes trabajó para labrar una comunidad que fuera una «carta de Cristo» «conocida y leída por todos los hombres». Una carta de Cristo, redactada por su ministerio, pero escrita con el Espíritu de Dios vivo. (cf. 2Cor 3, 1ss) El apóstol era consciente de ser un instrumento bajo la acción del Espíritu. Dios lo capacitó para ser ministro de la nueva alianza, para llevar a cabo «el ministerio del Espíritu», ministerio de vida, justicia, paz y libertad. El conocimiento de la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que de rico se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (cf. 2Cor 8, 9), es, así es mi convicción, el fundamento de la espiritualidad y acción apostólica en el mundo y al servicio del devenir del mundo. Concretemos, siguiendo al apóstol de las gentes, algunos rasgos de la forma y dinámica de la comunidad eclesial para que sea realmente una «carta de Cristo» dirigida a los hombres y mujeres en cada momento de la historia, esto es, para que sea un acontecimiento de gracia para el mundo, aun cuando este lo ignore o se oponga a él de alguna forma. Si Jesús fue signo de contradicción, la Iglesia no puede pretender contentar a todos. «Si todavía tratase de agradar a los hombres, ya no sería siervo de Cristo.» (Gal 1, 10) La comunidad cristiana está llamada a la autocrítica, pero no a culpabilizarse. 37


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2. FORMAR A CRISTO EN LA COMUNIDAD ¡Hijos míos!, por quienes sufro de nuevo dolores de parto, hasta ver a Cristo formado en vosotros. Quisiera hallarme ahora en medio de vosotros para poder acomodar el tono de mi voz, pues no sé cómo habérmelas con vosotros. (Gal 4, 19-20) Detrás de estas palabras del apóstol se halla, a mi entender, una intuición decisiva a la hora de querer construir la comunidad cristiana. Si por medio del Evangelio, anunciado y proclamado en el Espíritu de la verdad, se engendra la comunidad de fe, esperanza y amor, el apóstol debe proseguir sin cesar su trabajo para «formar a Cristo» en ella, esto es, para que la comunidad cristiana adquiera la forma de Cristo; y así sea su presencia en el mundo y al servicio del futuro de la sociedad. El alumbramiento de la comunidad es permanente; y el apóstol vive este alumbramiento entre dolores de parto, pues este «trabajo espiritual» sólo puede llevarse a cabo en comunión con los padecimientos de Cristo (cf. Col 1, 24ss). El Verbo eterno asumió, de una vez para siempre, la forma de siervo para dar vida en abundancia al mundo. El Exaltado sigue siendo siempre el Crucificado. Él sigue dándose a los hombres para que compartan su vida y herencia. Formar a Cristo en la comunidad es, por tanto, imprimir en ella el dinamismo de la encarnación, de estar y vivir en Cristo al servicio del mundo, en particular de los pobres de la tierra. Imprimir en la comunidad la forma de Cristo es imprimir la forma de siervo, de forma que la comunidad no viva para ella misma, sino al servicio incluso de los que acosan y denigran. En el fondo se trata de desarrollar el dinamismo profundo de la fe, tal como se celebra en el sacramento del Bautismo y de la Eucaristía. Al renacer del agua y del Espíritu, el cristiano muere al pecado a fin de vivir para Dios. La libertad del cristiano, liberado del poder del pecado, de la ley y de la muerte, se expresa en la entrega incondicional al Señor en el amor (cf. 2Cor 5, 14-16). La comunidad no vive para ella, sino para servir, alabar y glorificar al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, en el servicio al mundo amado por Dios, aun cuando le haya vuelto la espalda. Injertados en Cristo, la Vid verdadera, los bautizados adquieren una dignidad filial y son responsables unos de otros . «Mas, una vez llegada la fe, ya no estamos bajo el pedagogo. Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo 38


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Jesús. En efecto, todos los bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo: ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. y si sois de Cristo, ya sois descendencia de Abrahán, herederos según Dios.» (Gal 3, 25-29) «Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.» (1Cor 12, 13) El mandamiento nuevo del amor mutuo, tal como se desveló en el lavatorio de los pies. La Eucaristía es el viatico para el camino. Ella nos lanza hacia la plenitud en Cristo. En efecto, él repartió dones y carismas «para edificación del Cuerpo de Cristo, hasta que lleguemos todos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios, al estado del hombre perfecto, a la madurez de la plenitud de Cristo… crezcamos en todo hasta Aquel que es la Cabeza, Cristo, de quien todo el Cuerpo recibe trabazón y cohesión por medio de todas clase de junturas que llevan la nutrición según la actividad propia de cada una de las partes, realizando así el crecimiento del cuerpo para su edificación en el amor.» (Ef 4, 1-16) El sacramento de la caridad tiene el poder de imprimir en la comunidad la mística de la unión y comunión, del abajamiento, del compartir fraterno y de la misión. Quienes participan del mismo pan, están llamados a ser uno. «Porque aun siendo muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un solo pan». (1Cor 10, 17) No hay Eucaristía sin una auténtica mística del abajamiento. La Eucaristía presupone siempre el misterio de la encarnación. Sin el compartir fraterno de los bienes materiales y espirituales, la celebración de la Eucaristía es fragmentaria. Y la Eucaristía nos reenvía al mundo para anunciar a todos a Jesucristo y ser en él pan partido para la vida del mundo. Así nos lo han recordado los últimos Papas. El P. Chevrier vio en la vida eucarística el lugar privilegiado para conocer (en el sentido bíblico) a Jesucristo y darlo a conocer a los empobrecidos, ignorantes y menospreciados de su tiempo. La espiritualidad y la acción pastoral se armonizan así cuando se entra en el verdadero dinamismo de la Eucaristía, evitando, por todos los medios, que quedé reducido a un mero rito religioso o piadoso.

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Ser buen pan y amasar buen pan, esto es, edificar una comunidad que trabaje para transformar la realidad3, para inyectar vida nueva en las venas del mundo, como dijo Juan XXIII al convocar el Concilio Vaticano II, es lo propio del discípulo misionero que se alimenta de la Eucaristía cotidiana.

3. CAMINAR EN EL ESPÍRITU La comunidad cristiana no puede ser pensada como un club ético o un simple grupo religioso. El don del Espíritu la constituye en Cristo como sacramento universal de salvación en la historia; él la hace testigo de Jesús muerto y resucitado en medio de los pueblos; él la forja como una fraternidad gozosa y esperanzada de camino hacia el futuro. «Si vivimos por el Espíritu, marchemos tras el Espíritu. No busquemos la gloria vana provocándonos los unos a los otros y envidiándonos mutuamente». (Gal 5, 25-26) Para marchar tras el Espíritu, es preciso vivir una actitud comunitaria de discernimiento y discernimiento. Esto supone, por una parte, que la comunidad está presente en el mundo, que participa activamente en el devenir histórico; y, por otra parte, que se reúne de forma regular para auscultar los signos de la presencia activa del Espíritu en la historia, para una relectura creyente de los acontecimientos (cf. GS 43). Ahora bien, esto no será posible sin reconocer de forma práctica que todos y cada uno de los miembros del pueblo de Dios, en particular los pobres, está animado por el Espíritu del Señor. La oración de la comunidad consiste en abrirse a la verdad y novedad del Espíritu, para

Juan Pablo II resalta cómo el impulso escatológico de la Eucaristía debe conducir a la propia transformación y al compromiso por transformar el mundo. «Anunciar la muerte del Señor « hasta que venga » (1 Co 11, 26), comporta para los que participan en la Eucaristía el compromiso de transformar su vida, para que toda ella llegue a ser en cierto modo « eucarística ». Precisamente este fruto de transfiguración de la existencia y el compromiso de transformar el mundo según el Evangelio, hacen resplandecer la tensión escatológica de la celebración eucarística y de toda la vida cristiana: « ¡Ven, Señor Jesús! » (Ap 22, 20).» (EDE 20). Benedicto XVI, por su parte, nos habla de la vocación de la comunidad cristiana en estos términos: Por consiguiente, nuestras comunidades, cuando celebran la Eucaristía, han de ser cada vez más conscientes de que el sacrificio de Cristo es para todos y que, por eso, la Eucaristía impulsa a todo el que cree en Él a hacerse « pan partido » para los demás y, por tanto, a trabajar por un mundo más justo y fraterno. Pensando en la multiplicación de los panes y los peces, hemos de reconocer que Cristo sigue exhortando también hoy a sus discípulos a comprometerse en primera persona: « dadles vosotros de comer » (Mt 14,16). En verdad, la vocación de cada uno de nosotros consiste en ser, junto con Jesús, pan partido para la vida del mundo. (SC 88)

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colaborar en la obra que él está realizando ya en el corazón de las personas y culturas. Los criterios para discernir la acción del Espíritu en la existencia de los hombres de ayer, de hoy y de mañana, aparecen con claridad si nos fijamos cómo él actuó en la vida de los profetas y apóstoles, pero, sobre todo, en la vida de Jesús de Nazaret. El Espíritu anima la vida del Mesías para restablecer la justicia en favor de los pobres, en cuanto son víctimas de la injusticia, esto es, de los que actúan al margen del plan de Dios. Jesús fue ungido con el Espíritu para llevar la buena nueva a los pobres de la tierra. La liberación de los pobres pasa por el testimonio de la verdad, tal como se desprende del verdadero conocimiento de Dios y de su enviado, Jesucristo. El Espíritu de la verdad es el Espíritu de la libertad y de la liberación. Los profetas lucharon contra la injusticia y la idolatría de los jefes del pueblo, pero también del pueblo pobre y disperso. La actitud de discernimiento comporta siempre una profunda y serena conversión de la comunidad, para que los pobres ocupen un lugar de preferencia en ella. La comunión es obra permanente del Espíritu. Uniéndonos a Jesús nos une en el amor y la verdad. El Espíritu de la libertad y la verdad trabaja de modo incesante y silencioso para reconstruir la comunión entre los pueblos, las familias y las personas. Sin la unidad la misión es vana. Jesús oró por la unidad de la comunidad, a fin que el mundo creyese en él como el enviado por el Padre para dar la vida al mundo (cf. Jn 17, 20-23). La comunión en la diferencia es obra del Espíritu, lo cual excluye tanto las divisiones como la uniformidad pretendida por algunos. Todo esto supone ser autocríticos con «las ideologías» y «mediaciones», que todos, consciente o inconscientemente, tenemos y marcan nuestras vidas y acciones. Es la condición para abrirnos a lo sorprendente e inesperado del Espíritu de santidad. Todo debe ser relativo al verdadero conocimiento de Jesucristo.

Conclusión: «La orientación que debe caracterizarnos», claro está, puede llevarse a cabo por caminos muy diversos; pero, no es menos cierto, que la orientación del carisma pradosiano postula una real «pedagogía» centrada en el conocimiento 41


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de Jesucristo, en la apertura y docilidad al Espíritu, para que la comunidad sea presencia de Cristo en el mundo. La orientación que debe caracterizarnos incluye también una «pedagogía» que, inspirada en el dinamismo de la encarnación, lleve a la comunidad a compartir, con sencillez y alegría, las condiciones de vida, aspiraciones y luchas de los pobres tierra4. La nueva evangelización, a mi entender, pasa hoy día por la formación de comunidades pobres y de los pobres5, esto es, comunidades que viven con alegría «la minoridad» en medio del mundo. El seguimiento de Jesús de Nazaret postula servir a los pobres desde la discreción y el último lugar; y no al estilo de los que se hacen llamar «bienhechores» (cf. Lc 22, 24-27). Para ello resulta primordial que desarrollemos una intuición fundacional de nuestro Instituto: la formación de apóstoles pobres de entre los pobres y para los pobres. El P. Chevrier, no lo olvidemos ni lo releguemos a un segundo plano, hizo de la formación de sacerdotes, hermanas y hermanos entresacados de los mismos pobres, (en su tiempo no se conocía los laicos consagrados), entregados a la evangelización de los excluidos de su tiempo, la pasión de su vida ministerial.

Por eso tenemos que actuar de tal manera que los pobres, en cada comunidad cristiana, se sientan como « en su casa ». ¿No sería este estilo la más grande y eficaz presentación de la buena nueva del Reino? Sin esta forma de evangelización, llevada a cabo mediante la caridad y el testimonio de la pobreza cristiana, el anuncio del Evangelio, aun siendo la primera caridad, corre el riesgo de ser incomprendido o de ahogarse en el mar de palabras al que la actual sociedad de la comunicación nos somete cada día. La caridad de las obras corrobora la caridad de las palabras. (NMI 50)

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«Para la Iglesia la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica. Dios les otorga «su primera misericordia». Esta preferencia divina tiene consecuencias en la vida de fe de todos los cristianos, llamados a tener «los mismos sentimientos de Jesucristo» (Flp 2,5). Inspirada en ella, la Iglesia hizo una opción por los pobres entendida como una «forma especial de primacía en el ejercicio de la caridad cristiana, de la cual da testimonio toda la tradición de la Iglesia». Esta opción —enseñaba Benedicto XVI— «está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza». Por eso quiero una Iglesia pobre para los pobres. Ellos tienen mucho que enseñarnos. Además de participar del sensus fidei, en sus propios dolores conocen al Cristo sufriente. Es necesario que todos nos dejemos evangelizar por ellos. La nueva evangelización es una invitación a reconocer la fuerza salvífica de sus vidas y a ponerlos en el centro del camino de la Iglesia. Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos (EG 198).

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Aun cuando no utilizó nuestro lenguaje, trabajó en la perspectiva de «un humanismo integral6». Estaba convencido de la vocación y misión de los pobres, de su capacidad para ser sujetos de la historia y de la evangelización. El conocimiento de Jesucristo fue para A. Chevrier el camino del humanismo más hondo y sublime. «El conocimiento de Jesucristo hace el hombre, al sacerdote y al santo» (Carta 105).

II. HISTORIA DE LA EVANGELIZACIÓN DE LOS POBRES En esta segunda parte, trataré de forma breve (incluso un poco simplista), cómo algunas de las intuiciones evangélicas evocadas se actualizaron en la historia de la acción pastoral y misionera de la Iglesia. No haré juicios de valor, pues un juicio ponderado y ecuánime exige despojarse de sus ideas y adentrarse en la historia real; y no sólo en la historia narrada. Pablo VI enseñó. «En los designios de Dios, cada hombre está llamado a desarrollarse, porque toda vida es una vocación. Desde su nacimiento, ha sido dado a todos como un germen, un conjunto de aptitudes y de cualidades para hacerlas fructificar: su floración, fruto de la educación recibida en el propio ambiente y del esfuerzo personal, permitirá a cada uno orientarse hacia el destino, que le ha sido propuesto por el Creador. Dotado de inteligencia y de libertad, el hombre es responsable de su crecimiento, lo mismo que de su salvación. Ayudado, y a veces es trabado, por los que lo educan y lo rodean, cada uno permanece siempre, sean los que sean los influjos que sobre él se ejercen, el artífice principal de su éxito o de su fracaso: por sólo el esfuerzo de su inteligencia y de su voluntad, cada hombre puede crecer en humanidad, valer más, ser más.. »

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«Si para llevar a cabo el desarrollo se necesitan técnicos, cada vez en mayor número, para este mismo desarrollo se exige más todavía pensadores de reflexión profunda que busquen un humanismo nuevo, el cual permita al hombre moderno hallarse a sí mismo, asumiendo los valores superiores del amor, de la amistad, de la oración y de la contemplación. Así se podrá realizar, en toda su plenitud, el verdadero desarrollo, que es el paso, para cada uno y para todos de condiciones de vida menos humanas, a condiciones más humanas.» «Menos humanas: Las carencias materiales de los que están privados del mínimo vital y las carencias morales de los que están mutilados por el egoísmo. Menos humanas: las estructuras opresoras que provienen del abuso del tener o del abuso del poder, de las explotaciones de los trabajadores o de la injusticia de las transacciones. Más humanas: el remontarse de la miseria a la posesión de lo necesario, la victoria sobre las calamidades sociales, la ampliación de los conocimientos, la adquisición de la cultura. Más humanas también: el aumento en la consideración de la dignidad de los demás, la orientación hacia el espíritu de pobreza (cf. Mt 5, 3), la cooperación en el bien común, la voluntad de paz. Más humanas todavía: el reconocimiento, por parte del hombre, de los valores supremos, y de Dios, que de ellos es la fuente y el fin. Más humanas, por fin y especialmente: la fe, don de Dios acogido por la buena voluntad de los hombres, y la unidad de la caridad de Cristo, que nos llama a todos a participar, como hijos, en la vida de Dios vivo, Padre de todos los hombres» (PP 15.20-21).

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La evangelización de los pobres es, como bien sabemos, uno de los signos de los tiempos mesiánicos. Los relatos evangélicos, que ponen de relieve esta perspectiva, son, en buena parte, deudores del libro del profeta Isaías, en sus diferentes partes7. El Mesías, poseído por el espíritu de Yahvé, haría justicia a los pobres, instauraría la paz entre los pueblos e inundaría la tierra del verdadero conocimiento de Dios, principio y fundamento de unas nuevas relaciones entre los hombres y los pueblos (cf Is 11, 1-9). En Jesús todo esto se cumplió en la novedad más insospechada. La comunidad cristiana es el fruto de la acción, predicación y pascua de Jesús de Nazaret, bajo la acción del Espíritu. Y con el don del Espíritu prometido, la comunidad apostólica, pobre e insignificante, inició su andadura dando testimonio de las maravillas de Dios en la plaza pública (cf Hch 2, 1-13). En ella no había muchos de la nobleza o de la élite del mundo de la época. No obstante la relación entre ricos y pobres en el seno de la comunidad permanecerá siempre una cuestión tensa. EL IDEAL DE LA COMUNIDAD APOSTÓLICA (Hch 4, 32-37; 2, 42-47) Los Hechos de los Apóstoles evocan el ideal de la comunidad apostólica (cf Hch 2, 42-47; 4, 32-35), pero sin olvidar las dificultades desde el inicio. En la perspectiva del libro del Deuteronomio (cf Dt 15, 1-12) y de los profetas (cf Sof 3, 11-13), la comunidad apostólica buscó organizar una verdadera comunión de bienes materiales y espirituales, de forma que no hubiera pobres en la comunidad apostólica. Nadie debía carecer de lo necesario para llevar adelante su vocación y misión en la historia. Los pobres estuvieron en el centro de las preocupaciones de las comunidades diseminadas por el imperio (cf Gal 2, 1-14; 2Cor 8-9). La unidad en la fe, el ser uno en Cristo, el amor mutuo, la eminente vuelta de Cristo, postulaba una real koinonía. Ricos y pobres eran uno en Cristo Jesús. La fe les unía en los bienes espirituales y era normal que compartieran los bienes materiales. El testimonio de Jesucristo muerto y resucitado, se dirigía en el Espíritu a todos, ricos y pobres. La invitación a la conversión y a la fe era la misma para unos y otros, aun cuando cada uno debía responder a ella de acuerdo con su situación. La igualdad en el seno de la comunidad se presentaba como una exigencia intrínseca de la fe, de la comunión en Cristo. La lógica del compartir se basaba en la dinámica de la fe. Los textos decisivos sobre la evangelización de los pobres como pueden ser Mt 11, 2-6; Lc 4, 16-21; Mt 12, 15-21 reenvían al profeta Isaías.

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DIFICULTADES PARA VIVIR EL IDEAL EN LA ERA APOSTÓLICA Las dificultades para llevar adelante el ideal se pusieron pronto de manifiesto. El fraude de Ananías y Safira se presenta como una mentira al Espíritu Santo (cf Hch 5, 1-11). Surgió el conflicto de las culturas y la discriminación por razón de ellas. (cf 6, 1-7). Algunos buscaron imponer las prácticas religiosas de la Ley. Las comunidades anhelaban tener prestigio en la sociedad. Algunos pretendieron aprovecharse de la buena voluntad de la comunidad y trataban de vivir sin trabajar, o que la comunidad atendiera a los suyos. El deseo de poder y mandar hizo que la colecta organizada por Pablo fuera muy mal acogida por la comunidad de Jerusalén. La letanía de las dificultades podría alargarse, pero baste presentar dos momentos de especial tensión, pues muestran bien las dificultades desde el inicio para vivir el ideal de la koinonía postulado por la fe. San Pablo intervino para desautorizar las celebraciones eucarísticas en las que los pobres eran menospreciados y humillados (cf 1Cor 11, 17-34), reivindicando que Dios había asignado a los pobres un lugar de honor en el cuerpo de Cristo, esto es, en la Iglesia (cf 1Cor 12, 22-26). La comunidad de los elegidos (cf 1Cor 1, 25-31) se resistía a ser y permanecer una comunidad pobre y de los pobres. La carta de Santiago, por su parte, alerta a la comunidad ante el peligro de hacer acepción entre ricos y pobres (cf San 2, 1-9) y lanza una advertencia muy severa a los ricos que no se comportaban justamente con los pobres (cf Sant 4, 13-5, 6). Estos hechos muestran hasta qué punto fue compleja desde el inicio la relación entre ricos y pobres, fuertes y débiles, sabios e ignorantes… etc., en el seno de la comunidad. Es importante tenerlo muy presente, pues una lectura superficial de las relaciones existentes en las primeras comunidades, puede conducir a ciertos espejismos y lecturas ideológicas de la Escritura. Es preciso llevar a cabo siempre la defensa de los pobres, débiles e ignorantes en la comunidad, pero en la verdad que nos hace libres. LA RELACIÓN ENTRE RICOS Y POBRES ANTES DE LA ERA CONSTANTINIANA Es pura ingenuidad ideológica, por tanto, pensar que los problemas entre ricos y pobres se presentaron en la Iglesia después de Constantino. Ya entre 45


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los Doce hubo lucha por los primeros puestos. Las dificultades de relación en el seno de la comunidad cristiana aumentó conforme iba creciendo el número de cristianos. Clemente de Roma (finales del s. I o principios del II) recordaba con el salmista que Dios se alza para defender al pobre y al miserable (cf Sal 12, 4-6), para evocar a continuación cómo Jesús eligió el camino del siervo pobre y humilde para darnos la vida a todos: «Veis, queridos hermanos, cuál es el ejemplo que nos ha sido dado; porque si el Señor era humilde de corazón de esta manera, ¿qué deberíamos hacer nosotros; que por Él hemos sido puestos bajo el yugo de su gracia?» (Carta a los Corintios, XVI) Clemente de Alejandría (150-212) planteó con hondura la situación de los ricos y pobres en el seno de la comunidad de fe, esperanza y caridad. Recordó que la verdad se halla escondida en las Escrituras. Ante el lujo de los ricos y el menosprecio de que eran objeto los pobres, se preguntaba qué rico podía salvarse y comentó de forma admirable Mc 10, 17-31. Recalcó que solo Dios es bueno y que las riquezas son don de su munificencia. Las riquezas ni son buenas ni malas en sí, todo depende del corazón que las usa. Por ello lo que se debe destruir son los vicios del corazón, que conducen a unos a la avaricia y a otros a la envidia. El rico debe situarse como un administrador de los bienes que debe compartir con los necesitados. El alejandrino, por tanto, plantea la cuestión social en una óptica cristiana, iluminándola mediante la fe. Puesto que para Dios no hay nada imposible, el rico no debe desesperar de la salvación, pero está llamado a compartir los bienes que ha recibido de Él. Pero el pobre debe dejar de envidiar al rico. Los padres de la Iglesia, apoyándose en la carta primera a Timoteo, instan a ricos y pobres a la conversión: el afán de dinero es la raíz de todos los males. Quien se deja llevar por él termina extraviándose en la fe y atormentándose con muchos dolores. El camino de la pobreza (que no es lo mismo que el camino de la miseria) y del compartir es un camino de felicidad y paz (cf 1Tm 6, 1-10). Y un poco más adelante, el apóstol recuerda a los ricos cristianos cómo han de vivir de modo que el rico atesore para el cielo (1Tm 6, 17-19). Ricos y pobres están llamados a la conversión del corazón y de su hacer, aun cuando no sea de la misma manera. Es la condición para que la comunidad eclesial sea realmente una «Fraternidad», como nombran a la Iglesia.

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LAS PERSPECTIVAS DE LOS PADRES DE LA IGLESIA DEL SIGLO IV El s. IV tiene especial relevancia para la evolución de la Iglesia, pues deja de ser perseguida y adquiere una real personalidad jurídica en el imperio. En este nuevo marco, la manera de vivir y expresar la fe no será ya la misma8. La sociedad del s. IV se caracteriza, entre otras cosas, por carecer de clases medias. Entre los grandes terratenientes, cuyo lujo nunca se igualó después, y los trabajadores rurales, en ocasiones más explotados que los mismos esclavos, no existía una clase intermedia. En aquella sociedad, por otra parte, pululaba una muchedumbre de mendigos, la mayor parte de ellos eran profesionales de la mendicidad, que trataban de vivir de la caridad pública. En esta complicada e injusta sociedad se alzó la voz y la acción de los padres de la Iglesia. San Basilio Magno (330-380) veló por la fe de la Iglesia acosada por la herejía y el cisma. Pero, como el buen pastor, se puso al servicio de la persona, esto es, del hombre como un todo. Intervino ante las autoridades para reducir las injusticias y para que los impuestos no fueran excesivos. Se despojó de sus bienes y organizó una respuesta de la Iglesia a la hambruna del año 368. En sus críticas y llamadas a la conversión de los ricos, pero también de los pobres, puso de relieve cómo Dios entrega la tierra en usufructo. La propiedad privada no es un absoluto. El rico es un administrador, intendente de Dios. El sufrimiento de los pobres proviene, ante todo, del egoísmo de los fuertes y ricos. Poseer más de lo necesario es condenar a los pobres al hambre, es, en definitiva, robar. Atacó la usura de manera especial. Predicó que los ricos debían atender las necesidades de los pobres, para forjar una auténtica fraternidad en el amor. Si Dios y el hombre han de vivir una relación de alianza, de reciprocidad, eso debe traducirse en una vida solidaria y fraterna en la Iglesia. Todo esto obliga a vivir la justicia social, al despojo evangélico y a llevar una vida austera, esto es, a una efectiva pobreza evangélica. En esta misma perspectiva se movieron, con sus matices propios, claro está, Gregorio Nacianceno (muere el 390) y San Gregorio de Nisa (muere el 394). Ambos tienen textos especialmente bellos sobre el amor a los pobres y la dignidad de éstos a la luz del misterio de Cristo pobre. Puesto que «el cristianismo es la religión que ha entrado en la historia» (NMI 5), la vivencia de la fe se ha de pensar y actualizar en cada momento de la historia, pero de acuerdo con la lógica y dinámica del misterio de la encarnación redentora. Jesucristo debe ser el faro que ilumine las relaciones en el seno de la comunidad de la nueva alianza y de esta con el mundo.

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Otro gigante de la defensa de los pobres fue Juan Crisóstomo (muere el 407). Vivió y luchó como el amigo y el defensor de los pobres y los débiles. Como los otros padres de la Iglesia insiste en que la riqueza, puesto que es un don, no puede ser utilizada para dominar y explotar, sino que ha de ser utilizada para servir, para compartirla con el indigente. Y por el hecho de que Cristo ha querido identificarse con los pobres de manera particular, ya no se puede servir a Cristo sin responder a las necesidades de los pobres. La dignidad de los pobres es sacramental, pues en ellos es Cristo quien viene a nuestro encuentro y en ellos estamos llamados a honrarlo y servirlo. San Ambrosio de Milán (muere el 397), en su famoso comentario al capítulo 21 del primer libro de los Reyes (la historia de la viña de Nabot), desarrolla los mismos temas. El rico no es más que el intendente de Dios. La limosna del rico es una forma de restituir al pobre lo que le pertenece. El lujo clama a Dios y es una injusticia. La avaricia engendra la violencia. El rico avaro es más miserable que el pobre. San Agustín (muere el 432), discípulo de san Ambrosio, se mueve en la misma línea, pero es interesante cómo aborda también la cuestión de la conversión a la que están llamados los pobres. Comentando el versículo 14 del salmo 10, Agustín constata que los pobres materiales son multitud, a los cuales hay que socorrer: «deposita la limosna en el corazón del pobre y ella rogará por ti al Señor». Luego invita a considerar la palabra pobre en un sentido más elevado. El verdadero pobre es el que se abandona entre las manos de Dios, como lo hiciera Jesús, el verdadero pobre según Dios, pues de rico que era se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza. Por ello invita a ricos y pobres a ser pobres según Dios: «¡Aprended, pues, a ser pobres y a abandonaros en Dios, mis hermanos en pobreza!». Los pobres y los ricos alcanzan la misma felicidad, a condición de que los dos sean humildes, que vivan en Cristo pobre. Por ello invita y urge también a los pobres a ser de verdad pobres según Dios. Señala que la raíz de todos los males es la avaricia, la cual también puede apoderarse del corazón del pobre. Y concluye su búsqueda del verdadero pobre, admirando la pobreza de Cristo, con estas palabras: «¡Qué pobreza! He aquí el jefe de los pobres que busco: he aquí el pobre del cual vemos que todo verdadero pobre es miembro suyo». En la comunidad, por tanto, la relación entre ricos y pobres ha de pensarse desde Jesús, en quien resplandece la luz de las bienaventuranzas, el hombre nuevo que estamos llamados a ser en Cristo. Ricos y pobres están llamados a 48


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seguir a Jesús y a compartir los dones y cualidades, como miembros que son del mismo cuerpo. El amor mutuo, la comunión en Cristo, va más allá de la solidaridad del rico para con el pobre. LA IGLESIA Y LOS POBRES EN LA EDAD MEDIA Los estudios sobre la Iglesia y los pobres en la edad media, aun cuando pueden ser divergentes, pues todo depende del enfoque dado a la investigación; no obstante coinciden en puntos, que pueden ser significativos para nuestra reflexión. Los historiadores constatan que la Iglesia desarrolló una gran imaginación a la hora de buscar soluciones para paliar las necesidades de los pobres de aquella época, cuya economía era muy diferente a la actual, pues dependía en buena parte de las condiciones meteorológicas. Los monasterios se convirtieron en centros de acogida para pobres y, usando la expresión de nuestros días, transeúntes. La sociedad tenía una gran movilidad. La creación de orfelinatos y hospitales, así como centros de acogida y formación, para atender a los desvalidos, enfermos e ignorantes fue de gran importancia. Las ordenes mendicantes, como dominicos y franciscanos, con su estilo de vida y acción contribuyeron eficazmente a devolver a los pobres la dignidad y el valor que se les denegaba en la sociedad y en la misma comunidad cristiana, pues aun cuando se atendiera a los pobres, al mismo tiempo se les desdeñaba de alguna forma. La mentalidad reinante, sobre todo de cara a ciertos tipos de pobres, era que éstos eran culpables, al menos en buena parte, de su suerte. A través de la caridad se les quería reintegrar en la Iglesia y la sociedad, entre las cuales había una cierta complicidad. A pesar del esfuerzo de las dichas órdenes mendicantes, los pobres eran vistos y atendidos, ante todo, como indigentes a los que había que socorrer. También prevalecía en la predicación la perspectiva de la resignación, pues Dios daba la riqueza y la pobreza. No obstante hubo muchos hombres y mujeres de Iglesia, que, animados por el Espíritu, abrazaron el camino de la pobreza evangélica tras las huellas de Jesús pobre. Esta memoria profética en la Iglesia fue de una importancia capital para la valoración del pobre y para la conversión de la Iglesia. El hecho de invitar también a los pobres a la conversión es la expresión de que también ellos deben posicionarse ante el evangelio del reino de Dios. San Gregorio Magno, en la Regla Pastoral, enseña que no se puede invitar a la conversión 49


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de la misma manera al rico y al pobre, pues las tentaciones de unos y otros no son las mismas. San Juan de Ávila plateó una cuestión de suma importancia, pues entraña una verdadera revolución espiritual, social y antropológica: el pobre debe ser considerado a la luz de Cristo, el Pobre, anticipándose a lo que luego escribirían hombres como san Vicente Paul y el propio P. Chevrier. El pobre es más importante que el rico, desde el momento que el Señor se hizo del bando de los pobres: «¡Qué cosa tan pesada era la pobreza antes que Cristo viniese al mundo, qué aborrecida, qué menospreciada! Pero bajó el Rico del cielo y escogió madre pobre, y ayo pobre, y nace en portal pobre, toma por cuna un pesebre, fue envuelto en pobres mantillas (cf Mt 8, 20), y después, cuando grande, amó tanto la pobreza, que no tenía dónde reclinar su cabeza, y, finalmente, fue tan amador de pobreza, que ya no hay cristiano, si es verdadero cristiano, que no tenga en más ser pobre que rico. Y ansí, después de su venida en tanta pobreza, muchos y muchas dejaron sus haciendas para hacerse pobres, teniendo en más ser pobre con Cristo que rico con el mundo. En más es tenido el pobre que el rico después que Jesucristo se hizo de su bando. Como si en una balanza pusiésedes una cosa de precio y en otra una cosa vil, pero llena de perlas preciosas, diréis que vale más esta segunda balanza por el valor de lo que se juntó con ella. Y si en una arca vieja estuviese un tesoro y en otra nueva no estuviese nada, claro está que diríades que vale más la vieja, por lo que está dentro de ella, que no la nueva que está vacía. Y ansí, si miráis la pobreza y riqueza de cada una por sí, más vale la riqueza; más si miráis la joya que está en la pobreza, de mucho más valor es. Juntóse Dios con la balanza de la pobreza y hizo subir el valor. Pues si los pobres solían tener envidia a los ricos, agora téngala los ricos de los pobres, pues juntóse Jesucristo con el bando de los pobres y engrandeció[lo].» (Obras completas III, Madrid 2002, p. 53 – 54) La Iglesia, con sus luces y sombras, estuvo siempre atenta a las necesidades de los pobres, pero no siempre los vio y sirvió en la perspectiva del Evangelio. Por ello no es posible eludir una pregunta: ¿Es lo mismo atención y defensa del pobre que evangelización de los pobres? ¿Siguió la comunidad eclesial las huellas del Siervo para llevar la buena nueva del reino de Dios a los pobres y desheredados de este mundo? 50


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LA EVANGELIZACIÓN DE LOS POBRES EN LOS ÚLTIMOS SIGLOS DE LA CRISTIANDAD En la cristiandad, «la fe» formaba parte de la herencia cultural: la inmensa mayoría de los hombres y mujeres nacían y morían «cristianos». Este hecho marca la evangelización de los pueblos y culturas que, con frecuencia, estaba ligada al poder, pues los poderes civiles y eclesiásticos mantenían una cierta simbiosis. La evangelización llevada a cabo por los países de la cristiandad en los diferentes continentes estuvo marcada por la lógica de la conquista, junto con la convicción de que fuera de la Iglesia no hay salvación. Nadie puede negar las ambigüedades de ciertas maneras de hacer, pero también es innegable cómo la Iglesia y los misioneros estuvieron, en la mayoría de los casos, de parte de los pobres, aun cuando no siempre tuvieran el coraje de afrontar las estructuras causantes de la pobreza y de la violencia ejercida sobre aquéllos. Pero el verdadero protagonista de la misión, el Espíritu Santo no cesó de suscitar hombres y mujeres que se plantearon la necesidad de llevar el Evangelio, fuerza de salvación, al corazón de los pobres. Veamos alguno de ellos. San Vicente Paul, como reconocen sus biógrafos, buscó al principio de su vida hacer carrera; pero un día comprendió que el Señor lo elegía para servir a los campesinos hambrientos y sedientos de dignidad; y se propuso servir a la persona del pobre de una manera integral. Trabajó para reconciliar a los pobres con la Iglesia. De ellos hizo sus señores y maestros, pues iluminado por la gracia comprendió que el Señor había querido identificarse con los pobres, fueran buenos o toscos. En la persona de los pobres veía y servía la persona misma de su Señor y Salvador. El que buscaba los honores y riquezas del mundo, se convirtió a Cristo pobre en los pobres. El servicio del Evangelio a los pobres brota del encuentro con la persona del Dios que se hace pobre por amor. La evangelización de los pobres se presenta así como una cuestión radical de la fe, de la comunión con Cristo que abrazó la condición de los pobres. Por ello el apóstol se hace pobre. La contemplación de la persona del Hijo de Dios viniendo a la tierra, pobre y humilde, para salvar a los hombres, junto con el encuentro de los pobres, hizo que A. Chevrier tomase una decisión: seguir más de cerca a Jesús pobre, para ser más eficaz en la evangelización de los pobres. Evangelizar, para el

