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el prado 2

l “Evangelizar a los pobres lo es todo”

ASOCIACIÓN

DE

uuu

SACERDOTES

DEL

PRADO

Publicación periódica - Enero-Marzo 2013 / Núm. 214


"EL PRADO" Publicación periódica Nº 1906-Refª 1999

DIRECCIÓN: MANUEL JOSÉ BARCO ESTÉVEZ Higueras, 35, 1º 28011 MADRID Tf 91 470 07 17 Email: pradoe@asociacionsacerdotes.e.telefonica.net Web: http://sacerdotesprado.wordpress.com REDACCIÓN: FRANCISCO JAVIER GARCÍA CADIÑANOS C/ Barrantes, 11 bajo 09003 - BURGOS Telf. 947482988

ADMINISTRACIÓN: Asociación Sacerdotes del Prado Higueras, 35, 1º 28011 - MADRID Tf 91 470 07 17

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“EVANGELIZAR A LOS POBRES LO ES TODO”

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engo en el coche algunos números “sueltos” de la revista de “el Prado”. La razón es que, cuando fuimos a correos a llevar el último número, había cuatro o cinco sobres que se habían hecho de más y, por lo tanto no tenían dirección alguna. Desde entonces dichos sobres siguen en el coche con sus respectivas revistas. Un día que salía de viaje me acompañó un amigo… Después de hablar durante no mucho tiempo de cosas sin demasiada importancia, dejamos que el silencio se sentara en el asiento de atrás. Mi amigo se dio cuenta de que había unas revista, cogió una y se puso a ojearla... Ese número de la revista llevaba el título “Los pobres son evangelizados”. Mi amigo me preguntó: “De que trata el próximo número?”. Le contesté: “Evangelizar a los pobres lo es todo”. Por el rabillo del ojo, sin perder de vista la carretera, vi que me miraba con una sonrisa un tanto “socarrona” y me dijo: “qué raro que tratéis de la evangelización de los pobres…”. El número del que mi amigo terminaba de echar un vistazo llevaba el título “Los pobres son evangelizados”. Mi amigo continuó: “Parece que tenéis una cierta fijación con esta cuestión. No te parece que esto de evangelizar a los pobres es casi imposible? Además, lo que los pobres necesitan es dejar de serlo, que se les socorra, que…”... Y me soltó una charla en la que venía a concluir que eso de evangelizar a los pobres nos es radicalmente imposible. Yo permanecí en silencio un tiempo y al final le dije: “Eso de socorrerlos está bien. Más aún, hemos de trabajar para que desaparezcan las causas que generan tantos pobres. Pero todo eso creo que hemos de hacerlo como mediaciones para ir más allá, para que sus aspiraciones y deseos más profundos sean colmados… Y eso creo que quien lo puede ofrecer es Jesucristo. Jesús de Nazaret… Le recordé que cómo Jesús curó leprosos, dio la vista ciegos, liberó a los oprimidos... y proclamó un año de gracia para ellos (Lc 4, 16-18). Y cuando Juan estaba en la cárcel y envió a sus discípulos a Jesús para ver si era él el Mesías o tenían que esperar a otro, Jesús, después de curar a muchos les dijo: "Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia a los pobres la Buena Nueva” (Lc 7, 22). Mi amigo me respondió: “Pero eso es muy difícil, casi imposible”. Yo le di la 1


. “Evangelizar a los pobres lo es todo”

razón. “Para nosotros es imposible”. Además, nadie puede dar lo que no tiene y la evangelización no depende de nosotros fundamentalmente, sino del Espíritu de Jesús”.

Entonces me acordé de lo que el Beato Antonio Chervier nos cuenta de su experiencia que sintetiza en tres “todos”: conocer a Jesucristo lo es todo”, Tener el Espíritu del Señor lo es todo” y anunciar el evangelio a los pobres lo es todo”. Es decir, que no podemos evangelizar a los pobres si no nos dejamos cristifiacar si no dejamos que Cristo sea en nosotros hasta poder decir como Pablo: “no soy yo, sino que es Cristo quien vive en mí”. Si no dejamos que el Espíritu conduzca nuestra misión con los pobres, no será posible su evangelización. Y si no seguimos a Jesús pobre para evangelizar a los pobres corremos el peligro de hacer de la evangelización una ideología por muy religiosa que sea. Si realmente nos hacemos pobres con los pobres, me sospecho que no podremos socorrer materialmente a los pobres, sino es compartiendo nuestra pobreza. En este momento miré para mi amigo que había permanecido en silencio sin interrumpir mi reflexión y él me miró también y me dijo sonriendo: “Ten cuidado que te pasas de velocidad”.

Entonces le ofrecí “un librito” donde están las cartas del P. Chevrier y le dije: “Lee en voz alta, por favor”. Y él Leyó: «No trabajéis para crecer y subir, trabajad para haceros pequeños y achicaros de modo que os coloquéis a la altura de los pobres, para estar con ellos, vivir con ellos y morir con ellos: y no temamos los reproches que los judíos hacían a Nuestro Señor: “Vuestro Maestro está siempre con los pobres, los publicanos y la gente de mala vida”. Es un reproche que debe enorgullecernos en lugar de avergonzarnos. Nuestro Señor vino a buscar a los pobres. ´Me ha enviado a llevar la buena noticia a los pobres´» (Beato Antonio Chevrier, Carta 114).

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PROYECTO “ETXEA”. LOS POBRES SON EVANGELIZADOS LOS POBRES NOS EVANGELIZAN h

José María Ruiz de Azúa

El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos' 'y proclamar un año de gracia del Señor. Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en él. Comenzó, pues, a decirles: "Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy" (Lc 4, 18-21)

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puedan integrar los últimos de nuestra sociedad estando en la comunidad cristiana como en su casa..

n el número 205 de nuestra revista El Prado llevaba como título: “Los pobres nos evangelizan”, lo que para nosotros es la experiencia Betania. En la evaluación del curso pasado un voluntario decía que experimenta Betania como fuente de vida, abriendo puertas y corazones para que nuestra vida personal y nuestra comunidad sea casa de todos. El mismo Plan de Evangelización en nuestra Diócesis de Vitoria nos invita a abrir nuestras comunidades a grupos de marginados creando espacios adecuados en los que se 3

Ahora pretendo exponer más detenidamente algunos de los pasos que en el mencionado artículo ya anunciaba como perspectiva. Hoy puedo decir que desde Betania ha nacido el proyecto Etxea. Es algo que, como todo ser vivo, está creciendo poco a poco. Acaba de inaugurarse en la diócesis de Vitoria este proyecto vinculado a la unidad pastoral nuestra Señora de los Dolores y San Millán, como una respuesta de la


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comunidad cristiana a la realidad social que vivimos. El proyecto es un paso más en continuidad con el proceso que vamos viviendo en nuestra comunidad cristiana que quiere seguir siendo, desde los últimos, la casa de todos. El día de la inauguración el párroco presentaba este proyecto como diocesano: “Es diocesano porque el Obispo se implica en él y con él la diócesis. Es diocesano también, porque el desarrollo y futuro de este proyecto va a depender en gran parte, no solo de la implicación de la unidad pastoral, sino también de la sintonía y relación con el resto de comunidades, parroquias y agentes de pastoral de la diócesis. No queremos ir por libre sino haciendo el camino juntos, colaborando todos y cada uno en la construcción de esta casa común”.

El proyecto “Etxea” abarca en la actualidad tres programas: Alietxea, los talleres y el acompañamiento. Quiero extenderme más en el primer programa. “ALI-ETXEA” es una casa abierta, en la que personas en proceso de inserción social puedan encontrar un lugar donde

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José Mª Ruiz de Azúa

hacer experiencia de vida familiar sencilla y acogedora. Un lugar donde vivir temporalmente formando parte de una comunidad que ofrece relaciones de amistad, relaciones humanizadoras. De esta forma colaboramos en la lucha contra la exclusión social, evitando en lo posible los procesos de debilitamiento humano que padecen las personas y famitas más vulnerables. Tratamos de crear y fortalecer en nuestra unidad pastoral un estilo de vida solidario con estas personas y familias que el actual modelo social deja en la cuneta. En VitoriaGasteiz existen distintos proyectos sociales en la lucha contra la exclusión social. Ali-etxea no intenta suplantar sino complementar. Este programa quiere fortalecer los vínculos humanos. La experiencia nos dice que la mayor fuente de dolor en las personas más vulnerables socialmente es la debilidad de las relaciones humanas, no tener a nadie con quien compartir la vida, no sentirse querido, no ser necesario ni echado en falta por los demás. El actual modelo social prioriza la dimensión económica y el trabajo como medio de producción para poder acceder al consumo. Se olvida de otras claves que son necesarias y


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un apoyo más corto en el tiempo. Las dos familias están siguiendo un camino acordado con el equipo de casa y la trabajadora social de Caritas. Es un acompañamiento personalizado.

fundamentales para construir la sociedad: la persona, las relaciones que se establecen y el trabajo entendido como ejercicio de las capacidades de las personas.

Son destinatarias de esta casa las personas que quieren fortalecer vínculos humanos saludables participando en esta forma de vida en comunidad. Por lo tanto, personas que tienen capacidad para una convivencia normalizada, que no necesitan una supervisión o acompañamiento permanente. Personas en proceso de inserción social, sin distinción de raza, cultura, religión, género, edad. Un criterio es favorecer la diversidad entre las personas que convivan en la casa. En resumen, personas o familias que están en un momento de su vida con capacidad de aprovechar lo que esta forma de vida les puede ofrecer. Antes de entrar, hay un tiempo previo de conocimiento mutuo por parte de la persona y de la comunidad.

Ya han sido acogidas dos familias monoparentales. Una con tres hijos y otra con su hija adolescente. En el tiempo previo de conocimiento se están gestionando otras posibles incorporaciones como es el caso de un joven que necesita

José Mª Ruiz de Azúa

En esta casa residen también cuatro personas, miembros de la Comunidad Cristiana de base, que se han comprometido a vivir en medio de esta nueva familia. El día 18 de noviembre del pasado año, el Sr. Obispo presidió la Eucaristía en la iglesia parroquial de San Millán de Ali. En esta celebración D. Miguel hizo una oración de envío a las cuatro personas que tienen la misión de formar la comunidad Ali-Etxea: dos seglares, un sacerdote diocesano y una religiosa ursulina. Esta última me enseñó el significativo envío de la Superiora General de su congregación citando al profeta Isaías: “Percibí la voz del Señor que decía: ¿A quién enviaré? ¿Quién irá de parte nuestra? Y yo dije: Heme aquí, envíame” (Is 6,8). N.N., también tú, como Isaías, has escuchado esta palabra del Señor que busca mensajeros y, como él, te has apresurado a responder: ¡Envíame! ¡Yo estoy dispuesta! Por eso, yo te envío a vivir nuestra misión de congregación en el proyecto eclesial ETXEA”. 5


. Proyecto “Etxea” . Los pobres son evangelizados, los pobres ...

José Mª Ruiz de Azúa

Sin residir en la casa, otros dos miembros -una madre de familia joven y yo mismo- integramos también esta comunidad cristiana de base. Nos reunimos semanalmente para iluminar nuestro caminar a la luz de la Palabra de Dios, y alimentarnos en “nuestro propio pozo”, y terminamos haciendo un rato de oración o celebrando la Eucaristía, junto con los destinatarios o voluntarios que deseen participar.

lia. M.G. me manifestó en su día que es oportuno y necesario hacer objeción de conciencia y resistencia activa a la aplicación del real decreto 12/2012 que niega atención sanitaria al colectivo de inmigrantes no regularizados porque es inmoral negar un derecho básico. Y desde una `perspectiva evangélica no podemos olvidar lo que Jesús nos dice: “Fui extranjero y me acogisteis” (Mt.25, 31-46).

