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EDITORIAL Por: Sr. K El semestre casi termina, y no es solo el calendario, la tensión en el aire es delatora. El abrir y cerrar de los textos y el constante pasar de las páginas constituyen casi una melodía, la banda sonora de los últimos días de Junio, y de los primeros del naciente mes de Julio, aquí en nuestra universidad. ¿Y afuera qué está pasando? Para muchos es difícil saberlo, inmersos en nuestro mundo de lecturas, las batallas épicas y los desenlaces cruciales ocurren solo dentro del sagrado espacio de la UCV. No es indolencia, es preparación, nuestro entrenamiento para otras batallas que traerá el futuro. Ojalá así fuera el mundo exterior. Ojalá las ideas y el estudio jugaran allá el papel fundamental que aquí juegan. Que la mayor preocupación fuera el entendimiento, la herramienta a usar el pensamiento crítico, y el peor error: el malentendido, el fracaso a la escala de una mala calificación. Pero no es cierto que el regalo de Prometeo sea universalmente apreciado, y afuera todo suele ser a su vez básico pero muy complicado. En fin, algunos endulzan ya la imaginación con la promesa de un largo descanso, otros se arman de valor y conocimientos para enfrentar reparación, otros se quedarán por el resto del verano… afuera, el mundo sigue. Mi ‘‘descanso’’ será el volver a esa realidad. Mientras extrañaré esta, mi segunda casa, sobre todo a estas páginas en que ahora les escribo. Disfruten pues este número, que la fuerza los acompañe contra los finales, y nos veremos de nuevo en septiembre. Para ese entonces se habrá acumulado bastante basura.


Artículo Invitado “Cum grano salis” Por: “Bip”, de Caracas.

¿Qué se puede esperar de una protesta? Cualquier individuo, apelando al sentido común, imagina un reclamo, un descontento, ya sea por simple mal humor o por el incumplimiento de una promesa. Este descontento puede ser expresado de innumerables maneras, usando la máscara de Guy Fawkes, acampando en un parque público (o en la entrada del rectorado), secuestrando una facultad, en fin, aparentemente es cuestión de que los involucrados se pongan de acuerdo. Ahora, ¿siempre se selecciona la forma correcta de protesta?, preguntémosle a Brito. Hoy revisando las noticias me topé con rostros familiares (por desgracia) amigos activistas del progreso, los cuales decidieron hacer un “día de campo” a orillas del Guaire, esto como forma de reclamo al incumplimiento de la promesa presidencial con respecto al saneamiento del rio, la cual está pendiente desde el 2005. Usando una sombrilla recién comprada, adornados con flotadores, sombreritos y cavas; se posaron allí, cual turistas emocionados, montando un show carente de la seriedad (que uno supone que amerita la denuncia) esperando unas declaraciones que llegaron y ahí quedaron, no trascienden. ¿Sera que la inmediatez los jode? O será que mal interpretaron aquello de “Panem et circenses”. BIP.


Antares, Betelgeuse, estrellas colosales, algunos de los cuerpos celestes más grandes conocidos en el universo, tan imponentes que podemos apreciar su brillo a cientos de miles de años luz de distancia, como faros en el firmamento que nos invitan a descubrir e indagar en lo complejo de esta vida y todo cuanto nos rodea. Lo más fácil es sentarse a ver la estrellas y sentirse insignificante, verse desde un punto de vista minúsculo, iniciar las comparaciones entre nosotros y las hormigas, resignarnos a la idea de que, cómo nuestra vida es resultado de simples coincidencias, por ello carece de valor o sentido. Vaya forma de pensar, concebida por la mayoría como una suerte de actitud romántica, o poética. El contemplar lo increíble y sentirse inmerecedores, o inferiores, el auto-denominarse “tan solo ínfimas partículas desperdigadas entre la materia oscura” y nada más. Bien, yo no estoy de acuerdo. Esa es una idea que solo se puede aceptar cuando nos quedamos en la superficie, sin indagar realmente en el asunto, en la belleza del asunto. Cuando yo miro hacia las estrellas me sorprendo ante una realidad, en la que el ser humano, con una vida tan corta y unas condiciones físicas tan limitadas, armado únicamente con la razón y el ingenio, ha logrado conocer la forma, la distancia, ubicación y características de miles y miles de estrellas y planetas, de sitios tan recónditos y magníficos que sobrepasan la imaginación... ¿A qué quiero llegar? Bien, hablar de insignificancia al contemplar el universo es un insulto a esos hombres que nunca sintieron humillación frente a lo desconocido y lo desafiante, sino que sus aspiraciones y propósitos fueron más allá de los "imposibles”, creciendo y haciéndose más grandes que los mismos planetas que estudiaron y detallaron. No me imagino que noción primitiva tendríamos ahora de nuestro mundo si Johannes Kepler, Nicolas Copérnico o Galileo hubieran abogado al sentimiento de inferioridad antes que a su curiosidad.


