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PARTE CUARTA El pueblo de Sabiñán CAPITULO I El pueblo de Sabiñán. Según se suponga derivado de sabinar o de viña, según cree Jiménez Soler, se escribe Sabiñán o Saviñán, y hay sellos oficiales con las dos denominaciones. El nomenclator oficial se llama Sabiñán1. Se debió comenzar edificando a los dos lados de la iglesia de San Pedro y sobre el camino de Calatayud a Aranda de Moncayo, o sea la calle Alta o Somera, llamada después Real y hoy calle Mayor. Luego debió aprovecharse la rambla o barranco de las Eras, dando lugar a las calles del Centro y San Roque, hasta la puentecilla del Maltés2, pero al ir aumentando la población se edificarían las casas en las fincas colindantes a este barranco. En el siglo XVI, la calle del Ciprés servía de paso para el huerto de este mismo nombre y para la era de los Muñoz de Pamplona, situada junto a la casa del rentero Pascual Olvés3. La calle del Charco o de San Ramón creo que fuera del siglo XV o principios del XVI, urbanizada toda en la misma época, debido a su uniformidad. En esta época debió roturarse y ponerse en cultivo de regadío la parte de las Espartinas. Consta que por entonces se abrió o prolongó la acequia de Juan Forcén en aquel paraje, por lo que es posible que llegaran colonos y se establecieran en las casas de aquella calle. Me induce a creerlo el dato que la casa Muñoz de Pamplona dio a catorce o más musulmanes tierra en las Espartinas y también les facilitaría solar para edificar las viviendas. Pudo ser en la parte baja del huerto del Ciprés, que les pertenecía, o sea en la misma calle de San Ramón. Los nombres de estos catorce musulmanes eran: Ince el Alfaqui, Mahoma Moltacho, Ali Serón, Ali Hechar, Ince Lajarique, Ali el Tejero, Mahoma de Abocaque, Mira Calavera, Mahoma el Morisco, Audalla Hanzary, Mahoma Alvillena, Fátima Alvillena, Brahen de Alberique y Ali de Abenzary. Los nombres de los que habitaban esta calle en el año 1561, son de moriscos (mudéjares convertidos)4. La calle Mayor en esta época de mediados del siglo XVI, estaba comprendida entre la casa de Miguel Lafuente Soriano (aún se conoce en la casa de enfrente el pilar que sostenía el arco de las puertas), viniendo de Morés, hasta la casa de la tienda de Joaquín Aznar, saliendo hacia Paracuellos5. Por el norte y sur debían existir dos pasos de riego a los ojos de la Forcena, que existen al norte y sur de los Camareses. El norte debía ser la calleja de la Anselma y su continuación hasta la acequia de Jumanda. El del otro lado aun se ve, aunque cerrado, entre el jardín del conde de Argillo y la casa de la viuda de José Navarro6, y entre la casa ya citada de Joaquín Aznar y la contigua al lado sur. Ambos pasos eran los límites de lo entonces edificado. Por tanto el barrio del portal de San Roque, el de Paracuellos y el de los Laureles son posteriores al siglo XVI. Sospecho si esta calle sería la llamada «barrio verde», a finales del siglo XVII. El Concejo tenía la herrería y el ruejo, donde está el molino de Juan Lafuente7. Entre éste y la acequia había un paso llamado «el pasillo», por donde se iba al tejar y a unos huertos contiguos, por no dar la vuelta por San Antonio, que era su entrada, ya que por la Señoría no había paso, o sólo lo tenían el huerto o los huertos situados en lo que es la calle del Molino y ruejo de los hijos de Pedro Antonio Gracián8. Los que tenían permiso para pasar por él, excepto el tejero, pagaban la licencia en pollos.

