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CAPITULO III Ermita de Santa María La principal y tal vez la más antigua es la de Santa María, llamada de la Virgen del Río. Hay documentos que se refieren a ella datados de 1419. Santa María debía tener vicario y Capítulo, campanario y cementerio. Debía estar sostenida por una cofradía que llamaban la Cofradía Mayor, que poseía rentas de tierras propias y otros ingresos. Formaban parte de esta cofradía vecinos de los lugares de Sabiñán, Paracuellos, Embid y Santos, y por ello le llamaron la Virgen del Río, aunque en la parroquia no suena más que como de Santa María. El acudir a la Virgen del Río en casos de sequía y estar interesados en la Cofradía los cuatro lugares, inclina a creer que fuera anterior a la construcción del azud de Embid y una vez construido fuera disminuyendo la devoción, por ser menos notadas las sequías1. Desde el siglo XVI se va notando el descuido en que tenían la ermita y la mala aplicación que hacían de las rentas. Así el obispo Pedro de Luna en 1574 dice que la renta se gaste en casar huérfanas de los mismos cofrades o en otras obras pías que mejor pareciera, pero no se gastara en comidas ni en otras profanidades. En 1579 Carlos Muñoz Serrano decía que la Cofradía de Nuestra Señora de los lugares de Sabiñán, Paracuellos, Embid y Santos, tenía una renta de 30 cahíces de trigo, con la que se celebraba una capellanía o misal en Santa María, para lo cual tenían un cáliz con el pie de metal y no tenían misal. Por ello pedía que antes de seis meses la Cofradía comprara un misal y mandara hacer un cáliz de plata2. El obispo Cerbuna en marzo de 1588 dice que la renta no la gasten en comer los cofrades y que hagan un retablo nuevo, decente, que no tienen sino una cortina pintada y adornen el altar y reparen las paredes, so pena de no darles licencia para tomar de las rentas para su comida. El obispo Yepes les retira la licencia para gastar la renta en la comida, mientras no hagan el retablo y paguen lo que deben. El obispo Terrer en 1618 dice que la comida de la Cofradía Mayor, a la que concurren los cuatro lugares, es exorbitante y contra el Concilio. Mandaba además que solamente comieran el día de las cuentas las personas que tenían que darlas y con moderación. Y si quisieran comer como hasta entonces, que lo hicieran a su costa y no tocaran las cuotas de entrada, que eran destinadas para sufragios. Asimismo ordenaba que los beneficiados de los lugares no fueran a comer, salvo el que tuviese el cargo de prior, que pasaba alternativamente a los cuatro pueblos. Guardaban fiesta el día de la Virgen de Septiembre y el día del Sitio (de ánimas) era el 24 de septiembre. El prior celebraba con terno y se daban cinco reales al celebrante, un real al que leía la epístola, y otro real al que leía el evangelio, debiendo alternar los sacerdotes de los cuatro lugares3. Supongo que ya estaría hecho el retablo en 1618, cuando el obispo ya no insiste como el anterior en que se haga, pudiendo ser el que tenemos ahora en San Roque4. No debió atenderse como se debía el edificio, pues la caída de la torre ocasionó la muerte de un pastor5 y ya no se volvió a levantar otra. A principios del siglo XIX hubo una gran inundación, con la que padeció mucho la ermita, y llegaron a hundirse muchas casas de la Señoría. Entonces se debió subir la Virgen a la parroquia, volviéndose a su ermita en 1820, haciéndose fiesta, en la que estuvieron a tañer los barberos de Sestrica y hubo cohetes. Pasado el año 1860 debió cerrarse al culto y el retablo se subió a San Pedro, colocándose en el presbiterio, al lado del evangelio, pero a finales del siglo pasado se subió a San Roque. Queriendo el municipio hacer macelo, se empeñó destinar esta ermita para tal fin, contra el parecer del obispo que creía más propio y razonable emplearla para escuelas o para hospital, destinos más en armonía con el carácter religioso del local. Pero parece predestinado en todas

