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Combatir estos problemas a edificio terminado, no es fácil, ni existen grandes soluciones, e incluso las conocidas ni tienen gran efectividad, ni son baratas, ni se llevan a cabo de forma sencilla e incluso pueden comportar riesgos y todo ello sin garantías de éxito ni de permanencia en el tiempo. Así las cosas, las energías naturales existentes permiten que el agua ascienda a lo largo de los muros en contacto con el suelo hasta alturas considerables. Con el agua penetran también diferentes sales y otras sustancias nocivas que introducimos en nuestros edificios. A veces la solución a problemas que nos parecen más de orden físico que otra cosa, se solucionen a través de otros procedimientos, no tan directos como los que proporciona la física, pero si más efectivos y con menores energías a través de procesos químicos adecuados. Estudiando el porqué de la humedad de capilaridad, la humedad que asciende por las paredes desde el suelo y viendo su comportamiento molecular, nos damos cuenta que si invertimos dicha polaridad el agua de capilaridad no solo se detiene en su subida sino que empieza a baja y por gravedad acaba secando los muros y desplazando la humedad hacia el exterior creando ambientes totalmente sanos y libres de humedad. Para ello se pone en marcha un proceso electrónico. El sistema produce unos delicados

impulsos que cambian las propiedades bipolares del agua. Esto lleva a que la tierra cargada negativamente atraiga al agua. Los muros se van secando y se evita de una foma duradera que la humedad vuelva a extenderse. Este método se puede usar en cualquier edificio y cada vez tiene más aceptación ya que no se dañan sus fundamentos ni su estabilidad. Todo el proceso es sin polvo ni suciedad, ya que no son necesarias obras y la estática y estética del edificio se mantienen en su forma original, secándose además todo tipo de sótanos. El método es económico y efectivo. Los costes de mantenimiento del aparato son muy bajos (menos de 1 €/mes), ya que solo consume 6 watios. El aparato funciona sin mantenimiento y permanece durante décadas. Como inconveniente, hay que señalar que únicamente requiere de algo de tiempo para empezar a ser efectivo. El procedimiento es el siguiente: Con métodos de medición reconocidos se registra la humedad de los muros, la temperatura de las paredes y la ambiental y la humedad atmosférica relativa.

Con estos datos de medición se realiza un protocolo con el que se puede averiguar cual es el mejor punto de instalación del sistema. Tras el montaje del sistema se ajustan los parámetros de rendimiento optimizadamente a las características del edificio, comenzando el proceso de secado. Entre 1 y 3 meses se realiza la primera medición de control, en base a la cual se valora el avance del drenaje. Las mediciones se protocolizan de forma continua. Durante el desarrollo del drenaje pueden ajustarse los parámetros de rendimiento, enfocándolos a las exigencias del cliente. Esto es posible gracias a un centro especial de contraste de datos. El final de la fase de drenaje es previsible entre los 3 y los 12 meses, documentándose el desarrollo del drenaje de los muros mediante mediciones y protocolos realizados en intervalos regulares. A partir de ahí, la instalación se convierte en parte fija del edificio y funciona sin mantenimiento. La humedad no vuelve a infiltrarse. Son muchos los edificios tratados en toda Europa pero como ejemplo diremos que el museo del Ermitage, colindante con el río Neva, en San Petersburgo, declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad, ha sido tratado con éxito con este sistema.

Aproin 67  

Revista de la Asociacion de Promotores Inmobiliarios de Pontevedra

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