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El horno ya debía estar donde está hoy en la plaza9 y de aquella época puede ser el reloj de sol que existe en su fachada. A principios del siglo XVII había en la calleja de la Anselma, una casa dedicada a hospital, con cuatro camas, una de ellas destinada a los heridos. Supongo que más tarde el Concejo tomaría otra casa para los mismos fines en la calleja de la calle del Centro. De ahí tomaría el nombre de calleja del Hospital10. El molino o molinos de harina debieron estar en lo que hoy es cauce del río, frente al molino de aceite de Pujadas11. El Jalón debía ir por las huertas de Carcenique y a mediados del siglo XVII se encauzó por donde va ahora, llevándose los referidos molinos que eran de la propiedad de Juan de Heredia. Como no los reedificó, el Concejo construyó un molino de harinas en un terreno libre de avenidas, con seguridad el que hoy conocemos. Es posible que al comprar a la casa Muñoz de Pamplona el terreno para su construcción, adquiriera también el huerto o huertos necesarios para abrir la calle que va al molino y a la contigua tejería. A la tejería la llamaban Escudillería (quizás hacían pucheros) y en 1518 la tenían dos moros, Ali de Ali y Juce de Alfaqui, que también tenían arrendado un huerto contiguo y una era12. Las eras estaban unas en San Roque y otras bajas, junto al pueblo. Cerca de la población estaban las de Pujadas y Heredia, al sur, por el huerto de Crespo13. La era de Gascón se situaba por el jardín del conde, que tenía la suya tocando a la calle del Ciprés. Esta orientación pudo obedecer para el aprovechamiento del jumandil para aventar y para buscar el sol del mediodía, al ser destinadas para el zumaque14. Entre la calleja de la Anselma y las escuelas, entonces fosal o cementerio, había doce casas, como hoy. Al otro lado de la iglesia quizás no hubiera casas, porque el Camarés bajo, que entonces llamaban tras San Pedro, confrontaba con la calleja y la calle. Pasada la calleja de las Cruces, seguían las casas hasta el paso de riego que existe donde dobla la calle. En el otro lado de la calle, entrando de Morés, había casas hasta la de Bono15 y junto a ésta el granero o graneros de clérigos. Luego había un vano, tal vez debido por caer frente a la iglesia y cementerio, y no edificarse por superstición, por respeto o por estar allí el huerto de Damián de Clarés, que de no estar allí, no sé dónde se encontraría. Confrontaban con él dos casas. ¿Serían las que hay bajando a la plaza? Seguían luego las edificaciones hasta la salida hacia Paracuellos (casa de Aznar). Por allí vivían los Vacarizos y el notario Gascón. ¿Viviría antes el moro Forcén de la acequia por la casa que fuera de Juan Lafuente?16 La tradición dice que el moro Forcén está enterrado en la esquina de esta casa. La casa de Juan Lafuente y otras del mismo estilo, que tienen bajo el amplio alero una línea de ventanas, deben ser obra del siglo XVII y comienzos del XVIII. Un autor llama arquitectura aragonesa del siglo XVI a la caracterizada por los aleros salientes, galería de ventanas, grandes portadas de medio punto y enormes rejas. Si en el siglo XVI se construían en las poblaciones, se puede calcular que un siglo después se levantarían en los lugares y aldeas, sin que esto quiera decir que no hubiera excepciones. Todas las casas debieron edificarse en terrenos de los Muñoz de Pamplona o de sus censantes. En 1561 treudaban a los Muñoz ochenta y siete casas, y seguramente no pasarían de cien las existentes. Las que no pagaban censo, sería seguramente por haberlo redimido. El marqués de La Vilueña vivió en una casa que pagaba censo a los Muñoz y quizás también lo pagaban los últimos vástagos de la casa de Luna (Diego Martínez de Luna). Las casas de Heredia y Funes no tributaban, aunque como ambas familias estuvieron entroncadas con los Muñoz de Pamplona, es posible que las mujeres las aportasen al matrimonio, o bien se edificaran en terrenos de su propiedad. Isabel Pujadas17 también vivía en una casa que tributaba a los Muñoz. Debía situarse cerca de la posada, cerrando la plaza Muñoza, que se consideraba como propiedad de los Muñoz, aun en el siglo pasado, porque se le dio el nombre de plaza Muñoza o del juego de pelota.

