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PANIDA

AREL f ARINA

Dibujo de B. llendó n 13.

EPICEDIO

(A T. Pa lncio Uril)(')

- - - - - - - -Si en el b lanco país de los ensueños N o pudiste morar, cual p~etendfas, y su~citú el enoju de tus días La sórdida avidez de los pequeñoSj Si en tus cármenes rojos y ha lagüeños Cebó el insecto sus punzadas frías, y por premio a tu esfuerzo descubrías H oscos semblantes y espantabies ceñosj Yo que enf.tañado mendigué el1 la tierra El pan del alma que buscaste ansioso, Rompo a cantar los triunfos de tu muert:}.

y ante la grey que por mezquina aterra, D iré tu eterna excelsitud, coloso! H aré tus burl as revibrar, oh fuert e' Ab. FARINA

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P~NID~ FELIX MEJIA A. DIRECT OR ·Nú:rn .ero S

Medell ín

IV

Serie I .

XXV

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Colom bia

DE ((SONATA DE ESTIO

JJ

Don Ramón de VALLE- INCLAN

C

omo no es posible renunc iar a la patria, yo, español y caballero, sentía el corazón henchi do de entusiasm o y poblada de visiones gloriosas la mente, y la memor ia llena de recuerd os históricos. La imaginación exaltad a me fingía al aventu rero extrem eño poniendo fuego a sus naves, y él sus hombr es esparci dos por la arena, atisbán dole de través, los mostac hos enhiest os al antiguo URO marcial, y sombríos los rostros varoniles, curtido s y con pátina com0 las figuras de los cuadro s muy viejos. Yo iba a desem barcar en aquella playa sagrad a, siguiendo los impulsos de una vida errante , y al perderme, quizá para siempre, en la vasted ad del viejo imperio Azteca, sentía levanta rse en mi alma de aventu rero, de hidalgo y de cristiano, el rumor august o de la Historia. Apena s anclam os sale en tropel de . la ribera una gentil flotilla, compu esta de esqnife s y tanoas . Desde muy lejos se oye el son ¡Ilonótono del remo. Centen ares de cabeza s asoman sobre la borda de la fragata , y abigarrada muche dumbr e hormig uea, se agita y se desata ' en el entre-p uente. Háblas e a gritos el españo l, el inglés, el chino. Los pasajer os hacen señas a los barque ros indi03 para que se aproximen: Ajustan, disputa n , regatea n, y al cabo, como rosario que se desgra na. van cayend o en el fondo de las canoas que rodean la escaler a y espera n ya con los remos armado s. L"\ flotilla s'e dispersa. Todaví a a larga distanc ia vese una diminu ta figura movers e agitando los brazos , y se oyen sus voces, que destaca y agranda la quietnd solemn e de aquella s regione s abrasa das. Niuna sola cabeza se ha vuelto hacia la fragata para man darle un adiós de despedida. Allá van, sin otro deseo que tocar cuanto antes la orilla. Son los conqui stadore s del oro. La noche se avecina. En esta hora del crepúsculo, el deseo ardient e que la Niña Chole me produc e se aquilat a ©Biblioteca Nacional de Colombia


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y purifica, hasta convertirse en ansia vaga de amor ideal y poético. Todo oscurece lentamente. Gime la brisa, riela la lun a, el cielo azul turquí se torna negro, de un negro solemne donde las estrellas adquieren una limpiriez pro· funda . Es la noche americana de los poetas.

Sobre "Crisálidas" Roberto Jaramillo R. Ave, bruñida y cincelada copa. En que bulle, espumante y generoso. • Un licor ciconial, inaccesible Al vulpino intelecto! Libro vivido por el alma enfermQ Cual de un bardo arielita, en cuyas sienes Roja y febril ia inspiración abate Su vuelo condorino.

y pliegue la sonrisa el sitibundo Místico labio que abrevarse pueda, y el topheth temperar de sus entraiias Con este dulce acíbar. Con fluvial regocijo en la medula Penetra de mis huesos, y con rara Fruición inebriativa se diluye En mi sér como un óleo .... Inacabable Florioor! tu brote Es la expresión ubérrima de un márlir Que rubricó con sangre el lujurioso Triunfo de sus misterios. Polífono clarín! si tu elocuente y ronco clamoreo, si tu cálid<. Verbo cosmopolita no perfora Los tímpanos de piedra; Si el flechaje de luz de tu cerebro Maciso y po liglota, no descuaja Las sombras caligíneas en que duerm n Ablépticos bausanes, Adiós a los imbéciles cretinos! Que oirán, en su charca legamosa, La canción vulgarísima del «Oro», ./ Mas tu éfeta, nunca!.. .. Ave, noble Maestro! Mal podría Tu flor sedeña de inviolados pétalos.