Además son varias las personas que, sin residir en la casa, participan habitualmente en la misma, ayudando como voluntarias en servicios concretos, formando parte activa de la comunidad. Nos ha sorprendido gratamente el ofrecimiento gratuito de M.G. como médico de esta fami-

TALLERES: Este programa nos permite salir como comunidad al encuentro de los que más sufren entre nosotros (personas solas, inmigrantes). Es un espacio de acogida que hace posible el encuentro y las relaciones humanizadoras. Un espacio para aprender castellano y habilidades prácticas (cocina, informática, costura y electricidad) que potencien su integración social, con métodos y contenidos que desarrollen los valores de la paz, la solidaridad, la interculturalidad y el diálogo interreligioso. Este programa está abierto a personas que no tienen acceso a otros recursos ofrecidos en Vitoria-Gasteiz (Ayuntamiento, Caritas, Centros de cultura popular, EPA…) Por

En la sencillez de nuestro proceso vemos que cuando abrimos la comunidad a los últimos, a los que más sufren, cuando salimos a su encuentro, dispuestos a compartir la vida y la fe, ayudamos a que Jesús se ponga más en el centro de la vida de la Comunidad. Es la opción de la encarnación en lo más bajo e irrelevante. Ahí estamos llamados a acoger a Jesús que no deja de sorprendernos.

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. Proyecto “Etxea” . Los pobres son evangelizados, los pobres ...

ACOMPAÑAMIENTO: Hemos subrayado la importancia de establecer y fortalecer en los talleres relaciones humanas entre las personas que participan. Muy pronto vimos que esto se podía extender más allá de la asistencia a los talleres en un conocimiento y acompañamiento personalizado y debidamente contrastado en equipo. Yo mismo estoy acompañando a un grupo de ocho inmigrantes. Son personas que han llegado desde Burkina Fasso, Malí y Costa de Marfil, huyendo del hambre. En el camino se expusieron a la misma muerte. Hoy, a pesar de la nueva ley de extranjería y de la situación crítica que atravesamos, han optado por quedarse aquí. Están viviendo momentos muy difíciles. Pero, a pesar de todo, me sorprende su paz y entereza. Son musulmanes. Valoran mucho la amistad y el acompañamiento.

eso empezamos a matricular cuando ya han cerrado la inscripción estas instituciones.

Es el tercer año de esta experiencia que está siendo muy enriquecedora para todos. Este curso se han matriculado 120 personas residentes en Vitoria-Gasteiz. Y para realizar este servicio se han ofrecido 35 voluntarios de ésta y de otras parroquias de la diócesis. Pretendemos promover, en lo posible, unas relaciones cercanas y amistosas de modo que, los que lleguen a nosotros, encuentren la acogida y el calor humano necesario que les ayude a integrarse en esta realidad.

Subrayo lo que dijeron los voluntarios en la evaluación del curso pasado en relación al primer objetivo de estos talleres: “Acompañar a las personas desde unas relaciones significativas”. Aquí, -dicen ellos- se encuentran como en su casa. Somos una puerta de entrada en otra cultura. Muchos quitan los prejuicios religiosos al ver que lo que hacemos lo hacemos desinteresadamente. Pero, además, es importante favorecer la relación más allá de los talleres, preocuparnos por su situación personal. Por eso termino hablando brevemente del…

José Mª Ruiz de Azúa

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Y tienen muchos detalles de ayuda mutua. Para mí son buena noticia. Con ellos estoy teniendo momentos intensos de alegría y también de sufrimiento. Sin darme cuenta vamos caminando hacia la integración que es relación mutua, dar y recibir. En pequeñito estamos tejiendo lazos interculturales y verdadero dialo-


. Proyecto “Etxea” . Los pobres son evangelizados, los pobres ...

go interreligioso. Son pobres y excluidos que me evangelizan y son también evangelizados.

José Mª Ruiz de Azúa

está confeccionando cuatro preciosos mosaicos que representan: a la mujer que derrama el perfume en la casa de Simón el leproso, los cinco panes y los dos peces que ofrece un muchacho a Jesús, al buen samaritano y a los tres discípulos de Emaus. Con estos cuadros haremos la mesa de altar que nos acompañará y será el centro de la pequeña capilla de Ali-Etxea. En ellos y a través de ellos Jesús Resucitado se nos hace presente y nos acompaña como Amigo.

En el artículo al que hacía mención al comienzo, contaba mi experiencia de Betania en el barrio Sansomendi y terminaba con algunas llamadas desde el Estudio de Evangelio en Mc. 4, 39. Esa mujer que derrama perfume en casa de Simón el leproso nos invita a romper el frasco de nuestra vida ante Jesús encarnado e identificado con los pobres, marginados y excluidos. Y concluyo con una referencia eucarística: Un buen amigo que ha pasado gran parte de su vida en Misiones Diocesanas de Ecuador y que es un gran artista,

José María Ruiz de Azúa

Sacerdote del Prado de Vitoria-Gazteiz

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PRIMEROS PASOS PARA QUE LOS POBRES CONOZCAN A JESUCRISTO h

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L

Juan Carlos Martín

l que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el portero, y las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Pero no seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños. (…) Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. (Jn 10, 2-9)

os primeros pasos para que los pobres conozcan a Jesucristo son lentos y la paciencia activa del proceso de evangelización, es fundamental. Quien está llamado formar apóstoles pobres ha de ser muy consciente de ello. La atención a quienes acompañamos para que puedan acompañar a otros, el acoger sus vidas con cariño y confianza, la fe en el Espíritu que es quien trabaja el corazón de esas personas y grupos y el ayudarles a ser protagonistas en esta misión fundamental, son ingredientes que preparan la acogida del Espíritu Santo en sus vidas.

Juan Carlos, el autor de este testimonio confiesa al final del mismo: “creo que vamos sentando las bases humanas para encarnar el evangelio”. Juan Carlos no dice esto porque simplemente lo intuya, sino porque en su experiencia ha verificado que es verdad con otras personas y grupos con los que está. En algunos números siguientes de esta revista podremos verifiarlo.

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La primera reunión con el grupo de “madres” de los niños que comienzan la catequesis resultó bastante bien. El boca a boca ha corrido entre la gente y


. Primeros pasos para que los pobres conozcan a Jesucristo

Juan Carlos Martín

quién soy?” Esa pregunta fue el pretexto para que se sentase y me contase lo que le pasaba. Me contó que su matrimonio había ido muy bien hasta hace un año. “Mi marido cambió un montón de la noche a la mañana; comenzó a decir que yo le estaba engañando y que mis amigas me encubrían”. “Se marchó de casa a vivir con sus padres; se peleó con su padre y se ha ido a vivir a una nave en mitad del campo”; “dice que no quiere saber nada de nadie y se ha abandonado sin querer comer ni asearse”.

hay un “buen ambiente” en lo referente a la catequesis y a la misa del domingo preparada por los grupos de niños. De la reunión me sorprendió que desde el primer momento se ofreciesen como voluntarias para colaborar en lo que hiciese falta.

Mientras los niños están en catequesis yo suelo quedarme con el grupo de madres y, de un modo informal –tomando un café-, tener un encuentro paralelo donde van saliendo las diferentes cosas de la vida y nos vamos conociendo. Por un lado perciben la familiaridad del sacerdote y de la gente de la parroquia y, por otro, nosotros nos vamos acercando a su vida, a sus casas y a sus familias.

Durante varios encuentros Susana va contando las novedades. Ella acudía cada domingo por la tarde con sus hijos a ver a su marido. Me contó que su hijo mayor, Marcos, lo pasaba mal porque veía a su padre desaseado y preguntaba si su padre ahora era pobre. A mí me impresionaba la fidelidad que Susana mantenía a la hora de ir a visitarle. Cuando hablabas con ella se la veía muy superada por las circunstancias. Yo traté de ayudarla a comprender que su marido tenía una enfermedad psíquica grave y que era necesario que buscasen ayuda profesional.

En ese grupo de madres estaba Susana. La primera impresión es que era muy dicharachera, no paraba de hablar de cualquier tema. Parecía que todo era como muy lindo y que iba bien. Pero a mí me llamaba la atención cierta ansiedad que manifestaba en su forma de hablar y expresarse.

A mediados de noviembre la vi muy agitada. Se marchaba con otra amiga cuando… se vuelve y me dice “Juan Carlos ¿tú sabes

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Mientras, en el grupo de


. Primeros pasos para que los pobres conozcan a Jesucristo

Juan Carlos Martín

los niños” “Sí, me lo ha dicho la psiquiatra”. “También me ha dicho que es necesario un tiempo, que tengo que tener paciencia para ver en qué depara todo”. Se la ve más feliz y estuvo con sus niños en la misa del gallo.

madres íbamos dando pequeños pasitos. Se les invitó a hacer un video para que lo vieran sus hijos. Aceptaron encantadas. Hacer juntas también esta pequeña tarea generó unión entre ellas y posibilitó que compartiesen de modo informal más aspectos de su vida.

Tras las navidades me encuentro con otro grupo de madres. Comentan “¡habéis visto quienes están en la APA del colegio!” “¡Lo peorcito del pueblo!” Dice Gema, una enfermera que está en el grupo de CARITAS arciprestal, “si están ellas es porque vosotras no habéis querido entrar en el APA”. Yo me quedé pensando en la gente del APA. Está Susana, de la que vengo hablando; esta Rodrigo, un guardia civil con una hija discapacitada dispuesto a trabajar y a que la asociación haga cosas; Ana, una mujer rumana que pasa por dificultades económicas, pero a la que no le faltan gestos de gratuidad; Montse una madre soltera que trabaja sólo los fines de semana y a la que acompañamos desde la parroquia y los servicios sociales… Me preguntaba ¿qué verán en estas personas? Yo veo a “pobres” que nos evangelizan, que llenan nuestra vida de esperanza.

A mediados de diciembre Susana me comunica que por mediación del juez se han llevado a su marido al hospital donde ha quedado ingresado. Yo la tranquilizo diciendo que es el primer paso para que él pueda recuperar su vida.

Mientras, ese grupo de madres se hace eco de la situación que viven algunas familias del pueblo y proponen hacer un rastrillo de juguetes para ayudar a esos niños. Me reúno con ellas y con la APA del colegio y se organiza. Un grupo de madres se encarga de pasar las mañanas de las vacaciones de Navidad en el salón parroquial al cuidado del rastrillo.

Yo me hago el encontradizo y paso ratos con ellas. Algún día también está Susana que me cuenta las novedades. “Sabes, Juan Carlos, Julián quiere ver a

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. Primeros pasos para que los pobres conozcan a Jesucristo

A la vuelta de Navidad hemos comenzado un tiempo dedicado a la caridad. El amor vivido en familia, el amor a la creación y el amor a los más pobres de nuestro mundo. El grupo de madres ha preparado la parte material del “bocata solidario”. Siguen mostrándose disponibles: participan de la acción y están presentes en las celebraciones. Es cierto que preparamos mucho las celebraciones, queremos que la vida esté muy presente, introducimos muchos elementos simbólicos pero sigue faltando una preparación previa con las madres.

Juan Carlos Martín

al café semanal donde se van gestando muchas ideas. También es un espacio donde poco a poco vamos entrando en la vida. Ya hemos visitado a alguna familia en su casa. Conocer al padre, a los abuelos, compartir un rato… creo que vamos sentando las bases humanas para encarnar el evangelio. Que sientan a la gente de la parroquia como uno más es fundamental. Por otro lado, somos para ellos unos referentes: esperan una palabra de sentido, cercanía, compromiso con sus problemas…

Ellas siguen rehusando las invitaciones a reflexionar de un modo más reglado, pero no fallan

Juan Carlos Martín, sacerdote

de la diócesis de Ávila

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ANUNCIAR A JESUCRISTO A LOS POBRES EN EL MARCO DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN h

Antonio Bravo

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No trabajéis para crecer y subir, trabajad para haceros pequeños y achicaros de modo que os coloquéis a la altura de los pobres, para estar con ellos, vivir con ellos y morir con ellos: y no temamos los reproches que los judíos hacían a Nuestro Señor: “Vuestro Maestro está siempre con los pobres, los publicanos y la gente de mala vida”. Es un reproche que debe enorgullecernos en lugar de avergonzarnos. Nuestro Señor vino a buscar a los pobres. ´Me ha enviado a llevar la buena noticia a los pobres´» (Beato Antonio Chevrier Carta 114).

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odemos caminar cuanto queramos, podemos edificar muchas cosas, pero si no confesamos a Jesucristo, algo no funciona. Acabaremos siendo una ONG asistencial, pero no la Iglesia, Esposa del Señor. (Papa Francisco)

nueva evangelización» avanza por los caminos que Jesús ha fijado en el Espíritu de santidad.