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La casa de los Funes debió ser la que hoy ocupa Elías Cormán18 y tal vez fueran anexos a ella lo que hoy se llama Corralaz. Frente a esta casa, en la entrada de la calle de San Roque, tenían los Funes un huerto (además del de la casa o del Ciprés), en lo que hoy son corrales de los herederos de Pedro Antonio Gracián. La casa de los Heredia tenía un huerto contiguo que confrontaba con la casa de los Muñoz de Pamplona. ¿Sería la del rincón de la plaza que hoy posee Lucio Sánchez y la contigua de El Jarro, cantina?19 La casa del Ayuntamiento o Concejo, sospecho que no estaría hecha antes del siglo XVIII20. En documentos antiguos aparece que el Concejo se reunía en el portegado de la iglesia, alguna vez en el cementerio contiguo, previo pregón, señalando el día y la hora y tañimiento de campana, antes de comenzar el acto. Buena prueba de lo públicas que eran las juntas. En otros pueblos se reunían en la plaza común. Cuando se hicieran las escuelas de niños en la iglesia, es probable que los jurados o alcaldes, con un Concejo o Ayuntamiento, se reunieran en ellas, como local propio, pues toda la fábrica de la iglesia se consideraba del pueblo, por estar obligado a su sostenimiento. En aquellos tiempos en los que tanto se materializaba el derecho, los jurados tenían las llaves de la iglesia, como prueba del mismo, y no costó poco trabajo a los obispos que se entregaran a los vicarios, o que los jurados consintieran hacer una copia, para que las autoridades eclesiásticas no tuvieran que ir a pedirla al alcalde con toda urgencia, para administrar los últimos sacramentos a los enfermos21. Tal vez por eso mismo no se hizo una entrada independiente para las escuelas y más de un siglo se entró a ellas por la entrada principal de la iglesia. A comienzos del siglo XIX, un obispo consiguió que se hiciera otra entrada, por entender que la manera que acostumbraban a entrar y salir los niños de la escuela, no era la más a propósito para infundirles el respeto que se debe tener a los templos22. Los toques de campana que se hacen a las ocho y media de la mañana y a las dos de la tarde, en invierno, y a las ocho y a las tres en verano, les llamábamos y todavía llaman los chicos a entrar en la escuela. También han servido para comenzar las dos medias jornadas de trabajo en el campo, pues a dichos toques debían mover los tajos de los portales de San Roque y de San Pedro, o del olmo, que eran los lugares de reunión y espera. Todos los jornaleros que hubiesen salido de estos lugares, tenían ganado el jarro de vino que el propietario les ofrecía, aunque no hubiesen comenzado los trabajos, por el mal tiempo. Se daban por concluidas las faenas del día, cuando el sol señalaba la parte alta del carrascal, al ponerse23. Las mujeres soltaban ya en 1508 «la fila que Pedro Gascón toma el agua para regar», y «la de la callejuela», y «la de los quiniones». Supongo serían las filas que se abrían por la calle para regar los huertos del pueblo y como las empleaban para «lavar y otras cosas», se multaba con cinco sueldos al responsable y el zabacequias podía acusar «a juramento» a quien tenía sospechas o ciertamente conocía al infractor. Esta medida parece que debió obedecer a la escasez de agua «que se iba a perder a la acequia de Jumanda», y no como medida de higiene24. Debe referirse todo esto a las aguas que cruzan el pueblo, porque los Gascón tenían huertos contiguos a la casa de los Muñoz. Podía referirse al riego de «la callejuela», que por la calleja de las Cruces bajaba a la plaza y a la calle de San Roque. «Quiniones» llamaban a unos huertos situados por el portal de San Roque. He visto confrontaciones de un olivar de una hanegada y media en los «esquiniones», finca cerrada lindante con dos calles y con olivar de la Orden de San Juan. Debe ser el huerto de Sarto en el portal de San Roque o la huerta de Juan Ignacio Gracián, junto al portal. En un documento de 1591 aparece una finca descrita de esta forma: «pieza sita encima de la fuente, término de Saviñán, que confronta con pieza de Miguel Fuerte, pieza de Juan Calavera y con camino real y con camino de Herederos». Esta fuente creo que debe entenderse