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PANID A De eunucos d eshojar, y bayaderas La sacrílega mano. Ayer con centellante vapuleo . y diluvi al chasquido en sus escápulas, Dos serpi entes de luz, que fueron liras, Hablaron: «Anathema .... " Mañana surcaréis del infinito Etéreo mar la especular llanura, . Que lleva sus calladas dilaciones All end e lo Invisible .... Allá do en el País de la Quimera Está la ciudad santa de las almas, La que en las no ches qne el misterio esp ía Ad oran en espíritu. La Tierra Prometida en cuyo cielo De un azul impecable, desparrama La inmensa flor de la proficua Aurora Su ab anicado broche .... Vagad como cristálicas locuras, Oh vólucres bohemias: la caricia Universal d el ósculo febeo Ya difunde sus lampos. Desplegad como un lienzo policromo Sobre eurítmicos cálices muranos, Y en suave ondulaci ón afelinada, Las alitas ubicuas. Cuyas notas d e luz, en un poe ma H erói co, no cantado todavía, . Rimen el verbo de la fu erza oculta Y la blanca Víctoria ....

RIMA BECQUER Una mujer enven en ó m i alma, otra mu jer env enenó mi cuerpo; ninguna de la¡; dos vino a buscarme y o de ninguna de las dos m e quejo. Como el mundo es redon do, el mun do rueda; si m añana, rodando, éste v en eno envenena a su v ez , ¿por qué acusarme? ¿puedo dar m ás de lo que a mí m e dieron?

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LA INTELIGENCIA Francis Jammes

Un día, los libros que contenían los pensa!nientos de los hombres desaparecieron por encanto. Entonces se reuniero!'! todos los grande sabios: matemáticos, químicos, astrónomos, poetas. Se reunieron en consejo, y dijeron: -Somos los depositarios del genio humano: vamos a recordar, para grabarlas en el mármol inmortal, las más bellas invenciones de los sabios y de los poetas, pero solamente aquellas, que desde que principió el mundo representan el esfuerzo más grande del pensamiento huma- . no. Pascal no tendrá derecho más que a un pensamiento; Newton a una estrella; Darwin a UD in secto; Galileo a un grano de polvo; Tolstoy a una limosn a; Heine a un verso; Shakespeare a un grito; Wagner a un a nota .... y entonces, recogi@ndose par& recordar las obras maravillosas indispensables a la gloria de la humanidad, sintieron, con espanto, el vacio de sus mentes.

Cántiga de amistanzas de la) Fijas Indias a la Madre España. Para J. Restrepo Rivera An sI te a mamos coytada como estás.

España Madre nuestra é Señora: Las tos fijas de Indias se permiten agora Una fabla decirte muy cortés é sonora Por que tú bien la tengas agora como otrora. Madre nuestra, muy Señora querida, España En esta circonstancia en que te bailas ferida -Magüer que vuestros fijos querrán para tí vida-falta en los ~spañol€s la tu sangre florida. ©Biblioteca Nacional de Colombia


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E si

credes ayuna de toda melecina, Encumbrar la tu fuerza al egoal qUe la el)cina, Bienalienta tus fijos el) la gesta divina QUe al pasado enaltece é al presente fulmina. que del tiempo presente fl) la inc1emel)cia Otrosí, No habrá oro el) tus arcas, I)i habrá galal)a ciencia De il)gel)iosdeotros oías que con magl)a sapiel)cia Al Español ficieral) fijodalgo El) eSEl)cia. que a 001) Ruy Díaz é ~eñor oe Vivar C larp Inútil fuera agora qUerer resucitar, Mas debemos, oh! Maore, sus fazañas cal)tar Por ver el nuestro espíritu á su nombre alel)tar, somos fijos de Alonso oe QUIXANO, Q UeE eltodos el)tuerto debemos curar COl) propia mano, E a un lado dexal)oo lo qUe babemos de bumal)o El entuerto oe España curaremos tempral)o. ENVIO Indias, SEñora l)uestra, ofreCe lo que tiene) Algo de sal)gre-fueg'O qUe de esel)cia le viene De español que caliente la su sangre mantiel)e E carácter bravío qUE con bOl)ra sostiene. Il)dias oro no tienE más qUe del)tro el filól), Por eso oro no ofrece más que en mera intel)ciól), Otrosí, oros vale el su gran corazól) Dilatado é potel)te como magl)a cal)ciól). Señora, ofreCe el corazón amante; Il)dias, E a su madre le oice: QUe mi el)seña triunfal)te en primicias oesborde por tu seno quemante Mocbo más en valías qUe del mesmo oiamante. 1915

