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DEPORTE UNIVERSITARIO

La oportunidad latente del deporte universitario

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Los aficionados al buen baloncesto tienen una cita especial todos los meses de marzo. En el inicio de la primavera se celebra el ‘March Madness’, una serie de eliminatorias a vida o muerte entre los 68 mejores equipos universitarios de Estados Unidos. La audiencia estimada de este acontecimiento deportivo es de 140 millones de espectadores y el valor de sus derechos televisivos supera los 550 millones de euros al año. No es la NBA, ni la SuperBowl. Tampoco es deporte profesional. Es deporte universitario, uno de los pilares tanto de la formación superior como de la industria del entretenimiento en Estados Unidos. En España, el deporte universitario parece carecer de importancia. No hay estructura, no hay deportistas, no hay negocio. ¿Es momento de sentar las bases de un nuevo sistema?


B DOSSIER


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E

l siglo XX estaba recién estrenado. Corría 1904 y el presidente Theodore Roosevelt tenía un problema inédito en la Casa Blanca: 18 universitarios habían muerto en distintas competiciones de fútbol americano. La rivalidad entre los distintos campus iba en aumento, los estadios rebosaban de aficionados y no había una estructura que amparara los encuentros, ni una reglamentación que velara por la transparencia ni la seguridad de esos estudiantes. Roosevelt reunió a representantes de Harvard, Princeton y Yale y apostó por reforzar el carácter amateur para garantizar unos mínimos éticos. Fue el embrión de la National Collegiate Athletic Association (NCAA), una organización privada sin ánimo de lucro que hoy en día agrupa a más de 1.100 universidades y colegios y que en la primera década del siglo pasado sentó las bases de una floreciente industria denominada deporte universitario, aunque ese no era su objetivo inicial. En sí, Roosevelt promovió el deporte como parte del programa educativo norteamericano y diferenció lo amateur de lo profesional. Con la NCAA quería sentar las bases de un “poder legislativo” para el deporte, matiza Ramón Terol, profesor de Derecho Administrativo de la Universidad de Alicante y experto internacional en Deporte Universitario. Unas bases que a lo largo del tiempo han trabajado y evolucionado valores y conceptos como la igualdad de oportunidades, la accesibilidad o la lucha contra el dopaje.

Hoy en día, la NCAA es sinónimo de alto nivel o alto rendimiento en el deporte. Las universidades se han convertido en la principal cantera para los equipos de las grandes ligas -fútbol americano y baloncesto, fundamentalmente-, que escogen a los más destacados a través de los conocidos ‘drafts’ o rondas de fichajes en las que se selecciona a los deportistas más cualificados. Pero no solo están las grandes ligas, en la NCAA conviven hasta 24 deportes, con disciplinas como el tenis, el atletismo o la natación, y son el vivero de Estados Unidos para Mundiales o Juegos Olímpicos. La NCAA reúne a las universidades en tres divisiones (I, II y III), que a su vez tienen subdivisiones (I-A, I-AA…), en función de criterios que no son estrictamente deportivos

Roosevelt debatiera el futuro del deporte con las principales universidades americanas, el deporte es una parte esencial del modelo educativo norteamericano y la fuente de las que beben los equipos profesionales. Además, es un negocio multimillonario tanto para las universidades como para las asociaciones universitarias que participan en las 89 competiciones que auspicia la NCAA. Casi la totalidad de su volumen de negocio lo generan el baloncesto y el fútbol americano, los dos grandes deportes universitarios. De hecho, tanto a la División I -baloncesto- como la I-A -fútbol americano- se les denomina como ‘Big time’. Ambas generan el 90% de los ingresos por derechos televisivos del deporte universitario.

La NCAA es la gran organización del deporte universitario. Aglutina más de 1.100 entidades -de hecho no hay ascensos ni descensos-. Por ejemplo, para poder competir en la División I, una universidad tiene que tener siete secciones masculinas y siete femeninas, o para participar en la División I-A de fútbol americano hay que disponer de un estadio con un mínimo de asientos y una audiencia media superior a 17.000 personas. Una vez se pertenece a una División, cada deporte tiene sus propias conferencias y competiciones. Autonomía y beneficios Once décadas después de que

Estos ingresos proceden fundamentalmente de cinco vías. Asociaciones y universidades comercializan la venta de derechos de televisión de las distintas competiciones que se organizan en los campus universitarios de Estados Unidos. Los contratos hacen palidecer la cifras mareantes del fútbol profesional europeo. En 2010, la NCAA cerró un acuerdo por 14 años con CBS y TBS para retransmitir los partidos del ‘March Madness’. Los dos grupos desembolsarán 7.700 millones de euros por este paquete. Pero