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como el único o principal manantial de uso general, para el abastecimiento de los vecinos. Si por camino real se entendía el que unía a unos pueblos con otros, hoy conocido como camino vecinal, parece referirse a la finca situada en Los Bancales o debajo de la huerta llamada de Chilindrin. Estas fincas confrontaban con el camino de Embid, por la cuesta de la aldea, y camino de herederos sea el que conduce a las eras de los Calaveras o de Carcenique. En este caso la fuente sería la que mana a orillas del río y junto al puente de hierro, que entonces podía ser más permanente, o salir más alta, si el río estaba más inclinado a la parte de la Aladilla y la orilla del camino estaba más ataluzada que ahora. En ninguno de los restantes caminos reales que conducen a Paracuellos, a Morés, a El Frasno y a Viver, existen manantiales en las circunstancias que se señalan en estas fincas. En el de las Peñuelas, la finca está encima de la fuente y aunque confronta con camino real, no lo hace con el de herederos. Otro tanto ocurre en los caminos vecinales que nos acercan a los otros pueblos, en los que no encontramos manantiales. Por esto deduzco que a finales del siglo XVI, la fuente era la que se citaba en el camino de las Fuentes, como ahora se conoce, a causa de los pequeños hilos de agua que brotan entre el puente nuevo y la subida a la vía del ferrocarril, por lo de Chilindrin. ¿Saldría en 1591 todo el agua junta y por eso empleaban en singular la fuente? ¿No sería posible elevar estas aguas a la superficie (que ya se intentó sobre 1870) y utilizarlas, aun con el río crecido? Sería un medio de dotar al vecindario y a todo tiempo de agua clara, sin los inconvenientes que tienen los pozos. Con el río turbio y crecido he observado la afluencia de este manantial. No sería difícil realizar observaciones y estudios sobre el tema, levantando una pequeña pared, apoyándose en el estribo del puente de hierro, bajo la orma de la finca de los Tejada25, hasta el barranco, continuándose por él unos cuantos metros, con objeto de represar el mayor número de hilillos de agua. Solamente que las aguas se elevaran cuarenta o cincuenta centímetros y haciéndose en la pared una o dos salidas, se podían llenar los cántaros, labrando unas escaleras de bajada. El punto más conveniente sería junto al estribo del puente. En este caso sería preciso hacer una bajada desde la misma carretera, con licencia de Obras Públicas. Si se diera con el agua, sería preferible recogerla más alta que el camino, pero cuando hicieron el sifón de los Tejada no se cree que encontraran agua en los cimientos. Suerte sería que dichos hilos de agua vinieran de la sierra de Embid y se pudieran encontrar por encima de la Somera, para canalizarlos26. Notas: 1. Agustín Ubieto en Historia de Aragón. Los pueblos y los despoblados, III, Zaragoza, 1986, pp. 1087-1088, nombra Sabiñán y lo hace derivar del nombre romano de persona Sabinius o Sabinianus, y señala que se escribió Sabiñán hasta 1834 y Saviñán desde 1857. Lo cierto es que revisando los libros parroquiales y los documentos del Archivo Gracián, aunque lo encontramos escrito de las dos formas, abunda más la forma Saviñán. Francisco Tobajas Gallego: «Saviñán de Sabinius», Cosas de mi pueblo, 2007, pp.78-79. El Ayuntamiento surgido de las elecciones municipales de 1991, presidido por Lola Campos, optó por la forma Saviñán, que se impuso a nivel oficial. Mi amigo, Ángel Montero Córdoba, sostiene que Saviñán deriva del íbero y significa lugar donde ensancha el valle. 2. Según un documento del Archivo de la familia Gracián, en 1837 se arregló el puente de piedra de Saviñán y la puentecilla de Juan López, conocida también como la puentecilla del Maltés. Francisco Tobajas Gallego: «Noticias de dos reparaciones llevadas a cabo en el puente de Saviñán, halladas en el Archivo de la familia Gracián», Enebro, Saviñán, nº 17, Abril 1997. Juan Manuel López Cuenca (1733-1808) casó en 1754 con Teresa de Afuera y Pérez (1735-1772), siendo padres de al menos siete hijos, entre ellos de Fr. Manuel López de Afuera (1759-1831), que fue prior de Chiprana, de la Orden de San Juan de Jesusalén, llamada también de Malta. Todo hace pensar que Juan López y su hijo vivieran en una casa contigua a esta puentecilla, en la actual calle de San Miguel, bajo la cual pasaba la acequia de Jumanda. En el padrón parroquial de 1859, mosén Miguel López aparece viviendo en la entonces calle de San Roque. Francisco Tobajas Gallego: «Caballeros sanjuanistas», Gentes de mi tierra, 2009, pp. 76-77. 3. La calle del Centro era la actual Travesía de las Damas, antes de José Calvo Sotelo. El pleno del Ayuntamiento de Saviñán, celebrado el 17 de julio de 1937, acordó dedicar la calle del Centro a José Calvo Sotelo. También acordó