C. R. PinO

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LA ABUELITA (Fragmen t~

. ... .s.u aspecto era terrible; sus grande' ojos negros infundían pavor y hrillaban en la obscuridad como dos puñales de fuego; su andar cansado, los andrajos que la cubrían, la rudeza de su rostro, sus hombros levantados, le daban un aspecto de perversa .. . Apretaba fuertemente contra Su pecho a una niñita, dijérase un angel, 4ue tenía las manos muy blancas, los ojos muy claros, el ca· bello muy rubio, la boca muy sensual. Bella como una mujer del evangelio, pura como un rayo de luna y tri ste como los ojos de un suicida ... Se derrama por el infinito la luz de una estrella. Dice la niña ; -Oye, abuela,¿quién nos mira desde el cielo? -Nadie, hija mía, nadie; es una estrella. El viento en su peregrinación por el mundo llega al monte y lanza q:::ejas en las ramas de los árboles. -¿Quién llora en el monte, abuela? pregunta la niña. - Nadie, hija mía; es el viento que besa las hojas de los árboles. La obscuridad lo invade todo, monte cielo, almas. Temblando de miedo inquiere la niña: -¿Quién se ha robado el sol que ya no alumbra? --Nadie, hija mía, nadie; el sol se buye todas las tardes ... Con su eterna enfermedad de tristeza la luna aparece en el cielo y su luz se esparce instantáneamente por la serranía.EI camino se ha iluminado. De la tierr:t brota hálito de nostalgia. Con voz conmovida pregunta la niña: Oye, abuela: ¿Por qué la luz de la luna es pura como el . agua y blanc'l como la nieve, y la del sol e roja como la sangre? De la boca de la abuela se desgranaron pausadamente las palabras. Dijo:-Porque la lun a al esplender su luz infunde tristeza, lo que no bace el sol que infunde alegría. Porque todo lo obscuro es de una purc za sin tacha y de una melancolía sin igual...Y después de una corta pausa añadió: La luz de la luna es a í, bija mía, porque ella ha sufrido un gran mal, neurastenia, desde el principio de las horas; porque la luna ha llorado luz en más de una vez sobre las miserias de los hombres ... ; porque la luna ha oído siempre cariñosa las oraciones de los mendigos, que dicen de ansias de pan. de calor, de abrigo, de grandeza, de felicidad ... Porque la luna es la bujía infinita suspendida de tUl pensamiento divino en ©Biblioteca Nacional de Colombia


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la negrura de los cielos .. . jBendigamos la tristeza de la luna, hija mía! y pensativa la niña por 10 que había oído de los estl'Ujados labios de la buena abuelita, y esta soña ndo en la be ll eza, el arte y la melanco lía de la luna, s iguieron recorriendo el cam ino que era como un a .e norme ven~ de sangre ..... .

Juon Monuel Montenegro

GESTA DOLENS Juan CRISTOBAL y así, en las lobregueces de esta adusta noche impasible, a los ensueños cándidos dij e mis versos, lleno de fragancia. y fué mi laude-loh nuevo :Z:arathustraTcomo una iniciacién, como ün blando resonar que no más mi voz escancia.

No más mi voz, amarga como un beso; mi voz que se riega en los espíritus como una luz que alumbra y que no quemar Dije mi canto, unánime y sereno, y altivo se elevó, agrio y altivo, y en un son se fundió que fue un poema. y en esta noche eterna, ni mi cán tico es capaz de saciar la sed amarga que me ' lleva a beber todos los vinos: todos los vinos, sangres de aquel astro, que se coloran en variar sin calma y hacen sordos rugires y argentinos

retintines que el alma reconfortanT Y, oh pálida enlutada, de los ojos profundos y verdosos: El EnigmaT: tú natla más, como piadosas frondas, m e ocultas ese sol fijo y redondo, ese sol que es el tedio, que es mi estigma!