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no solo la NCAA cierra acuerdos. Las propias conferencias negocian con los medios. Por ejemplo, la conferencia ‘Big 12’ firmó en 2012 con ESPN y FOX un acuerdo por 13 años por los derechos del fútbol y el baloncesto de estas universidades por 1.900 millones de euros. A los derechos televisivos se suman los suculentos patrocinios que obtienen las universidades, así como las ventas generadas por licenciar productos (merchandising) y las entradas a los estadios y pabellones. En el caso de la propia NCAA, a todos estos ingresos procedentes de fuentes privadas se suman la cuotas que las propias universidades pagan para inscribir a sus equipos. 26

Sueldos millonarios que no ven los estudiantes Tampoco se escatima en sueldos. Algunos entrenadores universitarios ganan más dinero que sus compañeros de profesión de la NBA o la NFL. De hecho, según USA Today, 105 entrenadores universitarios (baloncesto y fútbol americano) cobran más de un millón de dólares (720.000 euros) al año. Destacan Mike Krzyzewski (Duke), en baloncesto, con 6,9 millones de euros y Nick Saban (Alabama), en fútbol americano, con 3,9 millones de euros. Sin embargo, los deportistas universitarios no cobran. Es la gran contradicción del negocio multimillonario de la NCAA. No tienen ficha porque se les considera ‘student-athletes’. El

‘Manual’ -código de la NCAA- deja bien claro que son amateurs y, por lo tanto, no pueden percibir remuneración. El hecho de que las normas impidan reclutar jugadores con una ficha o nómina genera todo tipo de estrategias para captar a los jóvenes que destacan en sus respectivas disciplinas. La forma tradicional de atraer a una promesa -el denominado ‘recruiting’- es conseguir una beca y, de esa manera, financiar tanto sus estudios como su estancia en el campus.

estamos seguros de que la NCAA seguirá flexibilizando sus normas para que los estudiantes y sus familias también reciban parte de esos ingresos”. Según los datos que la NCAA ha compartido con METADEPORTE, más de 150.000 ’student-athletes’ reciben cada año becas por un montante total de 1.900 millones de euros de universidades e instituciones que forman parte de la organización. Pero sigue el debate: es un contrasentido que un estudiante deportista tenga que buscar un

Los ingresos por derechos televisivos compiten en cuantía con el deporte profesional En este terreno existe un mercado en el que trabajan empresas españolas. Es el caso de AGM Sports, compañía dirigida por el ex tenista Gonzalo ‘Talito’ Corrales. Desde España, AGM ofrece sus servicios para aquellos estudiantes españoles que quieren prosperar en su deporte y, a la vez, obtener una formación de calidad. Para ello, es necesario seleccionar la universidad adecuada y conseguir la beca. Desde su fundación en 2004, AGM Sports ha gestionado 21,5 millones de euros en becas para los más de 600 estudiantes-deportistas -‘student-athletes’-, con los que ha trabajado hasta el momento. Corrales no es ajeno a la polémica sobre los pingües beneficios que obtienen las universidades con los estudiantes: “El dinero generado en el deporte universitario supera en muchas ocasiones al que produce el deporte profesional, con lo que

trabajo o una actividad alternativa porque su asignación no le llega para seguir en el campus, mientras que el equipo en el que juega genera beneficios para su universidad. La NCAA tira de datos para rebatir esta circunstancia: “Un estudiante universitario medio se gradúa con una deuda de más de 25.000 euros, mientras que las becas compensan estos costes para el estudiante que es deportista”. La organización refiere a un artículo de USA Today para señalar que el valor medio anual de beca de un estudiante que juega a baloncesto es de 86.000 euros. Muchos de estos deportistas acaban siendo profesionales con sueldos multimillonarios. El economista Andrew Zimbalist, autor del libro ‘Unpaid Professionals’, no opina lo mismo. Calcula que la beca media para los deportistas en la mayoría de las universidades está en 14.300 euros. Y no todos


