__MAIN_TEXT__

Page 2

encuentra encerrada la esencia de cada una de las tres premisas anteriores y del mayor problema al que, a mi modesto modo de entender, se enfrenta la Humanidad.

“¡Haced algo coño…, Sin necesidad de realizar un análisis profundo de esta exclamación, llegamos a la conclusión de que la persona que la grita: a. Está enfadada. b. Desea que alguien haga algo para eliminar o remover la fuente de su problema. c. No sabe exactamente qué desea que alguien haga ni quién desea que lo haga, pero desea que alguien haga algo. Si sumamos a + b + c obtenemos como resultado: IMPOTENCIA. Así pues, podemos deducir que la persona que gritó esta frase se encuentra impotente. La impotencia lejos de ser una no-potencia real, es un producto subjetivo: es una impresión, fruto de unos condicionantes externos cuya erosión sobre un individuo provoca, precisamente, que el individuo se sienta incapaz de interactuar con un entorno hostil que no comprende. No obstante, el mero acto de expresar la impotencia a través de un grito vigoroso, convierte a un no-potente reconocido en un potente en potencia (esta idea es importante, así que más tarde volveré sobre ella). La impotencia es la mayor de las enemigas de la democracia, y, como tal, el sentimiento más buscado y fomentado por parte de los poderosos: el Santo Grial de los oligarcas. El hombre, sin embargo, es un ser maravilloso que pocas veces se encuentra consigo mismo. Alguna vez, así de pasada, nos hemos cruzado con nuestra verdadera naturaleza en algún sueño, en un momento de embriaguez, de éxtasis… Quién no se ha sentido a sí mismo y ha comprobado, durante al menos unos instantes, su verdadero potencial: haciendo el amor, compartiendo un momento único con los amigos, en un momento de recogimiento y oración, durante una competición del más alto nivel, en un momento de peligro o amenaza grave para nuestra integridad o la de los nuestros…, reuniendo un coraje desconocido para internarse en el ignominioso infierno de un tren en llamas para rescatar personas del abrazo de la muerte. El hombre es un ser maravilloso, sí. Tan maravilloso como lo es el carbono puro. Maravilla en potencia. De él mismo depende tallar su alma para obtener el diamante, permanecer impasible en su negritud inicial o emponzoñarse aún más hasta que no quede atisbo de lo que pudo ser y no fue. Los oligarcas conocen de todo esto y por ello se afanan por retrasar el trabajo del orfebre. Por ello nos embaucan con quimeras narcolépticas que demoran el descubrimiento de nuestro potencial. Por ello, ante cada conquista social y cada triunfo de la Humanidad en su conjunto, ellos inventan un grillete más sutil, más gravoso y pesado, cuanto más efímero y transparente se muestra. Por ello nos están

Profile for Rubén Chacón

La memocracia  

La memocracia

La memocracia  

La memocracia

Advertisement