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Matarratos

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SaNtiAgo ToBaR


Matarratos SaNtiAgo ToBaR


Primera Edición, julio de 2011. Colección: Me pirra, nº 2. Edita: Rumorvisual. Autor: Santiago Tobar. Coordinación editorial: Santiago Tobar. Corrector: César Rina. Ilustraciones: www.rumorvisual.com Foto solapa: María Carvajal. Diseño y maquetación: www.rumorvisual.com Impresión: Gráficas Romero. Depósito legal: CC-000906-2011 I.S.B.N.: 978-84-613-9186-8 Puedes contactar con el autor y editor en www.rumorvisual.com La obra se encuentra protegida por la Ley española de propiedad intelectual y/o cualesquiera otras normas que resulten de aplicación. Queda prohibido cualquier uso de la obra diferente a lo autorizado en las Leyes de propiedad intelectual.


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Santiago Tobar โ€ข 09

A mi madre, que sufriรณ los dolores de mi llegada.


Santiago Tobar • 11

Prólogo Y va y me pregunta: ¿Escribirías un prólogo para un Matarratos?, y contesto: Por supuesto, así, sin más, sin ver el peligro o, parafraseando a Barracuda Winston, no divisando al enemigo, que escondido, el muy ladino, acecha para enviarte al maldito infierno. Ahora que llevo tres vinos de más y la realidad no es ebria pero casi, reflexiono: ¿Esto no sería algo así como fusilar a alguien? Nunca me vi en tal aprieto, pero formo cerrada fila con los asesinos, preparo el fusil, apunto… y justo antes del momento en que el jefe del pelotón chille la palabra ¡FUEGO!, le descerrajo un tiro en su boca de tierra seca y huyo (¡qué hermoso verbo, huir!) para poder leer este libro y así olvidarme del mundo -o hacerlo más mío todavía-, y rezar para mis adentros: ¡Joder! el paso del tiempo y del amor me hacen odiar los puntos finales, buscar al padre sin encontrarlo, estar en un presente muy imperfecto, que no me esperaba y desear el exterminio de los cocodrilos. Hasta aquí hemos llegado. Así que, como he tenido que renunciar a una fiesta, al menos me he hecho el interesante ante mis amistades: No, voy a escribir un prólogo para un libro, no puedo ir con vosotros al Chiquipark con los niños, otra vez será. El hombre propone y Dios dispone. Gracias por este rato, porque lo que realmente siempre quise ser, fue lector. Alonso Torres, Cantante lírico del Lejano Oeste Peninsular y otras olorosas y espléndidas hierbas.


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Santiago Tobar • 15

Tu futuro - ¿Y tú, quién carajo eres? - Soy tu futuro. - ¿Con esa pinta? - ¿Cómo que con esta pinta? - Hombre, no sé... así tan de negro y con esa pose de cansado... no te ofendas, pero pareces más mi presente. - Bueno, es que soy tu futuro inmediato. - Pues te podrías haber ahorrado el viaje. Mira que se lo dije bien claro a la señorita: Mándeme un futuro a diez años o no se ande molestando. - ¿Y qué hacemos ahora? - Querrás decir: ¿Qué hacemos después? Lo del ahora es una cuestión entre mi presente y yo. - Ya. Bueno, pues entonces yo me marcho.


16 • Santiago Tobar

Thriller Las aspas del ventilador cenital giraban lentamente. Bajo ellas, el sudor se mezclaba con los gemidos y los gemidos con los acordes de It never entered my mind, de Miles, que provenían del aparato de radio. Cuando Marta se desbocó sobre él, Juan la sintió como un potro al que hubiera que montar para domarlo. Durante horas se entregaron el uno al otro sin tapujos, ni falsas promesas y después Juan cogió la aguja del dial y la mató de un golpe certero. Porque era un sicópata.


Santiago Tobar • 17

Piedra sobre piedra Ustedes no lo sabrán, pero hace unos cuantos milenios el planeta ya estaba dividido. El Este se enemistó con el Oeste y contrató al arquitecto Ogan Calot para que levantara un muro que cruzara el Atlántico de norte a sur. Ustedes no lo creerán, pero en tan solo sesenta y seis años, cuando Ogan alcanzó los ciento dieciocho, el inmenso muro estaba acabado. Hubo que esperar todo un milenio para que naciera otra mente que trajera la paz y dejara en lugar del muro una enorme grieta. Entonces Este y Oeste emplearon cada una de las piedras en la construcción de tres pirámides y decidieron que la especie humana nunca más permitiría que una barrera la dividiera.


18 • Santiago Tobar

La rana Marisa La rana Marisa quería ser astronauta y se levantaba muy temprano para entrenar. Estaba convencida de que antes o después se posaría en la luna de un salto. Así que ella saltaba y saltaba, de la mañana a la noche. Marisa contaba muy orgullosa que en una ocasión tocó con sus ancas el azul del cielo. Ahora la meta era hacer blanco en la luna. Alfredo el sapo prefería que no se marchara, aunque no se lo decía. Cada uno tiene que intentar alcanzar sus sueños. Una tarde fue a visitarla, como todas las tardes, pero ya no estaba. Levantó la cabeza hacia su sueño y en el firmamento todo era luna… y un poco de rana.


Santiago Tobar • 19

Lo más triste A veces pienso en las cosas tristes de la vida: La comida de lata, los vertederos, el estómago, el diseño de las cajetillas de Ducados (por no rememorar la oscura época del Sombra), las apuestas de lotería, Bush, dejar en la cuneta a la abuela cuando llegan las vacaciones, el llanto de mi hijo, la doble moral, el sexo de escaparate, la muerte de un payaso, utilizar el verbo para agredir o las avenidas de la muerte de Bukowsky. La mirada que acompaña el último adiós del suicida. Eso es lo más triste.


20 • Santiago Tobar

Una de préstamos - ¿Para qué los quiere? - ¿Y a usted qué le importa? - Pues me importa porque son las normas del banco. - Ya, ¿y si no les gusta el para qué? - Pues no hay dinero. - Pues no lo entiendo. - Pues siempre es así. - Pues muy mal hecho. - Pues ahorre y así no tendrá que pedir dinero. - Pues váyase a tomar por culo usted y su hipoteca fácil.


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ISBN 978-84-613-9186-8

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Matarratos Y va y me pregunta: ¿Escribirías un prólogo para un Matarratos?, y contesto: Por supuesto, así, sin más, sin ver el peligro o, parafraseandoa Barracuda Winston, no divisando al enemigo, que escondido, el muy ladino, acecha para enviarte al maldito infierno. (…)

Sentado plácidamente en el sofá Borja desliza su dedo nariz arriba. Al principio no pasa de ser mera rutina, pero pronto la voluntad se ve presa del vicio. El hurgar pasa de instintivo a alevoso. Se va a hacer daño, piensa la vecina, que está más pendiente de la ávida tarea que de la conversación de la madre. (…)

Breve


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