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TF\~KF\S Para FRFlY RFlBELflIS, Poeta, muy fraternalment e.

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Fue en e! Yosiwara una tarde rosa. En tu estuche de oro había luz de rosa, y en la tarde había gran melancolía, que las tarde sufren de melancolía. Tu blanco kimono de seda y de raso ceñía lascivo tu cuerpo de raso, y una oculta mano IIQraba en la biwa con esa tristeza que tiene la biwa . y los pebeteros sobre el verde jade ardían silenciosos. Tus ojos de jade soñaban vagando por las criptomerias y tenían la sombra de ias criptomerias. y resucitaron sobre tu abanico paisajes ya muertoSi y era tu abanico un lago muy vago de lotos sagrados donde iban bogando los ibis sagrados. ' Bajo los cerezos del jardín. floridos fingían las wistarias tus .Iabios floridosi mientras a la so mbra de una rosa té¡ tomabas tu blanca tacita de té, al través del fino cristal del saké me miré en tu alma de té y de saké.

11 (LF\ GUEIS5F\) Entre el canto loco de los samisenes semejan tus risas voz de samisenes, y en las rubias copas, el saké dorado

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da el lánguido sueño de un Pa ís Dorado. y pasas divina, divina, divina, fingiendo en tu cuerpo de nieve divina un vértigo rojo que enciende la Vida y canta canciones de amor y de vida. Los biombos nipones, los biombos azules, saben tu secretos de noches azules. Cuando florecieron todos los cerezos para los amores bajo los cerezos, en, el kiosko blanco del jardín, las flores vieron tus amores de besos y flores . y ardieron tus labios como crysantemos en el jardín rojo de los crysantemos. Tus manos exiguas de blancor de lotos se vieron más blancas que los blancos lotos. ¡Oh las torrecillas de nieve y marfil que vieron tu cuerpo de rosa y marfil! En la alfombra roja tu cuerpo de nieve semeja una rosa cubierta de nieve, y tu alma nipona de gueisha divina pasa por la alfombra divina, divina. FERNANDO

VILLALBA

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ESTAÑCIA V. de LUSSICH

é!l'lminl'lndo en In fl'lrde baj o el regio d ecoro del sol hemos llegado .... !J11111t1 bu enl'l, descnnsl'l; enfrégl'lfe l'l los hondos f ervores del 6nsu ei'ío y oraciona en las aras d e la 97a turt;le311 . (j?e3a al árbol s in 11Ojl'ls. Póstrn/e l'lnfe la gr'Jve quietud en que su cuerpo des nudo la f ec/lnda co munión d el (jTlisferio aguarda, y las corolas los dulces cora30n es de an,1Or y de espervn)a. !1llma buena! Cf3endice el fl'lllo que a llOnda de la (jTladre en el seno g en eroso y robusto; besl'l el tierno renuevo y l'l 11IS Líltimas lu ces del sol, no olvides, triste, las hojas que hall Cl'lído. (j77írl'l que se desprenden l'l l pl'lSl'lr el aliento de las brisas ... 9Tledifa: como yo Vl'l n rodnndo .... del infante el pie brev e las reduce a cel1lJ n y no hay fuer3a supre1l1a para resucifarlos .. ..

RASGOS A Juan Correa.

Empiez:a a anochecer. Mi barrio ' n tiguo está como durmiendo su perez:a de largo a largo. Al contorno ambiguo lo acaricia un azul. La tarde rez:a su última oración en los callados senderos del lugar y echa un sudario de nieve gris al mundo, Emperez:aclos suenan los bronces en el campanario. Luego, muchas estrellas que al acaso parecen ostener un cielo raso de terCiopelo azul. Desde los cerro viene un olor de recortado arbu¡:Lo, mientras conturban el silencio augusto los lejanos aullidos de dos perros, lJibordo Porro TORO. ©Biblioteca Nacional de Colombia


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EPISTOLRRIO SENTIMENTAL 11Ihy CI1VlHINI