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catequista de la Guillotière, era llevar al corazón de los pobres, ignorantes y pecadores las fuerza del Evangelio, de tal forma que se constituyese una real comunidad de discípulos seducidos por el conocimiento, amor y seguimiento de Jesucristo. Así entendía contribuir al desarrollo integral de la persona de los pobres. Creyó en la capacidad de éstos para abrirse a la acción del Espíritu, para ser apóstoles pobres al servicio de otros pobres. A. Chevrier procedía de una familia pobre y no tan ejemplar como hubiera podido desear. El fundador de la JOC, J. Cardijn, creía en la dignidad filial del joven trabajador, en su capacidad, vocación y misión, para ser apóstol de sus compañeros de trabajo. Hijo de obreros, había hecho, en su propia casa, la experiencia de cómo Dios trabaja el corazón de los pobres obreros. Dios es el que da la verdadera dignidad y valía a la persona del pobre. Ellos son verdaderamente ricos de Dios. Creer en el trabajo de Dios en el corazón de las personas sencillas es el punto de partida, según creo, para su auténtica evangelización. ¿Confiamos realmente en las capacidades de los pobres? ¿Creen nuestras comunidades en cómo Dios quiere servirse de los pobres para transformar la realidad? Para J. Cardijn si el joven no vive una verdadera experiencia de la salvación que aporta el encuentro con el trabajador de Nazaret, esto es, con el Viviente, jamás llegaría a ser un verdadero apóstol. Era muy consciente que la vivencia de unos simples valores es insuficiente para formar un apóstol, aun cuando fuera suficiente para forjar un militante de la causa obrera, como fue el caso de algunas corrientes de pensamiento y acción de su tiempo. De esta forma, en un mundo que salía progresivamente de la cristiandad, se planteaba la gran cuestión de cómo evangelizar a las clases pobres, cómo conducir a las masas a la conciencia y vivencia de un pueblo reunido en la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Una cuestión decisiva, pero que no siempre ha encontrado la respuesta adecuada. LA EVANGELIZACIÓN DE LOS POBRES A PARTIR DEL CONCILIO VATICANO II El Papa Juan XXIII, en un mensaje difundido por Radio el 11 de septiembre de 1962, dijo: “de cara a los países pobres, la Iglesia se presenta como es y quiere ser: la Iglesia de todos, pero especialmente la Iglesia de los pobres”. El Cardenal Lercaro, en una intervención memorable en el Concilio Vaticano II, desarrolló

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y profundizó las palabras del Papa, proponiendo que fuera un tema trasversal de las sesiones siguientes del Concilio. Muchos se sumaron a esta intervención, entre otros, el P. Ancel, Helder Camara, etc. Fue a partir de esas intervenciones como se fraguó la constitución de la «Iglesia en el mundo». Pero debemos reconocer que a pesar de los esfuerzos de unos y otros, el tema de los pobres y su evangelización no fue determinante en el Concilio, aun cuando hay grandes intuiciones (cf PO 6). Pero el camino estaba preparado para una Iglesia más pobre y más abierta a poner a los pobres en el centro de su vida y acción. El episcopado de América Latina, en la recepción del Concilio a través de Medellín y otras Asambleas, puso en el centro a los pobres. A ello contribuyó también la reflexión de los promotores de la teología de la liberación. La doctrina social de la Iglesia desde León XIII, por otra parte, fue apostando por la dignidad de la persona de los pobres y por llamar insistentemente a la justicia social, pues los pobres, en buena parte, son víctimas de la injusticia. Es preciso servir y defender al pobre. Es una persona y hay que servirlo en su vocación y misión, proporcionándole la posibilidad de una vida digna, a fin que sea realmente sujeto activo, esto es, responsable y libre, de su destino en la sociedad y en la misma Iglesia. La promoción del pobre ha de ser integral. Todo esto supone una conversión de la mirada de la comunidad cristiana para contemplar el rostro de Cristo en el rostro desfigurado de los pobres. Además es de suma importancia aprender a escuchar la voz del Señor en el grito del pobre y, por otra parte, a escuchar el grito de los pobres con los oídos de Dios. Para ello necesitamos ir a su encuentro y compartir con ellos los bienes materiales y espirituales, las luchas y dolores de alumbrar un mundo nuevo. LA EVANGELIZACIÓN DE LOS POBRES EN NUESTROS DÍAS En el magisterio de la Iglesia, tanto en el pontificio como en el de nuestros obispos, encontramos una llamada apremiante para que nuestras comunidades lleven a cabo una verdadera opción por los pobres a partir de la fe en el Señor y del amor que el Espíritu derrama en nuestros corazones. El Papa Francisco, con su manera propia de expresarse, no cesa de retomar lo dicho por sus predecesores. En la exhortación EG nos cuestiona sobre cómo estamos atendiendo espiritualmente a los pobres, pues son personas que necesitan

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una respuesta integral a su ser más profundo, a fin que lleven adelante su deseo más hondo de plenitud9. Surge así una gran cuestión, que planteo a modo de conclusión: ¿Cómo estamos viviendo nuestro carisma a fin que las comunidades cristianas adquieran «el sentido evangélico de los pobres y de la pobreza»? Existe el peligro que nuestras comunidades se queden en una cierta religiosidad natural. En ella el pobre acude a Dios en busca de una respuesta a sus necesidades, como lo hicieran las muchedumbres hambrientas, pero sin una real apertura a la fe (cf Jn 6). Las muchedumbres buscaban a Jesús, porque les había dado de comer, pero le volvieron la espalda, pues encontraron dura su palabra, no merecía ser escuchada. Nadie va a Jesús si el Padre no lo lleva. Diferente fue la reacción de la samaritana (cf Jn 4), que junto con la parábola del buen samaritano, debería ser el icono que orientase nuestro estilo de vida y acción. El encuentro con Jesús le lleva a dejar el cántaro (es un símbolo, pues con él colmaba sus necesidades) y corre gozosa a anunciar a los suyos su experiencia. Delante de Jesús y del anuncio del reino de Dios las reacciones de los pobres, ignorantes y pecadores no son uniformes. El pobre, como el rico, debe determinarse ante la persona y palabra de Jesús, en quien se hace presente y visible el reino de Dios. Y esto plantea, una vez más, qué entender por evangelización de los pobres, cómo ha de situarse la comunidad eclesial, pues el verdadero discípulo es aquel que se entrega confiadamente a la palabra de quien lo crea y recrea como hombre nuevo. Antonio Bravo «Puesto que esta Exhortación se dirige a los miembros de la Iglesia católica quiero expresar con dolor que la peor discriminación que sufren los pobres es la falta de atención espiritual. La inmensa mayoría de los pobres tiene una especial apertura a la fe; necesitan a Dios y no podemos dejar de ofrecerles su amistad, su bendición, su Palabra, la celebración de los Sacramentos y la propuesta de un camino de crecimiento y de maduración en la fe. La opción preferencial por los pobres debe traducirse principalmente en una atención religiosa privilegiada y prioritaria. «Nadie debería decir que se mantiene lejos de los pobres porque sus opciones de vida implican prestar más atención a otros asuntos. Ésta es una excusa frecuente en ambientes académicos, empresariales o profesionales, e incluso eclesiales. Si bien puede decirse en general que la vocación y la misión propia de los fieles laicos es la transformación de las distintas realidades terrenas para que toda actividad humana sea transformada por el Evangelio, nadie puede sentirse exceptuado de la preocupación por los pobres y por la justicia social: «La conversión espiritual, la intensidad del amor a Dios y al prójimo, el celo por la justicia y la paz, el sentido evangélico de los pobres y de la pobreza, son requeridos a todos». Temo que también estas palabras sólo sean objeto de algunos comentarios sin una verdadera incidencia práctica. No obstante, confío en la apertura y las buenas disposiciones de los cristianos, y os pido que busquéis comunitariamente nuevos caminos para acoger esta renovada propuesta.» (EG 200-201)

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3.3.- FORMAR COMUNIDADES DE DISCIPULOS En el desarrollo y puesta en práctica de la última Asamblea del Prado regional de España está el reto de formar comunidades significativas, es decir, comunidades que den testimonio de Jesucristo, que están bien enraizadas en la fe, en una palabra, que sean comunidades evangelizadoras.

1. Id y haced discípulos Este es el mandato que el Señor resucitado hace al grupo de los Apóstoles antes de la Ascensión, para que continúen la obra que él ha iniciado y a la que les asocia como sus principales colaboradores. Hacer comunidades de discípulos es una tarea fundamental de la misión evangelizadora: Id y haced discípulos de todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado (Mt 28,19-20). El anuncio del Evangelio comporta la aparición y el surgimiento de comunidades de discípulos. La misión tiene un marcado acento comunitario y es realizada por una comunidad. Los que se convierten y creen en el Evangelio forman a su vez parte de la comunidad que les anuncia y testimonia la Buena Nueva. La misión apostólica de los Doce en Marcos subraya la llamada al grupo, el anuncio del Evangelio ligado a la conversión, la curación de enfermedades y la expulsión de demonios. Es una tarea que realiza el grupo de los Doce que son enviados de dos en dos (Mc 6,7-13). Lucas marca los mismos acentos, subrayando que la llamada o la vocación es una con-vocación para que el grupo de los convocados recorra pueblos y ciudades anunciando el Evangelio del Reino por todas partes (Lc 9,1-6; 10,1-16).

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Pedro el día de Pentecostés experimenta cómo el anuncio del Evangelio hace nacer y crecer la comunidad de discípulos a través de estos tres elementos fundamentales: el don del Espíritu Santo, la conversión y la fe. La fecundidad apostólica es esencialmente fruto de la iniciativa y de la gracia de Dios a la que se asocia la dedicación, la entrega y el trabajo de los que han sido elegidos para colaborar en la obra de Dios: ¿Qué tenemos que hacer, hermanos? Pedro les contestó: Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu santo… Así, pues, los que acogieron su palabra fueron bautizados. Aquel día se les unieron unas tres mil personas (Hch 2,37-41). Somos muy conscientes de que el apóstol debe trabajar noche y día al servicio de la misión, pero al mismo tiempo ser muy conscientes de que es Dios quien produce el acto de fe, crea los lazos del Espíritu e incorpora realmente a la comunidad: Por lo demás, el Señor agregaba al grupo a los que cada día se iban salvando (Hch 2,47). La misión de promover y formar comunidades de discípulos es ardua y lenta. Junto con la adhesión y el entusiasmo de muchos se encuentran también las resistencias y el rechazo de otros muchos. Los trabajos por el Evangelio son costosos y requieren mucha entrega, una total gratuidad, soportar sufrimientos e incluso la misma persecución y la cruz: No está el discípulo por encima del maestro, ni el siervo por encima de su amo. Ya le basta al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su amo. Si al dueño de la casa le han llamado Beelzebul, ¡cuánto más a sus domésticos! (Mt 10,24-25). Esto es lo que Jesús advierte al grupo de los Doce en el discurso de misión, anunciándoles las condiciones que van encontrar en la predicación del Evangelio. Nuestra misión evangelizadora en esta coyuntura tiene como urgencia y también como un gran desafío formar comunidades de discípulos. La historia y la tradición de nuestras Iglesias no siempre nos han situado en esta pista. Por una parte no nos hemos liberado o no hemos superado un acentuado clericalismo secular que sigue en el inconsciente de nuestras Iglesias y Presbiterios, aunque la situación haya cambiado radicalmente y el clero esté envejeciendo y disminuyendo a un ritmo tan acelerado. En nuestras Iglesias la parroquia es la estructura que ha marcado y sostenido la vida de nuestras diócesis. Pero tal vez nuestras parroquias han estado más marcadas por la territorialidad que por vivir la fe comunitariamente a través de la comunión de vida, comunión de bienes y comunión de acción. Por esta razón la formación de comunidades cristianas, comunidades de testigos de Jesucristo es 56


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nuestra gran tarea, sin la cual no se da una verdadera evangelización. Esto nos indica también las carencias de la misión evangelizadora en nuestras parroquias y comunidades, ya que es toda la comunidad la que evangeliza y no únicamente la acción de un pequeño grupo de agentes de pastoral o de colaboradores del sacerdote. La inercia durante mucho tiempo nos ha mantenido inactivos en esta tarea misionera de formar comunidades, de ocuparnos sobre todo de la formación de los laicos. En este tiempo las graves carencias de vocaciones sacerdotales están siendo un fuerte toque de atención y una llamada apremiante a promover comunidades de verdaderos discípulos, maduros en la fe, capaces de consagrar su vida al servicio del anuncio del Evangelio. No se trata de formar laicos para sustituir al sacerdote en algunas de sus funciones, sino de verdaderos testigos de Jesucristo. La tarea apostólica no es simplemente buscar colaboradores para realizar ciertas tareas indispensables en la parroquia: catequistas, voluntarios de Cáritas, grupo para preparar y colaborar en las celebraciones litúrgicas, etc. Se trata de formar verdaderos discípulos de Jesucristo. Este es un trabajo que requiere mucha inversión de tiempo, de dedicación, de acompañamiento lento y paciente, siendo conscientes de que somos colaboradores y de que es Dios quien atrae y se da a conocer al discípulo que quiere seguirle. El camino del discípulo no se hace al instante sino que sigue un largo proceso. Creer es como una lenta peregrinación. Cada paso revela algo nuevo y muchas veces imprevisto en el que el conocimiento del Maestro enriquece día a día y pone a prueba al discípulo o al grupo de discípulos que han decidido seguirle. Este conocimiento del misterio de Cristo pasa también por la mediación humana y eclesial, por el ministerio de la formación. Este ministerio nos ha sido concedido y encomendado a nosotros especialmente por la ordenación: representar a Cristo Buen Pastor en la formación de verdaderas comunidades cristianas.

2. La formación de comunidades (apóstoles y catequistas) Para el P. Chevrier el gran reto y la gran necesidad de la Iglesia en aquella época era la formación de catequistas. El descubrió y experimentó cómo una gran parte de la población de la Guillotière estaba alejada de la Iglesia y se necesitaba salir a su encuentro para darles a conocer a Jesucristo y para proponerles la fe: “Iré en medio de ellos y viviré su propia vida. Esos niños verán 57


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más de cerca lo que es el sacerdote, y les daré la fe” (Testimonio del P. Perichon). La Iglesia, los pradosianos hoy hemos de salir al encuentro, a buscar a la gente para proponerles la fe e invitarles a formar parte de nuestras comunidades cristianas, como recuerda también el Papa Francisco: “La Iglesia en salida es la comunidad de discípulos misioneros que toman la iniciativa (primerean), que se involucran, que acompañan, que fructifican y festejan. La comunidad evangelizadora sabe adelantarse, tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los lejanos y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos” (EG 24). Comunidades centradas en Jesucristo En los tiempos del P. Chevrier la ignorancia religiosa era algo muy extendido especialmente en la gente campesina que se instalaba en la Guillotière en la periferia de Lyon. Nosotros hoy no percibimos tanto la gran ignorancia religiosa, cuanto el desconocimiento de Jesucristo y la lejanía de la fe. Sin embargo en algo coincidimos plenamente con las inquietudes pastorales de A. Chevrier: la necesidad del conocimiento de Jesucristo y la prioridad de darlo a conocer como uno de los objetivos principales de nuestra acción pastoral. El P. Chevrier va a insistir mucho en el conocimiento de Jesucristo, en instruir, formar catequistas: “sólo pido a Dios una cosa, que aprenda a hacer bien mi catecismo, a saber instruir a los pobres y a los niños10”. Esto mismo refleja en una carta a los seminaristas: “Formaos como buenos catequistas, pues, como sabéis, ese es el fin de nuestra obra: instruir a los pobres ignorantes, instruirlos con sencillez, hablarles de Dios, de Jesucristo, de su alma, de la eternidad” (Carta 83). “Conocer a Jesucristo, lo es todo”. Este es un principio fundamental también hoy en la misión de cada pradosiano y del Prado en su conjunto. El conocimiento de Jesucristo, el encuentro personal con él crea los lazos de relación y vinculación a su persona y a la comunidad de creyentes, como descubrimos en las primeras comunidades cristianas: Vivid, pues, según Cristo Jesús, el Señor, tal como le habéis recibido; arraigados y edificados en él, apoyados en la fe, tal como se os enseñó, rebosando agradecimiento. Mirad que nadie os esclavice mediante la vana falacia de una filosofía, fundada en tradiciones humanas, según los elementos del mundo y no según Cristo (Col 2,6-8).

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Y. MUSSET, Les Cahiers du Père François Duret, Limonest (2008), p. 19.

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Nosotros para realizar esto mismo necesitamos priorizar y promover la formación de comunidades significativas que anuncien el Evangelio, que sean testigos de Jesucristo resucitado en medio de nuestro mundo. Por esto mismo el gran catequista de la Guillotière puede ser una referencia e incluso un modelo en nuestra acción pastoral, en centrar nuestro trabajo apostólico en el acompañamiento y promoción de comunidades de discípulos y apóstoles de Jesucristo. ¿Cómo sentimos nosotros la pasión y el dinamismo misionero que nos impulsa a formar discípulos y a fundamentarlos en el conocimiento de Jesucristo? Nos podemos asomar para descubrir o recordar la pasión que embargaba al P. Chevrier por formar catequistas y otros apóstoles. Su alma apasionada de pastor le lleva a priorizar la formación de catequistas, de sacerdotes para que se dediquen a dar a conocer a Jesucristo a los pobres, ignorantes y pecadores: “Este es todo mi anhelo: tener hermanos y hermanas catequistas. En esto trabajo con alegría y gozo. Saber hablar de Dios y darlo a conocer a los pobres e ignorantes, esa es nuestra vida y nuestro amor” (Carta 181). Esta formación de catequistas y de apóstoles, que sean verdaderos testigos de Jesucristo, hay que cuidarla con mucho cariño y también con mucha dedicación. Es una dimensión muy importante de la caridad pastoral que marcó su vida de pastor: “Aplicaos bien a la oración y a fundamentar vuestra vocación de catequistas de los pobres, porque es la más bella de todas y la más digna de envidia” (Carta 114). El Padre Chevrier no repara en desvelos, en dedicación a esta labor de formación tan necesaria que él considera la más hermosa y la más deseable. Esto nos muestra cómo él descubrió las prioridades y se ocupó sobre todo de cuidar y cultivar lo fundamental. Por esta razón no tiene inconveniente en dejar el Prado por un tiempo para ir a Roma y asegurar una formación especial al pequeño grupo de semanaritas que serán los primeros sacerdotes del Prado: “Hace un mes que he venido a Roma con el fin de preparar al sacerdocio y para la gran misión de catequistas que Dios nos ha confiado… No desearía otra cosa que preparar buenos catequistas para la Iglesia y formar una asociación de sacerdotes que se dedicaran a ello. Esta era la gran misión de nuestro Señor” (Carta 130). Es admirable e incitante la pasión apostólica que alienta y mueve el corazón del apóstol de la Guillotière. Es una pro-vocación a la conversión, a la renovación y al entusiasmo apostólico al contemplar algunos de sus gestos y expresiones: Este es todo mi anhelo; en esto trabajo con alegría y gozo; la vo59


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cación de catequistas de los pobres es la más bella y la más digna de envidia; esta era la gran misión de nuestro Señor. El P. Chevrier ha puesto un fundamento muy sólido. Esto es lo que le permite realizar la misión con confianza en medio de las grandes dificultades y problemas que tiene afrontar. Para construir algo sólido, hay que apoyarse en Jesucristo y en los medios que nos permiten un conocimiento cada vez más profundo de él: “El conocimiento de Jesucristo, la oración, es lo primero que hay que hacer para llegar a ser piedras del edificio espiritual de Dios. Sólo puede permanecer lo que tenga a Jesucristo por fundamento” (VD 103). Esto es también lo que hemos de transmitir en nuestra misión, ya que el objetivo de una vida de discípulo y de apóstol de Jesucristo entre los pobres, es hacer posible el encuentro con Jesucristo (DF 31). Cristo es el fundamento y no hay otro: “Quitad a Jesucristo de la tierra. ¿Queda algún fundamento sólido? Ninguno” (VD 102). Para alcanzar este objetivo el P. Chevrier experimenta que lo fundamental es formar catequistas, como hemos indicado. Nosotros estamos en otra coyuntura diferente y tal vez el gran desafío para anunciar el Evangelio, para dar a conocer a Jesucristo, sea sin duda alguna formar verdaderas comunidades cristianas que con su estilo de vida comunitaria, con su testimonio y compromiso sean la puerta que permita a muchos acceder a la fe y al conocimiento de Jesucristo. En formar estas comunidades hemos de poner nuestro ardor y nuestra pasión apostólica como el P. Chevrier la puso en la formación de catequistas. Nuestras constituciones nos invitan a seguir estos mismos caminos del P. Chevrier y a actualizar la fuerza y la vitalidad de la gracia del Prado hoy en nuestras Iglesias y Presbiterios: “Es a Jesucristo a quien hay que buscar y poner como fundamento de todo… Todo debe brotar del conocimiento de Jesucristo, especialmente los frutos que se esperan de la formación (Cons 74). La formación de cristianos que sean verdaderos discípulos y apóstoles, insertos o con sentido de pertenencia a una comunidad es una prioridad para nosotros hoy: “Nuestra tarea es formar entre los pobres cristianos que crean, amen y se decidan a actuar según el Evangelio. Junto con todo el Pueblo de Dios, debemos sentir todos nosotros la responsabilidad de suscitar, sobre todo entre los mismos pobres, vocaciones de sacerdotes y otros apóstoles consagrados a su evangelización” (Cons 46). Esta tarea de formación implica dedicación, estudio, trabajo en conjunto, en equipo, pues estos procesos de formación son lentos y delicados, por una parte, y requieren muchos cuidados y espera paciente, por otra: “No vacilaremos en dedicar tiempo para, juntos, 60


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hacernos más eficaces en el servicio a los pobres y a nuestros hermanos sacerdotes y laicos en nuestras Iglesias” (Cons 69). Al servicio de la evangelización de los pobres La evangelización siempre ha ido de la mano con el desarrollo, la promoción social y el ministerio de la caridad que tiene su fuente en la Eucaristía. La fe es una fuerza para construir las comunidades cristianas y para alentar el compromiso en la transformación de las estructuras sociales y políticas. Por esto mismo necesitamos seguir priorizando el conocimiento de Jesucristo como el vínculo fundamental y más sólido de las comunidades cristianas. Esto mismo expresa el Papa Francisco en la exhortación Evangelii Gaudium: “Desde el corazón del Evangelio reconocemos la íntima conexión que existe entre evangelización y promoción humana, que necesariamente debe expresarse y desarrollarse en toda acción evangelizadora” (EG 178). El P. Chevrier y con él la tradición pradosiana ha intentado vivir y testimoniar esta unión tan profunda entre la fe y el cuidado de los pobres en la misión apostólica, o lo que es lo mismo entre el conocimiento de Jesucristo y la inserción en el mundo de los pobres desde el dinamismo del misterio de la encarnación. La opción por los pobres era una prioridad y estaba muy presente en el corazón y en la misión de A. Chevrier. En el reglamento del Prado expresa esta convicción tan profunda y radical: “Pediremos a Dios que suscite en nosotros una gran compasión por los pobres y los pecadores, que es el fundamento de la caridad. Sin esta compasión espiritual no haremos nada… Consintamos en pasar la vida con los pobres, en no ocuparnos sino de los pobres. Para hacer el bien a estos niños hay que estar con ellos, vivir su vida…” (Reglamento del Prado). Este reglamento era algo así como las constituciones de aquel Prado naciente, que fijaba las opciones pastorales del pequeño grupo de sacerdotes congregado alrededor del apóstol de la Guillotière que quedó fascinado por la belleza del Verbo encarnado y el dinamismo del misterio de la encarnación. Ir a los pobres, compartir con ellos el Evangelio y formar verdaderas comunidades de discípulos implica abrazar la pobreza evangélica, hacerse pobre a imagen de Jesucristo (2 Cor 8,9) y asumir las condiciones de vida de los pobres. Es lo que pide el P. Chevrier a los seminaristas: “Sí, seamos siempre los pobres de Dios, permanezcamos siempre pobres, trabajemos con los pobres, 61


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que el carácter distintivo de nuestra vida sean siempre la pobreza y la sencillez… ¡Cuánto bien hace el trabajar con los pobres! Se nota que son los amigos de Dios y que trabajando en sus almas no se trabaja en vano. Amad mucho a los pobres. No trabajéis para crecer y subir, trabajad para haceros pequeños y achicaros de modo que os coloquéis a la altura de los pobres, para estar con ellos, vivir con ellos, morir con ellos” (Carta 114). Aquí encontramos todo un ideal y un programa de vida apostólica que hemos de cultivar y renovar día a día tanto en nuestros equipos como en los demás espacios y medios que el Prado se da para vivir y difundir la riqueza de este carisma. A Chevrier se ve sobrepasado y desbordado para responder a las necesidades y carencias del proletariado de la Guillotière: “Conozco muchas miserias y qué doloroso es para un sacerdote no poder aliviarlas11”. Su implicación y participación en buscar recursos y resolver algunos de los problemas sociales no le impiden tomar conciencia y descubrir cuál es la pobreza más radical. La pobreza que más le angustiaba es, sin duda alguna, la pobreza religiosa, la ignorancia religiosa y la falta de fe que descubría en la mayor parte de aquella población pobre. Ve que los pobres no son evangelizados, y esto no puede aceptarlo. Por esto su gran preocupación es que los pobres lleguen a conocer a Jesucristo. De ahí su insistencia constante en instruir, enseñar, hacer la catequesis para llevar a los pobres a la dicha del conocimiento de Jesucristo: “Hay que empezar por la obra espiritual… Instruir, catequizar, es el primer deber a cumplir” (VD 307). De este modo el P. Chevrier nos anuncia que la opción por los pobres es ante todo la evangelización de los pobres. No es suficiente con ir y estar con los pobres ni podemos conformarnos con hacer una lectura sociológica de las distintas pobrezas, aunque todo esto es necesario hacerlo. Es necesario además entrar en una experiencia de comunión, dando prioridad al anuncio del Evangelio que es el gran tesoro y la gran riqueza que necesitan los pobres y la humanidad hoy: “No hemos sido enviados a solucionar todos los problemas de los pobres, sino a despertar la conciencia de que han sido elegidos por Dios para ser libres en la Alianza del Espíritu, sellada en la sangre del Cordero” (DF 33). El camino que nos conduce a los pobres está guiado por el Espíritu Santo. Hemos de estar atentos y ser dóciles a sus mociones y a sus inspiraciones. De este modo los pobres no serán simplemente el objeto de una atención, sino revelación del mismo Dios, lugar dónde él está ya presente y actuando, retratos visibles del Hijo venido en 11

Ms 111, p. 350-367.

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carne: “El Espíritu Santo nos apremia a compartir la vida de los pobres a los que somos enviados, para poder compartir con ellos el Evangelio que tenemos el encargo de anunciarles” (Cons 14). El fundador del Prado comprendió muy bien esta prioridad del anuncio del Evangelio, lo que implica el compromiso y el compartir la vida de los pobres con sus luchas, sus problemas y sus esperanzas y aspiraciones: “Hay que instruir a los ignorantes y evangelizar a los pobres. Es la misión de todo sacerdote y la nuestra en particular; es nuestra heredad: ir a los pobres, hablar del reino de Dios a los obreros, a los humildes, a los pequeños, a los abandonados, a todos los que sufren12". La obra de la evangelización, la formación de comunidades significativas entre los pobres, además de abrazar la pobreza evangélica, es ante todo una vocación y una gracia de Dios que hemos de acoger y agradecer respondiendo también desde la gratuidad: “Hay que decidirse a pasar la vida con los pobres, a ocuparse sólo de los pobres. Para hacer el bien a estos niños, hay que estar con ellos, vivir con ellos y en medio de ellos como unos padres para ganar su corazón y llevarles a Dios. Es necesaria una vocación particular para realizar esta obra13”. Es admirable, bello y atractivo este programa de vida apostólica, esta vocación particular. Al escuchar y meditar estas palabras el ideal es luminoso y también uno descubre lo lejos que estamos aún de vivir y de consagrarnos realmente a esta causa, a este lote que el Padre nos ha regalado en herencia. Para llevar a cabo esta obra hemos de confiar y buscar la colaboración y participación de los pobres, como lo hizo el P. Chevrier. El busca colaboradores para la obra del Prado entre los mismos niños y adolescentes de la obra de la Primera Comunión. Algunos de los que ha encontrado abandonados y en los basureros serán un día espléndidos sacerdotes: “A estos pobres niños los busco por todas partes, de noche y de día, en los caminos, en las calles, en los paseos e incluso en los basureros. ¡Muchas veces encuentro cosas muy buenas en los basureros! Estoy convencido de que algunos de ellos serán espléndidos sacerdotes14”. Jesús nos muestra cómo los pobres son capaces de dar una respuesta de fe y cómo se pueden convertir en verdaderos discípulos y apóstoles (Lc 10,21; Mc 5,19-20). Pablo expresa esta misma certeza en la comunidad de Corinto PB 4 art. 91, Testimonio del P. Duret. Reglamento de los Sacerdotes del Prado 1878. 14 PB 3, art 183. 12 13

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(1 Cor 1,17-31). Esta es la misma experiencia pastoral que ha vivido el P. Chevrier y que ha hecho nacer el Prado en una coyuntura difícil, en un cambio de época, de grandes convulsiones y transformaciones sociales que reclamaban nuevas respuestas y nuevos caminos para el anuncio del Evangelio. Esta es también la gran tarea que tenemos nosotros hoy y que el Espíritu alienta y renueva por el carisma que ha regalado a su Iglesia del que nos ha hecho depositarios: “El Espíritu Santo nos apremia a compartir la vida de los pobres de la tierra y a descubrir en sus rasgos el rostro de Cristo, para poder acoger en los pueblos a los que somos enviados, el Evangelio que tenemos el encargo de anunciar” (Cons 14). ¿Cómo confiamos nosotros en los pobres, los buscamos y les proponemos responsabilidades y servicios en nuestras comunidades y parroquias? Herederos del carisma de A. Chevrier también nosotros somos llamados a salir al encuentro de los pobres a proponerles la fe y a colaborar para que algunos de ellos puedan escuchar la llamada del Señor al ministerio, a un servicio especial a la comunidad, a la formación de otros cristianos… “Trabajaremos para que los pobres tengan su puesto privilegiado en la Iglesia y puedan expresar su fe. Nuestra tarea es la de formar entre ellos cristianos que crean, amen y se decidan a actuar según el Evangelio… Junto con todo el Pueblo de Dios, debemos sentir todos nosotros la responsabilidad de suscitar, sobre todo entre los mismos pobres, vocaciones de sacerdotes y otros apóstoles consagrados a su evangelización” (Cons 46). Para formar y acompañar comunidades de discípulos hemos de comenzar por seguir más de cerca a Jesucristo y configurarnos más plenamente con él: “El Espíritu del amor que brilla en Cristo resucitado, Pan de vida, nos hará capaces de convertirnos en buen pan para el pueblo y, en particular, para los miembros de las comunidades que estamos llamados a edificar con los pobres” (Cons 11). En esta tarea apostólica el Estudio del Evangelio es algo a cuidar y practicar de una manera especial: “A través del Estudio del Evangelio, la oración, la contemplación de la vida de la Iglesia y de la vida de los hombres, vamos dejando que el Espíritu forme en nosotros a Jesucristo en la acción pastoral misma. De este modo va creciendo nuestra capacidad de transformar el mundo y de conducir a los pequeños a la fe en Jesús (Cons 13). Somos conscientes de que la mies es mucha y los obreros pocos. El campo de trabajo es muy amplio y muchas veces no sabemos ni cómo ni por dónde empezar. Pero la tarea no es de unos individuos aislados o de un pequeño grupo. Es una obra comunitaria, lo que requiere tal vez hoy poner el mayor 64


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empeño de promover, formar y fortalecer verdaderas comunidades de discípulos en nuestra acción pastoral. La programación pastoral para el sexenio 2013-19, concluye su primer año dedicado a la misión (El apóstol) con estas palabras que nos invitan a ver en profundidad la realidad pastoral de nuestras comunidades y parroquias al servicio de la evangelización de los pobres: “Hemos de preguntarnos y verificar si nuestras comunidades están sostenidas y apoyadas por la fe, el compromiso y la acción liberadora de los pobres o si nuestra pastoral se hace sobre otros apoyos… Hemos de verificar también y compartir en nuestra praxis pastoral el aporte y el compromiso evangelizador de los pobres; cómo están contribuyendo al fortalecimiento y vitalidad de nuestras parroquias, cómo participan en la formación y en el sostenimiento de nuestras comunidades, y también las dificultades para que todo esto se llegue a realizar plenamente15”.

3. Id, poneos en camino Es el mandato del Señor que hay que realizar al momento. Es un mandato urgente que no admite demora ni distracciones. Todos somos muy conscientes de esta urgencia y de esta necesidad de dar a conocer al Evangelio, es decir, a Jesucristo, de promover la fe y poder formar comunidades de discípulos. Como el grupo de los Doce o los Setenta y dos, somos llamados a anunciar el Reino de Dios con obras y palabras, a no entretenernos o distraernos en cosas secundarias que resten el empeño y la dedicación a la evangelización. Se trata de salir, de partir en misión, de no quedarnos simplemente a gestionar lo ya adquirido desde hace muchos años o incluso siglos. En cuanto al Prado también de proponer la vocación y difundir el carisma, pues es una gracia apostólica y misionera que nuestra Iglesia necesita más que nunca, no es simplemente una ayuda espiritual para ser un buen cura. El momento histórico y eclesial que estamos viviendo nos urge a ponernos en camino, a mirar hacia adelante y a renovar nuestro seguimiento radical de Jesucristo a unas edades que ya van siendo un poco avanzadas. Quizás debamos escuchar con asombro y admiración la llamada de aquellos tres que querían seguir a Jesús cuando iba camino de Jerusalén: Mientras iban caminando,

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PRADO GENERAL, Programación 2013-2019, p.27.