La evangelización de los pobres, y no sólo la asistencia a los pobres, será, a mi juicio la piedra de toque para discernir si «la

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Los últimos Papas, en efecto, nos han «convocado» a desarrollar una nueva evangelización. Esta llamada se presenta como respuesta a la situación del mundo y de la propia Iglesia. Los procesos de globalización, tal como se están desarrollando, hacen que «las culturas de los


. Anunciar a Jesucristo a los pobres en el marco ...

pueblos» estén experimentando mutaciones profundas y los más pobres sean cada vez más dependientes o, si se prefiere, excluidos. Pablo VI señaló ya con claridad la cuestión de la evangelización de la cultura1, así como la importancia de promover un desarrollo integral, que hiciese posible el paso de condiciones menos humanos a condiciones más humanas, donde la fe en Jesucristo, el hombre perfecto y Señor de la historia, aparece como el culmen de una vida verdaderamente humana2.

Antonio Bravo

comunidad se hallan cuestionadas en profundidad. Las relaciones de las personas entre ellas, con lo creado y con Dios ni son estables ni claras. Son relaciones marcadas por la precariedad, la incertidumbre y la inquietud. La nueva evangelización debe hacer frente al desafío proveniente de las nuevas perspectivas antropológicas; y que inciden en la vida y dignidad de «los pobres materiales», que tantos sufrimientos deben afrontar en nuestra situación de crisis, así como en aquellas personas que han perdido el sentido, la esperanza y la alegría de vivir, «los pobres espirituales»3.

En las culturas emergentes de los procesos concomitantes a la globalización de nuestro planeta, el sentido de la persona y de la

Para evangelizar a los hom-

1 «La ruptura entre Evangelio y cultura es sin duda alguna el drama de nuestro tiempo, como lo fue también en otras épocas. De ahí que hay que hacer todos los esfuerzos con vistas a una generosa evangelización de la cultura, o más exactamente de las culturas. Estas deben ser regeneradas por el encuentro con la Buena Nueva. Pero este encuentro no se llevará a cabo si la Buena Nueva no es proclamada». (EN 20) 2 Menos humanas: Las carencias materiales de los que están privados del mínimo vital y las carencias

morales de los que están mutilados por el egoísmo. Menos humanas: las estructuras opresoras que provienen del abuso del tener o del abuso del poder, de las explotaciones de los trabajadores o de la injusticia de las transacciones. Más humanas: el remontarse de la miseria a la posesión de lo necesario, la victoria sobre las calamidades sociales, la ampliación de los conocimientos, la adquisición de la cultura. Más humanas también: el aumento en la consideración de la dignidad de los demás, la orientación hacia el espíritu de pobreza (cf. Mt 5, 3), la cooperación en el bien común, la voluntad de paz. Más humanas todavía: el reconocimiento, por parte del hombre, de los valores supremos, y de Dios, que de ellos es la fuente y el fin. Más humanas, por fin y especialmente: la fe, don de Dios acogido por la buena voluntad de los hombres, y la unidad de la caridad de Cristo, que nos llama a todos a participar, como hijos, en la vida de Dios vivo, Padre de todos los hombres. (PP 21) 3 «Pero hay otra pobreza. Es la pobreza espiritual de nuestros días, que afecta gravemente también a los Países considerados más ricos. Es lo que mi Predecesor, el querido y venerado Papa Benedicto XVI, llama la «dictadura del relativismo», que deja a cada uno como medida de sí mismo y pone en peligro la convivencia entre los hombres».

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. Anunciar a Jesucristo a los pobres en el marco ...

bres y mujeres, en particular a los pobres «materiales» y «espirituales», que crecen en el humus de las nuevas culturas, es preciso, a mi juicio, abandonar los caminos trillados, y ahondar en la verdad y novedad del «Evangelio de Dios». «Lo que importa es evangelizar —no de una manera decorativa, como un barniz superficial, sino de manera vital, en profundidad y hasta sus mismas raíces— la cultura y las culturas del hombre en el sentido rico y amplio que tienen sus términos en la Gaudium et spes 53, tomando siempre como punto de partida la persona y teniendo siempre presentes las relaciones de las personas entre sí y con Dios». (EN 20) Pablo VI desarrollaba así una intuición del Concilio Vaticano en el decreto sobre las misiones4.

Antonio Bravo

de antigüedad cristiandad. «Alimentarnos de la Palabra para ser «servidores de la Palabra» en el compromiso de la evangelización, es indudablemente una prioridad para la Iglesia al comienzo del nuevo milenio. Ha pasado ya, incluso en los Países de antigua evangelización, la situación de una «sociedad cristiana», la cual, aún con las múltiples debilidades humanas, se basaba explícitamente en los valores evangélicos. Hoy se ha de afrontar con valentía una situación que cada vez es más variada y comprometida, en el contexto de la globalización y de la nueva y

La sociedad cambia, la Iglesia también. El Papa Juan Pablo II, por su parte, expresaba en estos términos el cambio profundo de la Iglesia, sobre todo en los países

4 «Los grupos en que vive la Iglesia cambian completamente con frecuencia por varias causas, de forma

que pueden originarse condiciones enteramente nuevas. Entonces la Iglesia tiene que ponderar si estas condiciones exigen de nuevo su actividad misional. Además en ocasiones, se dan tales circunstancias que no permiten, por algún tiempo, proponer directa e inmediatamente el mensaje del Evangelio; entonces las misiones pueden y deben dar testimonio al menos de la caridad y bondad de Cristo con paciencia, prudencia y mucha confianza, preparando así los caminos del Señor y hacerlo presente de algún modo.» (AG 6)

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. Anunciar a Jesucristo a los pobres en el marco ...

Antonio Bravo

del Padre? ¿Cómo llevar a cabo la evangelización en un mundo marcado por la indiferencia religiosa, la increencia y una visión muy parcial de la Iglesia?

cambiante situación de pueblos y culturas que la caracteriza. He repetido muchas veces en estos años la «llamada» a la nueva evangelización. La reitero ahora, sobre todo para indicar que hace falta reavivar en nosotros el impulso de los orígenes, dejándonos impregnar por el ardor de la predicación apostólica después de Pentecostés. Hemos de revivir en nosotros el sentimiento apremiante de Pablo, que exclamaba: «¡ay de mí si no predicara el Evangelio!» (1 Co 9,16).» (NMI 40)

Teniendo estas cuestiones como telón de fondo, pero sin tratar de responder a ellas en el marco de esta reflexión, comparto con sencillez algunos aspectos de mi búsqueda y meditación sobre la nueva evangelización a la luz de la palabra de Dios.

En este marco, la convocatoria a la nueva evangelización nos interroga sobre cómo estamos viviendo la entraña misma de la evangelización, yendo más allá de los métodos y del ardor con que debemos abordar esta nueva etapa de la historia del mundo y de la Iglesia, en la que se desarrolla el acontecimiento de la evangelización. ¿Qué supone para la Iglesia hacer resonar la verdad y novedad del Evangelio de Dios en nuestro mundo? ¿Cómo la verdad y novedad del Evangelio, determinan desde dentro el acontecimiento de la evangelización? ¿Por qué anunciar a los hombres de hoy a Jesús de Nazaret, el Crucificado exaltado a la derecha

1. «NO PODEMOS DEJAR DE CONTAR LO QUE HEMOS VISTO Y OÍDO»

Pedro y Juan les replicaron (a los miembros del tribunal religioso) diciendo: «¿Es justo ante Dios que os obedezcamos a vosotros más que a él? Juzgadlo vosotros. Por nuestra parte no podemos menos de contar lo que hemos visto y oído» (Hch 4, 19-20)

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«Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. Dios lo ha exaltado con su diestra, haciéndolo jefe y salvador, para otorgar a Israel la conversión y el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el


. Anunciar a Jesucristo a los pobres en el marco ...

«Lo que hemos visto y oído os lo anunciamos, para que estéis en comunión con nosotros y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto para que nuestro gozo sea completo» (1Jn 1, 3-4). La alegría es difusiva. La obediencia y la alegría explican el dinamismo, entusiasmo y creatividad evangelizadora de la comunidad apostólica en la encrucijada cultural de aquel tiempo. ¿No encontramos aquí el verdadero resorte de la misión evangelizadora de la comunidad eclesial?

Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen» (Hch 5, 29-32)

Estas respuestas de los «iletrados discípulos» de Jesús de Nazaret nos hacen comprender algo de la entraña misma de la evangelización y de su novedad. La evangelización es obra de testigos: es un acto de obediencia a Dios. Como en su amor apasionado el envió a su Unigénito (cf. Jn 3, 16s), sigue enviando a sus testigos para que den cuenta de lo que ha realizado en y por su Hijo. El anuncio de Jesucristo y de la obra de Dios realizada en su Pascua se desarrolla en el Espíritu Santo, como un verdadero testimonio de lo visto y oído. No se proclaman ideas o creencias, sino a Jesucristo crucificado por los hombres y exaltado por el Dios de los padres. El testigo no puede callar su experiencia gozosa, aun cuando a ello se opongan los hombres y sus tribunales.

La evangelización no busca hacer prosélitos. Proclama un acontecimiento y su sentido, invitando a los hombres y mujeres del pueblo a tomar postura ante él. En eso consiste la conversión y la fe. La evangelización brota de la alegría y renueva a la comunidad apostólica en la gozosa esperanza.

Antonio Bravo

La comunidad apostólica daba testimonio en las sinagogas y plazas, en las casas y lugares de trabajo, en los tribunales religiosos y en los tribunales civiles, en las orillas de los ríos y en los mares, en los caminos y en el Areópago. Perseguidos, los miembros del «Camino» iban anunciando por todas partes el Evangelio de Dios (cf. Hch 8, 1-3). La proclamación y la confidencia se entretejían en el testimonio de la comunidad apostólica.

¿Por qué la comunidad apostólica se sentía impulsada a dar testimonio de lo visto y oído? Tres razones me parecen particularmente significativas. La primera: La docilidad al Espíritu Santo. El

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Espíritu que alentó la misión de Jesús por las sinagogas y los caminos de Galilea (cf. Lc 4, 1421), lanzó también la comunidad apostólica a las plazas, para que llevase el Evangelio de Dios de Jerusalén hasta los confines de la tierra (cf. Hch 1, 8; 2, 1-11; Lc 24, 44-53). El Espíritu es y será el verdadero testigo de Jesús (cf. Jn 15, 26-27). Sin Espíritu no hay evangelización y la misión degenera en propaganda religiosa o proselitismo. El verdadero evangelizador es un hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, como puede verse en los casos de Esteban y Felipe, así como del resto de los apóstoles.

Una segunda razón: la imitación de Jesús. Recorría sinagogas y pueblos anunciando la llegada del reino de Dios. «Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio» (Mc 1, 15). Proclamaba «el Evangelio de Dios» en el mar y la montaña, en las casas y en las plazas. Nada ni nadie podía retenerlo. Cuando la gente trató de retenerlo, les dijo: «Es necesario que proclame el reino de Dios también a las otras ciudades, pues para esto he sido enviado» (Lc 4, 43). Jesús vive la misión como un acto de obediencia. Es el Enviado.

Antonio Bravo

La Iglesia deja de imitar a Jesús cuando se repliega sobre ella misma, cuando deja de salir al encuentro de los hombres para darles la Buena Nueva del Evangelio. «No temas, sigue hablando y no calles, pues yo esto y contigo, y nadie te pondrá la mano encima para hacerte daño, porque tengo un pueblo numeroso en esta ciudad» (Hch 18, 9-10).

Tercera razón: el mandato misionero. Jesús «instituyó doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar con poder de expulsar a los demonios» (Mc 3, 14-15). Los envió de dos en dos para que anunciasen a la casa de Israel la cercanía del reinado de Dios (cf. Mc 6, 7-13; Lc 1-6; Mt 10, 1-15). Resucitado de entre los muertos, los mandó a hacer discípulos de todos los pueblos (cf. Mt

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ciente que su Evangelio no es de origen humano (cf. Gal 1, 11), saca las consecuencias oportunas para su manera de evangelizar a judíos y griegos. A todos anuncia el Evangelio que es fuerza de salvación (cf. Rom 1, 16), pero no a todos se lo anuncia de la misma forma. No obstante esto supone que el apóstol en su ser y hacer se deja configurar por la verdad y novedad del Evangelio.