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acaban siendo profesionales. La NCAA apela en estos casos a la formación que se proporciona a los estudiantes y señala que el 82% de los becados consigue el título. Es un conflicto permanente en el deporte universitario, que tiene visos de pasar a una nueva dimensión: los jugadores de la Universidad de Northwestern (Illinois) han conseguido judicialmente el derecho a organizarse en torno a un sindicato, lo que les daría carácter de deportistas y echaría por tierra todo el entramado amateur de la NCAA. El juez dictaminó que son deportistas antes que estudiantes si se tiene en cuenta que juegan y entrenan unas 50 horas a la semana. Otro terreno en el que queda patente que el deporte universitario es más que deporte es en la estructura y la autonomía de gestión. Este maná económico, inédito en España, permite que las propias universidades tengan instalaciones de máximo nivel y departamentos de deporte específicos -los conocidos como ‘Department of Athletics’-, con cientos de empleados. Alguna universidad incluso supera los 40 asalariados solo en su sección de marketing. De hecho, hay toda una filosofía de pertenencia a los equipos del campus y todos tienen su correspondiente carta de identidad con mascota y apodo (hurricanes, wolverines, bruin bears…). Este modelo educativo lo conoce perfectamente Ángel Sanz, director de CLC. El exjugador del Real Madrid de baloncesto jugó en la NCAA de la mano de la Universidad de Houston. “El

sistema hace que el deporte esté al servicio de la educación. Hay plena integración. Sin embargo, en España tienes que elegir entre el deporte o la formación. Es cuestión de concepto. En la universidad americana se entiende el deporte como una herramienta muy útil al servicio de la educación puesto que forma en habilidades, competencias y valores”, indica. El ‘subsistema’ español Mientras en Estados Unidos se concibe el deporte como una parte vital del programa universitario y un pilar de la industria del entretenimiento, en España el deporte en la

REMO, LA PRIMERA COMPETICIÓN UNIVERSITARIA Tradicionalmente se asocia el inicio del deporte universitario en Estados Unidos al fútbol americano. Sin embargo, la primera competición entre universidades se produjo en 1852. Fue una regata entre dos embarcaciones de Yale y una de Harvard en el lago Winnepesauke (New Hampshire). Un detalle revelador: la competición fue patrocinada por una compañía ferroviaria.

universidad es “un subsistema dentro del modelo deportivo español”, según Terol. Hay una diferencia en la base. La NCAA es la gran asociación que mantiene el deporte universitario en Estados Unidos, con escasa o nula intervención de ninguna Administración. No ocurre lo mismo en España, donde el Consejo Superior de Deportes (CSD), a través del Comité Español de Deporte Universitario (CEDU), es la entidad que tiene las competencias del deporte universitario en el terreno nacional. Las comunidades autónomas hacen lo propio en el ámbito regional. Bajo este ‘paraguas’, las universidades españolas desarrollan sus actividades deportivas. La diferencia estructural provoca evidentes asimetrías con el modelo norteamericano, fundamentalmente en el concepto de deporte universitario, la organización y la financiación. Así, según defiende el propio Terol, en España no se ha despejado si el deporte en la universidad es parte de la educación de los alumnos o solo un servicio público extensible a toda la comunidad universitaria. A su vez, “no hay mecanismos reales para compatibilizar los estudios con la actividad deportiva competitiva”. Tampoco se ha articulado un sistema de competiciones propias interuniversitarias con identidad propia y autonomía en la gestión, como ocurre en Estados Unidos. De hecho, es el CEDU -es decir, la Administración- el que organiza los Campeonatos de España Universitarios.

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Con este escenario, el punto de inflexión podría estar la creación de una asociación interuniversitaria con autonomía y capacidad de interlocución. Una NCAA española. De hecho, en las últimas Jornadas Nacionales de Deporte Universitario que albergó la Universidad de Almería en noviembre de 2013 - celebradas a la vez que el pleno del CEDU-, se establecía como necesario trabajar un cronograma pera desarrollar “la entidad que coordine el Deporte Universitario en el ámbito nacional”. También se reclamaba la financiación necesaria a través de los Presupuestos Generales y se pedía que se crearan los mecanismos oportunos para facilitar la inversión privada en el deporte universitario. A fecha de hoy esta entidad no ha arrancado. ¿Por qué? “Las universidades tienen la autonomía necesaria para apostar por un programa deportivo, pero no hay altura de miras. Los rectores no terminan de creerse el deporte”, indica Terol desde la Universidad de Alicante. De hecho, desde la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE), se ha indicado a METADEPORTE que “no se ha tratado aún este tema en el seno de la CRUE” y se remite directamente al CSD. Aitor Canibe, responsable de competiciones en edad escolar y universitaria de la Subdirección General de Promoción Deportiva y Deporte Paralímpico del CSD, indica que desde la Administración se está priorizando “encontrar líneas novedosas de trabajo entre todos los agentes implicados en el

VIDEO El modelo NCAA. Pulsa para ver el vídeo (requiere conexión)

400 Más de 400 deportistas españoles estudian en universidades de Estados Unidos.

450.000 450.000 atletas participan en las 89 competiciones de la NCAA.