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épocas para ser ocasión de comidas6. En 1419 otorgó testamento ante el notario Torralba, residente en Paracuellos, y los testigos Domingo Aurita y Pedro de Burgos, vecinos de Saviñán, doña Antonia, viuda de Pedro Valero7. En él dejaba un aniversario perpetuo en Santa María, «pagado con buen pan, buen vino y buena carne de cordero, es a saber, de una pierna et una espalda de carnero, según uso y costumbre, a satisfacción del Vicario y Clérigos del Capítulo de Santa María de Saviñán». Y para asegurarlo obligaba un figueral en el Alape, confrontante con pieza de Rodrigo, vasallo, y con otra de Antonio Zapata, y otra finca en las Eras, lindante con un pedazo de D. Beltrán Muñoz de Pamplona y otro de Alfonso Fortuño. Pongo todos los detalles por ser la referencia más antigua que existe, pues en otro documento de 1400 no pueden sacarse los nombres, sólo se deduce la institución de un treudo por la iglesia, sobre una finca en las Abadías, que no sé dónde estaría, sólo que confrontaba con acequia de Enmedio. Sospecho que fuera por la Jorquera. Del testamento de doña Antonia se deduce que pagaban los aniversarios en alimentos. Hemos visto como los cofrades gastaban buena parte de las rentas en comer, por eso no me extraña que acabara destinándose a matadero. Notas: 1. Santos fue un lugar cercano a Embid de la Ribera. Aldea de la Comunidad de Aldeas de Calatayud. Sesma del Río de la Cañada. Merinado de Calatayud (1295). Sobrecullida de Calatayud (1495). Vereda de Calatayud (1646). El 22 de junio de 1328, Alfonso IV de Aragón dio Santos «ad vitam» a Gonzalo García. Fue de realengo mientras perteneció a la Comunidad. Arcedianado de Calatayud en 1280. Tenía 19 fuegos en 1495, en 1543 y en 1609, y 28 fuegos en 1646. Antonio Ubieto Arteta: Los pueblos y los despoblados, III, Zaragoza, 1986, pp. 1165-1166. Madoz señalaba que Embid de Santos se encontraba al sur de Embid, en la orilla del Jalón, donde aún se distinguían ruinas de edificios, ignorándose la época y motivo de su despoblación. Pascual Madoz: Diccionario Geográfico, Estadístico e Histórico, 1845-1850, edición facsímil, Diputación General de Aragón, 1985, pp. 208-209. Miguel Monterde, en su Ensayo de 1788, asegura que se incorporó a Embid de la Ribera en 1682. En 1678, siendo Baile y Justicia de Calatayud Juan José de Funes y Funes (1622-1689), el rey le concedió una comisión para la agregación del lugar e Santos al lugar de Embid de la Ribera. Félix de Latassa y Ortín: Biblioteca nueva de escritores aragoneses que florecieron desde el año 1641 hasta 1680, Pamplona, 1798-1802, pp. 483-484. En 1685 la Comunidad de Calatayud vendió a Embid «para vosotros y buestros hijos y para quien bosotros y ellos de aquí en adelante querais… la dicha pardina y que antes era el Lugar de Santos». Según este mismo documento, Juan José de Funes se preocupó en 1680 de agregar la pardina de Santos a la Comunidad de Calatayud «respecto de estar despoblado, sus edificios destruidos, el territorio inculto y sin aber quien ejerciese en sus territorios jurisdicción». Vicente M. Chueca Yus: Donde el Jalón se curva, A.C. La Noguerilla, 2006, pp. 42-44. Por esta razón pasaría a llamarse Embid de Santos y luego Embid de la Ribera. El 4 de abril de 1514 Marco Marín, vecino de Maluenda, daba una sentencia arbitral en Terrer. Los Concejos de Embid, Paracuellos y Saviñán le habían dado atribución para «discernir, declarar y determinar» las diferencias entre las partes, que debían cumplir bajo pena de 300 florines, divididos en tres partes, una para el rey, otra para la parte obediente y la tercera para el Hospital de Gracia de Zaragoza. En el llamado Azud de las Hermandades sobre el Jalón, término de Embid, nacían dos acequias, la de Juan Forcén o Forcena, a la derecha, y a la izquierda la acequia Mayor, que luego se dividía en Somera, de En Medio y Fondonera o Baja. El día de San Miguel de Septiembre, cuando los Concejos de los tres lugares nombraban a sus jurados, regidores y oficiales, debían nombrar a un jurado para las acequias. Estos tres jurados tendrían poder para dirimir las diferencias. El 1 de febrero se cortaría la acequia Mayor, para limpiar las acequias Somera, de En Medio y Fondonera en quince días. Durante los tres días siguientes serían inspeccionadas para echar el agua de nuevo. La acequia de Juan Forcén se cortaría el día 1 de marzo, siguiendo el mismo protocolo que en las otras acequias. Los jurados o procuradores de las acequias tenían facultad para ahondar, ensanchar y reparar las acequias a expensas de los herederos. Marco Marín afirmaba que el azud o repartidero de las aguas, «cabe el molino de Embid», estaba mal reparado, por lo que no entraba bien el agua. El árbitro sentenciaba que antes de un año se reparara a expensas de los terratenientes. Los herederos de Saviñán tenían de ejarbe, en las acequias Somera y Fondonera, dos días a la semana, miércoles y viernes. Para remediar algunos daños, el árbitro señalaba que a partir de entonces el ejarbe fuera desde el martes puesto el sol, hasta el jueves puesto el sol. En la acequia de Juan Forcén no se podían hacer albercas bajo las penas acostumbradas. Para reparar las roturas y limpiar la tierra o las piedras caídas a las acequias, se debían buscar a dos peones, como ya señalaba la Carta de