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dar el nombre de Plaza de España a la Plaza de la Constitución. Se fijó el día de Santiago para la celebración de estos actos, avisando a todo el vecindario. La calle de San Roque comprendía desde la calle del Centro hasta la confluencia de las calles del Molino y de Santa María. Desde la confluencia de estas dos calles hasta la plaza de la Señoría se llamaba de San Miguel, nombre que hoy rotula toda la calle, desde la calle Mayor hasta la Señoría. Pascual Olvés Lafuente fue alcalde en 1931. El tío Pascual «el Bolonio» casó en 1892 con Francisca Lázaro Villalba. La casa a la que se hace referencia, rentera al conde de Argillo, se situaba en lo que actualmente es casa de Tomás Fernández Pérez, farmacéutico de Saviñán. Con la venta del molino de aceite, las huertas y los jardines que rodeaban el palacio de los condes de Argillo, se proyectó la calle de Agustina de Aragón y la avenida de Goya, para dar salida a la carretera. 4. La calle de San Ramón se cerraba con un arco. Debía ser como una calle privada, donde vivían los obreros de la casa de los Muñoz de Pamplona. En un documento del Archivo Gracián de 1811, Domingo Arévalo y Joaquina Calvo, cónyuges, vendían a José Gracián Carrascón la mitad de una casa en la calle que bajaba de la calle de Enmedio al portal de San Ramón, con la obligación de pagar al convento de Santa Clara de Calatayud un censo anual de dos sueldos jaqueses, por cincuenta y ocho libras. En el Padrón parroquial de 1857 la calle de San Ramón se delimitaba desde el portal de San Ramón hasta la entrada a la plaza. 5. La casa de Miguel Lafuente Soriano (1877-1941), secretario del Ayuntamiento, que casó en Morata de Jiloca con Pascuala Costea Cebrián en 1916, pasó a sus sobrinas Carmen, maestra nacional de Saviñán, y Conchita López Cebrián. Se sitúa en la calle Mayor, confrontante con la calleja que José Gracián llama de la Anselma. Miguel Lafuente era hermano de Félix Lafuente Soriano (1879-1943), que vivía en la Caracolera, hoy calle de San Miguel. Anteriormente esta casa fue posada. En los bajos funcionaba un molino de aceite. Félix casó en 1913 con Joaquina Sarto Bono (1882-1969) de la que no tuvo hijos. Su hermana Teotiste Sarto Bono (nacida en 1891) casó en el Pilar de Zaragoza con José Gimeno Gracia, que compuso la música de los Gozos de San Roque. Era violinista y murió en Saviñán el 1 de septiembre de 1923, a los treinta años. Esta casa de «las Felisinas» pasó a Teresa Gimeno Sarto. Por el escudo de piedra negra que se conserva en el patio de esta casa, perteneció a la familia Fernández Treviño. Francisco Tobajas Gallego: «Los Fernández Treviño de Saviñán», Enebro, Saviñán, nº 77, Marzo 2013. La tienda de Joaquín Aznar Lahuerta (1879-1954) abría sus puertas en la acera derecha de la calle Mayor, dirección a Paracuellos, antes de doblar la calle. Joaquín Aznar casó en 1903 con Carmen Tobajas Moreno (18791949) 6. La casa que fuera de la viuda de José Navarro Moreno (1854-1917) era la contigua al palacio de Argillo, hacia el sur. José Navarro casó en 1882 con Asunción Calvo Millán. En el padrón parroquial de 1859, Manuel Navarro y Josefa Moreno aparecen viviendo en la calle Laureles con sus hijos Mariano, Luisa, Leopoldo, Estefanía, José y Manuel. 7. El molino de aceite de Juan Lafuente Gumiel (1777-1852) se situaba en los actuales almacenes y cámaras de Francisco Tobajas Gallego. Tenía entrada por la actual calle de San Miguel, hoy garaje de Francisco Claras. En 1847 Juan Lafuente pagaba al Ayuntamiento un treudo por el molino de aceite. En 1842 Pedro Antonio Gracián Carrascón entró en pleito con Juan Lafuente Gumiel, por el uso del agua de la acequia de Jumanda o Molinar. Francisco Tobajas Gallego: «Postales de Saviñán», Enebro, nº 68, Diciembre 2010. 8. La familia Gracián tenía un molino de harina y otro de aceite. El de aceite ocupaba antaño los bajos de su casa solariega. En el Archivo Gracián se guarda un plano para la construcción de un molino de aceite, en una heredad de Pedro Gracián García (1771-1840), padre de Pedro Antonio Gracián Carrascón (1818-1887), contigua a la acequia de Jumanda y a la calle del Molino. En este plano ya aparece el molino harinero, que fue primeramente del Concejo, con sus canales de agua, junto al proyectado molino de aceite. El molino de harina estuvo en un tiempo a cargo de la familia Pinilla, que emparentó con la familia Arenas, oriunda de Villalengua y Velilla de Jiloca, conocida en el pueblo como los molineros. Miguel Monterde, en su Ensayo de 1778, p. 101, ya cita «la presa en el Jalón que da agua a un molino harinero y riega la vega que llaman de Jumanda». 