28, 18-20; Mc 16, 14-20; Jn 20, 1923). La comunidad apostólica es una comunidad «enviada al mundo» para proclamar el evangelio del reino de Dios. Haciendo suyas las palabras de los padres sinodales, Pablo VI afirmaba: «La tarea de la evangelización de todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia; una tarea y misión que los cambios amplios y profundos de la sociedad actual hacen cada vez más urgentes. Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar, es decir, para predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo en la Santa Misa, memorial de su muerte y resurrección gloriosa» (EN 14).

2.1 LA NOVEDAD DEL ANUNCIO DEL REINO DE DIOS.

2. LA NOVEDAD DEL EVANGELIO DE DIOS

Partamos de una premisa muy simple: «No hay evangelización sin Evangelio». Con esto trato de decir que en el acontecimiento de la evangelización debe reflejarse la verdad y novedad del «Evangelio de Dios». Pablo, cons-

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El profeta había anunciado esta buena noticia a un pueblo pobre y deprimido: «¡Tu Dios reina!» (Is 52, 7). En la sinagoga de Nazaret, Jesús, tras la lectura de Is 61, 1s, proclama: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír» (Lc 4, 21). Ante la pregunta desde la cárcel de Juan Bautista, Jesús responde con estas palabras: «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados. ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí» (Mt 11, 4-6). La verdad y novedad está en que el reino de Dios anunciado por los profetas


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identificarse (cf. Mt 25, 31-46). Inauditas resultan sus afirmaciones: «En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios» (Mt 21, 31). Y ante la reacción del centurión pagano, dijo: «En verdad os digo que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y de occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; en cambio, a los hijos del reino los echarán fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes» (Mt 8, 5-13).

se hace presente en la vida, palabra y acción de Jesús. El reinado de Dios ha comenzado en la historia. Los pobres pueden renacer a la esperanza, basta que crean. A ellos alcanza de manera especial la fuerza salvadora de la proclamación del reinado de Dios.

Los pobres materiales y los pobres espirituales saludan con alegría el ser alcanzados por el reinado de Dios. La novedad es tal, que los guardianes del orden quedan desconcertados ante las afirmaciones y gestos de Jesús. ¿Podía ser de otro modo? Jesús comparte la mesa con publicanos, ha venido a buscar lo perdido (cf. Lc 19, 1-10). En casa del fariseo Simón, defiende y enaltece a la pecadora, perdona sus pecados y le dice: «Tu fe te ha salvado, vete en paz» (cf. Lc 7, 36-50). Admira la fe de la cananea (cf. Mt 15, 2128), elogia a la viuda que da de lo que necesita para comer (cf. Mc 12, 41-44), devuelve la vista al mendigo ciego que le sigue por el camino (cf. Mc 10, 46-52). Alaba al Padre por su beneplácito de revelarse a los pequeños, y no a los sabios y entendidos (cf. Mt 11, 2527). Con los hambrientos, sedientos, forasteros, desnudos, enfermos y encarcelados ha querido

Antonio Bravo

Así brilla la verdad y novedad del reino de Dios proclamado por Jesús. Él no excluye a nadie del reino, pero «los pobres, lisiados, ciegos y cojos» son los que responden a la invitación para participar en el banquete del reino de Dios (cf. Lc 14, 7-24). Por ello, si de verdad queremos poner de relieve la novedad de la predicación de Jesús ya no basta con decir que anunció el reino, hay que insistir en el anuncio del reinado de Dios a los que no cuentan a los ojos del mundo, infiltrado también en nuestras comunidades eclesiales . El apóstol Pablo señala bien la novedad de esta

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anunció no sólo el cumplimiento de las promesas en y a través de Jesús. Ella proclamó la verdad y novedad radical de Dios tal como había tenido lugar en la muerte y resurrección de Jesucristo. Los Hechos de los Apóstoles se cierran con unas palabras que ponen de manifiesto la continuidad y novedad del mensaje. El apóstol concluye su conversación con los judíos de Roma y que marchaban en total descuerdo con su anuncio del Evangelio: «Esta salvación de Dios ha sido en viada a los gentiles. Ellos sí la oirán». Y concluye Lucas : Pablo «permaneció allí un bienio completo en una casa alquilada, recibiendo a todos los que acudían a verlo, predicándoles el reino de Dios y enseñando lo que se refiere al Señor Jesucristo con toda libertad, sin estorbos.» (Hch 28, 30-31) Ahora la predicación del reino de Dios es inseparable de la persona de Jesús muerto y resucitado. ¿Qué implica esta novedad del kerigma apostólico y cómo reflejarla hoy en la evangelización?

verdad cuando afirma: « Dios ha elegido lo que no cuenta, para anular lo que cuenta» (cf. 1Cor 1, 26-31). La carta de Santiago se expresa en la misma perspectiva: «¿Acaso no eligió Dios a los pobres según el mundo como ricos en la fe y herederos del Reino que prometió a los que lo aman? Vosotros, en cambio, habéis ultrajado al pobre.» (Sant 2, 5-6).

La verdad y novedad del Evangelio se han de reflejar en el estilo de vida y acción del evangelizador y de la comunidad evangelizadora. Jesús fue pobre y evangelizó con medios pobres. Y lo mismo hicieron los evangelizadores de la época apostólica. No se puede evangelizar a los pobres desde el poder y la prepotencia, desde la lejanía y la riqueza. La nueva evangelización está llamada a hacer presente el dinamismo del «primero y más grande de los evangelizadores». 2.2 LA NOVEDAD DEL CRUCIFICADO, EVANGELIO DE DIOS

Acabamos de ver lo novedoso que resultó la proclamación del reino de Dios por parte de Jesús, y cómo la comunidad apostólica prosiguió su misión. Pero no podemos quedarnos en este punto. La comunidad apostólica

Antonio Bravo

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Pablo, prototipo de discípulos y apóstol, insiste en que él y los demás apóstoles el mismo y único Evangelio. «Porque yo os transmití en primer lugar, lo que también yo recibí: que x murió


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por nuestros pecados según las Escrituras; y que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras… Pues bien, tanto yo como ellos predicamos así, y así creísteis vosotros» (1Cor 15, 111). Y Porque el Apóstol no ha querido saber entre los corintios sino a Jesucristo, y este Crucificado, su acción evangelizadora no se caracteriza por la fuerza, el poder o la sabiduría, sino por la debilidad y la sencillez (cf. 1Cor 2, 1-5; 4, 6-13; 2Cor 4, 717; 6, 1-10; 2Cor 12, 1-10). El apóstol debe reflejar en su vida y acción el camino seguido por Jesús para instaurar el reinado de Dios en la historia (cf. 2Cor 13, 110). Fiel a la voluntad y sabiduría de Dios, el apóstol es consciente que «Dios ha querido valerse de la necedad de la predicación para salvar a los que creen» (1Cor 1, 21). El «logos de la cruz» no pude anunciarse desde el poder y el prestigio según el mundo. El que lo anuncia debe saber que ni los judíos, los de la Ley, ni los griegos, los de la Razón, estarán de acuerdo con «la palabra de la cruz». Ellos la ven con escándalo y necedad (cf. 1Cor 1, 18-25). Por tanto, la Iglesia evangelizadora debe vivir la paradoja de la cruz, para que el Crucificado pueda

Antonio Bravo

resonar como buena noticia de Dios en los oídos de los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

Puesto que en el Crucificado se nos ha revelado definitivamente el misterio de Dios y el enigma del hombre, los creyentes no podemos guardarnos para nosotros esta novedad radical. Estamos llamados a comunicar la alegría al mundo entero, empezando por los pobres de la tierra. En la cruz se ha revelado el amor de Dios y el camino a seguir por el hombre auténtico. Si dudamos en comunicar esta buena noticia a los pobres, ¿no será el signo de que no la vivimos los evangelizadores personal y comunitariamente? El evangelizador es un testigo de los visto, oído y palpado. Su misión no es elucubrar sobre Dios y el hombre, sino dar testimonio de Dios que se ha revelado como amor en la cruz de Jesús, su Unigénito. «Cuando Jesús habla en sus parábolas del pastor que va tras la oveja descarriada, de la mujer que busca el dracma, del padre que sale al encuentro del hijo pródigo y lo abraza, no se trata sólo de meras palabras, sino que es la explicación de su propio ser y actuar. En su muerte en la cruz se realiza ese 22


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forma progresiva, de humillarse a sí mismo para dar la vida de Dios a la humanidad. Quizá podríamos expresarlo de forma sintética con la expresión del P. Chevrier: «No trabajéis para crecer y subir, trabajad para haceros pequeños y achicaros de modo que os coloquéis a la altura de los pobres, para estar con ellos, vivir con ellos y morir con ellos: y no temamos los reproches que los judíos hacían a Nuestro Señor: “Vuestro Maestro está siempre con los pobres, los publicanos y la gente de mala vida”. Es un reproche que debe enorgullecernos en lugar de avergonzarnos» (Carta 114). No se trata de juzgar a nadie, pero sí de interrogarnos y de interrogar a nuestras comunidades. Entiendo que es una condición indispensable para evangelizar nuestro mundo, que tanto necesita de la alternativa del Evangelio de las bienaventuranzas.

ponerse Dios contra sí mismo, al entregarse para dar nueva vida al hombre y salvarlo: esto es amor en su forma más radical. Poner la mirada en el costado traspasado de Cristo, del que habla Juan (cf. 19, 37), ayuda a comprender lo que ha sido el punto de partida de esta Carta encíclica: « Dios es amor » (1 Jn 4, 8). Es allí, en la cruz, donde puede contemplarse esta verdad. Y a partir de allí se debe definir ahora qué es el amor. Y, desde esa mirada, el cristiano encuentra la orientación de su vivir y de su amar» (DCE 12).

2.3 LA NOVEDAD DEL PUEBLO DE LA NUEVA ALIANZA

Anunciar la verdad y novedad de la muerte y resurrección de Jesús implica, por tanto, una verdadera mística, la propia del abajamiento, de servir desde el último lugar y no como los grandes de este mundo, de descender de

La novedad del Evangelio de Dios comporta un tercer rasgo. Jesús, mediante la cruz, destruyó el muro de la enemistad, reconcilió con Dios a los pueblos irreconciliables y creó «de los dos, en sí 23


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mismo, un único hombre nuevo». el pueblo de la nueva alianza (cf. Ef 2, 11-22). Jesús murió para reunir a los hijos de Dios dispersos (cf. Jn 11, 52). Por otra parte, Pablo, hablando de la Iglesia como del cuerpo de Cristo recuerda: «Dios organizó el cuerpo dando mayor honor a lo que carece de él, para que así no haya división en el cuerpo, sino que más bien todos los miembros se preocupen por igual unos de otros» (1Cor 12, 24-25). He aquí la verdad y la novedad que deben reflejar nuestras comunidades, si quieren ser signo e instrumento de Cristo y de su obra evangelizadora en el mundo.

El pueblo de la nueva alianza se caracteriza, entre otros aspectos, por ser un pueblo animado por el testimonio del Espíritu, que le lleva a confesar a Jesús como su único Señor y Salvador, que le hace clamar Abba, Padre, que constituye a la comunidad como una real Fraternidad y que la lanza a las plazas públicas para proclamar a Jesucristo muerto y resucitado. La Iglesia es y será siempre la Iglesia de Pentecostés. «La comunidad cristiana está integrada por hombres que, reunidos en Cristo, son guiados por

Antonio Bravo

el Espíritu Santo en su peregrinar hacia el reino del Padre y han recibido la buena nueva de la salvación para comunicarla a todos» (GS 1). De ella se espera que sea dócil al Espíritu que la precede siempre en el corazón de los hombres y pueblos.

El pueblo de la nueva del Espíritu debe manifestarse como una auténtica comunión de personas iguales, pero con funciones diferentes. Juan Pablo II afirmó: « Hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión: éste es el gran desafío que tenemos ante nosotros en el milenio que comienza, si queremos ser fieles al designio de Dios y responder también a las profundas esperanzas del mundo.» (NMI 43) La Iglesia es un organismo vivo en el que todos los miembros son responsables, corresponsables y complementarios. Icono de la Trinidad, la Iglesia es un misterio de comunión y misión. Las estructuras de la Iglesia deberán renovarse siempre en esta perspectiva. He aquí algo esencial para llevar a cabo l a nueva evangelización: dar cuenta de la originalidad sacramental de la Iglesia.