A

quí. bajo el palio de los cielos, lejos del aliento zorzobroso de las ciudades; en este silencioso retiro ea que la hermosura luce sin artificios ni maldades, en donde las aves modulan a Dios sus son~tinas salvajes, entre un ambiente saturado de virginidades quiero recogerme. Pero me hacen falta tu sombra de paz y la caricia sutilísima de tus divinos ojos entornados. Quiero rodear tu recuerdo con lo más delicado que en la vida exista: como a un pequeñír. con gasas, como a una encina milenaria con grádulas si lvestres, y como a un profundo pensamiento con sugestivas frases perfumadas. Oh! si de la mano vagar pudiéramos por los claroscuros de la selva, y dar a los vientos el al imento de nuestras palabras, y copiar en las fuentes el bundoso perfil de tu silueta; y oír la ingenuidad del canto de un ruiseñor abandonado mientras nuestros ojos se pierden en el azul del cielo y nuestros espíritus en el análisis sicológico de la fraternidad de nuestras vidas. A tu lado se renueva la esperanza, se puebla de soles la tiniebla, la tristeza se embellece y hasta el dolor se dulcifica mirado a través de tu corazón. Los árboles, que se irguen como un alma rebelde, las rocas, los pájaros, todo me habla de. tí; si estuvieras conmigo, en este instante quizás sorprenderíamos el alma fugitiva de Francisco de Asís. Si vieras, estoy a la orilla de un cauce abandonado; las alimañas mueven, al pasar, las hojas secas, y las piedras meditan: parece que estuvieran llorando la nostalgia del agua. Así debelJ ser las vidas por donde un día pasó la bondad y la riente linfa de purísimos ensueños. ¡Pobrecitas almas monocordes, abismadas en su desolación, que nada esperan y que apenas sí sienten de cuando en cuando la alimaña del odio contra el hermano venturoso! Si vinieras aquí, la sangre diáfana de tu corazó n vertida por los ojos tal vez provocara el regreso de la corriente; tal vez falta apenas una gota para que el estancamiento de la fuente rebose y se anime y sumerja las guijas y da.ie ver sobre la superficie los blancos cisnes temblorosos. Ya ves, una gota faltaba también a mi vida para desbordarse en sonora cascada de esperanza: la infinita gota de tu cariño. ©Biblioteca Nacional de Colombia


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Gamas I

II

Ñace la noche, y la luz el alma del abenuz se diluye en el ambiente.

Bajo un cielo de añil duerme el paisaje. La melancolía inunda la viril vegetación: cansado 'muere el día

Duerme en tranquilo reposo cual si estuviese embrujado el desdibujado esbozo del poblado.

sobre la somnolencia de las cosas. Hay abulia en los SQtos, y brisas perezosas se e~panden del remaje entre loS rotos.

-Lejos, en la estepa bruna se oye gemir un cencerro; y en el misteriozo instante

La turbia perspectiva mengua las dimensiones del camino juntando sus dos veras;

en que aparece la luna, ladra lastimero un perro en algún corral distante.

y a la custodia esqui,,?

va muriendo. Dulcemente

de un rudo campesino triscan unas terneras. Mosén CI1ÑIJO

Primeras Paradas Microbios de un cultivo de Jorge V. Un desierto semeja el atrio de la catedral y con esa calma proverbial de los hijos de I1lbión, una pareja de místeres se aleja congestionada por el sol tropical del medio día. Una vieja de aspecto monacal; unos coches parados; un perro; una cuadrillo de chicos limpiabotas y una estatua de hierro es cuanto ven algunas personas semidiotas del balcón del hotel.

ENVIO: A todo el que haya visto un domingo parroquial, impetrado en la faz congestionada de un Caballero de la Sterling Pound.

M. CARRÉ.

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MEDIT ACIONES flernando OONZIUEZ III