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uno le dijo: Te seguiré adondequiera que vayas… (Lc 9,57-62). En esta carrera nuestra edad no nos permite estar en todo con vitalidad y energía. Tal vez nuestro servicio sea ahora más como el de entrenador que el de jugador que está presente en todo el campo, es decir, muy dedicados a la formación y a hacer que otros vayan haciendo, a formar comunidades misioneras. Hemos de cultivar sin duda en el Prado la dimensión apostólica y saber encontrar y transmitir el carácter apostólico de nuestra espiritualidad con la pertenencia a nuestra Iglesia local y a la acción y planificación pastoral que la diócesis establezca. Tal vez una de las cuestiones a reflexionar, profundizar y aclarar entre nosotros sea esta: el carácter apostólico de la vida pradosiana no sólo a nivel personal, sino en la realidad de los prados diocesanos y en comunión con toda la pastoral diocesana. El P. Chevrier es un buen manantial donde los pradosianos podemos reavivar y renovar el ardor misionero, la pasión por conocer y dar a conocer a Jesucristo a los pobres. También nosotros hoy podemos decir: los pobres no están en nuestras Iglesia, hemos de ir a su encuentro (VD 450). El P. Chevrier, como el Papa Francisco hoy, nos invita a salir, a ir al encuentro de la gente, a anunciar a Jesucristo con parrhesía (audacia). Nosotros tenemos la necesidad de anunciar y dar testimonio de lo que hemos visto y oído: "Qué hermoso sería evangelizar todo este pequeño mundo de dentro y de fuera, y extendernos luego por pueblos y aldeas, como nuestro Señor y sus apóstoles, para anunciar la Palabra de Dios a los pequeños y a los pobres" (Carta 113). Esta es la gran pasión misionera que embarga el corazón del apóstol de la Guillotière que busca nuevos espacios y ambientes donde anunciar el Evangelio y hacer la catequesis: "Querría que hicierais el catecismo en la calle, en todos los rincones, en las plazas, por todas partes" (PB 1, p. 166). Tal vez hoy necesitemos volver a la evangelización y a la catequesis itinerante, que no resulta fácil imaginar o establecer en nuestras sociedades tan complejamente estructuradas. Para encarar el futuro y renovar el ardor misionero debemos preguntarnos: ¿No nos hemos acomodado quizá demasiado a nuestras parroquias y comunidades? ¿No giramos demasiado en torno a nosotros mismos? ¿Nos interesan realmente los otros, los que están fuera? La preocupación de la Iglesia no puede limitarse a su propia conservación y al mantenimiento del statu quo. La fe en el anuncio necesita ser revitalizada y actualizada sin cesar, pues la fe crece cuando es transmitida. Sin misión no existe futuro para la Iglesia y para el Prado. Esto es lo que el fundador del Prado comprendió y le impulsó 66


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a poner en marcha algo insólito y novedoso en aquella época, como es una pastoral misionera: "Haremos el catecismo todos los días, iremos a las parroquias a dar la catequesis, en las aldeas, en los pueblos, en los barrios, en las fábricas, para llevar a Dios a esas pobres gentes" (Y. Musset, CDA p. 220). Lo que propone el P. Chevrier no es esperar que la gente venga, sino salir a su encuentro. Este es un gran desafío y tal vez una gran provocación a la manera de realizar la misión hoy que nos descoloca y desconcierta. Se trata de ponerse en marcha, de buscar nuevos caminos, nuevas formas, nuevas presencias: "También será esta mi decisión de ahora en adelante: ir, marchar, catequizar. Que los que quieran, vengan con nosotros y que los demás se queden en el camino si no quieren ir" (Carta181). Ir, marchar, catequizar... Es todo un programa a rehacer y a reinventar hoy. Es un camino que hay que reflexionar, trazar y discernir en grupo, en comunidad, sabiendo que la eficacia no viene únicamente de la organización y de la planificación que son necesarias y que el evangelio no lo van a seguir grandes masas sino aquellas personas y grupos que se dejan conmover por el Espíritu. Este camino de renovación y de búsqueda forma parte de nuestro compromiso pradosiano. La gracia del Prado expresada en las constituciones nos sitúa en el mismo itinerario de A. Chevrier y nos interpela en la fidelidad al compromiso que hemos hecho un día: "El Prado debe reanimar el impulso que movía a Cristo a recorrer todas las ciudades y aldeas, enseñando e sus sinagogas, anunciando el Evangelio del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias" (Cons 17). Y en esta misma línea el Prado ha de buscar y proponer iniciativas misioneras: "El Prado como institución debe buscar y proponer iniciativas misioneras en función de las necesidades de los pobre, con el fin de que el Pueblo de Dios viva más le amor preferencial de Cristo hacia ellos" (Cons 18). Xosé Xulio Rodríguez

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4.- ARTรCULO


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INICIACIÓN AL DESIERTO. ACTUALIDAD Y NECESIDAD DEL SILENCIO Desde hace un par de años ofrezco a creyentes y no creyentes retiros de fin de semana para iniciarse y profundizar en la meditación y el silencio interior. Tras haber explicado las pautas más elementales para el silenciamiento a más de quinientas personas y haberme entrevistado personalmente con casi todas ellas puedo afirmar –creo que con cierto fundamento- que el silencio es hoy nuestra necesidad más primordial. Esto significa que no sabemos escucharnos a nosotros mismos y, en consecuencia, que tampoco sabemos escuchar a los demás, puesto que nadie puede dar lo que no tiene. Todos estamos de acuerdo, al menos en principio y en teoría, que escuchar es algo capital. Sin embargo, nadie nos ha enseñado. Nadie nos ha dicho cómo ejercitarnos en la atención. Todos vivimos encerrados en nuestro pequeño yo, ignorantes de que existe todo un mundo más allá de nuestros pensamientos y sentimientos, de nuestras emociones, necesidades y deseos. Cultivar el silencio es –y por eso he aceptado escribir este artículo- una auténtica revolución. Unas treinta personas acuden cada fin de semana a estas iniciaciones al silencio que he dado en llamar “Amigos del Desierto”. Tras un breve saludo y unas palabras de bienvenida, explico cuáles son las reglas de juego para poder vivir una experiencia fundante y auténtica. Todos los presentes están ilusionados y expectantes. Han acudido por los motivos más variopintos: están en un momento vital de crisis o de cambio; practican yoga o zen, pero echan de menos una mayor profundidad; sienten una cierta insatisfacción en su forma de vivir el cristianismo; padecen situaciones de stress laboral o familiar y han oído que algo así podría venirles bien… Setenta por ciento son mujeres y el otro treinta, varones; casi todos entre los 40 y 60 años; la inmensa mayoría no son católicos practicantes, pero más de la mitad se considera cristiana; 71


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todos sin excepción se definen a sí mismos como buscadores. Nadie que no sea buscador, acude al silencio. El asunto es, obviamente, qué es lo que andamos buscando. Para la sorpresa de los asistentes, enseguida me pongo a cantar. Se trata de una poesía de Luis Rosales que adapta una de Juan de la Cruz que dice así: “De noche, iremos de noche, / que para encontrar la Fuente / sólo la sed nos alumbra.” La actitud del auditorio cambia en el acto por completo: han pasado de escucharme con el ceño fruncido a hacerlo con una suave, o incluso descarada, sonrisa. Es normal: nunca he cantado demasiado bien. Este cambio se debe a que han pasado de una actitud fundamentalmente mental, que es la que se asume cuando se asiste a una conferencia, a un sapiencial. El intelectual es –así es como yo lo veo- quien quiere penetrar en la realidad; el sabio, por contrapartida, aquel que permite que la realidad entre en él y le conmueva. Pues bien, eso mismo es lo que pretendo que se fomente en esos dos días de retiro: la receptividad, la acogida, la actitud discipular. Sin este talante de aprendiz, no existe el camino espiritual. Porque si el gesto es el dominio del cuerpo, y la palabra el de la mente, el silencio es el campo del espíritu. Y ello hasta el punto que puede afirmarse que no hay espiritualidad sin silencio o, más aún, que experimentar el silencio es tanto como entrar en la dimensión espiritual que constituye al ser humano. El silencio es ese espacio/tiempo en que no nos vertemos al exterior, sino en que nos recogemos por dentro, posibilitando la conciencia de eso que llamamos mundo y que entendemos por yo. Tras explicar que cantando cumplimos secretamente nuestra aspiración más profunda, que no es otra que la unidad (lo que se ha posibilitado gracias a una sencilla melodía y a unas pocas palabras), invito al público a que cante conmigo. De este modo, no soy el único que pierde la reputación y es así, en fin, sin reputación o imagen que salvar, como se posibilita el milagro de la comunicación. Claro que decir que nuestro principal anhelo es la unidad es tanto como declarar que nuestro principal problema es la división o la fractura. Y así es: en nuestro interior estamos divididos (queremos una cosa y su contraria); estamos separados y hasta enfrentados con los otros (casi siempre por prejuicios, ideologías o tonterías, pues es infinitamente más importante lo que nos aúna que lo que nos fracciona); y, en fin, divididos de ese misterio de la Vida que los creyentes llamamos Dios. En ese pequeño canto sanjuanista están las tres palabras clave de la experiencia del silencio: la Fuente, la sed y la noche. Porque lo cierto es que todos 72


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buscamos una fuente de sentido y de plenitud, con independencia de cómo la llamemos. Y porque todos nos acercamos o alejamos de esa fuente en la exacta medida de nuestra sed. El camino que va de esa sed hasta esa fuente es nocturno, es decir, comporta dificultades. La mística es el arte de la unidad: pretendemos unirnos a la luz, por supuesto; pero para ello hemos de atravesar algunas sombras. El silenciamiento o recogimiento interior, con independencia de la religión que se profese o sin ninguna religión, es una vía para la unificación. El hombre se realiza cuando es uno sin matar a los muchos que le constituyen, sino dándoles un juego armónico. El hombre, por el contrario, sufre y se pierde cuando vive en la fragmentación. Conviene advertir que el silencio que la meditación propicia no es en el fondo nada; es algo así como un marco en el que cada uno mete lo que es hasta que de pronto ese marco vacío se convierte en un espejo. Pero lo que allí vemos, por desgracia, no nos suele gustar y, por ello, desviamos la mirada y comenzamos a decir que el silencio no es lo nuestro. Si perseveramos, en cambio, si no huimos de lo prosaico que en primera instancia nos ofrece el silenciamiento, tal vez entonces llegue el día en que ese espejo se convierta en una ventana y en el que descubramos, maravillados, que hay todo un paisaje y un horizonte por contemplar. Que somos más de lo que pensábamos. Que la vida no es sólo sota, caballo y rey, sino toda una baraja. Que detrás del recibidor, por dar otra metáfora, había todo un castillo por explorar. Las reglas del juego de nuestras iniciaciones al desierto son cuatro. Primera: no hablar. Resulta obvio que todo silencio suponga abstenerse del lenguaje oral, pero mi experiencia en la animación de estos retiros me confirma en que es preciso explicitarlo, pues esta primera consigna es de hecho la primera que se suele olvidar. Buena parte de los asistentes, además, no han hecho nunca la experiencia de estar 48 horas sin pronunciar palabra, y esto constituye casi siempre y para la mayoría una grata novedad. La segunda regla es no gesticular. Aunque parezca increíble, son muchos los que creen cumplir con el silencio si no profieren palabra, comunicándose con los demás mediante muecas o gestos. Resulta una advertencia casi infantil, pero la experiencia me dicta una vez más la conveniencia de explicitarla. Tercera regla: no leer. Los occidentales hemos identificado la lectura con la vida interior, ese ha sido nuestro error. Ocupando buena parte de la misma, los libros no agotan la interioridad. La lectura, además, supone un enriquecimiento para la mente, pues por su medio nos abastecemos de imágenes e 73


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ideas. Pero el silencio no busca la riqueza interior, sino precisamente la pobreza, lo que en el budismo se llama vaciamiento y en el cristianismo olvido de sí. Los meditadores no nos ejercitamos en el silencio para llenarnos, sino justamente para vaciarnos y así, vacíos, experimentar esa sed primordial que nos acerca a la Fuente. Nos vaciamos porque vacío y plenitud se dan la mano, porque nada y todo son, como testifican todos los místicos, una única cosa. La última regla de juego es, desde luego, la más difícil, y suelo decirla a sabiendas de que serán pocos las que la seguirán: desconectar los teléfonos móviles. Pasar dos días sin comunicación con el exterior es algo, por lo general, superior a nuestras fuerzas. Casi nadie sabe estar hoy un rato sin conexión a internet; eso es un hecho indiscutible, como demuestra la inmediatez con que encendemos nuestros teléfonos móviles en cuanto aterrizamos y nos bajamos de un avión. Y sin embargo, a mayor conexión con el exterior, menor con el interior. No es posible estar fuera y dentro de una casa al mismo tiempo. Sin desengancharnos de la red, nuestro retiro del mundo es sólo una ilusión. Doy fe de que la práctica totalidad de cuantos se inician a la experiencia del silencio en los Amigos del desierto, como probablemente de quienes lo hacen por otros métodos con el aval de cierta tradición, quedan no sólo sorprendidos de su capacidad de resistencia -así la llaman-, sino de los efectos que produce en el alma humana, que inesperadamente se esponja y alegra, y ello hasta el punto de propiciar una cierta relajación de las facciones. El silencio hace milagros, aunque no naturalmente en dos días y para siempre. El silencio nos reconcilia con lo que somos y nos hace mejores. Gracias al silencio comenzamos a parecernos a quienes realmente somos, y esa es, ciertamente, la mejor de las noticias. Pablo d´Ors www.amigosdeldesierto.org ABC Cultural, 17-10-2015

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5.- TALLERES


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5.1. TALLER Nº 1

LA PARROQUIA, CASA DE ORACIÓN

Oración inicial Un Pueblo de Dios en marcha Cuando hoy, en este mundo, huele tanto a ignorancia, cuando falta la intención de ser uno en la Palabra, cuando se canta a la vida y tanto huele a mortaja, cuando construir lo nuevo, cuando abandonar lo viejo está falto de constancia... Ha de ser nuestra parroquia un Pueblo de Dios en marcha, donde todo lo que ocurra sea de Dios, y a Dios aclama. Siendo una sola familia que viva de la Palabra, dando la vida por todos, siendo Palabra con todos, y todos juntos la cantan. 77


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Cuando ante tanto dolor faltan o sobran palabras, cuando reina la injusticia y no sabemos frenarla, cuando todo son tragedias y vivimos tan en calma, cuando somos indolentes, no existe dolor alguno ante pueblos que se matan. Ha de ser nuestra parroquia un Pueblo de Dios en marcha, donde todo lo que ocurra sea de Dios, y a Dios aclama. Siendo una sola familia que viva de la Palabra, dando la vida por todos, siendo Palabra con todos, y todos juntos la cantan. ¡Mándanos! Padre, tu espíritu, que nos conmueva las almas, transforma nuestras conciencias ¡que te busquen desde el alba! Y veamos cada noche que nuestra parroquia es santa porque Dios fue quien reinó, porque Dios fue único rey en todas ¡todas las casas! Ha de ser nuestra parroquia un Pueblo de Dios en marcha, donde todo lo que ocurra sea de Dios, y a Dios aclama. Siendo una sola familia que viva de la Palabra, dando la vida por todos, siendo Palabra con todos, y todos juntos la cantan. Brotes de olivo

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ESQUEMA 1. La oración comunitaria de las primeras comunidades cristianas i. La oración es una de las acciones habituales y esenciales de la comunidad Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones (Hch 2, 42). ii. La oración de la comunidad está impregnada de espíritu misionero. . Todo el proceso misionero está acompañado por la oración: Cf Hch 13, 2 . Oran en la elección de los misioneros: Cf Hch 1, 24; 13, 2; 14, 23… . El objeto de la oración es la misión y los misioneros: Sed perseverantes en la oración, velando en ella con acción de gracias; orad, al mismo tiempo, también por nosotros para que Dios nos abra una puerta a la Palabra, y podamos anunciar el misterio de Cristo (Col 4, 2-3). iii. La oración de la comunidad sostiene al apóstol cuando padece la Cruz de la misión: Cf Hch 12, 5; 2Tes 3, 2. 2. Antonio Chevrier y la oración comunitaria El Padre Chevrier no quiso que el Prado fuese una comunidad monástica, sino apostólica pero amaba y recomendaba la oración comunitaria. “A veces recitaba el breviario en común con algunos sacerdotes de la casa, sobre todo con el Padre Jaricot, por la tarde, después de cerrar la capilla, cuando les resultaba fácil y tenían posibilidad de hacerlo. Hubiera deseado recitarlo así con regularidad, porque le gustaba orar en común. Aparte de las gracias prometidas a la oración en común, encontraba en ella un atractivo particular. También, siendo ya diáconos o jóvenes sacerdotes, él nos recomendaba que rezáramos nuestro breviario todos juntos, y deseaba que se pudiera establecer esta práctica como ejercicio comunitario entre los sacerdotes del Prado, si no para el Oficio todo completo, al menos para una parte designada, por ejemplo Maitines o Laudes16”.

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CLAUDE CHAMBOST, L’esprit et les vertus du Père Chevrier (Vitte, Lyon 1926) 84-85.

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3. La parroquia como comunidad orante “La evangelización es la comunicación de la experiencia de la salvación que vive un creyente, o mejor, una comunidad de creyentes17”. i. Una mirada a la realidad: ¿Son nuestras parroquias casas de oración? “Falta por descubrir una verdadera espiritualidad parroquial que cuide debidamente de la oración personal y comunitaria de los fieles18”. ¿Qué signos detectamos de renovación en la experiencia de oración en nuestras parroquias y cuáles de falta de una “verdadera espiritualidad parroquial”? ii. Intuir la dirección: Una oración que impregna la vida de la parroquia a. Iniciar y acompañar a cada cristiano en su camino de oración . Talleres . Cuidado de los lugares y del ambiente . El acompañamiento personal . Iniciación de los niños y de los jóvenes . Acompañar a los más débiles de la comunidad b. Cuidar los equipos de oración y la oración en todos los equipos c. Convocar a la oración a toda la comunidad . Oración en momentos importantes del curso . La Liturgia de las Horas . La oración de la religiosidad popular . La adoración eucarística ¿Cómo cuidamos en nuestras comunidades esta triple dimensión de la oración, la personal, la grupal y la del conjunto de la parroquia? ¿Qué experiencias nuevas o tradicionales estamos promoviendo? ¿Cómo ayudamos a la gente sencilla a pasar de una oración piadosa y devocional a una oración evangélica que transforma la vida? 17

CONGRESO PARROQUIA EVANGELIZADORA, (Madrid, 1988) 142.

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CONGRESO…, 83-84.

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4. Condiciones para una pedagogía de la oración i. Para orar es imprescindible un maestro ii. La oración presupone una relación de amor iii. En la oración la iniciativa es de Dios iv. Orar es, ante todo, escuchar v. En la oración no sólo interviene el oído, sino también el ojo, es contemplativa 5. La pedagogía de la oración en la espiritualidad de Antonio Chevrier .“En la oración de cada día hay que hacer este estudio y hacer que Jesucristo pase a la propia vida19”. . “Petit traité de l’oraison” i. Sencillez, concreción y sentido práctico ii. El objetivo de la oración es el encuentro con Jesucristo con un fin eminentemente apostólico: seguirle e imitar sus virtudes iii. Carácter cristocéntrico iv. En la oración se ve implicada toda la persona v. Gradualidad y progresión en el camino de la oración . Principiantes . Avanzados . Sabios vi. La oración es un verdadero trabajo: hace falta orden y reglamento vii. La oración es un medio para vivir la caridad. Del planteamiento expuesto y de lo dialogado entre todos, hacemos una síntesis de lo que nos parece esencial para que una parroquia sea casa de oración.

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VD, 227.

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LA PARROQUIA, CASA DE ORACIÓN Para que una comunidad parroquial sea significativa, cuente con todos los elementos que la ayuden a ser luz en medio del barrio o del pueblo donde está enclavada, ha de ser una comunidad orante. Con el fin de ir descubriendo lo que esto significa hoy en nuestras parroquias vamos a partir de algunas indicaciones que nos ofrece la Palabra de Dios acerca de la oración comunitaria, continuaremos con las luces que la espiritualidad del Prado nos ofrece sobre este asunto e intentaremos, de una manera más amplia y desde la realidad concreta de la parroquia de San Pedro de Ávila, ahondar en las claves que nos llevarían a concretar esta nota del ser de la comunidad.

1. La oración comunitaria de las primeras comunidades cristianas En el libro de los Hechos de los Apóstoles y en las cartas paulinas la oración se presenta como una de las acciones habituales y esenciales de la comunidad. La comunidad aparece orando de manera permanente. Y la oración comunitaria figura en los sumarios de la vida de la comunidad como una de las actividades que de modo ordinario llevaban a cabo los primeros creyentes: Todos ellos perseveraban en la oración con un mismo espíritu en compañía de algunas mujeres, de María la madre de Jesús y de sus hermanos (Hch 1, 14). Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones (Hch 2, 42). La oración de la comunidad está impregnada de espíritu misionero. No se trata de la oración que buscaban los primeros eremitas y monjes o los grandes santos del siglo XVI donde lo fundamental es el descubrimiento de Dios y la comunión con Él. La oración en la primera comunidad está en función de la 82


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misión que tiene que llevar a cabo de expansión de la Buena Nueva. Por eso, la comunidad ora al inicio de la misión, como cuando Pablo y Bernabé van a ser enviados desde Antioquía (Cf Hch 13, 2). Pero también la comunidad se reúne para orar cuando la misión concluye (Cf Hch 14, 23). Y todo el proceso misionero está jalonado por múltiples momentos de plegaria, tanto de los apóstoles como de la comunidad entera. Momento crucial para la tarea de las primeras comunidades era la elección de los misioneros que, naturalmente siempre estaba acompañada por un momento de oración. Antes de la elección de Matías, la comunidad ora (Cf Hch 1, 24). También lo hace la comunidad de Antioquía antes de enviar a Pablo y Bernabé (Cf Hch 13, 2). Oran también para encomendar a Dios a los presbíteros (Cf Hch 14, 23). Y lo mismo acontece en la elección de Silas como compañero de Pablo. Silas fue encomendado por los hermanos a la gracia de Dios (Hch 15, 40). Además, el contenido más frecuente de la oración de la comunidad es la propia misión y por los misioneros. Piden a Dios valentía para el anuncio después de salir de la cárcel: Y ahora Señor, ten en cuenta sus amenazas y concede a tus siervos que puedan predicar la Palabra con toda valentía (Hch 4, 29). Pablo pedirá oraciones a los cristianos de Colosas para que Dios “abra puertas” a la difusión de la Palabra: Sed perseverantes en la oración, velando en ella con acción de gracias; orad, al mismo tiempo, también por nosotros para que Dios nos abra una puerta a la Palabra, y podamos anunciar el misterio de Cristo (Col 4, 2-3). Con el mismo fin pide oraciones a los creyentes de Tesalónica: Finalmente, hermanos, orad por nosotros, para que la Palabra del Señor siga propagándose y adquiriendo gloria, como entre vosotros (2Tes 3, 1-2. Cfr. 1Tes 5, 26). La oración de la comunidad sostiene al apóstol cuando padece la Cruz de la misión. Así vemos cómo la oración de la Iglesia acompaña a Pedro cuando se halla encarcelado (Cf Hch 12, 5). Y Pablo pedirá oraciones para que pueda verse libre de las personas que obstaculizan su ministerio (Cf 2Tes 3, 2). Así pues, vemos cómo a través de la oración la comunidad participa de la solicitud de Dios por sus hijos. La misión es cosa de Dios, los apóstoles y la comunidad son sus colaboradores y, la oración, es el lugar donde Dios asocia a los cristianos a su plan de extensión de su Palabra.

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2. Antonio Chevrier y la oración comunitaria La intuición del Padre Chevrier sobre la oración se sitúa en la línea del libro de los Hechos de los Apóstoles. Él no quiso que el Prado fuese una comunidad monástica, sino apostólica, pero deseaba también que se hiciese oración comunitaria que llenase de sentido la misión de evangelización entre los “pobres, pecadores e ignorantes” a la que se sentía llamado. Así expresa él el espíritu apostólico de la oración: “Necesitamos espíritu de oración. Tener espíritu de oración quiere decir tender a la oración espontáneamente y comprender la necesidad que tenemos de la gracia de Dios para cumplir nuestros deberes tan elevados y tan grandes, y al mismo tiempo tan difíciles a la pobre naturaleza20” (VD 365). El canónigo Chambost nos relata así el deseo y la práctica de la oración comunitaria del Padre Chevrier: “A veces recitaba el breviario en común con algunos sacerdotes de la casa, sobre todo con el Padre Jaricot, por la tarde, después de cerrar la capilla, cuando les resultaba fácil y tenían posibilidad de hacerlo. Hubiera deseado recitarlo así con regularidad, porque le gustaba orar en común. Aparte de las gracias prometidas a la oración en común, encontraba en ella un atractivo particular. También, siendo ya diáconos o jóvenes sacerdotes, él nos recomendaba que rezáramos nuestro breviario todos juntos, y deseaba que se pudiera establecer esta práctica como ejercicio comunitario entre los sacerdotes del Prado, si no para el Oficio todo completo, al menos para una parte designada, por ejemplo Maitines o Laudes21”. En el Reglamento para las parroquias el Padre Chevrier ofrece una orientación para el día del sacerdote en el que va incluida la oración comunitaria: “Después de levantarse, la oración y la Santa Misa a la hora que convenga a los parroquianos. Desde las nueve hasta el mediodía, tiempo de estudio. La tarde será consagrada ordinariamente a la visita de los enfermos, los pobres y los pecadores. Después de cenar, oración en común, lectura espiritual y preparación de la oración del día siguiente22”. En el Verdadero Discípulo se ofrece la posibilidad de rezar el Oficio comunitariamente si es posible: “Recitaremos juntos o por separado, según sea posible, el Oficio Divino con dignidad, devoción y atención”. Así pues, oración ANTONIO CHEVRIER, El verdadero discípulo de Jesucristo (Monte Carmelo, Burgos, 2006) 365. En adelante VD. 21 CLAUDE CHAMBOST, L’esprit et les vertus du Père Chevrier (Vitte, Lyon 1926) 84-85. 22 Id , 312. 20

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comunitaria sí, pero no se supeditará a la realización de la misión de cada uno de los sacerdotes.

3. La parroquia como comunidad orante La acción evangelizadora nace siempre de la experiencia personal de Jesús que se vive en la comunidad de los creyentes. Sólo evangeliza aquella persona y aquella comunidad que han hecho experiencia propia de Jesucristo, el Viviente, caminando a su lado. “La evangelización es la comunicación de la experiencia de la salvación que vive un creyente, o mejor, una comunidad de creyentes23”. Los caminos para llegar a la experiencia de la fe en el Resucitado, son variados. Unos han llegado por el testimonio de otros cristianos, otros por el contacto con la liturgia, otros quizá por vivir caritativamente… Pero hay uno que es la puerta para el encuentro con Jesús, y es el de la oración. La puerta para entrar en el castillo, dirá Santa Teresa, es la oración. Por eso nuestras parroquias han de ser comunidades que oren para hacer la experiencia de la fe y poder evangelizar. En la oración en la parroquia, personal y comunitaria, no nos jugamos sólo un aspecto tangencial de lo que estamos llamados a ser, sino un aspecto esencial que da inicio, vigor y sentido al resto de las acciones evangelizadoras. Pero, ¿tenemos esto claro en la práctica? Juan Martín Velasco proponía el V Centenario del nacimiento de Santa Teresa como una oportunidad para recuperar la vida mística en las comunidades cristianas: “Vivimos una profunda crisis religiosa que en los últimos años se ha convertido en crisis de Dios, que afecta a las mismas comunidades cristianas, cuya fe vemos languidecer sin que encontremos una respuesta pastoral a ella. Todos percibimos que esa respuesta requiere de los cristianos el desarrollo de la dimensión mística (…) La vida y la obra de Santa Teresa pueden aportar a las comunidades cristianas no pocos recursos y estímulos para el redescubrimiento de esta dimensión mística que tanto echamos de menos y tanto necesitamos24”. 23

CONGRESO PARROQUIA EVANGELIZADORA, (Madrid, 1988) 142.

JUAN de DIOS MARTÍN VELASCO, Teresa de Jesús. Testigo y maestra de vida cristiana: Misión Joven 461 (CCS, Madrid, junio 2015)5. 24

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a. Una mirada a la realidad: ¿Son nuestras parroquias casas de oración? Naturalmente no se puede sin más negar la mayor. Es verdad que en muchos lugares se han buscado formas oracionales nuevas o se han renovado las tradicionales, pero es algo excepcional. Después de tres décadas de su celebración, podemos compartir de la conclusión del Congreso Parroquia Evangelizadora: “Falta por descubrir una verdadera espiritualidad parroquial que cuide debidamente de la oración personal y comunitaria de los fieles25”. Son muchos los síntomas que avalan esta afirmación. Al revisar los planes pastorales de tres diócesis de Castilla y León, descubro que no hay una sola mención a la oración comunitaria o personal en la parroquia. En algunos libros recientes sobre la identidad y tarea de la parroquia26, apenas hay alguna referencia a esta cuestión. A lo sumo mencionan alguna de las tesis del Congreso de 1988. Cuando se habla de la experiencia de la fe, estos autores ponen el acento en la liturgia sacramental y en la catequesis. Son muchos los cristianos que conciben la parroquia como el lugar de la vida sacramental, de la catequesis y de los voluntariados de acción social, situando la oración en otros lugares. Acuden con frecuencia a casas de religiosos o monasterios para cultivar su inquietud por la oración que, desgraciadamente, no es muy frecuente en el Pueblo de Dios. En Ávila, la mayoría de los grupos de oración están desligados de la vida parroquial y viven acogidos a la espiritualidad de alguna orden o congregación religiosa. Existe también, en cuanto a la oración, una cierta esclerosis. El envejecimiento de nuestras parroquias tampoco ayuda a la búsqueda de caminos oracionales actualizados. Los mayores están acostumbrados a la oración vocal y es difícil que acepten y aprendan otras propuestas27. Lo mismo ocurre con algunas prácticas y lenguajes de la religiosidad popular. El paso del tiempo, una teología desfasada y una sensibilidad espiritual de otra época las ha hecho ininteligibles, pero la cofradía o el patronato las sienten como parte de su patrimonio y no admiten cambios que las actualicen. CONGRESO…, 83-84. Cfr. BALDOMERO RODRÍGUEZ CARRASCO, La comunidad parroquial (PPC, Madrid, 2014); ALPHONSE BORRÁS-GILLES ROUTHIER, La nueva parroquia (Sal Terrae, Santander 2009); MIGUEL PAYÁ, La parroquia, comunidad evangelizadora (PPC, Madrid, 1995); JOAN BESTARD, Corresponsabilidad y participación en la parroquia (PPC, Madrid, 1995). 27 En los retiros que realizamos en la parroquia de San Pedro, proponemos siempre algún texto de la Palabra de Dios con una guía para meditar en el silencio y poder luego compartir. Son muchos los mayores que en el momento de silencio rezan el rosario o alguna otra plegaria vocal. 25

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En los encuentros de pastoral, en el mejor de los casos, la oración se reduce a un momento de plegaria vocal. Recibí no hace mucho tiempo una invitación a participar en la elaboración de un proyecto para la pastoral de la diócesis. El orden del día de manera meticulosa desgranaba los distintos momentos de la reunión y el tiempo que íbamos a dedicar a cada uno. Comenzaba diciendo: “Oración, un minuto”. En nuestras parroquias predomina el activismo sobre los momentos contemplativos, no hay más que ver las programaciones que nos damos año tras año. En la revisión del curso pasado del arciprestazgo todos quedamos sorprendidos de la cantidad de encuentros y actividades promovidas en nuestras parroquias con motivo de la misión diocesana que estamos llevando a cabo. Y una de las mujeres que se encontraban allí echó de menos momentos para poner la misión en las manos de Dios. En general, damos poca importancia a la contemplación en la parroquia. Seguimos pensando que nuestras comunidades han de ser activas, transformadoras, sin darnos cuenta de que sin oración no transformaremos la sociedad según el evangelio. Estamos llamados a buscar un equilibrio entre acción y contemplación, entre oración y compromiso, sabiendo que estas dos dimensiones de la vida cristiana han de ir unidas porque ambas se reclaman mutuamente de cara a la misión evangelizadora. Sin momentos de contemplación el trabajo pastoral se resentirá, porque carecerá del sentido que ilumina siempre la oración. El Congreso Parroquia Evangelizadora hablaba del descuido de la vida espiritual en el que muchas veces tenemos a los agentes de pastoral. Hoy seguimos adoleciendo de esta atención a los laicos que trabajan en los distintos sectores de la pastoral. Tuvimos este curso un encuentro de voluntarios de distintas asociaciones de Iglesia que trabajan con los pobres. La conferencia fue estupenda, el momento festivo muy gozoso y participativo, pero a la oración programada apenas acudieron voluntarios. En la revisión una de las voluntarias que acudió nos dio la clave para entender las ausencias: de modo habitual ellos no hacían oración con el consiliario. La oración en la vida parroquial se centra en la liturgia y no se suelen proponer en las parroquias otros momentos de oración comunitaria no litúrgica. Para todo proponemos la Eucaristía. La oración, como me dijo un sacerdote mayor, es cosa personal. Hay que pedirle a la gente que rece, pero lo comunitario es la liturgia. En muchas parroquias se han quitado las prácticas devo87


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cionales heredadas y no se han repuesto por otras. La excusa es que pertenecían a un momento de cristiandad. Además la parroquia no es una escuela de oración. Los catequistas suelen enseñar a los niños las oraciones vocales, pero no enseñan a orar. No hay acompañantes iniciados que orienten a las personas que en la comunidad tengan esta sensibilidad… b. Intuir la dirección: Una oración que impregna la vida entera de la parroquia Es cierto que la parroquia no es un monasterio donde la principal tarea, a la que dedicar preferentemente el tiempo sea la oración. La vida parroquial es compleja, en ella se da la liturgia, la catequesis, la misión, la oración… Pero esta última va a tener una importancia singular porque va a posibilitar que las otras tareas de la parroquia se puedan realizar con hondura y sentido evangélicos. Por eso la oración no puede consistir en momentos aislados, aunque sean muchos, de encuentro con Jesús, sino que ha de ser una actitud constante perteneciente a nuestra identidad personal y comunitaria. Así la oración se concibe como una línea transversal que ha de impregnar la vida toda de la parroquia. De ahí que sea importante planificarla, lo mismo que hacemos con otras acciones pastorales, para que no caiga en el olvido que provoca el activismo al que nos conducen las que consideramos urgencias pastorales. i. Iniciar y acompañar a cada cristiano en su camino de oración La iniciación en la oración se puede hacer de diversos modos, pero una experiencia que a nosotros nos ha ayudado mucho es la de realizar a principio de curso un taller. En esos talleres se va desde lo teórico, -qué es la oración cristiana, a quién oramos,…-, hasta los detalles más prácticos, -el lugar, el tiempo, las dificultades…-. En ellos se ofrece una verdadera pedagogía para saber permanecer en el silencio y la atención orantes y diversos modos de realizar la plegaria, -con la Palabra, con un hecho de vida, con un canto, con un icono… Para empezar hay que cuidar el lugar y el ambiente. Aunque no es lo esencial, el lugar ayuda mucho para la oración. Hay que contar con un oratorio, la misma capilla del Santísimo, sin distracciones visuales ni auditivas, con cierta 88


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comodidad y amplitud. El ambiente tiene que llamar al silencio y al recogimiento. A veces una música muy suave puede ayudar a este fin. En el mismo oratorio puede haber un mueble con algunos auxilios para la oración personal. Alguna hoja con las claves metodológicas para orar, algunos guiones con textos de la Palabra y una pistas para poder introducirse en ellos, algunos libros, la liturgia de las Horas… Y lo más importante: un orante aventajado o el mismo párroco, si lo fuere, que se preste durante algún tiempo cada día a estar allí para atender las demandas de quienes se inician. Hay que tener en cuenta que las personas que oran han de disponer de acompañamiento personal. Santa Teresa afirmaba que tres son las cosas que necesita el orante cuando Dios le hace una merced. Primero hay que experimentarla, vivirla, gozarla; luego saber de qué gracia se trata y, finalmente, saber decirla. En este camino tiene una importancia singular el orante aventajado, el maestro, que ayuda a poner objetividad y palabra a la experiencia vivida. La misma Teresa buscó siempre acompañantes de espíritu que la ayudaran a discernir las gracias recibidas y a avanzar en la senda de la oración. Conviene pensar en quiénes pueden hacer esta tarea en la comunidad y, dependiendo de la demanda, organizar el acompañamiento espiritual de cada creyente. Y estemos tranquilos, cuando se introduce esta sensibilidad siempre hay personas que responden a esta propuesta. Cuestión fundamental es despertar en los niños y jóvenes el gusto por el silencio, la interioridad y la oración. En nuestra parroquia todas las sesiones de catequesis comienzan con una oración en la capilla, lo mismo que todos los encuentros de los jóvenes. Pero además tenemos con ellos otros encuentros a lo largo del curso. Una vez al mes con los niños y padres de primera comunión proponemos la adoración del Santísimo y, con el grupo de jóvenes, tenemos la vigilia de Pentecostés, y encuentros de oración en los momentos fuertes. Suelen ser momentos muy medidos, donde predomina la Palabra y el silencio. El catequista es quien guía los momentos de silencio. No podemos olvidar en el acompañamiento de la oración a los más débiles de la comunidad, a los ancianos y a los enfermos. Desde el equipo de Pastoral de la Salud se les hace partícipes de la vida comunitaria y se les proporcionan ayudas para la oración: a principios de curso se les regala el libro del evangelio de cada día, se les lleva la hoja parroquial, se comenta con ellos la Palabra… Y siempre, son las personas del equipo las que terminan siendo beneficiadas. Una vez más experimentamos cómo los pobres nos evangelizan. 89


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ii. Cuidar los equipos de oración y la oración en todos los equipos Es una gracia para la parroquia contar con equipos que se dediquen de manera prioritaria o exclusiva a la oración. Darán a la comunidad una impronta contemplativa, una hondura evangélica y, lo que es más importante, serán fuente permanente del Espíritu de Dios que el Padre da a los que se lo piden para todos los miembros de la parroquia. Desde este punto de vista se puede proponer una escuela de Estudio de Evangelio. Para nuestra parroquia es éste un instrumento de formación, de conocimiento de Jesucristo, pero, precisamente por eso, es también un ámbito de oración, de encuentro con el Señor, de cultivo de la dimensión mística de nuestra fe. El Estudio de Evangelio se hace en espíritu de oración y supone un encuentro real con Jesucristo en su Palabra que transforma la vida de las personas, las abre a la vida comunitaria y las devuelve a la vida social con el compromiso de servir a los más pobres. En nuestra parroquia son los miembros de los equipos de Cáritas y de Pastoral de la Salud quienes participan con mayor asiduidad en esta escuela. Contamos en San Pedro con dos grupos que enriquecen espiritualmente nuestra comunidad: Apostolado de la Oración y la Adoración Nocturna. Son dos movimientos con larga trayectoria en la vida de la Iglesia, que han hecho un esfuerzo por renovar la espiritualidad de reparación con la que nacieron. La han reformulado insistiendo en que la reparación que necesita Jesús hay que hacérsela hoy en los pobres. A Jesús le duelen los sufrimientos de los pobres y atendiéndolos a ellos reparamos el dolor de Jesús. Todos tenemos conciencia de lo fructífero que puede llegar a ser un encuentro de equipo cuando comenzamos orando y la oración no es un pequeño trámite para salir del paso. La conciencia de la presencia del Señor nos ayuda a repensar lo que decimos para que sea realmente constructivo, a escuchar a los demás acogiendo y guardando lo que dicen, a mirar la realidad con fe y esperanza, y a encontrar los caminos de la pastoral que nos vaya sugiriendo el Espíritu. Por eso todos los encuentros de los equipos de la parroquia han de ser orantes. Hay que dedicar un tiempo amplio a la oración y ésta ha de estar bien preparada y adecuada a las personas que en ella participan. En un encuentro de hora y media es preciso dedicar, al menos, un tercio a la oración. Siempre lo hacemos con la Palabra desde una orientación formativa que nos damos al inicio del curso pastoral. Por ejemplo, en Pastoral de la Salud hemos contem90


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plado el modo en el que Jesús se acerca a los enfermos; en el equipo de Cáritas hemos visto el lugar de los pobres en la misión de Jesús; en la escuela de Catequistas las actitudes del misionero siguiendo a San Pablo… iii. Convocar a la oración a toda la comunidad La comunidad parroquial ora en cada uno de los cristianos y en cada uno de los grupos, movimientos y comunidades que la componen, pero es necesario que en diversos momentos sean convocados todos sus miembros para orar unidos. . Oración en momentos importantes del curso El inicio del curso es un momento propicio para la oración de todos. Durante un sábado o un domingo del mes de septiembre se reúne toda la Asamblea parroquial para planificar el curso. Una semana antes comenzamos con una experiencia de oración similar a la de los ejercicios espirituales en la vida cotidiana. Todas las tardes nos reunimos para tener una meditación con algunas pistas para orar durante el día siguiente. El sábado nos reunimos para compartir la experiencia de la semana. Después de la oración vendrá la programación del curso, para que toda ella esté informada por las inspiraciones del Espíritu y no sólo por nuestros deseos. En los momentos fuertes tenemos también una tarde de retiro para toda la comunidad. El esquema es sencillo: apunte meditativo de la Palabra, silencio para la oración personal y oración comunitaria en la que compartimos las luces recibidas. También se convoca a la comunidad para orar en alguna circunstancia concreta y especial: el inicio de la misión, en torno al Corpus para orar por los pobres,… . La Liturgia de las Horas Reservada en otros tiempos a monjes y clérigos, la Liturgia de las Horas va siendo, aunque en una medida escasa aún, patrimonio también del laicado. Es la oración comunitaria por excelencia y, por eso, es muy aconsejable su implantación en la vida parroquial. La Liturgia de las Horas bien preparada, con la explicación de los salmos y de la Palabra, es un buen alimento de la fe que puede ayudar a centrar la vida espiritual de personas que a veces viven perdidas en devociones, más o menos acertadas, de la religiosidad popular. 91


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En San Pedro celebramos la Liturgia de las Horas en Adviento y en Cuaresma. Todas las mañanas las Comunidades Neocatecumenales preparan los Laudes para toda la parroquia. Por las tardes celebramos la Eucaristía parroquial con las Vísperas. La Liturgia de las Horas es una buena escuela de oración, donde la recitación de los salmos nos va ayudando a adquirir las actitudes del orante: alabanza, acción de gracias, humildad… y nos ayuda a descubrir el silencio que favorece la meditación y la asimilación de la Palabra orada. . La oración de la religiosidad popular Durante mucho tiempo se han tenido en poca consideración las manifestaciones orantes emanadas de la religiosidad popular. Se ha considerado como oración “de segunda” y, en muchos casos, se ha prescindido de ella, dejando a mucha gente sin el único alimento de su experiencia de fe. El Papa Francisco nos ha invitado a cambiar la mirada y a considerar las expresiones de la religiosidad popular como una inspiración del Espíritu que alimenta el apostolado de la gente sencilla: “En la piedad popular puede percibirse el modo en el que la fe recibida se encarnó en una cultura y se sigue transmitiendo (…) La piedad popular refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer (…) Se trata de una verdadera espiritualidad encarnada en la cultura de los sencillos (…) Para entender esta realidad hace falta acercarse a ella con la mirada del Buen Pastor, que no busca juzgar, sino amar28”. Se trata, por lo tanto, de acoger con respeto las expresiones oracionales de la religiosidad popular para, en muchos casos, evangelizarlas o actualizarlas. El Padre Chevrier propone no rezar por rezar las oraciones populares. Pide fijarse en los misterios de la vida de Cristo en el Rosario o en el Via Crucis y el rezo de las Horas hacerlo con alguna intención particular. Cuando se actualiza y evangeliza la oración de la piedad popular la gente suele quedar satisfecha. Un ejemplo es la procesión de la Virgen de los Dolores que venimos realizando cada 15 de septiembre. En ella hacemos siete paradas para contemplar el texto evangélico referido a cada uno de los dolores de María y orar por las personas de nuestra sociedad que pasan por sufrimientos similares. El Rosario en los meses de mayo y octubre y el Via Crucis en Cua28

PAPA FRANCISCO, Evangelii Gaudium, 122-125.