105 entrenadores universitarios ganan más de un millón de dólares anual.

7.700 CBS y TBS han pagado 7.700 millones de euros por los derechos del ‘March Madness’ durante 14 años.

ámbito del deporte universitario”. En esta estrategia, Canibe destaca “la búsqueda de una mayor interacción entre el sector público y el privado”, así como “repensar y estudiar las normativas del CEDU; y enriquecer las relaciones entre deporte de alto nivel y universidad”. Desde la empresa privada, Corrales indica que no es una cuestión que afecte exclusivamente al deporte español, lo traslada al ámbito europeo: “Necesitamos que las universidades entiendan que el deporte les puede ayudar a diferenciarse, a atraer a nuevos alumnos nacionales e internacionales”. En este escenario, los campus, según el máximo responsable de AGM, deberían desarrollar una estructura de apoyo al deportista.


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En su opinión, no se puede replicar el modelo americano “por cuestiones culturales, históricas y sobre todo financieras”, pero sí apuesta por crear “una red de universidades que apoyen a los deportistas, y que fomenten que se puedan quedar en nuestros países compatibilizando la práctica deportiva de alto nivel con los estudios universitarios”. Sanz, por su parte, cree que da vértigo la idea de crear una estructura deportiva desde cero: “Quizá no haya que mirar hacia arriba para encontrar una solución. Puede que lo tengamos más cerca, al lado”. El director de CLC cree que el primer paso puede estar en vincular competiciones nacionales ya existentes al ámbito universitario. En su opinión, hay un matiz que no se cuida en las universidades españolas y que es fundamental en Estados Unidos: “Los estudiantes norteamericanos tienen un sentimiento de pertenencia a sus universidades que en España no conocemos. Esto genera un efecto dominó. La pertenencia se traduce en emociones y las emociones son el mejor vínculo con el patrocinio privado. Las marcas están deseando unirse emocionalmente a un colectivo como el que suponen los estudiantes y ex alumnos de una universidad”. De momento, España sigue buscando a su Theodore Roosevelt para el deporte universitario. Mientras tanto, el debate sigue estancado y más de 400 estudiantes españoles con altas competencias en deporte, según datos de AGM, están formándose este curso en universidades norteamericanas. 

DICCIONARIO DEL DEPORTE UNIVERSITARIO EN EEUU Big Time: es la denominación que reciben la División I (baloncesto) y la

División I-A (fútbol americano) de la NCAA. Son las que tienen mayor nivel competitivo y obtienen mayores beneficios económicos.

Bowls: son los títulos o campeonatos de fútbol americano entre los mejores equipos de cada conferencia o división. Desde este año, la principal ‘bowl’

es el College Football Championship Game, con el formato de final a cuatro. Draft: los equipos profesionales no disponen de una cantera con la que nutrirse de nuevos jugadores. Para ello, se realiza un encuentro anual en cada deporte en el que los equipos seleccionan a los jugadores,

fundamentalmente universitarios, que quieren incorporar a sus plantillas.

Los equipos eligen por turnos (rondas) en función de su clasificación. Así, el primero en elegir es el último clasificado en la competición. De esta manera se busca mantener el nivel competitivo y se refuerza con el mejor al más

débil. El draft es la conexión entre el deporte amateur y el profesionalismo en Estados Unidos.

Elegibility: son los requisitos que deben cumplir los estudiantes para poder participar en las competiciones del deporte universitario.

Manual: conjunto de reglamentos o ‘leyes’ de la NCAA. Incluyen desde lo operativo a lo administrativo. Cada división dispone de uno y se renueva cada año.

March Madness: quizá la competición más popular de la NCAA. Es el Campeonato de la División I de baloncesto masculino. Enfrenta por

eliminación directa a 68 equipos universitarios durante la primavera. Los cuatro mejores se enfrentan en una ‘final four’.

NCAA: es la principal organización o entidad dedicada a la organización

del deporte universitario en Estados Unidos. Compuesta por más de 1.200 universidades. No es la única asociación dedicada a este menester en Estados Unidos.

Recruiting: proceso de reclutamiento. Las universidades compiten entre

ellas para dar becas a los mejores deportistas y, de esta forma, atraerlos a sus campus.

Redshirt: norma sobre la ‘vida’ del deportista universitario. Un estudiante

puede participar un máximo de cuatro años en competiciones universitarias. Sin embargo, puede dejar de hacerlo durante una temporada, y volver a participar hasta completar un máximo de cuatro años.

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Deporte Universitario en Estados Unidos y España (Dossier Metadeporte)