Porque la Iglesia es fraternidad, el compartir fraterno se ali-

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creyentes, comunidad de esperanza vivida y comunicada, comunidad de amor fraterno, tiene necesidad de escuchar sin cesar lo que debe creer, las razones para esperar, el mandamiento nuevo del amor. Pueblo de Dios inmenso en el mundo y, con frecuencia, tentado por los ídolos, necesita saber proclamar "las grandezas de Dios", que la han convertido al Señor, y ser nuevamente convocada y reunida por El. En una palabra, esto quiere decir que la Iglesia siempre tiene necesidad de ser evangelizada, si quiere conservar su frescor, su impulso y su fuerza para anunciar el Evangelio.» (EN 15)

mentará de forma incesante de la Palabra compartida y de la Fracción del Pan. Anuncio, Sacramento y Servicio son acciones que no se pueden separar en la Fraternidad.

En medio del mundo, como ya sugería antes, la Iglesia está llamada a ser una comunidad de pobres, una comunidad pobre que vive en medio del mundo, solidaria con «los gozos y esperanzas, las tristezas y angustias de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren». La Iglesia no es del mundo, pero está en el mundo y tiene la misión de servir al mundo desde el último lugar. «Por ello la Iglesia se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia» (GS 1). He aquí la novedad que las comunidades comprometidas en la nueva evangelización están llamadas a reflejar con su vida, palabra, oración y testimonio. 3. ALGUNAS CONCLUSIONES

La Iglesia evangelizará en la medida que se convierta al Evangelio y viva de él. Pablo VI lo expresó en estos términos: «Evangelizadora, la Iglesia comienza por evangelizarse a sí misma. Comunidad de

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La nueva evangelización exige de las comunidades eclesiales salir de ellas mismas para ponerse en camino hacia los que están lejos, hacia las periferias de las antiguas y nuevas pobrezas. Esto supone dejarse impulsar por el Espíritu Santo hacia las plazas públicas, hacia los nuevos areópagos, a fin de dar testimonio de la verdad y novedad del Evangelio de Dios. Pero esto sólo será posible si las comunidades y los creyentes vivimos de la Palabra, de una real experiencia de Jesucristo. No basta con vivir unos valores o proclamar una cierta moral: La Buena Nueva es


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Jesucristo, muerto por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación.

Sin auténticas comunidades de fe, esperanza y amor no habrá nueva evangelización. Los testigos personales son siempre necesarios, pero también insuficientes. El mundo necesita ver y palpar comunidades llenas de alegría y sencillez, presentes en la historia, dispuestas a servir desde el último lugar a las personas y pueblos. De estas comunidades debería poderse decir: Fijaos cómo se aman y cómo aman, con que gratuidad, atención e iniciativa.

Antonio Bravo

pues se sabe propiedad de él; pero también animado por su mismo de Espíritu de fuerza y verdad. El mundo necesita testigos de la libertad auténtica. Sus vidas, enraizadas en Cristo, son ya una expresión del Evangelio de la gracia.

Ni los «inquisidores», ni los «leguleyos», ni los lectores de la realidad «en clave moralista» llevarán a cabo la nueva evangelización, pues se trata en ella de desvelar el verdadero rostro de Dios, tal como se ha revelado en Jesucristo, así como dar a conocer la sublime vocación de la persona humana. Benedicto XVI, al hablar del culto espiritual y de las implicaciones morales de la Eucaristía nos ha recordado la importancia de una auténtica lectura de fe de la vida de las personas5. Quien ha hecho la

La libertad y la parresía en la debilidad son la verdaderas armas del evangelizador. En efecto el cristiano ha hecho la experiencia de ser liberado por Cristo para la libertad. Su fe le hace obrar por el amor. Su vocación es la libertad del amor, por ello no duda de ponerse al servicio de los demás desde el último lugar, como un verdadero «esclavo» del Señor,

5 Esta referencia al valor moral del culto espiritual no se ha de interpretar en clave moralista. Es ante todo el gozoso descubrimiento del dinamismo del amor en el corazón que acoge el don del Señor, se abandona a Él y encuentra la verdadera libertad. La transformación moral que comporta el nuevo culto instituido por Cristo, es una tensión y un deseo cordial de corresponder al amor del Señor con todo el propio ser, a pesar de la conciencia de la propia fragilidad. Todo esto está bien reflejado en el relato evangélico de Zaqueo (cf. Lc 19,1-10). Después de haber hospedado a Jesús en su casa, el publicano se ve completamente transformado: decide dar la mitad de sus bienes a los pobres y devuelve cuatro veces más a quienes había robado. El impulso moral, que nace de acoger a Jesús en nuestra vida, brota de la gratitud por haber experimentado la inmerecida cercanía del Señor. (S C 82)

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no con los necesitados. Y añadía el Papa Juan Pablo II: «Por eso tenemos que actuar de tal manera que los pobres, en cada comunidad cristiana, se sientan como «en su casa». ¿No sería este estilo la más grande y eficaz presentación de la buena nueva del Reino? Sin esta forma de evangelización, llevada a cabo mediante la caridad y el testimonio de la pobreza cristiana, el anuncio del Evangelio, aun siendo la primera caridad, corre el riesgo de ser incomprendido o de ahogarse en el mar de palabras al que la actual sociedad de la comunicación nos somete cada día. La caridad de las obras corrobora la caridad de las palabras.» (NMI 50) He aquí un desafío decisivo e incisivo para llevar adelante la nueva evangelización.

experiencia gozosa de Jesucristo la compartirá alegremente con aquellos con los que camina a través de la historia. Si somos dóciles al Espíritu tendremos la audacia de proclamar a Jesucristo como fuente de la verdadera alegría y del humanismo integral. ¿Cómo no comunicar a los pobres la alegría de vivir? Y ¿cómo no recibirla de los pobres del Señor?

En algunas circunstancias, como señaló el Concilio, quizás no se pueda empezar la acción evangelizadora por el anuncio explicito de Jesucristo (ver nota 4). Pero siempre se pueden «sembrar las semillas del reino de Dios6» en el corazón de los pobres, pueblos y culturas. Sembramos estas semillas mediante una «opción preferencial de fe» por los pobres, por la escucha y discernimiento de la voz de Cristo en las diferentes situaciones de las pobrezas antiguas y nuevas, materiales y espirituales, por el servicio gratuito a los más desvalidos y vulnerables, por un auténtico compartir frater-

Por otra parte, la nueva evangelización requiere tiempo y auténticos procesos. No son lo eventos, aislados de los procesos, los que harán posible la nueva evangelización que todos deseamos. No es lo mismo sostener y

6 «No debe olvidarse, ciertamente, que nadie puede ser excluido de nuestro amor, desde el momento que « con la encarnación el Hijo de Dios se ha unido en cierto modo a cada hombre ».35 Ateniéndonos a las indiscutibles palabras del Evangelio, en la persona de los pobres hay una presencia especial suya, que impone a la Iglesia una opción preferencial por ellos. Mediante esta opción, se testimonia el estilo del amor de Dios, su providencia, su misericordia y, de alguna manera, se siembran todavía en la historia aquellas semillas del Reino de Dios que Jesús mismo dejó en su vida terrena atendiendo a cuantos recurrían a Él para toda clase de necesidades espirituales y materiales.» (NMI 49)

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. Anunciar a Jesucristo a los pobres en el marco ...

cultivar el sentimiento religioso, que llevar a los hombres a la obediencia de la fe. Cierto, no debe contraponerse los procesos a los eventos, pero sí debe darse una clara prioridad a los procesos. En la vida y acción del primero de los evangelizadores, Jesucristo, vemos cómo dio la prioridad a la formación de los apóstoles. Dedicó mucho tiempo a explicarles los misterios del reino de Dios. Con paciencia los formó para que comprendieran su Pascua, aunque no lo consiguiera en un primer momento. Eso no le impedía de atender a las muchedumbres. Pero vemos cómo en la intimidad y el diálogo iba preparando a los discípulos para la fe madura. No podemos olvidarlo: el proceso es lento, discreto y progresivo. Jesús resucitado prosiguió el proceso con sus discípulos. Fue a buscarlos por los caminos; «se les apareció durante cuarenta días y les habló del reino de Dios» (cf. Hch 1, 3). Por último derramó sobre ellos el Espíritu de la verdad para conducirlos hacia la fe madura y darles la necesaria fortaleza para que testimoniarán de él ante los tribunales, las plazas públicas y la intimidad de las casas. Las cartas de Pablo nos recuerdan con qué

Antonio Bravo

mimo el apóstol cuidaba los procesos de personas y comunidades.

Los programas pastorales para llevar adelante la nueva evangelización son indispensables; pero mi convicción profunda es esta: La nueva evangelización será fecunda en la medida que nazca de la contemplación, discernimiento y adoración de la presencia de Dios en la historia. Jesús no fue un activista que impusiera a los demás un programa que se hubiera dado a él mismo. Su alimento era hacer la voluntad del Padre y llevar a cabo su obra (cf. Jn 4, 34). Nada podía hacer ni decir si antes no lo había visto y oído del Padre (cf. Jn 5, 19; 8, 26). Por eso trabajaba Jesús siempre en comunión con el Padre: quien lo ve, ve al Padre, quien lo oye, oye al Padre, quien lo recibe, recibe al Padre. Pues bien, esto mismo debe realizarse en los discípulos con relación a Jesús, si evangelizan en el Espíritu Santo. De esta forma la nueva evangelización será expresión de la novedad del Evangelio de Dios. Antonio Bravo

Sacerdote del Prado de Madrid

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!AY DE MÍ SI NO EVANGELIZARA¡ h

José Mª Tortosa Alarcón

A

sí dice Yahveh, que trazó camino en el mar, y vereda en aguas impetuosas.

El que hizo salir carros y caballos a una con poderoso ejército; a una se echaron para no levantarse, se apagaron, como mecha se extinguieron. ¿No os acordáis de lo pasado, ni caéis en la cuenta de lo antiguo?

Pues bien, he aquí que yo lo renuevo: ya está en marcha, ¿no lo reconocéis? Sí, pongo en el desierto un camino, ríos en el páramo. Las bestias del campo me darán gloria, los chacales y las avestruces, pues pondré agua en el desierto (y ríos en la soledad) para dar de beber a mi pueblo elegido.

E

El pueblo que yo me he formado contará mis alabanzas (Is 43, 17-21).

n el verano de 2012, con motivo de las jornadas nacionales de Pastoral Gitana que organiza el Departamento de Pastoral Gitana de la Conferencia Episcopal Española, me pidieron les hablara de la importancia de evangelizar y cómo ello nos afecta a cada uno. Como preparación y fruto de esa rica experiencia, es este Estudio de Evangelio que

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ahora tienes en tus manos. Un Estudio de Evangelio que se vio enriquecido por uno de esos mensajes que llegan desde la ventana abierta que es internet y, que ya me gustaría recordar de dónde llegó, pues es todo una gozada, de la que recojo bastante. Doy gracias a Dios por lo mucho vivido y compartido antes, durante y después de tal encuentro.


. !Ay de mí si no evangelizara!

José Mª Tortosa Alarcón

comienzo de la primera carta de Juan: “Lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos acerca del Verbo de la vida… os lo anunciamos” (1,1). Los apóstoles y Pablo no hacen aquí más que confirmar con sus palabras las imágenes que Jesús había utilizado para describir el ser y la acción de sus discípulos: “Vosotros sois la sal de la tierra; vosotros sois la luz del mundo” (Mt 5,13-14).

1. EN SITUACIÓN DE CRISIS

“Anunciar la Buena Noticia no es para mí motivo de orgullo, sino obligación que me incumbe. ¡Ay de mí si no la anuncio! Si lo hiciera por propia iniciativa, recibiría mi salario; si no es por mi voluntad, es que me han confiado una administración. ¿Cuál será, pues, mi salario? Anunciar de balde la Buena Noticia sin hacer uso del derecho que su anuncio me confiere. Siendo del todo libre, me hice esclavo de todos para ganar a los más posibles” (1Cor 9,16-19).

