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Anna Lindh El jugador echó un último vistazo al tablero: Sus piezas están situadas en una posición óptima: al enroque largo de salida, siguió una paciente y paulatina conquista de las casillas centrales. Un par de jugadas arriesgadas dieron como resultado una posición ventajosa: un peón infiltrado tras las líneas enemigas ha promocionado en reina y ahora tiene en jaque al rey blanco. La excitante sensación que produce el presentimiento de una victoria inminente le embelesa... En su onnubilación ve la Corona adversaria rodando hasta el borde de la mesa de juego y caer precipitada… Se deja arrastrar, extasiado, por la tentación de paladear durante unos segundos más de esta gratificante visión... Le propuse a Jens que nos acompañara a casa de Kerstin y recuerdo que acto seguido me arrepentí en mi interior al reparar en que si hay algo que odian los suecos es la improvisación. Sin embargo, Jens accedió encantado y Kerstin, que sólo nos esperaba a Elsa y a mí en su casa, le recibió con una naturalidad sorprendente. Nos invitó a la mesa de su cocina, la misma que en los viejos y buenos tiempos nos servía de aula de sueco. tras el consabido “god morgon, god morgon”; preparó café y nos mostró otra de sus obras maestras de la repostería, con la que todos nos ensañamos sin excepción. La conversación que comenzó con una serie de intranscendentalidades referentes a nuestros viajes por las Penínsulas escandinava y danesa, derivó, no sabría decir muy bien cómo, hacia el tema que en aquellos días mantenía en vilo a toda Suecia: el referéndum sobre el Euro. Cuando prohombres como Erasmo de Rotterdam, Salvador de Madariaga, Jean Monnet u Ortega (por respetar cierto orden cronológico) se planteaban la idea de una Europa, yo creo que en sus mentes privilegiadas soñaban con una conversación como la que aquella tarde se mantenía alrededor de la mesa de la cocina de Kerstin, nuestra antigua profesora de sueco. Dos españoles, dos suecos… Montescos los unos. Capuletos los otros. Las antípodas de una Europa cuyo proyecto es tan idílico como aberrante su materialización neoliberal. Dos familias divididas por el Euro para desgracia de los amantes que, impotentes, contemplan como la fractura es insalvable y el matrimonio imposible. Jens está a favor del SÍ: él cree que Suecia devendrá en un país más fuerte con la nueva moneda y que la economía se beneficiará de ello. Kerstin nos muestra una viñeta cómica en la que se representa a Suecia como una sardinita a punto de ser engullida por un gran tiburón blanco… Huelgan más comentarios. Ella es


partidaria del NO: antigua militante comunista y activista en varios comités de trabajadores, ha sufrido demasiadas derrotas provocadas por las feroces privatizaciones desde que Suecia ingresó en la UE, como para no estar al tanto de la gran amenaza que supone el Euro para el tocado-pero-no-hundido-Estado-del-Bienestar-por-antonomasia-sueco. Está convencida de la derrota del Euro en la urnas: las encuestas cifran en, tan sólo un 40%, a los simpatizantes del Euro. No obstante, muestra su preocupación por la reacción de la opinion pública europea ante la negativa sueca a la adopción de la moneda común (que no única). Esta sueca de 53 años, madre de un hijo, divorciada, independiente y librepensadora como no he visto yo a ninguna otra mujer de su edad, hace una mueca de sonrisa hastiada, consciente como es de que el debate sobre el futuro de Europa se está manipulando y que se presentará a Suecia como al Esquilache de la UE, sólo porque no desea entregar las riendas de su economía a Bruselas: epicentro del huracán que está asolando las economías domésticas… Cuando pienso en el tiempo en que con 60 pelas (0,36 €) podías comprar dos barras de pan, me da la impresión de que pertenece a un capítulo de Cuéntame y, sin embargo, estoy hablando de hace apenas un par de años… Un incómodo tic-tac saca al jugador de su ensueño… No se lo puede creer… No se lo quiere creer: aterrorizado comprende que su posición ventajosa no devendrá en victoria final porque se ha olvidado del factor tiempo. Su estrategia ganadora, meticulosamente trabajada, escrupulosamente tramada, se esfuma ante sus ojos a ritmo de segundero… Atenazado por la irracionalidad decide realizar el único movimiento que podría forzar al rey blanco a salir de su intrincada defensa en el menor espacio de tiempo… decide ofrecerle a la dama: decide sacrificarla… Esa misma noche, no acabábamos de entrar por la puerta de nuestra casa de Rinkeby, cuando Consu nos llamó al móvil para comunicarnos la noticia. Durante horas rastreamos los distintos canales sin éxito en busca de una confirmación que no llegó hasta la madrugada: “Anna Lindh, Ministra de Asuntos Exteriores sueca ha sido brutalmente apuñalada mientras efectuaba unas compras en NK, un exclusivo centro comercial de la capital. Afortunadamente, no se teme por su vida…” No obstante, la Democracia se desangraba esa noche en el Hospital Karolinska y al día siguiente, Suecia despertaba del plácido sueño para enfrentarse con una pesadilla que creían haber dejado atrás en 1986. De nuevo, como en aquel fatídico 29 de febrero, el país se paralizó; una vez más, como ocurriera tras la muerte del mítico Olof Palme, todos y cada uno de los 8 millones de suecos, lloraron la muerte de un ser querido. Yo no conocía a Anna Lindh. Nunca había oído ni leído nada sobre ella. Una cara más en el abigarrado paisaje de la propaganda que aquellos días empapelaba las calles