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Hermandad, hecha en Paracuellos de la Ribera el 26 de mayo de 1421, debida al notario de Paracuellos, Juan de Borja. El árbitro pedía que esta Carta fuera guardada y observada, excepto los puntos que por su sentencia se derogaban. Esta nueva sentencia arbitral fue aprobada por los tres lugares. Archivo Histórico Provincial de Zaragoza, Archivo Argillo, Caja 2166, Leg. 64-14. El 27 de enero de 1553, mastre Domingo de Ariença, cantero y vecino de Calatayud, cobraba de Pedro Terrer, labrador de Saviñán, 3.000 sueldos por razón del Azud de las Hermandades, situado en Embid de la Ribera. José Miguel Acerete Tejero: Estudio documental de las artes en la Comunidad de Calatayud en el siglo XVI, Calatayud, 2001, p. 62. 2. Mosén Antón Villalba, como prior de Santa María, avisó el 10 de mayo de 1579 a mosén Magallón, al procurador lego Roque Lafuente y al del poder Juan Abas. De Paracuellos avisó a mosén Fernando y a Pascual Villalba, que era del poder. De Embid avisó a mosén Juan Ximénez y a Gregorio Carnicero, y a mosén Juan de la Plana de Santos. Francisco Tobajas Gallego: La Morería y Señoría de Saviñán, 2005, p.63. En el Proceso a instancia de mosén Lorenzo Espinosa, contra el familiar del Santo Oficio Domingo Terrer, Archivo Histórico Provincial de Zaragoza, Procesos inquisitoriales, 1575, J/00041/01, microfilm 95/5, aparece mosén Antonio Rubio, beneficiado del lugar de Embid, que había celebrado misa en Santa María un día de junio de 1575, «que tienen por obligación los clérigos de Embid de Santos y Paracuellos y Saviñán por dicha Cofradía a venir por turno a decir misa cada semana a dicha iglesia». Al fallecer en 1603 Isabel Vernal, dejaba al Capítulo Eclesiástico de San Pedro algunos bienes para misas perpetuas. Entre ellos se citaba un huerto en Utiel, que pagaba dos sueldos y seis dineros de censo perpetuo a la Cofradía de Santa María, o Cofradía Mayor. Confrontaba con Roque Pamplona, Diego de Luna, Agustín de Villalba, calle pública y acequia de Jumanda. 3. En la Consueta de 1600 de la parroquia de San Pedro se dice que el día de la Natividad de Nuestra Señora se hacía procesión a Santa María con la cruz y la bandera de su insignia. A su regreso se vestían el diácono y subdiácono para decir la misa conventual. 4. El retablo de la Virgen del Río es de estilo neoclásico. 5. El 16 de febrero de 1681 murió el mancebo de 28 años José Gil, mayoral del ganado de Diego Muñoz de Pamplona. El día anterior, a eso de las cuatro de la tarde, le había caído «un pareton de la torre de Santa Maria y lo cogio debaxo». Confesó y recibió la Extremaunción, dejando por su alma la soldada o soldadas que le debían, que sumaban algo más de nueve libras. El 31 de enero de 1781 ocurrió una desgracia en el Portijuelo. Mientras sacaban yeso para la fábrica de Nuestra Señora del Río o de Santa María, se desprendió un pedazo de monte que atrapó a cuatro trabajadores. Eran Miguel Berdejo, Francisco Asensio, Pedro Asensio y Babil Calcena. Francisco Tobajas Gallego, op. cit., 2005, p. 64. 6. El 28 de diciembre de 1890, el albañil Miguel Cormán recibía del Concejo de Saviñán 44 reales por dos días de trabajo, por tres peonías de 5 reales y por cinco capazos de yeso que se habían empleado en la obra del macelo. En el ejercicio 1890-1891 el Ayuntamiento gastó 44 pesetas por la madera empleada en la puentecilla de la tejería y en el macelo. En 1907 José Gracián Gasca, dueño de un huerto en la Señoría, inició un pleito con el Ayuntamiento por la plantación de unas acacias a cada lado del camino que iba desde el puente de piedra hasta la plaza de la Señoría. Por el huerto de José Gracián cruzaba un desagüe del macelo hacia el río. Francisco Tobajas Gallego, op. cit., 2005, p. 67. 7. Este pergamino se encuentra en el Archivo Parroquial de Saviñán.

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NOTAS PARA LA HISTORIA DE SABIÑÁN. Segunda Parte. Capítulo III