Así lo entendieron los apóstoles; así lo entendió Pablo. ¿Lo entendemos, lo vivimos así nosotros? ¿Qué sucede con las Iglesias de nuestro tiempo para que a lo largo de un siglo hayan escuchado numerosas llamadas cada vez más apremiantes a la urgencia de la evangelización y todavía tengamos que reconocer que estamos muy lejos de habernos puesto en estado de misión? ¿No será la debilidad de nuestra fe, nuestra condición de creyentes tibios, lo que explique nuestra incapacidad para evangelizar? Parece como si a nuestra fe, también le haya alcanzado la situación de crisis que vivimos a todos los niveles y por ello, hemos perdido entusiasmo misionero y nos

En todos los relatos de su encuentro con el Señor, Pablo recibió, a la vez que la llamada, el envío, la misión a los gentiles, como su tarea propia. Por eso, para él, evangelizar no es gloria ninguna, es una necesidad, también una gracia. ‘’A mí, el más pequeño de los santos, se me ha dado la gracia de anunciar a todas las naciones la insondable riqueza de Jesucristo” (Ef 3,8).

La misma necesidad la experimentaron los apóstoles tras el encuentro con el Resucitado: “Lo que hemos visto y oído no lo podemos callar” (Hch 4,20); la que está también en la base del

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. !Ay de mí si no evangelizara!

José Mª Tortosa Alarcón

ayudan. Aunque inmersos en la misma crisis, estamos obligados a leer y vivir la crisis de manera positiva. La Iglesia, animada por el Espíritu de Jesús, tiene recursos para vivir de manera evangélica esta situación inédita. La crisis es una ocasión única (gracia) para discernir la verdad de nuestro cristianismo y, más en concreto, la verdad de nuestra manera de entender y vivir el evangelio.

falta creatividad para dar la Buena Noticia.

Es por ello que, la mejor respuesta a la llamada a la nueva evangelización consistirá en cultivar personalmente nuestra condición de creyentes y orientar el conjunto de la acción pastoral de nuestras comunidades hacia el cuidado por despertar, acompañar y hacer crecer en ellas la actitud creyente, origen, centro y meta de la vida cristiana. A ello nos invita la celebración del Año de la fe. ¿Evangelizar es para nosotros una necesidad?

Los cristianos no podemos sentirnos desconcertados ante la crisis, pues la Palabra de Dios, la venida del Reino, siempre está poniendo en crisis nuestros esquemas, nuestras construcciones racionales, nuestras instituciones y comportamientos. La crisis nos ayuda a comprender que la fe cristiana no es una cultura, una ideología, un sistema social, sino conversión permanente al evangelio, a la persona de Jesucristo. “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres más que estos?... Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero” (Jn 21,15-17).

Anunciar el Evangelio es una obligación para todos los bautizados, es un compromiso que adquirimos desde que, por el bautismo, entramos a formar parte de la Iglesia y no se lo podemos dejar hacer a otros, sino que cada bautizado estamos implicados en ello, aunque de diferentes maneras y responsabilidades. “Sanad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, expulsad demonios. De balde lo recibisteis, dadlo de balde” (Mt 10,8).

Anunciar el Reino de Dios desde actitudes negativas como el resentimiento, el victimismo, la pasividad o la evasión, poco nos

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La fe es posible en la crisis actual pues Dios sigue actuando en el ser humano. Dios está en contacto inmediato con cada ser humano, y la crisis no puede impedir la gracia de Dios a cada


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José Mª Tortosa Alarcón

ción y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Flp 4,4-7).

sujeto. Dios no está en crisis y sigue ofreciéndose y comunicándose a cada conciencia como Salvador (“yo estaré con vosotros hasta el final de los tiempos”; “El Espíritu de la verdad os conducirá; “no os dejaré desamparados, volveré” –Jn14,15-21-); no somos seres abandonados por Dios, dijo nuestro fundador A. Chevrier.

2. LA MISIÓN

Jesús confía su misión a testigos: «Vosotros recibiréis una fuerza cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros, y de este modo seréis mis testigos en Jerusalén en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra» (Hch 1,8).

El Vaticano II nos hizo ver que parece necesario construir una Iglesia que camina con el hombre de hoy, una Iglesia vulnerable y pecadora ella misma, que sufre, que está en crisis y que acompaña desde dentro a la Humanidad hacia el cumplimiento del Reino. Una Iglesia que acoge, escucha y acompaña: “Aquel mismo día, dos de ellos iban a una aldea llamada Emaús, distante a unas dos leguas de Jerusalén. Iban comentando todo lo sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona los alcanzó y se puso a caminar con ellos” (Lc 24,13-35); una iglesia llamada a vivir, desde la alegría, una presencia en el mundo con la confianza puesta en Dios, “hermanos, estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca. Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la ora32

La Iglesia no ha de dejar de ser «signo de salvación» (la Iglesia «como sacramento», LG. Nº. 1). Un signo que apunta hacia una salvación que tampoco ella posee de manera plena. Un signo que indica el camino, estimula, inquieta, interpela en la medida en que ella misma acoge la salvación. Sólo Dios es Absoluto y necesario para la salvación, por lo que, la Iglesia, en medio de las experiencias profanas de la vida, está llamada a dar mucha más importancia al testimonio y reconocer que la misión la llevan a cabo los testigos de una realidad nueva, de una transformación, de un estilo de vida nuevo, de un


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cesos, interrogantes. Todo es parte del camino. En ese camino no todos avanzan mucho. En el camino hay etapas, momentos y situaciones diferentes.

sentido y una esperanza nueva que alcanza a todas las facetas y estratos de la vida.

El profeta Isaías dijo, “mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando. ¿No lo notáis?” (Is 43,19), con ello nos está invitando a la creatividad, la obediencia al Evangelio que es quien pone vida, introduce el Espíritu, abre caminos, alienta a buscar salidas nuevas a situaciones nuevas.

Así, estamos llamados a aprender a proponer la fe como una invitación a vivir. «El Evangelio de Cristo es esperado de manera nueva: como una fuerza para vivir, para suscitar opciones y compromisos. El Evangelio es esperado por personas que dudan de su libertad y que tienen necesidad de encontrar razones para vivir, para amar la vida, para existir de manera sensata y responsable».

Al proponer la fe, proponemos un camino (Hch 18, 25-26; 19,9). “Camino nuevo y vivo”, “inaugurando por él para nosotros” (Heb, 10,20) un camino que se recorre “con los ojos fijos en Jesús, el que inicia y consuma la fe” (Heb 12,2). La misma fe cristiana, es un camino a recorrer que, supone búsqueda, obstáculos, dudas, aciertos, retro-

“Pensad entre vosotros de la misma manera que Cristo Jesús, el cual: Aunque era de naturaleza divina, no se aferró al hecho de ser igual a Dios, sino que renunció a lo que le era propio y tomó naturaleza de siervo. Nació como un hombre, y al presentarse como hombre se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, hasta la muerte en la cruz. Por eso, Dios lo exaltó al más alto honor y le dio el más excelente de todos los nombres, para que al nombre de Jesús caigan de rodillas todos los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra, y todos reconozcan que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre” (Flp 2,5ss).

Cristo no hizo alarde de su condición divina, sino que pasó como un hombre cualquiera, como un esclavo que nos animó a hacer a nosotros lo mismo que él hizo, “si yo el maestro y Señor os he lavado los pies…” (Jn 13,14). Estamos llamados a recuperar la conciencia evangelizadora, el dinamismo misionero y redescubrir nuestra verdadera misión en el mundo.

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en Jesucristo muerto y Resucitado. “En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó el primero” (1Jn 4,10). “Ved qué amor tan grande nos ha mostrado el Padre: que nos llamamos hijos de Dios y lo somos. Por eso el mundo no nos reconoce, porque no lo reconoce a él. Queridos, ya somos hijos de Dios, pero todavía no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando aparezca, seremos semejantes a él y lo veremos como él es” (1Jn 3,1-2).

3. APRENDER A EVANGELIZAR

Tal vez nuestra primera tarea, humilde, pero urgente en estos momentos, es aprender a evangelizar. Aprender a poner en marcha esa «segunda evangelización» que necesita esta sociedad, tradicionalmente cristiana y hoy indiferente, en gran medida, ante el Dios de Jesucristo. Nos falta experiencia. El camino será largo. No hay fórmulas fáciles. Es necesaria la colaboración responsable de todos los que nos sintamos creyentes.

Se trata de explicar a las personas con las que convivimos cuáles son los motivos por los que llevamos una vida diferente (si es que la llevamos). Hemos de dar razón de nuestra esperanza, “si alguien os pide explicaciones de vuestra esperanza estad dispuestos a defenderla” (1Pe 3,15); hemos de indicar, a todos los que nos rodean, cuál es la roca que nos salva, sobre la que edificamos los cimientos de nuestro vivir y nuestro morir, la que nos mantiene firmes, en medio de las “tormentas” de la vida (ver Mt 7,2427). Por amor y lealtad a toda persona explicaremos con humildad, pero sin miedo, de dónde nos nace la fortaleza y la alegría ante los acontecimientos de la vida.

Nuestra primera misión básica hoy es presentar con nuestro testimonio (obras y palabras) nuestra vida de hijos de Dios, redimidos por Cristo y alentados por el Espíritu Santo. Una vida diferente, que es regalo del Dios que a todos nos ama con amor entrañable y gratuito.

Nuestro primer apostolado lo hemos de hacer con la fuerza significativa de la propia vida; en las circunstancias normales de nuestra convivencia en la familia, trabajo, círculo de amigos, etc., hemos de evangelizar manifestándole a todos el amor que Dios nos ha manifestado y nos ofrece

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las más alejadas y las más humildes. La acogida como una manera de ser y vivir la experiencia del Dios que nos acoge y nos salva en Cristo nuestro Señor. La acogida como un estilo configurador de una comunidad, que se edifica como fraternidad, como hogar cálido para la relación y el compartir, como familia acogedora que abre sus puertas a todos, con predilección no excluyente por los pobres, los marginados, los caídos en la cuneta de la vida por la carencia de medios, o por las miserias de la abundancia. “Queremos mucho a la gente. Porque nos sentimos queridos por Dios”. Acogemos sin más, sin juzgar, sólo desde el amor que Dios nos tiene.

Intentaremos mostrar a todos el don que hemos recibido y que da sentido y valor a la vida humana en todas sus dimensiones y circunstancias, en la vida personal, familiar y social, en el trabajo y en el ocio, en la salud y en la enfermedad, en la vida y en la muerte, en este mundo y en la esperanza de la vida eterna.

No podemos dejar de invitar a todos, porque los queremos, a descubrir ese “tesoro” que llevamos en nuestra pobre “vasija de barro” (2Cor 4,7). A todos los hemos de invitar a dejarse querer por Dios; a convertirse al Dios que nos salva; a conocer a Cristo, Hijo de Dios hecho hombre, y a descubrir el rostro verdadero de la Iglesia, Cuerpo de Cristo. Invitar a todos a que “vengan y vean” (ver 1Jn 1,1), y a acompañarles si se deciden. “Id y contad lo que habéis visto y oído: los cojos andan, los ciegos ven… y a todos se les anuncia el Reino de Dios” (Mt 11,2-6). “Queridos hermanos, si Dios nos ha amado así, también nosotros debemos amarnos unos a otros”. (1Jn 4,11).

Estamos urgidos a tener una actitud evangélica de acogida y misericordia, en el trato con las personas y, singularmente, con

Se trata de que el amor de Dios y su misericordia encuentren reflejo en nosotros y se manifiesten, cada día, en la acción pastoral y en la presencia misionera de los creyentes en su contacto habitual con las personas. Por ello, hemos de aprender del rostro misericordioso de Dios, que hemos de trasparentar con la vida y anunciar con nuestra palabra. Hemos de propiciar el que la gente haga la experiencia del Evangelio que nos ha sido trans35


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El "Dios rico en misericordia" (Ef 2,4) se ha revelado en Jesús como el Padre de amor (cf. 1Jn 4,8-18): Jesús, sobre todo, con su estilo de vida y con sus actuaciones, ha demostrado cómo en el mundo en que vivimos está presente el amor operante, el amor que se dirige al hombre y a la mujer y, abraza todo lo que forma su humanidad. Este amor se hace notar particularmente en el contacto con el sufrimiento, la injusticia, la pobreza; en contacto con toda la condición humana histórica, que de distintos modos manifiesta la limitación y la fragilidad humana.

mitida, de generación en generación, desde los apóstoles.