¡() uán innumerables son los caminos por los cuales pueCde ir nuestra vida! Innum erables son los senderos que desde el instante presente conducen al futuro ... Cierto es que no puedes escoger entre ello;;, que el pasado fija tu camino venidero; pero cierto es también que tú ignoras cual sení esa tu senda. ¡Qué hastío tan inmenso sería el de aquel, que alcanzando 1lI1 conocimiento tan pe/fecto de sí mismo y de la trama de los seres, lleg!J.s'3 a conocer su vida futura! Ya no existiría para él ese atractivo de lo desconocido, eso que excita y embriaga de placer a los valientes navegantes. Las sendas de la vida son innumerables, y la más pequeí'ia cosa, unos oios de mujer con que topes en tu camÍ/zo, bastarán para desviarte por desconocidos rumbos. Para mí la vida tiene ese encanto de ser una posibilida.d infinila, un infinito quizá. Yeso me impide, Fina mía, ir a unirme a tí en el eterno lago verdoso .... La vida no es mala ni buena. Pero yo quiero! Quiero gastar todos los dolores, placere8, melancolias y tristeza'S; quiero navegar sin rumbo f<io; quiero vivir todos los sueíios; quiero inventar nuevas bebidas sutiles para mi corazón; quiero exclamar con el esclavo: «Nada me es desconocido en la vida. » Esto que siento es el ansia de poseer más monstruosa; e3 la tristeza infinita de ser de un modo; de IZO poder gozar todas las filosofías, todas las beLlezas, todas las tristezas ... Ya sé yo, Fina, que el ser en quien están reunidas la tristeza de Jesús y la alegria de los nií'ios, y el amor de Magdalena, y los odios de Swift, eres tú, tú, el lago verdoso de la nada, tú, el no ser, la muerte. Ya sé yo que tú eres la bebida extraña, desconocida, donde están reunidas todas las cosas ... La nada! Cómo gustar esta palabra? Un lago verdoso, con el verde de las algas, etel'l1amente tranquilo .... y a.llí la completa desa.pal fcfón de . todas las cosas y los seres. Pero déjame gustar antes el placer y el dolor de lús sendas.

.,. ~

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TOLEDO Ilroncisco VIlJlJlIESPESfI 1 Vieja ciudad de hierro, por tu cielo de refulgentes brillos de metal aún proyecta la sombra de Stt Vitelo el águila bicéfala imperial. En tus fraguas se fo'r jan los aceros que esperan rojos de inmortal ardor, las manos de los bárba.ros guerreros que ungieron al fnturo Emperador. Algún o'ido escuchará la fúerte palabra, vencedora de la MU8Tte, que late en tH silencio sepulcr.a.l. Un sol de gloria ftdgirá en el cielo, y el águila imperial parará el vuelo sobre la ag1~ja de t1t Oatedral. II

Tttrbando el eco de tu vieja plaza con el estntendo del clarín sonoro, tú me V1:ste parti'r, bordado en 0'1"0 el timbre de tu espada en mi CO'raza. Oíste en el alba de un pasado muerto de tanta gloria retemblar la tie1·ra, al galopar de mi corcel de g¿wrra todo de sangre hasta los pies cubierto.

y exclamaron llorosas tus villanas. - lvo vayas a tu torre, no prosigas .... ¿No oyes doblar por ella las campanas? y a la lucha volví, callado y fnerte, a bnscar en las lanzas enemigas el olvido glm'ioso de la Muerte.

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"PA NID A" la

Caricat ura-Un rasgo que sintetiza un estado de alma, un momento cerebral, sicológico encarnad o en un capricho del lápiz, un esfuerzo los oios: la ligereza d e la mano unida al trabaio perspicaz y profundo de La Caricatu ra. Una historia relativam ente corta; data el prinCIpIO de su florecide Balzac, miento de Gavarni. Gavarni interpret ó la Comedia Humana de la reaentonces el comté trazó rasgos felices, un poco independ ientes grande, fué lid ad del dibuio. Luego esta independ encia creció, se hizo la madre de una Escuela primero, de un Arte Nuevo después. los Francia la cultivó, España tuvo años de terror contemp lando a e Alemani florecer, hizo la ltalia Goya, o Francisc Don e d » «capri chos Ing laterra fueron invadi das por su corriente . feliz. El refinami ento de la sátira y el elogio tuvieron un intérpret e Las naciones de sangre latina producen caricatur as de «sprit» s que enmamarra chos con a lma propia, un mundo de monigote s grotesco de sancarnan el alma de otro mundo de monigote s reales-L as naciones gre latina han sabido perpetua r un alma en una caricatur a. Los saiones son progenit ores d e un muñeque ro rígido y matemán, que tico, de un muñeque ra que más mueve a la risa que a la compasió io de mual amor, que a la alabanza . «Scketc h» es un hermoso muestrar burlesco s, ñecos; Robinson es el fab ricant e de un sinnúme ro de detalles es el intérpret e del espíritu práctico saión. domiMañana, la caricatur a será más que un arte, la línea estará una línea nada, el oio y la mano d esentrañ arán el alma más escondid a, en los les será necesaria , un punto, una de esas flechas que se emplean s. calorífica s corriente las car indi para térmica de textos

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•**

que sobre a Rima de Bécquer que publicam os, es tomada de un estudio esél apareció días há en «Por Esos Mundos ».-El autor del citado tudio afi rma que la Rima estaba hasta ahora inédita.