9. El horno de la plaza era del Concejo. Se situaba en los bajos de la casa de la familia Sanjuán, junto a la nueva confitería. En 1821 pagaba el arriendo del horno Roque Vincueria, en 1825 Joaquina Calvo, en 1846 Roque Campillo y en 1847 José Verón. Este horno sufrió un incendio. 10. Nada dice José Gracián del hospital situado en el antiguo paseador de San Roque, hoy avenida de San Roque, cerca de la calle de las Cruces, llamada así por ir rezando por ella las estaciones hasta el Calvario la mañana del Viernes Santo. El 4 de octubre de 1901, Ana Garcés de Marcilla y Muñoz de Pamplona donó a la sociedad de San Vicente de Paúl de Saviñán un edificio de nueva planta de 231 metros cuadrados, en la partida del Calvario, para destinarlo a hospital, «donde hallen remedio y ausilio en sus dolencias, los pobres de esta localidad y refugio y amparo los ambulantes». José Lafuente Figueras era el presidente de esta sociedad de San Vicente de Paúl, que iba a administrar el edificio. Tomás Asensio Lázaro, Enebro, Saviñán, nº 47, Septiembre 2005. 11. El molino de Joaquín Pujadas y Pujadas, que perteneció anteriormente a la familia Martínez de Saviñán, como todos los edificios del recreo, que serían habilitados para escuelas, casas de los maestros y Telégrafos, lo adquirió

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más tarde Juan Ignacio Gracián Marco (1898-1974). 12. La tejería se situaba en el horno de la familia Arenas-Lafuente, junto a la acequia de Jumanda. Había otra más moderna en la subida a la Aldehuela, junto a la acequia, a cargo de la familia Arévalo. De allí salieron los últimos ladrillos que sirvieron para arreglar el puente de piedra, tras las avenidas de 1956. En 1517, Juan Muñoz de Pamplona, escudero y habitante de Saviñán, entregaba una pieza de tierra en Galbón a los mudéjares de Saviñán, Ali de Ali y Juce de Alfaqui, pagando un censo perpetuo de 32 sueldos jaqueses. Archivo Histórico Provincial de Zaragoza, Archivo de Argillo, Caja 2103, Leg. 3, 15. También aparece como tejero Urbano Olvés Joven, que casó en 1869, en la parroquia de San Miguel, con Paula Lafuente Nonay. En el padrón parroquial de 1859 sus padres, Judas Olvés y Andresa Joven, aparecen viviendo en la calle del Molino. 13. Se refiere al huerto del que fuera notario de Saviñán, Federico Crespo Lozano, situado a la salida del pueblo, en el camino de Paracuellos. En los Padrones parroquiales de 1929 y 1932 aparece viviendo en esta huerta, que tenía una casa redonda, Genaro Crespo Puerta, hijo del notario Federico Crespo, con los caseros Francisco Lacruz Lafuente y María Gasca Lacruz, y sus hijos Petra, Águeda y Francisco. Más tarde fue propiedad de la familia Vincueria y actualmente pertenece a la familia Lafuente-Vincueria. 14. El jumandil es un aire que sopla desde la Cocha, parecido al darocano, aunque éste siempre es más frío. Vicente Martínez en su Carta instructiva sobre el cultivo de los olivos, Zaragoza, 1785, p. 2, escribe «que si puestas las referidas neblinas en la Sierra [de Vicor], dirigen su movimiento ácia el Norte ó Moncayo, producen un viento que toma su mayor fuerza, encima de las Sierras de Aluenda llamado Jumandil frio, y fuerte por extremo, que molesta parte del termino, del Frasno, de Aluenda, Paracuellos, Saviñán, Morés, Purroy, Chodes, y Morata, donde fenece». 15. El médico oriundo de Cantavieja (Teruel) José Bono Ibáñez casó con Juana Pérez Cazcarro, de Paracuellos de la Ribera. Su hijo José Venancio (1812-1866), secretario del Ayuntamiento de Saviñán, casó en 1835 con Joaquina Lafuente Figueras. La familia Bono-Lafuente vivía en una casa de la calle Mayor, según el Padrón parroquial de 1859. José Bono Lafuente, médico, casó en Ateca con Dolores Soriano. Su hermana Dolores Bono Lafuente casó en 1871 con Felipe Sarto Gran. Mónica Bono Lafuente casó en 1862 con Julio Anacleto (vulgo Juan) Sarto Gran, que era confitero y cerero. Una vez viudo, Juan Sarto casó con Pascuala Teotiste Bono Lafuente, hermana de Mónica. 16. La casa que fuera de Juan Lafuente Palacios, es la casa situada en la calle Mayor, esquina con la actual de la Constitución, que baja a la Plaza de España. Casa de estilo aragonés, en cuyos bajos abrió sus puertas la tienda de Sarto, fundada en 1873 por José Sarto Gran, quien había casado en 1863 con Carmen Carnicer Rochel. Es conocida también como la casa del médico, pues en ella vivió Mariano Marzo Blasco, médico de Saviñán, que casó con Teresa Lafuente Gracián. Juan Cruz Lafuente Palacios (1864-1924), casó en 1890 en el oratorio del conde de Argillo, con Lorenza Cecilia Polo Pérez (h.1869-1950). Esta familia de los Lafuente arranca en Gaudioso Lafuente, que casó con Catalina Percebal, siendo vecinos de la Señoría. Todo hace pensar que la familia Lafuente comprara esta casa a alguna familia noble que desconocemos. En 1522 el infanzón Juan Forcén Muñoz otorgaba tener una comanda de 180 sueldos del platero Alonso Lagasca, padre. José Miguel Acerete Tejero: Estudio documental de las artes en la Comunidad de Calatayud en el siglo XVI, Calatayud, 2001, p. 535. 