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CAPITULO IV Parte que tomó la Comunidad en luchas y guerras En 1256, Jaime I concedió a Calatayud el privilegio que pudiera tener armas y caballos, como población fronteriza con Castilla1. Este privilegio era tan útil o más al rey que a la villa, pues como Concejo de frontera necesitaba estar apercibido casi de continuo para las guerras con Castilla. Sonábase por entonces que por allí se hacían preparativos de guerra y el Justicia Martín Romeu de Vera, lo puso en conocimiento del rey enviando a Soriano de Liñán y Guillén Domir para avisarle. Agradeció el rey el aviso, vino a Calatayud a principios de 1278, a fin de fortificar la frontera. Mandóse a Gonzalo de Funes, alcalde de Ariza, fortificar el castillo y tener de continuo guarnición y víveres. A Pedro Jiménez Samper se encargó el de Somet, al Castellán Gil de Montuenga los de Monreal y Bordalba, a Lorenzo Martínez de Artieda el de Godojos y al Comendador del Hospital el de Villalengua, que era de su encomienda. Esto da idea del estado del país, pues lo que se disponía entonces había que hacerlo a cada paso, en las frecuentes guerras con Castilla2. Calatayud y su comarca hizo alarde de su lealtad al rey Jaime II, contribuyendo a la conquista de Cerdeña con 150.000 sueldos, cantidad enorme en aquellos tiempos, y dos compañías de infantería de a cien hombres, de gente de Calatayud y su tierra, para cuyo mando fueron capitanes Ramón y Ramiro Domir y Juan Muñoz de Pamplona. Consta que fueron a servirle a sus expensas muchos caballeros, entre ellos Rodrigo Zapata, Gonzalo Ibáñez de Moros, Jordan de Urriés, Martín López de Rueda, Juan Zapata de Miedes, Raimundo de Liñán, Guillén Muñoz de Pamplona, Jimeno de Sayas y Jimen Pérez de Samper. El infante don Alonso, nombrado por su padre Jaime II, gobernador de las tropas que iban a la conquista de Cerdeña, agradeció esto mucho, como consta en la escritura que otorgó en Calatayud a 25 de marzo de 13223. Entre los mensajeros por la villa de Calatayud y sus aldeas, enviados al rey Pedro IV el Ceremonioso, para excusarse y decirle que estaban armados para resistir al ejército que tenía el rey de Castilla en sus fronteras, figuraban Fernán Muñoz de Pamplona, Pedro Fernández de Sabiñán, Juan de Loba y Julián Pérez de la Figuera4, aunque el pendón de Calatayud y su Comunidad figuró en la batalla de Epila en 1348, en el bando del rey de Aragón, que constituyó el final de la Unión aragonesa. Notas: 1. Vicente de la Fuente, op. cit, I, p. 251. 2. Ibídem, I, pp. 255-256. 3. Ibídem, I, pp. 267-268. La Comunidad pagó a la monarquía a cambio de sus favores importantes sumas de dinero. José Luis Corral Lafuente, en La Comunidad de Aldeas de Calatayud en la Edad Media, Calatayud, 2012, pp. 94-95, escribe: «Desde su fundación a mediados del siglo XIII, la Comunidad de aldeas de Calatayud se apoyó en la monarquía para alcanzar los objetivos propuestos: su autonomía con respecto a la villa cabeza del fuero, Calatayud, y la soberanía en materia judicial, fiscal y política. En esta triple –monarca, ciudad y Comunidad-, el rey constituía el factor de equilibrio, pues era claro que los intereses del concejo de Calatayud y los de la Comunidad resultaban contrapuestos». Y prosigue: «La monarquía supo equilibrar en cada instante las pretensiones de ambas universidades y manejó con suma habilidad las tensiones que entre ellas se produjeron. Como si de un plan preconcebido y a largo plazo se tratara, supo ir dosificando la concesión de privilegios a ambas partes. A la ciudad la compensaba con títulos y exenciones cada vez que tenía que arrancarle cotas de soberanía con respecto a las aldeas, y a éstas les concedía nuevos privilegios, o a veces tan sólo la confirmación y ratificación de los anteriores, a cambio de importantes sumas de dinero». 4. Jerónimo Zurita, op. cit., libro VIII, cap. XXIV.

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Asociación Cultural “Sabinius Sabinianus”

SABIÑÁN (Zaragoza)

Revisado por Francisco Tobajas Gallego


NOTAS PARA LA HISTORIA DE SABIÑÁN. Primera Parte, Capítulo IV