Desde la Creación, en la que “vio Dios que todo estaba bien hecho”, (Gen 1,31) Dios aparece como "cariñoso con todas las criaturas", “porque el mundo entero es ante ti como grano de arena en la balanza, como gota de rocío mañanero que cae sobre la tierra. Pero te compadeces de todos, porque todo lo puedes, cierras los ojos a los pecados de los hombres para que se arrepientan. Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que has hecho; si hubieras odiado alguna cosa, no la habrías creado… Pero a todos perdonas, porque son tuyos, Señor, amigo de la vida.

Todos llevan tu soplo incorruptible. Por eso corriges, poco a poco, a los que caen…” (Sb 11,22-12,1-2). Un Dios cuya ternura y dulzura son inmensas (cf. Sal 119); que tiene entrañas de misericordia. Un Dios amigo de la vida (cf. Sab 1,6). Con los patriarcas Dios aparece como un Dios fiel, que no retira su amistad, sino que se mantiene en el empeño de reconciliar a toda la humanidad. “¿Acaso olvida una madre a su niño de pecho, sin compadecerse del niño de sus entrañas? Pues aunque ella se llegase a olvidar, yo no te olvido” (Is 49,15).

La vida entera de Jesús es encarnación del amor acogedor y misericordioso del Padre. Su Resurrección es el sí misericordioso y definitivo de Dios a la humanidad más allá de la muerte. El Dios de Jesús es el Dios misericordioso, es ¡Abbá, Padre! (cf. Mc 14,36). Y con este Dios peligran los privilegios, los méritos por ser pueblo elegido. A este Dios que quiere a todos, no por ser buenos, sino por ser sus hijos, no se le puede exigir que nos dispense un trato de favor frente a los hijos pródigos (ver Lc 15,2532); con este Dios entran en el 36


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banquete de las bodas del reino la gente de los caminos, y los de siempre, que se creen con derecho al banquete, se quedan fuera; con este Dios, los fariseos y cumplidores que ayunan, que pagan el diezmo, y que son grandes cumplidores, no tienen más derechos que el publicano (ver Mt 22,1-10; Lc 18,9-14). Este Dios se desvive por la oveja pérdida y no se limita a las noventa y nueve cumplidoras (ver Lc 15,1-7). Este Dios paga lo mismo a los que han trabajado una hora en la viña que a los que llevan toda la vida en el “tajo” (ver Mt 20,1-16). Con este Dios los publicanos y las prostitutas tienen derecho al Reino e incluso nos llevan la delantera… (Ver Mt 21,31). Con Él “muchos vendrán de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de Dios. Mientras que los ciudadanos del reino serán expulsados a las tinieblas de fuera” (Mt 8,11-12), los que se creen elegidos, pueden quedarse fuera. Este Dios tiene el corazón de Padre que quiere a los hijos por ser hijos, no por sus méritos, y precisamente quiere más a los que más lo necesitan: los pobres, los pecadores; “en aquella ocasión, con el júbilo del Espíritu Santo, dijo: ¡Te alabo, Padre, Señor de cielo y tierra,

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porque, ocultando estas cosas a los sabios y entendidos, se las diste a conocer a la gente sencilla! Sí, Padre, ésa ha sido tu elección” (Lc 10,21).

La comunidad cristiana acoge y vive con amor y misericordia como lo hace Dios. Es algo que nos nace de dentro cuando, mirando el corazón y las entrañas de Dios, contemplando cómo Jesús ama y acoge, sentimos la urgencia de ser una Iglesia samaritana, acogedora, Iglesia con rostro paterno y materno, Iglesia que evangeliza desde el amor que comunica la Buena Noticia del Evangelio y transmite esperanza, salvando y liberando.

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Cultivando la dimensión contemplativa, nuestra comunidad se hace más humana, es decir, más comprensiva, cercana y acogedora; la contemplación desarrolla en nosotros la finura en la acogida, sin discriminaciones, reduplicando la atención con los que no tienen sitio en la mesa común de nuestro mundo: los pobres y excluidos. Con esta actitud contemplativa, la comunidad cristiana se hace más tolerante y, en vez de cerrar la puerta, la abre de par en par y hace de su casa común un lugar de encuentro, un ámbito de reposo, “acudid a mí, los


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que andáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy tolerante y humilde de corazón, y os sentiréis aliviados. Porque mi yugo es blando y mi carga es ligera" (Mt 11, 28-30); una posibilidad de reconciliación y perdón. "Acogeos mutuamente como Cristo nos acogió a nosotros para gloria de Dios" (Rm 15,7).

gida ha de ser sin reservas, ni juicios de valor. Eso no significa que demos todo por bueno, significa acogida generosa que haga que el otro se sienta valorado, respetado y querido, más allá de lo que haga o diga. La confianza sabe reconocer y despertar el bien profundo que hay en el corazón de la gente y el ansia y la necesidad de Dios que consciente o inconscientemente hay en muchos. El amor estimula lo mejor que hay en el individuo, «porque todos los cristianos, dondequiera que vivan, están obligados a manifestar con el ejemplo de su vida y el testimonio de la palabra el hombre nuevo de que se revistieron por el bautismo, y la virtud del Espíritu Santo, por quien han sido fortalecidos con la confirmación, de tal forma que todos los demás, al contemplar sus buenas obras, glorifiquen al Padre (cf. Mt 5,16) y perciban con mayor plenitud el sentido genuino de la vida humana y el vínculo universal de la unión de los hombres.

"El amor es compasivo, es servicial, no tiene envidia. El amor no presume ni se engríe, no es egoísta, no se irrita ni lleva cuentas del mal; ni simpatiza con la injusticia, simpatiza con la verdad. El amor disculpa siempre, se fía siempre, espera siempre, aguanta siempre. El amor no falla nunca" (1Cor 13,4-8).

Cultivaremos siempre la capacidad de escucha y de diálogo. Humildad y paciencia. Tenemos el “tesoro”, la salvación, pero, lo llevamos en nuestras “vasijas de barro” (ver 2Cor 4,7).

Actuaremos desde la pobreza compartida, como hermanos. Dispuestos a confesar nuestra fragilidad y a pedir perdón, si fuera preciso, a quien haga falta. Es necesaria la capacidad de escucha, que no se reduce a dejar hablar al otro, sino tener una atención acogedora. Nuestra aco-

«Para que los fieles puedan dar fructuosamente este testimonio de Cristo, únanse con aquellos hombres por el aprecio y la caridad, siéntanse miembros del grupo humano en el que viven y 38


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tomen parte en la vida cultural y social interviniendo en las diversas relaciones y negocios de la vida humana;… descubran, con gozo y respeto, las semillas de la Palabra que en ellas se contienen…» (Cfr. AG 11).

Hemos de aprender a mirar la realidad con ojos caritativos, pacientes, misericordiosos, amigos, y cordiales: "Animad a los apocados, sostened a los débiles, sed pacientes con todos. Mirad que nadie devuelva a otro mal por mal, esmeraos en hacer el bien unos con otros y a todos" (1Tes. 5,14-15). 4. EL AMOR QUE EL PADRE NOS TIENE

Evangelizar nos lleva a ser acogedores como expresión de la ternura, acogida, fidelidad y misericordia de Dios; expresión de una Iglesia maternal y evangelizadora, que quiere ser hogar entrañable donde se vive y se anuncia la Buena Nueva de Jesús. Necesitamos recuperar el impulso y vigor apostólico y misionero. Saldremos a los caminos, nos sentaremos en los “brocales de los pozos”, donde la gente llega a calmar su sed (ver Jn 4,1-42). Y, después de compartir sus alegrías y sus penas (porque hay heridas

José Mª Tortosa Alarcón

que todos tenemos y necesitamos curar), les haremos la oferta del Agua Viva, “Si conocieras el don de Dios y quien es el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva” (Jn 4,10).

Creo en el amor que el Padre nos tiene (Jn 3,16-17: “Tanto amó Dios al mundo…”) que es la fuente de nuestra misión. Dios está por el hombre y la mujer, “si Dios está de nuestra parte, ¿quién estará en contra? El que no reservó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos va a regalar todo lo demás con él?” (Rm 8,31-32); disfruta de la compañía de ellos. Es el hombre y la mujer quienes se esconden de Dios y no éste de aquellos (ver Gn 3,8-13). Dios viene al encuentro de las personas, viene a dialogar con sus criaturas. Es un Dios que llama, pregunta y dialoga antes de decidir. Está siempre cuando se le invoca (ver Is 52,1-10). Por eso la misión de anunciar el evangelio es una tarea hermosa y urgente. Dios no es rencoroso, viene sin cesar y está a la puerta (ver Ap 3). El amor de Dios tiene entrañas maternas (ver Os 11). Es un amor incondicional. Se compadece de su pueblo. No hay ningún sufrimiento que el Señor no 39


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mo, “regocíjate, hija de Sión; grita de júbilo, Israel; alégrate y gózate de todo corazón, Jerusalén. El Señor ha cancelado tu condena, ha expulsado a tus enemigos. El Señor será el rey de Israel, en medio de ti, y ya no temerás… Él se goza y se complace en ti, te ama y se alegra con júbilo como en día de fiesta” (Sof 3,14-18).

pueda comprender. Le duele la conducta del pecador (ver Ez 18,23; Ex 34,6-9). Dios jamás permanece indiferente ante el sufrimiento humano, pues su gloria es que el hombre viva, sea feliz y no se pierda ninguno (ver Jn 6,39). Por eso, ayudaremos a hacer la experiencia de sentirse amados por Dios. Dios ama al pecador y lo busca con pasión para que viva y, esto lo olvidamos con frecuencia. Por tanto, nuestra misión es anunciar el amor de Dios, “¡ay de mí si no evangelizara!”.

Recojo en mi cuaderno de vida, gestos, palabras de personas que, con su vida, dan testimonio de este amor que Dios nos tiene y, con ello, evangelizan sin quizás saberlo: Paco, Nuria, Isabel, Pedro, María, Pili, Encarnita, Carmen, etc. A todos ellos y ellas, un sí agradecido y una exigencia: ¡ay de mí si no evangelizo! Así se lo pido a Dios Padre, Hijo y Espíritu. A Él todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Celebraremos los misterios de la fe de manera gozosa y festiva, de tal manera que las celebraciones litúrgicas favorezcan el encuentro con Dios y la experiencia comunitaria de fe, donde todos los asistentes puedan sentirse partícipes de lo que allí se celebra. La alegría, la fiesta, el gozo serán nuestras características de bautizados, y no el desáni-

José Mª Tortosa Alarcón

Párroco de Jérez del Marquesado (Guadix-Baza)

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MIRANDO LA PRIMERA EVANGELIZACIÓN EN LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES h

Eduardo García

l llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse. Había en Jerusalén hombres piadosos, que allí residían, venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo.

Al producirse aquel ruido la gente se congregó y se llenó de estupor al oírles hablar cada uno en su propia lengua.Estupefactos y admirados decían: "¿Es que no son galileos todos estos que están hablando?

Pues ¿cómo cada uno de nosotros les oímos en nuestra propia lengua nativa? (Hch 2, 1-4) “Id por todo el mundo y proclamad la buena noticia a toda criatura” (Mc 16, 15…”)

Con frecuencia se habla de la nueva evangelización, lo cual viene a decir que ha habido otras.

En cada momento de la historia la Iglesia se ha planteado la manera de anunciar el mensaje de Jesús haciendo realidad su mandato:

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Posiblemente, mirando las distintas formas de evangelizar a lo largo de la historia, descubramos formas de hacerlo ahora.


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Eduardo García

an, pero a él no lo vieron” Lc. 24, 22-24. Por tanto aún con señales de vida no terminaban de asumir el triunfo de Jesús sobre la muerte. Y se quedaron encerrados en el cenáculo. Les faltaba coraje, valentía, fe, mucha fe. Aquel final no se lo podían esperar y eso que en distintas ocasiones Jesús lo anunció

LA PRIMACIA Y EL PROTAGONISMO DEL ESPÍRITU SANTO EN LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES

Según el relato de los Hechos es patente el protagonismo del Espíritu en aquella primera comunidad de seguidores de Jesús. ¿Qué hubiera sido de aquel grupo de pescadores… de no ser por la venida del Espíritu?