estocolmeñas. Pero he conocido el dolor, la rabia y la impotencia de miles de suecos que aquel día hacían cola para lanzar su rosa sobre una montaña de flores de un metro de alto situada frente al centro comercial donde Lindh fue atacada, encender una vela y firmar en los libros de pésame. Fue a través de este panegírico que yo entendí a qué se debe el éxito de la democracia sueca. Todo esto lo veía, lo comprendía, lo meditaba y, una vez que me llegó el turno para firmar en uno de esos libritos, también así lo manifesté. Yo, que soy hijo de un país donde el terrorismo y el magnicidio campa a sus anchas. Yo, que no tengo ni muestro ningún respeto por los políticos a los que ya he dejado de votar. Yo, que vine a este país huyendo de mi apatía... Me sentía violado en un cuerpo que no era el mío. Mientras los pósters pro-euro de las paradas de autobús en los que aparecía Lindh se convertían en pequeños altares, hasta nuestros oídos llegaban los ecos de las carcajadas y el frotar de manos de los oligarcas. La muerte de Lindh había surtido el efecto que ellos planeaban: la corona alcanzó un máximo de tres meses, con los mercados valorando una mayor posibilidad de vuelco del lado del "SÍ AL EURO", que iba en desventaja en las encuestas desde abril. "El impactante asesinato ha añadido un mayor nivel de incertidumbre al resultado del referéndum", dijo el banco de inversiones Morgan Stanley en una nota. "Creemos que las posibilidades de un resultado de 'Sí' han aumentado". Los partidarios del 'sí' a la introducción del euro en Suecia han alcanzado en los sondeos, por primera vez, a los defensores del 'no', dos días antes del referéndum sobre la adopción de la moneda única, según un sondeo realizado tras la muerte de la minstra sueca de Asuntos Exteriores, Anna Lindh. Ambas posturas cuentan con un 50% de las intenciones de voto, según un sondeo de la agencia 'Skop'. El 8% de los encuestados afirmó que era más partidario de la moneda única desde la muerte de Anna Lindh, acuchillada el pasado miércoles, aparentemente por un delincuente común, en unos grandes almacenes de Estocolmo y fallecida por fuertes hemorragias internas. El anterior sondeo de 'Skop' (del 9 y 10 de septiembre) daba al 'no' un 58% de los sufragios. Muchos suecos temen que el asesinato pueda quedar sin resolver como el del primer ministro Olof Palme en 1986.

Esta vez la partida acabó en tablas: el sacrificio de la reina negra fue en vano y el resultado absolutamente estéril. El rey blanco, aceptando el desafío del jugador contrario, no solamente consigue neutralizar la amenaza del jaque, si no que se sitúa en una posición sobre el tablero que técnicamente se denomina de “Rey ahogado”: no es posible seguir moviendo esta pieza pues todas las casillas adyacentes suponen una amenaza fatal para él. Los jugadores se estrechan las manos: ambos ganan, ambos pierden... Son conscientes de que el reto sigue vigente y de que habrán de verse de nuevo las caras.

Anna Lindh  

Anna Lindh, Rubén

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