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resma, son preparados semanalmente por los grupos, movimientos, comunidades y cofradías de la parroquia, dándoles el tono de la espiritualidad de cada uno y, así, enriqueciendo a todos… . La adoración eucarística La reserva eucarística que conservamos en la capilla del Santísimo nos remite, sin duda a la Eucaristía celebrada, pero de algún modo también nos habla de la presencia de Dios a nuestro lado. Por eso la adoración eucarística es una forma de oración recomendada por la Iglesia, de forma especial en el momento presente. La adoración eucarística es un lugar de aprendizaje para la oración contemplativa como ningún otro. En ella se practica el silencio, la conciencia de la mirada de Jesús sobre nuestra vida, la escucha de la Palabra, todo ello en un ejercicio de amor por Jesús presente en el pan de la reserva. En la parroquia tenemos Adoración Nocturna dos veces al mes y, en ocasiones puntuales, exponemos el Santísimo para su adoración. La experiencia de la gente que acude es muy gratificante y transformadora de su vida. Las personas que se quieren iniciar en este estilo de oración hacen un cursillo previo para entender su sentido y la forma de llevarlo a cabo.

4. Condiciones para una pedagogía de la oración De manera sintética presentamos ahora algunos rasgos esenciales a tener en cuenta a la hora de iniciar y ayudar a crecer en la oración. Son aspectos fundamentales que han de tener presentes todos los métodos que se propongan enseñar a orar en sentido cristiano. i. Para orar es imprescindible un maestro. Cierto es que el protagonista de la oración es el Espíritu Santo, pero necesita de una mediación concretada en una persona que conduzca por sus caminos a los que se inician. La figura del maestro, del guía, está atestiguada en la vida de la Iglesia desde muy antiguo. Jesús enseñó a orar a sus discípulos, Juan lo hizo con los suyos, los padres del desierto eran requeridos como maestros del espíritu, Teresa de Jesús buscaba quien la ayudara en su vida espiritual y de oración… La oración es experiencia y sólo puede introducir en ella quien ha hecho, al menos, un tramo de ella. 93


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ii. La oración presupone una relación de amor. Es ya clásica la definición teresiana de oración: “Tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama29”. Buscamos a Dios, en expresión de Pascal, porque Él nos encontró primero, porque nos amó primero. Esta es la experiencia de Jesús y la de los grandes orantes de todos los tiempos. Haber barruntado siquiera el amor que Dios nos tiene, desencadena en nosotros el deseo de búsqueda, el hambre y la sed de Dios, que se concretan en la oración. En la oración experimentamos el amor de Dios y le mostramos nuestro amor. iii. En la oración la iniciativa es de Dios. Es la misma dinámica que se dio en la revelación. Es Dios el que ha querido mostrarse, el que decide encontrarse con el hombre. No podemos nosotros por nuestras propias fuerzas ni por nuestros méritos provocar el diálogo con Dios. Por eso la oración es un don en el que se entra y no sólo ni primeramente tarea o compromiso. Quien considera la oración como una tarea a realizar o un compromiso adquirido, pondrá esfuerzo en realizar unos ejercicios más o menos espirituales que parten de uno mismo y en él terminan, pero no entrará en el gracioso diálogo que es la oración30. iv. Orar es, ante todo, escuchar. Dios es el que habla y el que nos abre el oído del corazón para que sepamos escuchar su voz: Cada mañana me espabila el oído para que escuche como los discípulos (Is 50, 4). A Dios le podemos escuchar en el silencio y, sobre todo, en su Palabra. El silencio no es sólo un instrumento que nos ayuda a vivir la paz y el sosiego que nos arrebata el maremagnun de cosas en las que nos hallamos inmersos, sino que es lugar de encuentro con Dios. En el silencio Dios nos habla. Elías acudió al monte Horeb perseguido y amenazado de muerte por la malvada reina pagana Jezabel y encontró a Dios, precisamente en el silencio: Pasó el Señor y hubo un huracán tan violento que hendía las montañas y quebraba las rocas ante el Señor, aunque en el huracán no estaba el Señor. Después del huracán, un terremoto, pero en el terremoto no estaba el Señor. Después del terremoto, fuego, pero en el fuego tampoco estaba el Señor. Después del fuego, eel 29

SANTA TERESA DE JESÚS, Libro de la vida 8, 5.

He encontrado personas que consideran la oración así, como tarea y compromiso por encima de todo. Si algún día no podían realizar la liturgia de las horas en sus momentos, al finalizar la jornada rezaban todas las horas juntas, llegando al absurdo que supone rezar los laudes cuando ya ha anochecido recitando el himno “Buenos días Señor…”. He visto también personas que, cansadas de la jornada, se obligaban a hacer su media hora de oración, en la que, naturalmente, se dormían.

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susurro de una brisa suave. Al oírlo, Elías cubrió su rostro con el manto, salió y se mantuvo en pie a la entrada de la cueva (1Re 19, 11-13). En la suave brisa, en el silencio, le habló el Señor. Pero Dios se expresa fundamentalmente en su Palabra. Si le queremos escuchar a ella hemos de acudir permanentemente, por eso Benedicto XVI quiere que “florezca una nueva etapa de mayor amor a la Sagrada Escritura por parte de todos los miembros del pueblo de Dios, de manera que, mediante su lectura orante y fiel a lo largo del tiempo, se profundice en la relación con la persona misma de Jesús31”. La Palabra de Dios se convierte así en la principal fuente de la oración cristiana, pues en ella podemos dialogar con Dios mismo: “A Dios hablamos cuando oramos, a Dios escuchamos cuando leemos sus palabras32”. Por eso hay que potenciar los métodos de oración que tienen como base la Palabra de Dios, porque en ella tenemos la certeza de oír su propia voz. El momento histórico que vivimos de nueva evangelización nos está pidiendo escuchar la Palabra de una forma nueva, con amor y reposo, pensando en su anuncio a los que no creen: “Por eso nuestro tiempo ha de ser cada día más el de una nueva escucha de la Palabra de Dios y una nueva evangelización. Redescubrir el puesto de la Palabra divina en la vida cristiana nos hace reencontrar de nuevo así el sentido más profundo de lo que el papa Juan Pablo II ha pedido con vigor: continuar la missio ad gentes y emprender con todas las fuerzas la nueva evangelización33”. v. En la oración no sólo interviene el oído, sino también el ojo, es contemplativa. La oración nos lleva a ver las huellas de Dios en sus obras y en la historia y la vida de los hombres. Para el creyente la creación canta de modo sinfónico las maravillas de Dios. A través de las creaturas podemos llegar al creador. La belleza y armonía de la naturaleza nos hace enaltecer a Dios que la ha creado para nosotros. El salmo 8 alaba a Dios por las maravillas que ha hecho. Francisco de Asís ensalza la gloria de Dios a través de las creaturas; Miguel de Unamuno contemplando los picos de Gredos verá en ellos el “altar gigante de Castilla”… 31

BENEDICTO XVI, Verbum Domini, 2.

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VATICANO II, Dei Verbum, 25.

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BENEDICTO XVI, Verbum Domini, 122.

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El pueblo elegido es experto en saber ver la presencia de Dios en los acontecimientos de su historia. Nada sucede por casualidad para ellos, detrás de cada acontecimiento histórico está la providencia de Dios que cuida a su pueblo, le marca el camino, consiente su sufrimiento para que aprendan una lección… La historia, también la nuestra, está llena de signos de la presencia de Dios. Hemos de saber educar la mirada para poder percibirlos. En lo pequeño, en la vida cotidiana con sus sucesos en apariencia irrelevantes y con sus acontecimientos señeros, Dios va dejando su impronta. Las personas con las que nos encontramos, los gozos que vivimos, el dolor que padecemos… las cosas pequeñas que constituyen el meollo de nuestra vida, vistas con fe nos muestran la presencia de Dios en la densidad de lo cotidiano. Llevar a la oración estos pequeños sucesos y acontecimientos nos ayudará a leer espiritualmente la vida y a encontrar a Dios en todo cuanto sucede. vi. La pedagogía de la oración en la espiritualidad de Antonio Chevrier Para el Padre Chevrier la oración está tan unida al Estudio del Evangelio que en algunos de sus textos parece la misma cosa: “En la oración de cada día hay que hacer este estudio y hacer que Jesucristo pase a la propia vida34”. El Estudio del Evangelio ha de hacerse en espíritu de oración y la oración desde las claves del Estudio del Evangelio. En el Verdadero Discípulo se habla de un librito sobre la oración que ha llegado hasta nosotros no del puño y letra del Padre Chevrier, sino en ocho copias realizadas según sus instrucciones por personas que le escucharon hablar de la oración. Aunque este “Petit traité de l’oraison” existió escrito por él: “En el librito sobre la oración hablamos de este estudio de Nuestro Señor para recibir, adquirir su Espíritu35”. Vamos ahora a destacar algunas de las líneas pedagógicas de este librito. i. Sencillez en la descripción y concreción, practicidad en el modo propuesto para el acto de la oración. Los que tenían que aprender a orar con estas indicaciones eran los pobres, los niños y los ignorantes, por eso se expone el camino de la oración con mucha sencillez y explicando de modo muy práctico los pasos que hay que ir dando.

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VD, 227.

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Id, 226.

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ii. El objetivo de la oración es la comunicación con Dios, propiciar un verdadero encuentro con Jesucristo con un fin eminentemente apostólico: seguirle e imitar sus virtudes. La oración es esencial para la vida cristiana, sin ella no puede existir. El fruto de la oración es la comunión con los demás, ya que a través de ella reproducimos a Cristo. Si no hay comunión es porque no ha habido conversión. Si no hay conversión es porque no ha habido oración. iii. Carácter cristocéntrico de su concepción de la oración. En la oración la referencia fundamental es Jesucristo en su Palabra. En la oración conocemos a Jesucristo, y cuando le vamos conociendo, Él nos va enseñando a orar, nos da las claves de la oración cristiana. iv. En la oración se ve implicada toda la persona, inteligencia, afecto y voluntad. En la meditación de los misterios de Cristo examinamos, reflexionamos una Palabra de Jesús. Cuando se nos revela una verdad de Jesucristo la admiramos, gozamos con su belleza y la amamos de todo corazón. Y desde ahí nuestra voluntad suscita el deseo de imitarle y nos lleva a actuar como Él. v. Gradualidad y progresión en el camino de la oración. La oración no es una realidad estática, es un camino gradual y progresivo que hay que ir recorriendo a lo largo de toda la vida. Da mucha importancia el Padre Chevrier a la preparación para la oración, que se realiza de modo lejano y de modo próximo. La preparación lejana es el cultivo de todo aquello que nos dispone a la oración: el cumplimiento de nuestros deberes religiosos y llevar una vida de recogimiento, centrada en Jesucristo. La preparación próxima es la que se da en el acto mismo de la oración y se puede hacer de diversos modos: con un acto de fe, reconociendo la presencia de Dios; ponerse en la presencia de Dios como un pobre, como hijo, como enfermo…; acto de adoración, postrándose ante Dios, reconociendo que todo viene de Él; acto de alabanza; acto de amor, elevar el corazón a Dios. Diego Martín Peñas

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5.2. TALLER Nº 2

EL ACOMPAÑAMIENTO PERSONAL Cuatro momentos del taller: 1. Oración inicial. 2. Presentación del estado de la cuestión. 3. Tiempo de reflexión personal. 4. Puesta en común con una dinámica de grupos. 1. Oración inicial. • Se lee en voz alta el relato de la Samaritana: Jn 4, 5-34.39-42. • Breve silencio. • Breve comentario: Jesús se encuentra y acompaña a esta mujer de Samaría. Que Jesús también nos acompañe a nosotros esta tarde. Sintamos y aprovechamos esta compañía. Hemos leído un relato largo porque los procesos de acompañamiento suelen ser largos. A continuación vamos a seguir los siguientes pasos: a) Presentación del estado de la cuestión.  Se presenta una síntesis breve para favorecer el trabajo.  Se trata de poner encima de la mesa cosas que sabemos, para no partir de cero, para tener una plataforma desde donde avanzar.  Podemos estar o no de acuerdo, pero ya no partimos de cero. 98


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b) Reflexión personal.  Intención: que nuestra aportación no sea superficial, y tenga más contenido.  Buscamos: contrastar y profundizar para mejorar y concretar nuestra tarea de acompañamiento personal. c)

Puesta en común.  Para buscar juntos.  Intentaremos concretar algunas propuestas.  Lo haremos con una dinámica para participar con agilidad.

2. Presentación del estado de la cuestión. ESQUEMA 1. Una primera aproximación al acompañamiento personal. 2. Historia de esta tarea pastoral. 3. Realidad actual del acompañamiento personal. 4. Algunas constataciones: a. Los protagonistas del acompañamiento. b. Funciones del acompañante. c. Perfil del acompañante. d. Fecundidad del acompañamiento. DESARROLLO. 1. Una primera aproximación al acompañamiento personal. • El acompañamiento es una ayuda pastoral encaminada al proceso de crecimiento cristiano. • Es un servicio, un instrumento para ayudar a vivir más en sintonía con la voluntad de Dios. • El acompañante espiritual es una persona de confianza con el que se pueden compartir las experiencias más profundas, con el que ha99


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blar de corazón a corazón de los balbuceos, las dudas, las intuiciones en el seguimiento de Jesús. • El acompañamiento es una experiencia religiosa de encuentro en el que el acompañado plantea qué está pasando en el hoy de su vida para que, junto con el acompañante, pueda reconocer quién es, qué busca, qué desea, qué quiere y dónde se encuentra en el camino que lleva a la adultez en su relación personal con Cristo, donde desea buscar, hallar y cumplir la voluntad de Dios. • En el proceso personal de “hacerse cristiano”, de “formar a Cristo en la propia persona”, “de caminar hacia la santidad”, “de ir conformando la propia vida, los objetivos, tareas y compromisos de cada día al plan concreto que Dios tiene sobre mí”…, en este proceso personal, el acompañamiento es un servicio pastoral que ayuda a vivir este proceso con el apoyo y la iluminación de otra persona, de otro cristiano. • Este acompañamiento puede hacerse de muchas maneras: o De forma indirecta: el acompañamiento que supone estar integrado en una parroquia, en una familia cristiana, en un grupo o movimiento, en la diócesis, en la Iglesia, a través de la escucha habitual de la Palabra, del testimonio de los santos, del ministerio pastoral… o De forma directa: con la mediación de alguien que personalmente acompaña. En este caso también es posible un acompañamiento grupal o personal. Aquí estamos tratando del acompañamiento personal. 2. Historia de esta tarea pastoral. • La Biblia es testigo de que el acompañamiento está presente desde el principio de la Historia de la salvación. • En la Biblia el proceso de acompañamiento y encuentro con Dios se expresa frecuentemente con la imagen del camino que muestra la necesidad de contar con la ayuda de otras personas:

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“Acuérdate de todo el camino que Yavé tu Dios te ha hecho andar durante estos 40 años en el desierto para humillarte, probarte y conocer lo que había en tu corazón: si ibas o no a guardar sus mandamientos” (Dt 5, 33). • El Dios de la Biblia es un Dios cercano y que acompaña a su pueblo: o En los distintos momentos de la vida de Israel: éxodo, desierto, tierra prometida… o Con distintos mediadores: Moisés, jueces, profetas… o También a nivel personal: Natán y David (2 Sam 12). o Esta cercanía y acompañamiento llega a un nivel máximo con Jesús de Nazaret, y con el Espíritu Santo derramado en la comunidad cristiana en Pentecostés. o En la primitiva Iglesia hay muchos testimonios de acompañamiento. A modo de ejemplo nos sirve el apóstol Pablo acompañado por Ananías (Hch 9, 10-19) y acompañante de Timoteo, Tito, Filemón y las distintas comunidades como vemos en sus cartas. • En la historia de la Iglesia el acompañamiento ha sido una constante. Sólo de pasada podemos indicar: o El guía espiritual en el monaquismo de la Iglesia de Oriente. o También en occidente encontramos casos. Destaca San Agustín. Su carta 266 a Florentina trata directamente de la dirección espiritual. o En la Edad Media se da un paso más con las Órdenes Mendicantes (franciscanos y dominicos), con la aportación del acompañamiento a laicos a través de las órdenes terceras. o Los siglos XV, XVI y XVII constituyen la “Edad de Oro” del acompañamiento personal con San Juan de la Cruz, San Juan de Ávila, San Ignacio de Loyola, Santa Teresa, San Francisco de Sales… A partir del siglo XVII la dirección espiritual se institucionaliza y hay abundante literatura.

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3. Realidad actual del acompañamiento personal. Recientemente el acompañamiento personal ha pasado por un MOMENTO DE CRISIS, viéndose cercado por muchas sospechas y acusaciones: • Ser un medio de dominio, imposición y manipulación. Se le ha llegado a considerar un instrumento colonizador del clero en la conciencia de los laicos. • Estar muy centrado en lo personal, en la oración, en las virtudes privadas o de pura vertiente individual…, descuidando otras relaciones de la vida cristiana: Iglesia, comunidad, familia, sociedad… • La mala interpretación de las enseñanzas conciliares en torno a la igualdad de todos los bautizados, la corresponsabilidad del pueblo de Dios y la necesidad de la comunidad en el desarrollo y vivencia de la fe. Eso provocó la tendencia pastoral a funcionar desde los grupos, desde la sensación de igualdad. • El factor cultural de la crisis de paternidad, la “sociedad sin padre”, crea la sospecha hacia el “padre espiritual” y hacia el término “dirección”. • Otro factor cultural es que nuestra sociedad privilegia más el instante que la duración. La experiencia inmediata, su intensidad y sinceridad se valora más que la experiencia reflexiva, programada, releída… En el plano espiritual se favorece la experiencia emotiva, su calor afectivo, su intensidad…, incluso se multiplican las conversiones sin crecimiento. • El acompañamiento personal se ha centrado fundamentalmente en el mundo de los religiosos y de los seminarios, con lo que se ha excluido el mundo laical, o se ha interpretado como una caza de vocaciones. Esta crisis está en un MOMENTO DE SUPERACIÓN a través de dos procesos: una comprensión más profunda del acompañamiento personal y una práctica más atenta para no caer en los errores anteriores. De este modo en la actualidad: • Se percibe como posible un acompañamiento personal que sea ayuda respetuosa con la persona del acompañado.

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• Acompañamiento grupal y personal no son procesos contrarios sino complementarios. Además, también en el acompañamiento grupal es posible la imposición y la manipulación y, en definitiva, el camino de cada persona es único y eso justifica el acompañamiento personal a una sola persona. • La crisis de paternidad se va abriendo al realismo de reconocer nuestro origen, nuestras raíces, sin caer en infantilismos, conscientes de que no somos nosotros los que empezamos el mundo. • Frente al inmediatismo pastoral se es más consciente que la conversión de una persona no es un hecho puntual e instantáneo y que es preciso educar en el proceso, en la paciencia, en la aceptación de los ritmos personales. • El acompañamiento personal debe abrirse y se está abriendo también a los laicos. Todas las vocaciones tienen necesidad de acompañamiento y un elemento del acompañamiento es la vocación. 4. Algunas constataciones: a. Los protagonistas del acompañamiento. Son tres los protagonistas del acompañamiento: Dios, el acompañado y el acompañante. • DIOS. Es el protagonista primario por el primado de la acción divina: o El proceso de formación cristiana es un proceso en el que Dios lleva la iniciativa. o La tarea de configuración con Cristo es obra del Espíritu Santo. o Se trata de acompañar el proyecto del Padre, desde la imagen del Hijo, con la acción del Espíritu Santo. o Dios, el Espíritu, actúa en el acompañado (a quien guía y configura) y en el acompañante (para que lo haga con docilidad y acierto).

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• Acompañado. o Es sujeto activo del proceso, y no un mero objeto que se deja hacer pasivamente. o Supone “sentirse llamado” y “querer responder adecuadamente”. o Es preciso suscitar una toma de conciencia de que Dios me está acompañando y me quiere acompañar. o En ese proceso me puedo engañar y equivocar, y es conveniente el apoyo de alguien que realice esta tarea de acompañamiento. El acompañado debe aceptar con realismo y humildad esta mediación. • Acompañante. o Es el tercer protagonista al que dedicamos los dos puntos siguientes. b. Funciones del acompañante. • Objetivadora: Situar al acompañado ante la verdad objetiva sobre sí mismo, sobre Cristo, la Iglesia, sobre el hombre y el mundo de hoy. El acompañante hace de espejo y devuelve la imagen. • Confrontadora: Guiar en el descubrimiento de las propias incoherencias. Relacionar lo que se dice con lo que se hace. Ayudar a la personalización, a que el acompañado se vaya aclarando, a desenmascarar sus engaños y sus incongruencias. Detecta los valores que afloran en medio de sus sentimientos, aspiraciones y deseos. • Pedagógica: Se trata de ayudar a crecer en la asimilación de esos valores mediante la programación y evaluación de diferentes acciones y experiencias concretas. La vida, la fe y el compromiso se someten a un proceso permanente de crecimiento, con objetivos y medios. • Estimuladora: Animar a que se valoren el crecimiento y las conquistas conseguidas. Apoyar y estimular el camino emprendido, especialmente en los momentos de oscuridad y de crisis.

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c. Perfil del acompañante. Santa Teresa de Jesús apunta tres claves para ser un buen acompañante: tener una auténtica experiencia de Dios, ser consciente de esta experiencia y saber transmitirla y acompañarla. Un acompañante ha de ser alguien en proceso de configuración con Cristo, aunque no tiene que ser perfecto y sí seguir siendo permanentemente discípulo de Jesús, en un proceso de aprendizaje nunca acabado. Enumeramos algunos elementos del perfil del acompañante: • Servicio: al acompañado, pero también a Dios y a sus planes, al Espíritu que trabaja en el corazón de las personas. • Conciencia de la importancia de la tarea, y vivirla con entusiasmo. • Conciencia de ser instrumento del acompañante principal que es Dios, que es Jesús, el Buen Pastor, y animar y conducir al encuentro con Cristo que es el auténtico Maestro. • Oración para sí mismo y para el acompañado: ¿qué necesita, Señor? • Saber utilizar los medios que ayudan a crecer: Cuaderno de Vida, Estudio de Evangelio, Proyecto Personal de Vida… • Escucha, aceptación y acogida. • Paciencia, esperanza y respeto: respetar los ritmos, el ritmo del acompañado y el ritmo de Dios. • Madurez y equilibrio. • Sensibilidad contemplativa, observando tanto la persona persona acompañada como el evangelio y los planes de Dios en la oración. • Desprendimiento y descentramiento: el acompañante debe vaciarse de sí mismo para centrarse en el acompañado. En definitiva, el acompañante se debe capacitar y preparar porque “quien acompaña mal, no acompaña aunque acompañe”.

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d. Fecundidad del acompañamiento. • Los frutos del acompañamiento son lentos pero reales. Detrás de cristianos conscientes, activos y comprometidos, detrás de parroquias, comunidades, grupos… está el trabajo de sacerdotes que en silencio han acompañado puntualmente o durante mucho tiempo. • También el acompañante se enriquece con este trabajo: espiritualidad encarnada, gratuidad, confiar más en las personas, valorar lo pequeño, valorar a los seglares, dejarse interpelar por la Palabra, unidad y equilibrio de vida… 5. Tiempo de reflexión personal. Durante este tiempo de reflexión personal se trabajó el siguiente CUESTIONARIO: 1) Cómo es mi experiencia histórica y mi realidad actual de acompañamiento: a. A nivel pasivo: como acompañado. b. A nivel activo: como acompañante. 2) Desde esta experiencia histórica y desde esta realidad actual: a. ¿Qué importancia doy al acompañamiento personal en el proceso de formación de comunidades eclesiales significativas? b. ¿Qué dificultades constato en esta tarea de acompañamiento? c. ¿Qué posibilidades favorecen hoy esta tarea? 3) Propuestas para avanzar en el acompañamiento personal. A nivel personal se trabajaron las tres preguntas, pero luego sólo se pusieron en común las preguntas dos y tres. 6. Puesta en común con una dinámica de grupos.

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IMPORTANCIA QUE DAMOS AL ACOMPAÑAMIENTO PERSONAL • Hasta hace pocos años no le daba importancia, pero hoy sí se la doy. • Es un complemento necesario para los grupos. • Tenemos necesidad de una Iglesia que acompañe y sirva, y no sólo que enseñe. • En las parroquias hay colaboradores, agentes de pastoral que prestan su servicio, pero que no son sujetos cristianos vivos, conscientes, maduros, seguidores de Jesús, corresponsables de su Iglesia, implicados en su mundo… Necesitan un acompañamiento personal que les ayude a crecer. • Un factor más. En la práctica depende de la demanda: lo que huela a reglado, huele mal. • Tiene muchísima importancia. La teoría es clara. A la hora de la verdad la poca demanda y el ir tan atareado lo paraliza. Tendrías que proponértelo y concretar. DIFICULTADES QUE CONSTATAMOS EN ESTE ACOMPAÑAMIENTO • Tal vez no estamos preparados: nos falta una capacitación para este tema. • La tarea pastoral nos carga de faena y no hay huecos para acompañar. La escasez del clero nos hace vivir entre la necesidad del servicio y el desbordamiento de la tarea. • Vivimos la cultura del instante, de lo inmediato… La tarea programada y a largo plazo parece no tener cabida. • La escasa conciencia de la llamada a una vida cristiana en plenitud unido al ambiente de poca exigencia cristiana. • La inconstancia. • Por parte de la gente: superficialidad en unos casos y en otros resistencia para abrirse. • No hay clara conciencia de la importancia del acompañamiento, tanto por parte del acompañante como del acompañado. 107


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• Algunos perciben al acompañante como invasor. Estamos en un clima de desconfianza. PROPUESTAS PARA AVANZAR EN EL ACOMPAÑAMIENTO • Educar en esa necesidad. • Ofrecer nuestra disponibilidad. • Comenzar con el acompañamiento informal, pero también hacerse el encontradizo. • Llamar y tocar a la puerta de las personas. • Fomentar el deseo y ofertar la posibilidad: proponer quedar. • Seguir a las personas de los distintos grupos con los que trabajas. • Hacer el seguimiento de personas que tienen un comportamiento concreto. • Tenerlo en cuenta en el Cuaderno de Vida. • No dar por supuesta la madurez de las personas. • Atención y cercanía. • Escucha atenta desde la empatía. • Mirada acogedora y respetuosa. • Dar confianza. • Supone dedicar tiempo a esta tarea y “quitarlo de otro sitio”. Es necesaria una opción consciente y comprometida. • Algún cursillo de cómo hacer el acompañamiento. • Implicar a religiosos/as y laicos/as en esta tarea. Miguel Riquelme Pomares

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5.3. TALLER Nº 3

LA CORRESPONSABILIDAD Y LA TOMA DE DECISIONES

Introducción En el taller que animé sobre la corresponsabilidad y la toma de decisiones partí de la atención a lo que la sociedad demanda hoy (comunidades que sean significativas para los hombres y mujeres de hoy en lo referente al tema que nos ocupa) para, a continuación, acoger esa demanda desde las señas de identidad de nuestra fe teniendo en cuenta algún acento del carisma pradosiano (comunidades que sean signos de Dios en la sociedad actual en lo referente al modo de participar y decidir).

1. LA PARTICIPACIÓN CON CAPACIDAD REAL DE INFLUIR EN LA MARCHA DE LOS DISTINTOS GRUPOS A LOS QUE SE PERTENECE, ¿UN SIGNO DE LOS TIEMPOS? Había acuerdo entre los participantes en el taller que una característica de la mentalidad actual es la demanda de ejercer protagonismo en aquellos grupos en los que se participa, superando un modo de funcionar en el que unos se limitan a desarrollar lo que otros piensan y deciden. Para una gran parte de la población no-anciana no es aceptable una organización que no favorece una participación real. 109


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Eso no significa que las personas con esa mentalidad actúen siempre coherentemente, respondiendo a las posibilidades reales de participación que se les abran. Ni que las organizaciones que reivindican altos niveles de participación los hagan efectivos a la hora de la verdad. En el taller se expresaron hechos al respecto. Tampoco hay que obviar la dificultad de articular espacios reales de participación según las cualidades de cada cual con la agilidad y eficacia de la organización. Por eso, teniendo en cuenta la mentalidad actual, entendemos que se “exija” a la Iglesia un modo de funcionar realmente participativo; al tiempo que hayamos de considerar no sólo las “proclamas participativas” sino las prácticas reales en los distintos grupos sociales, muchas veces alejadas de aquellas.

2. ¿CUÁL ES LA PRÁCTICA DE LA IGLESIA EN ESTOS MOMENTOS? En mi opinión la Iglesia ha reconocido la bondad y necesidad de participar en la vida social pero no la ha puesto en práctica en el interior de la iglesia de modo suficiente porque una determinada concepción del ministerio ordenado lo ha impedido. Al hablar de los desafíos eclesiales y los laicos el Papa cita el siguiente: “no encontrar espacio en sus iglesias particulares para poder expresarse y actuar, a raíz de un excesivo clericalismo que los mantiene al margen de las decisiones” (EG 102). Existe una insatisfacción en muchos laicos en este aspecto que, en mi opinión debemos y podemos abordar. Recojo una invitación de Francisco: “En su misión de fomentar una comunión dinámica, abierta y misionera, [el obispo] tendrá que alentar y procurar la maduración de los mecanismos de participación que propone el Código de Derecho Canónico 34 y otras formas de diálogo pastoral, con el deseo de escuchar a todos y no sólo a algunos que le acaricien los oídos” (EG 31). Ahora bien, algunos de los participantes en el taller opinaban que la dificultad más frecuente a la hora de participar en las parroquias no está tanto en que los curas cierren la puerta a la participación cuanto que el laicado no da el paso a ejercerla.

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También apareció en el diálogo la realidad de un laicado con mentalidad “no participativa” que impide la renovación. Una parte grande del tiempo del taller se nos pasó en estos puntos. La llamada era clara: desde la situación de cada cual, ¿cómo favorecer procesos de participación real en nuestras comunidades? Si hasta aquí estuvimos mirando a la mentalidad de la gente de hoy (para ser significativos para la gente de hoy), a partir de ahora la mirada se dirigió al interior de nuestra tradición eclesial para encontrar pistas que respondan a nuestro interrogante de modo que seamos signo comunitario de Dios.

3. LA SINODALIDAD: UN MODO PROPIO DE VIVIR LA PARTICIPACIÓN EN LA IGLESIA36 Una mirada “discípula” al mundo nos permite aprender modos de organizarnos en la iglesia. Somos deudores de nuestro tiempo. Así, hemos trasladado a la iglesia modelos de organización autoritaria, presidencialista, asamblearia, representativa, etc. “La Iglesia peregrina lleva en sus sacramentos e instituciones, pertenecientes a este tiempo, la imagen de este siglo que pasa” (LG 48). Pero, más que “importar” modelos, buscamos nuevos modos eclesiales de participar (incluyendo la codecisión) que respondan a los datos más valiosos de la tradición cristiana y a la sensibilidad del hombre y la mujer de hoy. La participación, hasta el punto de llegar a la codecisión, no es un ser extraño en el cuerpo eclesial, no es una injerencia política en la Iglesia; está recogida en la vieja tradición de la sinodalidad. Syn-odos significa “camino juntos”. El Pueblo de Dios camina (todos juntos en la fe, la esperanza y la caridad) para responder a la llamada de Dios. Todos bautizados y confirmados por el mismo Espíritu que nos enriquece con sus dones; todos llamados a una misma misión; todos constituidos Pueblo de Dios (la soberanía de la Iglesia radica en Dios); un Pueblo configurado por los diversos carismas y ministerios para su crecimiento como Pueblo de Dios; todos reunidos en una misma eucaristía. 36 Para preparar el taller utilicé el libro de Eloy Bueno “Una Iglesia sinodal: memoria y profecía”. Un participante citó el libro de Jaume Fontbona sobre la sinodalidad

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Una Iglesia misionera (¡ese deseo tan alimentado y pedido al Padre en estos años!) es necesariamente sinodal, ya que la misión se realiza en una pluralidad de ambientes, en los que se hacen presentes distintos miembros de la iglesia. Cuando no les tenemos en cuenta en la reflexión, discernimiento, celebración y decisión no estamos respondiendo adecuadamente a la misión. Este Pueblo ha de buscar continuamente la respuesta a la llamada de Dios; una respuesta única pero diversificada en los distintos ámbitos de la vida del mundo y de la Iglesia. Esa búsqueda exige reflexión, discernimiento, deliberación y decisión. La sinodalidad es un modo de hacerlo juntos. La sinodalidad, por tanto, favorecerá tanto la participación como la comunión y la unidad de la Iglesia. La sinodalidad ha de articular la participación de todo el pueblo de Dios con el ejercicio del ministerio ordenado como garante de la identidad de la fe y la comunión eclesial. La sinodalidad nace de la llamada y la misión a la que Dios convoca a su Iglesia y expresa la fraternidad de la misma. Este camino requiere instituciones sinodales (el consejo pastoral será la más importante) en las que se lleve a la práctica la consulta mutua, la reflexión común y la búsqueda de una decisión. Pero más allá de un ejercicio ceñido a las instituciones, la sinodalidad es un “estilo eclesial participativo” que necesita, también, de ámbitos menos formales (comisiones, etc.) en los que adiestrarnos en la toma de decisiones para tratar de ser en cada momento y en cada lugar signo e instrumento de la acción de Dios.