17. Isabel Pujadas, viuda de Juan Muñoz de Pamplona, murió en Saviñán en 1584. Los ejecutores de su testamento fueron Rodrigo Zapata y María Zapata. Isabel Pujadas dejó un considerable patrimonio a su sobrino, el infanzón Matías Pujadas Luzán, que estaba casado con María Zapata. 18. La casa de Elías Cormán Sancho, carpintero, se situaba en la calle Nueva o del conde de Argillo, esquina con la actual de San Miguel, frente a la casa de los Gracián. En ella abría la tienda de Pedro de la Concepción, albañil. Formaba parte del caserón de la familia Funes, que había heredado a su vez de la familia Sayas de Saviñán. 19. El 2 de junio de 1573 se desposaban en San Pedro de Saviñán, Miguel de Heredia y Rueda con Francisca Muñoz de Pamplona. Las capitulaciones matrimoniales databan del 4 de febrero de 1573. Miguel de Heredía llevaba al matrimonio unas casas con corral, con una plaza y huerto delante de ellas, todo contiguo. Confrontaban con casas de Beatriz de Heredia, de mosén Pedro Palacio, herederos de Joan Pamplona y calle pública. El huerto y la plaza confrontaban con calle pública y acequia de Jumanda. Archivo Histórico Provincial de Zaragoza, Archivo Argillo, Cajas 2167-2168, Leg. 66-43. El nuevo Ayuntamiento, inaugurado en 1995, ocupa parte de estas casas que debieron ser de los Heredia y luego de los condes de Argillo. Al balcón de esta casa que daba a la plaza, salieron a saludar al pueblo los recién casados José Martínez Ortega y María de la O Bordíu y Bascarán, que contrajeron matrimonio en el oratorio del palacio el 2 de febrero de 1918. Lucio Sánchez Marco (1855-1929) había casado en 1880 con Inocencia Monreal López. 20. El 24 de abril de 1882 aparecía en el Boletín de la Provincia de Zaragoza un anuncio para la contratación en pública subasta de la Casa Consistorial de Saviñán, cárcel y macelo, bajo un tipo en baja de 14.455 pesetas, con 80 céntimos. 21. Carlos Muñoz Serrano pedía a los jurados, en su visita pastoral de 1579, que no tuvieran ayuntamientos dentro de la iglesia. También pedía a los jurados que hicieran una llave de la iglesia al vicario, para que pudiera administrar de noche los sacramentos en caso de necesidad. En su visita de 1601, Fr. Diego de Yepes pedía que no

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se hicieran ayuntamientos, representaciones, ni sacaran oficios ni otras cosas profanas en las iglesias y ermitas, bajo una pena de veinticinco ducados y excomunión mayor. 22. En la visita pastoral del obispo de Tarazona, Jerónimo Castellón y Salas, en mayo de 1826, se prohibió el tránsito de los escolares por la iglesia. Y pedía que dentro de cuatro meses se abriera otro camino para llegar a la escuela. Por ello llamaba la atención del Capítulo y del Ayuntamiento sobre este particular, «pues acostumbrandose los niños á pisar, correr y divertirse de mil modos en las iglesias, que en aquella edad deben infundirles ya un temor majestuoso, después nada queda que llame sus corazones á la compostura y piedad con que deben asistir a las funciones augustas de nuestra Sagrada Religión». 23. Los arcos de San Roque y de San Pedro se encontraban a ambos lados de la calle Mayor, cerrando el pueblo al norte y al sur. José Gracián afirma que entonces aún podía verse el pilar que sostenía el arco de las puertas, en frente de la casa de Miguel Lafuente. Al ensancharse el pueblo se debió levantar el nuevo arco de San Roque, que derribó un camión en los años setenta. El arco de San Pedro se cita en el Libro sexto (1770-1820) de la parroquia de San Pedro, en un comentario que relata la visita en 1786 de la reliquia de la Santa Cabeza de San Gregorio de Ostia, y en otros documentos del Archivo Gracián. En la campaña de la recolección de la oliva de 1832-1833, en los olivares del conde de Argillo, los peones cobraban tres sueldos y dos cuartillos de vino al día y las cogedoras diez cuartos. Archivo Histórico Provincial de Zaragoza, Archivo de Argillo, Caja 2241, Leg. 125-1. 