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«Mundial varisto Carrieg o. -Reprod ucimos a continua ción lo que diio de quien Magazin e» con motivo de la muerte de este simpátic o poeta, «El Clapubli camos en nuestro núm ero anterior los delicado s sonetos fónico, la ve¡" y «En er Café»:- «El organille ro que arrastra su carro tiene más modistill a que da el mal paso, el matón, la chica tísica que no todas consuelo que los insultos d el padre borracho , el vieio ciego músico,su Cñnlas miserias sentimen tales d el suburbio bonaeren se habían hallado en revistas tor en el ioven poeta Evaristo Carriego . Sus versos, insertos cuando hé nombre, ese zar populari a ban comenza ón, circulaci vasta de la naciente en Parca, la por llevado es » barrio del «cantor el que aquí primaver a de su vida de artista y de la naturalez a circunda nte. al Honda conmoció n causó en la falange de la iuventud intelectu general tuvo porteña la desapari ción del colega. La prensa argentin a en a, no una sentida nota de reconoci miento, para quien deiaba concluíd comple.obstante la tempran a muerte, una «Canción del b arrio » original, en la narrata, varia, en la que el verso, d e consonan te y ritmo sonoro alma, llega á tiva, suave y humildos o en algunas «mancha s » y estados de el poeta veces á ser oración, como en «Las madrecit as modesta s», donde reza, a pesar de su aparente tono de canción.»

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o; l Grande escritor de quien vengo a hablaros , es un Extraño y unAisladico en el pórtico del Ideal, que es su templo, aparece así, Enigmát ; y Taciturn o, y escoltado por dos efigies: el Silencio y el Ensueño

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Valle-Inclán no es un escritor popular, ni siquiera un escritor, célebre, es simplemente, un escritor glorioso; la gloria se di cierne, la gloria se posee; Valle-Inclán, no colinda por ningún lado con la popularidad; no cultiva el género chico, que hace veinte a ños triunfa en España, y, educa y divierte el alma heróica y triste de ese pueblo; no es un profesor de hilaridad; no cultiva tampoco el enoio, que los escritoras graves de su país, estilan en sus libros, ese e noio mortal, capaz de hacer dormir en pie, a un neurótico en cólera; los libros de Valle-Inclán, no son un éxito de librería, son simplemente una victoria del arte; él no cultiva el suceso, cultiva la belleza; he ahí por qué en la literatura de su tiempo, es un extra710 y un aislado. Hay de ascetismo puro, en la vida intelectual de Valle-Inclán, en su amor fosco y apasionado por la Belleza, en su culto al Arte, en el ardor con que lo defiende; en la devoción c0l.l que trabaia la hermosura arquitectrual de sus frases, su modo maravilloso de expresión, y, el grito de su elocuencia veraz y difusa, llena de un sublime dolor, noblemente cantado, como en el motivo de una sinfonía coral: dolor de Humanidad, enorme, sereno, diáfano como un cielo de Estío; Para mí, el Trinomio del Arte Latino, en Europa, lo forman hoy estos tres nombres: D' Annunzzio, en Italia; Maeterlinck, (1) en Francia; y, Valle-Inclán en España; leed la prosa impecable de este último, esa prosa lapidada y abrillantada, prosa de un benedictino que fuese un Poeta, y, decidme si la hay más perfecta y más sonora; siendo por su esfuerzo de indagación, un amador de frases arcaicas y un hacedor maravilloso de ellas, sabe, sin embargo, tomar del modernismo una tersura de ritmo 1 y una elasticidad de pros" di a, que dan a su esti lo, una novedad dentro de la tradición, que no se ve, en escritor a lgotro de su lengua; él, ha logrado hace~, con lingotes de vieio oro español, el más be· 110 sagrario a la modernidad.

Vorgos VIIJIl (Elogio de Valle· lnclán)

(1) Se me dirá que Maeterlinck es belga, sea. Pero tiene un alma lati na. Escribe en francés y su arte y su cultura, franceses son.

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Pánida 06  
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