4. UN ACENTO IMPORTANTE EN LA VIVENCIA SINODAL Sin la participación de los pobres y la consideración de sus aportaciones la iglesia se priva de luz. Algunas afirmaciones al respecto: -

“Los pobre tienen mucho que enseñarnos... en sus propios dolores conocen al Cristo sufriente... ponerlos en el centro del camino de la Iglesia...recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos” (EG 198).

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“Dios ha puesto en ciertas almas un sentido espiritual y práctico que encierra más sentido común y espíritu de Dios que cuanto hay en la cabeza de los más grandes sabios. Testigos, algunos buenos obreros, y buenas 112


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obreras, mujeres que comprenden inmediatamente las cosas de Dios y saben explicarlas mejor que muchos otros” (VD 218) -

“El Espíritu otorga a la totalidad de los fieles un instinto de fe que les ayuda a discernir lo que viene realmente de Dios... Y una cierta connaturalidad con las realidades divinas, y [les otorga] la sabiduría que les permite captarlas intuitivamente, aunque no tengan el instrumental adecuado para expresarlas con precisión. Por eso, una parroquia misionera tiene los oídos muy abiertos a lo que pueda venir de este instinto de fe del pueblo de Dios” (EG 119).

La preponderancia de los más inteligentes en los órganos eclesiales de participación es un peligro frecuente. La aportación del cura/responsable pastoral pasa, a mi parecer, entre otras cosas, por recoger y sostener-fundamentar las aportaciones de las personas más sencillas, que con frecuencia quedan tapadas por las palabras de los “letrados”. Dicho de otro modo: dar forma a las aportaciones “sin forma” de los pequeños. ¿Cómo hacemos presente la voz de los pobres al tomar decisiones en la parroquia?

5. LA TOMA DE UNA DECISIÓN En la vida ordinaria de nuestras comunidades hay que tomar muchos tipos de decisiones. En bastantes está implicada la voluntad de Dios. En tal caso, el proceso de decisión es un proceso de búsqueda de la voluntad de Dios. Y, por tanto, en la decisión nos jugamos la posibilidad de seguir más de cerca a Jesús. Esto implica una actitud de búsqueda (distinto a debate) y de diálogo, ya que es una búsqueda comunitaria de la voluntad de Dios y la voluntad de Dios no es evidente en cada circunstancia. Habrá ocasiones en que la toma de decisión viene demandada y otras en que el responsable pastoral habrá de activarla. En todo caso, será responsabilidad suya cuidar el proceso de decisión. Algunas sugerencias para hacer efectivo ese cuidado: * Hacer conscientes a los participantes en la decisión de la relación existente entre la voluntad de Dios y el asunto que van a tratar. Entre una y otra está el proyecto pastoral de la comunidad, que convendrá recogerla. Un camino de "subida y bajada" que el responsable ayudará a transitar de modo que los participantes se hagan conscientes de lo que se juegan en esa "pequeña" decisión. 113


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Mantener los objetivos “a la vista” en los procesos participativos “El objetivo de estos procesos participativos no será principalmente la organización eclesial, sino el sueño misionero de llegar a todos” (EG 31). El objetivo ha de aparecer en cada pequeña decisión como horizonte hacia el que la acerca. Que los árboles no nos impidan ver el bosque. Una aportación del cura/responsable pastoral será mantener la pregunta “¿a dónde vamos?” Por lo que conozco nuestras comunidades están poco entrenadas en este ejercicio sinodal-espiritual. Tampoco en lo personal suele haber experiencia de discernimiento personal, lo que dificulta un proceso de toma de decisión comunitario "en la fe". Tan importante es el proceso como la decisión. El consejo pastoral deviene “escuela” de sinodalidad. Cada proceso de deliberación y toma de decisión es educativo y se convierte en experiencia espiritual comunitaria. Dos posibles tentaciones: un espiritualismo que no integra la responsabilidad personal-comunitaria o un voluntarismo que no deja espacio a la luz y la acción de Dios. Conjugar el proyecto (nuestro, pero de Dios) y la realidad (con sus condicionantes) dando un paso adelante. * Clarificar los distintos aspectos implicados en la decisión * Situar la decisión en la trayectoria de la comunidad y del momento diocesano. * Recordar-pedir a los participantes actitudes con las que cada cual hará posible una buena decisión: - sentirse parte de la comunidad (corresponsablemente) - tomar conciencia de los prejuicios para buscar con libertad lo más conveniente para la comunidad. - Avivar el deseo de buscar la voluntad de Dios - escuchar al otro (Dios también le habla a él), no enzarzarnos en debates. * Marcar los pasos: - conocimiento previo de lo que vamos a tratar - planteamiento, diálogo y toma de decisión. - momentos de oración para "no perder a Dios". Estudio de Evangelio. Silencio y comunicación. 114


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* Estar atento para que las luces de las personas más sencillas aparezcan y se consideren. * El voto en los organismos de corresponsabilidad. En el taller expuse muy brevemente lo que recoge Joaquín Perea en su libro “Otra Iglesia es posible” (pp 254-257).

6. PREVIOS a) Transmitir el “estilo participativo” - Informar de cuestiones que “les” afectan ya que son parte de la comunidad. Generar de vez en cuando informaciones. - Consultar a grupos de la parroquia (los que van a Misa, los que participan en Cáritas, las familias de catequesis…) algunos asuntos que decidirá el consejo, dando la información necesaria. - Compartir búsquedas, invitando a expresar opiniones para ayudar en la búsqueda. b) La formación de los más sencillos, fortaleciendo su vocación.

7. CONCLUSIONES Al final del taller, los participantes fueron expresando algunas conclusiones-recepciones de lo hablado. Al volver a las notas que tomé entonces encuentro lo siguiente: - La participación es un proceso educativo - Los pobres pueden participar - La Iglesia es sinodal - Escuchar al otro porque Dios habla en él - La participación es, radicalmente, en el anuncio del evangelio. José Manuel de las Fuentes 115


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5.4. TALLER Nº 4: LA DIMENSION CELEBRATIVA DE LA VIDA CRISTIANA

1. ORAMOS CON LA VIDA DE NUESTRAS COMUNIDADES “Se mantenían firmes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en la oración. Todos estaban asombrados por los muchos prodigios y señales que realizaban los apóstoles. Todos los creyentes estaban unidos y tenían todo en común: vendían sus propiedades y posesiones entre sí, según la necesidad de cada uno. No dejaban de reunirse en el templo ni un solo día. De casa en casa partían el pan y compartían la comida con alegría y generosidad alabando a Dios y disfrutando de la estima de todo el pueblo. Y cada día el señor añadía al grupo a los que se iban a salvar” (Hech. 2, 42-47). A la luz de las primeras comunidades miramos a las nuestras. SILENCIO….ORAMOS….

2. QUE DICE LA GENTE DE NUESTRAS CELEBRACIONES, DE NUESTRAS EUCARISTIAS • LLAMADAS DE DIOS (personales y comunitarias) - Seguir el ejemplo de Jesús. Vivir según la Palabra siguiendo el camino de Jesús. 116


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- Implicarse y descubrir el sentido de la comunidad. Hacer comunidad, celebrar con la comunidad de la que me siento parte. - Trabajar la oración personal. Orar y meditar los evangelios para descubrir en nuestra vida el tesoro que es el Dios de Jesús. Preparación personal, formación y autoexigencia. - Vivir lo que celebramos. Celebrar lo que vivimos. - Desarrollar potencialidades de personas para animar y dinamizar celebraciones. Conseguir participación más activa, fraterna y alegre. Adecuar el mensaje y el lenguaje al hoy y aquí. Conseguir que las celebraciones sean más cercanas y creativas. •

QUÉ HACER DE NUEVO - En las eucaristías explicar de un modo más claro, con un lenguaje sencillo, cercano e implicativo el mensaje de Jesús de Nazaret, favoreciendo la participación del laicado y generando tiempos de silencio y reflexión. - Escuchar a los feligreses. Catequesis sobre la eucaristía. - Crear espacios oracionales y retiros en los tiempos fuertes. - Ayudar a los niños a iniciarse en la oración. - Utilizar el canto, la música, la danza….como otras maneras de rezar. - Priorizar las celebraciones de la Palabra, buscando personas para presidirlas con formación y acompañamiento. -

Cuidar los detalles que contribuyen a mejorar la pertenencia a la comunidad: adaptación de los subsidios litúrgicos a la realidad e la comunidad; la bienvenida (cura o personas); las peticiones de la comunidad; la parroquia como lugar de encuentro; gestos comunitarios en la celebración.

- Otros sacramentos: no olvidar el sacramento de la reconciliación

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QUÉ CAMBIAR, QUÉ DEJAR DE HACER - El cambio fundamental va en la línea de favorecer la participación de los laicos, adaptar el lenguaje, adecuar los signos y gestos, cuidar la predicación, acercando la palabra de Dios a la vida. favorecer la sencillez y los momentos de silencio. - En los sacramentos: reordenar el servicio, racionalizar horarios (una mesa, una comunidad, una eucaristía); los funerales; bodas y funerales sin eucaristía; confesión personal y dirección espiritual. - Dejar de hacer celebraciones llenas de boato y rigidez, con lenguajes alejados de la vida de las personas. Dejar la ostentación. Ser austeros. Misas con horarios a la carta…hay un abuso de Misas/ evitar que los equipos de liturgia sean los amos del chiringuito.

PAZ Y DESASOSIEGO - PAZ: los efectos de la Palabra/ el testimonio de gente sencilla/ las experiencias de oración y celebración en grupos pequeños/ el encuentro con la gente de la comunidad en la celebración/ver que crecemos en el seguimiento de Jesús/ los detalles: gente joven, nuevos voluntarios, celebraciones bien preparadas, acogida, servicio,…la disposición a un cambio, el futuro… - DESASOSIEGO: que las misas se conviertan en una sucesión de ritos sin sentido. Quedarnos en el envoltorio de lo celebrativo, las normas, el ritual. La resistencia al cambio. COMPARTIMOS EN PAREJA… CHARLAMOS…..

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Puesta en común Compartimos en una o dos palabras las debilidades, las fortalezas, lo que hemos visto en nuestras comunidades sobre la dimensión celebrativa

Algunas palabras de las que salieron Vida, predicación, apropiación, corresponsabilidad, participación, silencio contemplativo, corresponsabilidad, apropiación, lenguaje, participación, acogida, colaboración, equipo, participación, silencio, participación más activa, lenguaje, inercia, libertad, presencia, cumplimiento, cercanía, celebrar, acogida….

JUZGAR Una vez vista la situación de nuestras parroquias y comunidades, nos dejamos iluminar por estas cuatro pistas. Nos pueden dar luz: -

Sacrosanctum Concilium

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¿Por qué hay que ir a la Iglesia? T. Radcliffe

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Pinceladas de dos papas: Francisco y Benedicto XVI

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1. VATICANO II (Sacrosanctum Concilium)

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HISTORIA DE LA SALVACION

La historia de la salvación nos permite un acercamiento al misterio de Dios desde la experiencia viva y comunitaria de un pueblo que siente la presencia de un Dios amigo y cercano. • “Dios quiere que todos los hombres se salven...habiendo hablado antiguamente en muchas ocasiones de diferentes maneras a nuestros padres por medio de los profetas, cuando llegó la plenitud de los tiempos envió a su Hijo, el Verbo hecho carne….(SC 5)”. Esta acción salvadora de Cristo queda definida por el texto conciliar como “obra de redención humana y de la perfecta glorificación de Dios”. De esta forma se dibuja la doble dimensión de la liturgia cristiana: gloria al Padre y liberación de la persona. Doxología y sotería. • La liturgia responde a la misión de Jesús, que ha recibido del Padre, y que transmite a su Iglesia. Esta asume el encargo de anunciar la salvación, por medio de la Palabra y de realizarla mediante el sacrificio y los sacramentos, en torno a los cuales gira toda la vida litúrgica. • La liturgia actualiza la acción de Cristo. Se deben celebrar los misterios de Cristo a lo largo del año litúrgico de tal manera que, en cierto modo, se hacen presentes en todo tiempo para que puedan ponerse los fieles en contacto con ellos y llenarse de la gracia de su salvación (SC 102).

- CENTRALIDAD DEL MISTERIO PASCUAL El misterio pascual hace presente la vida, muerte y resurrección de Jesús, el Cristo. • La eucaristía anuncia y celebra el misterio pascual. Es el núcleo de la predicación evangélica, de la respuesta creyente y de la totalidad de la vida cristiana (SC 5-6). El contenido de cualquier celebración es el misterio pascual (memorial de la muerte y resurrección; banquete pascual). Los hermanos se reunían y celebraban la victoria de Jesús sobre la muerte. Esta fuerza es capaz de transformar nuestras vidas. 120


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• El nº 106 de SC nos habla del domingo. El primer día de la semana; cada ocho días, el día del sol. Celebración semanal de la pascua. No hay domingo sin eucaristía. En esta día se hace memoria de la pasión, resurrección y gloria del Señor Jesús. • La experiencia de los sacramentos posibilita el encuentro del creyente con el Cristo de la pascua, con el resucitado. Los sacramentos no se reparten, no son cosas. Son acontecimientos personales, encuentros del creyente con el Señor. Y lo hace de manera progresiva. Con cada sacramento nos acercamos más a Dios. - PARTICIPACION ACTIVA DEL PUEBLO DE DIOS El Espíritu santo anima e impulsa al pueblo a vivir su vocación y a participar plenamente en la liturgia de la Iglesia. • Al reformar y fomentar la sagrada liturgia debemos tener en cuenta esta plena y activa participación de todo el pueblo, porque es la fuente primaria y necesaria de donde han de beber todos los fieles el espíritu cristiano. • Favorecer la pastoral litúrgica en las diócesis, en las parroquias; potenciar la liturgia en todas sus dimensiones. • La revisión de los textos litúrgicos; de los lenguajes (fidelidad y nuevos tiempos); las lenguas vivas (hoy la gente habla “otras” lenguas); la transparencia y la claridad en los ritos. Hay que tener en cuenta a la comunidad: su edad perfil, estilo (SC 37).

2. TIMOTHY RADCLIFFE (¿PORQUÉ HAY QUE IR A LA IGLESIA?, EL DRAMA DE LA EUCARISTIA, ddb) La eucaristía es el drama de la vida. En ella acontece todo. Cuando todo pareció que acababa, cuando la comunidad se desmembraba y Judas lo había traicionado, Pedro a punto de negarle….en ese momento de la dispersión, Jesús le da a la comunidad su propio cuerpo. 121


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Ahí nace la comunidad pascual. Y desde entonces se reúne para la celebración del cuerpo de Cristo. La ecclesia, la reunión de los que creen en Jesús, se acerca para compartir la vida de Dios y ser tocados por su felicidad. En este mundo que consume experiencias, que da la espalda al necesitado, que busca sentido….nos reunimos para recibir un don totalmente gratuito. - ACONTECIMIENTO PRODIGIOSO La liturgia, las celebraciones y, fundamentalmente, la eucaristía, es un acontecimiento prodigioso. No porque jueguen las emociones (solamente), o porque se haya comprendido más y mejor el misterio o porque hayamos sentido algo de un modo muy intenso…aunque también, a veces...(la emoción fluye de las profundidades de la liturgia…como el ardiente corazón de un volcán, Romano Guardini) El acontecimiento prodigioso que la eucaristía obra en nuestras vidas es una transformación gradual, un cambio apenas perceptible. La eucaristía es una experiencia emocional de una naturaleza discreta. La transformación, en virtud de la gracia, es un proceso lento, como el crecimiento de un árbol. Y su sentido será evidente en un contexto de vida, fe, esperanza y amor. - SEGUIR A JESUS en la PALABRA DE DIOS Heme aquí. La palabra de Dios nace del silencio. Escuchamos cuando Dios se dirige a nosotros. Como María en la anunciación. El silencio no es la ausencia de ruido sino la intensidad de la presencia mutua. Nos disponemos a escuchar a Dios no porque vayamos a conocer nuevos datos sobre Dios, sobre Jesús, sino porque nos vamos a encontrar con él. El domingo por la mañana tenemos la esperanza de poder oír en esas lecturas la historia de la relación de Dios con la humanidad y reconocerla como nuestra. Heme aquí. Te amo, te escucho. Alégrate: María va a ser agraciada con un niño, Dios con nosotros. Es la culminación de una historia de amor de Dios con su pueblo. Y prepara el camino para la novedad absoluta: la resurrección. El niño que nace enseñará a vivir, a morir, a confiar. Desde entonces celebramos, desde la resurrección, no el pasado, sino la actualidad en nuestras vidas. “El hombre instruido le dijo al almendro: Háblame de Dios, y el almendro floreció” Quien escucha la Palabra puede florecer. Y cuando nos sentimos tocados por la gracia, por Jesu122


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cristo, por la Palabra…compartimos nuestra fe. Nosotros lo queremos hacer de un modo especial. - CRECER EN LA FE, LA ESPERANZA Y EL AMOR El drama de la eucaristía nos lleva a escuchar la Palabra de Dios y así crecemos en la fe, pidiendo con confianza y rezando el Credo. Al presentar los dones y pronunciar las palabras de bendición, la fe nos conduce a la esperanza. Ante el fracaso, la violencia y la muerte se nos da la esperanza. Y desde el Padre nuestro estamos llamados al amor. Nos preparamos para la comunión. Y se nos envía a servir al Señor en los más necesitados. Así crece la comunidad y se hace significativa. Nace de la fe que se encarna, se consolida en el paso esperanzado por la cruz y es enviada a la comunión con los pobres.

3. FRANCISCO Y BENEDICTO XVI - Francisco: Palabra, alegría y evangelización de los pobres. El Señor nos habla a través de su Palabra, recogida en el Evangelio y en la Biblia; y a través de la catequesis, de la homilía. No sólo nos habla, sino que también «se hace presente —precisó— en medio de su pueblo, en medio de su Iglesia. Es la presencia del Señor. El Señor que se acerca a su pueblo; se hace presente y comparte con su pueblo un poco de tiempo». La Misa «no es una representación; es otra cosa. Es propiamente la Última Cena; es precisamente vivir otra vez la pasión y la muerte redentora del Señor. Es una teofanía: el Señor se hace presente en el altar para ser ofrecido al Padre para la salvación del mundo». La Misa no se escucha, se participa. Y se participa en esta teofanía, en este misterio de la presencia del Señor entre nosotros». La liturgia es tiempo de Dios y espacio de Dios, y nosotros debemos entrar allí, en el tiempo de Dios, en el espacio de Dios y no mirar el reloj. La liturgia es precisamente entrar en el misterio de Dios; dejarnos llevar al misterio y estar en el misterio».

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Y, llegando ya a la conclusión, el Pontífice invitó a los presentes a «pedir hoy al Señor que nos done a todos este sentido de lo sagrado, este sentido que nos haga comprender que una cosa es rezar en casa, rezar en la iglesia, rezar el rosario, recitar muchas y hermosas oraciones, hacer el vía crucis, leer la Biblia; y otra cosa es la celebración eucarística. En la celebración entramos en el misterio de Dios, en esa senda que nosotros no podemos controlar: sólo Él es el único, Él es la gloria, Él es el poder (Santa Marta, febrero de 2014). LA ALEGRIA DEL EVANGELIO: "Nos hace bien renovar cada día, cada domingo, nuestro fervor al preparar la homilía, y verificar si en nosotros mismos crece el amor por la Palabra que predicamos" (EG 149). "El predicador necesita también poner un oído en el pueblo, para descubrir lo que los fieles necesitan escuchar" (EG 154). "Recordemos que nunca hay que responder preguntas que nadie se hace; tampoco conviene ofrecer crónicas de la actualidad para despertar interés: para eso ya están los programas televisivos" (EG 155). "El mayor riesgo para un predicador es acostumbrarse a su propio lenguaje y pensar que todos los demás lo usan y lo comprenden espontáneamente" (EG 158). - Benedicto XVI: silencio, grito y canto «Gandhi subrayaba que hay tres espacios vitales en el cosmos y demostraba cómo cada uno de ellos comunica incluso su propio modo de ser. Los peces viven en el mar y están callados. Los animales terrestres gritan, pero los pájaros, cuyo espacio vital son los cielos, cantan. El silencio es propio del mar, el grito es propio de la tierra, y el canto es propio de los cielos. El ser humano, sin embargo, participa en los tres: lleva en sí lo profundo del mar, el peso de la tierra y la altura de los cielos; por este motivo, los tres modos de existencia le pertenecen: el silencio, el grito y el canto. Hoy... vemos que, despojado de trascendencia, todo lo que le queda al hombre es gritar, porque desea ser únicamente tierra y busca convertir en tierra incluso los cielos y el fondo del mar. La verdadera liturgia, la liturgia de la comunión de los santos, lo restaura a la plenitud de su existencia. Ella le enseña de nuevo a volar, la naturaleza de un ángel; elevando su corazón, hace resonar de nuevo en él esa canción que en cierto modo ha quedado dormida. Es más, podemos decir que la verdadera liturgia se reconoce precisamente por el hecho de que nos libera del modo común de actuar y nos restituye la profundidad y la altura, el silencio y el canto” (Cantad al Señor un cántico nuevo, 1996). 124


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PUESTA EN COMUN También nosotros vamos a hacer tres columnas, o un tríptico de aportaciones, en torno a tres claves que se van destacando en el taller: el MENSAJE, el LENGUAJE, las PERSONAS, LA COMUNIDAD ALGO DE LO QUE SALIO 1. MENSAJE: ¿qué celebramos? - Dios nos quiere, nos habla, nos recrea, nos convoca… - Caminamos con el Señor, - Cosas concretas de la vida: 50 años, nacer… - Está presente en la vida - Una vida con sentido - La fraternidad - El dolor del mundo - El Dios con nosotros… - No todo el mundo va a celebrar algo. hay quien solo va a mirar, a estar… - Nos complicamos mucho la vida 2. LENGUAJE: ¿cómo celebramos? -

A veces se hablan dos leguajes diferentes (el de la gente, el de lo eclesial)

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Valor de la cercanía

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Importancia del previo: signos, motivación…; también del durante: cómo hablar, hacer; y del después de la celebración: cercanía, envío, continuidad,

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Ponernos en sintonía, con la gente y con Dios. Dedicar tiempo.

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Un lenguaje muy del ritual

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Los espacios hablan: familiaridad; distancia, mirada entre nosotros, mirada a Dios… 125


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Los espacios hablan: familiaridad; distancia, mirada entre nosotros, mirada a Dios… -

Lenguaje de la misericordia; predicación de un Dios lejano.

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Falta alegría en la formas, en el lenguaje

3. PERSONAS-COMUNIDAD: ¿con quién, para quién celebramos? -

La celebración es para todas las personas, para todas. Y para los que presiden o participan también.

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Animar a participar, a romper esquemas…

IDEA

SENTIMIENTO

LLAMADA

La propuesta era poder recoger algunas ideas, sentimientos y llamadas. Esas serían las conclusiones del taller.

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ESTAS SON LAS QUE HAN SIDO ENTREGADAS POR LOS PARTICIPANTES Sentimientos

Ideas -

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Compartimos. Somos tocados por la felicidad de Dios. ¿Dios es feliz? Eso queremos que nos toque y nos alcance La liturgia anuncia y celebra el misterio pascual.

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Discreción: de la transformación, del cambio, del proceso….

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El Espíritu sigue actuando a pesar de los “límites” de nuestras celebraciones.

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Gozo

Llamadas -

Tener una fe que dé esperanza, que anticipe el futuro, el siempre de Dios (su felicidad).

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Ayudar a nuestras comunidades a celebrar le fe y crecer en significatividad

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Clarificar qué celebramos.

Renovar

Javier García López

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5.5. TALLER Nº 5 LA PRESENCIA TRANSFORMADORA DE LA COMUNIDAD CRISTIANA

Introducción -

Presentación de cada participante del taller (nombre, comunidad cristiana en la que estamos, …)

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El esquema que nos proponen desde el Consejo es el siguiente: a) Breve descripción de la situación de nuestras parroquias y comunidades en este punto (animador) b) Recordatorio de las sugerencias del Magisterio y de las fuentes pradosianas sobre este punto (animador) c) Reacción y experiencias de los participantes d) Conclusiones o sugerencias de avance (animador)

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Objetivo del taller: ¿Cómo ayudar a crecer a nuestras comunidades eclesiales en esta dimensión de la presencia transformadora?. Clarificación: por presencia transformadora entendemos: Con Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi (EN 18) 128


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“Evangelizar significa para la Iglesia llevar la Buena Noticia a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro y renovar a la misma humanidad… La Iglesia trata de convertir al mismo tiempo, la conciencia personal y colectiva de los hombres, la actividad en la que están comprometidos, su vida y los ambientes concretos”. Así pues, la evangelización exige una acción humanizadora que vaya transformando las personas, las estructuras sociales, las costumbres, los comportamientos, las corrientes de opinión, los ambientes, etc…, hacia la creación de un mundo más acorde con el Evangelio de Jesucristo. No es suficiente el anuncio verbal, ni siquiera el testimonio. Es necesario el compromiso liberador Otros textos que pueden ayudarnos a entender lo que queremos decir con el término presencia transformadora “Los laicos están especialmente llamados a hacer presente y operante a la Iglesia en aquellos lugares y circunstancias en que sólo puede llegar a ser sal de la tierra a través de ellos” (Lumen Gentium,33). No se trata de que vengan, sino de que la Iglesia, a través de los seglares se haga presente en medio de ese mundo “desde dentro”, como “levadura en la masa”, “en el corazón del mundo”….”El campo propio de su actividad evangelizadora es el mundo vasto y complejo de la política, de lo social, de la economía, y también de la cultura, de las ciencias y las artes, … de la familia,… el trabajo, … la educación,… el sufrimiento,….” (EN 70). “La Iglesia no es para sí misma sino para evangelizar” (EN 15). La comunidad parroquial no puede permanecer replegada sobre sí misma, sino que ha de abrirse al mundo concreto donde está enraizada y donde las gentes viven sus luchas, gozos y sufrimientos:…… “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres….” el texto ya clásico de GS 1. Por último, un texto del Papa Francisco, en el nº 28 de la EG al hablar de la parroquia, citando a Juan Pablo II en la ChL, dice que es “la misma Iglesia que vive entre las casas de sus hijos y de sus hijas. Esto supone que realmente esté en contacto con los hogares y con la vida del pueblo, y no se convierta en una prolija estructura separada de la gente o en un grupo de selectos que se miran a sí mismos”.

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Tipos de presencia (CLIM – CEE 1991) - presencia individual de los laicos en la vida pública, como ciudadano que es. - presencia asociada de los laicos (diversas formas de asociación) . cristianismo de presencia: presencia pública eclesial (luz)> “Comunión y Liberación” . cristianismo de mediación: participación en las instituciones seculares (fermento) -

presencia pública de la Iglesia: activamente presente en la sociedad civil por ser un hecho público

Criterios: 1.- No es eclesial si se pretende la conquista o el ejercicio del poder 2.- Debe respetar la legítima autonomía de lo secular 3.- Debe brotar de la misión de la Iglesia: evangelizar y estar al servicio de los pobres

1.- Descripción de la situación de nuestras parroquias y comunidades. Hablo desde la realidad que conozco: mi parroquia, las del entorno, las comunidades y parroquias diocesanas, los Movimientos Apostólicos Creo que, en general en la mayoría de las parroquias, salvo honrosas excepciones cada vez más raras, los planteamientos y la actividad que se desarrolla en nuestras parroquias responde a una concepción demasiado parcial de la evangelización, entendida, sobre todo, de manera doctrinal, como propagación y transmisión de una doctrina, olvidando que evangelizar no es sólo anunciar una Buena Noticia, sino poner en marcha la Buena Noticia del Reino de Dios. 130


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No se observan en las parroquias demasiadas acciones dirigidas a transformar un determinado ambiente, a humanizar una realidad social concreta, a hacer presentes y operativos los valores del Reino en la sociedad. Faltan gestos colectivos y tomas de posición de la parroquia ante situaciones y hechos sociales claramente contrarios al Evangelio: desahucio de familias, apoyo a manifestación contra la droga y por un centro de día en el barrio para enfermos del sida, pronunciamiento ante el paro y la crisis, Deuda Externa y 0,7%…. -

La mayoría de las parroquias impulsan a sus fieles a una conducta cristiana correcta y un testimonio de vida ejemplar, pero no logran llevarlos a comportamientos y compromisos más transformadores.

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Es preciso que en nuestras parroquias promovamos mucho más el compromiso de los seglares en los ámbitos diversos de la vida social ya que son ellos quienes “han de procurar, en la medida de sus fuerzas, sanear las estructuras y los ambientes del mundo” (LG 36). “los laicos son llamados por Dios para contribuir desde dentro, a modo de fermento, a la santificación del mundo” (LG 21).

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Es preciso ayudar a los creyentes a tomar conciencia más viva de las exigencias sociales del Evangelio, ayudar a nuestros cristianos a descubrir pequeños compromisos encaminados a humanizar en algún grado el ámbito del hogar, el barrio, la escuela, el trabajo, la diversión…

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Creo que nuestras parroquias han de ayudar mucho más a proyectar los compromisos de las personas y grupos hacia la vida pública a través de las mediaciones seculares, atendiendo, sobre todo, a los cuatro campos que, ya hace bastantes años (1986) señalaba el documento de la CEE “Católicos en la vida pública”: la familia, la escuela y el mundo de la cultura, las actividades profesionales y el campo político.

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Otra tarea no suficientemente atendida por nuestras parroquias es la de acompañar más de cerca a creyentes que están ya comprometidos en una militancia cristiana, preocupándose de nutrir mejor su compromiso cristiano y escuchar más sus interpelaciones.

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Sin descuidar su labor asistencial, pienso que es posible y necesario introducir un espíritu de mayor compromiso liberador y transformador en campos como el de Cáritas Parroquial: puede desarrollar más la promoción de las personas, la denuncia de situaciones injustas de raíz estructural 131


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(p.e. Amancio Ortega: su donativo de 20 millones de euros y la explotación del trabajo infantil). En la Pastoral Sanitaria, promoviendo más la información y la defensa de los derechos del enfermo, apoyando la sanidad pública, etc. -

Otra laguna, desde mi punto de vista muy grave, en esta tarea de la presencia transformadora de nuestras comunidades, ha sido el no promover desde las parroquias los Movimientos Especializados de Acción Católica, con una larga experiencia contrastada y reconocida por el mismo Concilio Vaticano II, justamente en este campo de la presencia transformadora. Las parroquias pueden dar a conocer, impulsar, suscitar futuros militantes. Parroquia y Movimientos se necesitan mutuamente si se quiere penetrar con más fuerza evangelizadora en la sociedad; se complementan. Por supuesto esta grave laguna no es achacable sólo a las parroquias; nuestra jerarquía eclesiástica tiene una buena parte de responsabilidad.

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En lo que se refiere a la Formación de la Conciencia Social de los cristianos y, en concreto al desarrollo de la dimensión sociopolítica de la fe; por lo general, la mayoría de nuestras parroquias siempre tuvieron claro que el amor a los hermanos, la caridad, es el mandamiento fundamental del cristiano. Pero tanto la caridad como la fe se vivió de forma muy individualista. Cuesta mucho descubrir y vivir la dimensión sociopolítica de la fe y de la caridad. “Los cristianos somos muy buenos enfermeros, pero malos médicos” (L. Regaz, teólogo suizo).

Tenemos mucha sensibilidad y dedicación a problemas asistenciales (a las consecuencias), pero muy escasa o nula sensibilidad con respecto a los problemas estructurales (a las causas de esos problemas). -

Las parroquias nos encontramos con serias dificultades objetivas para evangelizar: Ya lo señalaba hace 27 años el Congreso de Parroquia Evangelizadora en su 1ª ponencia “¿Evangelizan nuestras parroquias?”. Esas dificultades hoy se han incrementado.