24. En la copia de la Concordia y repartimiento de los ejarves de la cequia de Juan Forcen, de 1508, se decía que «acaere muchas veces que en la fila que Pedro Gascon toma el agua para regar su era y en la de la Callejuela y en la de los Quiniones, algunas mujeres destapan aquellas para hacer roscadas o para otras cosas que parezca y se va a perder el agua a la cequia de Jumanda», imponiéndoles una pena de 5 sueldos. Archivo Histórico Provincial de Zaragoza, Pleitos civiles, 2553-1. El corresponsal de Saviñán firmaba una crónica en La Derecha, el 9 de julio de 1885, año del cólera, en la que se quejaba porque las acequias que cruzaban el pueblo dejaban bastantes charcos por las calles, siendo contraproducente para la sanidad. El 15 de julio, el corresponsal Cebollero escribía que en Saviñán la enfermedad había recobrado proporciones, que aunque no eran extraordinarias, sí bastaban para mantener al vecindario abatido. Debía tratarse del entonces médico de Saviñán, Ángel Cebollero Ladaga, que estaba casado con Pilar Garcés Sastre. El 7 de mayo de 1887 eran padres en Saviñán de dos niños que fueron bautizados en la casa familiar por necesidad. El coadjutor de la parroquia, mosén Vicente Bono, añadía que no se les había impuesto nombre por no permitir su enfermedad llevarlos a la pila bautismal. Los abuelos paternos se llamaban Clemente Cebollero, de Baltarás, Huesca, y Carmen Ladaga, de Zaragoza. Y los maternos eran Fabián Garcés, de Zaragoza, y Tomasa Sastre, de Huesca. Los dos niños murieron a los pocos días. Uno de ellos el día 11 de mayo y su hermano al día siguiente. 25. Esta finca que cita José Gracián de los Tejada, de los que no sabemos nada, se conoce también como la huerta de Juan «el moro». Se trata de Juan Lacruz Morlanes (1834-1916), quien casó en Saviñán el 7 de marzo de 1863, con Dominga Sánchez Morlanes (1841-1902), siendo padres de Joaquina (1868-1917), quien casó en 1886 con el viudo Manuel Sanjuán Lafuente (1849-1932), Manuel (1874-1965), que murió soltero en la casa de Carcenique, y de Tadea Juana (1879-1957), quien casó en 1909 con Feliciano López Bernal (h.1886-1972), natural de Almonacid de la Sierra. En 1884 y según el Padrón parroquial, la familia Lacruz-Sánchez vivía en la calle de San Roque. Juan Lacruz Morlanes, participó en la Guerra de África o Primera Guerra de Marruecos, entre1859 y 1860, de ahí le venía su apodo de «el moro». La familia López-Lacruz tuvo en arrendamiento esta finca de los Bancales. Más tarde se hicieron con su propiedad, siendo heredada por los hermanos Manuel, Aquilino y Consuelo Sanjuán Lacruz, sobrinos de Feliciano y de Tadea. En la imprenta zaragozana de José María Magallón, se publicó en 1860 Sermón de acción de gracias, que con motivo de las fiestas hechas por la toma de Tetuán, predicó el Presbítero D. Salvador Fernández de Peralta en la parroquia de Sabiñán, por encargo del pueblo, y de su M. Ilustre Ayuntamiento, el día 12 de Febrero del año 1860, Biblioteca Nacional, Madrid, VC/560/3. Salvador de Peralta falleció en Saviñán el 25 de octubre de 1869. Tenía 59 años de edad. Era natural de Daroca e hijo de Salvador y de Mariana Gil de Bernabé. En 1871 fallecía en Saviñán Joaquina Ricarte Lázaro, de Daroca. Estaba casada con Pascual Peralta. Pascual Peralta y Joaquina Ricarte, vecinos de Saviñán, fueron padrinos de los niños confirmados por el obispo de Tarazona, Cosme Marrodán, el 10 de octubre de 1865. Entre ellos fue confirmado José Gracián Gasca y su hermana Francisca. Según los padrones parroquiales de 1859 y 1860, mosén Salvador Peralta y el matrimonio formado por Pascual Peralta y Joaquina Ricarte, vivían en el nº 4, segundo, de la calle Laureles. Quizá mosén Salvador Peralta fuera capellán de los Muñoz de Pamplona. En el mismo número vivían Antonio Vincueria y Francisca Nonay, con sus hijos Pedro, Paulina, Sebastián y Gabriel. Juan Manuel Ricarte Lázaro casó en Paracuellos de la Ribera con Manuela García Gracián (Saviñán, 1813), hija de Vicente García y Amesti y Rosalía Gracián y García. La misa nupcial la celebraron en San Pedro de Saviñán el 25 de septiembre de 1863. Juan Manuel Ricarte falleció en Saviñán en 1882, a los 76 años. 26. Se trata de un protocolo notarial que guarda el Archivo de la familia Gracián de Saviñán. La fuente de la Señoría la inauguró en 1929 el Gobernador Civil Juan Cantón Salazar, siendo reducida a escombros el 30 y 31 de

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enero de 1986, colocándose en su lugar otra de vida efímera.

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NOTAS PARA LA HISTORIA DE SABIÑÁN. Cuarta Parte. Capítulo I