Fue el Espíritu Santo quien puso en ellos de lo que carecían, quien les abrió los ojos y les dio la fe y el coraje que necesitaban. El Espíritu transformó aquellos hombres radicalmente, los hizo creyentes y apóstoles.

Ellos siguieron a Jesús en su vida pública, le conocieron, escucharon sus enseñanzas, contemplaron sus milagros… Pero su muerte en el madero los desorientó; ellos esperaban otra cosa. “nosotros esperábamos que él fuera el libertador de Israel. Y sin embargo hace tres días que ocurrió esto” (Lc. 24, 21 ss), dicen los discípulos de Emaús.

Fue en Jerusalén, la ciudad santa, el centro neurálgico del judaísmo donde terminó Jesús su vida. Allí los seguidores de Jesús tuvieron muchas experiencias de la presencia del crucificado-resucitado, pero quedaban maniatados, les faltaba algo muy importante. Es el Espíritu quien lo aportó:

Aquel final les desorientó. Y eso que tuvieron noticias ciertas de su resurrección “Bien es verdad que algunas de nuestras mujeres nos han sobresaltado, porque fueron temprano al sepulcro y no encontraron su cuerpo. Hablaban incluso de que se les habían aparecido unos ángeles que decían que está vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y lo hallaron todo como las mujeres decí-

“Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos juntos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido, semejante a un viento impetuoso y llenó toda la casa donde se encontraban. Entonces aparecieron lenguas de fuego, que se repartían y se posaban sobre cada uno de ellos.

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. Mirando la primera evangelización en los Hechos...

Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en lenguas extrañas, según el Espíritu Santo los movía a expresarse” (Hch. 21-4).

que crean en él. Ese Espíritu Santo es el que da vida a la Iglesia, estamos animados por el mismo Espíritu.

Cuando Pedro da testimonio ante el Sanedrín porque anunciaba a la gente la resurrección de Jesús con ocasión de la curación del paralítico les dice lleno del Espíritu Santo: “lleno del Espíritu Santo les dijo… sabed que éste aparece ante vosotros sano en virtud del nombre de Jesucristo Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios ha resucitado de entre los muertos” (Hch 4,8-10).

Pedro, ante la multitud reunida, lleno del Espíritu Santo, proclamará:

“Israelitas, escuchad: Jesús de Nazaret fue el hombre a quien Dios acreditó ante vosotros con milagros, prodigios y señales, que realizó por medio de él entre vosotros, como bien sabéis… pero vosotros… lo crucificasteis y lo matasteis. Dios, sin embargo lo resucitó”. (Hch 2, 22)

Más adelante cuando de nuevo el sumo sacerdote y los de su partido, llenos de rabia prendieron a los apóstoles y estos comparecen ante el sanedrín, Pedro y los apóstoles respondieron: “El Dios de nuestros antepasados ha resucitado a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole de un madero…. Nosotros y el Espíritu Santo que Dios ha dado a los que le obedecen somos testigos de todo esto” (Hch 5, 30-32).

Y continúa diciendo: “A este Jesús Dios lo ha resucitado, y de ello somos testigos todos nosotros. El poder de Dios lo ha exaltado y él habiendo recibido del Padre el Espíritu Santo prometido, lo ha derramado, como estáis viendo y oyendo.” (Hch 2, 32-33).

Como conclusión de este anuncio de Pedro, llevado por el Espíritu, les invita a que se arrepientan, se bauticen y “entonces recibiréis el don del Espíritu Santo”. No sólo el Espíritu es quien les hace comprender la vida de Jesús y les da fuerza para ser sus testigos sino que ese mismo Espíritu será derramado sobre todos los

Eduardo García

Es evidente el protagonismo del Espíritu en la obra evangelizadora de entonces y de ahora.

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El Espíritu es el primer protagonista de la misión, de la prime-


. Mirando la primera evangelización en los Hechos...

Eduardo García

Al hombre paralítico que pedía limosna junto a la puerta Hermosa del templo Pedro le dice:

ra y de todas las “evangelizaciones”. La evangelización es ante todo obra de Dios, nosotros somos cooperadores, pero el Espíritu es el gran protagonista.

“No tengo plata ni oro; pero te doy lo que tengo; en nombre de Jesucristo Nazareno, echa a andar” (Hch 3, 6).

LLENOS DEL ESPÍRITU CON MUCHA VALENTÍA DAN TESTIMONIO DE JESÚS, DE SU MUERTE Y RESURRECCIÓN

Pedro y los apóstoles lo que tienen, lo que valoran es a Jesucristo esa es su mayor riqueza y de ella hablan y por ella actúan. Jesús es lo más importante que tienen y eso es precisamente lo que tratan de compartir, de anunciar. Para ellos Jesucristo es todo.

El día de Pentecostés, habiendo recibido el Espíritu Santo, Pedro se dirige a la multitud con estas palabras:

“Israelitas, escuchad: Jesús de Nazaret fue el hombre a quien Dios acreditó ante vosotros con los milagros, prodigios y señales que realizó por medio de él entre vosotros, como bien sabéis. Dios lo entregó conforme al plan que tenía previsto y determinado, pero vosotros, valiéndoos de los impíos, lo crucificasteis y lo matasteis. Dios, sin embargo, lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte” (Hch. 2, 22-24).

Cuando la gente se reúne en torno a ellos al constatar lo ocurrido Pedro les da la razón de lo acontecido. Es gracias a Jesús, a ese que entregaron y rechazaron pero a quien Dios resucitó que el paralítico ha recuperado fuerza en sus extremidades: “¿Por qué os admiráis de este suceso…? El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros antepasados, ha manifestado la gloria de su siervo Jesús, al que vosotros entregasteis y rechazasteis ante Pilato, que pensaba ponerlo en libertad. Vosotros rechazasteis al Santo y al Justo; pedisteis que se indultara a un asesino y

Pedro les muestra quién era Jesús y cómo fueron ellos los que lo eliminaron. Pero Dios lo resucitó, él está vivo. La muerte ha sido vencida.

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. Mirando la primera evangelización en los Hechos...

matasteis al autor de la vida. Pero Dios lo ha resucitado de entre los muertos y nosotros somos testigos de ello. Pues bien por creer en Jesús se le han fortalecido las piernas a este hombre a quien veis y conocéis.: la fe en Jesús lo ha curado totalmente en presencia de vosotros” (Hch. 3, 1216).

todos vosotros y todo el pueblo de Israel que éste aparece ante vosotros sano en virtud del nombre de Jesucristo Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios ha resucitado de entre los muertos” (Hch.3, 8-10).

Y cuando de nuevo son encerrados en la prisión y el ángel los sacó fueron al templo y se pusieron a enseñar. De nuevo los apresaron y los hicieron comparecer ante el sanedrín. Allí el sumo sacerdote les preguntó:

Los apóstoles, siempre, al hablar de Jesús lo hacen con mucha valentía proclamando que fue crucificado pero a quien Dios lo resucitó y ellos son testigos de lo que están anunciando. No tienen miedo a las represalias y son constantes en el anuncio a pesar del rechazo de los dirigentes. Todo un ejemplo a seguir.

¿No os prohibimos terminantemente enseñar en nombre de ése? Y sin embargo habéis llenado Jerusalén con vuestras enseñanzas y queréis hacernos responsables de la muerte de ese hombre.

Cuando los apóstoles Pedro y Juan fueron encarcelados porque enseñaban la resurrección de Jesús al ser interrogados por los jefes de los sacerdotes, los ancianos y los maestros de la ley contestaron con estas palabras:

Pedro y los apóstoles respondieron:

“Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros antepasados ha resucitado a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándolo de un madero” (Hch. 5, 2930).

“¿Con qué poder o en nombre de quien habéis hecho esto?

Entonces Pedro lleno del Espíritu Santo les dijo: “Jefes del pueblo y ancianos de Israel, hoy ha sido curado un enfermo, y nos preguntáis en nombre de quién se ha realizado esta curación; pues sabed

Eduardo García

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La Buena Noticia que los apóstoles anuncian después de la venida del Espíritu Santo y que la repiten una y muchas veces es que Jesús a quien habían matado Dios lo ha resucitado. Jesús es


. Mirando la primera evangelización en los Hechos...

Eduardo García

extrañar que también las haya ahora. Unos aplauden y se adhieren a la enseñanza de los apóstoles y otros la combaten. La evangelización no es misión fácil.

quien ocupa el centro de sus vidas, Jesús muerto y resucitado es la razón de su existencia.

ESTE HECHO, ESTA BUENA NOTICIA ES ACEPTADA POR UNOS Y RECHAZADA POR OTROS.

“Ellos los despidieron con amenazas, sin encontrar el modo de castigarlos a causa del pueblo, pues todos daban gloria de Dios por lo sucedido” (Hch. 4, 21).

Después de las palabras de Pedro el día de Pentecostés la gente reunida se conmovió:

“Los apóstoles realizaban muchos signos y prodigios en medio del pueblo. Todos los creyentes se reunían en el pórtico de Salomón, pero los demás no se atrevían a juntarse con ellos. El pueblo sin embargo, los tenían en gran estima de modo que una multitud de hombres y mujeres se incorporó al número de los que creían en Jesús” (Hch. 5, 12-14).

“Estas palabras les llegaron hasta el fondeo del corazón” (Hch. 2, 37). Otros rechazan el anuncio de Pedro y tratan de acallar esa voz de Dios:

“Mientras Pedro y Juan hablaban a la gente, se les presentaron los sacerdotes, el jefe de la guardia del templo y los saduceos. Estaban molestos porque enseñaban al pueblo y anunciaban que la resurrección de los muertos se había realizado en Jesús (Hch 4, 1 ss).

“Entonces el sumo sacerdote y todos los de su partido, es decir, el grupo de los saduceos, llenos de rabia prendieron a los apóstoles y los metieron en la cárcel pública” (Hch. 5, 17-18).

Dios nos ha hecho libres. Unos aceptan la evangelización y otros no sólo la rechazan sino que la combaten con todos los medios a su alcance. Las dificultades, las zancadillas estuvieron presentes en la vida de Jesús y en la vida de los primeros apóstoles. No es de

Los apóstoles aunque estuviesen llenos del Espíritu Santo no lo tuvieron nada fácil. LA EVANGELIZACIÒN PIDE CONVERSIÓN 46


. Mirando la primera evangelización en los Hechos...

El anuncio de los apóstoles hace nacer en el corazón de los que oían su palabra con fe el arrepentimiento, el cambio de vida. No concreta más el texto pero ya es bastante. El anuncio no es sólo para el entendimiento sino que llegue al corazón y transforme la vida de las personas:

Eduardo García

“Por vosotros, en primer término, Dios ha suscitado a su siervo y os lo ha enviado como bendición, para que cada uno se convierta de sus maldades” (Hch. 3, 26).

“Dios lo ha exaltado a su derecha como Príncipe y Salvador, para dar a Israel la ocasión de arrepentirse y de alcanzar el perdón de los pecados” (5, 31)

“Estas palabras, las de Pedro el día de Pentecostés, les llegaron hasta el fondo del corazón, así que les preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles. ¿Qué tenemos que hacer, hermanos?

La evangelización ha de llevar a un cambio de vida, de actitudes, de prioridades… confiere un estilo de vida propio.

Pedro les respondió.

Arrepentíos y bautizaos cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo, para que queden perdonados vuestros pecados. Entonces recibiréis el Espíritu Santo” (Hch. 2, 3738).

Eduardo García Castellón

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SUMARIO

“Evangelizar a los pobres lo es todo” ..... 1

r Testimonios

Proyecto “Etxea” Los pobres son evangelizados. Los pobres nos evangelizan.................... 3 José María Ruiz de Azúa

Primeros pasos para que los pobres conozcan a Jesucristo............................. 9 Juan Carlos Martín

r Artículo de fondo

Anunciar a Jesucristo a los pobres en el marco de la Nueva Evangelización. ........13 Antonio Bravo

r Estudio del Evangelio

¡Ay de mí si no evangelizara!................ 29 José María Tortosa Alarcón

Mirando a la primera evangelización en los Hechos de los Apóstoles................ 41 Eduardo García

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