Entonces se hablaba de estancamiento. La parroquia sigue representando una posibilidad de misión que no acaba de desplegarse con el vigor evangelizador que nuestra Iglesia necesita. Es posibilidad, porque congrega personas de buena fe y voluntad; mantiene capacidad de convocatoria (ahora menos) y de iniciación a la fe de niños, jóvenes y adultos; es Iglesia del pueblo; es una realidad humana estable; está siendo garantía de universalidad. 132


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Pero no llega a formar cristianos testigos de la fe en sus ámbitos de vida, ni acaba de proyectar una presencia misionera y transformadora de la Iglesia en el mundo. También encuentra dificultades para educar en la unión entre fe y vida. Dificultades con las que me he ido encontrando a) Desde la comunidad y la parroquia - La estructura parroquial tiende a absorber y a su automantenimiento - La parroquia sigue estando muy dependiente de la persona del cura. Cuesta vivir realmente la corresponsabilidad. - La parroquia pierde dinamismo misionero porque se siente autosuficiente, se acomoda y se cierra en sí misma. - Existe excesiva preocupación por el número: “siempre somos los mismos”. - Dificultad de reconocer y valorar los distintos carismas: los que están metidos en actividades intraparroquiales se quejan de que los que están presentes en los ambientes vienen poco por la parroquia. Y estos, se quejan de que los otros no se comprometen. b) Desde la Iglesia y ámbitos eclesiales - Vivimos momentos de involución y de repliegue de la Iglesia sobre sí misma. - Se ha hecho una apuesta por una pastoral parroquial de mantenimiento y espiritualista, poniendo trabas a otro tipo de parroquia. - Falta sensibilidad hacia una pastoral parroquial que se plantee la evangelización del mundo obrero. No se suscitan vocaciones para ello (dificultades para tener encuentros con los seminaristas). No se promueven desde las parroquias el asociacionismo laical y los movimientos de evangelización de ambientes. - Falta de una pastoral de conjunto, incluso entre compañeros que tenemos unos planteamientos eclesiales parecidos: cada uno nos metemos en nuestros cubículos. 133


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c) Desde la sociedad y el ambiente - Individualismo: alergia a todo lo asociado y organizativo, se ve en ello como una limitación de mi libertad. - Presentismo: falta de utopías y proyectos globales. Hoy lo que se lleva son los compromisos para ratos libres, para momentos puntuales. Rechazo de los procesos lentos. - Ética hedonista del “me apetece”. Dificulta la vivencia de la militancia e impulsa a la búsqueda de grupos y actividades gratificantes. - En unos momentos de crisis de militancia (pocos militantes, algo desesperanzados y socialmente poco valorados)… se hace muy difícil permanecer. Y más difícil aún permanecer con esperanza. Pero es fundamental para la sociedad, para el mundo obrero y para la Iglesia y su misión evangelizadora. Dificultades con las que me voy encontrando últimamente (hablo de mi parroquia) - Envejecimiento de la mayoría de los feligreses (por encima de los 65 años), de los miembros más activos de la parroquia y de mí mismo. - Sensación, por parte de los miembros más activos, de “haber tocado techo”. - Se sienten más colaboradores del cura que corresponsables de la tarea común de evangelizar. - Personalismos en torno a distintos curas, que crean tensión, refuerzan el clericalismo y retardan la maduración de la comunidad. - Ausencia casi total de jóvenes; sólo algunos adolescentes (casi todos hijos de inmigrantes) y sin perspectivas de cambio. - Muy poca presencia de los cristianos en los ambientes y plataformas civiles. - Resistencias de los cristianos a la dimensión política de la fe. - Ideologización de la fe que no ayuda a crear comunidad y dificulta una auténtica conversión y dejarnos evangelizar. 134


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- Cambio en las estructuras diocesanas y en la pastoral en general (hablo especialmente de Madrid). Vuelta a los años anteriores al Concilio: en lo litúrgico (latín, rubricismo…), en lo catequético (vuelta a la pastoral colegial, sacramentos de iniciación…), pastoral juvenil centrada casi exclusivamente en organizar peregrinaciones; mayor control, predominio de lo jurídico, configuración de las estructuras de poder, en lo formativo, en el tipo de espiritualidad desencarnada… - Otra dificultad o laguna que me voy encontrando en nuestras comunidades y parroquias es un “serio déficit de mística cristiana” (Ver ponencias de J. Martin Velasco pág. 22-23 y de Víctor Codina pág. 6-7, “Fidelidad al Vaticano II en el siglo XXI” J.M. Velasco). Cambios profundos y cómo están influyendo en el tema que nos ocupa Cambios en la sociedad, en la Iglesia y en nuestras comunidades, y cambios en nosotros mismos. Cambios como la crisis económica y sus consecuencias, la llegada masiva de inmigrantes, la corrupción, la crisis de las instituciones, el desinterés por la política, el envejecimiento de nuestras comunidades y de los propios agentes de pastoral y el nuestro propio, etc. Un ejemplo: cómo está influyendo la crisis económica en el ejercicio de la caridad: “El aumento de la pobreza en esta crisis ha obligado a las instituciones de la Iglesia a dar una respuesta urgente de primera asistencia (reparto de comida, ropa, pago de medicamentos, de alquileres y otros consumos..) que considerábamos ya superados en nuestro país. Estos servicios de beneficencia se han multiplicado tanto que en ocasiones han restado tiempo para poder atender a tareas tan importantes como el acompañamiento y la promoción de la persona.” (La Iglesia, servidora de los pobres, 46, CEE, 2015). Después de lo señalado, surge una pregunta: ¿Es, HOY, más fácil o más difícil el crecimiento de nuestras comunidades en esta dimensión de la presencia transformadora? ¿Sigue siendo hoy la parroquia un cauce válido de evangelización? Soy un convencido de la validez, también hoy, de este cauce para evangelizar, y para evangelizar en concreto a los pobres. Es el cauce en el que me he 135


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movido y trabajado toda mi vida de cura. Creo que sigue siendo un cauce válido –por supuesto, no el único-, pero tiene sus condicionamientos y limitaciones La parroquia es, a la vez, posibilidad y limitación Como en el análisis que he hecho he resaltado más las dificultades y los límites, quiero ahora señalar algunas posibilidades: - La parroquia entendida como comunidad de comunidades, expresa mejor el pluralismo de la Iglesia y los distintos carismas. Es un medio de superar sectarismos y vivir la universalidad de la Iglesia (Cf AA, 10 b). - Posibilita el testimonio colectivo de cara a la misión y a la evangelización de alejados. - Es una realidad en medio del barrio, cercana a la vida de la gente, conocedora de sus gozos y tristezas, que posibilita la encarnación. - Ayuda a expresar la unidad de la Iglesia, Cuerpo de Cristo, y la unión de los miembros y grupos o comunidades con Cristo Cabeza. - Es un espacio humanizador en medio de una sociedad masificada y deshumanizada: es lugar de encuentro, diálogo y reflexión; posibilita la creación de pequeños grupos donde se vive la interrelación, lo afectivo, el compartir; posibilita una cercanía a la gente, presentar un nuevo rostro de Iglesia. - Puede ser, y en mi experiencia lo ha sido, un cauce para suscitar militantes que se hacen presentes en sus ambientes para transformar y evangelizar esas realidades, un cauce para iniciar los Movimientos Especializados. - También un cauce para formar la conciencia social de los cristianos y la dimensión sociopolítica de la fe: Escuela de formación social, Encuentros Fe-política, trabajo en los grupos de documentos interesantes “Católicos en la Vida Pública”, “CLIM”, encíclicas sociales, Cursos de DSI, etc. - Un espacio donde resuenan y se hacen eco (celebraciones, catequesis, grupos,…) los acontecimientos del barrio, del mundo obrero. - El propio Papa Francisco señala “que la parroquia no es una estruc136


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tura caduca, que tiene una gran plasticidad y puede tomar formas muy diversas. Que es comunidad de comunidades, santuario donde los sedientos van a beber para seguir caminando, y centro de constante envío misionero…” Pero al mismo tiempo reconoce “que el llamado a la revisión y renovación de las parroquias todavía no ha dado suficientes frutos en orden a que estén todavía más cerca de la gente, que sean ámbitos de viva comunión y participación, y se orienten completamente a la misión (EG 28).

2.- Recordatorio de las sugerencias del Magisterio y de las fuentes Pradosianas 2.1.- Sugerencias del Magisterio A.-Del Papa Francisco en la Exhortación Evangelii Gaudium: - Además del texto sobre la parroquia, citado anteriormente (EG 28) - Un tema recurrente y al que acude con frecuencia: una Iglesia “en salida”, presente en la calle, misionera: “La Iglesia <<en salida>> es una Iglesia con las puertas abiertas. Salir hacia los demás para llegar a las periferias humanas no implica correr hacia el mundo sin rumbo y sin sentido. Muchas veces es más bien detener el paso, dejar de lado la ansiedad para mirar a los ojos y escuchar, o renunciar a las urgencias para acompañar al que se quedó al costado del camino…. La Iglesia está llamada a ser siempre la casa abierta del Padre” (EG 46-47). - “La Iglesia debe llegar a todos, sin excepciones. Pero sobre todo, a los pobres y enfermos, a esos que suelen ser despreciados y olvidados” (EG 48). - “Salgamos, salgamos a ofrecer a todos la vida de Jesucristo…. Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades” (EG 49). - En el capítulo 4º dedicado a La dimensión social de la evangelización, el Papa señala que la fe no se puede reducir al ámbito privado, y que la Iglesia tiene todo el derecho y el deber de implicarse en la 137


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transformación de la sociedad y en la mejora de nuestro mundo: “Ya no se puede decir que la religión debe recluirse en el ámbito privado... relegarse a la intimidad, sin influencia alguna en la vida social, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos….. Una auténtica fe siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra…..Si bien el orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la política, la Iglesia no puede ni debe quedarse al margen de la lucha por la justicia. Todos los cristianos, también los pastores, están llamados a preocuparse por la construcción de un mundo mejor” (EG 183). - El capítulo 2º “En la crisis del compromiso comunitario” el Papa lo dedica a analizar el contexto actual en el que tiene lugar la acción evangelizadora y en el que nos toca vivir y actuar. Señala “Algunos desafíos del mundo actual” y “Tentaciones de los agentes pastorales”. Recojo de todo ello dos cosas: 1ª) La invitación-aliento a todas las comunidades a “una siempre vigilante capacidad de estudiar los signos de los tiempos” (EG 51). 2ª) Entre los desafíos del mundo actual, el primero que señala el Papa, unido a la crisis, “una economía de la exclusión y la inequidad” que lleva a “la cultura del descarte” y que genera “no ya explotados”, sino “desechos, sobrantes, excluidos” (EG 53). En una situación como esta ¿Cuál ha de ser la postura del cristiano? El Papa señala más adelante, al hablar de La inclusión social de los pobres (EG 187-200) un itinerario, una serie de pasos: 1.- “Estar atentos para escuchar el clamor del pobre”. Como Dios ante la opresión de su pueblo en Egipto “He visto la aflicción de mi pueblo” (Ex 37-8.10, EG 187). 2.- “Sentir compasión, que se nos estremezcan las entrañas ante el dolor ajeno…La misericordia….” Como Jesús ante la multitud hambrienta y como ovejas sin pastor (Mc 6,34, EG 193). 3.- “Dadles vosotros de comer” (Mc 6,37). Implicarse, vivir la solidaridad, compartir (EG 188-189). 4.- “El lugar privilegiado de los pobres en el Pueblo de Dios”. “Opción por los pobres” (EG 197). 138


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5.- Un paso más. “Es necesario que todos nos dejemos evangelizar por los pobres. Ponerlos en el centro del camino de la Iglesia. Llamados a descubrir a Cristo en ellos, … ser sus amigos” (EG 198). Formar apóstoles pobres para los pobres (Prado) 6.- “Cercanía real y cordial…. Que los pobres, en cada comunidad cristiana, se sientan como en su casa” (NMI 50, EG 199). 7.- Los pobres no sólo tienen derecho a alimento, a cariño, cercanía, a nuestra amistad, a sentirse en la Iglesia como en su casa,…. Tienen también derecho al mayor tesoro: Jesucristo, necesitan a Dios… Por eso el Papa dice: “la peor discriminación que sufren los pobres es la falta de atención espiritual” (EG 200). B.- Del Concilio Vaticano II: Decreto “El Apostolado de los seglares” (AA 10) “La acción de los seglares dentro de las comunidades de la Iglesia es tan necesaria, que sin ella el propio apostolado de los pastores no puede conseguir la mayoría de las veces, una plena eficacia” (AA 10) C.- El Papa Juan Pablo II en le encíclica Christifideles Laici (ChL 27) “Si la parroquia es la Iglesia que se encuentra entre las casas de los hombres, ella vive y obra entonces profundamente injertada en la sociedad humana e íntimamente solidaria con sus aspiraciones y dramas…. La parroquia, a través de los laicos, ha de ser la casa abierta a todos y al servicio de todos, o, como prefería llamarla Juan XXIII, la fuente de la aldea, a la que todos acuden para calmar la sed” (ChL 27) D.- “La Iglesia, servidora de los pobres”, documento de la CEE, 2015 Me he fijado en el último capítulo titulado “Propuestas esperanzadoras desde la fe” - “Promover una actitud de continua renovación y conversión”, plantea una dialéctica muy interesante: a) El encuentro con Cristo lleva al amor a los pobres y b) El amor a los pobres reenvía y acrecienta nuestra identificación con Cristo (34 b) 139


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- “Cultivar una sólida espiritualidad que dé consistencia y sentido a nuestro compromiso social”. Citando a San Juan, es la experiencia de ser amados por Dios la que nos posibilita amar a los hermanos (1Jn. 4,10.16). Por eso la caridad hunde sus raíces en la fe en Dios: “La experiencia de un Dios uno y trino, que es unidad y comunión inseparable, nos permite superar el egoísmo para encontrarnos plenamente en el servicio al otro” (36). - Llamados a vivir una profunda espiritualidad donde acción y contemplación, compromiso y oración, lucha por la justicia social y vida espiritual van unidas. Estamos llamados a ser evangelizadores con Espíritu, evangelizadores que oran y trabajan. En palabras del Papa Francisco en EG 262: “Siempre hace falta cultivar un espacio interior que dé sentido al compromiso” (37). - Rasgos de la espiritualidad que anima a los que trabajan en el campo caritativo y social: . Una espiritualidad trinitaria que hunde sus raíces en la entraña de nuestro Dios. .

Una espiritualidad encarnada y de ojos y oídos abiertos a los pobres.

. Una espiritualidad de la ternura y de la gracia. .

Una espiritualidad transformadora, pascual y eucarística: la unión con Cristo que se realiza en el sacramento de la Eucaristía es al mismo tiempo unión con todos los hermanos

2.2.- Sugerencias desde las fuentes pradosianas 2.2.a.- Entresaco algunos rasgos de la vida de A. Chevrier sacados del VD o de algunos de sus biógrafos [A. Ancel (“El Prado”) y J. F. Six (“Antonio Chevrier…”)], que guardan relación con el tema que nos ocupa: w La Encarnación (Dios que, en la persona del Verbo, hace suya nuestra carne, nuestro mundo, nuestra historia, para transformarla, redimirla) punto de arranque de la presencia transformadora de nuestras comunidades cristianas. La contemplación por parte de A. Chevrier del misterio de la Encarnación en la Navidad de 1856, tam140


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bién punto de arranque, de su conversión, de una forma concreta de evangelizar y de hacerse presente: “Iré en medio de ellos y viviré su propia vida” Decía a sus seminaristas: “No trabajéis por crecer y ascender, trabajad más bien por haceros pequeños y humildes de manera que estéis a la misma altura de los pobres, para estar con ellos, vivir con ellos, morir con ellos”. Si queremos comprender al P. Chevrier –comenta A. Ancel- , , jamás insistiremos bastante sobre este compartir la vida, sobre este “estar con”. Es para el P. Chevrier un aspecto característico del misterio de la Encarnación” (“El Prado”, pág. 156, A. Ancel). Dice J. Françoix Six “que el sueño del P. Chevrier era suscitar sacerdotes pobres para los pobres; deseaba que estas vocaciones nacieran en el corazón mismo del mundo de los pobres y que se desarrollaran en este mundo, sin separación. Para Chevrier no es posible formar sacerdotes que se consagren verdaderamente al servicio de los trabajadores de la Guillotière, sin que vivan en medio de los trabajadores….. Pero va aún más lejos. Es entre esos jóvenes perdidos de La Guillotière, que acoge en el Prado, de donde busca los primeros miembros para su grupo de sacerdotes pobres. De entre aquellos de quienes decía la gente: ”Él recoge vagabundos, callejeros y cree que los va a civilizar, que los va a transformar en ciudadanos honestos y buenos cristianos” (“A. Chevrier”, pág. 160-161). Ver también “Constituciones” nº 2 y 9. w Compartir la vida de los hombres. El motivo que principalmente guía al P. Chevrier es el deseo de permanecer en medio del mundo y compartir la vida de los hombres, señala el P. Ancel, recordando palabras del mismo Chevrier: “Los religiosos están en el claustro, pero el sacerdote está hecho para vivir en medio de los hombres” (VD 121) (“El Prado” p. 217). w Presencia motivada por el amor. “La presencia según el Evangelio está motivada por el amor y no puede ser vivida verdaderamente sino en el amor –añade el P. Ancel- Por amor, se hizo hombre el Hijo de Dios y vivió entre nosotros “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo” (Jn 3, 16). Además, no estamos verdaderamente presentes a alguien más que en la medida en que éste se siente amado tal cual es, tanto en el plano individual como en el social 141


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w Y un amor compasivo “Amar a alguien según el Evangelio significa interiorizarse con él tal cual es, personal y colectivamente, con sus sufrimientos y con sus aspiraciones, con sus valores y sus miserias. Así lo hizo Jesucristo, y es en este sentido en el que hablaba el P. Chevrier de la “compasión como fundamento de la caridad” (VD p. 419 y 433) (“El Prado” p. 156). w Presencia que implica revelar a Jesucristo. “La presencia según el Evangelio nos exige también revelar a JC a través de nuestros comportamientos humanos, como JC reveló a su Padre a través de su vida terrena. No basta con compartir la vida de los hombres. Lo que caracteriza a la Encarnación no es solamente que el Hijo de Dios se haya hecho hombre, es también el que este hombre haya manifestado a Dios (Jn. 1,1)”. w Opción preferencial por los pobres. “Esta presencia aunque debe estar siempre abierta a todos, tiene, como en JC, una predilección especial por los más necesitados…. En este sentido el P. Chevrier había hecho una opción muy clara y decía: “Para ocuparse de los ricos, no faltarán sacerdotes, en cuanto a nosotros, estamos más particularmente encargados de evangelizar a los pobres” (VD p. 416). Aunque jamás excluyó a los ricos de su preocupación apostólica” (“El Prado” p. 159). w Gran apertura misionera. <<En su época el clero se ocupaba casi exclusivamente de los cristianos practicantes. Pero el P. Chevrier presenta una gran apertura misionera: “Cuando se nos permita, iremos a dar la catequesis a las parroquias, a las aldeas, a los caseríos, a los barrios, a las fábricas, para llevar a Dios a todas estas pobres gentes que se alejan de nosotros, imitando así a los apóstoles, que iban predicando públicamente y por las casas, llegando a ser de esta manera pequeños misioneros” (VDA p. 508) >> (“El Prado” p. 159 A. Ancel) 2.2.b.- En las Constituciones y Directorio particular - Los números que me parece que guardan una mayor relación con el tema que nos ocupa son: 9, 14, 44, 50 - Otros también relacionados: 2, 6, 7, 17, 20, 21 25, 28, 38, 46, 58 - Del Directorio Particular del Prado de España: 38 y 14. 142


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3.- Conclusiones o sugerencias de avance 1ª.- Atención a la vida y a los signos de los tiempos La vida, la individual y la colectiva, la de los grandes acontecimientos y la de cada día, es lugar teológico donde Dios se manifiesta y punto de partida de toda acción evangelizadora. “Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en el corazón de los discípulos de Cristo” (GS 1). El Concilio en diversos momentos y documentos invita a los sacerdotes, a los laicos y a las comunidades a: “reconocer… los signos de los tiempos” (UR 4), Sobre la libertad religiosa (DH 1); La relación de la Iglesia con las religiones no cristianas (NAE 1) Esto requiere por nuestra parte unas actitudes: . Esfuerzo por conocer la realidad, dotándonos de instrumentos para ello . Actitud permanente de escucha, y de diálogo para compartir distintas visiones e interpretaciones de esa realidad . Respeto máximo y actitud contemplativa: “descálzate la tierra que pisas es sagrada” (Ex 3,5). . Mirada compasiva: “VIO y SINTIÓ COMPASIÖN… porque estaban como ovejas sin pasto.” (Mt 9,36 y Mc 6,34). Sólo desde una mirada compasiva y llena de ternura, sólo conociendo y haciendo propios los sufrimientos de este pueblo se puede evangelizar al mundo obrero. Mirada a la realidad con los ojos de Dios y con el corazón compasivo y lleno de ternura con el que Él la mira. 2ª.- Mística de la encarnación y seguir una metodología inductiva . Necesidad de vivir desde “dentro” y “desde abajo”, como “levadura en medio de la masa”, o, como dice Pablo VI “en el corazón del mundo” (EN 70). .

Proponer y poner en práctica el método de la Revisión de Vida en los grupos de la parroquia y en las comunidades. Ayudándonos a 143


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leer el paso de Dios por la vida, a poner en relación la vida con la Palabra de Dios, la fe y la vida. (Ver ponencia de J. M. Velasco sobre método inductivo del Vaticano II). 3ª.- Los pobres y los alejados destinatarios preferenciales de la evangelización Criterio puesto por Cristo para saber si estamos construyendo el Reino: “Los pobres son evangelizados” (Mt 11,5). El Concilio expresa esto mismo en varias ocasiones y documentos. Valga como muestra el comienzo de la GS 1: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres…” Esto implica: estar atentos en las parroquias a las nuevas formas de pobreza que van surgiendo: inmigrantes, ancianos y personas solas, etc. Nuevas pobrezas dentro del mundo obrero. Sensibilizar a toda la comunidad; crear cauces adecuados para ello; ayudar a descubrir las causas que generan estas pobrezas No son los pobres los que tienen que venir a la Iglesia, sino que es la Iglesia la que tiene que ir a los pobres, haciéndose pobre y participando de las luchas y esperanzas por su liberación. Para realizar esta tarea son necesarios los Movimientos Especializados: potenciarlos desde las parroquias. 4ª.- Los pobres evangelizadores de los pobres No son sólo destinatarios o simples objetos de la acción evangelizadora, sino sujetos activos de esa misma evangelización. ¿Qué supone esto? 

 

Reconocer a los pobres, como evangelizadores de los pobres. Y también como evangelizadores nuestros. Por nuestra parte, situarnos como aprendices, no como maestros. Dedicar tiempo y recursos a formar apóstoles pobres para los pobres, a formar militantes.

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5ª.- Tras las huellas del Buen Pastor Se trata de seguir a Cristo: Él va por delante, ya está presente en medio de ese mundo. La evangelización no consiste sólo en llevar la Buena Noticia al mundo, sino también en descubrir y reconocer las semillas del Reino que ya anidan dentro de ese mundo de los pobres, de los alejados, del mundo obrero. Como hacía Juan el Bautista: “En medio de vosotros está uno al que no conocéis….” Convencidos como Pablo en Corinto de que: “En esta ciudad hay muchos que llegarán a formar parte de mi pueblo” (Hch 18, 10). El protagonismo es pues de Jesucristo. Él es el que evangeliza y nos precede. Él ama más que nosotros y antes que nosotros a estas ovejas. ¿Nuestra tarea? Descubrir cómo Dios ya está ahí trabajando para colaborar con él: “Mi Padre no cesa nunca de trabajar; por eso yo trabajo también en todo tiempo...“ (Jn 5,17). 6ª.- Promover el protagonismo de los laicos y un apostolado asociado y organizado “La Iglesia entera es misionera y la obra de la evangelización es un deber fundamental del Pueblo de Dios…. Por tanto, una Iglesia que quiera potenciar su fuerza evangelizadora ha de promover en su seno la corresponsabilidad, el protagonismo de los laicos” (Congreso Parroquia Evangelizadora). A pesar de los avances, nuestra Iglesia, tanto en su talante como en su estructura organizativa, sigue siendo clerical. Los Movimientos Especializados por su experiencia, por su educación y forma de actuar en corresponsabilidad; y sobre todo, por su estructura organizativa (supraparroquial y con dirección en los propios seglares) contribuye a desclericalizar la Iglesia y a reconocer el protagonismo de los laicos. La dimensión asociativa y organizativa, que aportan a la evangelización los Movimientos Especializados, es otro aspecto importante. Todo cristiano, por su bautismo, está llamado a dar testimonio de Jesucristo, a ser apóstol. Pero la sociedad actual y el mundo obrero y su evangelización necesitan un apostolado asociado y organizado: 145


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. Es necesario para poder dar un auténtico testimonio eclesial y comunitario. No sólo “cuatro héroes” a título individual. Incluso es necesario para una mayor eficacia pastoral. .

Favorece la continuidad, más allá de personalismos; y evita los “bandazos” que a veces se producen cuando cambian las personas. Por ejemplo, en una parroquia cuando cambia el cura. La organización posibilita la continuidad

7ª.- PERMANECER siendo Testigos de esperanza. Paciencia y Constancia En una sociedad donde todo es pasajero, donde tan difícil se hacen los compromisos definitivos… donde lo que se lleva es el compromiso para las horas libres. En un mundo donde se buscan espacios “cálidos” y gratificantes, grupos “estufa”. En unos momentos de crisis de la militancia… Se hace muy difícil permanecer. Y más difícil aún permanecer con esperanza. Sin embargo, es fundamental para la sociedad y para la Iglesia y su misión evangelizadora. Se hace necesario recuperar entusiasmo, horizonte utópico, impulso ético… Sólo si hay entusiasmo utópico se puede permanecer en las luchas del mundo obrero. Y ¿quién tiene más motivos para creer en esta utopía y para vivir la esperanza que los que nos decimos seguidores del Crucificado-Resucitado? Esto supone: . Aceptar el ritmo lento de toda tarea educativa y evangelizadora, saber esperar. . Volver a empezar (repetidos intentos de Cardijn con jóvenes al iniciar la JOC). “No hemos pescado nada, pero en tu nombre echaré la red” (Lc 5,5). . “Ser levadura en medio de la masa” exige tiempo; dar tiempo a que fermente. .

Actitud paciente y esperanzada del labrador que echa la semilla y sin que él sepa cómo, después Dios la hace crecer.

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Dos líneas de acción a cuidar especialmente en estos momentos 1ª) Cuidar más, desde la parroquia, el ofrecer espacios para vivir una auténtica espiritualidad cristiana: favoreciendo la experiencia de fe, de encuentro con el Señor; cultivando más intensamente el elemento místico del Cristianismo (Ver ponencias de J. Martín Velasco pág. 22-23 y de Víctor Codina pág. 6-7). “En algunas comunidades eclesiales surgidas a partir del Vaticano II se ha podido denunciar con razón un serio déficit de mística cristiana… Tales comunidades... han pensado que la oración se reducía a la vida, que creer se reducía a comprometerse y han abandonado el ejercicio personal y comunitario de la experiencia de la fe…. Creo que las comunidades cristianas no somos hogares de oración y que necesitamos cultivar más intensamente el elemento místico del cristianismo… Porque hoy la crisis religiosa se ha convertido en “crisis de fe” y las propias comunidades cristianas padecen en alguna medida una verdadera “crisis de Dios… Recordemos lo que profetizaba Rahner que <<el cristiano del mañana será místico o no será cristiano>>” (“Fidelidad al Vaticano II en el siglo XXI”, J. M. Velasco). En esta misma línea apunta Víctor Codina en su ponencia “Del Vaticano II... ¿A Jerusalén II?” Y termina señalando: “La Iglesia ha de concentrase en lo esencial, volver a Jesús y al Evangelio, iniciar una mistagogía que lleve a una experiencia espiritual de Dios, es tiempo de espiritualidad y de mística. Y también de profecía frente al mundo de los pobres y excluidos, que son la mayor parte de la humanidad…. Mística y profecía son inseparables. La Iglesia ha de generar esperanza y sentido a un mundo abocado a la muerte. Hay que ir a lo esencial. Y no engañarnos, no caer en la vieja tentación de tocar violines mientras el Titanic se hunde… En este clima de perplejidad y de crisis universal, los cristianos afirmamos afirmamos que en medio de este caos, está presente el Espíritu que se cernía sobre el caos inicial para generar la vida, el mismo Espíritu que resucitó a Cristo de entre los muertos. Del caos puede surgir un tiempo de gracia, un kairós, una Iglesia renovada, más pobre y evangélica. Algunas voces postulan un muevo concilio, pero en este caso no debería ser un Vaticano II, sino un Jerusalén II…” 2ª) La parroquia ha de ser hogar de puertas abiertas, “casa cálida”, referencia y esperanza para los pobres, sobre todo en los momentos de crisis que vivimos. El papa Juan XXIII había dicho al comienzo del Concilio: “La Iglesia es la Iglesia de todos, pero hoy más que nunca es la Iglesia de los pobres”. 147


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Incluso en unos momentos de crítica de todas las instituciones y especialmente de la Iglesia, la gente sencilla ve en la parroquia del barrio un lugar dónde acudir, una esperanza (arma de doble filo). ¡Ojalá acertemos, con la ayuda del Espíritu, a hacer realidad las palabras de Juan XXIII y poder ser signo de esperanza y de la presencia de Dios en el mundo! Pedro Requeno Regaño

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5.6.- TALLER nº 6 LOS PROCESOS DE ACCESO A LA FE

“Estamos aquí para esto y nada más que para esto: Conocer a Jesucristo y a su Padre, y hacerle conocer a otros. ¿No es esto suficientemente bello como para dedicarle por entero nuestra vida sin necesidad de entretener nuestro espíritu en otras cosas?; he aquí todo mi anhelo, tener hermanos y hermanas catequistas”. (Carta 181 del P. Chevrier a Sor Verónica)

1. AMBIENTACIÓN: Oración “Oh Verbo” (el proceso de fe que subyace) 2. LAS FORTALEZAS Y DEBILIDADES (Síntesis de las monografías) a. Experiencias pastorales respecto de los procesos de fe: grupos vivos, con fe personalizada, conciencia de comunidad cristiana… experiencias hondas de fe en las celebraciones; unión fe-vida. b. Comunidad que no se renueva; jóvenes descolgándose de la comunidad; celebración de los sacramentos de iniciación sin incorporación a la comunidad; desconcierto a la hora de proponer el evangelio al hombre de hoy 3. LA FE, DON Y TAREA: Acción de Dios y realización humana (Iniciativa de Dios y respuesta del hombre). “La puerta de la fe que introduce en la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia, está siempre abierta para nosotros. Se cruza 149


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ese umbral cuando la Palabra de Dios se anuncia y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma” (Benedicto XVI, PF 1). A LA LUZ DE LA PALABRA DE DIOS: Afirmaciones referenciales: “A Dios nadie le ha visto nunca. El Hijo único que está en el seno del Padre él lo ha contado (es la explicación) (Jn 1,18). “De su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia” (Jn 1,16). “Nadie viene a mí si el Padre no le atrae” (Jn 6,44). “¿Cómo podréis creer vosotros que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene de Dios? (Jn 5,44). “El trabajo que Dios quiere es que creáis en quien Él ha enviado” (Jn 6,29). Parábolas y alegorías: El que encuentra un tesoro… “por la alegría que le da”… La semilla crece por sí sola… primero hierba, sin que él sepa cómo Yo soy la vid vosotros los sarmientos Dinamismo de la fe: Lc 6,47: El que viene, escucha, cumple (frutos, casa) Jn 1,88 ¿qué buscáis?; Jn 20,15: ¿por qué lloras? ¿a quién buscas? El testimonio de tres procesos de fe: Nicodemo: ¿puede un hombre nacer siendo viejo? (Jn 3,1-21; 7,50; 20,39) Samaritana: dejando el cántaro…(Jn 4,1-38) Buen ladrón: Hoy estarás conmigo… (Lc 23,42) La lentitud del proceso de fe de los apóstoles: Jn 16,31 150


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"Desde los tiempos apostólicos, para llegar a ser cristiano se sigue un camino y una iniciación que consta de varias etapas. Este camino puede ser recorrido rápida o lentamente. Y comprende siempre algunos elementos esenciales : el anuncio de la Palabra, la acogida del Evangelio que lleva a la conversión, la profesión de fe, el Bautismo, la efusión del Espíritu Santo, el acceso a la comunión eucarística. " (Catecismo de la Iglesia Católica 1229) (Compartir: nuestro propio proceso de acceso a la fe. Nuestras experiencias pastorales) EL P. CHEVRIER COMO GUÍA: Su conversión y decisión: “Iré en medio de ellos y viviré su propia vida; estos niños verán de cerca lo que es el sacerdote y les daré la fe.” La propuesta de la fe: de “lo que hay que conocer y hacer para salvarse” a la presentación del Salvador: Conocer a Jesucristo lo es todo. “Sígueme en mis predicaciones (estructura central del capítulo del VD) Un proceso de encuentro, desde el atractivo: “¿sientes un impulso interior que te lleva a Jesucristo? Un sentimiento lleno de admiración… sentimiento que nos toca… suave soplo que nos impulsa…lucecita que nos ilumina… ¡ah! Fomentemos este atractivo… (VD 119). Proceso interior y exterior (VD 221- 222). Los “todos” (“con los cinco sentidos”). Todo al servicio de la fe: “Si tienes necesidad de un pobre” 132) 3 PALABRAS GENERATIVAS: 

ENCUENTRO: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y con ello un orientación decisiva” (DCE 1). 151


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ENGENDRAR: “Con la iniciación cristiana, la Iglesia madre engendra a sus hijos y se engendra de nuevo a sí misma. Es el principio del cordón umbilical” (E. Biemmi, 141) (Cf EN 15). REDESCUBRIR: “Redescubrir “el camino de la fe para iluminar de manera cada vez más clara la alegría y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo” (PF 2);… la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe (PF 7);… el gusto por alimentarnos de la Palabra de Dios (3) Volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio” (EG 11). w Olor a Evangelio (EG 39) w “Más que el ateísmo, hoy se nos plantea el desafío de responder adecuadamente a la sed de Dios de mucha gente” (EG 89).

EL ”SEGUNDO PRIMER ANUNCIO” Experiencias de acompañamiento de procesos de fe. LOS PROCESOS DE LA FE EN LA ERA DE LA COMUNICACIÓN” A propósito de los conceptos “proceso”, “itinerario”, “itinerarios”: Mentalidad de itinerario: J. Maideu, Caminos para la fe, p. 9 Estamos acostumbrados a proyectos y a programaciones… todo claro y cuadrado, todo con plazos fijos, temporalizado. Esto, sin querer, nos crea mentalidad de proyecto, de algo que hay que cumplir en unos plazos fijados de antemano. Contra esa mentalidad de proyecto hay que establecer la mentalidad de itinerario. El itinerario es largo, no siempre lineal, exige tiempo, paciencia y, a veces, no sabes la meta, sólo sabes el camino y no del todo” P. BABIN, La era de la comunicación “hoy la propuesta no puede dirigirse solo a la inteligencia de personas (gnosis, los conocimientos de la fe), sino a la totalidad de las dimensiones de su vida” (Biemmi, pg 30) “Con los cinco sentidos” P. BABIN, La era de la comunicación. Para un nuevo modo de evangelizar, ST 1996 152


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LOS ESQUEMAS DEL LENGUAJE (pg. 54-86) COMUNICACIÓN DE LA MODULACIÓN / COMUNICACIÓN ALFABÉTICA MODULACIÓN Pg. 54

ALFABÉTICA (pg. 64)

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Escuchar es previo al hablar

-

-

Estar juntos prima sobre las diferencias y puntos de vista

Hablar más importante que escuchar

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Predominan las palabras

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Comunicar no consiste en decir, sino en participar

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Abstracción, rigor, lógica racional

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Sentido predominante: el oído

-

Sentido predominante: la vista

- OÍR / LEER: Comprender por medio del oído es esencialmente estar en el interior de la realidad. Comprender por medio de la lectura es estar por encima (pg 56). RECIBIR LA COMUNICACIÓN: “Si nos comunicamos, no es fundamentalmente porque hablemos, sino porque escuchamos… “Nosotros amamos porque él nos amó primero” (1 Jn 4,19). Antes de ser emisor hay que ser receptor. El comunicador es, ante todo, un radar expuesto a los vientos de la montaña” (pg 61). “Somos tanto más humanos cuanto más capaces somos de utilizar sucesivamente ambos tipos de comunicación… Lo desastroso no es que un lenguaje predomine sobre el otro, sino que lo elimine” (pg. 69). (Iglesia de la modulación / Iglesia del alfabeto) (pg 73).

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[COMUNICACIÓN DE AMISTAD (págs. 74-78)] COMUNICACIÓN DE ESPÍRITU - El punto de partida es una revelación del ser profundo de cada una de las partes - Lo que se comunica no son informaciones o ayudas psicológicas, sino el espíritu que nos hace vivir. Este espíritu humano está unido al Espíritu de Dios. - Se asiste a la aparición de redes particulares o “familias” de Espíritu que actúan como fermento de la sociedad (pg 79).

“Que el espíritu se manifiesta en el triunfo humano, como en la primavera de Galilea, es cierto; pero no es más que un comienzo, un camino, una promesa. El Espíritu viene en plenitud cuando muere Jesús: “Si yo no me voy, no vendrá a vosotros el Espíritu” (Jn 16,7). Y no se trata de una mera coincidencia celeste para hacer posible Pentecostés. Se trata de una ley: existe una íntima relación entre la muerte, la merma de las fuerzas físicas o afectivas y la comunicación de Espíritu. El Espíritu únicamente irrumpe en la plenitud cuando hay docilidad por parte del cuerpo, integración de los sentidos en el corazón y decisión total de amar” (pg 81). “El objetivo más humano no es ni el beneficio ni el éxito ni el nivel de audiencia, ni siquiera la transmisión de conocimientos. Aunque todos estos elementos son dignos de aprecio, siguen siendo secundarios. El objetivo final de la comunicación es la fecundidad espiritual de las partes. La comunicación de Espíritu no tiene más objetivo que la comunicación de Espíritu. Podría afirmarse que el objetivo es Pentecostés, no la Iglesia; la fecundidad, no la obra...” (pg 82).

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LOS ESQUEMAS DE LA FE CRISTIANA LA COMUNICACIÓN DE LOS POBRES (pg 86 ) -

Los términos de la comunicación (Dios – el pobre – el rico) no hacen referencia fundamentalmente a personajes o a entidades sociológicas, sino a actitudes fundamentales de complementariedad o de conflicto. Dios ha manifestado en Jesús lo que es la pobreza de espíritu.

- Atención benevolente y receptividad van íntimamente unidas a la expresión - Se comunica ante todo lo que se es

“Hablar de la comunicación de los pobres no significa ceder a una moda o a una compasión sentimental. La comunicación de los pobres es la conciencia de la Iglesia. Si hemos nacido de Dios, siempre habrá en nuestro interior una voz que nos diga: ¿estás seguro de comunicar como los pobres?… ¿hablas dominando o recibiendo?… la comunicación de los pobres es una norma absoluta en el corazón de la Iglesia. “…Si Dios es pobre, el ideal de la comunicación es que sea pobre y entre los pobres. Son muchos, sin embargo, los libros y los consejos que quieren hacernos entender lo contrario… Ahora bien, Jesús efectuó en este punto una verdadera revolución: la más alta expresión de la comunicación se manifiesta en el momento en que Dios se hace el más vulnerable de los seres. Fue en la cruz donde se reveló la verdad. Fue en su corazón traspasado donde, al fin, Dios dejó de hablar en parábolas Comunicar es aceptarse como luz y sombra, es dejar que el otro nos afecte, es darle el poder de curarnos. Toda comunicación de maestro a alumno… debe caracterizarse por una doble actitud: la de ser roca (en cuanto a la competencia y la fe) y al de ser caña (en cuanto al estremecimiento del ser) (pg 94).