¿Qué sería de la filosofía griega si Tales de Mileto no se hubiera fascinado con el cielo nocturno? (Al punto, como dicen, de caer en pozos, distraído) ¿Qué sería de nuestra noción moderna del universo sin la audacia y brillantez de los Albert Einstein, Carl Sagan, Stephen Hawking… Y es que esa actitud de conformismo, incluso victimismo ante la realidad, esconde un trasfondo más complicado y peligroso. Nos invita a abandonarnos a la incapacidad, a ivir bajo la excusa permanente de una incapacidad intrínseca, como justificación a nuestra falta de ambiciones o valores. Es necesario darse cuenta de que lo que creemos como "imposibles" no son siempre tan imposibles, que el azar no es una regla de la vida y que someternos a él como única verdad, como excusa para ceder el control de nuestras vidas a lo desconocido, es lo mismo que apagar nuestros sentidos, nuestra razón…y quizás hasta peor. Cada vez que afrontemos algo más grande que nosotros, cada vez que veamos a un horizonte vació, una pila desordenada, una hoja en blanco, ¿vamos a dejar que la impotencia nos invada, que el sentimiento de desorientación nos guié hasta el desinterés y nos arroje a un viaje en donde nosotros no somos los pilotos? La belleza del cielo nocturno, las luces en contraposición a la oscuridad, ver hacia el infinito contemplando la inmensidad... ¿no debería generar esto un sentimiento de ambición igual de enorme? ¿No debería, esa misma curiosidad con la que observamos, despertar en nosotros la necesidad de búsqueda en vez de la resignación de la inmovilidad? Supongo que depende de la mirada con la que se enfoque, de la persona y sus premisas. Y sin embargo cada quien es merecedor de sus propias ideas, así pues, aquel que desee asumirse insignificante, merece ser tratado como insignificante (y en realidad así sería). A mí el mundo y sus misterios no me atemorizan, más bien me motivan. ¿Por qué dejarme obsesionar, como otros, por la autodegradación, si puedo evadir el conformismo y dejar de asumir mi existencia como algo de lo que avergonzarme. Firma: Que tu mirada brille con el resplandor de Antares. Sr

K


Cuento del mes.

Hace un tiempo, cuando la paz era deseo y el amor no era un juego de azar, me encontraba tranquilo, distante, pensando en diversidades y dejando que mi cabeza viajara entre redes de sinsentidos y peculiaridades. Estaba recostado en una baranda, de esas del piso superior de la estación Plaza Venezuela, esperando, observando a cada individuo que pudiese y pensando en su grandeza, mientras el sonido de los trenes al pasar cantaba una melodía de acompañamiento. ¿No es curioso? Tanta gente yendo y viniendo, bajo su propia voluntad, cada una con una vida particular y sus propias cosas qué hacer, sumergidos en sus ideas, danzando al son de la vida y sus situaciones, trazando un lineado abstracto de esperanzas y destinos sin elaboración. Un espectáculo verdaderamente digno de ser presenciado. Entre tanta multitud y murmurante despilfarro de energías, una pareja se encontraba discutiendo en el andén, mientras esperaba el tren que los dejaría continuar su día de situaciones inesperadas. El hombre se veía molesto, iracundo. Los músculos de su rostro estaban tensos, sus cejas fruncidas irradiaban un dejo de importancia hacia todo lo que quería, una suerte de rendición ante las circunstancias en las que se encontraba, aún desconocidas por mí. La mujer, en cambio, se veía bastante triste. Suaves lágrimas corrían por sus rosadas mejillas, y, aunque era una mujer muy hermosa, su expresión de sufrimiento dejaba ver que sus alegrías eran efímeras, y que llevaba una vida más que desdichada. El hombre se volvió hacia ella, notando ahora sus lágrimas, lo que al parecer hizo que su rabia aumentara y la tomara por el cabello, tan violentamente que las personas de los alrededores se voltearon al escuchar el grito de dolor de la pobre chica. “¡Deja de hacerte la víctima!” gritó el hombre, mientras sacudía a su pareja, quien no dejaba de llorar.


La chica se cubrió el rostro con ambas manos y el llanto aumentó considerablemente. Parecía querer decir algo, pero sus palabras se enredaban con su llanto y no podían salir, el sonido se cortaba al chocar contra sus manos, las cuales le daban la única protección por la cual podía optar. El hombre acercó su rostro al de ella, y le gritó “¿¡Qué me quieres decir, ah!? ¡Dímelo!” La mujer juntó todas sus fuerzas, toda su voluntad, y lanzó un grito al aire: “!Ya no quiero estar contigo, se acabó! ¡Te odio!” .El hombre quedó atónito, sin palabras, como si hubiese recibido una bofetada. Su rostro estaba inexpresivo, era imposible predecir lo que pasaría a continuación. E l tren se aproximaba velozmente, por aquel túnel de negrura, llegando por fin a su destino, a toda la velocidad que podía alcanzar. El hombre vio fijamente al tren, luego vio a su acompañante y, con una mirada de melancolía murmuró: “Pues si no eres mía… no serás de nadie.” .El maníaco forcejeó con su amante, la tomó por el brazo fuertemente y la haló consigo hacia los rieles del tren en un abrir y cerrar de ojos. Un grito de pánico fue ahogado por el golpe seco del tren arroyando sus cuerpos, mientras sangre y restos se esparcían por el andén. Los presentes quedaron impresionados, y luego de unos segundos, el pánico inundó la estación. Personas comenzaron a llorar inconsolablemente, otros cerraron los ojos y apartaron la vista del lugar, y otros más sensibles se echaron al piso mientras se tapaban la boca con ambas manos, sintiendo arcadas. Mientras tanto, yo, libre del pánico, hice lo que cualquier persona en su sano juicio haría: me reí. Me reí inconteniblemente. Me reí a carcajadas y me quedé sin aliento. Me reí tanto que el abdomen comenzó a dolerme. Vaya que hay gente idiota en el mundo.

NO.


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Asimov

Creado por: Sr K & NO.

Sacando la Basura #3  

Número de Julio. Fanzine independiente de opinión, distribuído mensualmente en la UCV.

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