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Políticas de desarrollo rural y uso sostenible de la tierra en las zonas de ladera de Honduras. Un enfoque cuantitativo de los medios de vida.

mano de obra (Schipper y otros 2005) y porque es probable que los hogares que optan por estos otros medios de vida tengan mayores costos de oportunidad de la mano de obra que los productores de granos básicos. El uso de la labranza cero o mínima es menos común donde hay más precipitación durante la primera estación de crecimiento, pero también es menos frecuente donde existe un mayor déficit pluvial en la temporada de postrera. Donde hay más lluvia en la primera estación, es posible que las malezas consti­tuyan un problema serio, lo cual dificulta a los agricultores no labrar la tierra. La asociación negativa de la labranza cero/mínima con el déficit de lluvia en la segunda temporada resulta extraña. Quizás en las zonas donde el déficit de humedad sea grave, no haya tanta necesidad de preocuparse por las malezas, por lo que los agricultores pueden emplear métodos de control de malezas (que exigen de mano de obra y/o herbicidas) que no impliquen la labranza ni la labranza cero o mínima. En resultados que se examinan más adelante, encontramos que el uso de herbicidas y de mano de obra contratada es menor en las áreas con más déficit de humedad, lo cual concuerda con esta explicación. Se prevé que el uso de la labranza cero/mínima sea menos probable entre los hogares que poseen más maquinaria y equipo, ya que utilizan parte de su equipo para labrar la tierra. No encontramos efectos de ninguna de las variables de capital humano sobre el uso de esta práctica, lo que sugiere que las limitaciones de capital humano no son válidas para este tipo de tecnología. La labranza cero/mínima ocurre menos en lugares que están más alejados de un mercado urbano y en los sitios donde existe mayor densidad vial. Estos resultados son un tanto contradictorios, pero reflejan el hecho que el acceso a mercados y a carreteras puede tener efectos ambiguos, dependiendo de la forma en que incida sobre los precios de los productos básicos, los precios y el acceso a los insumos, y los costos de oportunidad de la mano de obra a nivel de la finca. Al contribuir a aumentar los precios de los productos básicos, reducir el precio de los insumos externos y mejorar el acceso a insumos y créditos, un mejor acceso a mercados y carreteras tenderá a incrementar la adopción de tecnologías que usen insumos externos, como la aplicación de herbicidas como parte de una práctica de labranza cero/ mínima. Por otro lado, estas mejoras también pueden elevar los costos de oportunidad de la mano de obra, lo cual tenderá

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a reducir el uso de métodos que hagan un uso intensivo de la mano de obra. El impacto predominante dependerá de la forma en que las mejoras en el acceso a mercados y a carreteras afecten los precios y la disponibilidad de los distintos factores, y de cuáles factores sean utilizados más intensamente por la tecnología. En este caso, podría ser que el acceso a un mercado urbano tenga un mayor efecto sobre la producción, los precios y la disponibilidad de los insumos externos que sobre los costos de oportunidad de la mano de obra, mientras que el acceso a carreteras dentro de las áreas rurales podría tener un mayor impacto sobre los costos de oportunidad de la mano de obra locales. Los agricultores que participaron en programas de capacitación en conservación son –lo cual no sorprende– más proclives a utilizar esta práctica, al igual que los agricultores que participaron en extensión agrícola general. Como antes se mencionara, los programas de extensión agrícola general parecieran estar brindando capacitación en prácticas de conservación, incluso si éste no es su énfasis específico. Sin embargo, los hogares que participan en estos programas de más largo plazo se inclinan menos a utilizar la labranza cero/mínima. Evidentemente estos programas de formación están promoviendo otras tecnolo­gías o prácticas en gran medida. En vista de la asociación positiva de la capacitación agrícola con ingresos más elevados de los ganaderos, como se indicara anteriormente, podría ser que estos programas estén más orientados a las tecnologías ganaderas que a las tecnologías agrícolas como la labranza de conservación. Las familias afiliadas a un banco o caja rural tienden menos que otros a usar la labranza cero/mínima; lo que puede reflejar el hecho que estos entes financieros suelen asociarse a actividades rurales no agrícolas y promoverlas lo cual, por lo general, incrementa los costos de oportunidad de la mano de obra y, con ello, reduce el interés de las familias en prácticas agrícolas que hagan un uso intensivo de la mano de obra. La labranza cero/mínima es menos probable en la cima de las montañas que en las faldas. En el fondo de los valles, el suelo suele ser más pesado y difícil de labrar, por lo que allí la labranza cero/mínima será rela­tivamente más atractiva. Esta práctica es más común en las parcelas donde se han realizado inversiones previas en setos o barreras vivas o siembra de árboles. De igual forma, esto puede deberse a que estos terrenos son más difíciles de labrar por los sistemas radicales de los árboles y arbustos; también puede obedecer a que estas inversiones ayudan a reducir los problemas con las malezas, al aumentar la cubierta vegetal del suelo y la

Políticas de desarrollo rural y uso sostenible de la tierra en las zonas de ladera de Honduras  
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