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LA COMUNICACIÓN DE LA FE Conviene distinguir claramente entre comunicación de la fe y la comunicación catequética, que no son equivalentes. Por no haber hecho esta distinción, son muchos los que han arrojado la toalla totalmente decepcionados, porque habían creído firmemente que la fe, de alguna manera, constituía la culminación de una buena pedagogía y de una santa doctrina… Se pueden comunicar doctrinas, creencias e incluso entusiasmos cristianos, pero no la chispa de la fe, ni al principio ni a lo largo de la comunicación E. BIEMMI, El segundo anuncio. La gracia de volver a empezar, ST 2013

HACIA UN CRISTIANISMO DE LA GRACIA Muchos hombres y mujeres de hoy piensan que para ser plenamente humanos y tratar de vivir bien la propia vida no es necesaria la fe… Desde la perspectiva de una evangelización renovada, esta misma situación abre el camino hacia un nuevo rostro de cristianismo… Desde una propuesta libre y gratuita se abre el tiempo del cristianismo de la gracia… Con su visión secularizada de la vida están tal vez más dispuestos a dejarse sorprender por el evangelio, a condición de que la Iglesia tenga esperanza en ellos y siga dando testimonio de aquello que por gracia se le ha otorgado ser, sin proselitismos, sino por exceso de gratitud, de modo que la alegría sea completa (pg 33).

PRIMER Y SEGUNDO ANUNCIO “Nuestra actual situación pastoral se parece quizás al trabajo de un agricultor enamorado de su tierra. Cava, abona, riega, con gran dispendio de energías…, pero nadie se ha preocupado de sembrar en ese campo ¡y los esfuerzos resultan estériles! Si la catequesis corresponde al tiempo del cultivo, el primer anuncio corresponde al tiempo de la siembra, y es esta siembra la que falta, en gran parte de nuestra pastoral ordinaria”.

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El primer anuncio es la proclamación del evangelio con vistas a conducir a una persona al encuentro con Jesús en la comunidad eclesial y a emprender un camino de conversión. Por segundo anuncio podemos entender las propuestas que tratan de reavivar la fe de personas que la viven como una costumbre o que se han distanciado de ella… El primer anuncio, de hecho, así como el segundo “primer anuncio” constituye siempre una experiencia inaugural, provoca un nuevo comienzo, despierta el asombro adormecido. Pero nada más difícil que asombrar a cristianos practicantes o acostumbrados a creer: ¡ya no se asombran de anda!… No menos costoso es el asegundo anuncio con personas que han perdido el contacto con la fe… Antes de aprender se necesita un largo tiempo para ayudar a desaprender (pg 52). “La profesión de fe contenida en el Símbolo es del orden de la exposición. Vale para quien es creyente, para quien se reconoce en ella, para quien puede comprenderla. Yo creo, por el contrario, que el “primer anuncio” debe expresar lo que se cree en el orden del descubrimiento. Y aquí el movimiento es inverso. En el orden del descubrimiento todo comienza con el Amén de la vida de un creyente. A partir de esta palabra es posible remontarse desde la experiencia del Espíritu a su identificación como Espíritu de Jesús, que continuamente nos orienta hacia el Padre, y de esta manera se hace el camino inverso al orden de la exposición con el que el Credo enuncia la fe. Para entrar en una lógica de primer anuncio es necesario pasar del enunciado de los objetos de la fe pronunciados en el Credo a la experiencia de fe “portada por un cuerpo que la hace ver, oír, tocar” (Cita de F. BOUSQUET)… Esto nos lleva como catequistas y párrocos, a concentrarnos en lo que tenemos que dar nosotros más que en las condiciones que deben tener los destinatarios del Evangelio. El gesto de la mano que siembra es atrevido: se fía de la fuerza de la semilla y se fía de la capacidad receptiva del terreno, que es lo mismo que decir: de la libertad de la persona. Lo que tenemos que dar no nos pertenece.

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LA GRACIA DE VOLVER A EMPEZAR “Durante mucho tiempo se ha creído que el cordón umbilical es unidireccional: pero no es cierto. El cordón umbilical, como toda relación viva, es siempre bidireccional”. La imagen del cordón umbilical es sugerente, pero sobre todo es verdadera…Es la madre quien “hace” al hijo, lo engendra día tras día…Pero al mismo tiempo sucede el milagro inverso. El hijo hace a la madre, hace progresivamente de esa mujer una madre. “Con la iniciación cristiana, la Iglesia madre engendra a sus hijos y se engendra de nuevo a sí misma”… Primero está la mujer, después el hijo; primero está la Iglesia, después los cristianos. Nadie se da la vida a sí mismo; nadie se crea la fe por sí mismo. Tanto en la vida como en la fe, somos siempre precedidos y dados a nosotros mismos… La Iglesia existe para evangelizar y, al mismo tiempo, además de ser agente de esta evangelización, se reconoce como fruto de ella” (pg 132).

PROCESOS DE ACCESO A LA FE. CHEVRIER PROCESO DE ENCUENTRO: Conocimiento de Jesucristo (adhesión) (“con los cinco sentidos”): Proceso de “renuncias” (las cinco condiciones) y de seguimiento. Desde el atractivo: “¿sientes un impulso interior que te lleva a Jesucristo? Un sentimiento lleno de admiración… sentimiento que nos toca… suave soplo que nos impulsa…lucecita que nos ilumina… ¡ah! Fomentemos este atractivo… (VD 119). Progreso: el dinamismo del Mural de Saint Fons AL SERVICIO DE LA FE DE LOS POBRES “Iré… conocerán de cerca… y les daré la fe” (Escritos Espirituales) “Sígueme en mis predicaciones” (la clave del VD 439) 158


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”La misión de predicar es la más importante de todas… antes de bautizar, confesar, convertir… (VD 444) “Como una madre que da a luz a Jesucristo en nosotros” (VD 445) “Iluminar la inteligencia por el conocimiento, mover el corazón por el amor, conseguir que la voluntad se determine a actuar… hacer que nazca el amor hacia la verdad que enseñamos… Valerse de todos los medios posibles y, como dice San Pablo, hay que dar a luz como una madre, hacerse nodriza y padre, dar su vida por amor” (VD 451-452). EL ESPÍRITU DE DIOS (PROCESO INTERIOR / EXTERIOR) (VD 222) ¿No observamos también esto en el trato de Jesucristo con sus apóstoles? Primero los escogió. Durante los tres años que pasó con ellos para formarlos en la vida evangélica y apostólica nunca le vemos dedicado a darles formas exteriores y regulares, disciplinarias; vivían al compás del tiempo, como podían. En cambio, le vemos ocupado constantemente en la transformación interior de sus apóstoles; les instruía sin cesar, les reprendía a cada instante, les disponía a todo, les formaba en todo. Al mismo tiempo que les daba los grandes principios de la vida evangélica y perfecta, se los hacía practicar poniéndolos en acción. No les da más reglamento que éste: Sígueme; yo soy tu reglamento, tu vida, la forma exterior que debes imitar. Hay quienes comienzan por reglamentos exteriores, hacen muchas reglas. Todo eso no es nada. El verdadero reglamento que hay que imponer a los otros es éste: “sígueme”, haz como yo; no te pido cosas más difíciles de lo que yo hago. “Sígueme”, éste es el gran reglamento. Instruir, reprender y poner en acción, hacer que otros actúen: esto es la vida, la savia y el medio de comunicarla. Angel Marino García Cuesta

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6.- TESTIMONIOS


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6.1. CUANDO SOY DÉBIL Con el testimonio que sigue me propongo compartir trozos de vida en que implícita o explícitamente he intentado o intento crear las condiciones favorables para que las personas que viven alguna precariedad se sientan queridas por Dios y ellas mismas irradien sus convicciones más profundas hacia su entorno. Pido disculpas si en algún momento doy la sensación que me estoy poniendo medallas. Os aseguro que soy muy consciente de mis fragilidades y que, a pesar de ello, muchas veces Dios se sirve de mi pobre persona para expresar su gratuidad, su alegría y su perdón.

A. Debilidades personales evangelizadoras: 1. - Cuando me siento agobiado, desanimado o estresado me voy a visitar enfermos en sus casas, en residencias de ancianos o en el hospital. Me siento acogido y esperado. Después retorno como nuevo a la vida parroquial habiendo “cargado pilas”. Esta presencia gratuita también suele ser valorada por el entorno y da pie a establecer una relación fraterna provocadora de interrogantes, de una expresión de fe o incluso de una plegaria compartida, siempre teniendo en cuenta la oportunidad del momento. Mi objetivo prioritario no es la Unción o que comulgue el anciano o enfermo sino que se sienta querido y sienta la cercanía-ternura de Dios que lo acompaña. Ramón, mi mecánico, se muestra alegre y simpático con todos los clientes, también conmigo. Pero cuando sale el tema de su hija única fallecida de accidente hace diez años, a las cinco de la madrugada de retorno de una fiesta, se convierte en un volcán contra Dios. Convive con una segunda mujer colom-

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biana muy creyente. Al Ramón de repente lo sorprende un ictus y lo tenemos imposibilitado, con muchas dificultades para hacerse comprender. Cada quince días voy a verlo. Ha pasado días muy oscuros. En cada visita le dejo la hoja parroquial en la que siempre pongo un cuento solidario con su respectivo comentario y alguna referencia bíblica. Después a solas la Juana, su mujer, se lo lee y lo comentan entre ellos. Murió la madre de ella y comenté al Ramón si podíamos rezar juntos un Padrenuestro. Lo acepta. Le digo que, si me da permiso, cuando esta noche hable con mi Jefe le comentaré su situación. Acepta. Creo que ve la vida de otra manera y está en un proceso de fe. A veces se necesitan muchas horas de gratuidad para merecer fiabilidad, sin garantía de éxito. El éxito lo encuentro en el empuje espiritual que me dan estas visitas y posiblemente también en las personas que lo cuidan. 2.- Mis rodillas des de hace años no me permiten estar de pie cómodamente mucho rato. Unas cien visitas al tanatorio me tocan por año. Hace un año que ya no mantengo la conversación con los familiares de pie sino sentados alrededor de una mesa en una salita. Hemos ganado en intimidad y en muchos casos conseguimos un compartir sincero, fraterno y evangelizador que repercute positivamente en las exequias posteriores. Lo que acabo de comentar y lo que sigue si se hace porque toca o por obligación sería impensable vivirlo de esta manera tan gratificante. Pedro Aguado, general de les escolapios, declaraba en la Vanguardia del domingo 26 de julio: “Cuando se vive a medias, sin convicción, desde la rutina y desde esquemas del pasado es imposible obtener frutos”

B. Debilidades sociales evangelizadoras: 1.- El mundo de los discapacitados • Hace 35 años que el obispo me llamó para pedirme que fuera a celebrar la misa un domingo al mes por la tarde en una Comunidad del Arca de Jean Vanier con personas discapacitadas psíquicas de mi pueblo de origen. Los responsables no encontraban receptividad en el párroco. El domingo solía ir a comer en casa de mis padres y hermana. Según mi obispo me sería fácil acer164


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carme a dicha comunidad situada a unos dos o tres quilómetros del pueblo. Acepté por casi obligación y en poco tiempo ya fui por “devoción”. Me sentí tan acogido desde el corazón que se me derrumbaron todas las barreras o prejuicios. Sin querer hacer un gesto profético, des de la normalidad, fui a pedir al obispo que me enviara a la parroquia más suburbial que tuviera. Lo conseguí. Entré en contacto con la JOC y consiliarios del Prado con quienes descubrí el Estudio de Evangelio. Desde entonces he recorrido dos parroquias parecidas. Marc es un chico de 20 años de una familia inmigrante, discapacitado psíquico en silla de ruedas, enano, ciego pero capaz de utilizar el correo electrónico con un programa de la ONCE. Su hermana de 31 años es ciega y sorda pero se conecta con medio mundo por internet. El Marc lleva dos años en los talleres del Rusc, la mencionada comunidad del Arca. Marc no ha hecho la primera comunión. En la Eucaristía mensual lo bendigo con una cruz en la frente pero sin recibir la comunión. Él expresa repetidamente que desea comulgar como los demás. A partir de ahí hemos organizado un grupo de catequesis en el que participa Marc. Un total de unas 10 personas y como catequistas una madre joven voluntaria del exterior y una monitora de un hogar. Esta movida ha significado un discernimiento en los dos hogares de la comunidad para ver las personas que podían ser candidatas. También se ha comentado en las reuniones comunitarias. Cada quince días en los locales de la parroquia del pueblo se realiza una sesión en la que básicamente se prepara la Eucaristía comunitaria a partir del evangelio. Están super-motivados y contagian su alegría y lo que descubren en sus hogares. Me doy cuenta de que la Eucaristía ha mejorado en participación y en vivencia. En la última Eucaristía, en el momento de las plegarias espontaneas, algunas rutinarias, surge inesperadamente la de Marc que con toda la fuerza de sus pulmones grita: ¡“Señor, te quiero”! • Me doy cuenta que en cada parroquia por donde he pasado se ha iniciado una Comunidad de Fe y Luz también de Jean Vanier y para personas discapacitadas psíquicas que viven con sus familias. Pasamos una tarde al mes juntos, guiados por un Carné de Ruta que se ofrece cada año. Para el próximo curso nos han dado la oportunidad de prepararlo desde España y he tenido la suerte de colaborar en él con algunos monitores de las comunidades de Madrid. Te llena de gozo cuando desde el Togo el joven misionero Joan Soler te escribe que su obispo ha acogido con ganas el inició de comunidades de Fe y 165


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Luz en su diócesis y que en su parroquia ya han empezado los encuentros en que participan las personas más desahuciadas socialmente. Es más, una delegación suya acaba de participar en un encuentro de comunidades de África Occidental. Este sacerdote de seminarista estuvo conmigo los fines de semana y pudo participar en la comunidad de Fe y Luz parroquial. Una de las personas acogidas en la comunidad de “El Pou” (El Pozo) de Girona, Josep María, de unos 30 años y sordo, se le declara una leucemia. Su familia no es de Iglesia. En una de las visitas le regalo una postal con el rostro de Jesús. En vigilias de su muerte quita la manta de su cama, la extiende en el suelo, coloca la postal en una punta, se arrodilla, agacha la cabeza unos minutos para finalmente besar con intensidad el rostro de Jesús. Me lo explican sus padres emocionados y tocados por esta escena desconcertante para ellos. Los pobres nos evangelizan. Nuestra misión es ayudar a crear las circunstancias favorables para que se realice el milagro y se pueda explicitar.

2.- El Tercer mundo • La parroquia de la Sagrada Familia de Blanes, siete mil habitantes, a mi llegada, el culto era prácticamente toda su actividad. Mis antecesores con su manera de hacer, no entro en juicios, se fueron deshaciendo las diversas acciones y actividades que aglutinaban muchos feligreses practicantes o no. Un abuelo de 80 años, un buen día me dice: - ¿No sería bueno que nos hermanáramos con la parroquia de algún misionero/a conocido y mantener una relación fraterna con ellos? Contacté con el misionero del Togo Joan Soler y enseguida intuimos que podríamos enriquecernos mutuamente como comunidades cristianas. Lo propuse a algunas personas que habían colaborado activamente en la parroquia unos años antes, la mayoría no practicantes, y enseguida encontré una respuesta positiva en ellos. Ya llevamos ocho años y los retos de colaboración se van cumpliendo. Hace dos años una expedición de 15 persones de mediana edad y de jóvenes estuvieron dos semanas participando en la vida parroquial de allá y dejándose sorprender por la vitalidad de la religiosidad cristiana de aquellos feligreses, mucho más formados y motivados que los nuestros. Ahora estamos preparando una segunda expedición. Los jóvenes del equipo han organizado con éxito un grupo de niños y niñas de post-comunión que también se están sensibilizando e intercambiando mensajes con los niños de allá. Los mensajes o crónicas de este misionero de mentalidad 166


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pradosiana (conoce el Prado, el Estudio de Evangelio, Chevrier…) impactan muchísimo en nuestra comunidad. Hemos colaborado en la construcción de unos locales polivalentes, en un proyecto para adolescentes aprendices y ahora en la construcción de una farmacia de medicamentos genéricos bajo la tutela de Caritas diocesana de Dapaong (Togo). Cada año organizamos una cena popular entorno la fiesta de San Pablo, patrono de la parroquia togolesa. Se realiza en la calle y solemos pasar de unas doscientas personas. Este año hemos podido hablar con el misionero en la misma cena por Skype proyectando en una pared blanca. Creo que la alegría y el evangelio que irradia este misionero toca el corazón de mucha gente indiferente o incluso alejada. Su compromiso con los más pobres desde Jesús no deja lugar a duda. Lógicamente toda esta movida solidaria no se produce espontáneamente. Significa creer en el proyecto, en las personas que colaboran en él, mantener la chispa del evangelio en todo ello y dedicar tiempo a pulir roces entre ellos o estar al loro para que las gestiones se lleven a término. 3.- El fracaso escolar • La otra parroquia también periférica de Blanes (otros siete mil habitantes) en la que tengo el piso es de mucha inmigración procedente de Gambia, de Marruecos… Un maestro muy dinámico y solidario que se acaba de jubilar se me ofrece para colaborar en algún proyecto para niños que no sigan el ritmo de sus compañeros. Le acompaño a visitar la directora de la escuela de primaria que tenemos en el barrio y acoge la propuesta con mucho interés. Llevamos tres años y se ha consolidado un grupo de unos 15 niños y niñas con unos 10-11 voluntarios. Sorprende ver cómo trabajan conjuntamente un constructor arruinado, dos jubilados, dos en el paro, dos maestros, una madre de familia, una enfermera… Cada uno según sus posibilidades atiende un colectivo de niños mayoritariamente africanos-musulmanes en un ambiente fraterno. Asisto a sus reuniones de revisión y alguna vez voy a tomar algo con ellos en un bar del barrio. Os aseguro que ya sea a causa de las familias de los niños ya sea por ellos mismos el tema de la fe sale a flote a nivel de relación personal e incluso de grupo. Un joven maestro vive su colaboración como el compromiso de la Confirmación que hace un año vivió en la catedral de Girona con otros adultos, después de un curso de preparación. También participa muchos domingos en la misa parroquial. La enfermera voluntaria que tenemos en el grupo, en el mes de enero, nos contó cómo mientras el ayunta167


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miento montaba un belén gigante delante del consistorio ella observaba como un transeúnte intentaba dormir bajo el porche de la biblioteca comarcal protegiéndose del frio con cartones y sus enseres. A las ocho de la mañana tenía que largarse porque abrían el centro. Un auténtico belén viviente el que presidía este hombre. Ella cada quince días se lo lleva a casa, le lava la ropa, lo sienta en la mesa… Mientras le plancha los pantalones, él se la queda mirando y le dice: - ¿Por qué me planchas los pantalones si sabes que duermo por el suelo? Ella le responde: - Me imagino que soy tu madre y ella lo haría por ti. Ella es una persona creyente, no practicante, pero esta vivencia ofrece unas posibilidades de un primer anuncio del evangelio verdaderamente únicas.

A modo de síntesis final 1. El anuncio de Jesucristo a los pobres, conscientes de nuestra fragilidad o pobreza personal habitada por el Espíritu. Evitaremos protagonismos que no nos pertenecen y paternalismos humillantes. 2. El anuncio de Jesucristo a los pobres, sobretodo de nuestro entorno, que nos reclaman que nos agachemos y les administremos el sacramento del lavarles los pies. 3. El anuncio de Jesucristo a los pobres mirados no como un problema a resolver sino como fuente de vida y espiritualidad. 4. El anuncio de Jesucristo a los pobres dejándonos llevar de su mano por sus caminos sin miedo. No lo dudemos el camino es maravilloso aunque a veces sea con un manantial de lágrimas. 5. El anuncio de Jesucristo a los pobres sintiéndonos enviados por una comunidad que está en la retaguardia y que paralelamente debemos motivar-implicar. 6. El anuncio de Jesucristo a los pobres implicando las personas de su entorno. 7. El anuncio de Jesucristo a los pobres sirviéndonos creativamente de los recursos de que dispone nuestra diócesis, lejos de inventos personales. 8. El anuncio de Jesucristo a los pobres formando grupos de Estudio de Evangelio. 168


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9. El anuncio de Jesucristo a los pobres desde la propia vivencia personal en sintonía con la de ellos. No es cuestión de márquetin ni de proselitismo. El billete es de “ida y vuelta”. 10. El anuncio de Jesucristo a los pobres participando en proyectos solidarios incluso en compañía de no creyentes. 11. El anuncio de Jesucristo a los pobres dando soporte a personas más jóvenes, motivándolas al compromiso solidario. 12. El anuncio de Jesucristo a los pobres convencidos de que Dios nos lleva la delantera en sus corazones. Muchas veces se tratará de escuchar y de poner letra a su música espiritual. Josep Perich Serra

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6.2. EVANGELIO Y MUNDO OBRERO

¿Por qué deseas que los obreros con los que compartes la vida se encuentren con Jesucristo? Hace poco que celebré los 25 años de ordenación. Durante estos años, en realidad desde 10 años antes, que incluyen el proceso de discernimiento vocacional, que realicé en mi primera experiencia laboral en una fábrica textil en Sabadell, y la formación en el Seminario de Barcelona, descubro que hay un hilo que atraviesa estos 35 años. Un hilo que creo que puedo leer como mi vocación, es decir, como la llamada de Dios a servirle en mis hermanos y hermanas del mundo del trabajo, que es mi propio mundo: el de mi familia, mis amigos, etc. Con la perspectiva de estos años veo que ha ido madurando la llamada a vivir el Evangelio, a seguir a Jesucristo, con el deseo que mis compañeros también puedan conocerlo y experimentar la vida nueva, renovada, que se produce con el encuentro con Jesucristo. Esto tiene una previa que es la de descubrir cómo el mundo del trabajo vive como colectivo totalmente ajeno a la fe: las condiciones de trabajo, el esfuerzo por ganarse la vida con dignidad en contextos de conflicto y explotación parece que sean totalmente ajenos a todo lo que suene a religión, a fe… que es interpretada colectivamente como una manera de evasión, de cloroformo, de opio, de esa realidad, y como un mecanismo de control y resignación al servicio del estatus quo. Así lo descubro en el contexto de la gran movilización sindical del textil a finales de los años 70, que eliminó muchísimos puestos de trabajo en Cataluña, especialmente en Sabadell y Terrassa, y que fue mi bautismo en el Movimiento Obrero. Justamente mi recuperación de la fe tras la adolescencia es todo lo contrario: la fe en Jesucristo, precedida por el encuentro con Él, es una fuente de vitalidad extraordinaria: de aceptación incondicional, de descubrimiento de 170


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capacidades, de cambio de mentalidad y de ver la realidad, de invitación al inconformismo, de entrever que la voluntad del Padre, el Proyecto del Reino, es un auténtico motor de transformación personal y colectivo. En expresión de Cardijn, al que descubrí más tarde, eso se muestra en las tres verdades jocistas: de fe (lo que Dios sueña para sus hijos), de experiencia (la negación de ese proyecto en la realidad opresora) y de método o pastoral (la llamada a cambiar la realidad desde la acogida del Proyecto del Reino, del Dios del Reino, de manera personal y organizada). Mi formación en el ESMO (Encaminament Sacerdotal en el Món Obrer), mi vinculación a la JOC, la ACO, la Pastoral Obrera, los Curas Obreros, el Prado… han sido diferentes instrumentos que el Señor ha ido poniendo en mi camino para fortalecer y madurar esa vocación de vivir y suscitar la vida del Evangelio de Jesús entre los trabajadores y trabajadoras, hasta hoy. El contacto con la inmigración a finales de los 90, y concretamente en los encierros de inmigrantes en diferentes parroquias de Barcelona el año 2001, me hizo vivir una experiencia intensa de oración, de búsqueda sobre cómo hacerme presente en esa realidad. Una búsqueda que continuó madurando en mi interior y tras unos años de párroco en el Bon Pastor, se va clarificando en la llamada a vivir la experiencia de los trabajadores inmigrantes, su situación y trabajo precario, a vivir esas mismas condiciones, renunciando a las tareas pastorales habituales de párroco, queriendo vivirlo como encargo eclesial, es decir, con la aprobación de mi obispo, lo que llevó su tiempo: prácticamente tres años. Preparando este testimonio caigo en la cuenta que la orientación apostólica del Prado expresa de manera sencilla y real lo que me mueve a compartir la vida con mis compañeros de trabajo, con el deseo de poder también compartir mi fe con ellos: con todos, en la manera de hacerme presente; con algunos, cuando me pidan razón de mi esperanza. Puesto que el lenguaje eclesial y el del mundo (del trabajo) es tan diverso y a menudo incomprensible mutuamente. Mi presencia la vivo como experiencia de diálogo desde lo concreto de la vida y del trabajo, para poder entrar, en la medida de lo posible, en un diálogo más profundo, el de las motivaciones y aspiraciones. Dicen nuestras Constituciones: La Asociación de Sacerdotes del Prado no tiene ningún método de apostolado que le sea particular, pero tiene una orientación apostólica que nos ha de caracterizar: evangelizar a los pobres haciéndonos discípulos de Jesu171


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cristo y trabajando para ser semejantes a ellos. Esta es nuestra manera de colaborar en la tarea pastoral de nuestros obispos. Por esta razón esperamos de nuestro obispo que reconozca y aliente nuestra vocación de evangelizar a los pobres. Por nuestra parte, deseosos de ser fieles a la gracia recibida, le pedimos que no se nos imponga un ministerio en medio de las clases bienestantes de la sociedad, sino que nos consagre a las clases sociales más abandonadas. Trabajaremos para hacerle saber, de la manera más oportuna, nuestra especial disponibilidad hacia los pobres y nuestro deseo de participar activamente en todo lo que se pueda hacer con vistas a su evangelización. Constituciones 25 ¿Cómo procuras compartir con ellos la fe en Jesucristo? A principios de octubre de 2012, tras dejar la parroquia, empiezo la experiencia de ser un parado más: vivir el apuntarme al paro, confeccionar el Curriculum Vitae, buscar trabajo... una experiencia dura de soledad e impotencia. Ante la imposibilidad de encontrar trabajo, busco formación ocupacional en el campo de la hostelería, la limpieza y la logística. Me conceden un curso de ayudante de cocina, y eso me permite entrar en contacto con otros parados, algo que valoro mucho. Hago las prácticas en un hotel, y de nuevo búsqueda de trabajo sin respuesta. Contacto con los parados que se asocian y se movilizan en la Asamblea de Parados de Barcelona y la Coordinadora de Cataluña que se va creando, participando de la Primera Marcha contra el Paro… hasta junio de 2013 en que me llaman la misma semana para dos entrevistas: una Cooperativa de Servicios, donde trabajo un total de un mes con 11 contratos, y otra gran empresa de Servicios, donde trabajo actualmente como ayudante de cocina (llevo en total 18 meses) en el hospital de Bellvitge (Hospitalet de Llobregat). En todo este proceso resuenan con fuerza el deseo de hacerme presente con los mismos sentimientos de Cristo (Fl 2,5ss), siguiendo los pasos de encarnación del Maestro, de servicio a la vida de mis hermanos, aceptando la contradicción y la incomprensión (pesebre-cruz-tabernáculo pradosianos). También el texto de Pablo de 1Co 9,19-23 y el texto de Ecclesiam suam 85: Aunque no soy esclavo de nadie, me he hecho esclavo de todos a fin de ganar para Cristo el mayor número posible de personas. 20Con los judíos me vuelvo como un judío, para ganarlos a ellos; es decir, que para ganar a los que viven bajo la ley de Moisés, yo mismo me pongo bajo esa ley, aunque en realidad no estoy sujeto a ella. 21Igualmente, para ganar a los que no viven bajo la ley de 172


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Moisés, me vuelvo como uno de ellos, aunque realmente estoy sujeto a la ley de Dios, puesto que estoy bajo la ley de Cristo. 22Con los débiles en la fe, también para ganarlos, me vuelvo débil como uno de ellos. Es decir, que me he hecho igual a todos para de alguna manera poder salvar a algunos. 23Y todo esto lo hago por causa del evangelio, para tener parte en él (1Co 9,19-23). “Desde fuera no se salva al mundo. Como el Verbo de Dios que se ha hecho hombre hace falta hacerse una misma cosa hasta cierto punto, con las formas de vida de aquellos a quienes se quiere llevar el mensaje de Cristo; hace falta compartir –sin que medie distancia de privilegios o diafragma de lenguaje incomprensible- las costumbres comunes, con tal que sean humanas y honestas, sobre todo de los más pequeños, si queremos ser oídos y comprendidos. Hace falta, aún antes de hablar, oír la voz, más aún, el corazón del hombre, comprenderlo y respetarlo en la medida de lo posible, y cuando lo merece, secundarlo. Hace falta hacerse hermanos de los hombres en el momento mismo que queremos ser sus pastores, padres y maestros. El clima del diálogo es la amistad. Más todavía, el servicio. Debemos recordar todo esto y esforzarnos por practicarlo según el ejemplo y el precepto que Cristo nos dejó (Jn 13,14-17)” (Ecclesiam suam 85) ¿Qué experiencias hermosas has vivido? En estos 18 meses que llevo trabajando en la cocina del hospital, he tenido 4 contratos diferentes (un mes y medio supliendo vacaciones, quince días supliendo por navidad, contrato por baja, y de un año en la actualidad) con horarios diferentes y realizando diversas tareas. Eso me ha permitido también tener contacto con muchos compañeros y compañeras de los diferentes turnos y trabajos (cocina, cafetería, cadena de emplatado, tren de lavado, limpieza… Pocos saben que soy cura. Mi manera de estar ha sido bien acogida en general. He aquí un par o tres de hechos sencillos, pues la pobreza es una realidad en muchos sentidos, también de frutos: *Fátima, una mujer marroquí, que trabaja en la limpieza, me dice que me debería quedar fijo, porque soy buena persona… (supongo que lo dice porque no todos la tratan bien…) *María se jubiló en marzo. Llevaba más de 20 años trabajando allí. Es una malagueña con mucho gracia, con sensibilidad social y también bastante an173


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ticlerical (así se manifiesta en varios conversaciones a la hora de la merienda). Está muy contenta a medida que se acerca su jubilación y va contando los días. Su último día, cuando acabo mi jornada, voy a despedirme de ella. Y me hace el siguiente comentario: “Ha sido un gusto conocerte y trabajar contigo, aunque no haya sido mucho tiempo. Das una paz… aquí no estamos acostumbrados a eso, aquí todo son gritos y malas palabras”. *Con motivo del 8 de marzo y del primero de mayo, he repartido a algunos compañeros y compañeras el comunicado que hacemos la Pastoral Obrera de Cataluña. Pocas reacciones. -Víctor, que hasta las elecciones sindicales de este año era enlace sindical, este año tras darle el comunicado del primero de mayo centrado en la precariedad laboral dice: “está muy bien, todo lo que dice es la pura verdad” -Salva, militante de ERC, trabajador con discapacidad física, me dice: “yo había repartido la revista de la HOAC cuando era joven. Los movimientos cristianos son interesantes. ¿Tú formas parte de ellos?” *Toñi, una mujer joven y con inquietudes sociales, un día en que yo estoy cortando tomate y ella picando huevo a mi lado, me dice: “¿tú eres religioso? Porque los comunicados del día de la mujer trabajadora y el primero de mayo están firmados por movimientos religiosos, no?”. Le digo que no soy religioso, que soy cura. Ella abre los ojos con gran sorpresa y me dice: “pero ¿cura de esos que hacen misa? Y le digo que sí. Y a continuación me dice: “¿tú crees que hay otra vida? Yo sí”. Le digo que si que creo porque creo en Jesús Resucitado, aunque no tenga detalles de esa otra vida, pero tengo plena confianza en Él. Y me dice que hemos de hacer un café con tranquilidad y hablar de ello. Como ella cogió una semana de vacaciones, lo tenemos pendiente. A la vuelta de vacaciones me dice que ha hecho una parte del Camino de Santiago. Hace varios años que hace una parte, por diferentes recorridos. Dice que le gusta mucho y le va muy bien. Otro día me pregunta que qué es eso de los Evangelistas (quiere decir los evangélicos) que en su barrio repartían papeles diciendo que el final del mundo se acerca y que sólo su grupo se salvará. Le comento por encima el hecho de las diferentes divisiones de la Iglesia a lo largo del tiempo y la diversidad de maneras de leer la Biblia. Ella dice: “¿qué interesante, no tenía ni idea?” Y me pregunta que qué me parece el papa Francisco, y que le gustaría leer alguna cosa de él. Yo estoy acabando de leer la encíclica Laudato sí, y 174


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precisamente esa mañana mientras la leía en el metro he pensado que se la regalaría, pues por su sensibilidad seguro que le gusta. Y así lo hago. El otro día me dice como excusándose: “aún no he podido empezar a leerla”. Le digo que durante las vacaciones… que subraye cosas y las comentaremos. Veo que su actitud conmigo ha cambiado, la veo muy receptiva. Hemos entrado en un proceso de diálogo más profundo, del que hablaba en el primer punto. Me recuerda el pasaje de la Samaritana (Jn 4), el proceso de diálogo de Jesús con ella. ¿Qué dificultades han ido apareciendo? Un primer aspecto que no es una dificultad sino que es la realidad del trabajo mismo: pide concentración, es físico y no hay demasiado tiempo para discursos. Además, yo no estoy allí para colar la doctrina, sino para trabajar y haciéndolo, con la dignidad y la responsabilidad que soy capaz, y con compañerismo, a través del diálogo de la vida y del trabajo, ser testimonio de una manera diferente de hacer, de estar y de ser: la del Reinado de Dios. Y en momentos determinados introducir algún elemento de testimonio de mi fe y seguimiento de Jesús, de mi opción de vida, con normalidad. Eso implica aceptar que no soy yo quien marco el ritmo, los objetivos y los medios, ni los tiempos… algo que solemos hacer los curas habitualmente. Un segundo aspecto es la diversidad de intereses y lenguajes. Eso también pide tiempo para que pueda darse, entre mucha paja, algún diálogo más a fondo que abra interrogantes y perspectivas. Eso implica aceptar la situación de pobreza en el que vivo. Una tercera dificultad está en mi mismo: mi carácter tímido y respetuoso (con prevenciones de no querer invadir) y no ser persona de conversación espontánea y directa, sin un mínimo proceso de confianza. Ello me lleva a vivir en contradicción: creyendo en el Dios del diálogo y deseando ardientemente establecer ese diálogo de amor y confianza con mis compañeros y compañeras y mis dificultades personales para realizarlo. Como dice el texto de ES 85: el clima del diálogo es la amistad y el servicio que pueda dar lugar a otro que es el del corazón. Así lo deseo y a ello quiero seguir dedicando mi vida, siguiendo al que deseo que sea mi único Señor, Jesucristo pobre. Pepe Rodado 175


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6.3. COMUNIÓN Y MISIÓN

No hace mucho, concretamente el día de S. Jorge, tenía reunión con un grupo de matrimonios y, siguiendo la tradición de nuestra cultura, pensé en regalarles a las mujeres una rosa -como es costumbre- y a los hombres -como es costumbre- un libro. Les regalé el librito editado por el CPL, que actualmente dirige nuestro amigo y hermano del Prado, Jaume Fontbona, “Antoni Chevrier, Sacerdote pobre” y que redactó nuestro compañero Joan Ramón Cinca. Mi sorpresa fue que al día siguiente uno de ellos, Ferrán, me llamó y me dijo: ¡Gracias por este librito!, y te he de decir que ahora te conozco mejor y te comprendo más… Después de la larga conversación que tuvimos a partir de lo que me había dicho, me quede un momento en silencio de oración para darle gracias al Señor Jesús por el P. Chevrier, por el Prado y por ayudarme a ser y vivir de manera que algo se nota en mí del carisma del Prado… y también para pedir perdón por todas las incongruencias en las que estoy metido. La verdad es que estudiando 3º del quinquenio en el entonces Centro de Estudios Teológicos de Valencia, conocí al mismo tiempo el Prado y la Fraternidad Cristiana de enfermos y minusválidos, -Frater-, que han influido mucho en mi vida, en mi ser y hacer y en la manera de vivir mi sacerdocio. El Prado, el equipo, el Estudio de Evangelio, la Revisión de Vida, el cuaderno de vida, que, por cierto, ahora tengo muy descuidado -y me he de corregir-, me ofrecía una meta y una forma de ser sacerdote que llenaba mi corazón y me hacía sentir feliz intentando seguir más de cerca al Señor Jesús, y la Frater me ayudaba a concretarlo en los pobres… pobres de salud y de movilidad como son los enfermos y minusválidos (ahora personas con discapa176


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cidad), trabajando con ellos para que ellos sean protagonistas de sus propias vidas desde aquellas palabras de Jesús: “levántate, toma tu camilla y anda” (Jn 5, 8) y caminando juntos para su promoción e integración social y eclesial… y ayudándonos a ser ‘apóstoles de otros enfermos y personas con discapacidad’. La verdad es que estas dos realidades enraizadas profundamente en Jesucristo y el Evangelio, han orientado permanente mi vida y mi sacerdocio… He sido miembro –militante, en la nomenclatura de la A.C.- de la Frater y dentro de ella he ejercido como consiliario incluso antes de la ordenación sacerdotal, pasando por distintos niveles desde el de grupo hasta el nivel internacional… y ahora también en el grupo de base… Actualmente somos 3 sacerdotes que trabajamos como Consiliarios en la Frater y la consiliaria diocesana va rodando entre los tres con normalidad… El prado y todo lo que él significa y conlleva me ha puesto hasta los tuétanos el cuadro de Saint-Fons y sobre todo aquello del “Os he dado ejemplo para que, como yo he hecho, también vosotros hagáis” (Jn 13, 15). Y la oración, Oh Verbo, oh Cristo… es punto de referencia constante para no perder la orientación, como supongo que lo es de todos vosotros. Y cómo no, todo esto vivido en medio de muchas incoherencias y caídas… La experiencia de Pablo es también muchas veces la nuestra… “no hago el bien que quiero; el mal que no quiero, eso es lo que ejecuto” (Rom 7, 19). El Prado siempre me ha llevado y me ha ayudado a tener una opción clara de ser pobre para los pobres, en el seguimiento más de cerca de Jesucristo, para la evangelización de los pobres… De ahí que, además de lo que ya he dicho de mi vida junto a las personas enfermas y con discapacidad, en la Frater, mi opción siempre ha sido el mundo rural, aunque siempre abierto a las necesidades de la Iglesia Diocesana… La realidad es que de mis 37 años de sacerdocio 30 los he pasado en pueblos del mundo rural de la Diócesis de Segorbe-Castellón. Casi 10 en Vilanova de Alcolea, y 21 en La Pobla Tornesa, pueblo que ahora en el mes de septiembre voy a abandonar porque he sido nombrado cura de la parroquia de S. Vicente Ferrer en un barrio de Almazora. Los otros siete han sido en Vila-real y La Vall d’Uixó. Además, al mismo tiempo que he estado en estas parroquias, mi trabajo parroquial se ha compaginado también con algunos cargos diocesanos: Dele177


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gado de Apostolado Seglar y subdelegado para los Movimientos de A.C, después Delegado de Caritas Diocesana… y trabajando también en los Centros de Preparación para el Matrimonio (CPM) y en Equipos de Nuestra Señora… Por otra parte en varias ocasiones he sido Arcipreste y elegido también en varias ocasiones como representante en el Consejo de Presbiterio, y dentro de este en la actualidad, miembro del Consejo de Consultores. Todo esto creo que ahora acabará porque al cambiar de parroquia ahora cambio también de arciprestazgo… Yo no sé si en todo este tiempo y en todos estos lugares, en donde he servido y ejercido mi ministerio, he logrado construir comunidades eclesiales significativas, pero lo que sí que he procurado en todos estos ámbitos, tanto con los compañeros sacerdotes como con los seglares, es: 1. La centralidad de Jesucristo y del Evangelio. Él es el centro de nuestra fe y todos debemos ser y hacer como él ha hecho. 2. El Estudio del Evangelio como medio para conocer más y mejor a Jesucristo y hacer nuestros sus pensamientos, sus sentimientos y actitudes y su forma de ser y actuar para poder reproducirlos en nuestra vida de cada día. 3. La posibilidad de la Revisión de Vida como medio de interrogar al Evangelio desde la Vida y nuestra vida desde el Evangelio. 4. Hacer del equipo de sacerdotes del arciprestazgo y de otros grupos de sacerdotes, que ejercitando estos medios pudiéramos trabajar unidos al servicio del Pueblo de Dios de nuestros pueblos. 5. Potenciar el protagonismo y la corresponsabilidad de los seglares… y hacer todo lo posible para que se reconozca y se ejerza por ellos mismos el lugar que les corresponde dentro de la Iglesia y por tanto dentro de los distintos movimientos y en las parroquias. Por ello hemos trabajo muy duro para la puesta en marcha del Consejo Parroquial de Pastoral en las distintas parroquias y el Consejo Arciprestal de Pastoral. En la práctica, todo esto se traduce en realidades concretas, como son: Grupo de sacerdotes que nos reuníamos -hace años- en Albocácer. Iniciado con tres sacerdotes Manolo Barberá (difunto ya antes de hora…) Eduardo García y yo mismo… con una periodicidad semanal. En esta reunión hacíamos Estudio de Evangelio del texto que tocaba el domingo posterior para preparar 178


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la homilía, y mirábamos qué poder hacer para dinamizar nuestras parroquias… además de rezar y comer juntos… Realmente compartíamos la fe y el trabajo pastoral y caminábamos juntos nosotros como sacerdotes y nuestras parroquias… Este pequeño grupo creció de tal manera que semanalmente nos reuníamos alrededor de 12 ó 15 compañeros de dos arciprestazgos que desde pueblos a 10 kms de Castellón como es Borriol hasta Vilafranca que está a 100, todos cada cual a su manera y según las circunstancias de su parroquia había una base común para la predicación y el trabajo pastoral: el trabajo con los niños y jóvenes; campamentos de verano, Asambleas de personas de todas las parroquias, etc., etc. Escuela de Catequistas, abierta a otras personas de las distintas parroquias… por la noche, curas y catequistas íbamos de un sitio para otro cada 15 días para seguir un proceso de formación… no se hacía nunca la mismo sitio para que todos de todo el estar en casa y viajar a otros pueblos… viaje, empezar a las 9 y terminar sobre las 11 u 11:30 y media, más los viajes de ida y vuelta… una experiencia buena cuyos frutos aún perduran aunque muchas veces no sepamos apreciarlo. Dossier de materiales para Cuaresma y Semana Santa. Cada año, llegado el momento oportuno, dialogábamos sobre qué aspectos destacar para poder vivir mejor la Pascua de Jesucristo y hacer posible que esa pascua de Jesús fuera también la nuestra… Entonces, a partir de las ideas comunes que habíamos consensuado cada uno preparaba la celebración que elegía: yo prepararé la celebración de la Cena del Señor, pues yo la Hora Santa… pues yo el viacrucis… y así completábamos todas las celebraciones y cada uno, después en su parroquia, a su manera y estilo tenía esa base común para cada una de las celebraciones… Con ello lográbamos que unos 15 o 20 pueblos, parroquias oyeran y vivieran un mensaje común en estas celebraciones tan importantes. Esta experiencia duró varios años y en un principio, si había cambios estábamos abiertos para acoger a quien quisiera seguir la dinámica que el grupo seguía. Nunca fue un grupo cerrado… y éramos sacerdotes de 3 arciprestazgos -no todos- que formábamos una de las zonas pastorales de la diócesis. Cuando el cambio de personas, por unas razones u otras, fue más amplio que el núcleo básico del grupo, esta experiencia fue diluyéndose en el tiempo hasta que se terminó.

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Ahora voy a dar el testimonio de lo que estamos viviendo en la actualidad en el Arciprestazgo del Pla de l’Arc… dando un salto largo en el tiempo para evitar una época negra de nuestra diócesis de la que no acabamos de salir… Las consecuencias de aquello todavía perduran… Participamos en otro grupo de sacerdotes que mensualmente hacemos Estudio de Evangelio, actualmente Lectio divina, con los materiales de la Casa de la Biblia y editados por Verbo Divino. Desde hace unos años, estamos re-viviendo la puesta en marcha del Consejo Parroquial de Pastoral y desde ellos los que ya están constituidos, la puesta en marcha del Consejo Arciprestal de Pastoral. Concretamente desde el año 2010 venimos reuniéndonos 2 representantes seglares de cada parroquia con el arcipreste y los sacerdotes que pueden asistir el Consejo Arciprestal de Pastoral. Por distintas razones no todas las parroquias del arciprestazgo pueden participar pero decidimos que las que podíamos íbamos a tirar adelante y que las otras se podrían incorporar en la medida que pudieran. En el Arciprestazgo somos, en la práctica, 10 parroquias y 8 sacerdotes. El Consejo de Pastoral nos reunimos al principio y al final de curso y 3 o 4 veces según, para seguir la programación, preparar las distintas actividades programadas y preparar los temas que se proponen desde la diócesis para estudiar en el Consejo Diocesano de Pastoral. Durante este tiempo hemos realizado dos asambleas – encuentros de los Consejos Parroquiales de Pastoral ampliados por las distintas personas que colaboran con las diversas parroquias. Normalmente han participado de 80 a 100 personas de todas las parroquias. En estos encuentros, y de acuerdo con la programación y objetivos diocesanos, hemos reflexionado sobre: s En el 1er encuentro: el por qué y para qué de la constitución del Consejo Arciprestal de Pastoral y de los encuentros que cada año íbamos a programar. Y sobre la Eucaristía, de acuerdo con el plan pastoral diocesano. s En el 2º encuentro sobre ser y misión de Caritas y cómo hacerlo realidad en nuestros pueblos y arciprestazgo. s

En el 3er. encuentro, sobre la doctrina social de la Iglesia y la presencia pública de los cristianos. 180


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s n el 4º encuentro, y con el hecho de la celebración del 50 aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, se hizo una presentación global de lo que el Concilio quiso y partiendo de la pregunta que se hizo en el aula conciliar: Iglesia que dices de ti misma… viendo la respuesta que dio el propio concilio a partir de los diferentes documentos… Concretando en temas como: Somos Pueblo de Dios; y descubriendo la nueva visión del seglar que el Concilio ofrece. s En el 5º encuentro, se presentó la Constitución Dei Verbum: nueva actitud ante la Palabra de Dios y las nuevas riquezas que nos revela y sobre la visión esperanzada que el Concilio da del mundo y de la Iglesia que ha de ser servidora del mundo. s

En el 6º encuentro: presentación de la Evangelii Gaudium, resaltando lo que el papa Francisco dice en ella de la Iglesia y de la parroquia.

s En el 7º encuentro: presentación y acogida de unas catequesis que desde la Vicaria de pastoral se habían preparado según el Plan Pastoral Diocesano. No puedo dejar de indicar los encuentros de catequistas para ir caminando juntos y ara preparar un encuentro de los niños de catequesis que celebramos cada año con distintos temas basados en los temas propuestos por el plan diocesano y los encuentro de los y las adolescentes y jóvenes que se preparan para la Confirmación. Otra realidad que acompañamos, y que es como otro equipo propio, es el grupo de sacerdotes de la Diócesis de Tortosa. Ahí andamos mensualmente siguiendo los temas de la primera Formación. Son 8 sacerdotes que son fieles a la reunión y van adquiriendo esta forma pradosiana de ser y su espiritualidad. Para terminar -y no ser un plasma- he de decir que muchas cosas de estas las he vivido junto al gran amigo y compañero del alma Eduardo García… muchas cosas porque durante mucho tiempo estuvimos juntos en parroquias del misma arciprestazgo, y otras aunque físicamente pudiéramos estar lejos, nos hemos acompañado en nuestro trabajo pastoral. Siempre ha sido importante la reunión del equipo del Prado con Jesús Vilar, Vicente Amargós (que ahora se nos ha fugado a Venezuela), Ramón Bayarri y

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José Luis Aracil (ahora limitado por el Parkinson que padece, aunque intenta seguir nuestra marcha) una vez al trimestre nos desplazamos hasta Muro de Alcoi para estar con él y compartir nuestro trabajo de la programación del prado regional). Aunque ahora nuestro equipo está mermado por las circunstancias, a todos ellos les debo el poder continuar siendo fiel al carisma del Prado y a intentar hacerlo vida cada día. Manuel Martín Nebot

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6.4. DISCÍPULO Y APÓSTOL

Siempre que reflexiono sobre mi condición de discípulo y apóstol de Jesús brota en mí una profunda acción de gracias a Dios por el don inmenso que ha concedido a la Iglesia a través de la Asociación de los sacerdotes del Prado. No cabe duda de que es un carisma con el que el Espíritu Santo enriquece la vida de la Iglesia, la vida de los pobres y la vida de cada uno de los miembros del Prado. Doy gracias a Dios por haber recibido, a través del carisma del Prado, lo que, de alguna manera y sin saber cómo, yo iba buscando. La gracia del Prado me ha conducido a dar una orientación concreta y específica a mi vocación y misión de ministro ordenado en la Iglesia, a partir de mi contacto y encuentro vital y pastoral con gente humilde y sencilla en unos pueblos humildes y sencillos. Personas y pueblos que no tenían ninguna relevancia para las personas e instituciones que los dirigen y gobiernan a todos los niveles. Desde los primeros contactos con el Prado se me iba abriendo el alma y el corazón al descubrir, poco a poco, el núcleo y fundamento de su espiritualidad apostólica que coincidía con lo que yo, en el fondo, rastreaba. En una Iglesia y parroquias, movidas fundamentalmente por normas, doctrina y costumbres, el Prado se me presentaba como la acción de Dios que encamina hacia el encuentro y la comunión personal con Cristo para ofrecerlo a los pobres teniendo el Evangelio como única regla de vida. Acoger esta acción de Dios suponía para mí, y para quienes acompañaba y acompaño pastoralmente, ni más ni menos, que seguir el camino de la Buena Noticia de Jesús para llevar a cabo la obra que Dios quiere realizar entre los pobres.

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Toda esta búsqueda y descubrimiento gozoso ha sido para mi una gracia del Espíritu que ha orientado mi vida de discípulo y de apóstol entre las personas que la Iglesia me ha encomendado con misión de llevarles el evangelio. He de reconocer que no siempre he sido dócil al Espíritu, ni continuamente me he dejado conducir ni modelar por Él. Pero, aunque, entre fidelidades e infidelidades, la gracia del Prado ha sido la que ha sostenido y marcado sustancialmente mi acción pastoral allí donde he sido enviado. Después de esta introducción voy a intentar exponer tres dimensiones fundamentales del carisma del Prado que han orientado mi vida de discípulo y apóstol de Jesucristo, aunque, sin duda hayan sido más.

1.- Centralidad de Jesucristo. Nunca me ha cabido en la cabeza la vida de una Iglesia marcada por doctrinas, normas, costumbres y ritos. Esta manera de entender la Iglesia me parece un fardo pesado sobre los hombros de los pobres; por tanto, muy diferente a la Buena Noticia de Jesús de Nazaret. Solo el verdadero conocimiento de Jesucristo puede dar sentido y auténtica libertad a los vulnerables y oprimidos. Y descubrí en el Prado que “el conocimiento de Jesucristo es todo”. Así encontré expresada y concretada de manera extraordinaria la experiencia de Pablo que quería hacer mía: “Todo es basura en comparación con el conocimiento de Jesucristo. La mayoría de las personas que, hace unos años, acudían a las parroquias que acompañaba vivían bajo el peso del “cumplir”. Y entendí que lo que realmente salva y libera es vivir en comunión con Jesucristo. Dios, a través del Prado me ha impulsado a encontrarme con Jesucristo en su Palabra. Es en el estudio de la Palabra de Dios donde he podido impregnarme del Espíritu de Jesús para que mi vida fuera un ser en Cristo y mis acciones y gestos pudieran brotar de mi comunión con Él. El evangelio estudiado y rezado es lo que va modelando a Cristo en mi vida. El Prado me ha ayudado a descubrir que el Estudio de Evangelio es auténtico y necesario trabajo pastoral. Nunca dejaré de valorar que en el estudio y 184


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oración de la Palabra de Dios me encontraba y encuentro con la presencia viva y sanante de Cristo resucitado. El mayor conocimiento y enamoramiento de Jesucristo me ha impulsado a darlo a conocer a la gente, especialmente a los pobres que están cansados, aunque inconscientemente a gusto y seguros, simplemente cumpliendo. Necesitan de alguien de quien solo reciban amor, buenas noticias y liberación. De alguien, Jesucristo, que no viene con el palo en la mano y que no les impone nada, ni les castiga, sino que se manifiesta como el que les busca y les ama. “Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré”. Soy consciente de que el encuentro de los pobres con Jesús es lo que puede llenar plenamente su vida y su corazón. El poner el evangelio en las manos de la gente me ha llevado a cuidar y hacer un esfuerzo para preparar las homilías y diálogo en reuniones o encuentros con un lenguaje sencillo que lo puedan entender sin dificultad. Lo vivo como una manera de facilitar el encuentro con Jesucristo. Naturalmente, mi propia experiencia me dice que les ayuda a conocer mejor el Evangelio que trato de acercar a sus vidas con mi vida, el texto escrito y mi explicación sencilla y lenguaje accesible del evangelio en las homilías. Tengo que reconocer que para muchos, especialmente los más pobres, ha sido una auténtica revelación que les ha ayudado a descubrir la frescura original del evangelio. Estoy convencido de que los pobres son los mejor preparados para acoger la Buena Noticia de Jesús. En esta experiencia es donde realmente se puede reconocer que los pobres son los auténticamente destinatarios del evangelio. Y sin embargo entiendo que algunos se resistan a acogerlo, puesto que se encuentran más cómodos y seguros con el simple cumplimiento de siempre. Esta dimensión recibida, especialmente del carisma del Prado, me ha conducido a no presentarme ante los demás como maestro, puesto que cuando se transmite el evangelio solo a Cristo se puede reconocer como Maestro. Maestro que se hace amigo en quien de verdad se puede confiar. Maestro que también confía en ellos y por eso les confía el evangelio que se revela a los humildes y sencillos. Esta actitud es lo que me ha llevado, en cambio, a tener a los pobres como maestros pues son los que mejor se identifican con Cristo.

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2.- Relación de cercanía prioritaria con los pobres El carisma del Prado me ha impulsado a ir y acercarme, de manera privilegiada, a los empobrecidos. A partir del estudio del evangelio y de la vida de los pobres, por la Revisión de Vida, he descubierto la presencia real de Cristo en ellos. Es algo que ha transformado y transforma mi mirada al encontrarme con ellos y en ellos a Cristo. Para mí ha sido una revelación impresionante que me ha convertido. Desde esta mirada, los pobres se han hecho evangelio vivo para mí. Es lo que me mueve a encontrarlos, atenderles y servirles como presencia de Cristo resucitado entre nosotros. En ellos reconozco la fuerza salvífica de Cristo. Esta experiencia me está ayudando, de manera especial, a desempeñar mi tarea en Caritas Diocesana ayudando a los voluntarios a entender y vivir con los pobres mi experiencia de encuentro con Cristo en ellos. Anuncio y explicito, todo lo que puedo, la experiencia espiritual del encuentro con Cristo en los pobres, tan real, aunque con su singularidad, como en la Eucaristía y en la Palabra de Dios. El Espíritu, por la gracia del Prado, me ha conducido a vivir una actitud de cercanía, antes que de acogida, que en muchos casos ha continuado en acompañamiento. Gracia que me ha movido a asemejarme a los pobres, y con ellos a Cristo, en la pobreza evangélica traducida en la austeridad de vida. No vivida como una carga, sino como un don. Tengo la seguridad de que mi relación con los pobres, antes que decisión mía, es fruto de la iniciativa y de la acción amorosa de Espíritu que ya está trabajando en ellos. Movido por el Espíritu que envió a Jesús a dar la Buena Noticia a los pobres, mi primera actitud ha sido acercarme físicamente a ellos: ancianos solos, alejados, inmigrantes marginados y sin trabajo, niños de inmigrantes en acompañamiento escolar con voluntarios, la mayoría, no practicantes, agricultores dependientes de los precios que imponen multinacionales, trabajadores en precario… He tratado de participar en asociaciones de los pueblos, en las fundamentalmente participan personas alejadas de la Iglesia, que buscan la promoción 186


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socio-cultural de los vecinos. Me he hecho presente en manifestaciones reivindicativas de derechos sociales. He trabajado manualmente unos años en una fábrica de calzado para acercarme al mundo del trabajo. He procurado que la parroquia, y sobre todo Caritas pase del asistencialismo a la promoción humana y social, manteniendo una relación estrecha con los servicios sociales, de cara a conocer y acertar mejor en el servicio a los pobres en el intento de hacernos buen pan para ellos. Esta experiencia de relación con los sectores más vulnerables ha sido punto de referencia para mi acción pastoral. En los grupos de la parroquia, en las homilías, en diálogos y conversaciones fuera del templo, en los pequeños planes pastorales, los pobres, su situación y su dignidad han marcado, aunque con deficiencias y contradicciones, el centro de interés, para que los miembros de la parroquia y otros más alejados, tomen conciencia de la prioridad de la acción social y evangelizadora, las dos unidas, a las que nos lleva el seguimiento de Cristo, puesto que, en su corazón, los pobres tenían un lugar preferencial

3.- En equipo, y como sacerdote diocesano El Espíritu Santo, me ha conducido a vivir el carisma del Prado dentro del presbiterio diocesano. Ser del Prado nunca lo he vivido como algo que me diferencia, me separa, y menos, me aleja, del presbiterio diocesano, puesto que me ha hecho consciente de que comparto la misión y fraternidad sacramental con todos los demás sacerdotes de la Diócesis. Durante varios años he participado de la experiencia de vida en común con otro sacerdote y muchos años más de equipo pastoral con otros, en que, con el nombramiento “in solidum”, compartíamos juntos la misma tarea pastoral. La misma gracia del Prado me ha movido a participar activamente en la confección y puesta en marcha de los Planes pastorales y planes más específicos de delegaciones diocesanas con la conciencia de trabajar en la misma misión que nos viene de ser apóstoles de Jesucristo. Pero, tanto en mi trabajo pastoral, como en mi relación fraterna con los sacerdotes de la Diócesis he intentado poner siempre de manifiesto la centrali187


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dad de Jesucristo y la connatural opción prioritaria por los pobres de toda acción y proyecto apostólico. Nunca he escondido mi condición de pradosiano y siempre la he manifestado como una forma singular de vivir, con los demás presbíteros, el don del ministerio ordenado en la Diócesis. Lo cual no quita, sino que potencia, que me sienta especialmente unido a los compañeros que participan de la misma gracia y vocación pradosiana formando con ellos el equipo del Prado. El equipo del Prado ha sido para mí una gracia del Espíritu de vital importancia para animar mi seguimiento más de cerca de Jesucristo y la misión evangelizadora de los pobres. Ha sido y es, aun con sus deficiencias, una gran ayuda para sostener mi vocación y misión dentro del Prado y de la Iglesia. Además es un signo eclesial de que los sacerdotes somos copresbíteros y compartimos la misma misión. Compartir la misión, la espiritualidad, la vida cotidiana, las esperanzas, las desilusiones, los éxitos y los fracasos pastorales en el equipo del Prado es para mí una gracia que reconozco como necesaria. Como he repetido varias veces, y no puedo por menos, todo esto lo he vivido como gracia y, por tanto, agradecidamente, pero siendo consciente de mis infidelidades a la vocación recibida y resistiéndome en muchas ocasiones a la acción del Espíritu que ha sido quien me ha mantenido y sostenido en la misión que Él mismo me ha encargado. Por todo lo que he descrito, no me queda más que estar sumamente agradecido. Florián Cuenca Arrizabálaga

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6.5. IDENTIDAD PRADOSIANA Y ACCIÓN PASTORAL

INTRODUCCIÓN Ante todo, quiero manifestar mi gratitud al equipo de responsables del Prado Regional por haber pensado en mí para aportar este breve testimonio, ya que de testimonio se trata. Fui ordenado sacerdote en 1979. Y debo manifestar, en honor a la verdad, que, en mi caso, no ha sido necesario tener buen cuidado de advertir a los sucesivos Arzobispos de Zaragoza mi especial disponibilidad hacia los pobres, ya que siempre he sido enviado por ellos a parroquias donde los pobres, los ignorantes y los pecadores eran mayoría. Y fue, precisamente, el trabajo con los más pobres, ignorantes y pecadores lo que Dios hizo en mi vida camino hacia El Prado. Estos envíos han sido vividos por un servidor como un don más que como un esfuerzo voluntarista. Vivida esta misión como don he comprobado que mi identidad pradosiana coincidía con la voluntad del P. Chevrier: ser sacerdote en El Prado y del Prado es una «gracia» apostólica.

IDENTIDAD Y MISIÓN 1.- Como párroco, aprendí a ser vínculo de unidad entre los miembros de las comunidades. Ese vínculo, que es entrega amorosa por cada persona, no siempre fue bien comprendido por algunos sectores, especialmente al inicio de mi ministerio: algunos miembros de partidos políticos trataron de ideologizar mi prioridad pastoral por los más necesitados y me acusaron de «rojo». 189


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Aprendí de los más necesitados que los pobres necesitan alguien en quien confiar, alguien a quien confiar su intimidad, sus necesidades, sus inquietudes… No siempre me pidieron pan, sino afecto y cariño, especialmente los ancianos. De los jóvenes aprendí que sus mayores pobrezas eran el miedo a acertar en la vida de trabajo y en su vida amorosa. Más tarde, cuando cumplí los 48 años, fui encargado de un grupo de jóvenes en la actual parroquia donde ejerzo. A través de un catecumenado adaptado a ellos, Dios me concedió ser mediación para el discipulado de unos cuantos jóvenes (chicos y chicas). Algunos han contraído matrimonio, otros se han ordenado sacerdotes y otros sencillamente han desaparecido. En esta misión de escucha y acercamiento a los necesitados, descubrí la necesidad de profundizar en mi formación. Veía lagunas en mí que era necesario rellenar desde la Palabra de Dios y del conocimiento de la persona. Así se lo manifesté a mi Arzobispo y me envió a estudiar Sagrada Escritura. 2.- En 1998, con 45 años, Dios me envía a ayudar en la formación de los seminaristas a un Seminario de Venezuela, ubicado en Ciudad Bolívar. Siendo un servicio intermitente (unos meses al año), ha sido constante durante 13 años, interrumpido por una enfermedad y al que deseo volver. Allí he aprendido por experiencia algo que intuía por el evangelio: el proceso de empobrecimiento que ha generado la ideologización del régimen chavista y ver, con dolor, cómo esa misma ideologización era utilizada por algunos sacerdotes para su provecho personal. He percibido una utilización de los pobres para una causa ideológico-política. A medida que se iba asentando el régimen en Venezuela, aumentaba el empobrecimiento de los pobres. Durante este período me ha sustentado el capítulo 6 de San Juan: cuando Jesús da de comer a la multitud hambrienta, se instala la cultura del subsidio y fácilmente surgen así los líderes que utilizan a los pobres para su causa. Pecado grave, a mi juicio, porque son los preferidos de Jesús. Allá me fue concedido otro de los aspectos que la identidad pradosiana acoge: la fecundidad apostólica. Siendo célibe Dios me ha concedido ser referente paterno de varios (cuatro, al menos) muchachos que en sus infancias y adolescencias fueron abusados sexualmente. Para mí fue una gracia que se atrevieran a confiarme sus situaciones, al mismo tiempo que esa misma confianza de ellos, me llamaba a una responsabilidad que brotaba de la entrega amorosa a ellos que, por primera vez, experimentaban que significaban algo 190


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para alguien adulto sin que fueran abusados ni utilizados para intereses oscuros. Recuperaban así otro elemento básico de la persona: su dignidad. Ha sido duro para ellos y para mí tener que ausentarme durante unos meses para regresar a España, ya que los sucesivos Arzobispos de Zaragoza me pedían regresar a la Diócesis cada año. En la actualidad, llevo 14 años de coadjutor en una parroquia cuyo párroco aceptó, al ser nombrado, mi servicio a Venezuela. Los pobres de esta parroquia, en un barrio «caliente» de Zaragoza, me han enseñado también a servirles a través de mi misión como coadjutor: he aprendido que debo ayudar al párroco a realizar la misión que él ha recibido del Sr. Arzobispo como párroco. Lo cual, me obliga a una obediencia crítica, pero obediencia. De esta forma podemos realizar una ayuda eficaz a través de Caritas parroquial y de atención prioritaria a los enfermos, a las viudas, a los padres que han aceptado la catequesis familiar. Toda la acción pastoral, actualmente, está centrada en la ayuda a las víctimas de la crisis y, desde ahí, centramos esa acción en la Eucaristía, en la oración comunitaria y en la austeridad, ya que los feligreses, en su mayoría pensionistas, no disponen de grandes recursos. La atención y acogida tratamos de cuidarla, ya que muchas personas nos buscan para ser escuchadas, siendo conscientes de que no siempre podemos ayudarles económicamente. Pero, al menos, experimentan que son valiosas para Cristo Jesús porque lo son para nosotros. En este marco, me doy cuenta de que hemos de ser extremadamente lúcidos, ya que fácilmente caemos en un servicio a los pobres que no pasa de mejorarles las condiciones económicas, especialmente ahora con la crisis. Si ese servicio no brota de la experiencia de la cruz en donde Cristo se entrega por cada uno de nosotros, de cada persona, entonces no damos a conocer a Jesucristo a los pobres, ignorantes y pecadores. En ese caso, nos hacemos plausibles ante la sociedad, pero no ante Cristo Jesús. Que cada vez tengamos la certeza de que no hay relevo en nuestras Comunidades, nos debe hacer pensar hasta qué punto estamos entregándonos a los pobres, ignorantes y pecadores haciéndoles caer en la cuenta de que la pobreza, la ignorancia y el pecado solamente son superables cuando tomamos conciencia de que lo somos. Es un peligro que constato que puede ser corregido cuando nos comprometemos a un amor entregado (tal como decimos en la consagración del pan) que es el que da auténtica vida. José Ignacio Blanco 191


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7.- MANDARINAS, UNA PELรCULA SUGERENTE


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MANDARIINID – MANDARINAS Sinopsis: En 1990 estalla la guerra en una provincia georgiana que busca la independencia. Ivo, un estonio, decide quedarse, a diferencia del resto de sus compatriotas, para ayudar a su amigo Margus en la cosecha de mandarinas. Al comenzar el conflictos, dos soldados que luchan en bandos contrarios resultan heridos delante de la casa de Ivo. Ivo decide cuidar a los dos y ayudarles a pasar del odio a la convivencia y la colaboración. Valores: Se trata de un drama mayúsculo sobre el sinsentido de la guerra. El protagonista, Ivo, acompaña con paciencia y pedagogía a los dos soldados enemigos en el largo camino de la tolerancia y el respeto; Ivo es un testigo y un educador del valor supremo de la persona humana. Estamos ante una oda al humanismo, al entendimiento, al sentido común y a la razón por encima de la violencia y las banderías. “Nadie mata a nadie bajo mi techo a no ser que yo lo diga”. Ficha técnica: -

Director y guionista: Zaza Urushadze

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Año: 2013

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País: Estonia

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Ivo: Cembit Ulfsak

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Margus: Elmo Nüganen

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Ahmed: Grigori Nakashidze

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Niko: Misha Meskhi 195


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Premios: -

2014: Premios Ocar: Nominada a mejor película de habla no inglesa

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2014: Globos de Oro: Nominada a mejor película de habla no inglesa

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2014: Satellite Awards: Mejor película de habla no inglesa.

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8.- OBJETIVOS Y PROGRAMA DE LA SESIร“N


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1.- Objetivos 1. Discernir juntos qué “signos evangélicos”, qué “iniciativas misioneras” conviene alentar y proponer para responder a los retos pastorales de hoy y avanzar en la evangelización de los pobres. 2. Clarificar cómo influye en nuestro quehacer pastoral “la orientación apostólica que debe caracterizarnos: evangelizar a los pobres haciéndonos discípulos de Jesucristo y trabajando por llegar a ser parecidos a ellos” (Constituciones 25). 3. Convivir, encontrarnos, cultivar el espíritu de familia.

2.- Contenido y desarrollo Lunes, 3 de agosto: . 10,00: Laudes y Estudio de Evangelio (EE) . 10,45: Presentación de la sesión .

11,00: Presentación-resumen del trabajo previo: radiografía de nuestras comunidades e influencia de la orientación apostólica pradosiana en la acción pastoral

. 12,00: Tiempo personal: -

¿Me veo reflejado en el resumen presentado? ¿cómo lo matizo?

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¿Qué llamadas me está dirigiendo Dios a partir del presente de nuestras comunidades eclesiales? 199


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¿Cómo valoro la influencia de la “orientación apostólica pradosiana” en mi acción pastoral

. 12,45: Trabajo por grupos: ¿Qué llamadas nos está dirigiendo Dios a partir del presente de nuestras comunidades cristianas? ¿Cómo valoramos la influencia de la “orientación apostólica pradosiana” en nuestra acción pastoral? . 16,30: Breve puesta en común del trabajo por grupos . 17,00: Cinefórum, película “Mandarinas” Martes, 4 de agosto: . 08,15: Laudes y EE . 10,00: Ponencia: La primera evangelización y el rostro de las primeras comunidades cristianas (Santiago Guijarro) . 11,30: Tiempo personal: reacción a la ponencia, lecturas recomendadas . 13,00: Diálogo con el ponente . 16,30-18,00: Talleres: ¿Cómo ayudar a crecer a nuestras comunidades cristianas en las siguientes dimensiones de la acción pastoral? a) La parroquia, la comunidad cristiana como “escuela de oración” (NMI 32-34). Diego Martín b) El acompañamiento personal. Miguel Riquelme c) La corresponsabilidad y la toma de decisiones. José Manuel de las Fuentes . 18,30 Mesa de experiencias, testimonios: dos compañeros comparten su experiencia sobre El anuncio de Jesucristo a los pobres (30 minutos cada uno). Josep Perich y Pepe Rodado

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Miércoles, 5 de agosto: . 08,15: Laudes y EE . 10,00: Ponencia: La construcción de las comunidades cristianas y la historia de la evangelización de los pobres (Antonio Bravo) . 11,30: Tiempo personal: reacción a la ponencia, lecturas recomendadas . 13,00: Diálogo con el ponente . 16,30-18,00: Talleres: ¿Cómo ayudar a crecer a nuestras comunidades cristianas en las siguientes dimensiones de la acción pastoral? d) La dimensión celebrativa de la vida cristiana. Javier García López e) La presencia transformadora de la comunidad cristiana. Pedro Requeno f) los procesos de acceso a la fe. Angel Marino García Cuesta . 18,30: Mesa de experiencias, testimonios: tres compañeros comparten su experiencia sobre La orientación apostólica que brota del carisma pradosiano (20 minutos cada uno). Manuel Martín Nebot, Florián Cuenca y José Ignacio Blanco. Jueves, 6 agosto: . 08,15: Laudes y EE . 10,00: Ponencia: Antonio Chevrier, la construcción de la comunidad cristiana y la orientación apostólica que brota de la gracia recibida (Xosé Xulio Rodríguez). . 11,30: Tiempo personal: reacción a la ponencia, lecturas recomendadas .

12,30: Diálogo con Pablo D’Ors, sacerdote, escritor, miembro del Consejo Pontificio para la Cultura.

. 16,00: Visita cultural al Monasterio del Escorial. Eucaristía y Vísperas

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Viernes, 7 de agosto: . 08,15: Laudes y EE . 10,00: Presentación del borrador de conclusiones . 10,15: Tiempo personal: ¿Qué conversión personal inspira el Señor al final de esta sesión? .

11,00-12,00: Grupos: ¿Cuál es “la necesidad del momento y de la Iglesia” (carta 153)?. ¿Qué conversión pastoral inspira el Señor al final de esta sesión?

. 12,30: Asamblea final y revisión de la sesión. . 13,30: Informaciones, revisión de la sesión.

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INDICE

1. Saludo inicial....................................................................................................................... 3 2. Síntesis del trabajo previo a la sesión.................................................................. 9 3. Ponencias............................................................................................................................ 19 3.1. La primera evangelización: Reconstruir la historia para renovar la memoria. Santiago Guijarro...........21 3.2. La construcción de las comunidades cristianas y la historia de la evangelización de los pobres. Antonio Bravo..................................................... 31 3.3. Formar comunidades de discípulos. Xosé Xulio Rodríguez..................... 35 4. Artículo................................................................................................................................ 69 Iniciación al desierto. Actualidad y necesidad del silencio Pablo D’Ors (ABC Cultural, 17-10-2015) ................................................................ 71 5. Talleres................................................................................................................................ 75 5.1. La parroquia, casa de oración. Diego Martín Peñas.................................... 77 5.2. El acompañamiento personal. Miguel Riquelme Pomares...................... 98 203


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5.3. La corresponsabilidad y la toma de decisiones. José Manuel de las fuentes............................................................................................ 109 5.4. La dimensión celebrativa de la vida cristiana. Javier García López.... 116 5.5. La presencia transformadora de la comunidad cristiana. Pedro Requeno........................................................................................................................ 128 5.6. Los procesos de acceso a la fe. Angel Marino García Cuesta................ 149 6. Testimonios...................................................................................................................... 161 6.1. Cuando soy débil. Josep Perich Serra............................................................. 163 6.2. Evangelio y mundo obrero. Pepe Rodado ...................................................... 170 6.3. Comunión y misión. Manuel Martín Nebot.................................................. 176 6.4. Discípulo y apóstol. Florián Cuenca............................................................... 183 6.5. Identidad pradosiana y acción pastoral. José Ignacio Blanco............... 189 7. Mandarinas, una película sugerente................................................................ 193 8. Objetivos y programa de la sesión................................................................... 197 Índice........................................................................................................................................ 203

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